Mostrando entradas con la etiqueta Rodrigo Elgueta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rodrigo Elgueta. Mostrar todas las entradas
domingo, 18 de febrero de 2024
AHI VAMOS DE NUEVO
Estos últimos días me encontré con poquísimo tiempo para leer comics y encima los que leí no me parecieron gemas del infinito, sino más bien historietas correctas, bien hechas, y no mucho más.
Empecé a leer Secret Warriors, la pieza que me faltaba de ese rompecabezas que es Jonathan Hickman en Marvel. Es una serie que, si no me equivoco, está toda compilada en cuatro tomos y tuve la suerte de conseguir los cuatro juntos a muy buen precio (a fines de 2022, cabe aclarar). Este primer tomo tiene argumentos de Brian Michael Bendis y Hickman, con guiones del hincha de River y dibujos del italiano Stefano Caselli. No me hice fan de Caselli, pero tampoco lo padecí. El dibujo me pareció correcto, una especie de Carlos Pacheco de segunda marca, al que ayuda muy poco el trabajo del colorista Daniele Rudoni. Sin dudas el color es el rubro más flojo de este tomo, con el agravante de que muchas le roba protagonismo al dibujo.
El guion, sin ser una gloria, me resultó atractivo, con todas esas runflas espesas y revelaciones shockeantes típicas de los relatos de espionaje, donde fulleros a escala planetaria juegan al poker del modo más despiadado posible: apostando las vidas de millones de personas. Nick Fury es el personaje central, el que tiene los mejores diálogos y un poco el que impone la agenda: si no tenés idea de quién es Fury, de qué juega y más o menos cómo fue su historia de la Guerra Fría en adelante, hay unas cuantas cosas que no vas a entender. Y si simplemente no te gusta Fury, es poco probable que te enganches con Secret Warriors porque, por ahora, parece pensada para darle todavía más chapa al capo del espionaje de Marvel.
La historia está bien, es ágil, tiene un buen equilibrio entre escenas de machaca y otras más tranqui, hay desarrollo para unos cuantos personajes nuevos (algunos muy copados), los villanos tienen una cierta profundidad, las traiciones y vaivenes en la lealtad de los personajes no son fruto del capricho, ni de la búsqueda del impacto por el impacto mismo, la integración con el Universo Marvel (de 2009) está bien lograda... La verdad que es un comic que, sin apartarse mucho de la fórmula de "equipo de héroes medio clandestino que realiza misiones peligrosas de manera encubierta", funciona de manera muy satisfactoria.
Para el Vol.2, Bendis ya no forma parte del equipo creativo y Hickman pasa a controlar en solitario todo lo referente a argumentos y guiones. Veremos cómo evoluciona la serie a partir de este cambio. Por ahora es un arranque promisorio, que no me maravilló ni me partió la cabeza, pero me entretuvo un rato y despertó mi curiosidad. Prometo entrarle pronto al Vol.2.
También pude leer un libro del 2023, el nuevo trabajo de la dupla integrada por el guionista Carlos Reyes y el dibujante Rodrigo Elgueta, notables autores chilenos cuyas obras anteriores vimos en este espacio el 21/08/15 y el 26/08/22. Esta vez Carlos y Rodrigo se proponen abordar la vida y el legado de Víctor Jara, en un libro más chiquito que los anteriores, ahora publicado por una editorial enorme como es Penguin Random House. Al leerlo, me encontré con dos elementos que redujeron notablemente mi entusiasmo: en primer lugar, Elgueta abandona su estilo realista, detallado, generoso en texturas, en favor de uno semi-funny que no está mal, pero es mucho menos personal. No te digo que cualquier queso puede dibujar como lo hace Elgueta en este libro, pero le falta ese sello autoral que tanto se disfruta en las obras anteriores. Hay algunas viñetas en las que aparece el estilo "clásico" de Elgueta y me volví loco, quería ver todo el álbum dibujado así. Encima son dibujos que se reproducen del lápiz sin entintar, con esa magia intacta. Pero bueno, estamos frente a un dibujante versátil, que para esta obra eligió otro registro visual y no está mal que así sea.
