el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 10 de diciembre de 2025

OTRA TARDE DE MIÉRCOLES

Meto otra pausa cortita en el laburo para comentar un par de libros que leí en estos últimos días. Le entré al Vol.4 de Deadly Class (el 3 lo habíamos visto el 28/04/25) y medio que me cansó. Tanta sobredosis de violencia, tanta sangre, tanta mala leche, se sostiene un rato, no toda la vida. En estos cuatro TPBs se recopilaron los primeros 21 números de la serie de Rick Remender y Wes Craig y se me hizo un poco monocorde. Sobre todo este último tomo, que no tiene mucho más que cinismo y muertes truculentas. Hay una referencia piola a Lord of the Flies, y UN diálogo brillante entre un vendedor de discos fan del heavy metal y un pibe que le trata de explicar por qué B-52´s es una banda del mega-carajo. El resto, persecuciones, tiroteos, cuchillazos, alguna revelación impactante acerca del pasado (invariablemente sórdido) de algún personaje secundario, y no mucho más. Todo esto narrado con muy buen ritmo, de manera muy ganchera, por dos autores a los que les sobran recursos para poner nervioso al lector y asfixiarlo con la sensación de que se está yendo todo a la mierda. Pero tantas páginas de lo mismo, a mí me satura un poco. Me encanta el dibujo de Wes Craig (salvo esos primeros planos que parecen calcados de viñetas de Paul Pope), cuando Remender baja un cambio mete unos diálogos magníficos, el color es precioso, hasta el rotulado la rompe. Y cuando se acuerdan de jugar con el hecho de que la historia esté ambientada en los ´80, salen momentos muy copados, que no se ven en otros comics de machaca y oscuridad. La colección de TPBs termina en el Vol.12. Es imposible que en los ocho tomos que me faltan los autores no paren un toque la pelota, no prueben con otra cosa, con otro ritmo, con otros climas... hasta con otros personajes, porque en este tomo palman un montón. El tema es que son ocho tomos: mucho espacio en la biblioteca, mucha guita y muchas horas de lectura. No sé si le quiero dedicar todo ese esfuerzo a una serie que me gusta, pero no me vuelve loco. Veremos. Por ahora, la corto acá. Si aparece el Vol.5 muy barato, no descarto darle una posibilidad.
Vuelvo al repaso por la historieta argentina publicada en 2025 y me encuentro con Hotel, el nuevo trabajo de Carina Altonaga. Al salir tan encima del trabajo anterior de la autora (Chamán, reseñado el 10/01/25) la comparación es inevitable... y desfavorable para Hotel. La faz gráfica es una maravilla. A esa estética realista, emparentada con la de Salvador Sanz, Altonaga suma ahora el color, y acá saca una diferencia enorme. Es un color bellísimo, aplicado con sutileza, con criterio, con imaginación y con una técnica que me remitió más a Juan Ferreyra que a Sanz. Además de rigor académico, el dibujo tiene encuadres variados, como para darle ritmo incluso a las secuencias en las que no vemos mucho más que personas hablando. Las referencias fotográficas están muy bien integradas, los personajes son fácilmente reconocibles y los estallidos de violencia son electrizantes. ¿Por qué, entonces, pongo a Hotel por debajo de Chamán? Básicamente por el guion, que me pareció mucho menos original, más pegado a una fórmula que ya consumí mil veces, y con un misterio menos atrapante que el de la obra anterior. Los personajes están bien (sobre todo Lily Torres), los diálogos no brillan pero cumplen, la explicación de qué es el hotel y por qué pasa lo que pasa está bien, los flashbacks están puestos en el momento correcto, pero el argumento en sí, la base sobre la que se construye el relato, me pareció más endeble. Las últimas páginas, que me hicieron acordar a algún unitario de Hellblazer, levantan un poco el promedio, y aún así el guion de Hotel queda lejos del de Chamán. Una pena que, justo en el momento en el que Carina Altonaga había pegado fuerte con una obra muy grossa, que llamó mucho la atención, tengamos que verla retroceder un par de casilleros con una novela gráfica que -pese a sus inmensos méritos en el aspecto visual- adolece de un argumento medio flojo de papeles. Para la próxima (que ojalá sea pronto) estaría bueno verla colaborar con un/a guionista, a ver qué pasa.
Y ya estoy para despedirme, pero antes quiero dedicarle unas líneas a la excelente reedición que hizo Historieteca de tres historietas de Brian Janchez que estaban descatalogadas. No voy a extenderme acerca de cada una de ellas, porque de El Permiso ya hablé acá el 22/02/18, de La Mejor mis Ex-Novias hablé el 24/12/18 y La Hija del Carpintero tuvo su reseña en este espacio el 21/08/19. Durante la relectura me di cuenta de lo poco que me acordaba de los argumentos, pero también releí las reseñas, y coincido en casi todo con lo que escribí en su momento, así que ahí están, para quien quiera consultarlas. Nada más por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 10 de enero de 2025

