el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 1 de noviembre de 2015

01/11: FATALE Vol.5

Y bueno… cuando asumí que hoy no llegaba a terminarme el masacote de chotocientasmil páginas con el que vengo lidiando desde el viernes, corté por lo sano y decidí entrarle a algo más corto, que pudiera ser deglutido en un par de horas.
Así caí en este vórtice de la destrucción mental, la violencia, la lujuria y la sordidez al que Ed Brubaker y Sean Phillips lograron convertir en una maravilla narrativa única, pasada de rosca y no exenta de momentos poéticos. Confieso que cuando llegué al final del Vol.4 me asaltaron serias dudas: en un momento desconfié de que Brubaker pudiera cerrar una trama tan compleja en sólo cinco episodios más. Una vez más, este fetiche indiscutido del blog me cerró bien el orto.
El quinto y último tomo de Fatale te agarra de la garganta y no te suelta hasta el final. Una tras otra, se suceden escenas tremendas, shockeantes, revulsivas. Y no sólo se resuelve la trama central, de de Nicolas Lash y la enigmática Josephine. Incluso queda espacio para indagar un poquito más en el pasado de la femme fatal, en la historia del villano (acá más sacado que nunca) y hasta para explicar algunos puntos oscuros de la historia, bizarreadas místicas que quizás se prestaban a no ser explicadas, a quedar ahí, en la ambigüedad típica de los cuentos de Lovecraft, a los que tanto les debe Fatale. Pero Brubaker va por todo, a matar o morir, sin dejar cabos sueltos.
Hasta la última secuencia tenemos giros impredecibles, revelaciones asombrosas, muertes escabrosas, maldades impiadosas que el autor les hace a los personajes y como siempre –de punta a punta de los cinco tomos- un gran trabajo en los bloques de texto y en los diálogos. En este tramo final aparece un personaje, Otto el bibliotecario, que es el que se roba los mejores diálogos, lejos. Ah, y otra cosa notable que hace Brubaker es que no le importa si no entendés de qué está hablando. El tomo arranca así, en caliente, no pierde ni dos bloques de texto en recapitular lo que pasó en los tomos anteriores. Si no te acordás, jodete. Los que seguro se acuerdan de todo son los personajes, que a menudo tiran sutiles referencias a sucesos de su pasado, que Brubaker y Phillips nos mostraron con distintos niveles de explicitud y claridad a lo largo de la saga.
A medida que la historia se va yendo de mambo, a medida que la apuesta se hace más radical, más a todo o nada, Sean Phillips encuentra más oportunidades para salir de la zona de confort de las seis o siete viñetas por página y explorar otras variantes. En el arranque del segundo episodio, cuando nos muestra ese sueño de Nick, ya queda claro que a nivel visual puede pasar cualquier cosa. En el cuarto episodio, cuando finalmente garchan Josephine y Nicolas, Phillips rompe todos los límites de la imaginación. Y en el episodio final vuelve a saltar al vacío cuando ilustra seis páginas al estilo de los grabados medievales. Phillips es en buena medida responsable de ese gran mérito que tiene Fatale que es poder adornar con un cierto vuelo poético una historia manchada de sangre, sexo y pésima leche.
Cualquier exégesis de Fatale se queda corta. Esta es una serie realmente importante, que recorre distintas épocas, que aborda distintas problemáticas, que se anima a incorporar momentos líricos, momentos reflexivos, que por momentos llega a angustiarte por lo desesperante que es la situación de algunos personajes… y que además se puede leer como “una de tiros, garches y monstruos”. Otra obra maestra para la vitrina de Brubaker y Phillips, y van…