Lo otro que me la bajó un poco es que... no soy fan de Víctor Jara. Por desconocimiento, casi seguro. Por ahí me pongo a escuchar sus canciones y me copa. Pero hasta ahora eso no sucedió. Entonces la parte biográfica, el relato de cómo este muchacho de origen humilde construye su carrera como cantautor a lo largo de muchos años, no me atrapó demasiado. Lo que más me gustó es la parte en la que Jara, como tantos otros militantes de izquierda, paga caro su compromiso ideológico cuando llega la dictadura de Pinochet y castiga con secuestros, torturas y asesinatos a quienes podrían enfrentarla. Pero eso ocupa... 14 páginas de la novela gráfica. O sea que, como testimonio de lo que fueron los crímenes de lesa humanidad de la dictadura en Chile, seguramente vamos a encontrar un montón mejores, más completos, que exploren la tragedia con más profundidad.
Como novela gráfica de la dupla Reyes-Elgueta, también, la pongo por debajo de Los Años de Allende y Nosotros los Selk´Nam. Y como biografía de Víctor Jara en historieta, me animo a recomendársela a los fans del célebre cantautor, primero porque no conozco ninguna otra, y segundo porque el personaje está tratado con cariño, con respeto, con admiración. Y sobre todo porque la historieta como tal cumple su función de entretener e informar a quien -como yo- no sabía mucho acerca de la vida, la muerte y el legado de este artista tan relevante para la cultura popular de nuestro continente. Ahora a esperar unos años para que llegue la siguiente obra de esta dupla totalmente consagrada del otro lado de la cordillera y todavía bastante poco conocida fuera de Chile y de Francia, donde también les va muy bien.
Nada más, por hoy. Espero poder meterle más horas a la lectura y reseña de comics en los próximos días, para volver a postear pronto, acá en el blog.
viernes, 26 de agosto de 2022
MAÑANA DE VIERNES
Acá estoy de vuelta, con un par de libros para reseñar.
Después del hitazo que significó Los Años de Allende (ver reseña del 21/08/15), era obvio que la dupla integrada por Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta iba a volver. Y volvió en plena pandemia, con un libro editado a fines de 2020, titulado Nosotros los Selk´Nam, en el que exploran la historia, la cosmogonía, la cultura y el legado de esa peculiar tribu aborigen que habitó la Tierra del Fuego, tanto del lado chileno como del argentino.
Nosotros los Selk´Nam es un libro raro. Más que una novela gráfica pareciera ser un ensayo gráfico. No está la intención de contar una historia, sino más bien de recabar testimonios y datos que nos ayuden a pensar en los misterios de esta etnia casi desaparecida de la faz de la Tierra. A lo largo de casi 140 páginas, Reyes y Elgueta aparecen como personajes del libro: a veces le hablan directamente al lector y otras veces interactúan con artistas, intelectuales o científicos que estudiaron el tema de los Selk´Nam, o se inspiraron en sus leyendas para crear otras obras. Así, de manera fragmentaria, el libro nos ofrece distintas miradas acerca del fenómeno, unas más centradas en la historia de los aborígenes fueguinos, otras más teñidas por la fascinación que ejerce su conexión con una cierta metafísica muy elevada y conectada con relatos épicos y hasta con cuestiones de género hoy muy candentes.
Cada tanto, Reyes y Elgueta interrumpen estas charlas con expertos para mostrarnos algunas viñetas dibujadas en un estilo mucho más caricaturesco, donde sí avanza una ficción un poco más tradicional, protagonizada por una pareja, y por supuesto también vinculada al atractivo que hoy tienen la cultura y los mitos de los Selk´Nam. No es la parte que más me interesó. Lo más rico, para mi gusto, es el tramo más histórico, en el que los autores y los especialistas con los que conversan sacan a la luz la forma atroz en la que terratenientes y empresarios, avalados por los gobiernos de Argentina y Chile, les robaron las tierras a este pueblo y lo exterminaron. Lo más tremendo es que es un exterminio que recién se calmó un poco a principios del Siglo XX, es decir que es bastante reciente y -lo que es peor- está bastante documentado, porque se da en una época en la que hasta existía la fotografía. Una vez más, la codicia de los grandes capitalistas se lleva puesta a una civilización entera, y acá te cuentan quiénes fueron, cómo lo hicieron y cómo sobrevivieron los pocos Selk´Nam que aún hoy pueblan la región más austral de la Patagonia.
