el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Winshluss. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Winshluss. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de octubre de 2011

10/ 10: PINOCCHIO


Nah, nos fuimos a la mierda, mal. Te pido un favor: hacé click en la etiqueta de Winshluss y releete la reseña de Smart Monkey (está también en la pag.35 del segundo tomo del libro). ¿Listo? Gracias, así me ahorro de repetir un montón de cosas.
Pinocchio es el magnum opus de Winshluss, el trabajo con el que se cansó de ganar premios, con el que ascendió definitivamente al Olimpo. El planteo es tan bueno que hasta los mediocres le sacan buen rédito: una nueva versión, más moderna, dark y zarpada del clásico cuento de Carlo Collodi. El Pinocchio de Winshluss es un niño robot, una especie de Astroboy, pero con armas destructoras escondidas hasta en las pelotas. Y sí, está Geppetto, está Pepito Grillo, y en algún momento se tienen que escapar de adentro de una especie de ballena. No hay muchas más coincidencias con la versión más popular, la de la peli de Disney, que tiene a su vez varios cambios respecto del original de Collodi.
Esta versión se regodea en la violencia, la crueldad y la abyección moral, con un humor maligno, efectivo y sutil, como los buenos venenos. Como en Smart Monkey, el autor recurre a los diálogos sólo cuando son imprescindibles. La inmensa mayoría de la novela (154 de las 183 páginas) está contada sin textos y Winshluss recurre a su magistral manejo de la narrativa y del lenguaje del comic para meternos en un festival de muerte, corrupción, sexo, droga, mutilaciones, maldades varias y palos contra todas las instituciones habidas y por haber: la religión, el ejército, la familia, la mega-corporación que esclaviza a sus trabajadores, los intelectuales, la cana… Acá no hay buenos, excepto los animalitos y el pobre Pinocchio, que se limita a cumplir órdenes.
El guión es realmente maravilloso, pero lo más impactante es cómo está contado. Cómo arma las secuencias Winshluss (muchas veces como mini-historietas dentro de la historieta mayor), dónde mete esas splash-pages majestuosas, cuándo elige mostrar la historia desde el punto de vista de Pepe Grillo (que acá es Cucaracha, pero bue…), cómo entreteje las historias de un montón de personajes importantes (Wonder, Blancanieves, el detective Bob Javer, el propio Geppetto). Eso es magia pura. Incluso por momentos tira secuencias con personajes que hasta ese punto no habíamos visto, dibujadas incluso en otro estilo, y decís “¿Qué es esto? ¿Metió una historieta que no tiene nada que ver con Pinocchio en medio de la novela?”. No. Bancá, que todo se conecta, y de modos totalmente impredecibles.
Y al mejor estilo UCR, me contradigo con lo que dije en el párrafo anterior. En realidad, lo más impactante es el dibujo, o cómo Winshluss cambia de estilo de dibujo en cada secuencia y siempre se mantiene en un nivel devastador. La mayoría del libro está dibujado en un estilo que mezcla lo más finoli de Robert Crumb con lo más cabeza y expresionista de Philippe Vuillemin, pero con mejor narrativa. Para las splash-pages, Winshluss pela un estilo más pictórico, de enorme belleza plástica, con mucha menos presencia de la línea negra del plumín. Las secuencias de Pepe Grillo son en blanco y negro, y dibujadas en línea chunga, a los pedos, en un estilo mezcla entre Ernán Cirianni y John Kricfalusi. Y después hay secuencias dibujadas sólo a lápiz, momentos en los que pinta una onda medio Peter Kuper (otro maestro a la hora de narrar sin textos), una secuencia que recuerda a Diego Parés… Fijate que estoy nombrando a un montón de Monstruos Sagrados del Dibujo, como para hacerte una idea de la calidad que tiene la faceta visual de la novela. Y todo lo que yo diga es poco. Te aseguro que cuando la veas (si no lo hiciste ya), te vas a caer de ojete, mal.
El Pinocchio de Winshluss no sólo es Historieta Perfecta. También es Historieta Obligatoria. Pocas veces vamos a volver a ver un trabajo tan completo, de un tipo que entienda y explote con tanto talento toda la gama de recursos expresivos de la historieta, y que además lo haga para hacernos cagar de risa, para atraparnos y corrompernos con una trama de humor negro, desbordada de irredimible mala leche, con el encanto del cuento de hadas, pero tres días fuera de la heladera. Esto es realmente increíble y es menester agradecerle a la editorial yanki Last Gasp, que lo editó a un precio sumamente accesible, sin mezquinar en lo más mínimo en la calidad del papel, las portadas, etc. Un lujo, una maravilla, un placer, un hito jodido de superar.

