Empecé esta colección con el Vol.3, seguí con el Vol.2 y termino con el Vol.1, que es donde tendría que haber empezado. Este Showcase recupera en magnífico blanco y negro los n°s 174 al 194 de House of Mystery, es decir que arranca justo cuando llega Joe Orlando (glorioso veterano de la EC) a hacerse cargo de la coordinación de esta longeva serie. Después de varios años con historias del Martian Manhunter y Dial H for Hero (que andá saber qué carajo tenían que hacer en una revista llamada House of Mystery), Orlando trae de vuelta el formato de antología, y las historias cortas autoconclusivas, sin personajes recurrentes, que tratarán de enmarcarse en el género del terror sin irritar a los nefastos censores del Comics Code Authority, todo esto en 1968, cuando dicho organismo todavía tenía bastante peso. Eso explica que –como vimos en los tomos ya reseñados- las historias sean bastante livianitas, con poca sangre, cero gore, cero vampiros, cero muertos vivos, cero sexo, etc. Y ahí fueron un puñado de guionistas a remar contra todas esas limitaciones. Veremos quiénes salieron bien parados.
El primer grosso es, sin dudas, Sergio Aragonés, quien se luce con sus viñetas humorísticas en casi todos los números, a veces con chistes que tienen más filo y más mala leche que las historietas supuestamente “dramáticas”. Genio y figura Aragonés.
Marv Wolfman (por entonces un borreguito) firma varias historias más que dignas, algunas con ideas que hoy servirían para bancar series de 60 episodios. La mejor es The Roots of Evil, bien dibujada por Jack Sparling, que habitualmente dibujaba para el orto. Mike Friedrich mete una sóla historia, pero está muy buena y además el protagonista es... Gil Kane, que además es el dibujante. Otto Binder logró ponerme nervioso con su Sir Greeley´s Revenge, aunque los dibujos del mediocre Frank Springer no ayudan para nada.
El mítico Robert Kanigher me sedujo con The Siren of Satan, dibujada como los dioses por Berni Wrightson. El final es choto, pero la historia es sumamente atrapante y muy al límite de lo que se podía publicar en el mainstream de 1969. También en la misma veta, está bastante buena su Secret of the Egyptian Cat, de nuevo con hermosos dibujos de Wrightson. Otra de gatos, Eyes of the Cat, logró incomodarme bastante a pesar de ser predecible. Esta está bien dibujada por Jerry Grandenetti. Y la extraña Fright se apoya mucho en la magia claroscurística del genial Alex Toth, pero además el guión se la banca bastante.
E. Nelson Bridwell, el tipo que escribía los comics de Superman más chotos de los ´70 (y la revista de los Superfriends!) me sorprendió gratamente con una historia atípica para este tipo de antologías: The Eyes of the Basilisk, de nuevo con Gil Kane en los lápices, entintado como los dioses por otro grande, Wally Wood. Joe Gill, el pulpo que escribía 150 series en las revistas de la Charlton, también mete una sóla historia, pero muy linda: The Beautiful Beasts, con unos dibujos majestuosos de Al Williamson, otro artista de lujo con pasado en la EC.
De todas las historias que juegan con la dicotomía entre sueño y realidad, la más finoli, la más sutil es Nightmare, escrita por Jack Oleck (abonado a estos títulos) y con unos dibujos de Neal Adams demasiado buenos para ser reales. Otra muy digna de Oleck, potenciada a full por los dibujos de Toth, es Born Loser, una historia con más de un giro impredecible en sólo 10 páginas. Finalmente, Len Wein da cátedra con la perturbadora No Strings Attached!, donde además logra algo casi imposible: que Bill Draut parezca un dibujante virtuoso y no uno del montón. Muy notable.
Acá tenemos, además, la primera aparición de Cain (n°175), el primer trabajo profesional de Wrightson (n°179) y el primer trabajo para EEUU de Tony de Zuñiga (n°188), que luego habilitaría el desembarco masivo de los dibujantes filipinos en las antologías de misterio de DC. Y por si faltara algo, historietas con guiones medio chotos, pero dibujadas por animales como Jim Aparo, Néstor Redondo, Russ Heath y Gray Morrow. Si a esto le sumamos las dibujadas por Wrightson, Adams, Kane, Toth, De Zuñiga y Williamson (y reproducidas en blanco y negro, sin coloristas que las masacren), vamos a coincidir en que de estas 552 páginas cerca de un tercio están a cargo de un All-Star Squadron de próceres del lápiz y la tinta. Con eso y los chistes de Aragonés y los guiones que pudimos rescatar, nos sobran los motivos (diría el poeta) para atesorar este Showcase.
