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viernes, 16 de enero de 2026
TARDE DE VIERNES
Vamos con otros dos libros que leí en estos días.
Stan Caïman contre les Pin-Up! es el cuarto álbum recopilatorio de esta serie de François Thomas que -si no me equivoco- salía en la revista Pilote. El personaje es, como su nombre lo indica, un caimán antropomórfico, en un mundo donde todos los demás son seres humanos, al estilo Howard the Duck. La diferencia es que Stan es un personaje despreciable: un multimillonario sofisticado, amante de las artes, borrachín empedernido, adicto al glamour, los lujos y el sexo con mujeres voluptuosas a las que maltrata de unas maneras tan extremas que prácticamente ninguna de estas historietas se podría publicar hoy en día.
El álbum reúne varias historias cortas autoconclusivas que van de las tres a las diez páginas, en las que Stan y su mayordomo Nicephore protagonizan estas peripecias vertiginosas, desenfrenadas, con altísimos niveles de incorrección política. El hecho de que Thomas dibuje a todas las mujeres con las curvas exageradas, cinturas ínfimas y pechos gigantes, es un detalle menor al lado de los latigazos, las trompadas, los sartenazos y los paseos con correa, como si fueran mascotas, a los que se someten las mujeres en estas historias. Estos y otros abusos son totalmente exagerados, y presentados por Thomas en clave 100% humorística. Y por supuesto, Stan también es víctima de la "cartoon violence" y más de una vez la liga feo. Pero, pese a la risa que generan guion y dibujos, es imposible no sentir un poco de cringe cuando vemos este tipo de situaciones con ojos de 2026. Como la historieta se publicaba en Pilote, que no era una publicación restringida a lectores adultos, se habla bastante de sexo, y el sexo está ahí, latente, como una fijación en la mente perversa de Stan. Pero no lo vemos en las viñetas: los genitales brillan por su ausencia y si Stan y Nicephore garchan con estas bombas de destrucción hormonal, Thomas no lo explicita ni en los diálogos ni en los dibujos.
Y sí, los dibujos son lo que hacen absolutamente irresistible a este álbum. François Thomas es un maestro de la línea clara posmoderna, una cruza perfecta entre Micharmut, Serge Clerc y Mique Beltrán. Su pincel destila magia y elegancia, incluso en las escenas más pasadas de rosca en materia de violencia. Su paleta de colores (planos, por supuesto) es brillante, bien arriba, sin miedo a la estridencia. Sus páginas son dinámicas, con personajes en constante movimiento (porque en cuatro páginas cuenta muchas cosas), con cuerpos y rostros sumamente expresivos y unas onomatopeyas gloriosas. Si te gusta la línea clara ochentosa, seguro lo tenés a Thomas entre los grandes referentes europeos del Noveno Arte.
No sé si me compraría más álbumes de Stan Caïman, porque para deleitarme con los dibujos, este alcanza y sobra. Y los guiones son un delirio pasado de rosca en materia de violencia y misoginia, un chiste muy zarpado que causa gracia si te lo cuentan una vez, no seis. Con Stan Caïman contre les Pin-Up! me divertí un rato y me saqué las ganas de sumar a mi biblioteca un álbum de un autor cuyo dibujo me fascina y que lamentablemente no tiene muchas obras en circulación. Tengo entendido que Thomas colaboró muchos años en la revista Penthouse francesa, y eso sí me interesa: historietas 100% eróticas de este autor, claramente apuntadas al lector varón adulto, me compraría un par para ver qué onda.
Volvemos a Argentina, al Siglo XIX, para disfrutar de otra historieta de ambientación rupestre con gauchos, indios, caballos, milicos y demás. El otro día con Pampa nos adentramos en el terreno de la fantasía, y ahora, con Andresito, el enorme Lautaro Fiszman nos invita (una vez más) a descubrir un pedazo de la historia argentina (y uruguaya, paraguaya y brasileña) en la que es, hasta ahora, la mejor obra de su ilustre trayectoria. Andresito es una historieta brillante, que parte de una exhaustiva investigación histórica y, gracias al arte de Fiszman, se eleva a unas alturas a las que ningún libro de historia va a llegar jamás. Como para compensar, es poco probable que Andresito se convierta en un texto de lectura obligatoria en las escuelas o en las cátedras de Historia en las universidades.
