el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 21 de agosto de 2025

JUEVES FUTURISTA

Hora de comentar un par de libritos que pude leer en estos días, para no perder la sana costumbre. Retomo con el Vol.5 la lectura de Lazarus, la serie de Greg Rucka y Michael Lark que tenía en pausa desde el 09/04/24. Después de un tomo medio pecho frío, este repunta de nuevo y vuelve a la temperatura volcánica que caracteriza a esta serie. Una serie que combina con maestría ciencia ficción, guerra, espionaje, runfla política, drama familiar y machaca entre seres con habilidades sobrehumanas. No es fácil que semejante cóctel no te explote en la cara, y Rucka lo logra con una solvencia admirable. Este es el momento de la saga en la que Forever Carlyle se recupera de las tremendas heridas sufridas en un combate pasado, para chocar de lleno con un adversario mucho más poderoso: la verdad. Secretos que le habían sido ocultados durante años, ahora salen a la luz y obligan a Forever a repensar su origen, su identidad, su vínculo con su familia y su rol en esta guerra sin cuartel entre los poderosísimos clanes que se repartieron el mundo. Pero además, tiene que volver a entrar en acción, para una lucha tremenda contra el Lazarus de una familia rival, una especie de Hulk perverso, grosero, despiadado y virtualmente invencible. La machaca cobra mucho peso en un tomo en el que Lark dibujó una cantidad ingente de miembros amputados, tripas al aire y sangre por todas partes. Pero además avanzan muchísimo el plot familiar y el plot político, que a esta altura ya se fusionó con el plot bélico, porque las facciones enfrentadas se están tirando con todo lo que tienen. Sin dudas un gran momento de esta serie, no para engancharse si no leíste lo anterior, pero sí para disfrutar de dos autores que se nota que tienen todo absolutamente bajo control. Cositas para criticar, siempre hay. Por el lado del guion, lo mismo de la vez pasada: Rucka se pasa un toque de solemne y se echa de menos alguna pincelada de humor, o por lo menos alguna secuencia más distendida, donde no esté por irse todo a la mierda en cada viñeta y en cada diálogo. Y por el lado de Lark, también una crítica habitual: da un toque de bronca ver a un virtuoso de esta magnitud dibujar solo los cuerpos y los rostros, y chorear TODO lo demás de fotos. Decorados, paisajes, objetos, vehículos, armas... en TODO se ve un sutil retoque de Lark (y del colorista Santiago Arcas) sobre fotografías, una práctica que responde a una lógica exclusivamente industrial: hay que entregar no menos de 22 páginas por mes, y esta es la única forma en que Lark puede dibujar todo lo que pide el guion con ese nivel de detalle y de realismo. No me consta que si pudiera entregar un episodio por año Lark dibujaría todo sin tomar ni una sola referencia fotográfica, pero lo sospecho. Ya estoy cerca del final (tengo entendido de que son siete TPBs) y no tengo ni el Vol.6 ni el Vol.7, pero los deseo fervientemente, porque la trama se puso jodida como enema de chimichurri y necesito saber cómo termina esta salvajada.
Vamos a Japón, año 2021, cuando se recopila otra tanda de historias cortas del maestro coreano Boichi, en el libro titulado (con un vuelo creativo inigualable) Boichi Short Stories Vol.2. A diferencia del Vol.1 (lo vimos hace poquito, el 15/07/25), este segundo tomo trae solo cuatro historias, un toque más extensas. Y hay menos variedad de géneros: acá se lo ve a Boichi más jugado a la ciencia ficción. Una ciencia ficción triste, crepuscular, que me hizo acordar a esos mangas de Yukinobu Hoshino que vimos un lejano 26/06/12. La primera historia es la más obvia, la más lineal, y narra el enfrentamiento entre un grupete de milicos humanos y unas criaturas que parecen diseñadas por Philippe Druillet en su época más falopera. La segunda ya levanta un poquito la puntería, al presentar un drama más humano, con más profundidad, más interés por parte de Boichi en meternos en la psiquis de los personajes y entender sus motivaciones y sus obsesiones. La tercera es la más breve, la menos ci-fi y la más impredecible del tomo: una historia que plantea el debate acerca del aborto, lleva el conflicto al límite y lo remata de manera sobrenatural, con la impredecible irrupción de un elemento fantástico que te deja estupefacto. La historia termina con una doble splash inconcebible, majestuosa y perturbadora a la vez, con una composición, una complejidad, un nivel de detalle que no puede ser real. Podés estar -fácil- dos horas colgado mirando esa imagen, incluso a riesgo de que se te quede grabada en la mente para siempre. Y la cuarta historia es la más extensa, al punto que parecieran ser tres episodios de 35-40 páginas que componen una especie de miniserie. Acá vuelve la ciencia ficción, pero más cercana, más próxima, sin necesidad de irse al carajo con conceptos muy ambiciosos. El futuro de "Él existió ahí" está acá nomás, a la vuelta de la esquina y un poco por eso la historia pega tan fuerte. Los sacudones más grossos están en el segundo tercio de la obra, con lo cual al terminarlo uno se pregunta qué se estará guardando Boichi bajo la manga para el tramo final. Y no, si bien el final es más que digno, no pasa nada que supere las genialidades que tira el autor en el tramo "del medio". Por suerte los méritos de "Él existió ahí" exceden la sorpresa o el impacto: es una historieta donde tienen mucho más peso los climas y el desarrollo del personaje central que la trama en sí. Del dibujo ni hace falta hablar, porque es descomunal de punta a punta. Obviamente es fruto de un trabajo en equipo: ningún ser humano por sí solo puede dibujar lo que dibuja Boichi en estas historias. Y está buenísimo. Es perfecto, es minucioso, es frondoso, y a la vez es sumamente expresivo y emocionante. Gran acierto de Ivrea haber apostado por este material, tan distinto del obvio. Y gran trabajo de Damián Gaggero en la traducción. No mucho más, por hoy. Gracias por el aguante y nos vemos el miércoles 27 en el canal de YouTube de Comiqueando con otra emisión en vivo de Agenda Abierta. Casi seguro antes de eso clavo una nueva entrada con más reseñas, acá en el blog.

