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martes, 23 de enero de 2024
MARTES MORTIFERO
Acá estamos de nuevo, con tres libros listos para reseñar.
Empiezo con una breve mención para el Vol.11 de El Escorpión... sí, conseguí el puto Vol.11 en tapa blanda, después de buscarlo siglos y siglos. Me acordaba bastante de la trama, a pesar de que el tomito anterior lo leí un lejano 22/09/15, y por suerte el guion de Stephen Desberg tira bastantes pistas de lo que pasó antes, sin caer en una recapitulación detallada ni mucho menos densa. El Escorpión es, sobre todo, una historieta dinámica. A veces (como en este librito) la aventura pasa a un segundo plano y el protagonismo se lo lleva la rosca político-religiosa, pero siempre pasan cosas impactantes y el ritmo de la narración es ágil y ganchero. Acá además de la intriga palaciega tiene mucho peso el componente sentimental, porque a Armando "se le junta el ganado" y tiene que decidir con cuál de sus dos mujeres se va a quedar. Desberg se revela como un diestro guionista de telenovelas y genera una tensión muy interesante en torno a este punto.
El Vol.12 es el final de este arco, y como un gil no me lo compré en España, porque no me acordaba que tenía el 11 sin leer. Y también es el último tomo con dibujos del glorioso Enrico Marini, cuyo trabajo en estas páginas es motivo más que suficiente para comprar el álbum. Todo el apartado gráfico es magistral, pero además está todo puesto al servicio del relato, no es Marini canchereando ni robándole la atención del lector a la historia que cuenta el guionista. Son dos narradores del carajo en perfecta sincronía, y por eso esto funciona tan bien. Ni bien pueda salgo a la caza del Vol.12, así cerramos como corresponde esta magnífica serie.
Me voy a EEUU, a leer seis números más de la serie regular de Astro City que publicó Vertigo durante la década pasada. Lovers Quarrel es el Vol.12 en la colección de trade paperbacks (la antigua, hoy ya hay una nueva donde se reordenó todo) y ofrece como plato principal la saga homónima, cuatro episodios protagonizados por Quarrel y Crackerjack. A un ritmo pachorro, pero sin aburrir jamás, Kurt Busiek aborda un tema central en el mundo de los superhéroes: qué pasa cuando los personajes que son humanos sin superpoderes empiezan a envejecer. Quarrel y Crackerjack son una pareja de justicieros enmascarados que comen sano, tratan de descansar bien y dejan la vida en cada entrenamiento para estar siempre listos para saltar, trepar, caerse y pelear, a veces en pie de igualdad con tipos y minas con poderes alucinantes. Pero ellos no tienen poderes, son simplemente una mina y tipo con habilidades y reflejos muy trabajados... que en algún momento, ya pasados los 40 años, empiezan a perder. Los golpes duelen más, las heridas tardan más en curarse, y son más frecuentes, porque ya no están tan afilados como para salir siempre enteros de los combates en los que participan. Lovers Quarrel explora todos esos cambios, y cómo además cambia irremediablemente la forma en que los personajes se vinculan con una actividad de riesgos tan altos como la de ser justicieros enmascarados. Todo esto contado con el máximo realismo que se le puede pedir a este género, grandes diálogos y excelente trabajo en el desarrollo de personajes, a los que sentimos absolutamente humanos y verosímiles.
Complementa la historia de Sticks, el gorila baterista, que es entretenida y simpática, pero está contada en 48 páginas cuando daba para una historia corta, un complemento de 10 ó 12 páginas. Todo el libro cuenta con dibujos de Brent Anderson, siempre muy correcto. A Anderson le queda mejor el trazo más definido, más preciso, con más influencias de Neal Adams, que cuando opta por el trazo más fluido, más etéreo, más para el lado de Gene Colan. Por suerte mira más a Adams que a Colan, y además tiene buenos coloristas que lo respaldan. En la historia del gorila, se nota que Anderson lo dibuja copiando de fotos de distintos gorilas, con lo cual los rasgos del protagonista cambian bastante de una viñeta a otra, pero bueno, no es tan grave. Por los menos se nota que es un gorila, no parece un chabón peludo con dientes de hombre lobo como los gorilas que dibujaban en los comics de DC de los ´60. Y me parece que de acá me tengo que pasar a la colección actual de TPBs, la de Image, donde recopilan los números de Vertigo que solo habían salido en tapa dura, más los que nunca habian salido en libro, más los nuevos arcos argumentales. Hay que hacer un curso para leer Astro City en libro, lamentablemente, pero por suerte las historietas rara vez decepcionan.