jueves, 11 de diciembre de 2014

11/12: FATALE Vol.4

Después de aquel Vol.3 “raro”, en el que Ed Brubaker jugaba a convertir a Josephine en una especia de “legacy heroine” y nos revelaba algunas secuencias clave de su enigmático pasado (ver reseña del 21/10/14), Fatale vuelve a la “normalidad” en este cuarto tomo, de nuevo con la fórmula de los dos primeros tomos. Eso quiere decir que, por un lado tenemos la secuencia que transcurre en el presente, con Nicolas Lash como protagonista, y por otro una secuencia en el pasado protagonizada por Josephine. Y al final, una revelación muy grossa que vincula de alguna manera las dos secuencias.
La última vez que lo vimos a Nicolas, estaba en cana por un crimen que no cometió, mientras que el misterioso manuscrito de su tío, Dominic Raines, había caído en manos de una editorial que lo había hecho público. Acá la cosa parece encarrilarse, aparece una luz como para escaparle al descenso y al final Brubaker nos recuerda que no, que este pobre pibe está meado por los perros, tiene menos culo que los Kennedy y está condenado a comerse todos los garrones del universo. Por ahora este plot avanza poco. No lento: poco, porque Brubaker le dedica pocas páginas por tomo. Pero uno ya sospecha que el reencuentro entre Nicolas y Josephine es inminente, que quizás se produzca en el Vol.5. Bah, digo yo… Hubo una historia de Jo en los ´50, una en los ´70, esta es en los ´90 y ahora tocaría llegar al presente. Capaz que me equivoco.
Como mencionaba recién, esta vez vemos a nuestra femme fatale favorita inmersa en el microclima tortuoso y conflictivo de una banda de grunge de los ´90, típico émulo de Nirvana y Pearl Jam, que pegó un par de hitazos pero se le acabó el envión del primer disco y también, empieza a mirar la tabla de los promedios. Acá hay un trabajo magnífico en el armado de los cuatro o cinco personajes que integran la banda y en la dinámica entre ellos, que por supuesto se va a ver drásticamente alterada por la llegada de Josephine. Estos personajes están realmente bien construídos, repletos de problemas, de contradicciones, pero a la vez muy vivos, muy reales, muy creíbles para cualquiera que entienda mínimamente cómo funcionó la escena grunge de Seattle tras la muerte de Kurt Cobain.
A esta dinámica habrá que sumarle el elemento característico de esta serie, que es el thriller sobrenatural. Pronto los músicos se verán enroscados en una trama de sexo, drogas y sangre que –obviamente- tiene que ver con Jo y con Bishop y su culto satánico, sus eternos perseguidores. Del asalto al banco más fácil de la historia al videoclip más erótico de todos los tiempos, Brubaker propone otra historia al límite, con muchos momentos de tremendo impacto, esta vez con una ambientación que nos resulta más próxima, con el protagonismo (y las desgracias) repartido entre más personajes, y con el misterio de Josephine y sus increíbles poderes siempre en el centro de la escena.
Por el lado del dibujo, tenemos como siempre a Sean Phillips en perfecta sintonía con lo que escribe Brubaker, esta vez arriesgando un poco más en la puesta en página, en las secuencias en las que Josephine (que arranca la aventura amnésica) empieza a recuperar sus memorias y Tom (el talentoso compositor de la banda) se ve aterrado por las suyas. Después, lo de siempre: la narrativa cristalina, clásica, a la que Phillips le saca un jugo riquísimo tanto en las escenas de acción, como en las de diálogo, que nunca se hacen densas ni aburridas. Y los climas: la adrenalina al palo del robo al banco, los garches, las lluvias que opacan casi siempre el cielo de Seattle, esa escena memorable en la que Jo se pone a bailar y el mundo entero pierde el control, las peripecias de Nicolas en el presente… todo está plasmado con mucha fuerza y mucha elegancia por el maestro británico, ahora con Elizabeth Breitweiser a cargo de sumarle colores al magistral claroscuro de Phillips.
Este tomo me resultó terriblemente adictivo. De hecho, arranqué a leer un capitulito antes de dormir y no pude apagar la luz hasta que no llegué al final del libro. Fatale es así, peligroso, ominoso. No es un comic que uno lee. Es un riesgo que uno asume. Y la verdad es que la paso tan bien leyendo (y traduciendo) Fatale, que me juego entero, no le tengo miedo a las consecuencias. Quizás haya caído yo también bajo el sugestivo embrujo de Josephine.