martes, 9 de abril de 2024

RESEÑAS DE REGRESO

Ayer volví de mi viaje por dos ciudades de Chile y hoy tengo un rato para reseñar los comics que leí en los últimos días. Una de las cosas más copadas que descubrí en el viaje a Europa del año pasado es que los editores franceses, fundamentalistas de la tapa blanda y los libros tamaño lápida, también eligen algunas obras que tuvieron mucho éxito y las republican en un tamaño más chico, tipo libro de bolsillo, en tapa blanda. Son más livianos, son más baratos... en una palabra, son irresistibles. Compré varios, y al primero que le entré fue a La Page Blanche, con guion de Boulet (uno de los dibujantes de La Mazmorra) y dibujos de Pénélope Bagieu, una de las autoras de más repercusión en los últimos años. Esto es de 2013, cuando Pénélope todavía trabajaba con guionistas. Después se volcó a ser autora integral. La Page Blanche (la página en blanco) es de esas obras que te atrapan en la primera secuencia y no te sueltan hasta el final. No, el final no está al nivel del desarrollo de la trama, ni de la complejidad del personaje principal. No es una cagada, no te dan ganas de tirar el libro a la basura, pero sentí que le faltaba algo más, 10 ó 12 páginas más, en una de esas, para que todo cierre de manera más prolija. No importa. Nada cambia lo feliz que fui leyendo estas 190 páginas, ni lo mucho que me entusiasmaron todas esas sorpresas que Boulet revela siempre en los momentos justos. El planteo se parece al de XIII: empieza con una chica completamente amnésica, sentada en el banco de una plaza en París. No tiene idea de quién es, ni cómo llegó ahí, ni dónde vive, ni a quién recurrir. Y tiene que empezar a rastrear para atrás esa vida que evidentemente vivió, pero de la que solo tiene vestigios, no recuerdos. De alguna manera, Eloïse se las va a rebuscar para recuperar su identidad, su casa, su trabajo, alguna que otra amiga... pero en algún punto va a descubrir que hay cosas que no va a poder recuperar y con eso tiene que ver el impacto emocional que se llevó sus memorias. Boulet pilotea esta consigna ganchera y emotiva como pocas con una habilidad que le permite pendular entre la comedia costumbrista y el drama, y además lucirse con unos diálogos magníficos. Y Bagieu la rompe toda con ese dibujo que me remitió todo el tiempo a las buenas tiras de prensa de Estados Unidos, ese trazo sintético, expresivo, amistoso, donde se nota a kilómetros el devastador poder de observación de una autora especialista en la gestualidad de los personajes, y en detalles que tienen que ver con la ropa, los peinados, la decoración, etc.. Hoy Pénélope Bagieu dibuja bastante mejor que en La Page Blanche, pero esto está buenísimo, tanto a nivel del dibujo, como del color y de la puesta en página. Como curiosidad, comparto el dato de que esta historieta fue adaptada al cine en un largometraje (también francés) y que está traducida al inglés y al alemán, pero no al castellano. Un disparate.
Después de muchísimo tiempo (el Vol.3 fue reseñado el 28/12/17) retomo la lectura de Lazarus, la serie escrita por Greg Rucka y dibujada por Michael Lark, con un Vol.4 que, a diferencia del anterior, me aburrió bastante. El arco denominado "Poison" levanta un poquito al final, pero me pareció muy lento, muy estirado, poco sustancioso. Rucka asume un riesgo importante, que consiste en narrar en paralelo dos situaciones distintas, en registros muy distintos, como si fueran dos obras de distintos géneros metidas en un mismo comic. Por un lado, toda la trama de poder, ambición, roscas, traiciones y ajedrez entre gente muy hija de puta, al estilo Dallas o Dynasty. Esto está bastante bien, es lo más entretenido de este tramo de la serie pese a que es imposible identificarse (y mucho menos solidarizarse) con personajes de tan baja calaña y tan exacerbada amoralidad. Por otro