Ah, bueno… Los que me decían que el Vol.6 era mejor que el 5, que era el mejor de la serie, y qué sé yo… no me exageraron un milímetro. Esto, muchachos, es Historieta Perfecta. Por todo. Por el guión, por el dibujo, por el recurso 100% comiquero de “impostar” el grafismo de Sean Phillips para que se parezca al de los comics de Archie (se termina por parecer mucho más a Jaime Hernández que a Stan Goldberg y Dan DeCarlo, pero bue…), por la sutil conexión con la saga de los Hyde y los Lawless, por el subtexto crítico que se anima a poner en crisis un montón de valores sacrosantos para el sector más tradicional de la sociedad yanki… La verdad que es una historia increíble, un hito en las carreras de Ed Brubaker y Sean Phillips y en la historieta policial, en general, a nivel mundial.
Realmente, ni tiene sentido escribir una reseña acerca de esto. Me quedo con la emoción, con el impacto, con todo lo que me hicieron sentir página a página y viñeta a viñeta estos dos GENIOS, porque ya no hay otra palabra para denominarlos. Se me ocurre que para el que nunca leyó comics de Archie esto quizás no sea tan perfecto ni tan sorprendente. Pero si conocés mínimamente la mitología de Riverdale, The Last of the Innocent te va a conmover profundamente, vas a decir “hijo de mil putas, ¿cómo a nadie se le había ocurrido antes hacer una cosa así?”.
De la mano de Brubaker y Phillips, la mala leche, la corrupción, la sordidez y la oscuridad llegan a donde uno nunca sospechó que podían llegar. Ya no queda nada por pervertir, nada por deconstruir. El último tomo de Criminal dejó a esta serie muy, muy arriba, con un tomo escrito y dibujado como nunca, pero sobre todo apoyado por un concepto que de tan brillante mete miedo. Ya está, ya fue. Cierren todo y vámonos.
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viernes, 3 de julio de 2015
viernes, 12 de junio de 2015
12/ 06: CRIMINAL Vol.5
Bueno, se me viene un invierno complicadito. Todavía no sé bien cuándo, pero voy camino al quirófano, a que me operen de una hernia de disco que me viene torturando hace más de un año. Cuando sepa qué días no voy a poder postear por estar hospitalizado, aviso por acá. Lo bueno es que es un post-operatorio largo y eso significa muchos días en mi casa en los que lo mejor que voy a poder hacer va a ser quedarme en la cama leyendo comics. En una de esas, logro bajar el eterno y elefantiásico pilón de los comics que tengo pendiente de lectura. Y si leo cada día sólo UN libro de los que tengo sin leer, hasta me va a sobrar tiempo para releer comics alucinantes que leí hace años (o décadas) y a los que siento que les debo una segunda visita.
Hoy, por suerte, entre consultas médicas y el laburo de todos los días, me bajé un libro hermoso, el quinto recopilatorio de esta magnífica serie de Ed Brubaker y Sean Phillips. Sí, me falta el Vol.4. Lo tengo pedido, pero el envío viene muy demorado. Pero bueno, por suerte este tomo continúa en forma más o menos directa la trama del Vol.3 (reseñado el 08/10/14), y el que me falta narra una historia medio tangencial, con lo cual no es tan importante respetar el orden en que se publicaron los distintos arcos argumentales en su momento.
Pasaron unos… 35 ó 40 años del final del Vol.3 y ahora Sebastian Hyde es un tipo grande, de 60 ó 65 años, que heredó el imperio criminal de su padre y se empieza a interesar por una serie de crímenes en los que las víctimas son mafiosos, proxenetas, capos de la timba clandestina, el narcotráfico y las redes de trata de personas. ¿A quién pone Hyde a investigar la muerte de estas alimañas? Nada menos que a Tracy Lawless, el protagonista del Vol.2 (lo reseñamos allá por el 10/09/10), que como vimos en aquel entonces, es un tipo “con problemitas”, con un pasado como militar y con un código ético bastante especial. Lawless va a ir a meter las narices en un asunto recontra-sórdido (no quiero dar ni la menor pista de quién o quiénes están detrás de los asesinatos, pero el título del TPB tira un indicio) y le van a dar para que tenga y guarde. Además, el propio influjo de Sebastian Hyde, la propia aura de corrupción que emana de este sorete lo va a envolver en un kilombo casi más heavy que el de las muertes, que tiene que ver con polleras.
