el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 14 de noviembre de 2021

8 al 14 de NOVIEMBRE

Ya estamos en la recta final de la preventa de ¿Quién Quiere Ser Superhéroe?, y todavía lo podés reservar con descuento en las comiquerías que participan de la promoción, o en https://www.comicpuntoar.com/product-page/quién-quiere-ser-superhéroe. La preventa cierra el miércoles 17, así que no te duermas. Ahora sí, vamos con las lecturas de la semana. Gracias a que Ivrea la editó en Argentina, me puse las pilas para volver a leer Tomie, la obra de Junji Ito cuya edición yanki había pasado por este blog allá por el 14/02/11. La historieta no me sorprendió tanto como la primera vez, por lo menos en su tramo inicial, que era el que yo más recordaba, y quizás por eso no me pareció tan buena como en aquella lectura de hace más de 10 años. Leo lo que escribí en ese momento y en general estoy de acuerdo, pero me parece que me zarpé un poco en elogios. La segunda lectura, pasado un poco del impacto que produce este manga de Junji Ito en el lector virgen de Tomie, me convenció un poco menos, si bien sostengo que es una muy buena serie de misterio y terror. La edición argentina es estupenda, no falla por ningún lado. Y cuando la leí en inglés, me acuerdo que el Vol.2 me gustó más que el 1, principalmente por la evolución en el dibujo de Ito. Así que en cualquier momento le vuelvo a entrar al segundo tomo.
También avancé con mi lectura de los tomos finales de Cybersix, y llegué al Vol.42 de la colección de novelitas de 96 páginas: Tra la Vita e la Morte. Este tomo conforma un díptico con el que vimos la semana pasada y es todo tan parecido, forma todo una masa tan compacta, que hasta lo tenemos de nuevo a Horacio Domingues como dibujante, aunque en estas páginas “se disfraza un poco más” de Carlos Meglia. El dibujo es buenísimo, de punta a punta del librito. Por el lado del guion, Carlos Trillo le da ínfima pelota al plot de Gengis/Zero, y se concentra en resolver cabos sueltos que involucran a otros de los villanos que fue acumulando la serie con el correr de los tomos. Y si bien hay buenos diálogos, hermosos bloques de texto y unas cuantas escenas ágiles, casi explosivas, es muy difícil que el interés se sostenga a lo largo de 96 páginas, porque realmente pasa muy poco. Hay un contraste, además, entre una Cybersix que (lógicamente) ya está muy hinchada las pelotas y no tiene más reparos en matar a sus oponentes, y los propios villanos, a los que Trillo hace pendular entre genocidas irredimibles y bufones tragicómicos que están ahí para meter chistes y situaciones desopilantes. Esto es solo para fans extremos de Cybersix que soportan la idea de no bancar hasta las últimas consecuencias las aventuras de la superheroína-vampiro-androide-transexual.
Y me vengo a Argentina, año 2021, para leer Alma, una obra de Néstor Barron y Quique Alcatena que (me enteré cuando llegué a la última página) es la primera parte de una saga de dos libros. Por el lado del dibujo, me encuentro a un Alcatena que apuesta muy fuerte al color y que opta por puestas en página más tradicionales, sin esas viñetas muy ornamentadas, sin esas páginas en las que predomina una imagen muy fuerte, hasta las pelotas de detalles microscópicos, acompañada por un par de viñetas más chiquitas. El trazo está un poco más suelto, menos detallista y menos abigarrado que en sus obras más reconocidas, seguramente porque Quique sabe que luego va a poner color por sobre sus líneas. Hay imágenes potentísimas, hay (como siempre) un despliegue de imaginación inconmensurable, varias secuencias de acción muy bien resueltas, y si tengo que señalar algo realmente decepcionante en la faz gráfica es la tipografía que se utilizó para rotular la historieta, que encima llama mucho la atención porque Alcatena dibuja globos muy grandes, que tienen mucho peso gráfico en las viñetas. El guion de Barron es una especie de versión más aventurera de El Principito, la famosa novela de Antoine de Saint-Exupery que (como ya confesé públicamente alguna vez) nunca leí porque, vista de afuera, me parece algo sensiblero, denso y choto. Acá tenemos (como en El Principito) a una protagonista absolutamente naïf, criada en una auténtica nube de pedos, que un día sale al mundo a buscar respuestas a preguntas pseudo-filosóficas, de un nivel de boludez asombroso. El contraste entre la ingenuidad de Alma y la mala leche de buena parte del elenco le sirve a Barron para que los diálogos mantengan cierto interés, pero hasta un punto, no hasta el final. Hay tramos realmente muy hablados, en los que los personajes explicitan demasiado un montón de información que es apenas relevante para plantear conflictos generalmente menores, que se resolverán en poquitas páginas, para rápidamente conectar con la siguiente peripecia. Los bloques de texto van y vienen de manera intermitente, y no, nunca llegan a esos niveles gloriosos de los bloques de texto de Eduardo Mazzitelli. Creo que lo más flojo es Alma, el personaje central, que –por lo menos en esta primera mitad- no parece tener, ni estar pensada para adquirir, lo que hace falta para protagonizar un relato de aventuras extremas con monstruos, guerreros y cuasi-dioses de infinito poder. Por ahora, es un personaje sin ideas, sin iniciativa, que va donde la llevan, y que zafa de la muerte porque alguien la salva. Es una chica jovencita, y probablemente parte de la gracia de la saga sea verla crecer, madurar y afianzarse. Por ahora, en 72 páginas, eso no estaría sucediendo. Veremos si sucede en la segunda parte. Tengo sin leer más trabajos de Barron y de Alcatena, así que pronto habrá revancha. Nada más por ahora. Gracias y hasta el finde que viene.