martes, 21 de octubre de 2014

21/ 10: FATALE Vol.3

Este es un tomo raro de la fundamental serie de Ed Brubaker y Sean Phillips. En primer lugar, porque en vez de cinco episodios recopila cuatro. En segundo lugar, porque se trata de cuatro historias autoconclusivas, no de un arco argumental dividido en episodios. Y en tercer lugar, porque deja completamente de lado uno de los plots centrales, uno de los ganchos que conectaban al primer tomo con el segundo. El final del Vol.2 (lo vimos el 05/04/14) fue tremendo, un volantazo impredecible y electrizante en la saga de Nicolas Lash y el misterioso manuscrito de Dominic Raines. ¿Y ahora? ¿Cómo sigue esa parte de la trama? Acá no hay ni el más mínimo indicio y habrá que esperar hasta el Vol.4 para enterarse.
Dos de los unitarios se centran en el otro personaje principal, en la que hasta ahora es la protagonista indiscutida de Fatale: la bella e irresistible Josephine. El primero está ambientado en Texas, en 1936, cuando Jo recién empieza a controlar sus poderes y a sospechar que esas pesadillas que la atormentan no existen sólo en sus sueños, sino también en el mundo real, aunque sólo unos pocos puedan verlo. No es un guionazo, no era absolutamente imprescindible contar esa historia, pero -como siempre- Brubaker te enreda en su maraña de diálogos afilados y magníficos bloques de texto y terminás enganchado, incluso cuando la historia que te cuenta es menor.
Y el otro unitario centrado en Josephine es importante, porque funciona como complemento al Vol.1 (lo vimos el 08/12/13). En aquel arco argumental, Brubaker tiraba un breve flashback a Europa durante la Segunda Guerra Mundial, donde situaba el origen de la relación entre Jo y Walter Booker y tiraba pistas de un enfrentamiento grosso con Bishop. Eso que en el Vol.1 era escueto y ambiguo acá es explorado a fondo, en una aventura vibrante, al recontra-palo, con imágenes fuertes y cimientos firmes para la trágica relación de la pareja.
Nos quedan dos unitarios más. El primero gira en torno de Mathilda, una chica que vive en Francia en 1286, a la que perseguirán por bruja. Mathilda tiene poderes parecidos a los de Jo y si leés el comic con mucha atención vas a descubrir un libro y un diálogo que conectan a la historia de Mathilda con la de Jo y con la de Nicolas Lash. Igual, 24 páginas para sugerir que la maldición que hoy porta Josephine viene de hace casi mil años atrás, es un poco mucho. Por suerte abre y cierra con un ritmo bastante aventurero, como para que parezca que “pasa algo”.
Y la historia que nos queda tiene como protagonista a “Black” Bonnie Smith, otra chica de inexplicable longevidad, apabullante belleza y el poder de controlar a los hombres a su voluntad. Pero hete aquí que esta chica es una forajida que cabalga las planicies y desfiladeros de Colorado en 1883, con lo cual Brubaker juega a contarnos una de cowboys. A fuerza de puteadas, tiros, revelaciones shockeantes y un gran laburo en el armado de dos personajes secundarios, este se convierte en un unitario muy, muy sólido, impredecible a pesar de que uno ya conoce “la fórmula”.
Con este tomo, además de darle a Josephine visos de “legacy heroine”, al estilo de esos personajes de DC que viven distintas vidas en distintas épocas y con distintas identidades, Brubaker juega a complicarle la vida a su socio, el notable Sean Phillips. Acá, el británico se tiene que romper el culo para conseguir parvas de documentación histórica, que va a poder usar una sola vez! Cada 24 páginas, tiene que cambiar de país, de siglo, de ambientación, de climas. Lo que antes hacía una vez por TPB, ahora lo hace una vez por episodio. Y obviamente lo hace bárbaro, porque Phillips ya demostró que ningún desafío le queda grande, que sale a buscar los tres puntos en todas las canchas. Phillips te va de la Gran Depresión al medioevo, de ahí al Far West y de ahí a la Europa ocupada por el Tercer Reich sin pifiarla nunca, siempre atento a los detalles, siempre dispuesto a acompañar y subrayar el ritmo que Brubaker le impone a cada uno de los relatos.
Si nunca leíste Fatale, no trates de empezar por este tomo. Y si estás enganchadíismo (como yo) con la serie… paciencia, maestro. Hay que bancar un tomo más para ver cómo carajo siguen avanzando las tramas.