VIERNES EN BLANCO Y NEGRO

Este es el post nº 2999 y mañana llega el 3000. Estamos en Italia, mediados de los años ´80, y la dupla integrada por el guionista Roberto Dal Prá y el dibujante Rodolfo Torti crea a Jan Karta, un investigador privado que va a vivir varias aventuras en la Europa de las décadas del ´20 y el ´30, primero en la revista Orient Express y más tarde en publicaciones francesas. Como el último álbum de Corto Maltés (que vimos el 05/11/24), la primera historia de Jan Karta aprovecha a full la atmósfera cautivante de la Berlín de 1925, repleta de intrigas políticas y vanguardias artísticas. El caso que al principio pinta sencillo se enrosca y se complica de manera notable. Más allá de alguna viñeta muy sobrecargada de texto, no hay mucho para criticarle a la labor de Dal Prá. Allá por el 29/06/23 habíamos visto al guionista trasladar con éxito tropos del hard boiled (habitualmente asociados a los años ´30 y ´40 en Estados Unidos) a Moscú, en los albores de la era post-Muro de Berlín. Ahora hace lo propio en otra ambientación histórica y geográfica de manera brillante. El segundo caso está situado en 1933, con la situación sociopolítica ya más calentita, con la llegada al poder de Adolf Hitler a punto caramelo, pero también hay una intriga policial atrapante, aunque un poquito más rebuscada que la primera. Un acierto por parte de la editorial española 001 Ediciones haber publicado estas dos historias en un mismo tomo, y una pena los errores que se notan en algunos textos. Como tantos protagonistas de estas aventuras para adultos típicas de los ´80, Jan Karta no es un personaje especialmente carismático, lo cual sumado al regusto amargo que nos dejan las historias (algo habitual en este tipo de relatos policiales donde siempre está la intención de poner sobre la mesa vicios, miserias y corrupción, ya no de una persona sino de una sociedad) resulta en una cierta distancia, una cierta frialdad. Son historias que te enganchan, pero no te apasionan. Y lo mismo se aplica al dibujo de Torti. Tiene cosas de Jacques Tardi, de Carlos Giménez, de Dave Gibbons, hasta de Magnus y Moebius, pero no logra una gran expresividad. Es correctísimo, tiene un gran manejo del blanco y negro, un excelente trabajo en los fondos, buenos recursos para pilotear las páginas o viñetas en las que el guionista se zarpa con la cantidad de texto, pero no te hacés fanático. No salís corriendo a la librería ni te zambullís en los sitios de compra online a ver si encontrás más material de Rodolfo Torti. Tengo dos libros más de Jan Karta para leer, así que veremos cómo evoluciona esta serie a la que desconocía por completo, pero me llamó la atención sobre todo por el jugo que le saca Dal Prá al contexto sociopolítico que elige para ambientar la obra.
Me vengo a Argentina, año 2024, para deleitarme con uno de lo mejores títulos nacionales del año que terminó hace poquito: Chamán, un "Vertigo criollo" escrito y dibujado por Carina Altonaga. Frené la lectura del libro unas 25-30 páginas antes del final y me dije a mí mismo "Por favor, que esto no termine para el orto, que no se desinfle ni se desplome ni derrape en el final, porque hasta acá, Chamán tiene todo para ser una obra realmente memorable". Con alegria y alivio puedo contar que el final se la re banca. Que el desarrollo de los personajes no es al pedo, que todos tienen un rol importante en el desenlace, que los misterios (sobrenaturales) se resuelven de manera consistente, que hay sorpresas impactantes y que si alguien "paga el pato", en todo caso es el dibujo, que baja un poquito la calidad en las últimas páginas. Como fan de Vertigo, no me puedo resistir a una trama de misterio sobrenatural que, además de estar muy bien llevada, está vertebrada alrededor de las tradiciones místicas de los aborígenes del Noroeste argentino. Altonaga pone sobre la mesa la mirada cínica del porteño, la mirada del que "consume" los servicios del chamán como algo pintoresco, bizarro, extravagante... y tambien nos habla de una fe genuina en los poderes de este sanador de almas, de este John Constantine de la puna. Ese contraste enriquece la trama, le agrega tensión, logra que el lector sospeche un poco de todos, porque (otro gran acierto de la trama) acá no parece haber héroes ni villanos, y cuando te das cuenta dónde anida el Mal, dónde está la verdadera amenaza, la vorágine del desenlace ya te tiene totalmente subyugado y entregado a lo que la autora quiere hacer con nosotros. El dibujo de Carina (que alguna vez se subió a la estetica oscura de Leonardo Manco) ahora se parece bastante al de Salvador Sanz. Me gusta un poquito menos que el de Salva, porque se nota que Altonaga está más pendiente que Salva de las referencias fotográficas. Pero las diferencias son muy sutiles: si te gusta cómo dibuja Sanz, la faz gráfica de Chamán te va a cerrar por todos lados. Al igual que Sanz, Altonaga la tiene muy clara en materia de planificación de las secuencias y armado de la página, lo cual es importantísimo para que un relato complejo y jugado como este pueda fluir de un modo ágil y fresco en esta extraña conjugación de tiempo y espacio a la que llamamos "historieta". Blancos, negros, grises y varios efectos visuales muy bien logrados bailan una danza hipnótica, donde lo real y lo fantástico cobran vida y te invitan a vivir en carne propia la experiencia que van a atravesar Brenda, Andrés, Dante y Emilio de la mano del enigmático "Tío". Pero guarda, que en esta danza bailan también espíritus, demonios y aspectos muy jodidos del Mal que se esconde dentro de cada uno de nosotros. En apenas 60 páginas, Carina Altonaga redondea un gran comic, sumamente recomendable, y -repito- de los mejores trabajos de autores argentinos que leí recientemente. Hasta acá llegamos hoy. Mañana, una cita muy especial con el post nº 3000, que tambien va a ser sumamente especial. Grazie per tutti.

