el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Ping-Pong. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ping-Pong. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de marzo de 2019

DOMINGO DE CLAROSCURO

Hoy me toca reseñar dos libros de los ´90, en los que no existen los grises. Dos autores muy distintos entre sí, que resuelven el aspecto gráfico de sus obras sólo con el blanco y el negro puros.
El Vol.4 de Ping-Pong es impresionante. Taiyo Matsumoto se toma las primeras 90 páginas del tomo para terminar de desarrollar a los personajes, y después sí, con el elenco ya debidamente presentado, se manda a hacer lo que no puede faltar en ningún shonen: el torneo a todo o nada, en el que los protagonistas se enfrentan y habrá gloria sólo para algunos. Todo ese segundo tramo centrado en el torneo de ping-pong es alucinante. Son páginas y páginas de una intensidad tremenda. Nada de lo que yo escriba puede siquiera empezar a describir las cosas que te hace sentir Matsumoto a través sobre todo del armado de las secuencias. La elección de los planos, la construcción de la página, las líneas cinéticas y las onomatopeyas son apenas algunos de los recursos que el mangaka despliega para meternos adentro de estos partidos en los que Smile y Peko dejan la vida para defender los colores del Instituto Katase.
Durante el tramo del torneo, aparecen poco el entrenador de Smile y “la Abuela”, responsable del enorme crecimiento de Peko. Y es lo único que se extraña. Todo lo demás queda totalmente opacado por el modo brutalmente apasionante del relato de los duelos.
No quiero repetirme mucho más, sobre todo en lo que tiene que ver con el dibujo, porque mucho de lo que tengo para decir ya lo dije en las reseñas de los tomos anteriores. Me queda un solo tomo más por leer, que arranca con las semifinales del torneo. Se nota desde la primera página que acá se define todo, que todo lo que pasó en los primeros cuatro tomos explota en estos últimos tres partidos. Un delirio maravilloso, conjurado por un Matsumoto aplastante en dibujo y narrativa, y como siempre un poco retorcido en materia de guión.
Pero me voy unos años antes, a Francia. Inexplicablemente inédita en nuestro idioma, la serie de Julius Corentin Acquefacques, prisionero de los sueños, es una de las obras fundamentales de ese genio del Noveno Arte conocido como Marc-Antoine Mathieu. De milagro conseguí el tercer tomo (en francés) y por fin pude internarme en el cautivante universo de Julius Corentin Acquefacques, un universo crepuscular, extremo, donde no existen las mujeres, donde la arquitectura señorial y sofisticada contrasta de modo bestial con una atmósfera oscura, espesa, entre opresiva y surrealista.
Estaría buenísimo que Mathieu contara una historia en la que esta extraña metrópolis tuviera un rol más importante, pero en este álbum, The Processus, lo central tiene que ver con el propio Julius, con un extraño sueño que deriva en un desdoblamiento de su persona, lo cual detona un guión perfecto, un mecanismo de relojería ambicioso y asombroso como pocos. Sin hacerse críptico, sin saltar al vacío, Mathieu se mete en la esencia del sueño, en un laberinto onírico fascinante, que nos lleva más allá del subconciente de Acquefacques para convertirse a partir de cierto punto en un metacomic, porque el personaje cambia de nivel de realidad y pasa a un plano en el que él es tridimensional y accede a una dimensión en la que el resto del álbum son páginas de historieta a las que puede entrar y salir por los marcos de las viñetas.
Como te imaginarás, The Processus es un gigantesco experimento formal, un ejercicio impactante de narrativa, como los que le vimos alguna vez a Shintaro Kago, o a Chanti y sus Crucitramas, o a aquel Mangaman de Colleen Doran. La diferencia está en el extremo al que lleva Mathieu la experimentación formal, y en la fecha, porque el francés cruzó este rubicón en 1993, cuando esto era absolutamente impensable. Realmente no tengo palabras, The Processus me las quitó todas. Terminé de leer el álbum y lo seguí mirando, para atrás, para adelante, atrapado en ese loop perfecto que tanto peso tiene en la trama. Albumes como este (autores como este) son los que nos hacen enamorarnos perdidamente de este lenguaje, de este medio, de esta forma narrativa en la los límites de la imaginación son constantemente avasallados por las ideas que pelan y los riesgos que asumen genios como Marc-Antoine Mathieu. Glorioso es poco.