Allá por el 14/02/19 me encontré en las páginas de una antología con un autor boliviano que llamó favorablemente mi atención: Armin Castellón. Y en 2023, en la Crack Bang Boom, me lo encontré vendiendo Mixtorieta, un hermoso álbum que recopila historias cortas que realizó en solitario, o junto a otra artista muy notable, Nicole Molleda. Ambos adoptan distintos estilos gráficos para cada historia corta, con lo cual al hojear el libro pareciera una antología en la que participan siete u ocho autores distintos. Pero no, son Armin y Nicole probando distintas líneas, distintas formas de armar la página, de trabajar el color, etc.. El resultado es muy interesante, al punto que las ocho historietas de la antología me gustaron.
Las dos del final, dibujadas por Castellón en blanco y negro, son increíbles. Son trabajos de un autor maduro, sólido. En Juego de Niños muestra una estética parecida a la de ZeroCalcare, mientras que en Monstruos se zarpa con la aplicación de las tramas mecánicas como si fuera Sean Murphy o Nicolás Brondo. El nivel es realmente bueno en todo el libro y re vale la pena tenerlo, o por lo menos sumar a Armin Castellón y Nicole Molleda a la lista de autores bolivianos a los que conviene seguir de cerca, para disfrutar de su creatividad, su talento y su solvencia en el arte de narrar historietas. Ojalá pronto caigan en mis manos nuevos trabajos de cualquiera de los dos.
Nada más, por hoy. Mañana, paro general en defensa de tu país. Nos reencontramos pronto.
martes, 22 de septiembre de 2015
22/09: EL ESCORPION Vol.10
Más de dos años esperé para enterarme cómo carajo terminaba esta saga de El Escorpión, en la que Stephen Desberg y Enrico Marini dejaron de lado la impronta original de la serie (aventuras indianajonescas en la época del Renacimiento) para meterse a fondo en la dramática resolución del origen de Armando Catalano. En este último tramo, todo pasa por la conjura, por la intriga palaciega, por las luchas de poder entre las familias más poderosas de Roma, y las armas no son tanto las espadas y los chumbos como los secretos: mal y tarde, saltarán a la luz secretos escabrosos guardados hace décadas y la historia pegará unos volantazos tan alucinantes que la aventura, la machaca y las persecusiones pasarán rápidamente a un tercer plano. Desberg se guardó para la última mano varias cartas jodidas y hasta se dio el lujo de no cerrar del todo TODAS las puntas, en parte porque hay un sutil sembradío de plots para el Vol.11 (que ya salió y deseo con toda mi alma) y en parte porque era virtualmente imposible cerrar en 46 páginas todo lo que estaba pendiente de resolución, incluyendo líneas argumentales acumuladas a lo largo de varios tomos.
Lo cierto es que, en estas 46 páginas, cerramos la trama de la filiación de Armando, su confrontación con su principal enemigo y hasta respondimos la incógnita acerca de su vida sentimental. Para eso, Desberg despliega un montón de recursos narrativos, principalmente flashbacks y muchos cortes, muchas escenas breves, que se suceden unas a otras de modo trepidante, hasta que recién en el último tercio del álbum empiezan a aparecer las secuencias más largas. Al igual que en el tomo anterior, lo único criticable es que Desberg no supo reducir a tiempo el elenco. Lo amplió, lo amplió, y cuando quemaron las papas, tuvo que relegar a un montón de personajes a roles muy chiquitos, o sacarlos de escena con excusas medio prendidas con alfileres. Pero era eso, o extender la saga un álbum más y ya la tensión estaba en un punto demasiado jodido…
No quiero contar nada del argumento porque las revelaciones son muy grossas. Me voy con el dibujo de Marini, que se encuentra frente a un desafío muy zarpado con esto de las mini-secuencias. Tres, cuatro viñetas, y se terminó la escena. Y de nuevo a cambiar de ambientación, de lugares, de épocas y de personajes. Y a las tres viñetas, nos vamos a otra cosa, a los santos pedos, durante más de medio libro. Eso es MUY complicado para cualquier dibujante, pero el suizo hijo de tanos se arremanga y lo resuelve con categoría. El truco es apoyarse en la paleta de colores: cada vez que cambia el engamado, cambia la escena. Y así no te perdés nunca. En una misma página tenés varias viñetas engamadas en gris y marrón (el nacimiento de Armando), en azules (escenas del presente que transcurren de noche a la intemperie), en dorado (también del presente, pero adentro de un palacio), en verde (escenas de la juventud de los Trebaldi)… y así uno se arma las equivalencias entre colores y ambientaciones y no queda pagando cuando la trama salta de un tiempo o de un lugar a otro. Todo lo demás está dibujado de puta madre, como siempre, con esos primeros planos fuertes, esos momentos en los que la acción desborda la grilla de ocho o nueve viñetas por página y ese laburo exquisito en las secuencias mudas. Marini está en un momento increíble y cada página suya es una verdadera cátedra.
