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jueves, 15 de diciembre de 2022
HOY SALIMOS DE A CUATRO
Vengo bastante bien en este loco sprint dedicado a las historietas de autores argentinos publicadas en 2022. Hoy tengo para reseñar cuatro títulos, nada menos.
Empiezo con Mancha, la obra que marca el regreso de Damián Fraticelli, esta vez con dibujos de Maximiliano Amici. Se trata de una serie de historias cortas protagonizadas por nenes de unos nueve años, pero con un filo muy oscuro, muy deforme y muy perturbador. El primer guion es excelente, trece páginas a puro asco y bizarreada. El resto, se ve un poquito más forzado: me lo imaginé a Fraticelli esforzándose fuerte por encontrar una idea que pudiera desarrollar en el universo de Mancha y Leo y que a la vez se pudiera rematar en menos de 12 páginas. Y sin ser pavadas ni fumanchereadas sin pies ni cabeza, las otras cuatro historias no están al apabullante nivel de la primera.
El dibujo de Amici está jugado a un claroscuro extremo, que remite todo el tiempo al estilo de Charles Burns, como sucedía con el de Ezequiel Couselo, co-equiper de Fraticelli en la recordada Putefacción (ver reseña del 07/10/17). Amici propone una narrativa muy clara y una puesta en página tradicional, y si bien su estilo no es muy original, su trabajo no tiene fisuras y refleja a la perfección esos climas retorcidos y perversos que proponen los guiones de Fraticelli. No te pongo a Mancha entre las historietas más destacadas del año, pero la pasé bien con el librito (al que, como sucedía con Putrefacción) le sobran carátulas, separadores y páginas en blanco.
De la dupla de guionistas integrada por Emilia y Emiliano Plissken tenemos un libro más, The Purple Oblivion, esta vez con dibujos del maestro Diego Simone. Esta es una saga bien de body horror, extrema en su planteo y en su realización, con un problema fundamental: a lo largo de casi 100 páginas narra una historia que se podría condensar en menos de 35. El ritmo del relato está tan descomprimido que parece una joda, un desafío para ver hasta dónde se puede llegar, cuál es el límite de páginas que se pueden ocupar con una idea atractiva, pero muy chiquita. Es una lástima, porque es un libro de impecable factura técnica, bien impreso, a todo color, bien rotulado, con un color alucinante y los dibujos de Simone que jerarquizan cualquier cosa. Esta vez no apareció el cartelito de "fin del Vol.1" en la última página, con lo cual supongo que se trata de una obra completa, autoconclusiva, que termina en esa última escena ida al recontra-mil carajo. Y una vez más, tenemos esos diálogos que imitan al doblaje centroamericano de las series y películas yankis.
Sin dudas lo mejor de The Purple Oblivion es la faceta visual, donde entre todas esas splash-pages innecesarias, Simone saca a relucir su chapa de gran dibujante y gran narrador gráfico. Al guion le falta profundidad y le sobran, básicamente, un montón de páginas.
Breve glosa para Casting de Gatos, una historieta infantil creada por Gustavo Sala. Esta edición es extraña en dos sentidos: 1) ¿En serio le quieren vender a los chicos historietas en blanco y negro? Lo veo dificilísimo. Ojalá me equivoque y esto sea un éxito, pero para mí es un suicidio comercial. 2) Cada página del librito trae una sola viñeta, o sea que la historia está contada en 27 cuadritos iguales, uno por página (el libro ofrece 32). O sea que si Sala rearmara este material en una grilla de 9 cuadros por página, Casting de Gatos podría ocupar TRES páginas de una revista.
De todos modos, y a pesar de estas decisiones medio extrañas, estamos ante una muy buena historieta, que me hizo reir bastante y que está muy bien dibujada. Sin dudas a los menores de 10 años, si no los ahuyenta el tema del blanco y negro, les va a encantar. Y a los mayores sospecho que también, sobre todo a los fans de Sala.
A menos de dos meses de haber leído el tercer librito, me devoré el cuarto de Roque & Gervasio Pioneros del Espacio, de Federico Reggiani y Ángel Mosquito. Creo que hasta ahora "En el planeta Culo" es la más graciosa de las aventuras que integran esta magnífica serie en la que puede pasar cualquier cosa. En un contexto de ciencia ficción, los autores te impactan con escatología, bizarreadas, vueltas de tuerca impredecibles y un humor basado en la berretada, la chantada y la truchada más argenta que te puedas imaginar. Lo único que me resultó un poco forzada es la casualidad por la que Helena (gran personaje secundario) justo está en el mismo planeta que los protagonistas al mismo tiempo que ellos. Pero esas trampitas que hace Reggiani son totalmente funcionales al relato, están ahí para sumarle picante a las historias y para garantizar, además de la diversión, que el elenco de la serie se siga desarrollando.
