Este es el tomo en el que cambia todo, en el que Warren Ellis veletea como si fuera un dirigente de la UCR y deja de lado los episodios unitarios para dedicarse a dos arcos argumentales de tres capítulos. Justo entre un arco y otro, la revista se relanza con un nuevo número 1, y en la nueva etapa se nota que Ellis negoció más autonomía y más poder. Así empiezan a aparecer dos cosas que para esa misma época ya se veían en Transmetropolitan: los chistes sexópatas medio subidos de tono y los elementos de ciencia-ficción más atípicos, más impredecibles. Por otro lado, en esta segunda etapa, a Ellis lo dejan apoderarse de I.O. (International Operations), esa especie de CIA del Universo WildStorm, especializada en roscas turbias con seres superpoderosos.
En el primero de los dos arcos, Ellis va directo al hueso: demuestra haber leído Miracleman desde una óptica muy inteligente y empieza a esbozar la que será la consigna primordial de The Authority: superhéroes que se cansan de responder a los ataques de los villanos y se dedican a usar sus poderes para cambiar al mundo, para mejorar la vida de la gente, le guste o no a los que detentan el poder político. Por supuesto que en tres episodios no hay espacio para indagar a fondo en una idea tan atractiva, sobre todo si en ese mismo arco tenés que presentar a cinco o seis personajes (dos de ellos, el Doctor y el Arquitecto, volverán muy cambiados más adelante), resolver un subplot que venía de antes y pegarle un volantazo muy heavy (y quizás apresurado) a uno de los personajes fundamentales de la serie. Claro, esta se terminaba y se venía el relanzamiento, con lo cual a Ellis le urgía redondear, cerrar todas las puntas que tenía abiertas. Por eso la saga de The High no tiene el impacto que debería. Eso mismo, narrado en 30 ó 40 páginas más, sería un arco argumental del mega-carajo. Así, en poco menos de 100 páginas, quedó todo muy comprimido.
En el segundo arco (el que inaugura la segunda colección de StormWatch) Ellis se dedica a presentarnos el nuevo status quo, a jugar más con los diálogos y el desarrollo de los personajes (especialmente el de Jackson King, que gana mucho protagonismo), a pasar en limpio de forma muy gráfica la gigantesca runfla política que hace posible que funcione un grupo como StormWatch y, cuando los “héroes” tienen que pelear contra algo (porque así funciona este tipo de comic), el guionista desempolva su clásico argumento de “una nube tóxica capaz de matar a mucha gente a la que no hay que dejar expandirse hacia un área urbana densamente poblada”. En el medio, más humanos mutados con órganos de super-seres (cortesía de I.O.) y no mucho más. Esto sí, entra perfectamente en 64 páginas sin apretar y sin estirar.
En cuanto a los dibujantes, la saga de The High marca la despedida de Tom Raney, que acá está –de nuevo- un poquito mejor que en el tomo anterior. Sigo viendo muchas páginas sin fondos, varios choreos a Jim Lee y notorias desproporciones en la anatomía (cabezas muy chicas, manos muy grandes), pero hay un mejor ensamblaje con las tintas de Randy Elliott y lindos homenajes a Joe Shuster, Will Eisner y Jack Kirby. Para el relanzamiento de la serie, el dibujante elegido es el español Óscar Jiménez, que alguna vez tuviera chapa gracias a sus numeritos de Flash, que estaban bastante bien. Acá lo vi más chato, con menos onda, aunque un poquito más comprometido que Raney, más aplicado a la anatomía y a la narrativa que a la estridencia y el pochoclo. Jiménez comulga con la ideología de dibujar la menor cantidad de fondos posibles y algunos de los que sí dibuja son tan feos, que ojalá se hubiese ahorrado el esfuerzo. Incluso mezquinando fondos, Jiménez no llega a cumplir con las 22 páginas mensuales y en su tercer episodio (el que cierra este tomo) le habilita las últimas páginas a Michael Ryan, un clon a rajatabla de Jim Lee, sin talento ni imaginación.