El dibujo de Elgueta es excelente de punta a punta, en los distintos estilos que aborda. Ya sea cuando retrata a la parejita, o cuando replica el estilo de los antiguos grabados, o cuando mete ilustraciones a lápiz con un trazo más suelto, el trazo del dibujante conjura climas increíbles. Las escenas de cabecitas que hablan no se hacen aburridas, la reconstrucción de las épocas pasadas está lograda de manera magistral y la combinación de distintas técnicas de dibujo y entintado no confunde en ningún momento al lector ni lo distrae de lo importante, que es lo que revelan la investigación de los autores y los testimonios de los entrevistados. Si te interesa saber mucho más acerca de los Selk´Nam (o los onas, como lo llamaban los libros de historia de los que estudiamos en los ´70 y ´80), este es el álbum de historietas al que le tenés que entrar.
Nueva edición para Las Andanzas del Incorregible Paolo Pinocchio, esta vez en Argentina (yo tenía la española, de DibBuks, reseñada el 18/04/12), y bueno, una excelente excusa para releer todo el material protagonizado por el muñeco maldito y nacido de la pluma de Lucas Varela. El nuevo recopilatorio trae todas las apariciones de Paolo excepto la novela gráfica final, que salió en Francia en 2021 y acá llegará... eventualmente.
Bajo una nueva portada demasiado buena para ser real, el libro pone en orden todas las historietas de Paolo, en las que se ven algunos retoques respecto de sus apariciones en revistas como Fierro o libros anteriores como Estupefacto, Matabicho, o el ya citado recopilatorio de DibBuks. En algunas páginas hay viñetas agregadas, las breves historias presentadas originalmente como tiras ahora son páginas de historieta tradicionales, y el cambio más notable es que Varela acotó muchísimo la paleta de colores. Hay decenas de páginas en las que no vemos ninguna tonalidad de azul, y las tonalidades de verde escasean aún más. Predominan blanco, negro, gris y tonalidades de rojo, a las que también se suman de a ratos naranjas y amarillos. La verdad que el resultado no cambia mucho al quitarle variedad cromática a las historias: el dibujo sigue siendo extraordinario y los guiones mantienen intactas sus dosis de delirio y pésima leche.
Probablemente entre los lectores argentinos Paolo Pinocchio sea la más difundida de las obras de Lucas Varela, con lo cual me da la sensación de estar hablando al pedo, de algo que casi todos ya leyeron y ya saben que es una obra maestra de este monstruo de la historieta surgido hace 25 años en las páginas de Comiqueando. Pero habrá algún despistado (o despistada) que todavía no entró a este mundo de fantasía putrefacta, de demonios que se convierten en gusanos, de almas condenadas con forma de masacotes, de orgías satánicas y cuentos de hadas enchastrados de crueldad y miseria. Ese es el mundo de Paolo Pinocchio, un mundo en el que el Medioevo es reversionado para incluir recitales de rock y en el que las palabras típicas de los porteños se cuelan en diálogos pomposos y circunspectos con un efecto cómico demoledor.
Humor negro, abyección moral, aventuras que avanzan con una lógica cercana a la de los sueños, y la desbordante imaginación de Varela puesta al servicio de criaturas y escenarios donde la fantasía y la desolación van de la mano. Si los guiones fueran horribles o no estuvieran, habría que comprar este libro por los dibujos, que son gloriosos. Pero además los guiones existen y son brillantes, así que no hay forma de escapar a este infierno encantador, que es apenas una muestra del talento descomunal de Lucas Varela.
Nada más por hoy. Gracias y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
Etiquetas:
Carlos Reyes,
Lucas Varela,
Paolo Pinocchio,
Rodrigo Elgueta
viernes, 21 de agosto de 2015
21/ 08: LOS AÑOS DE ALLENDE
Después de muchos años de preparación y trabajo se editó finalmente esta ambiciosa novela gráfica de Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta, que produjo un tremendo impacto en el ámbito de la historieta chilena. Los Años de Allende es un comic documental que se propone repasar esa etapa en la vida política del país vecino, casi sin pinceladas de ficción, desde una óptica no neutral pero tampoco teñida por la pasión ni por la militancia.
