Este es un tomo raro de la serie creada por Pierre Seron en 1967 para la revista Spirou: en vez de una historia de 44 páginas (como las que leíamos serializadas en Fuera Borda) ofrece dos historias de 12 páginas y dos de 10 páginas, todas realizadas en la primera mitad de los ´70.
En realidad la serie es rara. Si no la agarrás desde el principio, Seron y Hao (quien colabora con él en los guiones) no te explican qué pasa, por qué estos tipos son chiquititos y viven en un mundo acorde a su tamaño. La transformación de Régis Renaud y sus vecinos en esta raza de mini-personas se ve en el Vol.1 y después, ya fue, ya se da por sentado que vos conocés la historia. Lo cual es muy loco, porque lo más fascinante, lo más impactante, que es ver cómo las personas cambian de tamaño y se adaptan a las nuevas dimensiones de todo lo que las rodea, sucede una sóla vez. Eso que en las aventuras de Atom pasaba siempre dos o tres veces (incluso en back-ups de 8 páginas) acá pasó una sóla vez en décadas y si te lo perdiste, no hay flashbacks ni recapitulaciones.
Lo que tenemos en este tomo son cuatro historias muy breves, muy concisas, con los autores acelerando a full para llegar a resolver las tramas en tan pocas páginas, lo cual se nota sobre todo en la segunda historia, la de los secuestradores de niños. La primera es la más equilibrada en cuanto a ritmo, pero no tiene un conflicto tan interesante. La tercera es la más humorística y menos aventurera, y la cuarta tiene la combinación perfecta entre chistes, peripecias, ingenio y peligro. Pero tiene 10 páginas, nomás, por eso está bastante atiborrada de viñetas y de texto.
Y de última, lo de las páginas de muchas viñetas no es un problema, porque este es un típico comic franco-belga apuntado al público infanto-juvenil. Las páginas de cuatro tiras de tres viñetas (a veces incluso cuatro) son un rasgo demasiado frecuente en este tipo de historietas como para que alguien se escandalice, y menos si pensamos que son trabajos que Seron realizó en los ´70 (antes de Los Centauros, a los que vimos allá por el 10/01/14). Así que esto está perfectamente dentro de los parámetros de lo que se veía en esa época y en ese tipo de publicaciones.
Quizás las sorpresas nos las dé el dibujo, que es realmente excelente. Por supuesto MUY tributario del de André Franquin (como casi todo el material infanto-juvenil que se publicó en Spirou hasta ya entrados los ´80), pero con un dinamismo, una expresividad y unas composiciones de viñetas realmente alucinantes. En un par de páginas, Seron debe recurrir a las flechas para ayudarnos a deducir el orden de lectura de dos o tres viñetas puestas de modo medio raro… pero me parece que ese recurso tiene que ver con que esto eran los ´70 y el público eran chicos muy jovencitos. Leído hoy por un adulto más o menos curtido en la narrativa gráfica, el orden de las viñetas está bastante claro y se podría haber prescindido de las flechitas, que tan feas quedan en las historietas. Me falta decir que, cuando la puesta en página y la cantidad de texto se lo permiten, Seron se manda unos fondos de la San Puta y que la rompe cuando dibuja autos, casas, barcos, aviones y las navecitas futuristas que usan los Hombrecitos para ir de un lado al otro.
Bueno, quería tener un álbum de Les Petits Hommes para darme una idea de cómo sería leer esas aventuras todas de un saque y en francés, y me encontré con un tomo atípico, porque recopila historias cortas. Pero no estuvo mal, no me bajó en lo más mínimo las ganas de seguir capturando obras de Pierre Seron, uno de los autores fundamentales de la línea clara de Marcinelle.
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lunes, 7 de septiembre de 2015
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