Como ya mencioné más arriba, el año pasado salió el Vol.11, donde aparentemente arranca un nuevo arco argumental, y eventualmente lo capturaré para leerlo. El Escorpión sigue estando entre las adicciones realmente jodidas para todos los que queremos leer aventura histórica con mucho rigor documental, pero también con onda, emociones, peleas, runflas, garches, diálogos ingeniosos y personajes capaces de trascender las épocas y los géneros. Banco a esta serie hasta que aplaudan los Playmobil.
Lo cierto es que, en estas 46 páginas, cerramos la trama de la filiación de Armando, su confrontación con su principal enemigo y hasta respondimos la incógnita acerca de su vida sentimental. Para eso, Desberg despliega un montón de recursos narrativos, principalmente flashbacks y muchos cortes, muchas escenas breves, que se suceden unas a otras de modo trepidante, hasta que recién en el último tercio del álbum empiezan a aparecer las secuencias más largas. Al igual que en el tomo anterior, lo único criticable es que Desberg no supo reducir a tiempo el elenco. Lo amplió, lo amplió, y cuando quemaron las papas, tuvo que relegar a un montón de personajes a roles muy chiquitos, o sacarlos de escena con excusas medio prendidas con alfileres. Pero era eso, o extender la saga un álbum más y ya la tensión estaba en un punto demasiado jodido…
No quiero contar nada del argumento porque las revelaciones son muy grossas. Me voy con el dibujo de Marini, que se encuentra frente a un desafío muy zarpado con esto de las mini-secuencias. Tres, cuatro viñetas, y se terminó la escena. Y de nuevo a cambiar de ambientación, de lugares, de épocas y de personajes. Y a las tres viñetas, nos vamos a otra cosa, a los santos pedos, durante más de medio libro. Eso es MUY complicado para cualquier dibujante, pero el suizo hijo de tanos se arremanga y lo resuelve con categoría. El truco es apoyarse en la paleta de colores: cada vez que cambia el engamado, cambia la escena. Y así no te perdés nunca. En una misma página tenés varias viñetas engamadas en gris y marrón (el nacimiento de Armando), en azules (escenas del presente que transcurren de noche a la intemperie), en dorado (también del presente, pero adentro de un palacio), en verde (escenas de la juventud de los Trebaldi)… y así uno se arma las equivalencias entre colores y ambientaciones y no queda pagando cuando la trama salta de un tiempo o de un lugar a otro. Todo lo demás está dibujado de puta madre, como siempre, con esos primeros planos fuertes, esos momentos en los que la acción desborda la grilla de ocho o nueve viñetas por página y ese laburo exquisito en las secuencias mudas. Marini está en un momento increíble y cada página suya es una verdadera cátedra.
Como ya mencioné más arriba, el año pasado salió el Vol.11, donde aparentemente arranca un nuevo arco argumental, y eventualmente lo capturaré para leerlo. El Escorpión sigue estando entre las adicciones realmente jodidas para todos los que queremos leer aventura histórica con mucho rigor documental, pero también con onda, emociones, peleas, runflas, garches, diálogos ingeniosos y personajes capaces de trascender las épocas y los géneros. Banco a esta serie hasta que aplaudan los Playmobil.