domingo, 7 de noviembre de 2021

1 al 7 de NOVIEMBRE

Bastante escasa la lectura de esta semana, pero bueno, sigo muy complicado con otros temas. Llegué al Vol.41 de las novelitas de 96 páginas de Cybersix, y ya estoy muy cerca del final. A nivel argumental, este tomo es la nada misma, es simplemente juntar envión, generar calentura, para algo que –supongo- vendrá más adelante. De los varios subplots que baraja Carlos Trillo en esta entrega, el que más me interesa es el de Gengis, ahora llamado Zero, que pasó de bebé a señor de cuarenta y pico en muy poco tiempo, y si sigue así se va a morir de viejo en un par de tomos. Su relación con Cybersix ya era interesante cuando era ese bebé kilombero entrenado por los malos para matar a su mamá, y ahora que se agrega este aspecto del acelerado declive hacia la vejez y la muerte, me enganchó todavía más. De hecho, es lo único que me enganchó en un tomo donde las peripecias son muy menores. Por suerte, por encima del argumento pasa el guion, y en ese rubro Trillo tira algunas pinceladas de magia como para barnizar la escasa fuerza dramática de la que adolesce cualquier tomo “de pretemporada”. Aún así, es muy loco ver a un guionista tan capo, tan sólido, que jugaba tan de memoria, prácticamente atrapado en un formato que (supongo yo) para esta altura ya lo condicionaba más de lo que lo estimulaba. El tema de que los villanos sobrevivieran siempre, el tema de no poder darle un cierre definitivo a las aventuras, el tema de la doble identidad de Cybersix, el del fatídico romance con Lucas, el de su hijito apropiado por sus enemigos… son todos elementos que van perdiendo sentido con el correr de las páginas, porque requerían una resolución más rápida, y probablemente más drástica. Eso de continuar las sagas hasta el infinito, que tan bien le sale a los guionistas yankis, para Trillo en este punto ya parece haberse convertido en un calvario. Esta vez el dibujo está a cargo del maestro Horacio Domingues, quien fuera amigo, socio y co-equiper de Carlos Meglia mucho antes de que al prócer quilmeño se le ocurriera armar un ejército de dibujantes para producir todas esas miles de páginas de Cybersix. Durante años, a Domingues se lo estigmatizó por las similitudes de su estilo con el de Meglia (bastante entendible, porque firmaron varias historietas e ilustraciones a cuatro manos) y para más de un nabo es “el Meglia de la B”. Está claro que hay un parentesco estético muy marcado, pero acá se nota mucho que Domingues está a años luz de los muchachos que clonaban milimétricamente el trazo de Meglia. Tanto se nota, que el dibujo de Domingues por momentos desentona con los elementos gráficos (básicamente fondos) que están fotocopiados de dibujos de Meglia. De todos los dibujantes que pasaron por Cybersix, Domingues es el menos parecido a Meglia, una paradoja loquísima, y que hace que este tomo se vea muy raro.
Cierro con una breve mención a Intachable: 30 años de corrupción, una novela gráfica de Víctor Santos en la que el ídolo valenciano se mete a fondo en los negocios turbios que rodean (y financian) a la política, en un thriller muy interesante. Santos trata de brindarnos un relato más ajustado a la realidad que sus obras más extremas (Polar, Los Reyes Elfos, etc.) y para eso baja varios cambios. Hay menos acción, la violencia está representada de un modo un poquito menos salvaje, y por supuesto los personajes piensan y hablan más. La trama es muy verosímil (podría ser totalmente real, cambiando un par de nombres), y un poco por eso uno intuye todo el tiempo cómo puede llegar a resolverse. Pero banca el interés hasta el final. Y lo más interesante: acá Santos le suma el color a su manejo inhumano del blanco y negro, y le queda genial. Acá se ve de manera diáfana cómo el color puede convertirse en un elemento narrativo, potenciar climas, subrayar puntos dramáticos de la historia y redimensionar la fuerza del blanco y negro que uno asocia a este autor. Además, y también gracias al color, cuando Santos se birla fotos para reemplazar los fondos que no dibuja, les mete muchísima mano y las integra de modo brillante a su estética. O sea que es todo ganancia. Intachable es una obra tan distinta al “núcleo duro” de la obra de Santos, que puede ser ninguneada por más de un fan de los que seguimos hace años al valenciano, pero además por este mismo motivo tiene muchísimos argumentos para captar nuevos lectores, que se acerquen a la obra por la temática del thriller político-financiero, o por la magia que tira Santos con el color. Pobres pibes, no saben que Santos es un camino de ida, y que una vez que mordés el anzuelo, no parás hasta no tener todos sus comics… Nada más, por hoy. Si todavía no compraron ¿Quién quiere ser superhéroe? con descuento, les confirmo que pueden hacerlo hasta el 17 de este mes, en https://www.comicpuntoar.com/product-page/quién-quiere-ser-superhéroe o en alguna de las comiquerías que participan de la preventa. Gracias y hasta el finde que viene.