Lo bien contada que está la historia, el nivel de los dibujos (cada viñeta podría enmarcarse y exhibirse sin ningún problema en cualquier museo del planeta)... es realmente descomunal. Conmovedor, incluso. En pocas páginas pasás de decir "¿quién carajo es Andresito?" a pedir que le hagan un monumento en cada plaza de Latinoamérica. A lo largo de las 120 páginas que dura la novela entran y salen de escena varias facciones de argentinos, proto-uruguayos, paraguayos, españoles, brazucas, portugueses, algún inglés medio perdido... y Fiszman logra explicar todas esas idas y vueltas de manera clara, amena, sin abusar de los bloques de texto. Las batallas son electrizantes, con unas imágenes explosivas, brutales, de un impacto tremendo. Y además, por si faltara algo, en la secuencia en la que Ansina canta su "secret origin" Fiszman cambia totalmente de estilo y adopta un trazo similar al de los libros infantiles. Una locura.
Ya hemos leído en este blog varias obras en las que se recrean momentos importantes de la vida de José Gervasio Artigas y se exploran sus complejas vinculaciones con los distintos mandatarios de Buenos Aires y de Paraguay. En este libro, Fiszman nos aporta otra arista de esa historia, más centrada en su principal lugarteniente, este aborigen corajudo, habilidoso en el combate y con unas ideas clarísimas de cómo gobernar con equidad y justicia las tierras que las distintas revoluciones sudamericanas le fueron arrebatando al decadente imperio español en aquel turbulento primer tercio del Siglo XIX. Y aunque te chupen un huevo la historia, las revoluciones, Artigas y todos los caudillos habidos y por haber, Andresito tiene la magia irresistible de los pinceles y la paleta de un Lautaro Fiszman en estado de gracia, decidido a regalarnos las páginas más hermosas que podamos imaginar.
La historieta está publicada en un formato grande, con papel lujoso, grueso, pesado, y -lógicamente- el libro no debe ser barato. Pero de verdad, justifica ampliamente el esfuerzo que hagas por tenerlo. Y ya vimos que cuando se publicó una obra de Fiszman en tamaño chico y papel del montón, los resultados no estuvieron ni cerca del nivel artístico de esta bestia. Andresito no solo es uno de los mejores libros del año, sino que es un orgullo para tod@s l@s argentin@s que obras de esta jerarquía se produzcan para nuestro mercado, sobre todo en el contexto actual.
Y nada más, por hoy. Ni bien tenga más material leído, nos reencontramos en este espacio con nuevas reseñas. Si querés leer más, ya sabés: por muy poquita plata te podés descargar la Comiqueando Digital nº12 en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y ser muy feliz.
martes, 17 de octubre de 2023
MARTES DE AVENTURAS
Como de costumbre, tengo muy poco tiempo para escribir reseñas, pero no me quiero ir a ver el partido de Argentina con mis amigos sin postear en el blog.
Arranco en Italia, año 1979, cuando se publican dos aventuras de Ken Parker luego reunidas por Panini en el Vol.13 de su colección dedicada al carismático personaje de Giancarlo Berardi e Ivo Milazzo. El libro trae dos aventuras de 96 páginas, y unos cuantos textos bastante interesantes.
Lo mejor, lejos, es la primera historieta: Lily e il Cacciatore (Lily y el cazador). Si bien está un poquito estirada (esa secuencia onírica de 17 páginas se podría omitir, o resumir bastante), es una historia emotiva, impredecible, muy al límite, sobre la amistad entre un hombre (Ken Parker) y una perrita. En el medio, indios mal llevados, un invierno de una crueldad inusitada, peligros y condiciones extremas en las que el protagonista sobrevive casi de milagro, en buena medida gracias al heroísmo y la lealtad de Lily, la perrita con más ovarios de la Norteamérica de fines del Siglo XIX.
