el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 30 de septiembre de 2025

LECTURAS DE FIN DE MES

Creo que ya lo dije cuando comenté el Mister Miracle de Tom King y Mitch Gerads, allá por el 26/05/20... Es MUY fácil impactar al lector con vueltas de tuerca impresionantes e impredecibles para los personajes clásicos cuando te dejan hacer lo que se te dé la gana. Y claramente King hace lo que se le da la gana, siempre con la limitación (ponele) de que estas sagas no son canónicas. Mañana puede venir otro guionista y desconocer totalmente las casi 360 páginas que escribió el ex-agente de la CIA en Strange Adventures. Entonces, King especula con eso: acá puede pasar cualquier cosa, total nadie está obligado a respetar esta iteración de los personajes que él decide utilizar. Y en Strange Adventures lleva eso al extremo. La deconstrucción del siempre impoluto Adam Strange acá es absoluta, incuestionable, imposible de volver para atrás (aunque como dije, no imposible de barrer abajo de la alfombra, fingir demencia y seguir contando historias del personaje en las que no nos hagamos cargo de nada de lo que sucede acá). ¿Dije " casi 360 páginas"? Sí. Y es mucho. Estamos frente a una saga MUY estirada, groseramente estirada, que está narrada en dos tiempos: el pasado (dibujado por Evan "Doc" Shaner) y el presente (dibujado por Mitch Gerads). Quizás soy minoría, pero a mí toda la parte del pasado me resultó bastante irrelevante, todo el tiempo sentí que se podía haber condensado en 20 páginas, como mucho. Y las secuencias del presente, me atraparon muchísimo más. Ahí también hay relleno, también hay una intención clara por parte de un King que busca dilatar los tiempos del relato, como un mecanismo (pongámosle que válido) para generar suspenso y tensión en el lector. Para eso, Strange Adventures se aferra lo más que puede a una grilla de tres viñetas horizontales por página, algo que tiene como único punto a favor lo mucho que se luce el trabajo de dos dibujantes sublimes. Shaner trabaja en una línea más tradicional, como si fuera una cruza exquisita entre Goran Sudzuka, Dan Mora y Frank Quitely, mientras que Gerads apuesta a una estética más experimental, tributaria de la foto muy retocada y de las pinceladas de locura (y genialidad) que metía Bill Sienkiewicz en sus comics de los años ´80. Cada uno despliega sus propias técnicas de color, más clásicas en las páginas de Shaner, más expresionistas en las de Gerads, y la verdad que ambos hacen una labor formidable. Tom King nos invita a pensar en un tema muy actual: qué pasa cuando una guerra se convierte en un genocidio, hasta dónde uno de los bandos se puede zarpar, y sobre todo quién y cómo cuenta la historia de lo que pasa en la guerra. En las guerras -nos dice King- se cometen atrocidades, hay roscas recontra espurias, pero también hay mil formas de encubrirlas, de disfrazarlas. Acá hay un héroe galáctico, un tipo que es una leyenda en varios planetas, y se supone que va a tratar de hacer las cosas bien. Bueno, no es el caso. Me parece que lo mejor que tiene esta saga es que King consigue algo que es difícil de hacer en el género de los superhéroes: que el lector desconfíe todo el tiempo de todos. Casi hasta el final estuve convencido de que Alanna era una soreta manipuladora, casi hasta el final dudás si Adam es un idiota nivel Omega o un garca nivel José Luis Espert (no quiero spoilear qué calificativo le calza mejor), y hasta hay varios momentos en los que te preguntás si Superman, Batman o Hal Jordan están tomando las decisiones correctas. Esto está muy bueno, funciona muy