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martes, 10 de septiembre de 2013
10/ 09: EL ESCORPION Vol.9
“Esto está por explotar”, dirían Daniel Hadad y Eduardo Feinman en alguna noche calurosa (como esta) pero de 2001. La saga de El Escorpión está en un punto tan crucial, tan definitivo, que si no termina en el Vol.10, los denuncio por defraudación y estafa. Ya está, ya está todo ahí, al filo. Sólo queda soplar la pelota para que entre. El maligno Cosimo Trebaldi está en su peor momento, el misterio de la filiación de Armando está por resolverse, estamos por descubrir a una mano negra jodida, que opera por atrás de todos estos personajes creados hace ya 13 años por Stephen Desberg y Enrico Marini.
Y sí, son muchos personajes y algunos aparecen muy poco, apenas un par de escenas. Incluso algunos muy bien armados, con mucho potencial para protagonizar secuencias memorables, como Nelio, Marie-Ange o la propia Mejaï, que en algún momento amagó con eclipsar el propio personaje principal. De alguna manera, Desberg se las ingenia para que todos entren y salgan armoniosamente de la trama y que cada uno haga su aporte. En este tomo en particular hay personajes desaprovechados, como los asesinos a sueldo que contrata el Papa para eliminar a... alguien, pero en general, si bien se zarpa con la cantidad de personajes, el guionista sabe sacar lo mejor de cada uno.
Quizás el mayor mérito de El Escorpión es cómo barre, como destruye nuestro descreimiento. No lo suspendemos (como pedía Borges), nos olvidamos de que alguna vez lo tuvimos. Desberg le dispara con el Ultimate Nullifier que alguna vez usara Reed Richards contra Galactus y logra lo imposible: que le compremos TODO. Peripecias zarpadas, coincidencias cuasi-imposibles, rescates al filo de la realidad, gente que se hace pasar por otra sin que nadie se dé cuenta, gente que finge estar muerta sin que nadie se avive de que está viva... De pronto, todo es creíble, porque todo, hasta lo más limado, impulsa a esta locomotora descontrolada de aventura y diversión, condimentada con intriga palaciega, corrupción a altos niveles del poder y toquecitos de comedia y de erotismo.
Buena parte del mérito en esto de que al Escorpión le creemos todo recae en el dibujo de Enrico Marini, que le pone mucho huevo a la ambientación histórica cada vez que tiene que dibujar edificios, carruajes y uniformes. Por supuesto su fuerte no es ese, sino el gran dinamismo de sus figuras, a años luz de los típicos dibujantes francófonos de aventura histórica, que al lado de Marini son momias disecadas. El suizo hijo de tanos se da muchos lujos infrecuentes en este tipo de álbumes europeos: mete pocas viñetas por página (casi nunca llega a ocho), bastantes primeros planos (y todos MUY expresivos), muchas escenas de acción... Yo creo que si lo dejaran, pelaría una narrativa cuasi-japonesa, con ocho viñetas para mostrarnos sólo un choque de espadas. Muy notable lo de Marini, un gran dibujante capaz de combinar efectismo y sofisticación.
Si nunca leiste El Escorpión, ni se te ocurra empezar por este tomo, porque realmente no vas a entender una chota. Los amigos de Norma ponen un mini-resumen antes de la primera página, pero me cagué de risa porque te cuenta tan poco, que bien podría no estar. Y si ya te picó el escorpión, si ya tenés inoculado el veneno de esta aventura trepidante y adictiva, seguro que ya te compraste este tomo (probablemente en tapa dura) y le estás prendiendo velas a todos los santos para que salga pronto el próximo. En España digo, porque en Francia salió el año pasado...
Y sí, son muchos personajes y algunos aparecen muy poco, apenas un par de escenas. Incluso algunos muy bien armados, con mucho potencial para protagonizar secuencias memorables, como Nelio, Marie-Ange o la propia Mejaï, que en algún momento amagó con eclipsar el propio personaje principal. De alguna manera, Desberg se las ingenia para que todos entren y salgan armoniosamente de la trama y que cada uno haga su aporte. En este tomo en particular hay personajes desaprovechados, como los asesinos a sueldo que contrata el Papa para eliminar a... alguien, pero en general, si bien se zarpa con la cantidad de personajes, el guionista sabe sacar lo mejor de cada uno.