Y hasta acá llego. Esto se está poniendo muy grosso, mucho más que cualquier otro comic que yo recuerde ambientado en este universo y cada vez más, StormWatch se empieza a calzar la pilcha de “prólogo de Authority”. Pero no tengo los libros que vienen después y tengo entendido que son difíciles de conseguir. Veremos si aparecen y si no, mala leche; me quedará el hueco entre esto y el Vol.1 de The Authority, una de las primeras series que empecé a coleccionar en revistitas para al toque deshacerme de ellas y pasarme a los TPBs.
Mostrando entradas con la etiqueta Tom Raney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tom Raney. Mostrar todas las entradas
miércoles, 7 de mayo de 2014
sábado, 3 de mayo de 2014
03/ 05: STORMWATCH: LIGHTNING STRIKES
Segundo tomo de la etapa del maestro Warren Ellis en StormWatch, y acá el guionista reafirma su compromiso con algo que hoy ya es casi una quimera en el comic mainstream de los EEUU: los episodios autoconclusivos. Los cinco números que compila este TPB son historias unitarias, autoconclusivas y que incluso pueden ser leídas en cualquier orden. Unos años más tarde, Ellis se superaría a sí mismo en este juego con la excelente Global Frequency, que –me doy cuenta ahora- tiene unos cuantos puntos de contacto con esta época de StormWatch.
El primer episodio está 100% centrado en Jack Hawksmoor y es una historia... tranqui, sin mayores innovaciones ni hallazgos. Sirve más que nada para ver dónde está parado Jack en términos de ética. El tercero se centra en Jackson King (Batallion), el personaje que más le gusta a Ellis de los que heredó de la etapa anterior. Y también, es una historia menor, cuyo aporte pasa principalmente por mostrarnos el potencial de los poderes psíquicos de este interesante personaje. El cuarto pareciera estar protagonizado por Rose Tattoo, pero rápidamente Ellis mecha secuencias en las que los otros miembros del grupo (los que no tienen su propio spotlight) interactúan en uno de los días libres que tienen entre una misión y otra. Esas escenas, en las que se impone un tono de comedia, garpan mucho más que las de Rose Tattoo.
El quinto unitario narra una breve misión en la que Winter, Farenheit, Flint, Fuji y Hellstrike van a jugarse la vida contra unos bichos alienígenas que habitan en una caverna. Podría haber sido interesante, si no fuera porque las 22 páginas que la componen... son TODAS splash-pages! El siempre taquillero Jim Lee (co-creador de varios de los personajes) se copó con dibujar un número de StormWatch pero, fiel a su militancia en favor de la anti-narrativa, pidió un guión que se pudiera ilustrar en 22 páginas de una sóla viñeta. El resultado es, como casi todas las obras del Chino, muy pecho frío. Nadie discute que el dibujo es lindo, vistoso, ganchero, pero lo que vemos acá no son viñetas de un comic: son posters chiquitos o figuritas grandes. Andá a explicarle a Jim Lee que el comic no son posters ni figuritas... pasan los años y el Chino sigue sin entender algo así de básico...
Y a propósito dejé para el final el segundo unitario, cuya reseña podría ser más extensa que la de todo el resto del tomo sumado. Acá, Ellis nos cuenta la historia de Jenny Sparks, nacida en el año 1900, y traza un paralelismo perfecto entre la historia de la heroína (que es la historia del Siglo XX) y la historia del comic. Acá es donde se gana mi ovación Tom Raney, dibujante de todos los episodios menos el de los pin-ups de Jim Lee. Para cada tramo de la historia, Raney adopta el estilo de un autor seminal en la historia del comic. Dibuja como Dick Calkins la escena de los años ´20, como Joe Shuster la de los ´30, como Will Eisner la de los ´40, como Frank Hampson la de los ´50, como Jack Kirby la de los ´60, como Neal Adams la de los ´70 y para la de los ´80, que es la más extensa, adopta el registro, la grilla y hasta el color y las tipografías que usara Dave Gibbons en Watchmen. Un laburo realmente memorable de Raney, que lleva a buen puerto el asombroso meta-comic que propone Ellis.