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lunes, 29 de julio de 2013
domingo, 29 de julio de 2012
29/ 07: SHOWCASE PRESENTS THE HOUSE OF MYSTERY Vol.2
Bueno, si leés el blog hace un tiempo ya sabés cómo viene la mano: una dosis zarpada de historias cortas, sin personajes recurrentes, que visitan una y mil veces los tópicos del misterio sobrenatural y coquetean con un terror bastante light, todo coordinado por el maestro Joe Orlando a principios de los ´70, cuando estas antologías vendían fortunas. Los guiones rara vez se escapan de fórmulas predecibles y reiteradas hasta el hartazgo y hasta los guionistas grossos (Archie Goodwin, ponele) derrapan hacia la gansada obvia, blanda, gastada, casi impresentable para los standards actuales. En una de esas esto es culpa de la brevísima extensión de las historietas (la más larga tiene 11 páginas), o de los códigos de censura de la época, o de que realmente creían que nadie se tomaba demasiado en serio a estas revistas; es más, al no tener personajes fijos ni historias continuadas, ni siquiera se las coleccionaba. Se leía una de vez en cuando y ya fue. Podemos elegir uno o varios pretextos, pero lo cierto es que la mayoría de los guiones no sirven ni para envolver las papas.
¿Cuál es el atractivo de este pulentoso tomo de 552 páginas? Obviamente los dibujantes. Calate esta: Neal Adams, Berni Wrightson, Nick Cardy, Gil Kane, Jack Kirby, Gene Colan, Wally Wood, Alex Toth, Michael Kaluta, Sergio Aragonés, Jim Aparo, Gray Morrow, Ralph Reese... ¿seguís vivo? Vienen los filpinos y te rematan: Néstor Redondo, Alex Niño, Alfredo Alcalá, Rudy Nebres, E.R. Cruz, Rubén Yandoc, Ernie Chua... ¿Querés más? Te puedo ofrecer buenos trabajos de tipos que ya en los ´70 no estaban en su mejor momento, pero cada tanto pelaban algo lindo, como Mike Sekowsky, Dick Dillin o el propio Orlando. Okey, las de Kirby, Colan y Cardy son reediciones de material de los ´50, que ya se veía un poquito anticuado en el ´71-´72. Pero el resto es una bola de demolición radioactiva e incandescente, irresistible para cualquiera al que le guste el comic yanki más o menos realista.
Me propongo a mí mismo un juego: rescatar de entre este masacote de pelotudeces las historietas que pueden ser leídas hoy sin pasar vergüenza. A ver cómo me va...
La primera historia, Bat out of Hell, de Jack Oleck y Néstor Redondo tiene buen clima, te logra poner nervioso y está demasiado bien dibujada. Si el final fuera menos predecible, sería una joyita. A Girl and her Dog, de Gerry Conway y Gray Morrow es tensa, rara, bastante impredecible y también tiene unos dibujos del mega-carajo. The Little People, de Oleck y Gil Kane, se cae un toque al final, pero dentro de todo, zafa dignamente. I Wish I May, I Wish I Might, de Len Wein y Dick Dillin es casi un chiste largo (no llega a las cuatro páginas) que funciona muy bien.
Otra historia decente de Oleck y Redondo es House of Horrors, de nuevo con majestuosos dibujos y un guión bastante ingenioso, aunque el final –por enésima vez- no está a la altura. Sno´Fun es una bizarreada macabra y oscura, escrita por Aragonés y dibujada por Wally Wood con muchísimas pilas. Bien ahí. Vuelvo con Oleck, ahora dibujado por Ralph Reese: The Lunatic es otra que no está mal y que al final, en vez de derrapar, pega un giro muy impactante.
Acá no descubro nada: The Demon Within, de Joe Albano y Jim Aparo, ya fue reivindicada y ovacionada muchas veces, muy merecidamente. Lo mismo sucede con The Poster Plague, de Steve Skeates y Sergio Aragonés, una historieta que desde que salió hace 40 años, se sumó al panteón de los clásicos, ganó premios, etc.
Otro laburazo de Redondo (no se sabe quién lo escribió) es The Tower of Prey. De nuevo, le falta un giro más copado al final, pero es una historia fuerte, tensa y con una gran bajada de línea. Un tal Carl Wessler es el autor de To Die for Magda!, una historia linda, impredecible, intensa, dibujada como la hiper-concha de Dios por un Alex Niño prendido fuego.
The Burning es otra buena historia de Oleck, oscura y jodida, a la que Mike Sekowsky no le puso todas las pilas. Igual se ve bastante bien. La mejor historia del tomo viene de dos autores a los que jamás había oído nombrar: Bill Meredith y Bill Payne. Se llama Last Ritual, Last Rites y es shockeante, escalofriante, brutal. El dibujo es muy, muy grosso, obviamente basado en fotos pero con una expresividad increíble. The Day the Clock Stopped, de Robert Kanigher y Rubén Yandoc, daba para una serie regular de Vertigo de 60 episodios. De todos modos, un planteo interesantísimo y unos dibujos excelentes no alcanzan para elevarla al status de clásico.
