Esta historieta tenía todo para revolucionar para siempre la industria del Noveno Arte boliviano. El argumento es una adaptación de Periférica Blvd., una hiper-exitosa novela escrita por el prestigioso Adolfo Cárdenas. El dibujo estivo a cargo de los dos mejores artistas del comic del país hermano, Susana Villegas y Alvaro Ruilova. El color corrió por cuenta de otro talento enorme, Oscar Zalles. Y la edición es impecable, con una calidad de papel, impresión y encuadernación muy envidiable.
La verdad es que me cuesta ser ecuánime a la hora de opinar porque no leí la novela de Cárdenas. Pero al guión de esta historieta (es decir, al traspaso de esta historia de un medio a otro) le encuentro muchísimas falencias. Primero quiero hacer foco en la más leve: los diálogos están mal redactados, casi sin signos de puntuación, algo que ya vi en otra obra de Alvaro Ruilova que me tocó reseñar allá por el 12/10/11. Parece mentira que una edición ambiciosa, un trabajo que requirió tres años de dedicación a sus autores, se vea empañado por algo así. Pero no nos desviemos de lo más importante, que es la trama en sí. El curso del relato arranca y se frena 20 veces. De pronto, la atención se desplaza para concentrarse en nuevos personajes, de los que se nos brinda mucha información, y cuando uno empieza a sospechar que van a ser importantes en el desarrollo de la trama, desaparecen para ser reemplazados… por más personajes. Incluso la narración en off y en primera persona se desplaza de un personaje a otro, a veces de modo desprolijo, caótico.
En general, el ritmo es intencionalmente frenético. La novela se propone plantear y resolver todo en una noche, y para eso te agarra de los pelos y te mete en un rollercoaster muy intenso, muy violento, que da respiro en momentos medio impredecibles. Se supone que los protagonistas están investigando un asesinato, pero las formas en que recogen los testimonios o encuentran las pistas son invariablemente violentas, alocadas, más cercanas a un comic de Lobo que a un cuento de Sherlock Holmes o una novela de Sam Spade. En medio de todo este kilombo y toda esta desprolijidad en la estructura narrativa, uno mal que mal se divierte con la machaca, alguna que otra escena subida de tono, y una atmósfera bastante atractiva de comedia costumbrista, en la que tienen bastante peso la calle, la joda nocturna, los boliches, cosas de la vida cotidiana de los sectores más humildes de la increíble ciudad de La Paz. Por supuesto, los diálogos reflejan el habla de esta gente que habita los márgenes de la sociedad paceña y a veces se tornan indescifrables para los que no estamos familiarizados con esa jerga. Sin embargo son graciosos, efectivos… y obviamente se disfrutarían más si incluyeran los signos de puntuación.
El dibujo, por otra parte, está logradísimo y transmite a full esa intensidad que busca transmitir (con menos éxito) el guión. Todo está muy jugado a la figura humana, cuerpos y rostros en todas las expresiones imaginables, e incluso en escorzos extremos, zarpados, difíciles de dibujar. Cuando Susana y Alvaro juegan con la puesta en página, cuando liman en esas splash pages medio alucinógenas, el dibujo levanta un vuelo espectacular. Toda esa expresividad, esa fuerza, ese virtuosismo que vemos en cuerpos y rostros lamentablemente se ve muy poco en los fondos, porque casi no hay fondos. Villegas y Ruilova nos ofrecen muchas, demasiadas viñetas en las que sólo se ve la figura humana y a veces no hay la más mínima pista de dónde está ambientada cada escena.
En resumen hay pros y contras. En el guión, algunas cositas rescatables dentro de un todo bastante atolondrado, y en el dibujo la escacez de fondos como único detalle que le resta puntos a una labor formidable de los dos dibujantes y el colorista. Me gustaría saber qué opinan de la adaptación los lectores de esta historieta que ya conocían la historia de Periférica Blvd. a través de la novela original de Adolfo Cárdenas.
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miércoles, 24 de septiembre de 2014
miércoles, 12 de octubre de 2011
12/ 10: CUENTOS DE CUCULIS Vol.2

Sigo con mi recorrida por la historieta latinoamericana actual y caigo en Bolivia para encontrarme con un artista increíble, definitivo: Alvaro Ruilova. Tal vez te suene, porque Glénat publicó esta obra en España y el libro (que trae, además de lo que viene en esta edición boliviana, una historia más de 24 páginas, que en Bolivia viene a ser el “Vol.1”) se consigue sin mayor dificultad en las comiquerías argentinas. Mi consejo: comprate la edición española. No porque la boliviana sea chota, para nada, sino porque la española trae más material. Ahora, si sos boliviano (o boliviana), ponete las pilas y apoyá a las editoriales de tu país, no a los avechuchos que se hacen ricos importando saldos.
A lo largo de 44 páginas a todo color, Ruilova nos cuenta un cuento titulado El Partido de la Oscuridad, una trama de misterio sobrenatural que gira en torno a un partido de futbol. También habla de la inocencia (y la chapa) de los niños, de la estupidez de los adultos y de lo fácil que es para los jóvenes pasarse por el orto y dejar que se haga pedazos lo que construyeron los viejos pensando en el futuro. La falta de respeto al legado, al que nos precedió, es un elemento clave en esta historia, pero sólo si leés entre líneas. Si no, es todo una gran excusa para un picadito en el que Wally y sus amigos (vagos, borrachines, cuasi-marginales a los que todo les chupa un huevo) se enfrentan a un equipo de seres espectrales que parecen momias, esqueletos o fiambres a medio resucitar. Por supuesto están en juego las almas, y por supuesto los muchachos van a perder, en parte porque los espectros tienen poderes y en parte porque son unos muertos de frío. Pero al final pasará algo impredecible y alguien salvará las almas de esa pandilla de losers.
Como en cualquier historieta urbana, de chicos que arman picados en la canchita del barrio y toman birra, El Partido de la Oscuridad tiene su espacio para la comedia costumbrista, un registro que Ruilova maneja con gran solvencia. Esto, combinado con la emoción de los partidos y con el elemento sobrenatural, termina de armar una atmósfera muy ganchera, que te mete rápidamente en la trama y que termina de cerrar, de cuajar, cuando se cuela el drama, cuando la cosa se pone realmente dark. Ruilova desarrolla bastante a tres personajes muy distintos entre sí y los tres resultan creíbles, con sus defectos y virtudes. Lo único medio torpe son los diálogos, que son buenos, pero se leen con dificultad porque faltan muchísimos signos de puntuación y abundan las faltas de ortografía. Una pena que nadie haya chequeado los textos antes de publicarlos. Y una pena también la tipografía elegida para casi todos los diálogos, que se ve anticuada y sin onda.
El resto de la faz visual es impecable. Ruilova dibuja obscenamente bien, en un estilo muy personal, con una expresividad explosiva al borde del grotesco, integra muy bien la referencia fotográfica, colorea como los dioses, mete las texturas y los efectos de photoshop con gran criterio y cuando rompe la clásica grilla de tres tiras con dos o tres viñetas por tira, logra momentos muy impactantes.
No se puede contar mucho más sin spoilear el argumento, porque son sólo 44 páginas. Pero muy sólidas, muy disfrutables. Parecen pocas, y sin embargo sobran para poner a Alvaro Ruilova entre los historietistas realmente impresionantes que tiene hoy nuestro continente, ese al que un día como hoy, pero de 1492, descubrieron los amigos europeos. Volveremos por más historieta latinoamericana.
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