bien, y encuentra un límite, que es Mister Terrific. Por algún motivo, uno nunca duda de que lo que hace Terrific es lo correcto, que sus deducciones son acertadas y que su posición ética frente a los secretos que desentierra es la adecuada. En una saga donde el verdadero antagonista es la mentira, Terrific se pasa todo el arco en busca de la verdad, y eso le da una chapa infinita y lo pone en un nivel de protagonismo muy destacado. Una vez más, el principal problema de esta historia es su desmedida extensión. Todo esto narrado en menos páginas, pegaría más fuerte. ¿Se podría haber condensado en menos páginas sin que la trama pierda densidad ni dramatismo, sin restarle profundidad a los personajes? Me parece que sí. Y la clave estaba en reducir fuerte la cantidad de secuencias ambientadas en el pasado de Adam y Alanna y la guerra entre Rann y los Pykkts. Son lindas aventuras espaciales, con buenos diálogos, buenos guiños a la Silver Age, a Flash Gordon, a Star Wars, y están maravillosamente dibujadas. Pero, seamos sinceros, la gracia de Strange Adventures está en cómo King deconstruye el mito de Adam Strange, y eso lo vemos principalmente en las secuencias del presente. No te digo que cada vez que aparecían viñetas o páginas dibujadas por Shaner yo pensaba "uh, otra vez esta garrrrcha...", pero sobre todo en los últimos dos episodios, cuando la trama del presente se tensa tanto que se vuelve asfixiante, los flashbacks al pasado medio que ya están MUY de más. Si no te molesta el ritmo René Lavand (no se puede hacer más lento), ni que un guionista haga mierda a un personaje clásico de DC sin más consecuencias que el impacto que logra en estas páginas, sospecho que Strange Adventures te va a gustar. Es una historia fuerte, original, muy bien escrita, que no requiere ningún tipo de erudición en materia de Universo DC, que plantea temas picantes y en la que los dos dibujantes que acompañan a Tom King dejan la vida en cada viñeta. No es poco para un clon berreta de Flash Gordon y Buck Rogers.
Y me voy un toque a Brasil, año 2023, para comentar muy brevemente una antología llamada Eu te amo, Porra!, compuesta por ocho historias cortas firmadas por Shiko, un autor al que no conocía, y que me conquistó de inmediato con su dibujo. Después, al leer las historias, me encontré con que no es mucho lo que tiene para contar. De hecho, en algunas historietas se limita a ponerle imágenes a poemas escritos por otras personas. Ninguno de los guiones es memorable, aunque en casi todos hay alguna escena, algún diálogo bastante logrado, que nos habla de un autor muy observador, muy conectado con la realidad. Pero nada se acerca ni remotamente a la calidad de los dibujos. Shiko maneja un trazo fuerte, generoso en detalles, en un estilo muy realista y a la vez muy expresivo, algo que solemos ver en capos latinoamericanos como Fernando Baldó, Gabriel Ippóliti, Ítalo Ahumada o Edgar Clement. Cuando además Shiko incorpora las aguadas para sumar tonos de gris, sus páginas se vuelven hipnóticas, y cuando opta por el color, los resultados son excelentes. Esto hay que verlo para creerlo, y sobre todo para disfrutarlo, porque estamos ante un dibujante de un talento descomunal. Espero, algún día, ver a Shiko compartir un proyecto con un guionista que esté más o menos a la altura de este monstruo. Mientras tanto, vuelvo a mirar las páginas de Eu te amo, Porra!, como si estuviera en trance, tratando de no empaparlas con la baba que me cae... Nada más, por este mes. Como siempre, ni bien tenga más material leído, lo comentamos en este espacio. Gracias y hasta entonces.

