el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 25 de junio de 2026

TIEMPO PARA RETOMAR

Bueno, ahora sí, la Comiqueando Digital nº13 está casi terminada, y en cualquier momento (calculo que mañana, o el sábado) se va a poder descargar por muy poquita plata en comiqueandoshop.blogspot.com. Así que clavo una pausa y me aboco a la grata labor de comentar los últimos libros que leí. ¿Soy fan de Peanuts? Sí. ¿Me vuelve loco Peanuts? No, por eso no entré en el paco de las reediciones chetísimas y carísimas. Pero cuando veo reediciones baratas, me las compro. Este es un librito pocket, chiquito, impreso en papel medio croto allá por 1966, que recopila tiras de 1957 y 1958. Lo único que no me copa mucho es que reacomodan las viñetas para que encajen mejor en el formato vertical, pero la verdad que tampoco molesta demasiado. ¿Qué onda Peanuts a fines de los ´50? Mucho mejor que a principios. Esta ya es la etapa en la que Snoopy se morfa el protagonismo de la tira, y estamos a milímetros del momento en que empieza a caminar sobre sus patas traseras. A partir de ahí, Charles Schulz va a ser que Snoopy sea cada vez menos perro y cada vez más un integrante más de la pandilla de Charlie Brown. Hablando de los amiguitos de Charlie, acá ya se lo ve poco y nada a Shermy y también hay poco de Violet. No sorprende que el autor prescindiera de estos personajes a partir de los años ´60, porque ya los tenía definitivamente condenados al banco de suplentes. El humor de Schulz (seguramente esto ya se dijo mil veces) no es para reirse. Es para sonreir, en el mejor de los casos. Son ideas que tienen un toquecito de gracia, una pinceladita de ingenio, una pizca de absurdo. Con el tiempo, Peanuts se va a hacer más introspectiva, más reflexiva, incluso más abstracta. Acá está en el punto justo: no es el típico humor infantiloide y no es un desfile de personajes conflictuados que más que gracia te dan lástima. De acá sale, claramente, toda la vertiente más infantil de Mafalda. Todo ese universo de juegos y fantasías que aparece en las tiras de Quino, ya está en esta etapa de Peanuts, presentado de manera muy similar. Si Mafalda no tuviera toda esa otra faceta de comentario sociopolítico, se podría meter sin problemas en la bolsa de los clones de Peanuts. Y todos esos chistes en los que Snoopy es 100% perro y hace cosas de perro, me parece que conectan perfecto con otra tira magnífica: Mutts, de Patrick McDonnell. El dibujo de Schulz es preciso y muy lindo. Demasiado. Creo que me gusta más el Schulz más veterano, con esa línea tembleque que tan bien le quedaba a estos personajes. En fin, niños y perros, juegos y travesuras. No puede fallar, sobre todo cuando la tira no aspira a más que arrancarte una sonrisa cada tanto.
Retomo una serie que empecé a reseñar el 01/04/23: la de las "Sales Blagues de L´Echo" (los chistes sucios), en la que el irredimible Philippe Vuillemin narra en forma de historieta los chistes que normalmente se cuentan de manera oral. Algunos conocidos en castellano, otros que solo tienen gracia en francés. En España (como vimos) se publica esta serie con el título "Políticamente Inaceptable" y eso es casi un eufemismo. Lo que hace Vuillemin es ir al extremo más zarpado con tal de causar desagrado en el lector. Además de risa, claro. Entonces te reís de chistes que pasan por el racismo, las mutilaciones, las violaciones, chistes de vómito, de caca, de pijas gigantes, de pedofilia, zoofilia y necrofilia, chistes