el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 14 de septiembre de 2018

DOS RESEÑAS Y A RETIRO

Otra vez me toca escribir para el blog durante la previa a un viaje, esta vez a un evento con sede en la ciudad uruguaya de Paysandú, donde no estuve nunca.
Arranco con un extraño tomo publicado por DC en 2003, que recopila historietas realizadas entre 1992 y 1994 para la Judge Dredd Megazine. Extraño porque parece estar centrado en Devlin Waugh, pero incluye una historia de 85 en la que este personaje no sólo no es el protagonista, sino que entra en escena recién en la página 51. Pero bueno, quizás el criterio para hacer encajar esta aventura de Judge Dredd conocida como “Fetish” sea que está escrita por John Smith, el guionista de todas las apariciones “solistas” de Devlin Waugh que completan el tomo.
La verdad que las aventuras en sí son tirando a chotas. A veces son demasiado burdas y otras veces, tan retorcidas que cuesta entender qué carajo está pasando. El fuerte de John Smith en esta serie son los diálogos (afiladísimos) y la construcción del personaje de Devlin Waugh, que resulta un hallazgo al borde de la genialidad.
Waugh es un investigador de casos paranormales que trabaja para el Vaticano. Es británico, vampiro y abiertamente homosexual. Tiene el lomo de Schwarzenegger, fuma con boquilla como Guillermo Nimo y es un amante del arte, la belleza, el buen vino y los chongos, un bon vivant no-muerto, que puede atravesarte la yugular con los colmillos y comerte vivo, o invitarte a compartir un té y hablar de moda, poesía o artes plásticas. Por supuesto, Smith lo plantea como un personaje elitista, soberbio, pomposo… y le saca un jugo exquisito a su contrapunto con Judge Dredd, sobre todo en la historia corta titulada “Brief Encounter”.
Esta breve comedia y la primera aventura de Devlin (Swimming in Blood) cuentan con los dibujos del maestro Sean Phillips, cuando todavía trabajaba a color directo. Lo que mejora Phillips entre la primera historia (de 1992) y la segunda (de 1993) no tiene nombre. La anatomía, los rostros, la narrativa, el color… todo se ve mucho mejor en “Brief Encounter”. Para dibujar “Fetish”, Smith recluta a Siku (pseudónimo de Ajibayo Akinsiku), un dibujante africano que capta perfectamente la atmósfera de su continente, pero que es un clon muy evidente de Simon Bisley, al que le copia hasta los errores. El dibujo de Siku tiene un impacto arrollador, y también muchos tropiezos en la narrativa, sobre todo en los primeros episodios. La cuarta historia, ambientada en Arabia, es en blanco y negro, tiene un guión bastante redondito y está dibujada con notable soltura por Michael Gaydos, en un nivel asombroso. Después hay un par de cuentos, en prosa, con hermosas ilustraciones de Phillips, pero no los leí.
En general, el balance de más de 220 páginas me da más raro que bueno, pero entre Sean Phillips y Michael Gaydos juntan los puntos que necesita Devlin Waugh para ganarse un lugar en la biblioteca de cualquiera que busque explorar los rincones menos obvios del universo de Judge Dredd y la 2000 A.D..
Me vengo a Argentina, a 2018, para hablar maravillas de Bosqueblanco, la entrega más reciente de Bosquenegro, la serie que Fernando Calvi escribe y dibuja pensando en los más chicos. Sin dudas es la historia más dramática, más terrible para las criaturas de este bosque, pero Calvi la saca adelante con un sentido del humor cálido y eficaz, y con un mensaje de esperanza, de que todo lo que se rompe se puede arreglar, porque siempre que nevó, paró. Por supuesto hay algún guiño a la nevada de El Eternauta y unos cuantos a los comics de superhéroes, ya que –en su segunda mitad- Bosqueblanco se convierte en una especie de crónica de las asombrosas hazañas de una guerrera gigante que se come la trama con su carisma, su onda y su actitud positiva frente a todo tipo de adversidades.
El dibujo de Calvi es fascinante, plástico, vibrante, con mucho énfasis en el lenguaje corporal de los personajes y un coloreado exquisito, puesto en función de la narrativa. Por momentos, en el tramo protagonizado por la heroína extra-large, el dibujo parece una cruza alucinada entre Miguel Calatayud y John Buscema. La fuerte presencia de una guerrera grandota lo lleva naturalmente a Calvi a probar con algo que no se veía mucho en las entregas anteriores de Bosquenegro: las splash pages. Y en ese rubro Calvi también se luce con composiciones en las que combina espectacularidad y belleza.
Bosqueblanco es una historia acerca de resistir con aguante cuando parece que todo se va a la mierda, narrada con la claridad, la onda y la originalidad de un artista increíble, que atraviesa un momento mágico y al que todo lo que intenta le sale obscenamente bien.
Habrá más reseñas la semana que viene, acá en el blog. Buen finde para todos.