miércoles, 7 de junio de 2023

MAGNÍFICO MIÉRCOLES

Ya no tengo idea de si hace frío o calor, estoy tan atrapado en el fragor del laburo, que apenas salgo cada tanto a comprar alguna boludez para comer. Pero por lo menos me gratifico a mí mismo cuando, en alguna pausa, me leo un comic que me copa. En tiempo record me bajé el TPB con los 12 números de la saga de Vision de Tom King y Gabriel Hernandez Walta. Esto lo había leído hace unos años en formato "adicto al paco", de a 20 páginas por mes, en esos sitios piratones donde amigos muy queridos a los que no les conozco la cara escanean todas las novedades de EEUU el día que salen. Me acuerdo que Vision me había gustado mucho y me lo había anotado en la lista de "Cosas que quiero tener y leer en físico". Y leída en físico, y sin los baches de un mes entre episodio y episodio me gustó más. Esta es de esas series pensadas para deconstruir a un personaje con mucha trayectoria a cuestas, descubrirle una nueva vertiente y, si se puede, revalidarle la chapa de grosso entre el fandom. Tom King hace todo eso con mi sintezoide favorito y lo hace con una mala leche magistral. No llega a los niveles de cursilería de Roy Thomas, pero hasta lo hace llorar (a Vision, no a Thomas). King leyó a fondo la historia del personaje, entiende sus vínculos con el resto del Universo Marvel y juega fuerte a enfatizar una obsesión de Vision: ser una persona normal. Y el mensaje me copó, porque para el final de la serie queda claro que hay gente que no encaja en la normalidad, o por lo menos en ESA normalidad de "casita en los suburbios, trabajo formal en relación de dependencia, esposa, dos hijos y un perro". A mí, que toda la vida me chuparon un huevo el matrimonio, los hijos, la casita y el trabajo en relación de dependencia, me conmovió. A Vision, pobre, el choque entre sus expectativas y la realidad, lo hicieron mierda. Es muy difícil plantear una historia en la que el motor central son las emociones y los protagonistas son máquinas. King lo logra y además logra que vos te emociones con lo que le pasa a estos freaks de plástico, metal y cables. El ritmo es lento, es cierto: acá pasa en 240 páginas lo que en los ´80 pasaba en tres libritos prestige de 48, o en una miniserie de cuatro revistas de 24. Pero está muy bien. La acción está muy bien dosificada, la violencia está desenfatizada (para que cuando explota pegue más fuerte) y lo más lindo: cada diálogo y cada bloque de texto están pensados para que vos sientas que Vision no es un superhéroe más, otro soldadito del ejercito de las capas y las máscaras. Difícil volver a pensar en Vision en los mismos términos en los que uno pensaba antes de pasar por esta serie. El trabajo de Hernandez Walta en el dibujo es realmente muy notable: se entiende por qué al toque lo fue a buscar Jeff Lemire para encarar otros proyectos en dupla con él. Walta es un dibujante que maneja mucho mejor los climas y la estética naturalista, del costumbrismo, del día a día, del drama/ comedia de entrecasa que la epopeya superheroica. De hecho, en las poquitas escenas en las que aparecen decenas de otros superhéroes, a algunos los dibuja así nomás, o definitivamente para el orto. Pero lo importante, el alma de esta serie, la capta a la perfección. Y los colores de Jordie