sábado, 10 de julio de 2021

5 al 11 de JULIO

Tres libritos esta semana, no está mal… Una de las obras menores de Carlos Trillo fue Grogro, una seie breve, dibujada por Horacio Domingues. De hecho, ni siquiera se publicó en Italia, en la época en la que Trillo colocaba toneladas de material en las antologías de la editorial Eura (veáse la mega-nota del nº2 de Comiqueando Digital). Pará… ¿estamos seguros que no se publicó en Italia? Acá está el Vol.10 de las novelas de 96 páginas de Cybersix que viene a darnos su testimonio. Y sí, de estas 96 páginas, 45 son… la serie completa de Grogro. A Trillo se le ocurrió la forma de integrar todas esas páginas a una aventura de Cybersix (bastante menor, por cierto) y la historia de Grogro quedó incorporada al universo de la serie más popular de todas las que creó el guionista para el mercado italiano. Solo por esta vez, porque nunca más volvieron a aparecer en Meridiana ni el gorila inteligente ni la doctora Chantal Steinberg. Pero como para zafar durante un mes y armar una novela de 96 páginas donde solo hizo falta dibujar la mitad, el artilugio funcionó. La aventura original de Grogro no era gran cosa, el argumento con el que se articula esta historia con la que sucede en “el presente” en Meridiana tampoco es brillante ni mucho menos, y todo se queda en la anécdota bizarra de cómo una obra que por sí sola no había concitado el interés de los editores italianos, termina por publicarse dentro de una serie de muy buenas ventas gracias a una hábil maniobra de packaging. En las páginas agregadas para esta novelita se nota muchísimo que el dibujante es Horacio Domingues (lo cual está bueno, porque le da más consistencia con las páginas de Grogro), y que la mano mágica de Carlos Meglia aparece solo en esos fondos que se repiten miles de veces a lo largo de esta extensa serie. El estilo de Domingues está muy emparentado con el de Meglia, así que cuando Horacio trata de parecerse mucho a Carlos (sobre todo en algunos primeros planos), lo logra sin ninguna dificultad. Visualmente es un lindo tomo, pero sin dudas no está entre los imprescindibles para el que quiera armarse una colección con lo mejor de Cybersix.
Salto a EEUU, año 2018, cuando la editorial AfterShock publica The Lollipop Kids, un comic escrito por Adam Glass (junto a su hijo de 13 años), al que nunca me hubiera acercado de no ser por el hecho de que el dibujante es Diego Yapur, esa bestia salvaje del lápiz oriunda de Catamarca. A lo largo de 100 páginas, el dibujo de Yapur me impactó un montón de veces, me cagó a cachetazos con su exhuberancia, su solidez, su fluidez, sus recursos narrativos, la forma alucinante en la que integra la referencia fotográfica a su trazo, los hallazgos en la iluminación… Creo que en el único rubro en el que esperaba algo más de lo que encontré es en el de las expresiones faciales. El colorista DC Alonso lo complementa muy bien, de modo que a nivel visual, este primer tomo de Lollipop Kids juega con varios anchos de espada en el mazo. El guion si bien es entretenido, no es nada que no hayamos leído ya muchas veces. Lo interesante es, por un lado, como Glass juega a construir una mitología y una mística en torno al embelmático Central Park de New York, y por el otro cómo subraya el mensaje de que los chicos con dislexia (como su hijo Aidan) tienen muy desarrollado el intelecto y la sensibilidad, y merecen el mayor de los respetos. En la historieta, Glass no explica en ningún momento qué es la dislexia, ni cómo se trata, ni en qué difiere la vida de un chico disléxico de la de cualquier otro. Algo de esa información nos la ofrece en el prólogo, y el resto la buscará por la suya el lector al que le interese indagar más a fondo en el tema. Lo cual está bien, me parece, para que The Lollipop Kids no se lea como “un comic sobre la dislexia”, sino como lo que es: una aventura repleta de elementos fantásticos, acción y magia, protagonizada por adolescentes, uno de los cuales tiene dislexia. No es una mala aventura, y supongo que si tenés 14 ó 15 años y vivís en New York te debe parecer alucinante y genial. A mí me divirtió un ratito, pero siempre, de punta a punta, lo que me mantuvo fascinado fue el dibujo de Diego Yapur.
Y termino en Argentina, ya con un título publicado en 2021 (tarde o temprano iba a suceder). Zomvikingos, el nuevo trabajo de la dupla integrada por Rodolfo Santullo y Jok, tiene una premisa hiper-ganchera, de esas que si se le ocurriera a algún guionista de Hollywood generaría una mega-franquicia con infinitas películas de altísimo presupuesto. Sin duda, combinar zombies con vikingos es una idea de enorme fertilidad, sobre todo para aventuras extremas, con estallidos de violencia y machaca al límite. Sin embargo, a la hora de plasmar esta idea en un guion, Santullo no se entrega al descontrol y el frenesí de la machaca, sino que plantea un relato donde obviamente hay peleas, sangre, decapitaciones y muertes, pero donde prima una mirada más fría, más cerebral, tanto a los vikingos como a los zombies. De alguna manera, los elementos que Santullo pone en juego para enriquecer la trama (cuestiones de honor, de amor, de creencias religiosas, etc.) le agregan profundidad a los personajes pero al mismo tiempo le restan dramatismo al conflicto. Las últimas seis páginas, además, le agregan un cierto lirismo a algo que podría haber sido absolutamente rústico y cabeza y aún así funcionado lo más bien. Y ahí creo que está el quid de la cuestión: con una idea perfecta para un comic prácticamente descerebrado, al estilo Cazador, Lobo, Conan y familia, Santullo y Jok eligieron contar una historia de Santullo y Jok: menos dramática, más reflexiva, con sutiles pinceladas de un humor muy fino, con una reconstrucción de la época más estudiada… todos ingredientes que el fan de los zombies y de los guerreros que se cagan a hachazos difícilmente vaya a valorar. El dibujo de Jok es excelente y muy parejo a lo largo de todo el libro, el color acompaña muy bien cada uno de los climas, hay una enorme variedad de planos y enfoques para que no te aburras nunca, un gran trabajo de documentación histórica y muy buenas escenas de acción. Por ahí esto mismo se podía contar de manera más grandilocuente, más shockeante, con viñetas más grandes, con más vikingos, más zombies y más sangre, tripas y cabezas volando por el aire. Jok y Santullo eligieron ser fieles a sí mismos, incluso a costa de (ojalá me equivoque) piantar a algún comprador de los que se acercarán al libro buscando otra cosa. Y esa apuesta les permitió darnos una muy buena historieta de aventura histórica a los que somos más fans de esta gran dupla que de las atroces masacres protagonizadas por muertos vivientes. Nada más por hoy. Gracias a tod@s y hasta el finde que viene.