lado, este tomo narra en detalle una batalla militar que tiene lugar en la ciudad de Duluth, en la que la protagonista de Lazarus, Forever Carlyle, confronta con todo un ejército enemigo, acompañada de apenas cuatro soldados que le son leales. Hay un buen desarrollo de estos cuatro personajes, en un punto resultan queribles, pero la batalla se alarga tanto, y tiene giros tan inverosímiles, que en un punto esta incursión de Rucka por la historieta bélica perdió mi interés. El tomo incluye también un episodio unitario que -supongo yo- conectará más adelante con la trama central, y -como ya dije- guarda los mejores momentos para las últimas páginas, como para que uno no le pierda la fe a la serie. Creo que lo que menos me cerró de este tomo (el primero de Lazarus que no me deja hiper-manija, deseoso de tener YA en mis manos la continuación) es el tono, demasiado solemne, para mi gusto. No esperaba el show de los chistes, porque sé que es un comic realista, duro, adulto. Pero tanta seriedad cansa un toque. Lo más parecido al humor que hay en 140 páginas es algún que otro retruque sarcástico de los personajes más soretes y más cínicos, que Rucka mete para recordarte (por enésima vez) que estos personajes son los más soretes y los más cínicos. En algún momento (no tengo dudas) Forever se va a dar vuelta y va a hacer mierrrrda a sus propios familiares, a los que Rucka nos muestra como garcas cada vez más inescrupulosos. En la faz gráfica lo tenemos a Michael Lark, muy comprometido en la narrativa (no tanto en el dibujo en sí, que se apoya demasiado en las fotos retocadas) y muy bien complementado por los colores de Santiago Arcas. Lo mejor que tiene Lazarus es ver a Lark dejar la vida para que no te aburras cuando vienen esas secuencias de reuniones en las que un montón de gente se sienta alrededor de una mesa para conversar o negociar, con menos acción que en un geriátrico a las dos de la mañana. Con varios indicios de que Lazarus no se está yendo a la B, con la fe intacta en el próximo tomo (que andá a saber cuándo consigo y cuándo leo), prometo no bajar los brazos y -eventualmente- retomar una serie que hasta ahora venía muy arriba, más allá de que un amplio porcentaje del Vol.4 me resultó medio soporífero.
Y cierro con una breve mención para un libro que se obsequió a los asistentes a la edición 2021 de Montevideo Comics (ni me acordaba que se había hecho el evento, en ese año marcado por la segunda parte de la pandemia del COVID-19) y que, como es costumbre en esta mítica reunión de aficionados al comic, rescata trabajos de un autor clásico uruguayo poco conocido por el lector actual. Esta vez, el libro titulado La Leyenda de Pedro Malasartes reimprime trabajos de Pedro Cano realizados entre 1978 y 2008 para distintos medios de la vecina república. La verdad que no me gustó. No me gustó el estilo gráfico de Cano (que varía bastante de una historieta a la otra), encontré problemas en la calidad de la reproducción de varias páginas, los guiones me parecieron bastante ingenuos... Creo que lo más rescatable es la primera historieta, Puro Biógrafo, no por el dibujo, ni por el personaje (el gaucho Ventarrón) sino por la libertad con la que Cano se va al carajo y mete personajes y situaciones totalmente descolgadas, en algo que -en sus mejores momentos- parece una sátira a las películas de Hollywood al estilo de lo que hacían Enrique Ventura y Miguel Ángel Nieto a principios de los ´70, por supuesto con una calidad gráfica bastante inferior. De ahí en adelante el libro entra en una curva descendente, con momentos realmente chotos. Obviamente, no sumo a Pedro Cano al Olimpo de los grandes autores de la historieta uruguaya del Siglo XX. Nada más, por hoy. Espero volver pronto con nuevas reseñas. Gracias a l@s amig@s chilen@s por el afecto y el aguante de tantos años y será hasta la próxima.