Bellaire también lo ayudan muchísimo. El número que va a manos de un suplente (Michael Walsh) no se ve tan lindo, pero conserva la onda de "esto va para otro lado". Me da la sensación que incluso para un neófito que no consumió 60 años de comics de Avengers esto puede ser una lectura apasionante. No lo sé con certeza, porque yo soy de los enfermos que leyeron todo el material en el que se basó King para escribir a su Vision. Y si sos fan de Marvel, o de los Avengers, o del ex marido de Scarlet Witch, tirate de cabeza, que esto te va a recontra-emocionar.
Me voy a Uruguay, año 2022, para celebrar la reaparición de la revista Vagón, una publicación que fue muy importante para presentar a toda una camada de autores que surgieron en el país hermano a principios de los ´90. Expansión, este especial con el que Vagón festejó sus 31 años, reúne a todos los colaboradores originales, algunos de los cuales se fueron de la historieta a la plástica, la escultura, la arquitectura o el diseño. Pero acá regresan, aunque sea un toque. La consigna de este especial tiene que ver con la historieta experimental, poética o abstracta. No todo el material que se presenta está alineado a esa onda, pero por ahí va la cosa. Roberto Poy (director desde siempre de la Vagón) publica una extensa historieta experimental, Renzo Vayra (monstruo sacrosanto nacido en estas páginas) también agarra para ese lado y entre los invitados está el incombustible Max Cachimba, otro abanderado de la abstracción y de los relatos que no se sabe si desafían a la lógica o si directamente prescinden de ella. Como suele suceder cuando exploramos la historieta no-narrativa, o experimental, acá nos encontramos con hermosas imágenes que a menudo no cumplen ninguna función por fuera de la reacción estética que puedan generar en el lector. Si te llegan y te gustan está todo bien, y si no, son páginas tiradas a la basura, porque no hay una intención de atraparte con una historia, o algo similar. Es como mirar ilustraciones, pero en vez de una, muchas. La excepción a esto es un historietista GENIAL al que descubrí en este número de Vagón, Peter Van Laaer. Busco datos sobre el quía en la web, y no hay. Pero acá aparecen 14 páginas que llevan su firma y que me detonaron la cabeza. Esta bestia mete los negros como José Muñoz, pero narra con un vértigo, con una furia, que parece Jack Kirby en crack. Casi toda la historieta es muda, y encima termina en "continuará", pero visualmente es una joya. No sé de dónde sacar más data (o más historietas) de este nuevo ídolo. Acá sí hay relato, acción al palo, humor in your face y también experimentación, porque los personajes (y la historia en la que los vemos metidos) son rarísimos. Un placer ver de nuevo reunida a la generación uruguaya de principios de los ´90, copado que algunos de ellos sigan activos, más copado aún que se les hayan sumado pibes jóvenes y muy loco que desde un mercado tan chiquito como el uruguayo surja una propuesta tan distinta a todo, tan jugada a hacer lo que nadie hace, que es buscarle el lado más poético que narrativo al tema de combinar imágenes y palabras. Nada más, por hoy. Vuelvo a la Comiqueando Digital y nos reencontramos eventualmente con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 16 de mayo de 2022

