el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 29 de diciembre de 2015

29/12: SUGAR SKULL

Bueno, tardé un poquito menos de cuatro años en terminar la triilogía de novelas gráficas de Charles Burns que empezó con X´Ed Out (ver reseña del 09/01/11) y siguió con The Hive (29/06/13). Como te imaginarás, con un bache de 30 meses entre el tomo anterior y este, me acuerdo muy poco de la trama y nada de los detalles de lo sucedido en las dos primeras partes de la trilogía. Y como NO te imaginarás, estas 60 páginas son mucho más autoconclusivas de lo que parecen.
La verdad es que buena parte de lo que sucede en Sugar Skull se disfruta a pleno sin tener la menor idea de que esta es la tercera parte de una saga más extensa. Hay puntas que se nota que se abrieron antes de que arranque Sugar Skull, pero rápidamente Burns te pone al día y te engancha hasta el final.
Esta vez hay tres niveles de relato: lo que sucede en el presente en el plano real, flashbacks al pasado también en el plano real, y toda la secuencia más aventurera, más bizarra, más extrema, en el plano… digámosle “menos real”. Y llegué a una conclusión que no me gusta: toda esta parte “menos real”, protagonizada por Johnny (el tintinesco alter-ego de Doug), está al pedo. Visualmente es la gloria, y narrativamente te emociona, te shockea, te atrapa… con una historia que no sé muy bien a dónde va. Capaz que si lo leés MUY compenetrado (o muy drogado) descubrís que todo lo que le pasa a Johnny es una metáfora, una alegoría o un paralelismo medio freak con lo que le pasa a Doug. Si eso fuera así, estaríamos hablando de la mejor novela gráfica de la historia, frente-march. Pero yo intuyo que no es así, que Burns por un lado nos contó la historia de Doug (ahora me explayo un toque sobre eso) y nos la adornó con todas estas secuencias oníricas, alucinógenas, apasionantes, pero a la larga medio inconducentes.
Ahora bien, la otra trama, la de Doug y sus relaciones con Sally y Sarah, no sólo es brillante: también tiene todo el sentido del mundo por sí sola, independientemente de lo que pasa en el otro plano de realidad, e incluso de lo que pasa en X´Ed Out y The Hive. Yo creo que si Burns limitaba la trama sólo a esa línea argumental, le íbamos a decir que se estaba colgando de las tetas de Adrian Tomine, porque básicamente la historia de Doug tiene esa onda: un drama urbano realista, en el que un tipo casi normal trata de reflotar una pareja que se fue a la B por cagadas que se mandó años atrás. Burns construye esta trama con flashbacks interesantísimos, con escenas que se cortan en el momento justo (el de más tensión), con silencios que te volatilizan por su potencia dramática… Estos fragmentos del libro están tan buenos que casi puteás cada vez que Burns interrumpe la narración para mostrarte las andanzas de Johnny en esa especie de País de las Maravillas bizarro y hecho mierda.
Hablar del dibujo es medio redundante, así que no lo voy a hacer. Creo que escribí bastante sobre el tema en la reseña de X´Ed Out. ¿Es el mejor trabajo de Burns como dibujante? No tengas la menor duda. Y no sólo por los homenajes a Hergé. Hay millones de motivos para que -si sos fan de Burns desde siempre, o si lo conociste gracias a esta trilogía- te vayas convencido de que el hijo de puta que le acaba de hacer el amor a tus retinas es el más grosso de todos, el que tiene una varita mágica en vez de una verga.
No tengo idea de cuánto falta para que se edite el próximo trabajo de Burns, ni mucho menos cuánto falta para que un futuro trabajo de Burns supere en calidad a lo que vimos en estos tres libros. Y la verdad, son datos cuya importancia empalidece frente al placer que me produjeron Sugar Skull y sus antecesoras. Gloria eterna a este Monstruo Sagrado del Noveno Arte, siempre dispuesto a subir la apuesta un poquito más.
Mañana, la última reseña de la historia del blog.