La historia está tan bien escrita que, con mínimos retoques, podría reescribirse para que el protagonista no sea Ken Parker sino Juan Carlos Nadie, y que tenga total sentido como novela gráfica autoconclusiva, por fuera de esta magnifica serie que nos dio el comic italiano.
La segunda historia, Pellerossa (Piel roja), en cambio, es mucho más trillada: esta vez "los buenos" deben sobrevivir a una serie de ataques de los aborígenes (podridos de que los blancos incumplan los pactos que firmaron con ellos), hasta que al final Ken consigue dialogar con el capo de la indiada y apaciguar los ánimos. Lo bueno es que la solución aparece por el lado del acuerdo, por coincidir en esas cosas que nos hacen humanos a todos más allá del color de nuestra piel. Pero es una historia larga al pedo, y acá Berardi aporta sólo el argumento, mientras que el guion corre por cuenta de Maurizio Mantero. Incluso de las 96 páginas, Milazzo dibuja sólo las últimas 26: las otras sirven para demostrarnos que Carlo Ambrosini no está ni cerca del nivel del dibujante titular de la serie.
En esas 26 páginas de Pellerossa y en las 96 de Lily e il Cacciatore, tenemos a un Ivo Milazzo tocado con la varita mágica. Ya hablé maravillas de este monstruo las veces que me tocó reseñar otros libros de Ken Parker, y no me quiero repetir. Pero realmente Milazzo es una bestia, un narrador quintaesencial, con cosas de Oswal, de Enrique Breccia, de Jorge Zaffino (al que dudo que conociera en 1979, cuando dibujó estas historias), algún que otro "momento Moebius", cosas de Hugo Pratt y Dino Battaglia... Un infierno de felicidad gráfica, un trazo potente, vital, expresivo, casi mágico, que te hipnotiza de principio a fin.
Nunca es tarde para descubrir a Ken Parker y subirse a este tren de aventuras con un toque reflexivo, algo de humor y algo de bajada de línea política. Un auténtico clásico.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando las editoriales Loco Rabia e Historieteca publican la obra que resultara ganadora del Primer Premio Latinoamericano de Historieta: Náufrago Morris, la novela gráfica escrita por Pablo Franco y dibujada por Lautaro Fiszman.
La historia está narrada en primera persona por Isaac Morris, con textos muy breves, en un estilo sintético y adusto a la vez. Me imagino lo que hubiera hecho Robin Wood con esta historia: en vez de 96 páginas serían 96 episodios de 14 páginas, repletos de textos poéticos, con descripciones apasionantes... Pero no, acá Franco opta por meter poco texto y dejar que el peso narrativo recaiga sobre el dibujo de su compañero. Y la verdad que eligieron una historia tan potente, tan inverosímil (pese a ser 100% verídica) que sobran los motivos para estremecer al lector, incluso cuando los textos son escuetos y lo que sabemos del protagonista es poquísimo. Es muy difícil agarrar este libro y soltarlo antes de llegar a la última página: por la agilidad que le imprimen Franco y Fiszman al relato y por lo atrapante de lo que nos cuentan.
De nuevo, hace no mucho hablamos acá de Lautaro Fiszman (ver entrada del 13/09/23) y no quiero repetir los mismos elogios que se llevó con Nuda Vida. Acá hay mucha más narrativa secuencial que en ese trabajo, mucho menos texto, muchas más oportunidades para que el dibujo de Lautaro nos cuente la historia. Aflora, entonces, la capacidad del autor para ponerse el relato al hombro, y el enorme talento requerido para que su estilo (más pictórico que gráfico) no sea un obstáculo a la hora de narrar. Y acá está todo: la belleza descarnada, bestial, casi salvaje del pincel de Fiszman, y la solidez de un gran narrador gráfico. A lo alucinante del dibujo, a lo cautivante de los climas, a lo impactante del manejo del color (que se pierde un poco al estar impreso en un papel opaco, poco idóneo para un trabajo como este), Fiszman lo pone al servicio de la historia. Todas esas "bellas artes" de su trazo empujan hacia adelante la trama y trabajan horas extras para enganchar y conmover al lector con cada una de las peripecias de Morris y sus compañeros.