The Sinners es una historia tremenda, no sé si tan perfecta como The Dead and the Dying, porque no ensaya esas piruetas majestuosas que Brubaker pelaba en materia de estructura narrativa en aquel arco. Pero sí tranquilamente al nivel superlativo de Lawless, la saga del Vol.2. Diálogos afiladísimos, personajes tridimensionales, dilemas morales bien espesos, traiciones, secretos, momentos MUY impactantes y esa sensación tan noir de derrota, de desazón, de que hagas lo que hagas igual te vas a la B, visten de gala a este estupendo “policial” en el que todos tienen chapa menos la policía.
Y si hablamos de vestirse de gala, hay que volver a hablar maravillas del trabajo de Sean Phillips al frente de la faz gráfica. Esta es una saguita con poca acción y mucho diálogo, muchas páginas repletas de viñetas en las que sólo vemos cabezas de gente que habla. Phillips pilotea con jerarquía esas escenas y no desaprovecha la posibilidad de lucirse cuando el guión finalmente decanta (de modo para nada forzado) hacia las piñas, los corchazos y los garches. La colorista Val Staples se acopla bien al trazo adusto, pesado del británico y aporta lo suyo a la construcción de este clima de podredumbre urbana que tanto enfatizan Brubaker desde el guión y Phillips desde el dibujo. Y no quiero chamuyar de más, porque la verdad es que acá no vas a ver prácticamente nada que Phillips no haya mostrado ya en otros trabajos. Quizás lo más llamativo sea la técnica de color que despliega cuando ilustra las portadas. El resto, es lo que ya estamos acostumbrados a esperar (y disfrutar) cada vez que nos cruzamos con este notable referente del claroscuro.
Sigo esperando el Vol.4 (como para completar la colección) y tengo ahí, en el aguante, el Vol.6, que prometo leer durante el invierno. Si todavía no te dejaste corromper por Criminal, no lo dudes más y entrale a la nueva edición, la que recopila todo en sólo tres TPBs más voluminosos. Esto es grosso de verdad.
Hoy, por suerte, entre consultas médicas y el laburo de todos los días, me bajé un libro hermoso, el quinto recopilatorio de esta magnífica serie de Ed Brubaker y Sean Phillips. Sí, me falta el Vol.4. Lo tengo pedido, pero el envío viene muy demorado. Pero bueno, por suerte este tomo continúa en forma más o menos directa la trama del Vol.3 (reseñado el 08/10/14), y el que me falta narra una historia medio tangencial, con lo cual no es tan importante respetar el orden en que se publicaron los distintos arcos argumentales en su momento.
Pasaron unos… 35 ó 40 años del final del Vol.3 y ahora Sebastian Hyde es un tipo grande, de 60 ó 65 años, que heredó el imperio criminal de su padre y se empieza a interesar por una serie de crímenes en los que las víctimas son mafiosos, proxenetas, capos de la timba clandestina, el narcotráfico y las redes de trata de personas. ¿A quién pone Hyde a investigar la muerte de estas alimañas? Nada menos que a Tracy Lawless, el protagonista del Vol.2 (lo reseñamos allá por el 10/09/10), que como vimos en aquel entonces, es un tipo “con problemitas”, con un pasado como militar y con un código ético bastante especial. Lawless va a ir a meter las narices en un asunto recontra-sórdido (no quiero dar ni la menor pista de quién o quiénes están detrás de los asesinatos, pero el título del TPB tira un indicio) y le van a dar para que tenga y guarde. Además, el propio influjo de Sebastian Hyde, la propia aura de corrupción que emana de este sorete lo va a envolver en un kilombo casi más heavy que el de las muertes, que tiene que ver con polleras.
The Sinners es una historia tremenda, no sé si tan perfecta como The Dead and the Dying, porque no ensaya esas piruetas majestuosas que Brubaker pelaba en materia de estructura narrativa en aquel arco. Pero sí tranquilamente al nivel superlativo de Lawless, la saga del Vol.2. Diálogos afiladísimos, personajes tridimensionales, dilemas morales bien espesos, traiciones, secretos, momentos MUY impactantes y esa sensación tan noir de derrota, de desazón, de que hagas lo que hagas igual te vas a la B, visten de gala a este estupendo “policial” en el que todos tienen chapa menos la policía.
