Retomamos las reseñas en el último mes de este extraño 2016.
Arranco con el Vol.1 de Terra Obscura, un TPB que me compré sólo porque lo vi muy barato. El nombre de Alan Moore en la portada no me sedujo, porque sabía que el rol del Mago de Northampton en el equipo creativo era mínimo, apenas un co-creador de los personajes y el argumento general. El guionista posta, el que se arremanga para escribir cuadro a cuadro estas 150 páginas, es Peter Hogan, que nunca estuvo entre mis favoritos.
Sin embargo, este primer tomo no está mal. Sobre todo si te gusta la Justice Society. Esto es un comic de la JSA apenas disfrazado, con los clásicos personajes de la Tierra-2 de DC mínimamente camuflados. No se podría contar esta historia con la JSA sólo porque uno de los personajes emblemáticos cambia de bando y ocupa el rol del villano. Todo lo demás, es perfectamente traducible a la mitología del legendario grupo de DC. Lo único medio choto es que Hogan dedica muchas páginas a presentar a personajes cuyo rol en la trama es mínimo, pero bueno, me imagino que tendrán más protagonismo en el segundo tomo, y que este (con los personajes ya presentados) se volcará más a la machaca (que tampoco escasea en este primer tramo).
El resto está bien, hay un buen equilibrio entre misterio, acción y desarrollo de personajes y cada tanto aparece un sutil toque de comedia. O sea que, si sos muy fan de la Justice Society (o al revés: si no sos fan de la Society pero no te molesta ver cómo dos ingleses juegan a reversionarla sin ninguna restricción), te vas a divertir. El dibujo está a cargo de un Yanick Paquette bastante menos elegante que en sus trabajos más recientes, todavía muy pegado a la estética de Terry Dodson en la que todos los tipos son fisiculturistas y todas las minas mega-vedettes con tetas gigantes. El entintado de Karl Story le agrega, además, detalles en los rostros que nos recuerdan a Kevin Nowlan o a veces a Chris Sprouse, quien co-creara a varios de estos personajes en una saguita de Tom Strong escrita por el Mago. El dibujo no es choto ni mucho menos, pero por suerte en los laburos posteriores Paquette logró romper este molde adocenado y encontrar en su trazo rasgos más propios y más lindos. Prometo entrarle al Vol.2 el año que viene.
Vamos con Hermano, una colaboración entre Darío Fantacci y Pedro Mancini que se publicó originalmente en la revista Ultramundo y este año salió recopilada en un muy lindo librito. Así, de movida, me animo a decir que nunca vi a Mancini dibujar tan bien como en estas páginas. Todo lo que me gusta de la estética de Mancini, acá está llevado al límite. Todos los desafíos que le plantea el guión están resueltos con jerarquía. El cross-hatching enfermizo está más enfermizo que nunca, la imaginería de Mancini, las cosas que inventó y las que heredó de Moebius, todo brilla en estas 70 páginas como nunca antes y nunca después. Si sos fan de Pedro, no lo dudes un segundo: este libro lo tenés que tener sí o sí.
¿Y qué onda el guión de Fantacci? Es muy raro, pero efectivo. Evidentemente, Darío conoce muy bien a Pedro y juega todo el tiempo a potenciar desde el guión las virtudes de su dibujante. La historia tiene muy buen ritmo, está llena de simbolismos, y hasta te invita a reflexionar. No es un guión fácil de encasillar. No es una aventura convencional, no llega a ser “una de misterio”, no es exactamente una historia de introspección, ni de ternura freak, la trama romántica no cobra preponderancia, la bajada de línea socio-política es muy sutil… y tampoco es una fumanchereada que no se entiende un carajo, ni una mera sucesión de excusas para que Mancini dibuje lo que se le da la gana. Hay una historia, hay una profundidad, hay una mirada propia de Fantacci y misteriosamente, por motivos que no logro explicar, todo funciona muy bien y avanza (de modo más laberíntico que lineal) hacia un final que no es para nada obvio y que no me defraudó en absoluto.
La semana que viene, más reseñas acá en el blog.
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viernes, 2 de diciembre de 2016
sábado, 28 de marzo de 2015
28/ 03: NIÑOS DE LA BASURA
Esta historieta de Darío Fantacci se publicó originalmente en la revista Ultramundo, entre 2007 y 2012. Era la historieta más “tradicional”, la que abordaba una temática más “clásica”, dentro de una publicación de corte sumamente experimental. Sin embargo, leída toda de un saque y por afuera de ese contexto, la obra de Fantacci es cualquier cosa menos tradicional.