Quizás el mayor mérito de El Escorpión es cómo barre, como destruye nuestro descreimiento. No lo suspendemos (como pedía Borges), nos olvidamos de que alguna vez lo tuvimos. Desberg le dispara con el Ultimate Nullifier que alguna vez usara Reed Richards contra Galactus y logra lo imposible: que le compremos TODO. Peripecias zarpadas, coincidencias cuasi-imposibles, rescates al filo de la realidad, gente que se hace pasar por otra sin que nadie se dé cuenta, gente que finge estar muerta sin que nadie se avive de que está viva... De pronto, todo es creíble, porque todo, hasta lo más limado, impulsa a esta locomotora descontrolada de aventura y diversión, condimentada con intriga palaciega, corrupción a altos niveles del poder y toquecitos de comedia y de erotismo.
Buena parte del mérito en esto de que al Escorpión le creemos todo recae en el dibujo de Enrico Marini, que le pone mucho huevo a la ambientación histórica cada vez que tiene que dibujar edificios, carruajes y uniformes. Por supuesto su fuerte no es ese, sino el gran dinamismo de sus figuras, a años luz de los típicos dibujantes francófonos de aventura histórica, que al lado de Marini son momias disecadas. El suizo hijo de tanos se da muchos lujos infrecuentes en este tipo de álbumes europeos: mete pocas viñetas por página (casi nunca llega a ocho), bastantes primeros planos (y todos MUY expresivos), muchas escenas de acción... Yo creo que si lo dejaran, pelaría una narrativa cuasi-japonesa, con ocho viñetas para mostrarnos sólo un choque de espadas. Muy notable lo de Marini, un gran dibujante capaz de combinar efectismo y sofisticación.
Si nunca leiste El Escorpión, ni se te ocurra empezar por este tomo, porque realmente no vas a entender una chota. Los amigos de Norma ponen un mini-resumen antes de la primera página, pero me cagué de risa porque te cuenta tan poco, que bien podría no estar. Y si ya te picó el escorpión, si ya tenés inoculado el veneno de esta aventura trepidante y adictiva, seguro que ya te compraste este tomo (probablemente en tapa dura) y le estás prendiendo velas a todos los santos para que salga pronto el próximo. En España digo, porque en Francia salió el año pasado...
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martes, 17 de enero de 2012
17/ 01: EL ESCORPION Vol.8
Esta vez tardé en retomar esta serie, pero poco. Es que la epopeya de Armando Catalano, el Escorpión, tal como la narran Stephen Desberg y Enrico Marini, es una adicción jodida.
Probablemente –y mirá la bomba que estoy por tirar- este sea el mejor tomo de la serie. No sólo acá avanza un montón el plot que arrancó en el tomo anterior, relacionado con los oscuros secretos del origen del Escorpión, la compulsión del Papa por eliminarlo, etc., sino que además en estas 46 páginas hay una trama que se plantea, se desarrolla y se resuelve a la perfección. La primera saga larga de El Escorpión (la de los Vol.1 al 6) sorprendía (entre otras cosas) porque cada tomo terminaba en un cliffhanger maligno, con nuestro héroe al filo de la muerte, con todo a milímetros de pudrirse para siempre. En este nuevo episodio, Desberg encontró la vuelta que le faltaba para poder hacer las dos cosas: bancar el in crescendo de las tramas centrales de la saga mayor, y ofrecernos la posibilidad de disfrutar una aventura que empieza y temina.
Una aventura que tiene que ver con un montón de avechuchos conjurados para que el Papa nunca reciba los cofres repletos de oro que necesita para que no se le subleven sus tropas de monjes guerreros. Tal como yo sospechaba en la reseña anterior, la onda Indiana Jones de los primeros álbumes se fue para no volver. Ahora la mano viene más por el lado de la intriga palaciega, con jerarcas del Vaticano y nobles señores de familias potentadas, un elenco de ricos y famosos donde no faltan los impostores, los canallas y los traidores capaces de sacrificar su honra por un poco de oro, o incluso por un buen polvo.