Visualmente, Náufrago Morris marca la consagración definitiva de un Fiszman que hoy ostenta un nivel descomunal. Una pena que la impresión del libro conspire contra el lucimiento de su paleta vibrante y extrema. De todos modos, lo importante, que es la conjunción de palabras e imágenes para contar una historia, está y está muy bien. Si te animás a una aventura distinta, tremenda, real y por momentos desgarradora, Náufrago Morris te garantiza una lectura excelente, con el plus de estar dibujada/ ilustrada por un monstruo como es Lautaro Fiszman.
Y nada más. El jueves temprano arranco rumbo a Europa, y si bien no descarto volver a postear mañana, tampoco lo quiero prometer, porque tengo chotocientas cosas pendientes, a resolver sí o sí antes del viaje. Ojalá haya posteo, y si no, nos reencontramos en Noviembre, a la vuelta, acá en el blog.
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miércoles, 13 de septiembre de 2023
OTRA NOCHE DE MIÉRCOLES
Y acá estoy, con este blog ya clásico, y con un par de libritos leídos que me gustaría reseñar.
El 26 de Mayo de 2022 me metí con un libro que recopila la segunda mitad de la primera serie de Mister Miracle, con la que Jack Kirby nos presentara al personaje allá por 1971. Ahora leí el libro que trae la primera mitad (nºs 1-10) y que -esta vez sí- se titula "Mister Miracle".
Este es uno de esos comics en los que resulta casi una pelotudez analizar por separado el guion y el dibujo, pero igual voy a encarar por ese lado. A nivel visual, esto es un desconche, una bola de demolición que te lleva puesto y te pulveriza. Alguien en DC había visto cómo quedaban los comics de Kirby cuando Marvel los republicaba en blanco y negro (en los gloriosos Essentials) y se decidió trabajar esta reedición en escala de grises, que están muy bien puestos y hacen que el dibujo de Kirby vibre tanto como si estuvieran ahí los colores. Los primeros cuatro números sufren las funestas tintas del irredimible Vince Colletta, pero para para el nº5 llega Mike Royer a entintar al Rey y las páginas directamente entran en erupción. El dibujo es tan bueno que incluso en los números entintados por Colletta hay imágenes absolutamente memorables, de esas que te devastan las retinas para siempre.
Y los guiones... bueno, claramente no están al nivel de los dibujos. Ni de lo que hacía Kirby en Marvel junto a Stan Lee. Al principio parece que la serie va a adoptar a largo plazo la fórmula "Scott es encerrado en una trampa de la que es imposible escapar, finalmente escapa y en las últimas viñetas nos explica cómo hizo, dónde tenía escondido el laser miniatura que le permitió romper tal pared, o los propulsores que le permitieron pegar tal salto, o algo así". Te fumás dos números con esa fórmula y lo lógico es no comprar nunca más la revista. Pero por suerte Kirby busca rápido otras vueltas, y si bien hay situaciones que se repiten, a medida que entran en juego los otros personajes del Fourth World (Big Barda, las Female Furies, Granny Goodness, Kanto, Himon, etc.) la cosa empieza a levantar una especie vuelo un poco más épico.
A mí, que me gusta el puterío, lo que más me llamó la atención es la aparición de Funky Flashman y su lacayo Houseroy, una sátira con pésima leche en la que Kirby humilla sin piedad a Stan Lee y al pobre Roy Thomas, que la liga de rebote. Claro que la habilidad de Kirby para escribir buenos diálogos era tan limitada, que a duras penas logra algo a priori tan sencillo como reproducir la forma tan particular en la que escribía Lee sus columnas editoriales. En rigor de verdad, el peso de Funky Flashman en esta etapa de la serie es ínfimo, pero bueno, es impactante porque se notan mucho las malas intenciones del Rey para con quien fuera su co-equiper (y jefe) en Marvel. Después, el resto es muy convencional. Villanos muy similares entre sí, poco desarrollo para Oberon, un poquito más para Barda, el origen del protagonista revelado en cuotas... Un clásico comic de aventuras, peligros y machaca de los que a principios de los ´70 empezaban a quedar un poquito antiguos, pero sin dudas muy eficaz como entretenimiento, y con sustancia suficiente como para que mil años después Mister Miracle, Barda y Oberon todavía tengan unos cuantos fans. Y el dibujo, un infierno.