A lo largo de más de 120 páginas, Reyes recapitula todos los eventos importantes sucedidos a partir de 1970, cuando se acercan las elecciones que ganará (contra muchos pronósticos) la Unidad Popular de Salvador Allende, una fuerza política que propone algo nunca antes intentado en el mundo: transformar a un país capitalista en uno comunista sin una revolución, sin tiros ni violencia, sino por la vía institucional, a través del voto y el ejercicio de la democracia. ¿Genialidad, utopía o disparate? Lo cierto es que ese experimento se llevó a cabo en Chile durante tres años y esta novela gráfica se centra en cada medida del gobierno, la resistencia que encontró, el apoyo que logró, los intereses que afectó y la cintura que le faltó para gambetear la inevitable conspiración que terminaría por voltearlo.
Como en todo comic documental, el verdadero desafío es tirarle al lector una masa de datos sin aburrirlo. Yo creo que a esta historieta le sobra el… 20% de los datos que tira Reyes, datos que yo por supuesto desconocía y que –desde el desconocimiento- no me parecen imprescindibles para entender las distintas coyunturas por las que nos lleva el guión. Un guión que sin dudas cumple el objetivo de informar sin aburrir, y que justifica ampliamente el esfuerzo que hace para no tomar partido abiertamente por el gobierno de la UP. La historia está contada por un personaje ficticio, un periodista estadounidense que está en Chile como corresponsal y al que todo lo que sucede lo sorprende tanto como al lector que agarra este comic sin tener la más puta idea de quién es Allende, dónde queda Chile y cuál es la diferencia entre capitalismo y comunismo.
La verdad que, para haberse tomado el laburo de crear a John Nitsch, Reyes lo usa bastante poco. Son tantas las cosas que tiene para contarnos el guión, que quien debería ser el personaje central tiene un rol chiquito, casi marginal. John Nitsch logra asomar la cabeza en momentos muy puntuales, en los que Reyes logra parar el carro de la información, cuando la historia del país da ese pequeño respiro como para que aparezcan las historias de la gente. La gracia es que, al mantenerse siempre estupefacto por las realidades de las que le toca ser testigo, Nitsch no logra amasar certezas para juzgar a los actores que impulsan la trama. Eso puede ir contra el espesor dramático de la obra, pero le da una coherencia, una especie de “asepsia ideológica” que sin dudas le juega a favor.
En el apartado gráfico tenemos a Rodrigo Elgueta, a quien ya vimos colaborar con Reyes en alguno de los tomos de Mortis. Elgueta sabe que este no es un trabajo para lucirse. Acá la estrella es la historia real, lo que realmente sucedió. Su misión es retratar esa época, esas personas y esos sucesos de modo fidedigno y sin llamar demasiado la atención desde la técnica, porque se suponía (con razón) que buena parte de los lectores de Los Años de Allende provendrían de las amplias mayorías que se acercaban por primera vez a la novela gráfica. Elgueta sortea muy bien los desafíos, ofrece una amplia variedad de soluciones con el blanco, el negro y los grises (que no parecen aplicados digitalmente, sino con aguadas logradas con pincel) y se fuma con aplomo páginas con muchas viñetas, a veces muy cargadas de texto. Cerca del final (no casualmente cuando se lanza el embate militar que terminará con la muerte de Allende) cambia la técnica, elimina la tinta negra y durante siete dramáticas páginas sólo vemos lápices. Y están muy bien, muy sólidos, por momentos me remitieron a los lápices de Solano López en su famoso comic documental basado en Operación Masacre, de Rodolfo Walsh.
Los Años de Allende es un testimonio valiosísimo si te gusta la historia latinoamericana reciente, o si creés que la historieta se puede usar para contar otro tipo de epopeyas, que no incluyen superpoderes ni planetas remotos. En un país como Chile que jamás revisó las atrocidades que aún lo manchan, el trabajo de Reyes y Elgueta trae un bienvenido soplo de verdad, memoria y justicia. Por eso es fundamental.