Y ahí hay un potencial peligro, algo que si Desberg no pilotea con muuuucha cintura, lo puede llegar a complicar: desde que la acción se centra en Roma, el elenco no para de crecer! Para este tomo, el protagonismo está repartido entre 10 ó 12 personajes importantes, y eso puede repercutir, primero en cierta confusión para el lector que se engancha tarde (que alguno siempre hay) y segundo en cierta pérdida de chapa del verdadero protagonista, el Escorpión, que sigue siendo el que más peso tiene en la trama, pero ahora comparte el spotlight con demasiada gente. Para el próximo tomo, quiero suponer que uno de los personajes que se suman en este, el asesino de la cicatriz, va a terminar por ser el ángel al que hace alusión el título de este tomo (La Sombra del Angel). Si no, no se entiende por qué se llama así.
Lo cierto es que, además de los apabullantes logros y las arriesgadas apuestas de Desberg, lo que hace hipnótico a El Escorpión y te llena el alma tomo a tomo es el dibujo del suizo hijo de tanos. Fuera de joda, qué lindo es ver mejorar a un tipo que arrancó tan arriba. Marini ya está en ese nivel en el que toda definición estilística le queda chica. En sus páginas conviven lo mejor de la escuela realista europea (Hermann, Milo Manara, André Juillard), con elementos “menos europeos”, como las figuras llenas de dinamismo o los primeros planos llenos de expresividad. De ese cóctel de influencias (en el que también subyace, en algún lado, Katsuhiro Otomo, a quien Marini choreaba a mano armada en sus inicios) sale un estilo perfectamente adaptado al gran protagonismo que tiene el color (que además es excelente) y también a las nada despreciables exigencias que plantea la narrativa de álbum francés, con muchas páginas de más de siete viñetas.
Ya salió el Vol.9, pero hasta ahora lo vi sólo en hardcover. Ni bien pinte en softco, me lo compro y lo leo, porque esta serie está en un momento realmente increíble.
Probablemente –y mirá la bomba que estoy por tirar- este sea el mejor tomo de la serie. No sólo acá avanza un montón el plot que arrancó en el tomo anterior, relacionado con los oscuros secretos del origen del Escorpión, la compulsión del Papa por eliminarlo, etc., sino que además en estas 46 páginas hay una trama que se plantea, se desarrolla y se resuelve a la perfección. La primera saga larga de El Escorpión (la de los Vol.1 al 6) sorprendía (entre otras cosas) porque cada tomo terminaba en un cliffhanger maligno, con nuestro héroe al filo de la muerte, con todo a milímetros de pudrirse para siempre. En este nuevo episodio, Desberg encontró la vuelta que le faltaba para poder hacer las dos cosas: bancar el in crescendo de las tramas centrales de la saga mayor, y ofrecernos la posibilidad de disfrutar una aventura que empieza y temina.
Una aventura que tiene que ver con un montón de avechuchos conjurados para que el Papa nunca reciba los cofres repletos de oro que necesita para que no se le subleven sus tropas de monjes guerreros. Tal como yo sospechaba en la reseña anterior, la onda Indiana Jones de los primeros álbumes se fue para no volver. Ahora la mano viene más por el lado de la intriga palaciega, con jerarcas del Vaticano y nobles señores de familias potentadas, un elenco de ricos y famosos donde no faltan los impostores, los canallas y los traidores capaces de sacrificar su honra por un poco de oro, o incluso por un buen polvo.
Y ahí hay un potencial peligro, algo que si Desberg no pilotea con muuuucha cintura, lo puede llegar a complicar: desde que la acción se centra en Roma, el elenco no para de crecer! Para este tomo, el protagonismo está repartido entre 10 ó 12 personajes importantes, y eso puede repercutir, primero en cierta confusión para el lector que se engancha tarde (que alguno siempre hay) y segundo en cierta pérdida de chapa del verdadero protagonista, el Escorpión, que sigue siendo el que más peso tiene en la trama, pero ahora comparte el spotlight con demasiada gente. Para el próximo tomo, quiero suponer que uno de los personajes que se suman en este, el asesino de la cicatriz, va a terminar por ser el ángel al que hace alusión el título de este tomo (La Sombra del Angel). Si no, no se entiende por qué se llama así.