domingo, 23 de agosto de 2015

23/ 08: BOSQUENEGRO Vol.3

Tercer librito de Bosquenegro y esta vez Fernando Calvi va a lo básico: una sola aventura de 44 páginas. No son 44 chistes puestos uno al lado del otro, es un único relato bastante más ambicioso que los que habíamos visto hasta ahora en esta interesantísima serie apuntada sobre todo al público infantil.
El argumento es simple: una extraña criatura alienígena cae en Bosquenegro y sus habitantes no saben bien cómo reaccionar. Hasta que la criatura comienza a comer vorazmente y el miedo invade a los gnomos, hadas, bichos y brujas de Bosquenegro. Ahí está el tema de esta obra: el miedo a lo distinto, a lo que no conocemos. Calvi logra sacar de ese tema el espesor dramático justo como para que la aventura tenga un conflicto grosso, sin shockear ni perturbar a los chicos que seguramente se acercarán a esta historieta. Y por supuesto, la línea que baja respecto de este tema es la correcta.
Lo mejor que tiene esta historia es que encaja perfecto en el espacio con el que cuenta Calvi para desarrollarla. En ningún momento parece estirada y a medida que se acerca el final, no vemos al autor pisando el acelerador como si estuviera jugando al GTA para llegar a cerrar la trama en la página 44. El ritmo fluye de un modo muy armónico, con espacio para la aventura y para la dosis de humor que requiere una historieta como esta. A la hora de la resolución, el humor va a jugar un rol fundamental: el final feliz feliz llega cuando la criatura alienígena logra echarse un garco de proporciones colosales. Pero hete aquí que los personajes mencionan la “montaña de caca” y el autor no la muestra nunca. El hecho (importantísimo para la trama) de que el alienígena recupera su tamaño normal y su buena onda luego de generar un auténtico holocausto fecal está totalmente desenfatizado. Calvi opta por sugerirlo, no graficarlo, como si fuera algo tremendo, atroz. Calculo que, aún así, los chicos entienden lo que pasa y les causa gracia. Y calculo también que mostrar explícitamente el mega-sorete saliendo del culo del alien podría hacer que los padres, que supervisan el contenido de los libros que le dan a sus hijos, descarten a Bosquenegro por considerarlo escatológico.
De todos modos, el dibujo de Calvi es tan lindo, tan elegante, que aunque dibujara 44 páginas de culos y soretes el libro se vería muy bien. Difícilmente los chicos que lean Bosquenegro logren valorar los riesgos que Calvi asume a la hora de dibujar estas páginas. La plasticidad de los personajes, la complejidad de las composiciones, esa línea temblorosa, esas decisiones impredecibles a la hora de armar la paleta de colores, esas ganas de jugar con el diseño de absolutamente todo lo que vemos en cada viñeta… son cosas que vemos los grandes, y que hacen que a veces nos colguemos en la observación de esos prodigios gráficos, aún a riesgo de desengancharnos un toque de la historia. Pero bueno, es algo que puede pasar cuando un autor opta por una identidad visual tan marcada, tan fuerte, tan distinta de todo lo demás.
Este librito de Bosquenegro se lee rápido y se lee muy bien. Es una historia que a los chicos le va a encantar y a los grandes les va a hacer pasar un buen momento. Si estás con ganas de introducir a algún borreguito o borreguita de 6-7-8 años en la lectura de historietas, Bosquenegro es una magnífica puerta de entrada.

sábado, 20 de julio de 2013

20/ 07: HISTORIAS DE BOSQUENEGRO

Hoy. sintético, porque si no no llego.
Este segundo tomo de Bosquenegro nos muestra a Fernando Calvi otra vez inmerso en su mundo de criaturas fantásticas, a las que mueve con maestría por historias cortitas, simples, ideales para los más chicos.
La historia más larga tiene 24 páginas y está escrita de tal modo que hay un mini-remate al final de cada página. Detrás de su aparente simplicidad, la historieta tiene una estructura dramática clásica perfectamente respetada y sortea con creces la dificultad de resolver el conflicto sin recurrir a la violencia.
La historieta que a mí más me gustó es Merienda Accidentada, de cinco páginas, un relato decididamente humorístico, pero con las vueltas de tuerca suficientes para no ser un chiste largo que desemboca en (y le juega todas las fichas a) un remate gracioso.
Las últimas siete páginas del libro exploran un nuevo formato: historietas muy breves, de apenas media página, con bastantes viñetas, a veces con bastante texto, y acá sí, con la conisgna de desarrollar un breve argumento humorístico y rematarlo en la última viñeta.
En este formato, el de muchas viñetas chiquitas, casi abigarradas, es donde más me impactó el dibujo de Calvi, que es sin dudas el atractivo principal que le ofrece este librito a los lectores adultos. Ahí se ven más claros los planteos estéticos del autor, que me remitieron al A.L.I.E.E.E.N. de Lewis Trondheim, mezclado con las obras más sofisticadas de Miguel Calatayud. En las historias largas, las de viñetas grandes, se ve más Trondheim, mientras que en las últimas, las de las viñetas chiquitas, se ve más Calatayud, especialmente en la que cierra el tomo, que además es la mejor de esta última tanda. Visualmente, esto es un deleite irresistible. Los juegos que propone Calvi con las formas y los colores no sólo ceban infinitamente a los más chicos, sino que sorprenden a los más grandes, porque obligan al cordobés a plantearse una composición de las viñetas y una relación entre figuras y fondos muy, muy complejas, en la que se nota un laburo colosal para que todo se acople de manera armónica y funcional al relato.
Gran trabajo de este narrador virtuoso y versátil, que a veces se pasa de críptico en sus trabajos para los más grandes y que a la hora de crear historietas para chicos peló la magia que nos cautiva a todos: la de las historias chiquitas, muy controladas en cuanto a la extensión y a las pretensiones, y muy descontroladas a la hora de la imaginación y del despliegue de talento gráfico en cada página. Un librito ideal para comprar, leer en 15 minutos y regalar a un niño o niña con quien quedaremos como un duque, y a quien –en una de esas- ayudaremos a cebarse con la historieta sin tirarlo a esa picadora de carne tipo The Wall, pero con cara de gatito cachetón.