sábado, 5 de abril de 2014

05/ 04: FATALE Vol.2

Hoy de nuevo tengo poquísimo tiempo, porque en un rato arranca Dibujados. Una pena, porque me tocó un libro exquisito, con mucho y muy bueno para diseccionar.
Para ganar tiempo, no voy a hablar del dibujo. Lo que hace Sean Phillips en este arco no se diferencia en nada de lo que ya vimos en el Vol.1 (reseñado el 08/12/13). El guión de Ed Brubaker pega un salto temporal importante: la parte que transcurre en el pasado (que, al igual que en el Vol.1, es la que más páginas ocupa) no está ambientada en los ´50, sino a fines de los ´70, en el mundillo superficial, promiscuo y merquero de Hollywood y sus estrellitas. En ese contexto veremos nuevas atrocidades que giran en torno (aún a pesar suyo) de la enigmática Josephine, la hermosa mujer que no envejece y que está vinculada de modos misteriosos a una secta que parece satánica, pero en realidad adora a los “dioses oscuros”, unas criaturas de clara raigambre lovecraftiana.
Esta vez, el personaje que caerá en las redes de Josephine es Miles, un actor mediocre que no se resigna a que su carrera se fue al descenso y que se refugia en la heroína y la venalidad. Es un personaje muy, muy bien trabajado por Brubaker, al que el autor dotará de enorme tridimensionalidad, al que veremos evolucionar muchísimo y replantearse miles de cosas a lo largo de la trama. Una vez más, esta está contaminada de corrupción, extorsiones, mentiras, violencia, secretos ancestrales y mucha sangre.
¿Y Nicolas Lash? Quedate tranquilo, que el guionista no se olvida del pobre loser que protagoniza las secuencias del presente. Para él también hay sacudones violentos y serias complicaciones, producto de su obsesión con Josephine. Lo mejor es cómo los flashbacks que tira Brubaker en la línea argumental de Nicolas enganchan perfecto con lo que viven Josephine y Miles en los ´70.
Acá me bajé cinco episodios al hilo, de los que llevo traducidos al castellano sólo dos. O sea que una parte del TPB la leí “mes a mes” y la otra, de un tirón. Por supuesto, los episodios que no había leído para traducir se me pasaron volando, en parte porque coinciden con el momento en que Brubaker decide cambiar el ritmo (al principio muy tranqui) del relato y precipitar los macabros acontecimientos.
Con arcos como este, es muy difícil bajar a Fatale de la lista de los comics imprescindibles, de los que hay que seguir a muerte.

