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jueves, 31 de enero de 2013

31/ 01: CUANTO MAS BROCCOLI MEJOR

Hoy tenemos un trip a mis años mozos, 1988-89, cuando la editorial Hyspamérica publicaba en todos los kioscos (y difundía a full por cielo y tierra) su colección Grandes Humoristas Argentinos, libros de 160 páginas que recopilaban chistes, tiras y a veces historietas de las más destacadas figuras de nuestro humor gráfico. Hoy es muy raro encontrar gente que tenga la colección completa, por varios motivos. Como la colección tuvo 30 tomos, no todos están dedicados a autores de primera línea. Hay de segunda, de tercera e incluso alguno de cuarta. Y al no estar numerados, no sentís que “te faltan” los que no tenés. Tampoco aparecía un checklist con los 30 títulos dentro de los propios libros. O sea que mucha gente jamás se enteró de que eran 30. Además a principios de 1989 estalló la hiperinflación, con lo cual los libros cambiaban de precio todas las semanas y lógicamente cada semana vendían menos que la anterior, a medida que se deterioraba el poder adquisitivo de la gente. Esto causó problemas tan serios que afectaron la distribución de los libros e hizo que barrios y ciudades enteras no recibieran nunca algunos de los títulos. Aún así, los libros existen y durante 2012 conseguí dos de los que siempre quise tener.
El tomo que leí hoy está dedicado a Alberto Bróccoli, el genio de Adrogué que muriera en 1985 con sólo 41 años. Hoy injustamente olvidado, Bróccoli desparramó talento por muchísimos medios gráficos a partir de la segunda mitad de los ´60 y fue un nombre fundamental de los ´70 y del cachito de los ´80 que le tocó vivir. El libro arranca con las emotivas palabras que escribió Caloi para el diario Clarín el día que falleció su amigo y de ahí nos vamos a una selección de tiras de El Mago Fafa, tal vez la creación más popular de Bróccoli. Lamentablemente las tiras están en desorden, no siguen una progresión histórica que nos permita ver cómo evolucionan los personajes o el dibujo del autor. El diseño es muy raro: hay viñetas enormes, mucho más grandes que en sus publicaciones originales, y hay tiras reducidas hasta que casi no se ven los textos. Las páginas se podrían haber armado perfectamente con 5 tiras de igual tamaño y todo se vería más que bien, pero alguien decidió pasarse de vanguardista y el resultado es medio desconcertante.
El segundo tramo del libro se centra en Juan y el Preguntón, otra serie de Bróccoli que se publicó a lo largo de muchos años y en muchos medios distintos y además mi favorita. Acá el el genio de Adrogué levanta vuelo y además de ácidos comentarios sobre la realidad socio-política, mete surrealismo, meta-historieta y poesía al palo. Sin hablar de lo buenos que son los chistes, ni del timing perfecto para la comedia, con recursos heredados de Copi (un tipo sentado que permanece inmutable mientras frente a él pasan cosas loquísimas) y con una libertad que en aquel entonces sólo exhibía la primera época de Clemente.
Después viene Pérez-Man, el superhéroe porteño, hincha de Racing y perdedor que tuvo su tira varios años en la contratapa de La Nación. Esto ya es de los ´80 (la tira arrancó en el ´79) y rápidamente el recurso de hacer chistes de superhéroes fue abandonado para hablar de modo bastante directo (para los standards de la época) de la transición democrática. Leída hoy, es la tira menos graciosa de Bróccoli.
El cuarto tramo ofrece –para beneplácito de la hinchada- más Juan y el Preguntón, también con experimentos bizarros en materia de formato (planchas enormes, planchas microscópicas) y también con material del Bróccoli ya más maduro. No hay casi historietas pre-1975, del período de formación del autor. En los cuatro tramos, además de las tiras hay chistes de una sóla viñeta descolgados, sin personajes fijos, de distintas épocas y publicados en distintos medios. Acá el dibujo cambia mucho de un chiste al otro, lo cual muestra la gran diversidad de recursos estilísticos que poseía Bróccoli. Por supuesto, hubiese estado bueno que los chistes también se ordenaran por fecha, para apreciar la evolución de la línea gráfica del maestro.
Con desbordante creatividad, muchísima producción, un imbatible conocimiento de millones de dibujantes de su tiempo y anteriores, con la asombrosa capacidad de producir varias series al mismo tiempo y de abordar el humor desde muchísimos lugares distintos, Alberto Bróccoli me volvió loco de pendejo y vuelve a impactarme cada vez que –de casualidad, o haciendo arqueología en alguna cueva medio perdida- encuentro sus libros. Creo que desde que salió este libro en 1988, no se volvió a reeditar material de Bróccoli. Ya es hora de pensar en revertir esa injusticia mayúscula.