En el resto de los episodios, Raney está un poquito mejor que en el tomo anterior, pero todavía se ven pifias en la anatomía, problemas en algunas expresiones faciales y, salvo en el episodio de Rose Tattoo, una alarmante escacez de fondos. Más allá de sus coqueteos con la gloria en el unitario de Jenny Sparks, a Raney se le siguen notando mucho las limitaciones típicas del dibujante estridente, que se copa con las poses impactantes y con la acción grandilocuente, pero hace agua en casi todo lo demás.
Me queda sin leer un tomo más de esta etapa de StormWatch, al que prometo entrarle la semana que viene.
El primer episodio está 100% centrado en Jack Hawksmoor y es una historia... tranqui, sin mayores innovaciones ni hallazgos. Sirve más que nada para ver dónde está parado Jack en términos de ética. El tercero se centra en Jackson King (Batallion), el personaje que más le gusta a Ellis de los que heredó de la etapa anterior. Y también, es una historia menor, cuyo aporte pasa principalmente por mostrarnos el potencial de los poderes psíquicos de este interesante personaje. El cuarto pareciera estar protagonizado por Rose Tattoo, pero rápidamente Ellis mecha secuencias en las que los otros miembros del grupo (los que no tienen su propio spotlight) interactúan en uno de los días libres que tienen entre una misión y otra. Esas escenas, en las que se impone un tono de comedia, garpan mucho más que las de Rose Tattoo.
El quinto unitario narra una breve misión en la que Winter, Farenheit, Flint, Fuji y Hellstrike van a jugarse la vida contra unos bichos alienígenas que habitan en una caverna. Podría haber sido interesante, si no fuera porque las 22 páginas que la componen... son TODAS splash-pages! El siempre taquillero Jim Lee (co-creador de varios de los personajes) se copó con dibujar un número de StormWatch pero, fiel a su militancia en favor de la anti-narrativa, pidió un guión que se pudiera ilustrar en 22 páginas de una sóla viñeta. El resultado es, como casi todas las obras del Chino, muy pecho frío. Nadie discute que el dibujo es lindo, vistoso, ganchero, pero lo que vemos acá no son viñetas de un comic: son posters chiquitos o figuritas grandes. Andá a explicarle a Jim Lee que el comic no son posters ni figuritas... pasan los años y el Chino sigue sin entender algo así de básico...
Y a propósito dejé para el final el segundo unitario, cuya reseña podría ser más extensa que la de todo el resto del tomo sumado. Acá, Ellis nos cuenta la historia de Jenny Sparks, nacida en el año 1900, y traza un paralelismo perfecto entre la historia de la heroína (que es la historia del Siglo XX) y la historia del comic. Acá es donde se gana mi ovación Tom Raney, dibujante de todos los episodios menos el de los pin-ups de Jim Lee. Para cada tramo de la historia, Raney adopta el estilo de un autor seminal en la historia del comic. Dibuja como Dick Calkins la escena de los años ´20, como Joe Shuster la de los ´30, como Will Eisner la de los ´40, como Frank Hampson la de los ´50, como Jack Kirby la de los ´60, como Neal Adams la de los ´70 y para la de los ´80, que es la más extensa, adopta el registro, la grilla y hasta el color y las tipografías que usara Dave Gibbons en Watchmen. Un laburo realmente memorable de Raney, que lleva a buen puerto el asombroso meta-comic que propone Ellis.
En el resto de los episodios, Raney está un poquito mejor que en el tomo anterior, pero todavía se ven pifias en la anatomía, problemas en algunas expresiones faciales y, salvo en el episodio de Rose Tattoo, una alarmante escacez de fondos. Más allá de sus coqueteos con la gloria en el unitario de Jenny Sparks, a Raney se le siguen notando mucho las limitaciones típicas del dibujante estridente, que se copa con las poses impactantes y con la acción grandilocuente, pero hace agua en casi todo lo demás.