A lo largo de más de 120 páginas, Reyes recapitula todos los eventos importantes sucedidos a partir de 1970, cuando se acercan las elecciones que ganará (contra muchos pronósticos) la Unidad Popular de Salvador Allende, una fuerza política que propone algo nunca antes intentado en el mundo: transformar a un país capitalista en uno comunista sin una revolución, sin tiros ni violencia, sino por la vía institucional, a través del voto y el ejercicio de la democracia. ¿Genialidad, utopía o disparate? Lo cierto es que ese experimento se llevó a cabo en Chile durante tres años y esta novela gráfica se centra en cada medida del gobierno, la resistencia que encontró, el apoyo que logró, los intereses que afectó y la cintura que le faltó para gambetear la inevitable conspiración que terminaría por voltearlo.
Como en todo comic documental, el verdadero desafío es tirarle al lector una masa de datos sin aburrirlo. Yo creo que a esta historieta le sobra el… 20% de los datos que tira Reyes, datos que yo por supuesto desconocía y que –desde el desconocimiento- no me parecen imprescindibles para entender las distintas coyunturas por las que nos lleva el guión. Un guión que sin dudas cumple el objetivo de informar sin aburrir, y que justifica ampliamente el esfuerzo que hace para no tomar partido abiertamente por el gobierno de la UP. La historia está contada por un personaje ficticio, un periodista estadounidense que está en Chile como corresponsal y al que todo lo que sucede lo sorprende tanto como al lector que agarra este comic sin tener la más puta idea de quién es Allende, dónde queda Chile y cuál es la diferencia entre capitalismo y comunismo.
La verdad que, para haberse tomado el laburo de crear a John Nitsch, Reyes lo usa bastante poco. Son tantas las cosas que tiene para contarnos el guión, que quien debería ser el personaje central tiene un rol chiquito, casi marginal. John Nitsch logra asomar la cabeza en momentos muy puntuales, en los que Reyes logra parar el carro de la información, cuando la historia del país da ese pequeño respiro como para que aparezcan las historias de la gente. La gracia es que, al mantenerse siempre estupefacto por las realidades de las que le toca ser testigo, Nitsch no logra amasar certezas para juzgar a los actores que impulsan la trama. Eso puede ir contra el espesor dramático de la obra, pero le da una coherencia, una especie de “asepsia ideológica” que sin dudas le juega a favor.
En el apartado gráfico tenemos a Rodrigo Elgueta, a quien ya vimos colaborar con Reyes en alguno de los tomos de Mortis. Elgueta sabe que este no es un trabajo para lucirse. Acá la estrella es la historia real, lo que realmente sucedió. Su misión es retratar esa época, esas personas y esos sucesos de modo fidedigno y sin llamar demasiado la atención desde la técnica, porque se suponía (con razón) que buena parte de los lectores de Los Años de Allende provendrían de las amplias mayorías que se acercaban por primera vez a la novela gráfica. Elgueta sortea muy bien los desafíos, ofrece una amplia variedad de soluciones con el blanco, el negro y los grises (que no parecen aplicados digitalmente, sino con aguadas logradas con pincel) y se fuma con aplomo páginas con muchas viñetas, a veces muy cargadas de texto. Cerca del final (no casualmente cuando se lanza el embate militar que terminará con la muerte de Allende) cambia la técnica, elimina la tinta negra y durante siete dramáticas páginas sólo vemos lápices. Y están muy bien, muy sólidos, por momentos me remitieron a los lápices de Solano López en su famoso comic documental basado en Operación Masacre, de Rodolfo Walsh.
Los Años de Allende es un testimonio valiosísimo si te gusta la historia latinoamericana reciente, o si creés que la historieta se puede usar para contar otro tipo de epopeyas, que no incluyen superpoderes ni planetas remotos. En un país como Chile que jamás revisó las atrocidades que aún lo manchan, el trabajo de Reyes y Elgueta trae un bienvenido soplo de verdad, memoria y justicia. Por eso es fundamental.
Etiquetas:
Carlos Reyes,
Los Años de Allende,
Rodrigo Elgueta
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