Me vengo a Argentina, año 2019, cuando se publica Nuda Vida, un libro de una factura impresionante, con una calidad de papel e impresión infrecuente en nuestro país. Adentro nos encontramos con trabajo descomunal de Lautaro Fiszman, que nos narra con imágenes momentos destacados de la funesta Guerra de la Triple Alianza, sus causas y consecuencias. Son relatos 100% documentales, que incluso se nutren de textos de la época, por supuesto sin chistes ni elementos fantásticos. Acá no hay aventura, no hay desarrollo de personajes, no hay diálogos ingeniosos, sólo un reflejo descarnado de lo que fue la guerra más bochornosa de todas las que tuvieron lugar en Sudamérica.
Lamentablemente, si el tema te interesa, seguro ya sabías todo lo que cuenta Fiszman en los textos. Porque -como ya señalé- los textos tienen cero ficción, son los datos duros de lo que pasó, por qué pasó, cuándo pasó, etc.. En mi caso puntual, eran datos que ya tenía y en ese sentido la lectura de Nuda Vida me dejó gusto a poco. Descubrí a algún que otro personaje menor que desconocía (Ignacio Fotheringham, por ejemplo) pero no mucho más. Bueno, sí. El horror y la vergüenza que genera recordar que Argentina tuvo un rol destacado en ese genocidio atroz, al que nunca se repudió lo suficiente.
Por suerte tenemos todas esas páginas dibujadas por un Lautaro Fiszman en estado de gracia, en un estilo pictórico que subvierte las bases del realismo para explotar en un tsunami expresionista, tan atroz y furibundo como las batallas que narra. Con las pinceladas ahí, a la vista, Fiszman propone un tratamiento del dibujo y del color totalmente personal y de altísimo impacto visual. Cuando dibuja a personajes históricos, te das cuenta al toque quiénes son, porque las resemblanzas están muy cuidadas, al igual que los detalles de armas, uniformes, vehículos y edificios de la época (1864-1874, más o menos). La impronta pictórica no reduce en ningún momento la capacidad narrativa del dibujo, aunque a veces es tanta la magia que tira Lautaro en la viñeta, que te colgás muchos minutos para descubrir cada detalle, y eso puede hacer que te desconectes del relato, sobre todo si no te apasiona el tema que toca.
Si nunca te adentraste en la temática de la Guerra de la Triple Alianza, yo te diría que arranques por acá y después pases a Guaraní, la novela de Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti que vimos el 27/05/19. En las páginas de Nuda Vida vas a ver el contexto más desarrollado, más explicado, y en Guaraní vas a encontrar una historia más cercana, más humana, más parecida a la vida real que a los libros de historia. Y en ambos casos se te van a derretir las retinas con unos dibujos más allá de toda exégesis.
Nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, los comentamos en este espacio. Gracias y hasta pronto.
viernes, 17 de abril de 2015
17/ 04: BARRO Y SANGRE
Imponente desde la portada, con un tamaño infrecuente para el mercado argentino y una calidad de papel sin nada que envidiarle a las grandes ediciones europeas, esta antología de historias cortas de Lautaro Fiszman fue una de las sorpresas más gratas de 2014. Hasta la aparición de este libro, Fiszman era un autor casi secreto, que aparecía ocasionalmente en alguna antología pero que no estaba “en el radar” de la mayoría de los consumidores de historieta. Si eso no se modificó con Barro y Sangre, la verdad que somos unos pelotudos irredimibles.
