el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 26 de enero de 2010

26/ 01: EL TERCER TESTAMENTO


Como tantos, descubrí esta obra cuando Deux publicó el primer tomo, allá por… ¿2007? Como tantos, me cebé mal con el argumento que proponía Xavier Dorison y me pareció dignísimo el dibujo de Alex Alice. Como tantos, esperé pacientemente la aparición de los tomos posteriores que –fieles a la esencia de Deux- jamás salieron. Como pocos, tuve el ojete de que un amigo que viajó hace poco a España viera el tomo integral a buen precio y me lo trajera de regalo. O sea que pude leer completo El Tercer Testamento, en el formato que se impone para las obras de varios tomos: el integral. Un masacote de casi 270 páginas, tapa dura y un tamaño bastante más chico que el del típico álbum europeo, muy parecido al de la Comiqueando. Como todo buen comic francés, El Tercer Testamento está lleno de páginas de 11 ó 12 cuadros y –para mi sorpresa- en este formato chico el dibujo no pierde ni belleza ni impacto ni detalles. Lo único criticable es que algunos textos se reproducen con letra tan chiquita que cuesta un huevo leerlos.
Con el correr de los tomos (en total fueron cuatro, el último bastante más extenso que los primeros), la saga crece en grandilocuencia. Peripecia tras peripecia, nos va cayendo la ficha: lo que está en juego acá es DEMASIADO grosso. No es un chimento onda Intrusos pero con el Papa y un monaguillo rubiecito y bien dotado. Acá se viene un kilombo de proporciones bíblicas y Conrad de Marbourg y Elisabeth de Elsenor se van a tener que jugar la vida mil veces contra enemigos recontra-power para llegar enteros hasta el final.
Cuando una obra se plantea como extensa, ambiciosa y con pocos personajes protagónicos, uno espera que el guionista explique en detalle por qué cada uno de esos tipos aparentemente normales se mete en semejante tole-tole, qué los motiva, qué les da la fuerza para sobrevivir a tantos peligros. Dorison cumple sobradamente esta exigencia. Para el último tomo, uno entendió perfectamente quiénes son esos personajes, qué hacen ahí, cómo y por qué se la bancan hasta el final. Un final que –lógica consecuencia de la grandilocuencia del planteo- resulta un poquito anticlimático, pero sumamente coherente.
El dibujo de Alice también mejora sensiblemente con el correr de los tomos. De a poquito deja de ser un amalgam apenas digno entre Grzegorz Rosinski y Enrico Marini y empieza a pelar una impronta más personal, si bien siempre enrolada en el dibujo clásico de aventura histórica franco-belga. Su manejo del color es fastuoso desde la primera viñeta hasta la última y le suma muchísimo a la historia.
Sin ser una obra maestra, sin proponerse marcar un antes y después, El Tercer Testamento es una epopeya trepidante y atrapante, que no da respiro, que invita a pensar, que nos cuenta muchísimo sobre la vida, la política y la religión en la Europa del Siglo XIV, con personajes a los que vemos desarrollarse en 250 páginas mucho más que lo que otros se desarrollan en 50 años, con un dibujante cumplidor y un guionista inspirado y en ascenso (no se pierdan Los Centinelas, la serie que escribe Dorison y dibuja Enrique Breccia). Los argentinos nos merecíamos poder leer El Tercer Testamento completo pero, una vez más, apareció ese obstáculo apodado Muñones, una lacra impresentable, un ser nocivo para este medio que si tuviese una sóla molécula de dignidad en su alma delarruista, ya se habría dedicado a alguna otra actividad para la que esté mínimamente capacitado, como por ejemplo, vender La Solidaria en el subte. Amén.