viernes, 1 de diciembre de 2017

VIERNES AL MEDIODIA

Tengo un ratito antes del almuerzo para reseñar un par de libros y bueno, vamos a tratar de aprovecharlo…
Le entré al segundo recopilatorio de la etapa de Daredevil capitaneada por Ed Brubaker y Michael Lark, un masacote de 304 páginas que incluye los nºs 94 al 105 de esa serie. Contra todos los pronósticos, me aburrí bastante. Me gustó, como siempre, el desarrollo de personajes que propone Brubaker, sus diálogos sumamente reales, su manejo de los climas sordidos y opresivos… pero la trama en sí, no me enganchó en lo más mínimo. El principal villano no me interesó en absoluto, me resultó menos carismático que Esteban Bullrich. Su plan estaba… bien, ponele, pero su motivación me pareció absurda. El ritmo es muy lento, se ve que Brubaker tenía ideas muy chiquitas para llenar una cantidad de páginas tan enorme. Todo ese tramo con el Gladiator, en el que los demás personajes debaten acerca de si se volvió loco, si alguien le dominó la mente, si es un asesino despiadado o un pobre pelotudo… avanza demasiado lento, se enreda demasiado. Después pasan cosas muy similares con Milla, la esposa de Matt, y uno dice “¿otra vez la misma discusión?”.
Lo cierto es que en este tomo Brubaker no parece agarrarle la mano a la serie, en la que había empezado muy bien. Para bajármela un poquito más, uno de los grandes inventos del guionista para este tramo de las aventuras de Daredevil es una chica que tiene el poder de ser irresistible para los hombres. Por supuesto que Brubaker no llega a desarrollar a Lily Lucca al mismo nivel que desarrollará a Josephine en Fatale, unos años más tarde. Pero sí, ambos personajes se apoyan en una idea muy similar.
¿Y el dibujo, qué onda? Medio bajonero, también, porque Lark se da cuenta de que para entregar todos los meses, puede dibujar sólo a los personajes. TODO lo demás son fotos retocadas: fondos, vehículos, objetos… Lark no te dibuja nada que exista en la realidad, o que se pueda encontrar buscando en Flickr. Por suerte entre estos episodios está el nº100, donde cuelan unas paginitas dibujantes invitados como los maestros John Romita Sr., Gene Colan, Bill Sienkiewicz o Lee Bermejo, que le ponen onda, frescura o clasicismo bien entendido a la faz gráfica de ese episodio puntual. El resto se empantana bastante por la obsesión de Lark con las fotos apenas retocadas. Queda un tomo más de este Daredevil sombrío y trágico, porque después viene la etapa de Andy Diggle, que –a juzgar por las críticas- no tiene sentido leer.
Me vuelvo a internar en el universo fantástico de los incansables Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena, para descubrir Panteras, un libro que recopila una saga larga y tres historias cortas, todas parte de la saga de Timbuba, el Mundo Perdido. De las historias cortas, hay una, El Rey Tuvo un Amigo, que no puede ser mejor, más impredecible, más conmovedora, más hermosa. Y las otras dos no están mal, pero no arriman a ese nivel de perfección.
Dicho esto, me concentro en las 70 páginas de Panteras, el arco principal. Esta es una clásica aventura de Mazzitelli y Alcatena, una trama en la que se entrecruzan el amor, el poder, el destino, en la que un personaje joven va creciendo hasta hacerse imposiblemente grosso, en la que surgen y caen imperios, reyes, sociedades secretas y demás runflas… Ya lo leímos muchas veces, pero funciona y funciona demasiado bien. Esta vez, Mazzitelli se guarda un as bajo la manga para jugarlo en la última mano, cuando se corre el último velo y Nabadru descubre la verdad acerca de su padre. Y otra novedad: la machaca no está tan des-enfatizada como en otras obras de la dupla y varias de las mejores páginas de Panteras se centran en violentos combates que por ahí no aportan demasiado al desarrollo de la trama, pero suman intensidad e impacto a una historia que podría haberse tornado un tanto lenta y protocolar. Los bloques de texto, como siempre, nos muestran a un Mazzitelli inspiradísimo, con un vuelo lírico y literario con el que la maorí de los guionistas de historietas no se atreven a soñar.
Vaya para el lado de la machaca o para el lado de la sutileza, Mazzitelli sabe que está siempre respaldado por el virtuosismo descomunal de Alcatena, que acá no desaprovecha la oportunidad de demostrar lo mucho que lo inspiran la cultura, las tradiciones y los misterios del África profunda. En la huella de su admirado Jesse Marsh, Quique le da vida a junglas, cuevas, aldeas y palacios y logra que su trazo siempre tan elegante, tan ornamental, incorpore esa dosis de salvajismo, de fuerza primal difícil de controlar que uno asocia con las selvas africanas. Bellísimo trabajo de Alcatena, que ojalá sea sólo el primero de muchos publicados por el sello Purple Books.
Buen finde para todos y volvemos pronto con más reseñas, que ya estamos ahí de clavar 100 posts en 2017.