VAMOS CON TRES MÁS

Acá estamos con nuevas reseñas, nada menos que tres libritos. En el año 2003, el diario italiano Repubblica armó su colección de Clásicos de la Historieta, no muy distinta en formato y concepto a la Biblioteca de Historieta que publicó Clarín. El Vol.11 es un tomo de 240 páginas íntegramente dedicado a Ken Parker, la magnífica creación del guionista Giancarlo Berardi y el dibujante Ivo Milazzo. Además de varios textos muy interesantes, el libro ofrece dos historias unitarias cortas que aparecieron en distintas antologías: la primera es una gema, 20 páginas de una belleza apabullante; y la segunda está buena pero es muy rara porque Milazzo cambia por completo su registro gráfico y parece dibujada por otro autor. Y después viene la paponga: dos novelas gráficas de 96 páginas cada una, demasiado buenas para ser reales. La primera, Diritto e rovescio, explora el tema de la homosexualidad en las décadas finales del Siglo XIX y es tremenda. El guion es brillante, aunque por ahí le sobran 15 ó 20 páginas. La segunda, Sciopero, es simplemente perfecta. Una historia desgarradora, de una crueldad atroz, que da testimonio de los abusos que sufrían los obreros a manos de los dueños de las fábricas también sobre el final del Siglo XIX, cuando Estados Unidos vivía una expansión tecnológica y económica sin precedentes, aunque la prosperidad que esta generaba iba a manos de muy pocos. Berardi no disimula en lo más mínimo su militancia de izquierda, y por momentos Sciopero es una versión ilustrada de El Capital, de Karl Marx. Pero en ningún momento la bajada de línea va en detrimento del asfixiante espesor dramático que propone la historia. Son 96 páginas a puro dolor, donde la aventura se tiñe de una desazón y una amargura pocas veces vistas. Ya derramé hectolitros de baba hablando del dibujo de Ivo Milazzo en la reseña del 01/09/16, pero no me canso de repetir lo hermoso que es el trabajo de este prócer italiano. Es como un amalgam glorioso de Oswal, Hugo Pratt, Gustavo Trigo, Alfonso Font, por momentos algunas sombras extremas al estilo Jordi Bernet... Nunca sabés qué nueva fatality te va a tirar Milazzo, pero todas son letales. Estamos ante un narrador impecable, asombroso, que trabaja con la puesta en página más clásica posible para después elegir con enorme criterio cuando suprime los fondos y cuando deja la vida en la recreación de estos ambientes, perfectamente retratados. Envidio mucho a la gente que sigue hace años a Ken Parker y tiene todas (o casi todas) las aventuras de esta especie de Corto Maltés de los Estados Unidos que empezó como un western y terminó como una cátedra de historieta adulta, comprometida y emotiva hasta el tuétano.
Y ya que menciono a EEUU, sigo con el one-shot publicado por DC Comics en 2018, titulado Swamp Thing Winter Special. Acá hay dos historietas: una es casi una bizarreada. Son las 20 páginas que iban a componer el nº1 de una serie de Swamp Thing escrita por Len Wein y dibujada por Joe Kelly, pero que quedó en nada por la inesperada muerte del guionista. Acá vemos la historia completa dibujada y coloreada, pero sin los textos, porque Wein no llegó a escribirlos. Esto es secuela de una miniserie anterior a cargo del mismo equipo, que tengo en la pila de las lecturas pendientes. Ya llegaremos. Pero lo grosso es lo de adelante, la historieta de 40 páginas con la que Tom King y Jason Fabok se llevaron un muy merecido premio Eisner. Seguramente se podría haber narrado lo mismo en 24 páginas, pero el dibujo de Fabok es tan grosso que mejor dame 140 páginas de esto. Fabok es un dibujante no tan original, pero capaz de tomar lo mejor de los dibujantes que lo influencian. Cuando tuvo que dibujar Justice League como continuador de Iván Reis, conservó intacta la magia del astro brazuca. Cuando tuvo que dibujar Three Jokers basado en la estética de Brian Bolland se la bancó con una altura y una solvencia impresionantes. Y acá, tiene algunas secuencias en las que nos tira guiños a los fans de John Totleben y Stephen Bissette y le salen perfecto. Visualmente, es un trabajo realmente exquisito, con un aporte acertadísimo del colorista Brad Anderson. El guion de King está todo basado en el giro totalmente inesperado y brillante que pega en la página 30. Es un recurso de alto impacto, que te detona la cabeza en una doble splash innecesaria, pero memorable. Y si hasta ahí la historia era emotiva, el final te conmueve, te estrangula el alma aunque seas un monolito de piedra sin el menor rastro de sensibilidad. La muerte de Len Wein hizo que este one-shot se vinculara mucho al tributo de DC a uno de sus próceres, pero la verdad que el trabajo de King y Fabok es una maravilla que merece ser atesorada por todos los fans, no solo de Swamp Thing, sino del buen comic en general.
Y cierro con una breve mención a Mini Mundo, recopilatorio de historietas muy cortitas, realizadas por Mariana Ruiz Johnson para alguna publicación infantil. Esto es material para chicos muy chiquitos, con conflictos también muy chiquitos, hábilmente vinculados a situaciones que los chicos de tres a seis años viven en su realidad cotidiana. Los relatos tienen poquísimo texto, para que los padres se los puedan leer a sus hijos sin perder dos horas de sus vidas, y los dibujos son muy lindos, de muy fácil comprensión. Ruiz Johnson viene más del palo de la ilustración, pero acá demuestra que entiende perfectamente cómo armar secuencias y llevar adelante la narración con los dibujos. Con personajes simpáticos y con tramas muy simples, las historietas de Mini Mundo tienen todo para acompañar a las nenas y nenes que están dando sus primeros pasos en la lectura. Y leídas por un adulto tienen algo de gracia, sobre todo porque el trazo de Ruiz Johnson es, además de muy agradable, muy original. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 26 de mayo de 2020