Lo que más gustó es el clima, la atmósfera que construye Fantacci a lo largo de estas 200 páginas. Es un mundo oscuro, desolado, crepuscular, en el que los protagonistas tienen que inventar la esperanza, porque el mundo no se las ofrece en ninguna de sus formas. El autor aprovecha al máximo las posibilidades expresivas de este post-holocausto (para el que no hace falta mayor explicación) y lo convierte en el escenario de una epopeya low-fi, donde vemos crecer de golpe y en circunstancias absolutamente adversas a este grupo de chicos abandonados a su suerte, que no es mucha.
Otra cosa que me gustó mucho es la narrativa, porque lo veo a Fantacci moverse con gran ductilidad. Hay tramos en los que el ritmo del relato y la puesta en página se sincronizan para que Niños de la Basura parezca un comic europeo, para el lado de un Christophe Chabouté, como para orientarnos. Por momentos se acerca más al tono de un indie norteamericano tipo Brian Ralph. Y en el episodio titulado Ed y Pum!, tenemos una extensa secuencia que parece narrada por Katsuhiro Otomo en Akira. Estamos ante un autor lleno de recursos para meternos dentro de sus relatos, con un gran manejo de la secuencia, de los ángulos, de la síntesis, de la variedad de planos.
Por otro lado, las referencias a Chabouté, Ralph y Otomo nos llevan a pensar en autores a los que les encantan las secuencias mudas. Y sí, Fantacci se enrola claramente en esa tendencia. Cuando mete diálogos, pendula entre dos extremos: diálogos muy reales, muy naturales, y diálogos muy forzados, muy artificiales. Pero cuando opta por dejar que el dibujo y la acción cuenten lo que sucede, el autor no falla nunca.
Los guiones… se pueden discutir. Hay segmentos más complejos, más basados en el desarrollo de personajes, y hay otros (la mayoría) donde se imponen el vértigo y la violencia. Largas y sangrientas peleas que sirven para ilustrar el contexto en el que se mueven estos chicos, pero no mucho más. Creo que el episodio mejor escrito es el último, el epílogo, que es donde Fantacci realmente capitaliza el potencial lírico subyacente en esta historia a priori cruda y truculenta.
Y me queda para el final el dibujo que, de nuevo, me hizo acordar mucho a Chabouté, pero sin jugarse todo al claroscuro. Fantacci elige esa técnica de entintado que a muy pocos le queda bien, que consiste en llenar todo de rayitas y cross-hatchings enfermizos, y con eso lograr todos los efectos de iluminación, volumen y texturas. Tenés que ser MUY bestia para que eso te salga bien. Tenés que ser Alcatena, Joe Sacco, Salvador Sanz… y Fantacci claramente no estaba a ese nivel cuando arrancó con este trabajo en 2007.
Con el correr de las páginas y los años, el dibujo se va puliendo, se ven menos desprolijidades y más certezas, te vas convenciendo de que eso que se ve en las viñetas no es “lo que salió”, sino lo que el autor quiso poner ahí. Pero no llega a ese nivel tan afianzado, tan sólido, como el que muestra en sus trabajos actuales un Pedro Mancini, por citar a otro autor surgido de la revista Ultramundo y que también abusaba de las rayitas en sus inicios. Para el final, ya vemos a un Fantacci que ejerce un dominio muy claro del plumín, y coincide con las imágenes más bellas y a la vez más elaboradas. Ojalá en sus futuros trabajos lo veamos evolucionar a partir de ahí. Ah, y ojalá recapacite y en sus próximas obras no rotule a mano, sino con tipografías ya existentes, porque su caligrafía es espantosa.
Me animo a poner a Darío Fantacci en la misma bolsa que Mancini e incluso que Renzo Podestá. Son autores con una impronta muy personal, por momentos pasada de freak o de punk, con una mezcla de influencias rarísima y variadísima, surgidos del under, pero además comprometidos con esa estética y esa ética. Tipos a los que les gusta laburar con total libertad, autogestionar sus proyectos, no ir a mendigar que los publiquen en Fierro ni en ningún otro medio… anomalías, deformidades, sustentadas con un talento que les permite, aún así, generar obras que llegan al libro, se venden bien y hasta ganan algún premio. Niños de la Basura es una gran puerta de entrada al universo de Fantacci, una obra que no hace concesiones pero que -si no te produce cortocircuitos desde la faz gráfica- te va a emocionar por lo que cuenta y sobre todo por cómo lo cuenta. Y con un ancho de espadas jodido: esto no se parece A NADA.