domingo, 8 de diciembre de 2013

08/ 12: FATALE Vol.1

Con este comic estoy haciendo algo que hacía mucho que no hacía: lo leo capítulo a capítulo, con un mes de paréntesis entre uno y otro, a medida que hago las traducciones para el sitio de “tradumaquetadores” con el que estoy colaborando. Estoy en el medio de la traducción del cuarto capítulo, así que –cuando le tocó a este tomo ser reseñado acá en el blog- me faltaba leer sólo el quinto. La consecuencia más notoria de la lectura “paso a paso” (en homenaje eterno a Mostaza Merlo, obviamente) es que me encariñé más con los personajes. Siento que los conozco hace mil años, les escucho las voces, sé cómo habla cada uno (si no estudiás eso a fondo es casi imposible lograr una traducción fiel al material original) y hasta me permito intuir qué van a hacer en los episodios que no leí. Trataré de que ese cariño no vuelva demasiado subjetiva esta reseña.
Seguramente ya escuchaste hablar de la chapa de Ed Brubaker y Sean Phillips y de la magia que explota cada vez que se juntan para trabajar en un proyecto en común. Fatale no es para nada la excepción: de nuevo tenemos un comic donde realmente cuesta creer que no hay un único autor, sino dos, que se entienden a la perfección. La gran diferencia esta vez es que Fatale no es el típico policial negro, el típico hard boiled, que es el género en el que hace años se destaca la dupla. Así como en Incognito los autores le agregaron al hard boiled ciertos tópicos del género de superhéroes y algo de espionaje, acá se juegan con elementos fantásticos que tienen que ver con el terror, con ciertos visos lovecraftianos.
De pronto, la “femme fatale” a la que hace referencia el título esconde un secreto muy heavy que tiene que ver con sectas satánicas y asesinatos rituales en los que se invoca a oscuras deidades de ancestral poder. Todo muy sugerido, muy desenfatizado por Brubaker hasta ya muy avanzado este primer tomo. Pero las pistas están. Si leés con atención, especialmente los flashbacks, empezás a intuir que el pasado de Josephine y Walt Booker está manchado con elementos sobrenaturales muy jodidos, que obviamente los van a perseguir hasta el presente. En realidad, hasta uno de los presentes, porque la narración está planteada en dos épocas muy distintas: 1956 y la actualidad. Ambas ambientaciones serán atravesadas por la enigmática presencia de Josephine, que le recontra-complicó la vida en 1956 al pobre Dominic “Hank” Raines y en el presente se la va a complicar al también incauto ahijado de Raines, Nicolas Lash, que se pasa casi todo el tomo descubriendo azorado la crónica de su padrino acerca de su relación con Jo.
El clima de la serie es MUY hard boiled, en ningún momento amaga con convertirse en una machaca sobrenatural al estilo Hellboy. Y además es MUY truculenta. Hay destripamientos, mutilaciones, gente quemada, tiros, golpes, cuchillazos y un ritual satánico en el que la víctima es un bebé, arrancado del vientre de su mamá. Los propios personajes subrayan todo el tiempo lo espesos que se ponen la violencia y el gore, escena a escena y muerte a muerte. Estamos frente a un comic extremo no por el lado de la grandilocuencia, sino por lo fuerte que impactan las crueldades y las atrocidades que urde Brubaker.
Por suerte, a la hora de plasmarlas gráficamente, el maestro Phillips mantiene su característica sobriedad. Lo cual no significa que no haya secuencias tremendamente shockeantes. Phillips y el glorioso colorista Dave Stewart se ensamblan pefectamente para darle vida y verosimilitud a estos climas, constantemente enrarecidos por los asesinatos y por la presencia insoslayable de estos elementos fantásticos, en los que no conviene ahondar para no spoilear. La narrativa es impecable, la reconstrucción de la San Francisco de 1956 también y cuando Phillips echa mano a la referencia fotográfica la labura tanto y tan bien que no hace ruido para nada.
Fatale terminó o está por terminar de publicarse en revistitas y creo que van a ser cuatro TPBs. No sé si el balance final nos permitirá ponerla en la categoría de Obra Maestra de esta dupla infalible porque –claro- está Criminal, que es perfecta. Lo que sí sé es que esta serie arranca MUY arriba, con un argumento sumamente atrapante, muy bien desarrollado, con buenos diálogos, buenos personajes y un clima que la diferencia bastante de las otras obras de Brubaker y Phillips y que además la lleva en una dirección muy poco explorada por el comic en general. Da para bancarla a muerte.