que ridiculizan a curas y rabinos... No sé si hoy alguien se animaría a publicar este material, pero -como ya mencionamos en la reseña del Vol.1- algo de esto salió en los ´90 en la revista Cazador Comix. Me acuerdo no tanto de las historietas pero sí de los chistes en los que Vuillemin condensa todo en una única viñeta (viñetas grandotas, que ocupan una o dos páginas enteras), que impactan por lo repulsivo, lo asqueroso y pasado de rosca de lo que se nos muestra. Pero además me podría colgar horas hablando de CÓMO se nos muestra todo esto. El estilo de Vuillemin es especialmente idóneo para dibujar inmundicias. Su trazo es grotesco, sus personajes tienden a la deformidad, todo en la página nos habla de una caricatura MUY extrema del mundo real... que por supuesto no conviene confundir con el mundo real. El que salta, el que se ofende, el que se indigna, no entiende lo más básico que es la diferencia entre el mundo real y el mundo donde transcurren los chistes. Pero a la vez entiendo a quien considera este tipo de material una auténtica porquería, nefasta y reprobable... en parte porque me parece que la intención misma de Vuillemin, cuando se va taaaan a la mierda, es esa: generar rechazo en una porción de los potenciales lectores. Pero bueno, cada uno sabrá hasta dónde le da el estómago para bancar las situaciones con las que esta bestia hace humor.
A diferencia de prácticamente toda la gente que conozco, no me volví muy loco con Victoria, el galardonado libro de Pablo Vigo. Me encanta cómo dibuja Pablo, me copa cómo escribe, pero me pasa algo loco, que es que las historias que cuenta no me atrapan. Yo creo que es porque Vigo no enfatiza los conflictos, sino que más bien los camufla en una jungla de situaciones cotidianas, y quedan medio tapados entre estos textos y estos diálogos que nos suenan muy cercanos, muy reales. Pero bueno, me cuesta engancharme. Me cuesta detectar una curva dramática que me haga sentir cierta tensión, cierta incomodidad... Vigo viene del palo de Adrian Tomine, a quien sigo hace 30 años, o sea que ya no me escandaliza que las historias terminen en cualquier parte, mucho antes de que los conflictos se resuelvan. Ya estoy curtido, y ya hasta disfruto que los autores hagan eso. Pero siento que a lo que me cuenta Vigo le falta espesor dramático. No sé, capaz que está todo muy jugado a que te sientas identificado con las cosas que le pasan a Victoria, y justo a mí no me pasó ninguna de esas... pero es una sensación chota estar leyendo algo que está bien escrito y bien dibujado y que no te llegue, no te caliente, no te interpele. El libro trae, además de los episodios de Victoria, algunas historias cortas autoconclusivas, de las cuales me gustó bastante la última (Aparición en el Departamento 7º A), mientras que hay otras que no entendí. En el sector de las historias cortas me encontré también con juegos muy logrados con la planificación de las páginas, trucos de montaje que mete Vigo (acá más cerca de Chris Ware que de Tomine) y que le salen muy bien, más allá de que sirvan o no para sumarle impacto o claridad a la narración. Nada, muy raro todo. Para la próxima, me gustaría una historieta en la que Pablo colabore con un/a guionista, a ver qué sale de ahí. Y sé que es poco, pero es lo que hay. Supongo que en estos días voy a retomar el ritmo normal de lecturas y que en Julio vamos a tener bastante más material reseñado acá en el blog. Gracias por el aguante y será hasta pronto.