Me queda sin leer un tomo más de esta etapa de StormWatch, al que prometo entrarle la semana que viene.
Etiquetas:
StormWatch,
Tom Raney,
Warren Ellis,
WildStorm
lunes, 28 de abril de 2014
28/ 04: STORMWATCH: FORCE OF NATURE
A partir de estas historietas de 1996 y durante varios años, el británico Warren Ellis cavó una trinchera muy interesante dentro de la línea WildStorm, desde la que lanzó un montón de buenas ideas, tanto en series como en miniseries y tanto con creaciones propias como con personajes hasta entonces identificados con la época más desgarradora de Image. Estos seis episodios de StormWatch, además de mostrarnos las primeras semillas de lo que luego germinaría hasta convertirse en The Authority, nos muestran a Ellis decidido a encontrar en una serie pedorrísima, bien de la parte de abajo del montón, pequeñas cosas, puntitas de las que agarrarse para ensayar un vuelco total, para convertir a esta bandera del comic intrascendente en algo que los fans más exigentes quisieran leer todos los meses.
Me lo imagino al pobre Ellis sumergido en el pilón de los back issues de StormWatch, con un broche en la nariz para que la baranda a estiércol no lo hiciera lanzar. Lo cierto es que el inglés logró su misión: se sacó de encima a unos cuantos personajes que no le interesaban en lo más mínimo, se propuso revitalizar a los que le gustaban, y contó con la libertad suficiente para crear a algunos nuevos, a los que se les nota desde el vamos la impronta personal del guionista. El resultado es que, en apenas seis episodios, la serie dejó de parecerse a un montón de otros títulos hediondos que publicaba Image para convertirse en un comic de autor adentro del mainstream, en el que empezaban a suceder un montón de cosas que no podrían suceder en ninguna otra revista.
Lo más notable es, por un lado, el trabajo sobre los personajes, para dotar de onda y de identidad a héroes y heroínas chatos y genéricos. Por otro lado, el tejido de dilemas morales, como para enroscar a estos paladines en tramas espesas, en las que entran a jugar elementos políticos y cobra peso la eterna pregunta: ¿quién vigila a los que nos vigilan?. Y lo más atractivo, al menos para mí, es cómo Ellis se resiste a la mega-saga de varios capítulos hilvanados por el continuariola infinito y desarrolla estos seis primeros episodios como unitarios muy sólidos, cada uno con su propia estructura, sus propios conflictos y sus propias resoluciones. Por supuesto, hay un sub-argumento que cobrará más peso en el siguiente tomo (supongo), que es el de esa segunda persona capaz de activar los superpoderes de la gente afectada por el paso de un cometa misterioso, responsable de que en el Universo WildStorm haya tanta gente metahumana.
El dibujante de cuatro de estos seis episodios es Tom Raney, a quien ya nos cruzamos en algún tomo de Thor de la etapa de Dan Jurgens. A mí no me gustaba el Raney de Thor, así que imaginate qué me parecía este, que es seis o siete años anterior. En estos números de StormWatch se ve a un Raney torpe, muy efectista pero con poca onda, con muchas limitaciones. Como si tratara de copiar la espectacularidad de un Jim Lee, pero sin el conocimiento del dibujo, sin esa solvencia que no se le puede discutir al Chino, por más que a uno no lo seduzca el estilo. Y en los episodios donde no está Raney, tenemos a un incipiente Pete Woods y a un tal Michael Ryan. El TPB no especifica qué páginas (o números) dibuja cada uno, pero está claro que son los dos tan precarios que logran que extrañemos a Raney. Hoy, Woods le rompe el culo mal a Raney, pero en 1996 tanto él como Ryan eran unos muertos de frío, que además de no dibujar fondos (algo que en WildStorm parecía estar bien visto) pifiaban bastante en la anatomía y en las expresiones faciales.