Y si hablamos de vestirse de gala, hay que volver a hablar maravillas del trabajo de Sean Phillips al frente de la faz gráfica. Esta es una saguita con poca acción y mucho diálogo, muchas páginas repletas de viñetas en las que sólo vemos cabezas de gente que habla. Phillips pilotea con jerarquía esas escenas y no desaprovecha la posibilidad de lucirse cuando el guión finalmente decanta (de modo para nada forzado) hacia las piñas, los corchazos y los garches. La colorista Val Staples se acopla bien al trazo adusto, pesado del británico y aporta lo suyo a la construcción de este clima de podredumbre urbana que tanto enfatizan Brubaker desde el guión y Phillips desde el dibujo. Y no quiero chamuyar de más, porque la verdad es que acá no vas a ver prácticamente nada que Phillips no haya mostrado ya en otros trabajos. Quizás lo más llamativo sea la técnica de color que despliega cuando ilustra las portadas. El resto, es lo que ya estamos acostumbrados a esperar (y disfrutar) cada vez que nos cruzamos con este notable referente del claroscuro.
Sigo esperando el Vol.4 (como para completar la colección) y tengo ahí, en el aguante, el Vol.6, que prometo leer durante el invierno. Si todavía no te dejaste corromper por Criminal, no lo dudes más y entrale a la nueva edición, la que recopila todo en sólo tres TPBs más voluminosos. Esto es grosso de verdad.
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miércoles, 8 de octubre de 2014
08/ 10: CRIMINAL Vol.3
Ah, bueno. Esto es realmente una joya, una de esas obras que te hacen dar gracias a los dioses de todos los panteones por haber salido fan del comic y no filatelista, numismático o miembro de Los Borrachos del Tablón. Me acuerdo que cuando reseñé el Vol.2 de esta serie (un lejano 10/09/10) comentaba que me había gustado mucho más que el Vol.1. Bueno, este tomo me gustó mucho más que el Vol.2. En este arco compuesto por tres historias de 30 páginas Ed Brubaker pela una magia asombrosa, sin nada que envidiarle a las grandes obras de Alan Moore, o de quien vos quieras. Esto es Primer Nivel, de la primera viñeta hasta la última, mejor que Incognito, mejor que Fatale, mejor que Gotham Noir, mejor que aquel hermoso unitario de Hawkman… No se me ocurren trabajos ni siquiera de Brubaker y Sean Phillips que le hagan el aguante a The Dead and the Dying, que es como se titula este arco argumental.
Brubaker arma tres historias autoconclusivas de 30 páginas, totalmente interconectadas entre sí. Si leés una sola, te vas a emocionar, las vas a pasar bomba. Si leés las tres, vas a coincidir conmigo en que acá estamos frente a una genialidad. La primera historia se centra en Jake Brown, el boxeador del corazón roto y el destino trágico, que lucha no sólo por deporte, sino para escaparle a la sombra de su padre, un gangster sumamente pesutti, mano derecha de Hyde, el capo mafia más heavy de la ciudad. De pronto, alguien le chorea 50 lucas verdes a Hyde y su hijo Sebastian (amigo desde la infancia de Jake) se encargará de que los que le tocaron el culo la paguen caro.
La segunda historia se centra en un personaje apenas esbozado en el Vol.2, Teegar Lawless, un ex-combatiente de Vietnam que se las ve feas a la hora de reinsertarse en la sociedad tras su regreso a EEUU. Además de laburar muchísimo a Teegar, Brubaker nos revelará cómo y gracias a quién Sebastian Hyde recupera el honor y la guita que le afanaron en la historia anterior. Esta es la historia más shockeante, salpicada de drogas, sexo salvaje, masacres sangrientas y flashbacks traumáticos a la guerra de Vietnam.
La tercera historia tiene más sexo, más drogas y más tragedias, urdidas en torno a Danica Briggs, la chica que le rompió el corazón a Jake Brown y que… tuvo algo que ver con la desaparición de las 50 lucas de los Hyde. Si leés las historias en orden, ya sabés qué le espera a Danica, pero estas 30 páginas son fundamentales para terminar de redondear al personaje, para explicar cómo y por qué elige lo que elige y actúa como actúa en las dos historias anteriores. Dramatismo, profundidad, diálogos y bloques de texto brillantes. Acá está todo.
Y fijate que cuando leés las tres historias, te cae la ficha de que el verdadero protagonista de The Dead and the Dying no es ni Jake, ni Teeg, ni Danni. El eje, el personaje que hace que las tres historias avancen hacia donde avanzan, es Sebastian Hyde. Y Brubaker lo trabaja tan bien y le dedica escenas tan definitivas en las tres historias que no necesita dedicarle otras 30 páginas para que se luzca. Se luce así, en esos roles engañosamente secundarios que cumple en las historias de Jake, Teeg y Danni. Otra demostración de talento de un guionista inspiradísmo.