sábado, 29 de junio de 2013

29/ 06: THE HIVE

Llegó, nomás, la secuela de la maravillosa X´Ed Out, que comentáramos allá por el 09/01/11. Recomiendo enfáticamente releer esa reseña, porque esta va a ser cortita, para no repetir los conceptos de aquella.
No pienso hablar del dibujo de Charles Burns, por ejemplo. Simplemente quiero señalar que, así como en el tomo anterior metía muchísimas referencias y homenajes a las historietas de Tintín, acá se ceba a full con brillantes recreaciones de los comics románticos de los ´60, los que vimos cuando me tocó reseñar aquel Showcase de Young Love. Es alucinante ver a Burns reversionar hoy la estética de los maestros de hace 50 años, esa línea anodina y pulcra que desplegaban en las historietas románticas tipos como John Romita, Win Mortimer o Mike Sekowsky. También hay muchos guiños a Hergé, y muchísimo del imaginario propio de Burns, de esas cosas que sólo a este genio se le ocurre dibujar y que, metidas en un comic de cualquier otro autor, suenan a burdo choreo a Burns. Acá, el prócer nos obsequia algunas de sus imágenes más bizarras y perturbadoras (especialmente en la inolvidable página 24), todo tan groseramente bien dibujado y tan bien complementado con el color, que The Hive merecería ganar todos los premios aunque no tuviera guión.
Por suerte tiene guión, y está muy bueno. Esta vez Burns no va para adelante, para atrás y para los costados. Va sólo para adelante y para los costados. Y está muy bien, porque además de internarnos en secuencias totalmente adictivas, completa (no necesariamente explica) mucho de lo que ya vimos en el tomo anterior. El foco sigue puesto en Doug, pero esta vez Suzy, su novia, recibe mucha atención por parte del autor, que parece decidido a darle chapa de gran personaje. Los misterios siguen siendo muchos y muy gancheros, lo cual no hace más que sumarle expectativa a la próxima novela gráfica, la que cerrará la trilogía, cuya aparición espero para... dentro de media hora, en lo posible.
Con diálogos perfectos, con perversos jueguitos entre distintos niveles de realidad, con personajes muy creíbles y situaciones cada vez más retorcidas, Charles Burns demuestra una vez más estar en la cumbre de su oficio. Amor y horror, asco y virtuosismo, delirio y misterio. Es muy difícil describir lo que se siente al leer esta historieta. Creeme que es muy rara, muy hermosa y te deja muy, muy cebado, aunque no sepas cómo (ni cuándo) puede llegar a terminar. Papa finísima.

domingo, 9 de enero de 2011

09/ 01: X´ED OUT


¿Se puede terminar de leer un comic que está espectacular y cerrar el libro en medio de un tsunami de puteadas? Sí, y me acaba de pasar. X´ed Out es una aplanadora, que te lleva puesto desde que arranca hasta que termina, pero el problema es que… NO termina! Llegás a la última viñeta y recién ahí te enterás de que esto NO es una novela gráfica, sino el primer tomo de una serie y que la historia –obviamente- continúa en el próximo tomo, que andá a saber cuándo carajo sale. Puñalada trapera mal, jodida. Una traición al lector digna de Starscream o Julio Cobos. ¿Qué carajo les costaba poner en la portada “Vol.1”, o algo que indicara que el libro NO es una historia completa? ¿Por qué la necesidad de engañarnos como perejiles a los que no habríamos comprado el libro si nos hubiesen aclarado este punto?
Estuve investigando, y supuestamente la obra se compone de tres tomos. Pero no está pensada para recopilarse después en un tomo único, sino para ser leída como una trilogía de álbumes, como las de Valérian, o como las saguitas de Tintín de dos tomos. Habrá que ver si esto es así. Yo me juego la chota a que si los tomos venden bien, los van a reeditar en 135 formatos distintos, entre ellos el querido integral (tomos que recopilan tres álbumes de las principales series franco-belgas). Y aunque nunca salga un recopilatorio con los tres tomos, aunque nunca haya una edición mejor que esta de Pantheon, creo que el lector tiene derecho a saber si lo que compra es una historia completa o no. Más cuando se trata de un comic de Charles Burns, que tardó en completar su obra anterior (la fundamental Black Hole) nada menos que NUEVE años. ¿Y si no quiero esperar varios años para leer el final de X´ed Out? ¿Y si Burns no llega publicarlo nunca, porque se enferma, se muere o se dedica a otra cosa? Me re-cagaron.
Más allá de esta turrada miserable, X´ed Out es un comic del mega-carajo. El guión es tan interesante y tan cautivante como el de Black Hole, y eso es mucho decir. La historia va para atrás y para adelante, e incluso para los costados, porque el protagonista está bajo el efecto de poderosas drogas psicotrópicas que lo hacen alucinar y Burns nos muestra esa realidad paralela, en la que Doug tiene la cara de Tintin (el libro está lleno de referencias al personaje de Hergé) y en la que pasan cosas demasiado limadas para ser reales. Gran truco para que la freakeada descontrolada que sus hinchas quieren ver no interfiera demasiado con la historia (por ahora) más tranqui, más mundana, que Burns quiere contar. El personaje de Doug está muy bien construído, hay diálogos y secuencias logradísimos y todo suma para hilvanar una historia que (te enterás al final) recién empieza, pero tiene todo para volar muy alto.
Por el lado del dibujo, una novedad impactante: por primera vez en su carrera, Burns pensó un comic a color, y lo coloreó él mismo, con muchos colores planos y pocos efectos de photoshop. Una forma más de homenajear a los próceres de la línea clara franco-belga, que siempre laburaron pensando en el color. Por suerte Burns opta por una paleta sobria, sin estridencias, y sin nada que nos distraiga de lo más importante que tiene su trabajo: la inverosímil calidad del dibujo y cómo el autor logra que algo tan perfecto, personal y complejo juegue en favor de la narrativa. Si fuera posible, el dibujo de X´ed Out es mejor que el de Black Hole y la narrativa es incluso más ajustada, más parecida a un mecanismo de relojería. O sea que visualmente, este libro te caga a trompadas y te deja idiota.
Si sos de los que no se pueden resistir a los influjos de este genio inigualable, entrale a X´ed Out con confianza, y ni bien lo termines, rezale a los dioses de todas las religiones para que pronto salga un nuevo tomo. Si en cambio lo tuyo es la paciencia y la abnegación, mirá para otro lado, hacete el boludo, y comprátelo cuando salga el integral, o por lo menos cuando esté toda la obra publicada, así te asegurás de no comerte ningún garrón (excepto el del infaltable boludo que te la comenta y te manda un spoiler).