Y bueno, no te quiero mentir. No te puedo decir que el volantazo que le pegó Warren Ellis a StormWatch es comparable con el que le pegó Grant Morrison a la Doom Patrol. Másbien diría que la llegada del inglés a esta serie tuvo un efecto similar al de Caruso Lombardi en Racing: vino a salvarla del descenso y la dejó en los puestos de arriba de la tabla. La tuvo que relanzar varias veces y hasta cambiarle el nombre, pero logró que muchos nos cebáramos con Henry Bendix, Jackson King, Swift, Jenny Sparks, Jack Hawkmoore y demás. No es poco.
Me lo imagino al pobre Ellis sumergido en el pilón de los back issues de StormWatch, con un broche en la nariz para que la baranda a estiércol no lo hiciera lanzar. Lo cierto es que el inglés logró su misión: se sacó de encima a unos cuantos personajes que no le interesaban en lo más mínimo, se propuso revitalizar a los que le gustaban, y contó con la libertad suficiente para crear a algunos nuevos, a los que se les nota desde el vamos la impronta personal del guionista. El resultado es que, en apenas seis episodios, la serie dejó de parecerse a un montón de otros títulos hediondos que publicaba Image para convertirse en un comic de autor adentro del mainstream, en el que empezaban a suceder un montón de cosas que no podrían suceder en ninguna otra revista.
Lo más notable es, por un lado, el trabajo sobre los personajes, para dotar de onda y de identidad a héroes y heroínas chatos y genéricos. Por otro lado, el tejido de dilemas morales, como para enroscar a estos paladines en tramas espesas, en las que entran a jugar elementos políticos y cobra peso la eterna pregunta: ¿quién vigila a los que nos vigilan?. Y lo más atractivo, al menos para mí, es cómo Ellis se resiste a la mega-saga de varios capítulos hilvanados por el continuariola infinito y desarrolla estos seis primeros episodios como unitarios muy sólidos, cada uno con su propia estructura, sus propios conflictos y sus propias resoluciones. Por supuesto, hay un sub-argumento que cobrará más peso en el siguiente tomo (supongo), que es el de esa segunda persona capaz de activar los superpoderes de la gente afectada por el paso de un cometa misterioso, responsable de que en el Universo WildStorm haya tanta gente metahumana.
El dibujante de cuatro de estos seis episodios es Tom Raney, a quien ya nos cruzamos en algún tomo de Thor de la etapa de Dan Jurgens. A mí no me gustaba el Raney de Thor, así que imaginate qué me parecía este, que es seis o siete años anterior. En estos números de StormWatch se ve a un Raney torpe, muy efectista pero con poca onda, con muchas limitaciones. Como si tratara de copiar la espectacularidad de un Jim Lee, pero sin el conocimiento del dibujo, sin esa solvencia que no se le puede discutir al Chino, por más que a uno no lo seduzca el estilo. Y en los episodios donde no está Raney, tenemos a un incipiente Pete Woods y a un tal Michael Ryan. El TPB no especifica qué páginas (o números) dibuja cada uno, pero está claro que son los dos tan precarios que logran que extrañemos a Raney. Hoy, Woods le rompe el culo mal a Raney, pero en 1996 tanto él como Ryan eran unos muertos de frío, que además de no dibujar fondos (algo que en WildStorm parecía estar bien visto) pifiaban bastante en la anatomía y en las expresiones faciales.
Y bueno, no te quiero mentir. No te puedo decir que el volantazo que le pegó Warren Ellis a StormWatch es comparable con el que le pegó Grant Morrison a la Doom Patrol. Másbien diría que la llegada del inglés a esta serie tuvo un efecto similar al de Caruso Lombardi en Racing: vino a salvarla del descenso y la dejó en los puestos de arriba de la tabla. La tuvo que relanzar varias veces y hasta cambiarle el nombre, pero logró que muchos nos cebáramos con Henry Bendix, Jackson King, Swift, Jenny Sparks, Jack Hawkmoore y demás. No es poco.
Etiquetas:
StormWatch,
Tom Raney,
Warren Ellis,
WildStorm
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