viernes, 15 de mayo de 2015

15/ 05: LA REINA DEL RIO

Esta es una breve historieta de los ´90, la primera de unas cuantas que gestaron Carlos Trillo y Horacio Domingues en las páginas de la revista Genios. Y esta recopilación fue recientemente galardonada con el Premio ALIJA a la mejor historieta para chicos publicada en 2014, lo cual pone de manifiesto lo acertada que fue la decisión de recuperar este material y volverlo a poner en circulación, ahora en un nuevo formato.
Si estás muy curtido en la lectura de las obras de Trillo, muy inmerso en esa mezcla de imaginación y realismo, de moraleja e incorrección política que tenían las grandes obras del maestro, seguramente La Reina del Río te va a parecer muy livianita. No hay muertes, no hay violaciones, no hay políticos ni canas corruptos, prácticamente no vuela una sóla piña… es una historieta tranqui, limpita, pensada para un lector mucho más ingenuo, más tierno que el que se cebaba con atrocidades como Sick Bird o El Síndrome Guastavino. Y sin embargo hay una bajadita de línea que se cuela por ahí, cuando Trillo narra esos flashbacks centrados en las desventuras de Mehitabel Molton, la malograda madre de la protagonista. Ahí aparecen (ni enfatizados ni suavizados) los temas del racismo en los EEUU de mediados del siglo XX, y de la explotación criminal a los trabajadores por parte de patrones inescrupulosos, a los que sólo les importa la ganancia. Supongo que un chico de ocho o nueve años que lea esto no lo va a percibir como un elemento importante en la trama, pero Trillo lo puso igual, porque nunca subestimó a sus lectores y porque nunca escondió sus convicciones a la hora de escribir, para el público que fuera.
Con todas las salvedades hechas, La Reina del Río tiene varios méritos, principalmente la capacidad de armar una trama bastante compleja y resolverla más que satisfactoriamente en sólo 44 páginas. El costo a pagar no es barato, de todos modos: hay muchas páginas MUY saturadas de texto, en las que los globos que dibuja Domingues le disputan el protagonismo a los personajes, objetos, paisajes, etc. Diálogos dinámicos (en los que los personajes usan términos como “che”, “pibe” y “dar bolilla” en una aventura que transcurre en New Orleans alrededor de 1935-40), relatos en off monopolizados por el personaje de Abernathy, textos muy bien pensados para que esta trama compleja sea fácil de seguir… pero en cantidades muy zarpadas. Quizás con más páginas, se podía desarrollar la misma historia con el texto mejor dosificado. Menos mal que, como dije, los textos están buenos y el argumento está bien planteado y bien resuelto. Si no, tanta verborragia concentrada podría haber mandado a pique a la historia.
Y claro, obviamente en más páginas se podría haber desarrollado un poco más a los personajes secundarios, especialmente a Mungo y a Duncan, que arrancan con todo, perfilados para protagonizar la historia y terminan relegados a roles muy chiquitos a medida que se van sucediendo las revelaciones en torno a Reina, la verdadera protagonista. Pero había este espacio, nomás, y dentro de esos confines, Trillo logró desarrollar muy bien a dos personajes, estructurar una trama con varios momentos fuertes y matizar con una cierta cuota de humor una aventura a la que no le falta peligro ni intensidad.
El dibujo de Domingues está muy bien, muy sobrio, basado en una línea clara, con algunos negros plenos pero sin grises, ni texturas, ni ningún efecto de iluminación. Todo eso lo aporta desde el color… y no, no es ese color sutil de la portada, ni el de la ilustración de la carátula. Es un color más… industrial, si se quiere. Laburado, con matices, con cuidado por los climas, pero sin esa impronta pictórica que tan bien maneja Domingues cuando lo dejan. En una obra con tanto texto, uno le presta mucha más atención a las secuencias mudas, y la verdad es que ahí Domingues (como su amigo y socio, el inolvidable Carlos Meglia) demuestra una solvencia impresionante. Y claro, con menos texto, todo el trabajo de Domingues se luciría mucho más…