sábado, 30 de enero de 2010

30/ 01: THE BEST AMERICAN COMICS 2009


Desde 2006, la prestigiosa editorial Houghton Mifflin Harcourt edita cada año un lujoso hardcover de más de 300 páginas con una selección de historietas de la Norteamérica anglófona, coordinada por Jessica Abel y Matt Madden. Además, cada año convocan a un autor grosso como Editor General, encargado de la selección final. Por ese sillón pasaron Harvey Pekar, Chris Ware, Lynda Barry, y esta vez le tocó al siempre alucinante Charles Burns.
Burns se jugó mucho por “los que no pueden faltar”. Está su ídolo de toda la vida (Robert Crumb), está el tipo que le abrió las puertas para empezar a publicar (Art Spiegelman), está su gran amigo de siempre (Gary Panter), están los muchachos que renovaron el indie en los ´80 (Beto Hernández, Peter Bagge, Kaz, Daniel Clowes) y algunos de los más destacados monstruos surgidos en los ´90 (Ware, Adrian Tomine, Al Columbia, Jason Lutes, Ben Katchor y Tony Millionaire). Y a la hora de mostrarnos autores nuevos (o menos conocidos) armó un cóctel ecléctico e impredecible, donde se distinguen básicamente tres subgrupos.
Los Horribles: autores y autoras que no tienen idea de guión ni de dibujo, que cualquier historieta que publiquen por afuera de un blog o un fanzine deja a las claras su falta de nivel profesional. No hay muchos de esos en el libro, por suerte, pero sí un par de los que te dejan secuelas irreversibles en las retinas.
Los Bizarros: No es ninguna novedad que el indie norteamericano está dominado hace años por la autobiografía y el “slice of life”. Burns se caga bastante en eso, y por eso habilita a autores que pelan extrañas historias de géneros que van desde el policial hasta los funny animals, pero abordados desde con enfoques muy, muy inusuales. De ese paquete, me parece que Michael Kupperman y Anders Nilsen son los que más aportan.
Los Copados: Y sí, a todos estos chicos y chicas les gusta la autobiografía y el “slice of life” . Algunos narran sus no-aventuras con más humor y otros en un tono más introspectivo, o más amargo. Lo cierto es que varios de ellos se la re-bancan al lado de los grossos, principalmente Kevin Huizenga, el limado Tim Hensley (que si lo dejan, puede ser el próximo Bagge), Matt Broersma (casi un autor europeo de línea clara de los ´80), Laura Park y el israelí Koren Shadmi.
Y cuando digo “se la re-bancan al lado de los grossos” estoy tirando un elogio tamaño Galactus, porque la verdad es que los grossos aportan a este libro unas historietas de un nivel impresionante. La de Clowes, la de Crumb (con Aline Kominsky), las páginas de Katchor y el fragmento de Shortcomings de Tomine son un material especialmente devastador. Y hay tres o cuatro historias más que se acercan a ese Olimpo.
Ni hace falta decir que estos libros son sumamente útiles para saber siempre en qué andan los capos de la movida indie (y esperar con más ansias sus libros individuales) y por supuesto, para descubrir autores nuevos y seguirlos ya sea en blogs, antologías o recopilatorios de sus obras. Lo único para criticar es que se llamen “The Best American Comics”, no sólo por el mal uso del término “American”, sino porque la selección está hecha sobre una porción de la oferta de comics a disposición del lector anglófono. No hay prácticamente material del que sale en los diarios y ni por asomo aparecen las historietas que editan las grandes compañías tipo DC, Marvel, Dark Horse, etc. En cuatro años, una sóla vez un comic de origen mainstream entró en la selección (Batman: Year 100, de Paul Pope), pero DC no autorizó la reproducción de un fragmento, con lo cual lo tuvieron que reemplazar con otra cosa.
Esto, a su vez, nos lleva a un tema muy interesante, que seguramente vamos a analizar en detalle en un próximo podcast de Comiqueando: el cisma brutal entre estos dos universos en los que se dividió la historieta norteamericana, dos mundos con lógicas tan distintas que ya casi no intersectan en lo más mínimo. En un mundo, Clowes es Dios y el que se compra un comic donde aparece Wolverine es un subnormal invertebrado a milímetros de hacerse fan de Naruto o de ir a ver la obra de Ricardo Fort, y en el otro Leinil Francis Yu es Dios y Eightball es un comic para idiotas que se creen cool y comen ensalada de rúcula de cuarenta mangos en los restó de Palermo Gólico. Si sos de los que saltan de un mundo a otro y disfrutan lo mejor de ambos, relajate, gozá, y dejale ese Boca-River ridículo a la gilada…