jueves, 30 de enero de 2014

30/ 01: LA AUTOPSIA Vol.1

Entre los muchísimos comentarios que surgieron a raíz de la reseña de la Liga del Mal, se mencionó varias veces al editor y guionista Damián Connelly, y ahora me toca mencionarlo varias veces a mí, en la reseña de esta antología compuesta por tres historietas suyas.
La Autopsia nuclea a tres relatos que comparten ambientación (la ciudad de Winchester, a la que ya visitamos el 09/03/13, en la reseña de Días Negros) y un tema que las engloba: el canibalismo. La primera historieta es la más extensa (28 páginas) y después hay una de 9 y una de 8. Vamos de atrás para adelante.
La última y más breve historieta de gente que morfa gente tiene un guión muy clásico, muy “de manual”. Demasiado fiel a las consignas del género de los muertos que resucitan, Niara y Menelik tiene momentos lindos, pero uno siempre sabe lo que va a suceder. Dibuja un muy inspirado Gerardo Baró (a quien también vimos en el libro de la Liga del Mal) que, incluso sin color, da cátedra.
Algo similar sucede con La Furia, la historia de 9 páginas. De nuevo, Connelly se aferra a las convenciones del género, ya muy transitadas, y le queda poco margen para darle al guión visos más originales o más sorprendentes. Acá hay más cheap thrills que en Niara y Menelik, más escenas pensadas para shockear al lector, y si lo logra es principalmente porque el dibujante (Daniel Sguiglia) enseguida identifica a estos momentos clave y pone ahí toda la carne al asador. En promedio, el dibujo no descolla, es más bien adocenado. Pero hay un par de viñetas muy, muy notables, en las que se agradece el esfuerzo extra por parte del dibujante.
Claramente, Connelly se gastó toda la munición gruesa en la historia más extensa. Severina abreva en los tópicos del terror caníbal, pero además tiene un clima único, cautivante, que no se parece a ninguna otra obra del género. Acá, las atrocidades de esta mujer antropófaga son un elemento más en una compleja trama de amor, perversión y sumisión. Esta es una historieta espesa, asfixiante, marcada por la fatalidad, donde cada silencio tiene mucho peso. Por ahí los diálogos se pasan un poquito de rimbombantes a tal punto que no suenan naturales al oído, pero el trabajo que hace Connelly con Severina, Alicia y Daniel es realmente excelente y los momentos en los que elige mostrar sus cartas y correr los velos no pueden estar mejor elegidos.
El dibujo está a cargo de Carina Altonaga, quien se mueve con mucha solvencia en el estilo académico-realista. Altonaga se apoya mucho en la referencia fotográfica, pero no tiene ningún problema a la hora de integrarla a su grafismo. Creo que su principal logro (porque dibujar bien la anatomía y las caras no es un logro, es lo que cualquier dibujante profesional debería poder hacer) es su equilibrio sutil y perfecto entre masas negras y espacios blancos, que revelan un cuidadoso estudio y una sólida comprensión de la técnica del claroscuro. Y quizás el punto flojo de Altonaga, lo que le queda por explorar, incorporar y mejorar, es la elección de los ángulos, un item en el que acá no se juega para nada, sobre todo en la primera mitad del relato.
Como balance final, recomiendo leer este primer tomito de La Autopsia para estremecernos con la macabra belleza de Severina y disfrutar de los dibujazos de Baró en Niara y Menelik. Y a esperar, a ver con qué otro género se mete Damián Connelly en su próxima incursión por los pagos de Winchester...