MISTER MIRACLE

En estos días me clavé un tremendo masacote de 320 páginas, con la maxiserie de Mister Miracle escrita por Tom King y dibujada por Mitch Gerads. Una obra que se cansó de ganar premios y que me recomendó todo el mundo, incluso gente que le escapa a DC como si fuera un sello editorial de Muñones. Todavía tengo sin leer unos cuantos TPBs de los que me traje en 2017 de mi último viaje a EEUU, pero bueno, tanto me hincharon las bolas con Mister Miracle que “hice trampa” y lo puse más arriba en el pilón de las lecturas pendientes.
Lo bueno: esto está MUY bien escrito. Muchos diálogos brillantes, muchas situaciones impactantes, muchas vueltas de tuerca ingeniosas para personajes que acumulaban 45 años de historias muchas veces intrascendentes, unos homenajes gloriosos a Jack Kirby, unos gastes brillantes a Stan Lee, un manejo del espesor dramático pensado para emocionar hasta a un termotanque desenchufado… Es un comic muy atrapante, que utiliza una mitología superheroica de calibre grueso, como es la del Fourth World, para hablar de temas muy humanos, en un tono casi existencialista. El protagonista reflexiona acerca de por qué es mejor estar vivo que morir, para qué sirven los dioses, para qué sirve el poder, qué carajo hacés con tu vida si para lo único que servís es para escaparte, cómo te marca para siempre una niñez en la que en vez de afecto y contención te dieron disciplina y restricciones… Tom King reparte las páginas muy parejo entre la machaca, estos espacios de introspección y una historia de amor, potente y conmovedora, que es la que une (a pesar de todo) a Scott Free y Big Barda.
El dibujo de Mitch Gerads es excelente, potenciado al infinito por la posibilidad de colorearse él mismo. Gerads cuando quiere es sumamente realista (casi un Juan Carlos Flicker) y cuando quiere se va a un muy hermoso sector del carajo, a pelar expresionismo a niveles casi dignos de Bill Sienkiewicz. Toda la faz gráfica es tremenda, con un combo demoledor entre vuelo artístico y power kirbyano, y por ahí lo único que se ve forzado, o que hace un poco de ruido, es la decisión de bancar de punta a punta de la obra la grilla de nueve viñetas, la Gran Watchmen.
Lo malo: esto está MUY estirado. Ideas alucinantes como la de Scott y Barda discutiendo acerca de cómo remodelar el departamento mientras vencen a uno y mil obstáculos, soldados enemigos, monstruos, etc., tendrían mucha más fuerza si King y Gerads las plasmaran en… seis páginas, en vez de 17 o 18. La grilla de nueve viñetas, ayuda a naturalizar la idea de que lo mínimo que puede durar una escena son nueve viñetas. Y hay escenas que daban para mucho menos. Un diálogo, o dos. Bueno, acá tenés esos dos diálogos, cuatro silencios incómodos (a veces con dibujos repetidos), una viñeta en la que alguien esboza un gesto o algo más, y una toda en negro con la leyenda “Darkseid is”. Así, te lleno nueve viñetas con cualquier cosa, hasta con la nada misma.
Y algo que no sé si está exactamente “mal”, pero obviamente te hace levantar una ceja: a King y Gerads los dejan jugar con personajes clásicos, pero por afuera del canon.
¡SPOILER ALERT! (si no querés enterarte cosas importantes de la trama, no sigas leyendo).
Seguramente, en algún momento alguien va a retomar a Mr. Miracle y Big Barda y se hará cargo, por ejemplo, de que ahora tienen hijos. Y en una de esas, con muuuucha suerte, de la muerte de Oberon (que encima sucede fuera de cuadro). Pero es obvio que cuando te dejan matar a Granny Goodness, Orion y Darkseid (y humillar y basurear a Lightray y a Highfather), es porque tu saga, por genial que resulte, no va a ser canónica. Una lástima, porque King aporta algunos toques muy copados en la caracterización de estos personajes, pero los lleva hacia un status quo del que ningún otro guionista se puede hacer cargo. Imaginate quién va a querer agarrar una serie del Fourth World sin Orion ni Darkseid. ¡Minga! Es como agarrar Fantastic Four sin poder usar a Reed Richards y el Dr.Doom, o a la selección argentina sin poder convocar ni a Messi ni a Lautaro. O sea que, una vez más, una saga que termina con Mr. Miracle recubierto de una chapa infinita, que lleva a las últimas consecuencias su vínculo de sangre con lo más selecto de New Genesis, va a terminar barrida abajo de la alfombra ni bien alguien proponga un nuevo proyecto que tenga a este héroe entre sus protagonistas.
Ah, estuve hasta el final esperando que apareciera Shilo Norman y ni lo mencionan. ¿Qué onda? Hay referencias a cosas oscurísimas que metía Kirby en los episodios de la serie original, pero ninguna al sucesor de Scott Free. Por ahí cuando King se sentó a leer la serie clásica para tomar apuntes, se durmió antes de llegar al nº15, andá a saber.
Inmenso laburo, fuera de joda, de King y Gerads. Imposible de sostener como parte del canon de DC, pero repleto de onda, de vitalidad, de profundidad, de riesgo, de ganas de mover para adelante a todo un mundo de personajes que siempre están ahí, trabados en una especie de limbo, girando en la ruedita como el hamster sin ir nunca hacia ningún lugar. Un comic con magia, con sensibilidad, con momentos tiernos y momentos de una crueldad desgarradora. Un comic de esos que seguramente otros guionistas ningunearán para que la franquicia siga dando leche, pero que los lectores no vamos a olvidar jamás. No le escapes a lo inevitable. Dejate atrapar por el Mister Miracle de Tom King y Mitch Gerads y disfrutalo a pleno.
Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto.