El balance de la lectura me dio muy positivo y hasta ahora la repercusión a nivel ventas fue muy buena, con lo cual espero que pronto aparezcan en esta colección más trabajos de los que hicieron Trillo y Domingues para Genios. Si no conocías a La Reina del Río, o la leiste hace mil años cuando eras chico, dale una posibilidad. Y si la podés compartir con un chico o chica que se esté iniciando en esto de leer comics, mucho mejor.

martes, 3 de diciembre de 2013

03/ 12: POURQUOI LES CHEVALIERS ONT DISPARU

Ayer lo veíamos al inolvidable Carlos Trillo quedarse con el primer puesto (y con el séptimo) en el ranking de los libros más vendidos de Noviembre. Hoy, por el contrario, tengo para reseñar un libro que no existe en nuestro idioma y que, si no se publica nunca en Argentina, nadie va a patalear.
Por Qué Desaparecieron los Caballeros (tal su nombre en castellano) es un recopilatorio de seis historias cortas de principios de los ´90, realizadas por Trillo y Horacio Domingues para las revistas de la Eura y publicadas también en Puertitas, y en la antología mexicana El Gallito. Siempre en blanco y negro: el color se le agregó para esta edición en libro a cargo de Erko, la editorial eslovena capitaneada por Ervin Rustemagic, quien fuera muchos años agente de Trillo.
Si leiste estas historias cuando salieron en Puertitas, ya sabés de qué se tratan: Trillo sale a jugar de irónico, de canchero, y nos invita a mofarnos de los tópicos y las convenciones de los clásicos relatos medievales protagonizados por heroicos caballeros errantes. Rara vez sucede que, en un compilado de seis historias cortas, los seis guiones me parecen chotos. Los voy a repasar, a ver si en ese proceso encuentro algo para rescatar.
El primero es nefasto: es todo una gigantesca excusa para mostrar a una mina en pelotas, totalmente cosificada y maltratada, tanto por el guionista como por los otros personajes. Se aprecia la mala leche, pero son recursos muy bajos, de muy poco vuelo. El segundo también desbarranca para el lado del erotismo soft y berreta y también termina con la mina que está buena empomada por una legión de muchachones alzados. Un desastre irredimible.
El tercero es el más breve (6 páginas) y está bien, porque es un chiste largo, algo que se podría haber contado tranquilamente en dos páginas, o en una, pero con 10 ó 12 viñetas. ¿Es gracioso? Apenas. El cuarto es otro chiste largo, sólo que narrado en ocho páginas en vez de seis. Acá hay cierta comicidad en el desarrollo de la trama, pero el final, donde debería venir un remate fuerte, es una gansada cósmica.
El quinto es otro guión muy pobre, estirado para ocupar ocho páginas, con un conflicto berreta y una resolución anticlimática y predecible. Y el sexto intenta una variante novedosa: combinar a un caballero legendario con una chica del presente, fanática de este tipo de relatos, que suspira por un príncipe que nunca llegará, hasta que –sin mayor explicación- llega. La idea está bien, no es una excusa para mostrar garches y pajereadas. Lástima cómo se resuelve. Quizás si en vez de 12 páginas Trillo hubiese tenido... 40, salía una historia más potente, más redonda.
El dibujo de Domingues es correcto. Compone bien las viñetas, cuida las expresiones faciales, no mezquina fondos, logra producirnos un zumbidito en la entrepierna cuando dibuja a esas hembras tetonas, siempre propensas a abrirse de gambas...y además tiene esa línea precisa, clarita, ideal para que venga un buen colorista y le agregue otra dimensión al dibujo. En general, en esta época, la línea de Domingues estaba muy pegada a la de Carlos Meglia, pero acá hace cosas que Meglia no habría hecho nunca, como dibujar a uno de los caballeros (Sir Normandus) con rasgos mucho más cercanos a los de un Uderzo o un Morris. Como es un laburo hecho para Italia, rara vez hay páginas de más de seis viñetas y Domingues aprovecha ese dato para lucirse en el dibujo (con los detallitos llenos de tramas y texturas) sin descuidar la narrativa.
Más allá de que el dibujo zafe decorosamente, no hay forma de poner a este álbum en la pila de los recomendados. Si sos MUY fan de Trillo y querés tener TODAS sus historietas, y bueno... fijate si lo conseguís y bancátelo en francés. Si no, te aconsejo empezar por otros álbumes de la dupla, todos ellos ya reseñados en el blog: Boggart y Hyter de Flok, sin ser la gloria, son mejores que esto, y Angustias es MIL veces mejor. El año que viene habrá más Carlos Trillo acá en el blog.