jueves, 29 de julio de 2010

29/ 07: SMART MONKEY


El comic es así. Cuando ya creías que habías visto todo, aparece un nuevo hijo de puta que patea el tablero y te estropea la cabeza con cosas que creías que nunca en tu vida ibas a ver en una historieta. El francés Winshluss es uno de esos hijos de puta y la chapa que obtuvo en los últimos años no es casualidad, ni regalo, ni un cobro de favores mafiosos por parte del editor que le publica los libros.
Smart Monkey es una obra exquisita, una novela gráfica de 95 páginas de las cuales sólo 13 tienen texto. El resto es todo mudo, ya que el protagonista es un monito que no habla, y que interactúa con otros animales que tampoco hablan. Muy parecido a lo que sucede con el alucinante Gon, de Masashi Tanaka. De hecho, Smart Monkey es el Gon europeo. Con algunas diferencias, claro, y la más importante es que Winshluss no se propone mostrarnos un canto a la naturaleza y la vida salvaje, sino que usa al monito para hablar solapadamente de los humanos, de las luchas de poder, de las boludeces que hacemos los tipos para levantarnos minas, de la crueldad con la que los pulenta pasan por encima a los pichis. No hace falta llegar a la secuencia en la que aparecen los humanos (y los diálogos) para darnos cuenta de que ese monito recontra-expresivo está ahí para mostrarnos cosas de nosotros mismos.
La otra gran diferencia entre Smart Monkey y Gon es el estilo del dibujo. Mientas Tanaka se mata para darle a sus bichos y sus paisajes un realismo fotográfico, Winshluss se caga de risa y nos muestra todo a través de un prisma exagerado, descontrolado, con mucho de dibujo animado yanki de la época de Chuck Jones y Tex Avery. Acá ves el movimiento, aunque no quieras. Esos personajes están vivos, inquietos, ansiosos, alzados. Como en los comics de André Franquin, las pantomimas se potencian, se exacerban y cobran un protagonismo infrecuente en la historieta europea, que tiene fama de sobria. Pero esto no tiene nada que ver con los clásicos europeos (excepto por esa referencia a Franquin). O sí, porque la iluminación de las viñetas y algunas manchas tienen matices que vimos en Blutch, o en Christophe Blain. Pero la narrativa parece yanki, y en el dibujo hay cositas de Carlos Nine, de Gary Baseman y hasta de John Kricfalusi, el creador de Ren & Stimpy, lo cual engancha con la mención a los ultra-clásicos de la animación yanki.
Que parece ser una referencia ineludible, porque el argumento está plagado de gags visuales y hay secuencias enteras en las que el monito y el tigre dientes de sable podrían reemplazarse sin problemas por Tweety y Silvestre o el Coyote y el Correcaminos. Sí, este es un comic de un altísimo voltaje humorístico, que se centra en el slapstick, pero que también incluye finas y malignas ironías, como todo el epílogo protagonizado por Humberto, el Vizconde de Vallombreuse. Poco importa si Winshluss manda fruta cuando nos cuenta cómo y cuándo se extinguen un montón de animales prehistóricos. La gracia está en cómo nos muestra esta historia de ingenio y supervivencia, que tiene todos los elementos para ser memorable, y que además está dibujada como los fuckin´dioses, por un genio del pincel y el plumín que da cátedra de narrativa, composición, diseño de personajes, crosshatching, iluminación y fondos, todo en 95 páginas.
Smart Monkey tiene hace unos meses una edición nacional, excelente y sumamente accesible, como para que nadie se quede sin descubrir esta papita tan fina y tan brutal.