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jueves, 2 de febrero de 2012

02/ 02: LAS CRONICAS DE MALIKI 4 OJOS

Hoy la recorrida por la historieta latinoamericana reciente me lleva a Chile, a encontrarme con Marcela Trujillo, una autora a la que conocía por breves colaboraciones en antologías y de la que siempre quise tener un libro “solista”. Trujillo es artista plástica y autora de comics desde su adolescencia (nació en el ´69, así que estamos hablando de unos 25 años de producción artística), pero siempre interrumpió su carrera como pintora para dedicarse a la historieta, o al revés. No conozco su obra pictórica, pero sus comics no dejan ver la mano de una autora que está pensando en pintar cuadros, no están “contaminados” por los otros intereses artísticos de Marcela. A los 27 años, Trujillo emigró a los EEUU y –una vez establecida en New York- descubrió la escena indie de los ´90, lo cual la reconcilió con la historieta. Desde entonces, es un referente ineludible en el género de la autobiografía, que es el que elige cada vez que decide volver a dibujar comics.
Las historietas reunidas en este tomo nos cuentan ese tránsito de Trujillo de chica punki chilena, a inmigrante en New York, a artista reconocida, mujer adulta y madre de dos hijas. Hay detalles de su infancia, de sus viajes, de su labor como docente (una vez que regresó a Chile) y mucho, muchísimo, de su vida afectiva y hasta de su intimidad. Lo primero que sorprende (además de la calidad del dibujo, que es superlativa) es la honestidad con la que Trujillo revela y hace públicas sus fantasías sexuales, sus perversiones, su deseo y un montón de cosas referidas a los genitales (propios y ajenos) que uno generalmente hace “puertas para adentro”. A través del personaje de Maliki, Trujillo logra desembarazarse de todo tipo de pudor y va al frente, como una locomotora, a exponer públicamente los pormenores de su vida sexual.
Eso es en las primeras historietas. Después, a medida que cuenta historias de una Maliki más madura, el voltaje sexual baja un poco y las crónicas van más hacia la sátira costumbrista. Trujillo retrata al ambiente de los artistas plásticos newyorkinos, baja línea acerca de la guerra de Irak impulsada por el borracho-genocida-retrasado mental George W. Bush, revela detalles truculentos de su infancia en Chile, en la época del golpe militar de 1973, juega con el tema de su sobrepeso... todo mucho más tranqui que los diálogos que tenía con su clítoris mientras se lo frotaba en los primeros episodios. Su relación con el padre de sus hijas, el nacimiento de las mismas, el regreso a Chile, la ruptura de la pareja y su trabajo como docente le dan a Trujillo la materia prima para el último tramo del libro, el de la Maliki ya adulta, que se acerca a los 40 y ve la vida de un modo totalmente distinto al de las primeras historietas.
En general, las historias son atractivas, divertidas y hasta se hace soportable que los personajes chilenos hablen con los localismos de ese país. Lo más interesante, sin duda, es ver evolucionar a la autora a través del personaje. Y por supuesto, lo que hace fundamental a Marcela Trujillo es su estilo de dibujo, que tiene mucho que ver con el under norteamericano y que también evoluciona con el correr de los años. Las virtudes gráficas de Trujillo son imposibles de enumerar, pero lo que a mí más me gusta es cómo logra mantener una onda caricaturesca y funny dentro de una estética MUY realista, sobrecargada de detalles (la delirante dibuja hasta la textura de los sweaters, cada puto hilito de lana entretejido con el de al lado). También me gusta cómo piensa las secuencias, cuándo permite que el dibujo se haga cargo de llevar adelante la narración... y esas ilustraciones recontra-laburadas, que parecen las que hace Diego Parés en Barcelona. En las últimas historietas, Trujillo demuestra que (como Robert Crumb) cuando quiere, puede sintetizar su trazo y lograr una estética claramente de cartoon. Que también le queda genial. Pero cuando sobredibuja y se zarpa en los detalles, en los fondos, en cada pelo de cada personaje, es donde realmente te hace golpear la mandíbula contra el piso.
¿No es hiper-original? No calienta. De última, es de Chile, donde NUNCA hubo historietistas hiper-originales. Y puestos a tomar modelos de afuera, entre tanto boludo que mira los comics chotos de Image de los ´90, una que mira a Crumb, Jessica Abel, Phoebe Gloeckner, Charles Burns o Daniel Clowes sigue siendo un gran avance.