domingo, 16 de septiembre de 2012

16/ 09: LE MONDE DES NOMBREUX NOMS Vol.2

¿Lo qué?!? Esto vendría a llamarse “El mundo de muchos nombres”. Pero no te la compliques al pedo. Esto es la continuación de Hyter de Flok, una historieta de Carlos Trillo y Horacio Domingues que salió en Puertitas allá por 1991. Este libro se editó en Francia en 2001, pero realmente no sé si los autores tardaron 10 años en producir la secuela o si se hizo en los ´90 para Italia y mucho después se tradujeron ambos tomos al francés. Me inclino por lo segundo.
Por supuesto, a la hora de leer este tomo (titulado Aileen), no me acordaba un carajo del argumento de Hyter de Flok. Pero la lectura de la secuela me refrescó -más o menos- este concepto: Hyter es un muchachito de la época de los caballeros del Rey Arturo que, mediante unos cristales mágicos, logra ver el Siglo XX. Más precisamente los últimos años, y más precisamente a una chica, la sensual rock star llamada Aileen (una especie de Madonna de 18-19 años) de la que se enamora perdidamente. Me imagino que en la primera parte el personaje habrá superado varios obstáculos de distinta envergadura, pero el conflicto central es ese: Hyter quiere conocer personalmente a Aileen y declararle su amor.
El segundo tomo, por lo menos, se trata sólo de eso, no hay otras puntas argumentales fuertes. Al principio, parece cobrar importancia el subplot del fatídico romance entre el mago Merlín y la pérfida Vivianne. Para la página 16, sin embargo, ni Vivianne ni ningún otro personaje de la época del Rey Arturo tendrá la menor injerencia en la trama. La acción se transporta a una gran ciudad de los ´90, donde Hyter rápidamente se separa de Merlín y va en busca de su amada. Por supuesto, Trillo no se pierde la ocasión para bajar línea acerca de cómo representantes, padres y avechuchos varios explotan a las estrellas pop adolescentes. De hecho, el entorno de la propia Aileen será lo más parecido a un villano que tendremos en las 22 páginas finales.
Y si bien en esta bajada de línea hay bastante mala leche, esta es una obra del Trillo bueno, del Trillo correcto, que buscaba transmitir mensajes positivos y edificadores. No es apta para todo público porque hay un par de garches, pero básicamente es la historia de un chico que se hace héroe por amor a una chica. Nada que ver con otras crueldades, perversiones y atrocidades que firmaría el maestro en los años posteriores.
Me queda pendiente lo más importante: ¿está buena la historia? Sí, no está mal. Es un poquito blanda, para mi gusto. Tiene muy buen ritmo, está bien trabajado el contraste entre las dos épocas que visita, Merlín tiene unos diálogos magníficos que parecen citas de Jorge Luis Borges (y no me extrañaría que lo fueran)... no hay mayores obstáculos para disfrutarla de principio a fin. Por ahí lo que menos me convenció es cómo desactivan tan de golpe a todos los personajes del Siglo XII y a los conflictos (presentes y potenciales) entre ellos, después de haberlos desarrollado mucho y bien a lo largo de muchas páginas. Igual me entretuvo muy dignamente.
El dibujo de Domingues está muy bien, muy sólido. La primera saga, la que leí en Puertitas, obviamente la leí en blanco y negro. Acá el color levanta mucho toda la faz gráfica y le agrega onda al dibujo de Domingues. Acá está todo dibujado en un sólo estilo: no esperes secuencias en las que Domingues pele esas páginas alucinantes que vimos en Boggart o en La Marque du Peché. Y aún así, sin estallar, sin despegarse mucho de Carlos Meglia, el trazo de Domingues se la re-banca. La narrativa es impecable, cristalina y versátil y los personajes expresan (con la gestualidad facial y corporal) todo lo que el guión les pide, e incluso un poco más.
Si sos de esos cinco o seis que recuerdan haber leído Hyter de Flok en Puertitas, te va a gustar saber que hay una continuación inédita en nuestro idioma. Si sos fan de Trillo, ahí tenés una obra más que merece ser rescatada del olvido. Y si te copás con la fantasía medieval pero le pedís que suba la apuesta y ofrezca una variante más novedosa, menos predecible, esta saga te puede llegar a cebar muchísimo, porque tiene magia, épica y romance mezclados de un modo que seguro te va a sorprender.