sábado, 1 de abril de 2023

RESEÑAS DE SÁBADO POR LA NOCHE

Sigo avanzando a buen ritmo, y hoy de nuevo tengo dos libros léidos, listos para reseñar. Allá por 2007, se empezaron a recopilar en España las famosas "Sales Blagues" (chistes sucios), esas adaptaciones al comic de chistes que pertenecen a la tradición oral, que realizara el maestro francés Philippe Vuillemin para la revista L´Echo des Savanes a fines de los años ´80. Se tomaron su tiempo, los editores españoles, para apostar por este material, que en Argentina apareció (en poquita cantidad, pero 11 o 12 años antes) en la revista Cazador Comix. Este primer tomo editado por Norma, el Vol.1 de Políticamente Inaceptable, ofrece casi 100 páginas de estas breves historietas (algunas de una sola página) en las que Vuillemin pone su particularísimo estilo gráfico al servicio de esos chistes que cualquiera escucho un millón de veces. Incluso los chistes menos zarpados (los pocos que no involucran racismo, sexo, mutilaciones, vómitos o caca) los leímos en historietas de Condorito o Larguirucho, también en los ´80. Obviamente en casi 100 páginas encontré un par de chistes que no conocía, pero la mayoría son historias que uno ya había escuchado (y reproducido) hace décadas y que tienen ganado un lugar (croto y marginal, pero lugar al fin) en la cultura popular. De todos modos, el principal atractivo de Políticamente Inaceptable es el dibujo de Vuillemin, la forma en que su trazo grotesco y visceral, combinado con un coloreado generosos en matices, le da forma visual a estos relatos. Cómo elige narrarlos en formato de historieta y cómo potencia los aspectos más atroces y más escatológicos de los chistes con esas líneas y esas manchas que constituyen su inimitable estilo. No causa la misma gracia que yo (o quien sea) te cuente que un tipo pela una chota inmensa, toda sucia y llena de granos, que ver un dibujo de Vuillemin en el que un tipo pela una chota inmensa, toda sucia y llena de granos. El impacto es infinitamente mayor cuando esta bestia del Noveno Arte le impone su estética extrema y repulsiva al relato. La única historieta que no funciona del todo bien, en la que el dibujo y la narrativa no terminan de poner en claro, o de darle la fuerza que le tienen que dar a lo que está pasando es -paradójicamente- la más extensa: en las cinco páginas de "El Drama del Paro" (cuya trama no me suena similar a la de ningún chiste de la tradición oral) más de una vez tuve que frenar, volver un par de viñetas para atrás y tratar de seguir un hilo que no me resultaba del todo consistente. Pero de todos modos las imágenes son tremendas, de una potencia cómica indescriptible. Hay tres libros más de esta serie editada por Norma, así que ni bien los vea por ahí, me tiro de cabeza. Entiendo que Vuillemin no es para todo el mundo, que te puede resultar asqueroso, nefasto, demasiado sucio, o demasiado ido al carajo en su retrato caricaturesco de negros, judíos, gays, etc. Y también entiendo que es humor, que es material de los años ´80, y que Vuillemin no reivindica ni promociona la violencia contra las mujeres, los gays o las minorías raciales o religiosas, ni la zoofilia, ni la coprofagia, ni ninguna de las otras atrocidades que dibuja en estas páginas. Creo que en realidad las expone, o incluso las critica, de una manera atípica y -a mi juicio- genial.
Me vengo a Argentina, a fines de 2022, cuando se recopilan en libro los comic books con los que se inició el universo de Capitán Barato, allá por 2014. Acá se presentan los personajes y los conflictos que más tarde van a derivar en la saga (creo que inconclusa la día de hoy) llamada Proyecto Tifón, que ya vimos en las reseñas del 15/01/19 y 16/03/20. El libro recopila varias revistas, cuyos argumentos se enlazan de manera bastante prolija para formar un arco titulado "Demolición Total", en el que distintos héroes y heroínas de nuestro país confrontan con una especie de Doomsday creado por la típica corporación maligna. Varios autores meten mano en los guiones, pero los mejores momentos y los mejores diálogos aparecen cuando el que se hace cargo de guiar a los personajes es Fede Sartori. El resto de los guionistas muestran inconsistencias bastante notables, como tener personajes argentos que se tratan de vos y usan localismos argentos, y que en medio de una conversación uno diga "se han marchado". ¿Cuándo hubo un argentino que dijera "se han marchado" en vez de "se fueron" o -si son de Tucumán- "se han ido"? Nunca en la fuckin´vida. Leer todo este material de un saque permite notar de modo más contundente cómo evolucionó el concepto del Capitán Barato: al principio era un chiste de y para nerds de las historietas (de hecho fue una tira cómica que apareció en el sitio de Comiqueando, con dibujos de Lea Caballero), y entre los dos primeros comic books alguien (probablemente el propio Lea) decidió llevarlo hacia una saga de tono dramático, y construir en torno al personaje todo un universo de superhéroes argentinos que para el final de este tomo ya lo eclipsan por completo. El tomo cuenta con la participación de muchos y muy buenos dibujantes (Juan Frigeri, Kristian Rossi, Franco Viglino) pero yo me quedo con Germán Erramouspe, que me parece el que mejor entiende la dinámica que hay que ponerle al dibujo de superhéroes, sin perder identidad gráfica propia. Destaco también la labor de Rossi que empieza a colaborar con Capitán Barato como colorista, y la rompe toda, tanto cuando se colorea a sí mismo como cuando colorea a sus compañeros. El libro además incluye una brutal cantidad de pin-ups e ilustraciones, donde brillan las colaboraciones de animalitos como Salvador Sanz, Nico Di Mattia y Germán Peralta, además del ya mencionado Juan Frigeri. Como sabe cualquiera que siga hace años este blog, no soy muy fan de los superhéroes argentinos y siempre disfruto más cuando los talentos de nuestro país se vuelcan a la creación de obras más personales, en géneros donde se sientan 100% a gusto. Pero dicho esto, acá me encontré con un trabajo muy serio, muy profesional, por momentos muy atractivo para cualquier aficionado a este tipo de relatos. Y además me encantó el formato, más compacto y más fácil de guardar que los comic books que salieron en la década anterior. Ahora a esperar el final de la saga de Proyecto Tifón. Y esto es todo por hoy. Gracias y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.