Lo cierto es que, además de los apabullantes logros y las arriesgadas apuestas de Desberg, lo que hace hipnótico a El Escorpión y te llena el alma tomo a tomo es el dibujo del suizo hijo de tanos. Fuera de joda, qué lindo es ver mejorar a un tipo que arrancó tan arriba. Marini ya está en ese nivel en el que toda definición estilística le queda chica. En sus páginas conviven lo mejor de la escuela realista europea (Hermann, Milo Manara, André Juillard), con elementos “menos europeos”, como las figuras llenas de dinamismo o los primeros planos llenos de expresividad. De ese cóctel de influencias (en el que también subyace, en algún lado, Katsuhiro Otomo, a quien Marini choreaba a mano armada en sus inicios) sale un estilo perfectamente adaptado al gran protagonismo que tiene el color (que además es excelente) y también a las nada despreciables exigencias que plantea la narrativa de álbum francés, con muchas páginas de más de siete viñetas.
Ya salió el Vol.9, pero hasta ahora lo vi sólo en hardcover. Ni bien pinte en softco, me lo compro y lo leo, porque esta serie está en un momento realmente increíble.
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viernes, 2 de diciembre de 2011
02/ 12: EL ESCORPION Vol.7

A falta de gitanos, buenos son los escorpiones. A esta altura del partido, el suizo Enrico Marini se sumó a la lista de las figuritas archi-repetidas, de los fetiches de este blog, y bueno, por suerte tenía un par de tomos de El Escorpión sin leer.
La última vez que lo visitamos (el 13/11 de 2010, hace más de un año) llegamos justo para el final de una saga compleja y ambiciosa, la de la cruz de San Pedro, saga que además le sirvió al guionista Stephen Desberg para presentarnos a los principales héroes y villanos de esta serie que ya lleva más de 10 años de éxito en Europa, pero que no sé si en Argentina tiene muchos fans. Lo cierto es que en este tomo se inicia una nueva saga, que tiene más que ver con el pasado del propio Escorpión, más precisamente con su madre y su padre. Como los grandes guionistas de superhéroes (pienso ahora en un Roy Thomas), Desberg aprovecha ese momento sensible, de vulnerabilidad histórica, el momento de meterse con las raíces del personaje, para pegar un retro-sacudón mortal, gracias al cual nada es lo que parece ser, pero no desde ahora, sino desde el primer día de vida de Armando, el Escorpión, el protagonista de la historia.
La revelación es más shockeante para el Escorpión que para los lectores, que ni bien Desberg sugirió cierta vaguedad en la explicación del pasado de Armando, supusimos por dónde podía venir la mano. Lo cual habla bien del guionista, porque quiere decir que ese volantazo no es un delirio de trasnochados, sino algo que venía construyendo sutilmente, con pistas que los lectores pudimos decodificar sin que los personajes explicitaran absolutamente nada. A partir de ahí, la relación entre el héroe y el villano (el maligno noble romano Trebaldi, convertido en un papa cruel y despiadado) va a cambiar forzosamente y seguramente el rumbo de los próximos tomos se disparará en direcciones muy distintas a la de la saga que abarcó las seis primeras entregas.
Ya de movida, en este tomo todo sucede en Roma, ya no galopamos junto al Escorpión y sus amigos por locaciones exóticas. Con el jodido de Trebaldi atrincherado en el cargo de mayor jerarquía de la Iglesia Católica, la mano va a venir por el lado de la intriga palaciega, me parece, y no tanto por el lado de la aventura onda Indiana Jones. Por supuesto, Desberg no desaprovecha el hecho de que el papa es el villano. Por el contrario, lo usa a full para bajar línea a cuatro manos acerca del oscurantismo, la crueldad, el machismo y la hipocresía de esos señores que dicen ser representantes de Dios en la tierra. De pronto, además de las peleas y los garches, hay más atención al entorno socio-cultural del Escorpión y eso se agradece muchísimo.