viernes, 22 de abril de 2011

22/ 04: LA MARQUE DU PECHE Vol.2


Ay, qué mala leche! Justo se viene a fundir la editorial que publicaba esta saga cuando faltaba un tomo para el final. Carlos Trillo pensó La Marque du Peché como una serie de tres álbumes y sólo llegaron a publicarse dos. Lo cual es una triple cagada: primero y principal, porque la historia quedó trunca; segundo porque estábamos frente al mejor trabajo de la larga trayectoria de Horacio Domingues, el dibujante que acompañó a Trillo en esta epopeya; y tercero, porque el segundo tomo me gustó mucho más que el primero, lo cual me permite suponer que un tercero podría ser aún mejor.
Y dicho esto, vamos a relativizar uno de los tres puntos, el de “la historia quedó trunca”. Sí, hay un tercer guión que quedará inédito. Pero el final del segundo tomo es eso: un final. Un final triste, desgarrador, sombrío. Pero un final al fin. No termina con la heroína colgada de un peñasco mientras de abajo la tirotean 50 monos, ni con un cartelito que dice “continuará”. O sea que, si asumimos que los buenos también pierden, o que no todas las historias de amor terminan con el chico y la chica abrazados, La Marque du Peché se puede llegar a digerir como una serie de dos tomos en la que quedan un par de cabos sueltos. Por otro lado, el guión de este segundo tomo es tan intenso, que acá sucede lo que normalmente sucede en dos tomos de cualquier serie pensada para el mercado francés. No sé si Trillo lo pensó así de movida, o si originalmente eran cuatro tomos y le dijeron “acomodá todo en tres”, pero lo cierto es que en estas 48 páginas pasan muchísimas cosas y todas las puntas esbozadas en la primera parte avanzan a full.
Como esto no terminó de editarse en Francia, las chances de que se edite en otro país (por ejemplo, este) son tan pequeñas como las de Lilita Carrió en las elecciones. Lo cual es decididamente choto, porque estamos ante una historieta que transcurre en Buenos Aires, en la época de Rosas. Este es el marco elegido por Trillo para la tormentosa historia de amor entre Angustias, la rica hacendada porteña, y Thomas, el dibujante y caricaturista francés, que llega al Río de la Plata huyendo de la intolerancia dictatorial de Luis Napoleón III y se encuentra con una intolerancia dictatorial un poquito menos civilizada que la de Francia. En el medio tenemos a los indios, a un relojero loco que fabrica réplicas mecánicas de los seres humanos y a un clásico de Trillo: el hermano de la heroína (en este caso Don Leandro Terrero) en el rol del villano más desalmado, lujurioso y perverso que te puedas imaginar.
De a poco, la corrupción, la violencia y la muerte van tiñendo a la historia de rojo sangre y el amor no se va al descenso, pero queda en zona de promoción. Probablemente en el tomo inédito se produjera el reencuentro entre Thomas y Angustias, pero en esta segunda parte, ganan por escándalo la tragedia, las humillaciones, las violaciones y los asesinatos, entre ellos el del villano más heavy. Las desgracias que se abaten sobre la pobre Angustias (y su amiga Ayelén) te parten el alma y en un punto querés que los indios se la morfen al spiedo, para que no sufra más.
Lo que sólo causa infinito placer es el dibujo de Horacio Domingues, que trabaja todo con unas texturas sutiles y de gran belleza. Todo el tiempo se ve el lápiz del maestro, sin entintar, realzado por un color impresionante y totalmente funcional a los climas que propone el guión. Domingues la rompe en las expresiones faciales y el lenguaje corporal de los personajes, sorprende en la recreación de la Buenos Aires de aquella época y le suma dramatismo y desesperación a la trama con esas tormentas que no dejan de azotar los cielos y que tienen casi tanto protagonismo como algunos personajes. Por suerte, acá tiene la posibilidad de dibujar menos cuadros por página que en Boggart (rara vez pasa de los 7) y Domingues aprovecha para lucirse, para que se vea y se disfrute a full esta evolución en su estilo, ya no tan cercano al de Carlos Meglia, con algunas cositas de Bobillo y de Mandrafina, pero con una gran impronta personal.
Autores argentinos, ambientación argentina, problemática argentina y una crisis europea que se encargó de que nunca podamos leer el final que Trillo y Domingues imaginaron para La Marque du Peché. Un bajón. Y más cuando los dos tomos que existen están buenísimos.