martes, 20 de octubre de 2015

20/10: DAREDEVIL ULTIMATE COLLECTION Vol.1

Otra vez los tomos de Daredevil Ultimate Collection arrancan del Vol.1, pero esta vez recopilan la etapa de Ed Brubaker que, ppor lo menos al principio, cuenta con los gloriosos dibujos de Michael Lark.
Ah, pará. ¿Hay más de un tomo de esto? O mejor dicho: ¿sigue la serie de Daredevil después de esto? Los 12 episodios incluídos en este hiper-TPB no sólo son magníficos. Además podrían ser el final, el cierre definitivo de la historia de Matt Murdock, y nadie se quejaría de nada. Al contrario, diríamos “qué grosso Brubaker, cómo se las ingenió para sacar a Daredevil del laberinto jodido en el que lo había dejado la etapa de Bendis”. La mala noticia es que la serie no termina acá, en este cierre perfecto que ofrece Brubaker en el n°93. La buena es que hay muchos episodios más escritos por este crack del guión.
El primer arco abarca seis episodios y es brillante: Matt está en cana y Brubaker no escatima en detalles sórdidos acerca de la vida tras las rejas. Son páginas y páginas de oscuridad, violencia y corrupción como pocas veces se vieron en un comic “de superhéroes”. Con énfasis en las comillas, porque en esta saga (como en casi toda la etapa de Bendis) este NO ES un comic de superhéroes. La trama es compleja, está muy bien llevada (siempre con un valioso esfuerzo por no hacer añicos el verosímil) y por ahí le sobra Bullseye, que aporta más impacto que otra cosa. La resolución es excelente y hasta le otorga una chapa inmensa al Punisher, un personaje que cada vez que apareció en la revista del Cuernitos fue una especie de “ejemplo” para mostrar cómo NO se imparte justicia.
Resuelto este arco, tenemos un hermoso unitario protagonizado por Foggy (a quien Matt y los lectores creíamos muerto), y después un segundo arco argumental de cinco episodios, en el que Daredevil viaja a Europa, tras la pista del asesino de su amigo. Este segundo tramo está muy estirado. La misma historia se podría haber contado en dos episodios, o como mucho 50 páginas. El resto es relleno y se nota demasiado. Lo lindo es que parte de ese relleno consiste en llevar a Matt a deambular por las callecitas de Sintra, un pueblo de Portugal, cerca de Lisboa, que tuve la suerte de visitar allá por 2006. La verdad, ir a Sintra y ser ciego debe ser un bajón tremendo: conozco pocos lugares en los que hay tantas cosas hermosas para ver.
Estirada y todo, la saguita se resuelve en el cuarto episodio (de modo brillante, cabe acotar) y el quinto y último es un epílogo: 22 páginas en las que Brubaker restaura en buena medida el status quo de la serie tal como estaba antes de la llegada de Bendis. Pero nada sale gratis y Matt tiene que cruzar una línea incómoda como tampón de virulana: defender al Kingpin en una corte para sacarlo de la cárcel. Para que el Cuernitos logre arrimar al empate, su acérrimo enemigo abandona los EEUU ni bien pone un pie fuera del presidio y asegura que no volverá. Obviamente no le creo nada, pero bue…
El unitario centrado en Foggy lo dibuja David Ajá, en el que quizás sea su primer trabajo para EEUU. Lo cierto es que está bueno, pero no se parece nada a lo que veríamos más tarde en Iron Fist. Los 11 episodios restantes los dibuja Michael Lark, con infinitas pilas, aunque en un estilo más realista, menos expresivo que lo que había hecho en sus trabajos para Vertigo y DC. Acá vemos a Lark más preocupado por el realismo fotográfico, sin renunciar a su estilo ni convertirse en el enésimo Juan Carlos Flicker. Esta vertiente más realista le permite integrar más fácilmente las referencias fotográficas. Más que nunca, se nota que los fondos son SIEMPRE fotos retocadas: la cárcel, las oficinas, las ciudades de Europa, los vehículos, todo está tomado de la realidad y manoseado digitalmente para fusionarse con los personajes, que es donde se nota (bastante, por suerte) el sello propio de Lark y su entintador/ asistente Stefano Gaudiano.
No tengo los tomos que me faltan para completar Daredevil de Brubaker (ni los vi en Nueva York) pero voy a tratar de conseguirlos porque este me pareció excelente. Mañana, algo más acerca de la NYCC.