Y como tantas veces repito, todo eso podría ser reemplazado por un guión más choto que los que le escribe Durán Barba a los oligofrénicos del PRO, porque el dibujante es Enrico Marini, y si dibuja Marini está todo bien. Este tomo salió en Francia en 2006, cuando el estilo del ídolo ya estaba recontra-afianzado, a años luz de aquellos coqueteos con Katsuhiro Otomo que veíamos en los primeros álbumes de Gypsy, con esa sana influencia del comic yanki muy bien combinada con la narrativa europea, ciertos detalles que me recordaron a Eduardo Risso, unos primeros planos electrizantes, un homenaje a Las Siete Vidas del Gavilán... y por sobre todo eso, un color sencillamente majestuoso, en el que los engamados varían para acompañar a los distintos climas que sugiere el guión y donde cada escena tiene sus tonalidades propias. Hay páginas de muchos cuadros, en las que vemos varias escenas distintas, y sin embargo Marini pilotea el color con maestría para que nada parezca un pastiche, ni un tapiz bizarro, sino que todas las escenas se integren armónicamente sin perder identidad. Un trabajo realmente formidable de este suizo hijo de tanos.
Tengo otro tomito sin leer, así que por ahí antes de fin de año le entro. Aguante el Escorpión!
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sábado, 13 de noviembre de 2010
13/ 11: EL ESCORPION Vol.6
Stephen Desberg el belga y Enrico Marini el suizo, trabajan juntos desde 1996. Y trabajan mucho. A diferencia de la mayoría de los consagrados en el mercado francés, Marini no suele dibujar menos de 100 páginas al año. Y Desberg no escribe menos de cuatro series simultáneas. Con Le Scorpion (iniciada en 2000), Marini realizó su primera incursión en un género fundamental en el mercado francés: la aventura histórica. Y no le fue nada mal.
Le Scorpion es una serie 100% aventurera, ambientada en la Europa del Siglo XVIII, que combina lo mejor de Indiana Jones, El Zorro y El Péndulo de Foucault: tesoros ocultos, ladrones enmascarados, secretos que hacen temblar a los poderosos enquistados en la cúpula del Vaticano, trampas imposibles, escapes aún más imposibles, cierta tensión sexual, espadas, puñales, sectas… No se puede pedir mucho más, realmente.
Con este coctel explosivo, Le Scorpion cambió la forma en que se lee la historieta de aventura en Francia. Marini acostumbró al lector a varias “cosas raras”, como caras que nos recuerdan a las de Alan Davis o Carlos Pacheco, poses típicas de Katsuhiro Otomo, pocos cuadros por página, o primeros planos de cabezas. Y Desberg se jugó todo a otra rareza para el lector franco-belga: los finales con cliffhangers. Los primeros cinco álbumes de Le Scorpion no cierran en algo así como un final de episodio. Cierran con el protagonista al borde de una muerte segura, en el peor momento, donde uno menos quiere que se acabe el tomo. Y después, a esperar un año (con suerte) para leer cómo sigue la historia, cómo zafa el Escorpión, cómo se desenvuelve la trama de intrigas y traiciones más trepidante y apasionante de los últimos tiempos.
En este sexto tomo, por primera vez, hay una sensación de final. Quedan asuntos pendientes en la tremenda pica entre el protagonista y el cardenal (ya casi papa) Trebaldi, pero todo el primer arco, el del tesoro de los templarios, llega a su resolución definitiva. Que es apenitas predecible, pero inteligente y sugestiva. Por ahí se podría haber tomado un atajo, llegar a este mismo final sin pasar por algunas de las peripecias por las que galopamos en estos seis tomos junto al Escorpión y sus aliados, pero el galope estuvo muy divertido; fue trepidante, ganchero, entretenido y sexy. Y le dio margen a Desberg para explicar las motivaciones de todos los personajes y revelar un montón de secretos ancestrales, que en algún punto intersectan con los que nos revela Arvid Nelson en Rex Mundi, otra saga llena de misterios de la época de los templarios.
El dibujo de Marini, siempre impecable, ajustado al relato y de gran impacto visual, acá está en su mejor momento. Se juega a unas tomas panorámicas de ciudades, templos y fortalezas que te ponen los pelos de punta, maneja la acción con precisión de relojero (por algo es suizo) y te asesta el golpe de gracia con un trabajo de color absolutamente consagratorio. Posta, el color de Marini podría hacer que se viera bien el trabajo de cualquier dibujante del montón, o incluso malo. Pero al servicio de un dibujante espectacular, como el propio Enrico, es resultado es delicioso de verdad.
El Escorpión sigue su camino y ya tiene nueve tomos editados en Francia. Sin duda, es una de las series más importantes que nos dio el inicio del milenio y si te gusta la aventura, seguro te va a resultar irresistible, en más de un sentido. Entregate.
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