El dibujo de Mosquito, impecable, con unas onomatopeyas gloriosas (pensar que hay autores y autoras que se niegan a usar onomatopeyas...), un gran trabajo de aplicación de grises y un par de splash-pages para la inmortalidad. Nunca es suficiente el material que hay publicado de Roque & Gervasio. Esto es tan bueno, tan entretenido, tan original y tan eficaz en su mixtura de peripecias espaciales y humor de pésima leche, que a pesar de la excelente periodicidad (dos o tres libritos al año sin mezquinar un ápice de calidad) uno siempre quiere más.
Y hasta acá llegamos. Vamos Argentina el domingo y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.
sábado, 7 de octubre de 2017
DE VUELTA AL RUEDO
Y sí, todo tiene un final y se acabaron mis vacaciones. No queda otra que retomar el laburo y las tareas que uno hace para hinchar las pelotas, sin esperar ninguna remuneración, como esta de escribir reseñas en el blog. La próxima entrada va a ser un repaso por la MegaCon de Tampa y algunas comiquerías destacadas de esa ciudad (y alrededores), pero hoy tengo un par de brolis leídos que quiero comentar en este espacio.
Después de un largo tiempo alejado del comic británico, me clavé Stone Island, una saga aparecida originalmente en 2006-2007 en las páginas de la 2000 A.D., a cargo de un equipo que prometía muchísimo: el guionista Ian Edginton y el dibujante Simon Davis. Ya desde el prólogo, Edginton nos aclara “guarda que esto no es Guerra y Paz, ni Watchmen”. El guionista blanquea desde el vamos su intención de ofrecernos un comic pochoclero para pasar el rato, con machaca, gore, impacto y acción al palo. Y la verdad es que cumple, aunque sin dejarnos mucho más.
La trama es interesante, hay un giro muy logrado que hace que el personaje que pintaba para protagonista al final fuera… otra cosa, mientras un personaje que parecía secundario recibe un tratamiento profundo y muy copado en su accidentado camino hacia la improbable redención, y los diálogos hacen gala de un humor negro irónico, con deliciosa mala leche. O sea que como entretenimiento, Stone Island es un comic dignísimo, por momentos perturbador por los niveles de sangre y tripas, por momentos atrapante por los conceptos que mete Edginton y por el tratamiento que reciben Harry Rivers, David Sorrell y el resto del elenco.
La pulenta, sin embargo, es el dibujo de Davis. Este animalito pasado de rosca parece una cruza entre Simon Bisley, Sergio Toppi y el Sean Phillips de los ´90. Con un tratamiento muy realista de los personajes humanos y una técnica pictórica de alto vuelo, Davis garantiza el impacto a la hora del gore y la violencia. Se nota que la narrativa es lo que más lo complica, pero aún así no se ven pifias groseras. Quizás lo más cuestionable sea que los personajes tienen caras de actores del mundo real (Stephen Rea, Harry Dean Stanton, Ralph Fiennes y otros a los que mi escasa cultura cinematográfica no me permite identificar). Pero la verdad es que visualmente esto es espectacular y te deja pidiendo más Simon Davis (tendré que volver a hojear los tomos de Sinister Dexter). Si estás buscando dibujantes de la escuela pictórica que te puedan sorprender o sagas de terror físico bien truculento, no dudes en entrar(le) a Stone Island.
Ya no me queda casi nada para terminar de reseñar el material aparecido en Argentina en 2016. Esta vez tengo para comentar Putrefacción, la opera prima de Damián Fraticelli y Ezequiel Couselo, aparecida primero en Fierro y luego en un librito de Historieteca… que dedica nada menos que 29 de sus 96 páginas a carátulas, prólogos, bocetos, páginas en blanco (en negro, en realidad)… Casi un tercio de un libro de historietas NO tiene historietas y eso me parece un desacierto demasiado notorio como para dejarlo pasar.
Por suerte las 67 páginas que sí tienen historietas están buenísimas. Fraticelli recurre a las convenciones del clásico policial negro para contar un thriller político intenso, que te logra poner nervioso, con varios giros imprevistos. Y claro, con ese ancho de espadas de que todo transcurre en el extraño mundo de una heladera desenchufada donde el frío empieza a escasear y de a poco “se pudre todo”. En una de esas, esta misma historia protagonizada por seres humanos también estaba buena, pero el hecho de que los protagonistas sean huevos, lácteos, gaseosas y hortalizas le da a Putrefacción esa arista, ese filo que la hacen única y sumamente memorable.
Como también resulta memorable el trabajo de Couselo al frente del dibujo. Es muy loco descubrir a un dibujante que aparece de la nada (jamás lo había visto ni siquiera en fanzines) y muestra desde la primera página un dominio tan avasallante de la técnica, tanto de ilustración como de narración gráfca. Más allá de la insoslayable influencia de Charles Burns, Couselo tiene un estilo propio, basado en un manejo impactante del claroscuro a todo o nada, logrado (creo) con un plumín cuasi-mágico. Pero además le gusta experimentar con la puesta en página, con la forma de las viñetas… Acá, más que un canchero que ostenta virtuosismo, hay un narrador inquieto que se desvive por probar cosas nuevas. Recomiendo mucho Putrefacción, claro ejemplo de la renovación constante de la historieta argentina, y de la vigencia de algunos géneros que a veces se nos antojan agotados, pero sólo porque se agotan los autores que se dedican a ellos. Y hablando de agotarse, si esta edición se agota, por favor para la próxima menos páginas de relleno.