Como en tantas obras de Brubaker, acá la faz gráfica está en manos del maestro Sean Phillips, el socio ideal del guionista, el que lo entiende a la perfección, el que se acopla con él para transmitir la sensación de que la historieta tiene un único autor. Capo absoluto a la hora de los climas sórdidos, amo y señor de esa atmósfera decadente con la que logra que las ciudades de EEUU nos asfixien, Phillips dibuja la historia de Jake de modo absolutamente clásico, tradicional. En la de Teegar introduce un recurso narrativo arriesgado: las viñetas en negro intercaladas en momentos clave. Y en la de Danica incorpora unas acuarelas fastuosas para ilustrar los sueños de la protagonista; y se zarpa en una sóla puesta en página, esa en la que divide la plancha en tres viñetas horizontales y luego las atraviesa con un dibujo enorme de Danica, “pisado” por los bloques de texto. Las carátulas de los episodios están pintadas al estilo de las novelas pulp de los años ´40, con una textura que remite a la del lienzo. Y el color de Val Staples acompaña a la perfección el claroscuro potente e infalible de Phillips.
Y sí, son 90 páginas de historieta, nomás. Quizás te parezca poco. Pero hay que subrayar que el sello Icon (de Marvel) las editó a sólo u$ 11.99 y en un papel de recontra lujo, mucho más grueso que el del típico TPB americano. En la edición que sea y al precio que sea, no te pierdas esta joya del Noveno Arte. Papa finísima, de verdad.
Brubaker arma tres historias autoconclusivas de 30 páginas, totalmente interconectadas entre sí. Si leés una sola, te vas a emocionar, las vas a pasar bomba. Si leés las tres, vas a coincidir conmigo en que acá estamos frente a una genialidad. La primera historia se centra en Jake Brown, el boxeador del corazón roto y el destino trágico, que lucha no sólo por deporte, sino para escaparle a la sombra de su padre, un gangster sumamente pesutti, mano derecha de Hyde, el capo mafia más heavy de la ciudad. De pronto, alguien le chorea 50 lucas verdes a Hyde y su hijo Sebastian (amigo desde la infancia de Jake) se encargará de que los que le tocaron el culo la paguen caro.
La segunda historia se centra en un personaje apenas esbozado en el Vol.2, Teegar Lawless, un ex-combatiente de Vietnam que se las ve feas a la hora de reinsertarse en la sociedad tras su regreso a EEUU. Además de laburar muchísimo a Teegar, Brubaker nos revelará cómo y gracias a quién Sebastian Hyde recupera el honor y la guita que le afanaron en la historia anterior. Esta es la historia más shockeante, salpicada de drogas, sexo salvaje, masacres sangrientas y flashbacks traumáticos a la guerra de Vietnam.
La tercera historia tiene más sexo, más drogas y más tragedias, urdidas en torno a Danica Briggs, la chica que le rompió el corazón a Jake Brown y que… tuvo algo que ver con la desaparición de las 50 lucas de los Hyde. Si leés las historias en orden, ya sabés qué le espera a Danica, pero estas 30 páginas son fundamentales para terminar de redondear al personaje, para explicar cómo y por qué elige lo que elige y actúa como actúa en las dos historias anteriores. Dramatismo, profundidad, diálogos y bloques de texto brillantes. Acá está todo.
Y fijate que cuando leés las tres historias, te cae la ficha de que el verdadero protagonista de The Dead and the Dying no es ni Jake, ni Teeg, ni Danni. El eje, el personaje que hace que las tres historias avancen hacia donde avanzan, es Sebastian Hyde. Y Brubaker lo trabaja tan bien y le dedica escenas tan definitivas en las tres historias que no necesita dedicarle otras 30 páginas para que se luzca. Se luce así, en esos roles engañosamente secundarios que cumple en las historias de Jake, Teeg y Danni. Otra demostración de talento de un guionista inspiradísmo.
Como en tantas obras de Brubaker, acá la faz gráfica está en manos del maestro Sean Phillips, el socio ideal del guionista, el que lo entiende a la perfección, el que se acopla con él para transmitir la sensación de que la historieta tiene un único autor. Capo absoluto a la hora de los climas sórdidos, amo y señor de esa atmósfera decadente con la que logra que las ciudades de EEUU nos asfixien, Phillips dibuja la historia de Jake de modo absolutamente clásico, tradicional. En la de Teegar introduce un recurso narrativo arriesgado: las viñetas en negro intercaladas en momentos clave. Y en la de Danica incorpora unas acuarelas fastuosas para ilustrar los sueños de la protagonista; y se zarpa en una sóla puesta en página, esa en la que divide la plancha en tres viñetas horizontales y luego las atraviesa con un dibujo enorme de Danica, “pisado” por los bloques de texto. Las carátulas de los episodios están pintadas al estilo de las novelas pulp de los años ´40, con una textura que remite a la del lienzo. Y el color de Val Staples acompaña a la perfección el claroscuro potente e infalible de Phillips.