viernes, 7 de noviembre de 2014

07/ 11: LAZARUS Vol.1

Estoy en San Luis, ya palpitando el evento de este finde y con poquísimo tiempo para escribir. Pero vamos a sintetizar a full:
Greg Rucka, maestro absoluto. Acá sorprende con grandes ideas, una excelente construcción de un universo ficticio, muy buenos personajes y una runfla bien espesa, con margen para la acción, pero sobre todo para la intriga y la mala leche. Una genialidad, realmente.
Michael Lark, una pena. Un dibujante superdotado, un monstruo del claroscuro, dueño de un grafismo personal, atractivo, distintivo… reducido a un vil Juan Carlos Flicker. Posta, si no te dicen que dibuja Lark, te comés que dibuja cualquier verdulero de Marvel o DC de los que sólo saben retocar fotos. Acá todo se muy lindo, pero es TODO foto. Por suerte la narrativa es ganchera, dinámica, muy atrapante. Pero yo quiero ver a Lark dibujar en SU estilo, no calcar fotos.
Y una sorpresa rara: Santiago Arcas, te acordás? Ese autor español que empezó como guionista y después se hizo autor integral de sus propias novelas gráficas, acá reaparece… como colorista! Y hace un gran laburo, eh? Andá a saber de qué lo ponen en el próximo partido.
Recomiendo mucho Lazarus a los fans de Greg Rucka y del comic para adultos fuerte, intenso, al límite. Sin dudas es otro de los grandes hallazgos de Image de los últimos tiempos.
Y me despido hasta el lunes, cuando volveré a postear no sé si desde San Luis o desde Buenos Aires.