Gracias como siempre por estar ahí, y nos reencontramos muy pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

viernes, 18 de enero de 2019

VIERNES DE SEGUNDAS PARTES

Casualmente los últimos dos libros que leí son continuaciones de otros que ya vimos acá en el blog, lo cual me permite escribir textos más breves.
El 21/12/18 empecé a leer Ping-Pong,el manga del sensei Taiyo Matusmoto acerca del mejor deporte que existe en el universo, y ahora me bajé el Vol.2. En esta segunda entrega, todo sucede durante un torneo, con lo cual vemos pocas escenas por fuera de los partidos. Es decir que no hay tanto espacio para el desarrollo de los personajes (me da la sensación de que eso va a estar en el núcleo del Vol.3). Y por otro lado, tenemos 200 páginas repletas de unas batallas alucinantes, que explotan de emoción, suspenso, fuerza y movimiento. Matsumoto ya me había sorprendido en el Vol.1 con esa forma hiper-impactante de narrar los partidos de ping-pong, pero ahora que se juega por los puntos, ya no entre compañeros de equipo sino entre institutos rivales, el vértigo se potencia y cada secuencia es una epopeya, dibujada como la hiper-concha de Dios por esta bestia fuera de todo canon.
Es loquísimo ver a un autor supuestamente “raro” como Matsumoto al frente de un shonen de deportes, pero la verdad es que a pesar de la mayor linealidad del relato, Ping-Pong ofrece un montón de sorpresas, de giros inesperados y de esos toques de extraña genialidad que uno aprendió a asociar con el autor de Tekkon Kinkreet, GoGoMonster, Blue Spring y tantas otras gemas. La puesta en página, el equilibrio entre blancos y negros, los detalles en las tribunas, las expresiones faciales… En realidad toda la faz gráfica nos indica que no estamos leyendo un shonen típico, que acá hay algo más: una intención autoral más ambiciosa,  una búsqueda por traspasar las fronteras del simple entretenimiento y los cheap thrills. Prometo entrarle pronto al Vol.3, para ver cómo afecta a Smile y a Peko el resultado de las eliminatorias que componen el grueso de este vibrante Vol.2.
Otro que llega al Vol.2 es el Super Ninja Kururo, la gran creación del chileno Marko Torres que descubrimos el 05/09/17 gracias a la edición argentina a cargo del sello Comiks Debris. Presentados los protagonistas, explicado el origen de los fabulosos poderes de este ninja chiquito y cabezón, en esta segunda entrega Torres se anima a lanzarse a un aventura un poquito más compleja… y mucho mejor que la primera, por lo menos a nivel guión.

Acá tenemos peleas tremendas, peripecias imposibles y chistes de enorme efectividad englobados en una trama muy sólida, que avanza a muy buen ritmo y en la que sucede lo inesperado, todo el tiempo. El dibujo y el color de Torres son (una vez más) excelentes y totalmente irresistibles para cualquier fan de los dibujos animados. Preparate a maravillarte y a cebarte como cuando éramos chicos de la mano de este grande de la historieta que es Marko Torres. Y a esperar con todo el entusiasmo que salga pronto un tercer álbum con nuevas aventuras del Super Ninja Kururo.
Buen finde para tod@s y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 21 de diciembre de 2018