lunes, 12 de julio de 2010

12/ 07: BOGGART


Raro lo que me pasó con este comic: hace cuatro o cinco años lo leí en francés y me gustó bastante. Ahora, como se editó en Argentina, lo volví a leer en castellano y me gustó bastante menos. Ojo, no es un problema de la edición local (a cargo de Historieteca), que es realmente grossa, sin nada que envidiarle a la francesa. Es más bien un gusto a poco que me dejó el guión.
Acá tenemos de nuevo al Carlos Trillo versión Siglo XXI, ese que se regodea en las miserias, las atrocidades y las perversiones, que nos cuenta con la peor de las malas leches historias de gente de mierda, más allá de la redención y de las moralejas edificantes o las bajadas de línea políticamente correctas. El truquito inédito que ofrece Boggart es que Trillo nos propone un cruce entre géneros: por un lado las hadas, duendes, orcos, musas y demás criaturas legendarias de los bosques, de esas que pueblan las fábulas y las novelas de fantasía con ambientación medieval. Por otro lado, la estructura del relato respeta casi a rajatabla las convenciones del policial negro: un asesinato, un detective bastante perdedor, líos de polleras que complican la investigación, aprietes mafiosos cuando los poderosos detrás de los crímenes ven tambalear su impunidad, y un clima enrarecido de sordidez, corrupción y decadencia moral. No es fácil plantear un hard boiled con haditas y duendecitos, que en vez de en Chicago transcurra en un reino mágico. Pero la verdad es que Trillo lo logra y demuestra que cuando a uno le sobra oficio, este tipo de desafíos bizarros se superan sin mayor dificultad.
El resultado es una historia que, cuando la leo por segunda vez, no me termina de cerrar. Boggart resuelve el misterio simplemente apostándose frente a la casa de la principal sospechosa y vigilando a ver quién entra y quién sale de su casa. Es un poco simplista, no? En el medio, la trama se hace llevadera gracias a los buenos diálogos entre Boggart y Boon, y gracias a alguna peripecia menor, en la que el investigador interactúa con otras criaturas fantásticas. Pero el final es sumamente anticlimático (salvo por el giro del final, en la última página) y subraya aún más esa falta absoluta de códigos, de ética, casi hasta de justicia que veníamos viendo a lo largo de la historia. Cuando una mina que está buena se abre de gambas, se olvidan los crímenes, las traiciones, las mentiras y hasta “el bueno” se caga en todo y se dedica a darle a la matraca. O sea que el guión acierta en el planteo (en mostrarnos cómo sacude el status quo del reino mágico la aparición de un misterioso asesino serial) pero no llega a buen puerto a la hora de resolver ese planteo tan atractivo.
Parte de lo que hace que esto sea interesante (más allá de mis pegas para con el final) es el dibujo de Horacio Domingues, que acá realiza un gran trabajo, con personajes y fondos muy trabajados y muchas páginas de 10 cuadros de las que sale intacto. A nivel visual, los mejores pasajes llegan cuando los personajes narran flashbacks. Acá Domingues modifica sutilmente su estilo: cambia el color plano por unas texturas sutiles y de gran belleza plástica y suaviza la línea negra de los contornos. Estas imágenes son grossas de verdad y los franceses, que no comen vidrio, lo convencieron para que en su siguiente novela gráfica con Trillo (el primer tomo de Angustias) trabajara de punta a punta del álbum en este estilo, un poquito menos pegado a Carlos Meglia y un poquito más cerca de Juan Bobillo. Ni hace falta decir que lo que hace Domingues en ese libro es majestuoso, a años luz de trabajos suyos hechos sin onda ni inspiración, como Fantastic Four: True Story.
Pero volviendo a Boggart, el muy buen dibujo de Domingues y la muy buena consigna de Trillo (re-interpretar el mundo idílico y pastoril de las criaturas fantásticas en clave de sexo, droga y corrupción dignas de Sin City) alcanzan para que la lectura sea novedosa y entretenida, pero no para elevar a esta obra al panteón de las grandes novelas gráficas realizadas para Europa por los autores argentinos y cuya edición nacional resultaba poco menos que indispensable. Igual está bueno que se haya editado y que esté al alcance de todos los lectores argentinos, para que cada uno la lea y saque sus propias conclusiones.