Una vez más, el blog le abre sus puertas a la producción de los otros países de Latinoamérica, esta vez con un comic uruguayo de particular interés porque está co-editado por un sello charrúa y uno argento, lo que lo hace fácil de conseguir de este lado del charco.
El libro reúne 30 historietas muy breves (la más larga tiene cuatro páginas), originalmente publicadas en Freeway, una revista de tendencias, moda y cultura que se distribuye en forma gratuita en bares, centros culturales y boliches de Montevideo. En ese espacio, apuntado básicamente a jóvenes con buen nivel de educación y de ingresos, el guionista Alceo dio vida a El Viejo, junto al dibujante Matías Bergara (a esta altura, un fetiche de este blog). El Viejo es un tipo que físicamente parece un sesentón, pero a partir de los años en los que ubica las anécdotas que narra, podemos deducir que en realidad anda por los cuarentaipico (como yo). También es un crítico inmisericorde, sin reparos a la hora de masacrar las obras de los artistas, aunque sean amigos suyos (como yo); prefiere escuchar música en su casa, a oscuras y poniendo discos, en lugar de padecer las incomodidades y la estupidez colectiva de los conciertos masivos (como yo); no conoce la nostalgia (como yo) y considera que el amor de pareja es un chamuyo insostenible (como yo). O sea que me identifiqué bastante con el personaje, a pesar de que Alceo se esfuerza para que nos caiga mal.
La gracia de la serie es esa: ver al Viejo hacer atrocidades, demostrar su total falta de códigos, su soberbia, su desprecio por los gustos y pasiones de los demás, su mala leche a prueba de balas... y que nos resulte divertido y hasta querible. Se trata de un comic de alta incorrección política, en la que este tipo extravagante, distante, elitista y cínico, es el héroe, es el capo, es el personaje al que casi todo le sale bien y al que los hechos (que obviamente responden a una lógica farsesca y no realista) le dan la razón. Además del humor cáustico, Alceo despliega un notable manejo del absurdo y un amplio abanico de referencias a la música, el futbol, el cine, la tele y los hábitos de consumo del presente y de los ´80, que es la época a la que volvemos cada vez que el Viejo protagoniza algún flashback. También hay guiños comiqueros limados (de Larguirucho y Condorito a Jean Grey y la fauna de las comiquerías) muy bien puestos.
Lo mejor que tiene Alceo (que logra los mejores resultados en las dos historietas que en vez de dos páginas tienen cuatro) es que es un guionista impredecible. Cuando ya leiste más de 20 historias de El Viejo, creés que ya tenés decodificada la fórmula, que ya no hay más sorpresas, y de algún modo Alceo te vuelve a sorprender y a descolocar, siempre desde su talento para el humor. Quiero leer más obras suyas. Ah, y además de las historias de El Viejo, el libro trae otras seis historias muy cortitas (también de dos páginas) en las que Alceo trabaja sin personajes fijos, y con referencias (y chistes muy crueles) más centrados en la temática cinéfila. Ahí también hay hallazgos, dibujados por Richard Ortiz, un muy correcto seguidor de los lineamientos estéticos del mainstream yanki.
En el resto del tomo (es decir, en todo el tramo protagonizado por el Viejo) tenemos a Bergara en un gran nivel. A veces, se lo ve trenzado en una dura lucha contra la cantidad de cuadros y la cantidad de texto que tiene que meter, pero casi siempre se disfruta de un Bergara a sus anchas, al que se le nota que la está pasando bien mientras dibuja las animaladas que escribe Alceo. El estilo del dibujante muta hacia la caricatura y se aleja bastante de lo que vimos en Dengue, Acto de Guerra o El Graf Spee. Acá hay más primeros planos y en cada uno de ellos Bergara sube mucho la apuesta en materia de expresividad, para acentuar los rasgos y la comicidad de los personajes y las situaciones. Cuando se le ocurren buenas ideas para zafar de dibujar fondos, las pone en práctica, y uno nunca siente que le están mezquinando algo en materia de dibujo. En parte porque hay un muy buen trabajo en el color, que es casualmente lo que a mí menos me cerraba de Dengue. Acá no sólo Matías colorea mucho mejor que en aquella novela gráfica (reseñada el 25/10/12) sino que en algunas historietas le habilita la paleta digital a su hermano Ismael, que es un verdadero virtuoso en este tema. No estaría mal que el próximo trabajo de Bergara a color estuviera 100% coloreado por su hermano.
Desde la siempre copada Montevideo, Alceo y Bergara me hicieron reir y hasta identificarme con un personaje nefasto, amargo, jodido, irredimible e irreivindicable. Si te gusta esa vertiente del humor sin barreras, o si seguís fielmente a este joven y talentoso dibujante uruguayo, no dejes de visitar a El Viejo. El año que viene, más Matías Bergara en el blog.
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domingo, 29 de diciembre de 2013
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