El primer bloque –todo en blanco y negro- arranca con un cuento de León Bloy, adaptado por Mariano Buscaglia. Es una gran historia, fuerte y desgarradora, perfectamente resuelta en siete páginas donde no falta ni sobra nada. La segunda historia, Una Mora en el Desierto, parte de un guión original de Alejandro Cohen Arazi. Es una aventura más convencional, con un poco menos de sorpresa, pero con la tensión muy bien llevada a lo largo de sus nueve páginas. Para las siguientes ocho páginas, el propio Lautaro adapta un cuento de Simja Sneh, donde de nuevo tenemos atrocidades al filo de la demencia, pero falta un conflicto un poco más intenso, o mejor planteado. Es de las que menos me gustó del libro.
La siguiente es la breve El Puente Sobre el Río Búho (basada en un cuento de Ambrose Bierce) y se trata básicamente de lo mismo que Una Mora en el Desierto. Lo que la hace interesantísima es la extensa secuencia muda y la brevedad, ya que Fiszman tiene que contar todo en sólo dos páginas, y en viñetas mayoritariamente mudas. Un desafío narrativo cumplido con creces por el autor. Y le sigue otro experimento de Lautaro como guionista, también en dos páginas: Bogdán Jmelnitzky, una interesantísima reflexión acerca de cómo una misma historia se puede enfocar desde dos ópticas totalmente distintas.
El segmento de historias a todo color arranca con una de las mejores del libro: El Sueño, co-escrita por Fizsman y Buscaglia. Dedicado al maestro Carlos Casalla, es un relato ambientado en la Guerra del Desierto, con un clima alucinante, acción, buenos diálogos y un giro final muy logrado. Le sigue la muy breve 5 Groszy, lo más parecido a un chispazo de humor que vamos a encontrar en esta colección de historias marcadas por el horror y las atrocidades de las guerras. Luego, una historieta que yo había leído hace mil años y todavía recordaba por su fuerza y su intensidad: El Regreso, basada en un cuento de Andor Latzkó. Lo único que no me cierra es la extensión, ya que daba para ocho o nueve páginas, más que para seis. Por eso hay momentos en que la historia está un poco apretada, muy cargada de texto que seguramente hubiese convenido repartir entre más viñetas. Y algo similar sucede con El Senegalés, una excelente remake de un clásico de H.G. Oesterheld y Hugo Pratt, que viene bárbara hasta la última página, en la que el espacio se le acaba de golpe a Lautaro y resuelve concentrar extensos soliloquios en pocas viñetas que rebalsan de texto.
Y terminamos con otra joyita en blanco y negro: La Laguna, sobre un guión original de Cohen Arazi. Impactante, climática, con excelentes secuencias mudas, esta historia se beneficia notablemente de la posibilidad de exceder las 10 páginas de duración.
Como fueron dibujadas a lo largo de muchos años, las historias nos permiten ver a Fiszman en distintas facetas de su evolución como dibujante. En general, lo podríamos rotular de historietista cercano a la corriente pictórica, sobre todo cuando trabaja a color. Pero hay de todo. Como buen alumno del Viejo Breccia, Lautaro hace magia con el claroscuro, la rompe a la hora de meter manchas con su pincel, maneja a la perfección técnicas como la de añadir detalles con témpera blanca sobre las masas negras, el pincel seco, el lápiz que queda a la vista, los movimientos de cámara para generar tensión… Creo que la historia en la que menos me cerró el dibujo es Sangre, donde se lo ve un poco apurado, descuidado, bailando al filo del mamarracho. En el resto del libro, se ve a un autor al que no le tiembla el pulso a la hora de poner las vísceras arriba de la mesa y apostar por un expresionismo al límite, con todo lo que hace falta para plasmar con rigor distintas épocas históricas, lograr climas que atrapen al lector y asestar esa última fatality con esos rostros pensados para transmitir las más potentes sensaciones.
Un librazo sumamente recomendable, de verdad. Más allá de que te interesen o no los temas bélicos (que predominan en la antología), Barro y Sangre ofrece varios relatos conmovedores, sumados a la posibilidad de descubrir o redescubrir a una bestia de nuestra historieta como es Lautaro Fiszman. Ojalá pronto se editen nuevos trabajos suyos.