Lo que más gustó es el clima, la atmósfera que construye Fantacci a lo largo de estas 200 páginas. Es un mundo oscuro, desolado, crepuscular, en el que los protagonistas tienen que inventar la esperanza, porque el mundo no se las ofrece en ninguna de sus formas. El autor aprovecha al máximo las posibilidades expresivas de este post-holocausto (para el que no hace falta mayor explicación) y lo convierte en el escenario de una epopeya low-fi, donde vemos crecer de golpe y en circunstancias absolutamente adversas a este grupo de chicos abandonados a su suerte, que no es mucha.
Otra cosa que me gustó mucho es la narrativa, porque lo veo a Fantacci moverse con gran ductilidad. Hay tramos en los que el ritmo del relato y la puesta en página se sincronizan para que Niños de la Basura parezca un comic europeo, para el lado de un Christophe Chabouté, como para orientarnos. Por momentos se acerca más al tono de un indie norteamericano tipo Brian Ralph. Y en el episodio titulado Ed y Pum!, tenemos una extensa secuencia que parece narrada por Katsuhiro Otomo en Akira. Estamos ante un autor lleno de recursos para meternos dentro de sus relatos, con un gran manejo de la secuencia, de los ángulos, de la síntesis, de la variedad de planos.
Por otro lado, las referencias a Chabouté, Ralph y Otomo nos llevan a pensar en autores a los que les encantan las secuencias mudas. Y sí, Fantacci se enrola claramente en esa tendencia. Cuando mete diálogos, pendula entre dos extremos: diálogos muy reales, muy naturales, y diálogos muy forzados, muy artificiales. Pero cuando opta por dejar que el dibujo y la acción cuenten lo que sucede, el autor no falla nunca.
Los guiones… se pueden discutir. Hay segmentos más complejos, más basados en el desarrollo de personajes, y hay otros (la mayoría) donde se imponen el vértigo y la violencia. Largas y sangrientas peleas que sirven para ilustrar el contexto en el que se mueven estos chicos, pero no mucho más. Creo que el episodio mejor escrito es el último, el epílogo, que es donde Fantacci realmente capitaliza el potencial lírico subyacente en esta historia a priori cruda y truculenta.
Y me queda para el final el dibujo que, de nuevo, me hizo acordar mucho a Chabouté, pero sin jugarse todo al claroscuro. Fantacci elige esa técnica de entintado que a muy pocos le queda bien, que consiste en llenar todo de rayitas y cross-hatchings enfermizos, y con eso lograr todos los efectos de iluminación, volumen y texturas. Tenés que ser MUY bestia para que eso te salga bien. Tenés que ser Alcatena, Joe Sacco, Salvador Sanz… y Fantacci claramente no estaba a ese nivel cuando arrancó con este trabajo en 2007.
Con el correr de las páginas y los años, el dibujo se va puliendo, se ven menos desprolijidades y más certezas, te vas convenciendo de que eso que se ve en las viñetas no es “lo que salió”, sino lo que el autor quiso poner ahí. Pero no llega a ese nivel tan afianzado, tan sólido, como el que muestra en sus trabajos actuales un Pedro Mancini, por citar a otro autor surgido de la revista Ultramundo y que también abusaba de las rayitas en sus inicios. Para el final, ya vemos a un Fantacci que ejerce un dominio muy claro del plumín, y coincide con las imágenes más bellas y a la vez más elaboradas. Ojalá en sus futuros trabajos lo veamos evolucionar a partir de ahí. Ah, y ojalá recapacite y en sus próximas obras no rotule a mano, sino con tipografías ya existentes, porque su caligrafía es espantosa.
Me animo a poner a Darío Fantacci en la misma bolsa que Mancini e incluso que Renzo Podestá. Son autores con una impronta muy personal, por momentos pasada de freak o de punk, con una mezcla de influencias rarísima y variadísima, surgidos del under, pero además comprometidos con esa estética y esa ética. Tipos a los que les gusta laburar con total libertad, autogestionar sus proyectos, no ir a mendigar que los publiquen en Fierro ni en ningún otro medio… anomalías, deformidades, sustentadas con un talento que les permite, aún así, generar obras que llegan al libro, se venden bien y hasta ganan algún premio. Niños de la Basura es una gran puerta de entrada al universo de Fantacci, una obra que no hace concesiones pero que -si no te produce cortocircuitos desde la faz gráfica- te va a emocionar por lo que cuenta y sobre todo por cómo lo cuenta. Y con un ancho de espadas jodido: esto no se parece A NADA.
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