VIERNES DE DEPORTES

Casualmente los dos libros que leí en estos días tienen que ver con deportes de pelota. Vamos a ver en qué puesto de la tabla quedamos.
Arranco en Japón, con el Vol.1 de Ping-Pong, un manga creado entre 1996 y 1997 por el sensei Taiyo Matsumoto. El ping-pong es, lejos, mi deporte favorito y el único que practico aún hoy, a mi avanzada edad. O sea que entré en una temática que me emociona muchísimo, más allá de las tramas y los personajes.
Matsumoto plantea un shonen clásico, con desafios para los jóvenes protagonistas que se irán poniendo cada vez más bravos con el correr de las páginas, hasta que eventualmente llegue (o no) la esperada consagración deportiva de Smile o de Peko, su amigo de la infancia. Sobre este andamiaje que a priori deja poco margen para la sorpresa, el autor de Tekkon Kinkreet empieza desde temprano a tirar magia con su habitual talento para la construcción de climas y sobre todo para el desarrollo de personajes. En poco más de 200 páginas, uno siente que conoce de toda la vida a los dos protagonistas y al personaje más complejo e interesante que apareció hasta ahora, el veterano entrenador Koizumi.
Pero lo mejor que tiene el manga es el dibujo. Acá lo tenemos a Matsumoto en un nivel infernal, concentrado sobre todo en transmitir desde la puesta en página el vértigo y la adrenalina de unos partidos de ping-pong demoledores, entre jugadores que la tienen clarísima. Con sólo ver cómo agarran la paleta los personajes de Matsumoto, uno asume que le rompen el orto, aunque ellos sean de papel y uno de carne y hueso. La elección de los ángulos, las onomatopeyas, los cortes de cámara para mostrar las reacciones  de los espectadores… Matsumoto pone todos los recursos habidos y por haber para que esos duelos (que por ahora son entrenamientos) resulten tan vibrantes y emotivos como las más grandes gestas del tenis de mesa.
Tengo los tomitos que siguen (no sé si todos), y no me voy a poder aguantar las ganas de entrarles, así que seguramente el próximo manga que lea será el Vol.2 de Ping-Pong. Gracias ECC España por publicar esta gema.
Salto a Uruguay, donde este año se publicó El Camino del Maestro, una novela gráfica a cargo de la dupla integrada por Rodolfo Santullo y Marcos Vergara. A lo largo de 68 páginas, el guionista uruguayo nacido en México y el dibujante y bibliotecario de San Nicolás repasan toda la historia del Maestro Tabárez al frente de la selección de Uruguay. Es un relato atípico, que combina el rigor de un documental con escenas en las que cuatro personajes de ficción muestran desde el lado del espectador, del uruguayo de a pie, cómo se vivió en el país vecino todo este largo proceso conducido por el ya legendario DT.
Santullo toma de la realidad varias declaraciones de Tabárez y por supuesto el desarrollo y los resultados de los partidos. Esto hace que la trama avance siempre por carriles que el lector ya conoce de antemano: cualquiera mínimamente interesado en el futbol sabe en qué torneos Uruguay salió campeón, en cuáles llegó a semifinales, a a cuartos, a octavos, etc.. Y ese es el lastre narrativo que impide que El Camino del Maestro levante más vuelo. Las situaciones de comedia entre los personajes de ficción, si bien están ejecutadas con ingenio y solidez, no alcanzan para darle a la novela la emoción que pierde al contarnos una historia que ya conocemos.
Me interesó mucho el principio, la posibilidad de descubrir los inicios, el secret origin, de la Era Tabárez en la Celeste, y me divertí con la interacción entre Héctor, Morán, Laucha y el Colo (cuatro hinchas arquetípicos, apasionados al punto de amar u odiar a jugadores y técnicos según los resultados de los partidos). Pero me doy cuenta de que incluso el momento de mayor tensión dramática (el alargue contra Ghana en Sudáfrica) impacta mucho menos de lo que impactó ver por la tele aquel partido tan inverosímil como inolvidable.
El dibujo y el color de Vergara son excelentes, y a priori mucho más idóneos para plasmar la comedia costumbrista que las epopeyas deportivas. Acá la impronta visual del nicoleño no desentona en ningún momento, y hasta sintoniza bastante bien las resemblanzas con las caras de las personas reales que forman parte del relato. Lo más bizarro es que, en esta época en la que todos los historietistas se esfuerzan por incorporar a sus obras uno o varios personajes femeninos fuertes, Santullo y Vergara salen a la cancha con casi 70 páginas en las que prácticamente no hay mujeres.
Recomiendo El Camino del Maestro a los fans de Santullo y Vergara que quieren tener TODO el material de la dupla, a los interesados en leer historietas de temática futbolera, y por supuesto a los hinchas acérrimos de la Celeste, que seguro van a vibrar reviviendo partidos y goles (y patadas y mordiscones) que quedaron en la historia grande del balompié.

Y hasta acá llegamos. Ya superamos ampliamente la meta de las 120 entradas que me habia propuesto para este año, pero igual prometo volver por más. Será hasta pronto.