El primer bloque –todo en blanco y negro- arranca con un cuento de León Bloy, adaptado por Mariano Buscaglia. Es una gran historia, fuerte y desgarradora, perfectamente resuelta en siete páginas donde no falta ni sobra nada. La segunda historia, Una Mora en el Desierto, parte de un guión original de Alejandro Cohen Arazi. Es una aventura más convencional, con un poco menos de sorpresa, pero con la tensión muy bien llevada a lo largo de sus nueve páginas. Para las siguientes ocho páginas, el propio Lautaro adapta un cuento de Simja Sneh, donde de nuevo tenemos atrocidades al filo de la demencia, pero falta un conflicto un poco más intenso, o mejor planteado. Es de las que menos me gustó del libro.
La siguiente es la breve El Puente Sobre el Río Búho (basada en un cuento de Ambrose Bierce) y se trata básicamente de lo mismo que Una Mora en el Desierto. Lo que la hace interesantísima es la extensa secuencia muda y la brevedad, ya que Fiszman tiene que contar todo en sólo dos páginas, y en viñetas mayoritariamente mudas. Un desafío narrativo cumplido con creces por el autor. Y le sigue otro experimento de Lautaro como guionista, también en dos páginas: Bogdán Jmelnitzky, una interesantísima reflexión acerca de cómo una misma historia se puede enfocar desde dos ópticas totalmente distintas.
El segmento de historias a todo color arranca con una de las mejores del libro: El Sueño, co-escrita por Fizsman y Buscaglia. Dedicado al maestro Carlos Casalla, es un relato ambientado en la Guerra del Desierto, con un clima alucinante, acción, buenos diálogos y un giro final muy logrado. Le sigue la muy breve 5 Groszy, lo más parecido a un chispazo de humor que vamos a encontrar en esta colección de historias marcadas por el horror y las atrocidades de las guerras. Luego, una historieta que yo había leído hace mil años y todavía recordaba por su fuerza y su intensidad: El Regreso, basada en un cuento de Andor Latzkó. Lo único que no me cierra es la extensión, ya que daba para ocho o nueve páginas, más que para seis. Por eso hay momentos en que la historia está un poco apretada, muy cargada de texto que seguramente hubiese convenido repartir entre más viñetas. Y algo similar sucede con El Senegalés, una excelente remake de un clásico de H.G. Oesterheld y Hugo Pratt, que viene bárbara hasta la última página, en la que el espacio se le acaba de golpe a Lautaro y resuelve concentrar extensos soliloquios en pocas viñetas que rebalsan de texto.
Y terminamos con otra joyita en blanco y negro: La Laguna, sobre un guión original de Cohen Arazi. Impactante, climática, con excelentes secuencias mudas, esta historia se beneficia notablemente de la posibilidad de exceder las 10 páginas de duración.
Como fueron dibujadas a lo largo de muchos años, las historias nos permiten ver a Fiszman en distintas facetas de su evolución como dibujante. En general, lo podríamos rotular de historietista cercano a la corriente pictórica, sobre todo cuando trabaja a color. Pero hay de todo. Como buen alumno del Viejo Breccia, Lautaro hace magia con el claroscuro, la rompe a la hora de meter manchas con su pincel, maneja a la perfección técnicas como la de añadir detalles con témpera blanca sobre las masas negras, el pincel seco, el lápiz que queda a la vista, los movimientos de cámara para generar tensión… Creo que la historia en la que menos me cerró el dibujo es Sangre, donde se lo ve un poco apurado, descuidado, bailando al filo del mamarracho. En el resto del libro, se ve a un autor al que no le tiembla el pulso a la hora de poner las vísceras arriba de la mesa y apostar por un expresionismo al límite, con todo lo que hace falta para plasmar con rigor distintas épocas históricas, lograr climas que atrapen al lector y asestar esa última fatality con esos rostros pensados para transmitir las más potentes sensaciones.
Un librazo sumamente recomendable, de verdad. Más allá de que te interesen o no los temas bélicos (que predominan en la antología), Barro y Sangre ofrece varios relatos conmovedores, sumados a la posibilidad de descubrir o redescubrir a una bestia de nuestra historieta como es Lautaro Fiszman. Ojalá pronto se editen nuevos trabajos suyos.
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