el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 26 de noviembre de 2011

26/ 11: LANGER FOR EXPORT Vol.2


Entre tsunamis, Obamas, gripes porcinas, wikileaks, franjas de Gaza y elecciones en varios países, los últimos... dos o tres años fueron generosos en materia de sacudones impactantes para los que observan la política y la sociedad desde una óptica más global. Uno de esos es Sergio Langer, quien reincide en la editorial peruana Contracultura con un segundo libro de chistes centrados en las noticias, en la actualidad candente de esta fosa séptica a la que algunos llaman “planeta Tierra”.
Este segundo tomo se diferencia del primero principalmente porque tiene muchos chistes basados en la realidad peruana, con menciones a la política, el espectáculo y hasta la gastronomía del país hermano, que seguramente si no sos peruano te costará entender. Otros chistes son más globales, se pueden entender en cualquier lugar de Latinoamérica, aunque no tengan localismos argentinos (sospecho que estos fueron reemplazados por localismos peruanos para esta edición). Los que no fueron reemplazados son los localismos españoles, en chistes y tiras que parecen realizados por Langer a pedido de algún medio de la Madre Patria.
Y por supuesto están los chistes que se entienden en cualquier país: los yankis hiper-obesos y su culto absurdo a los chumbos, los curas pedófilos, las atrocidades infinitas entre árabes y judíos, el daño sostenido al medio ambiente, la ambición desmedida de un capitalismo caníbal, la idiotez enlatada que venden los medios masivos, el boom fuera de control de Twitter y Facebook, el festival interminable de los políticos que mienten en campaña, el racismo, la pobreza... todos temas a los que Langer sigue de cerca hace años y en los que ya está descomunalmente afilado, siempre listo para entrar con los tapones de punta, a quebrar a la hipocresía, a la farsa, a la corrección política que sólo sirve para tapar abusos e injusticias.
Entre ese alud de chistes, se colaron dos historietas: una excelente, de la serie Clase Media (que sale en Barcelona) y una de dos páginas, Valium, con un dibujo impresionante, pero con un guión que apenas arrima a lo aceptable. El resto son chistes de una o dos viñetas, dibujados en estilos distintos. Acá vemos desde un Langer light, casi de línea clara, hasta un Langer visceral, poseído por un pincel salvaje, que potencia su expresionismo hacia el carajo y más allá. Incluso en estos chistes dibujados más al extremo, a la pincelada bestial, Langer gana en equilibrio al agregar las tramas mecánicas, otro rubro en el que el dibujante de La Nelly está cada día más canchero.
Y bueno, para seguirla, te tendría que contar los chistes y ya sabés que no da. Sólo me falta recomendar fervientemente este libro a todos los cultores del humor corrosivo, venenoso, de irreductible mala leche. Y envidiar sanamente a los amigos peruanos, que tienen la posibilidad de conseguir fácil y barato trabajos de Langer que acá, en su país, conocemos sólo los fans más hechos mierda.

sábado, 24 de julio de 2010

24/ 07: LANGER FOR EXPORT


Hace un par de meses, cuando hablábamos de La Nelly, yo decía que el Sergio Langer al que vemos todos los días en la tira es el Langer Light, muy lejos del otro Langer, el asesino serial que dibuja con los tapones de punta en Barcelona o en Fierro. Bueno, este libro (editado en Perú) reúne chistes, dibujos e historietas del Langer Hardcore, del jodido, del perturbador.
Alguna vez, un colega suyo (cuyo nombre me reservo) me dijo “Langer nunca va a llegar a ser Número Uno porque su dibujo no tiene ángel”. Yo creo que Langer está orgulloso de que su dibujo no tenga ángel. Todo lo que podría ser bonito, prolijo o atractivo, Langer se esfuerza por dibujarlo horrible, sucio y desolador. Langer juega a agredir al lector y el dibujo le resulta una herramienta fundamental para que se note su intención de ir siempre al choque. A veces con su línea chunga muy peladita, a veces con un entintado fuerte, espeso, y otras veces con un trazo que parecede carbonilla, el dibujante de La Nelly siempre se las ingenia para pasarse de expresionista y asestarnos dibujos que duelen, o por lo menos que incomodan.
En sus historietas de una página lo vemos meter muchísimos cuadros, y muchísima información en cada cuadro, al estilo Gustavo Sala. La narrativa ajustada y la composición claustrofóbica de la viñeta no nos impiden verlo como un dibujante completísimo, capaz de plasmar en el papel lo que se le dé la gana, con o sin diálogos. La historieta de 18 viñetas iguales que narra la trayectoria de un misil desde que lo lanza Bush hasta que impacta es una pequeña obra maestra que sobra para demostrar que, además de un genio del humor gráfico, Langer es un historietista de la San Puta.
En su repertorio de chistes, el autor no nos ahorra momentos de mierda, incómodos como tampón de virulana. Nos hace reir de la pobreza, de la invasión cultural, económica y religiosa que sufren los países del Tercer Mundo, de las guerras que esconden intereses empresariales y hasta de los curas que se garchan pendejitos. El tipo no se guarda nada. Quiere que te rías y que después te sientas mal por haberte reído de esas cosas, como un capítulo de South Park, pero en una sóla viñeta. Por suerte, todo esto se sostiene con una coherencia a prueba de balas, porque Langer pega sistemáticamente, siempre para el mismo lado: sus víctimas son los fachos, los oscurantistas, los explotadores, los fanáticos religiosos, o del consumo, o de la violencia, los discriminadores y los tilingos. Pero la gracia no pasa tanto por ver a quién le pega, sino cómo nos presenta la situación. No es fácil plantear conflictos tan agudos en una sóla viñeta, y menos lograr un efecto cómico a partir de un tema sensible. Y sin embargo, este zarpado lo logra en casi todos sus chistes.
El prólogo del libro (del peruano Oscar Malca) arranca con una gran verdad: “En un mundo perfecto, Langer no existiría”. Y está muy bien, porque un mundo perfecto, sin derrames de petróleo, sin dictaduras, ni desigualdad social, ni guerras absurdas, ni religiones opresivas, Sergio se quedaría sin material para sus chistes y tendría dedicarse a otra cosa, o cambiar de repertorio y hacer chistes de suegras, náufragos o gatitos, con lo cual tampoco seguiría siendo Langer. O sea que en un punto, las atrocidades que nos vomitan todos los días los noticieros tienen su lado positivo y es que nutren a esta bestia del humor. Le dan esa materia prima asquerosa y revulsiva que Langer procesa para convertir en estos chistes iconoclastas, políticamente incorrectos, filosos, punzantes, hirientes, de esos que sólo se le ocurren a un genio del mal. Aguante.