miércoles, 17 de abril de 2019

THE OMEGA MEN

Arranca el finde largo y mientras nos preparamos para salir de joda, o para quedarnos en casa leyendo toneladas de comics, voy con la reseña de una obra extensa (casi 300 páginas) que me resultó muy rica para el análisis. Se trata de mi primer comic de DC post-Convergence y además de mi primera obra importante de Tom King, guionista del que había leído sólo cositas breves.
The Omega Men me dejó sensaciones contradictorias, como ser fan de los derechos humanos y votar a Cambiemos. Me dio por las bolas, por ejemplo, ese juego de palabras repetido hasta el cansancio entre el Alpha y el Omega. Me molesta que King introduzca a Alpha y Omega como elementos centrales de la religión del sistema solar Vega, que nunca había ido para ese lado. Me irrita ver a personajes que conozco hace 35 años actuar de modo extraño, fuera de su caracterización habitual. Y me indigna que esta aventura, pensada para ser la saga más grossa de la historia de los Omega Men (guarda, quizás lo sea), tenga como protagonista a Kyle Rayner y no a Primus, Kalista, Tigorr o Broot. Me confunde que el sistema solar Vega tenga 22 planetas y King se haga cargo sólo de seis. Y me llama mucho la atención que el propio guionista (y ex-agente de la CIA) haya planteado tan abiertamente el paralelismo entre la historia que narra este comic y la situación en Medio Oriente. Pensé que esa lectura la había propuesto un crítico, o los fans, pero no: el propio King abrió la caja de Pandora a las interpretaciones políticas.
Al ver la saga a través de ese prisma, me queda claro que el stellarium es el petróleo, que Kyle es el occidental pelotudo que cae a Medio Oriente sin entender por qué esta gente lleva décadas matándose entre sí, que los Omega Men son los rebeldes islámicos y que la Citadel es el imperio maligno, genocida, al que sólo le importan los recursos naturales, o sea, un combo EEUU/ Israel. Lo loco es que la trama se basa en la transición de Kyle de una posición conciliadora (tiene que haber una forma pacífica de resolver esto) a una posición extremista (hay que hacer mierrrrda al imperio genocida).
El desarrollo de la historia está groseramente estirado y todo lo importante podría haberse condensado en 96 páginas, como máximo. Pero King te la hace llevadera con un montón de recursos narrativos ingeniosos (y algunos brillantes), muchas escenas de alto impacto y un as de espadas que es el majestuoso dibujo de Barnaby Bagenda (a quien jamás había oído nombrar) complementado como los hiper-dioses cósmicos por la paleta mágica de Rómulo Fajardo. Visualmente esto es… la gloria. Parece un álbum europeo dibujado por Carlos Meglia, pero con mucha grilla de nueve cuadros, a las que Meglia les escapó siempre que pudo. Para la mitad del noveno episodio (lejos el mejor pensado y ejecutado de los 12), King y Bagenda detonan una escena PERFECTA, memorable, definitiva, de esas en las que textos e imágenes se ensamblan para dejarte sin aliento, babeando como un subnormal. Todo lo anterior parece un lento build-up hacia esa escena y todo lo posterior parece intrascendente, como si el plato principal fuera una suprema Maryland con papas paille y el postre un Criollita húmeda.
Hacía mucho que no leía un comic con Kyle Rayner (creo que desde los números de Green Lantern Corps que van entre Blackest Night y Brightest Day) y la verdad, me lo acordaba menos nabo, menos cuadrado, menos fácil de manipular… y jamás pensé que iba a pelar un crucifijo y rezar ¡en castellano!. Pero creo que son mocos que se manda Tom King, que se caga en la caracterización de Kyle desarrollada por otros guionistas, así como se caga en tantas cosas que (desde que los creara Marv Wolfman en 1981) le pasaron a los Omega Men. Me gusta que Kyle no use sus poderes casi hasta el final y que siga con su imparable racha ganadora con mujeres que le dan 14 vueltas. Pero no que eclipse a personajes que me gustan mucho más, como Primus, Kalista o Tigorr, este último tan poco aprovechado por King que se podría reemplazar tranquilamente por Wolverine o cualquier otro zarpadito con garras prominentes y cero reparos a la hora de matar.
En fin, me parece que The Omega Men es un comic pensado para ser leído más de una vez, para captar subtextos, para disfrutar de algunos yeites narrativos formales casi dignos de Alan Moore y sobre todo para deleitarnos con el magnífico trabajo de Bagenda y Fajardo en la faz visual. En una primera lectura, te van a estremecer la violencia, las runflas, la mala leche y las masacres. Pero me da la sensación de que por abajo de eso hay capas más profundas, potencialmente más emocionantes.

Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.