Tomorrow I Hang!, escrita por Nelson Bridwell y dibujada por el maestro Aparo también es casi un chiste largo, muy efectivo y un toque perturbador. Y cierro con una más de la dupla Oleck-Redondo, Deliver Us From Evil, bien planteada, bien desarrollada, con un final apenitas predecible y unos dibujos y una narrativa devastadores.
16 historietas parecen muchas, pero te recuerdo que ninguna llega a las 12 páginas y el libro tiene 552. Con las que me parecieron grossas no sé si llenamos 120. Pero bueno, es lo que hay. Yo sabía a dónde me estaba metiendo. Y además muchos de esos guiones pedorros están tan bien dibujados, que no me importa nada. Me falta el Vol.1 y si lo veo barato, no te extrañe que me lo compre...
¿Cuál es el atractivo de este pulentoso tomo de 552 páginas? Obviamente los dibujantes. Calate esta: Neal Adams, Berni Wrightson, Nick Cardy, Gil Kane, Jack Kirby, Gene Colan, Wally Wood, Alex Toth, Michael Kaluta, Sergio Aragonés, Jim Aparo, Gray Morrow, Ralph Reese... ¿seguís vivo? Vienen los filpinos y te rematan: Néstor Redondo, Alex Niño, Alfredo Alcalá, Rudy Nebres, E.R. Cruz, Rubén Yandoc, Ernie Chua... ¿Querés más? Te puedo ofrecer buenos trabajos de tipos que ya en los ´70 no estaban en su mejor momento, pero cada tanto pelaban algo lindo, como Mike Sekowsky, Dick Dillin o el propio Orlando. Okey, las de Kirby, Colan y Cardy son reediciones de material de los ´50, que ya se veía un poquito anticuado en el ´71-´72. Pero el resto es una bola de demolición radioactiva e incandescente, irresistible para cualquiera al que le guste el comic yanki más o menos realista.
Me propongo a mí mismo un juego: rescatar de entre este masacote de pelotudeces las historietas que pueden ser leídas hoy sin pasar vergüenza. A ver cómo me va...
La primera historia, Bat out of Hell, de Jack Oleck y Néstor Redondo tiene buen clima, te logra poner nervioso y está demasiado bien dibujada. Si el final fuera menos predecible, sería una joyita. A Girl and her Dog, de Gerry Conway y Gray Morrow es tensa, rara, bastante impredecible y también tiene unos dibujos del mega-carajo. The Little People, de Oleck y Gil Kane, se cae un toque al final, pero dentro de todo, zafa dignamente. I Wish I May, I Wish I Might, de Len Wein y Dick Dillin es casi un chiste largo (no llega a las cuatro páginas) que funciona muy bien.
Otra historia decente de Oleck y Redondo es House of Horrors, de nuevo con majestuosos dibujos y un guión bastante ingenioso, aunque el final –por enésima vez- no está a la altura. Sno´Fun es una bizarreada macabra y oscura, escrita por Aragonés y dibujada por Wally Wood con muchísimas pilas. Bien ahí. Vuelvo con Oleck, ahora dibujado por Ralph Reese: The Lunatic es otra que no está mal y que al final, en vez de derrapar, pega un giro muy impactante.
Acá no descubro nada: The Demon Within, de Joe Albano y Jim Aparo, ya fue reivindicada y ovacionada muchas veces, muy merecidamente. Lo mismo sucede con The Poster Plague, de Steve Skeates y Sergio Aragonés, una historieta que desde que salió hace 40 años, se sumó al panteón de los clásicos, ganó premios, etc.
Otro laburazo de Redondo (no se sabe quién lo escribió) es The Tower of Prey. De nuevo, le falta un giro más copado al final, pero es una historia fuerte, tensa y con una gran bajada de línea. Un tal Carl Wessler es el autor de To Die for Magda!, una historia linda, impredecible, intensa, dibujada como la hiper-concha de Dios por un Alex Niño prendido fuego.
The Burning es otra buena historia de Oleck, oscura y jodida, a la que Mike Sekowsky no le puso todas las pilas. Igual se ve bastante bien. La mejor historia del tomo viene de dos autores a los que jamás había oído nombrar: Bill Meredith y Bill Payne. Se llama Last Ritual, Last Rites y es shockeante, escalofriante, brutal. El dibujo es muy, muy grosso, obviamente basado en fotos pero con una expresividad increíble. The Day the Clock Stopped, de Robert Kanigher y Rubén Yandoc, daba para una serie regular de Vertigo de 60 episodios. De todos modos, un planteo interesantísimo y unos dibujos excelentes no alcanzan para elevarla al status de clásico.