Y sí, son 90 páginas de historieta, nomás. Quizás te parezca poco. Pero hay que subrayar que el sello Icon (de Marvel) las editó a sólo u$ 11.99 y en un papel de recontra lujo, mucho más grueso que el del típico TPB americano. En la edición que sea y al precio que sea, no te pierdas esta joya del Noveno Arte. Papa finísima, de verdad.
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viernes, 10 de septiembre de 2010
10/ 09: CRIMINAL Vol.2

Estaba convencido de que había reseñado el primer tomo de Criminal, pero no, me lo confundía con Incognito, que es de los mismos autores. Me acuerdo que ese primer tomo (Coward) me gustó muchísimo, pero este (llamado Lawless) es mucho mejor. Repito algo que ya dije cuando comenté Incognito: Hay que hacer un esfuerzo para percibir que esta obra tiene dos autores y no uno sólo, a cargo del guión Y el dibujo. A ese nivel llega el grado de ensamble entre Ed Brubaker y Sean Phillips, dos tipos que a esta altura ya constituyen una de las duplas fundamentales del comic actual.
El dibujo de Phillips llegó a una cima notable, no sólo por esos primeros planos que parecen entintados por Kevin Nowlan, sino por la solidez, el realismo, su capacidad para captar la cosa cruda, sin adornar ni barnizar nada. El tipo dibuja bien la violencia, las piñas y los tiros, pero también las charlas, las runflas y los garches. La onda de dividir todas las páginas en tres tiras de viñetas no lo deja apostar por la grandilocuencia y lo bien que hace: lo suyo es lo de la lleca, lo urbano, lo sórdido, las miserias de todos los días. Realmente, un laburo muy, muy notable, rico en texturas, en climas, en claroscuros, con una incorporación sutil, casi imperceptible y gráficamente acertada de algunas fotos... Muy grosso, de verdad.
Y el guión de Brubaker no se queda atrás, para nada. En un mundo de gangsters, en el que todos mienten, estafan, traicionan, roban y se cogen a quien no debieran, se mueve Rick, un chorrito del Nacional B. Pero un día lo matan y su hermano Tracy (criado por su padre para ser chorro, pero enrolado hace décadas en el Ejército) vuelve al hampa para descubrir quién asesinó a Rick. Claro, este tipo además tiene entrenamiento militar y experiencia en todas las guerras cruentas de los ´90, o sea que es un jodido de verdad. Y además le importan otras cosas: si va a boletear y a traicionar gente, no va a ser por una argolla, ni por un bolso lleno de billetes.
Con esta premisa, está garantizado el reguero de sangre y Brubaker no te lo escatima en ningún momento. Lawless es una historia tremenda, violenta, macabra, con un reparto parejito de trompadas, corchazos y torturas, con cero chances de un final feliz. Es un relato intenso, perfectamente hilvanado, absolutamente verosímil. Si en algunos episodios de Captain America el guionista se zarpa con el pochoclo, acá nada que ver. En este arco de Criminal nos encontramos con un Brubaker sofisticado, que echa mano a una amplísima gama de recursos narrativos para zafar de lo obvio. Es alucinante, por ejemplo, la forma y los momentos que elige para mechar los flashbacks y revelarnos los puntos oscuros de la trama (cómo y por qué Tracy deja las fuerzas armadas, quién y por qué mata a Rick, a quién y por qué asesina Tracy en la primera página) e incluso pintarnos con trazos emotivos y potentes la relación entre los hermanos y el viejo Lawless, cuando Rick y Tracy eran borreguitos. Pero los flashbacks son apenas uno de muchos puntos muy altos en la planificación del relato que propone Brubaker.
Lo cierto es que entre Phillips y Brubaker se armó una cátedra de historieta policial que atrapa y seduce sin caer en lugares comunes ni en facilismos. O en realidad una cátedra de policial, a secas. No sé si en el cine o en la literatura o en la tele hay historias policiales de esta calidad, sinceramente lo dudo. Y última: Si bien esta saga se puede leer perfectamente sin haber leído el tomo anterior, para los que sí lo leímos hay una breve aparición de Leo Patterson, el protagonista de Coward, sumamente bienvenida. Al final nunca sabremos si el crimen paga o no paga, pero con Brubaker y Phillips de por medio, seguro que no pifia un sólo disparo.
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