Gracias por el aguante durante estos días de ausencia y trataremos de bancar los trapos este mes con otros 7 u 8 posteos, a ver si de milagro llegamos a los 100 antes del 31 de Diciembre.
Después de un largo tiempo alejado del comic británico, me clavé Stone Island, una saga aparecida originalmente en 2006-2007 en las páginas de la 2000 A.D., a cargo de un equipo que prometía muchísimo: el guionista Ian Edginton y el dibujante Simon Davis. Ya desde el prólogo, Edginton nos aclara “guarda que esto no es Guerra y Paz, ni Watchmen”. El guionista blanquea desde el vamos su intención de ofrecernos un comic pochoclero para pasar el rato, con machaca, gore, impacto y acción al palo. Y la verdad es que cumple, aunque sin dejarnos mucho más.
La trama es interesante, hay un giro muy logrado que hace que el personaje que pintaba para protagonista al final fuera… otra cosa, mientras un personaje que parecía secundario recibe un tratamiento profundo y muy copado en su accidentado camino hacia la improbable redención, y los diálogos hacen gala de un humor negro irónico, con deliciosa mala leche. O sea que como entretenimiento, Stone Island es un comic dignísimo, por momentos perturbador por los niveles de sangre y tripas, por momentos atrapante por los conceptos que mete Edginton y por el tratamiento que reciben Harry Rivers, David Sorrell y el resto del elenco.
La pulenta, sin embargo, es el dibujo de Davis. Este animalito pasado de rosca parece una cruza entre Simon Bisley, Sergio Toppi y el Sean Phillips de los ´90. Con un tratamiento muy realista de los personajes humanos y una técnica pictórica de alto vuelo, Davis garantiza el impacto a la hora del gore y la violencia. Se nota que la narrativa es lo que más lo complica, pero aún así no se ven pifias groseras. Quizás lo más cuestionable sea que los personajes tienen caras de actores del mundo real (Stephen Rea, Harry Dean Stanton, Ralph Fiennes y otros a los que mi escasa cultura cinematográfica no me permite identificar). Pero la verdad es que visualmente esto es espectacular y te deja pidiendo más Simon Davis (tendré que volver a hojear los tomos de Sinister Dexter). Si estás buscando dibujantes de la escuela pictórica que te puedan sorprender o sagas de terror físico bien truculento, no dudes en entrar(le) a Stone Island.
Ya no me queda casi nada para terminar de reseñar el material aparecido en Argentina en 2016. Esta vez tengo para comentar Putrefacción, la opera prima de Damián Fraticelli y Ezequiel Couselo, aparecida primero en Fierro y luego en un librito de Historieteca… que dedica nada menos que 29 de sus 96 páginas a carátulas, prólogos, bocetos, páginas en blanco (en negro, en realidad)… Casi un tercio de un libro de historietas NO tiene historietas y eso me parece un desacierto demasiado notorio como para dejarlo pasar.
Por suerte las 67 páginas que sí tienen historietas están buenísimas. Fraticelli recurre a las convenciones del clásico policial negro para contar un thriller político intenso, que te logra poner nervioso, con varios giros imprevistos. Y claro, con ese ancho de espadas de que todo transcurre en el extraño mundo de una heladera desenchufada donde el frío empieza a escasear y de a poco “se pudre todo”. En una de esas, esta misma historia protagonizada por seres humanos también estaba buena, pero el hecho de que los protagonistas sean huevos, lácteos, gaseosas y hortalizas le da a Putrefacción esa arista, ese filo que la hacen única y sumamente memorable.
Como también resulta memorable el trabajo de Couselo al frente del dibujo. Es muy loco descubrir a un dibujante que aparece de la nada (jamás lo había visto ni siquiera en fanzines) y muestra desde la primera página un dominio tan avasallante de la técnica, tanto de ilustración como de narración gráfca. Más allá de la insoslayable influencia de Charles Burns, Couselo tiene un estilo propio, basado en un manejo impactante del claroscuro a todo o nada, logrado (creo) con un plumín cuasi-mágico. Pero además le gusta experimentar con la puesta en página, con la forma de las viñetas… Acá, más que un canchero que ostenta virtuosismo, hay un narrador inquieto que se desvive por probar cosas nuevas. Recomiendo mucho Putrefacción, claro ejemplo de la renovación constante de la historieta argentina, y de la vigencia de algunos géneros que a veces se nos antojan agotados, pero sólo porque se agotan los autores que se dedican a ellos. Y hablando de agotarse, si esta edición se agota, por favor para la próxima menos páginas de relleno.
Gracias por el aguante durante estos días de ausencia y trataremos de bancar los trapos este mes con otros 7 u 8 posteos, a ver si de milagro llegamos a los 100 antes del 31 de Diciembre.
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