Tomorrow I Hang!, escrita por Nelson Bridwell y dibujada por el maestro Aparo también es casi un chiste largo, muy efectivo y un toque perturbador. Y cierro con una más de la dupla Oleck-Redondo, Deliver Us From Evil, bien planteada, bien desarrollada, con un final apenitas predecible y unos dibujos y una narrativa devastadores.
16 historietas parecen muchas, pero te recuerdo que ninguna llega a las 12 páginas y el libro tiene 552. Con las que me parecieron grossas no sé si llenamos 120. Pero bueno, es lo que hay. Yo sabía a dónde me estaba metiendo. Y además muchos de esos guiones pedorros están tan bien dibujados, que no me importa nada. Me falta el Vol.1 y si lo veo barato, no te extrañe que me lo compre...
jueves, 24 de noviembre de 2011
24/ 11: SHOWCASE PRESENTS THE HOUSE OF MYSTERY Vol.3

Sí, no aprendo más. Me fumé otras 520 páginas de historietas de misterio de DC de principios de los ´70, esta vez de la serie más conocida, coordinada por el maestro Joe Orlando. Y es más de lo mismo, a full. Ya conté varias veces que debería ser muy difícil escribir historietas para estas revistas, en tanta cantidad y con tantas restricciones. Por eso no es para escandalizarse cuando uno nota cómo se repiten alevosamente un par de fórmulas en los argumentos. Una ya la vimos mil veces: el avechucho inescrupuloso mata/ estafa/ se saca de encima a alguien para su propio provecho, y al final pasa algo sobrenatural, inesperado, con lo cual el avechucho termina empomado, pagando muy caras sus transgresiones. La otra es esta: un tipo hace un pacto con Satanás para obtener prevendas o poderes especial y al final Su Satánica Majestad lo garca con la letra chiquita del contrato. Y eso se repite una y mil veces.
Salvo alguna que otra joyita perdida de Len Wein o de Steve Skeates, los guiones son chatos, con poquito vuelo. Abusan de la ambientación histórica (sobre todo el Siglo XIX), pero creo que es porque la mayoría de los guionistas desconocían la época en la que vivían. Los guiones ambientados en el presente (principios de los ´70) parecen de los ´50: no hay mujeres en roles protagónicos, no hay negros, recién en el último episodio se hacen cargo de que existe el rock... De hecho, cuando House of Mystery pasa a ser una revista de 100 páginas, cada número incluye –además del material nuevo- varias reediciones de historietas de los ´50 y ´60, y te das cuenta de que son antiguas por el dibujo nomás, porque los guiones casi no evolucionaron. Como siempre, entre tanta idea gastada se cuela alguna de esas que hoy se podrían estirar 60 números en alguna serie de Vertigo, por supuesto “desarrollada” y resuelta en no más de 11 paginitas.
Por suerte hay muy buenos dibujantes que reman en el océano de polenta para que esto llegue a buen puerto. Como ya vimos el año pasado en House of Secrets, estas revistas se nutrían en buena medida de la mano de obra barata y confiable que venía de Filipinas. Ahí están, entre muchos mediocres bienintencionados y verduleros irredentos, el maestro Alfredo Alcalá en un nivel increíble, un inspiradísimo Néstor Redondo, un sólido E.R. Cruz, un Tony De Zuñiga que experimenta y la rompe y –en un puñadito de historietas- el Maradona de Manila, el distinto, el virtuoso, el vanguardista, el descomunal Alex Niño. The Witching Hour tenía como gancho a Alex Toth, y House of Mystery tiene como abanderado a Alex Niño, que no está ni a palos todos los números, pero cuando aparece, te detona las retinas con sus claroscuros mágicos y su línea recontra-estilizada. Un nerdgasmo, diría Kick-Ass.
Por afuera de Filipinas, aparecen también algunas lindas colaboraciones de Berni Wrightson, un Frank Thorne muy limitado, muy cabeza, los chistes de Sergio Aragonés, material antiguo pero hermoso de Jack Kirby y Carmine Infantino, una historia muy bien dibujada por Ramona Fradon, otra maravillosa de Ralph Reese (¿qué será de la vida de ese tipo, que en los´70 dibujaba tan bien?) y dos cortitas del legendario Frank Robbins, prendido fuego, en una performance infinitamente superior a la que le vimos cada vez que trató de dibujar comics de superhéroes. Todo eso, por supuesto, reeditado en blanco y negro, sin el color de los ´70 que era más horrendo y pesadillesco que cualquier criatura de las que aparecen en estas historietas.
Este tomo salió a principios de 2009 y desde entonces, DC no reeditó más material de House of Mystery. Y está bien. Si alguien quiere leer más de tres Showcases de esta revista (más de 1500 páginas) es porque tiene serios transtornos mentales. Por ahí, llevando la receta del psiquiatra, en alguna comiquería yanki te venden baratas las revistitas de los ´70...
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