miércoles, 15 de junio de 2011

15/ 06: GOTHAM CENTRAL Vol.1


Ah, bueno… así cualquiera se hace fan de la policía. Esto es mainstream finoli-finoli, comic 100% de autor, pero ambientado en Gotham y con Batman de personaje casi terciario, de esos que aparecen medio de keruza a hacer un mínimo aporte cuando la trama ya está totalmente cocinada. Ed Brubaker y Greg Rucka plantean esta serie como un comic policial clásico, al estilo de las series de TV tipo NYPD Blues, pero aceptan una regla básica: los canas no le pueden ganar a los villanos de Gotham. Pueden investigar, los pueden acorralar, pero no bajarlos de un tiro ni de una trompada. Para eso está Batman. Y está perfecto, porque si no, le baja mucho la chapa a los villanos. Que te ganen Robin o Batgirl ya es bastante humillante, como para que encima te gane un inspector de policía. Y la onda es que los villanos den miedo, no lástima ni risa. De todos modos, y si bien hay villanos conocidos detrás de todos los casos que investiga la Major Crimes Unit en este tomo, Brubaker y Rucka se esfuerzan porque aparezcan poco, por mantenerlos en las sombras lo más posible, para concentrarse lo más posible en los canas comunes y corrientes, como enseñaran los maestros Kurt Busiek (en Astro City) y Brian Michael Bendis (en Powers).
Todavía no termino de decidir qué es lo que más me gustó de este tomo. Estoy entre la construcción de los personajes y el ritmo elegido para contar las historias. Ambas cosas son muy, muy notables y además muy originales, muy propias de esta serie. Y son los dos elementos que –increíblemente potenciados por el equipo creativo- revierten la sensación inicial que produce la consigna “un comic sobre los canas de Gotham”. Sensación que, a priori, va para el lado de “¿A quién le importan estos losers inoperantes, a los que Batman les vive sacando las papas del fuego?”, encima con el agravante de que James Gordon y Harvey Bullock no son parte del elenco de la serie. Pero está Renée Montoya (a la que acá le darán containers llenos de chapa), está Maggie Sawyer (creada por John Byrne para su etapa en Superman), está Crispus Allen (que tenía roles muy chiquitos en las Detective que escribía Rucka y después terminará laburando de Spectre) y hay un montón de canas a los que yo no conocía y que no sé si fueron creados para esta serie o no. Entre todos se arma un elenco diverso, rico, donde cualquiera puede ser protagonista de un arco argumental. El arco más extenso del tomo tiene a Montoya como estrella indiscutida, pero se nota mucho la intención de trabajar con “el héroe grupal” que impulsaba Oesterheld en los ´50.
Las tramas están perfectamente construídas, sin saltos al vacío, sin exabruptos. Todo respeta un orden, un protocolo, y resulta –por ende- mucho más real que cualquier otro comic ambientado en Gotham. Acá no existe el “palo y palo”. El ritmo es pausado, tranqui. Las historias avanzan a fuerza de diálogos, de silencios, de observación, de paciencia, de investigación minuciosa. Hay tiros y trompadas, pero poquitos, y en los momentos en que se hacen inevitables. Rucka demostró su talento para los comics de investigación y espionaje en Queen & Country y Brubaker logró maravillas en el género policial con títulos como Criminal, así que no me sorprendió para nada el nivel que exhibe la dupla en Gotham Central.
El que me dejó boquiabierto fue Michael Lark, el dibujante, Ya había leído varios trabajos suyos, dentro y fuera del policial, pero nunca estuvo tan afilado como en esta serie. Posta, cada secuencia es perfecta. Las caras, el lenguaje corporal, todo es increíble. El armado de la página casi siempre respeta las cuatro tiras de viñetas y nos recuerda a cuando las tiras de los diarios estaban bien dibujadas. Hay mucha referencia fotográfica, claro, pero está perfectamente integrada al estilo gráfico de Lark, basado en la síntesis, la mancha y los climas tirando a oscuros. A Lark le sientan bárbaro tanto el grado de realismo como el ritmo pachorro que Brubaker y Rucka le dan a las historias. Y está tan cómodo que no falta nunca: se dibuja la vida (supongo que con asistentes) en los 10 episodios del tomo. Muy, muy grosso el aporte de Lark para elevar el nivel de esta serie y dotarla de una identidad propia, a años luz del pochoclo barato y el “más de lo mismo”.
Gotham Central duró apenas 40 números y vendió más bien poco (en revistitas, los libros anduvieron mejor), pero mientras duró fue un chispazo de gloria, amado por la crítica y los jurados de los todos premios. ¿Ves? Ahí hay una serie que valdría la pena relanzar en Septiembre con un nuevo número uno. Pero si la escribieran Rucka y/o Brubaker, porque si se la dan a Scott Lobdell o a Tony Daniel no la leo ni drogado.