Ultima reseña desde Santiago de Chile, esta vez para reencontrarnos con esta serie que, con todo en contra, se las ingenió para funcionar como comic de autor adentro del mainstream. Por lo menos hasta que DC se cagó en los autores, como para no perder la costumbre…
Este tomo está tan bueno, que podría ser el último. Acá los co-guionistas W. Haden Blackman y J.H. Williams nos ponen en el plato todo lo que venían cocinando a fuego lento desde el inicio de la serie. Finalmente aparece la villana grossa detrás de todas las amenazas menores a las que vimos enfrentarse a Batwoman, se termina de acomodar la rosca con el DEO, hay un lindo relanzamiento de Bette (algo así como la sidekick de Kate) y avanza grosso el plot romántico con Maggie Sawyer. El final podría ser tranquilamente el final. Cerrar la serie ahí y dejar que pase a la historia, sin tener que pasar por el trauma de que algún imbécil encumbrado en la jerarquía de la editorial le termine bajando el pulgar a una dupla que venía laburando muy, pero muy bien. Por supuesto que para cuando salieron estos episodios, nadie intuía el final que se avecinaba, por eso Blackman y Williams cierran con dos paginitas que abren una nueva saga, con la predecible y bajonera revelación de que un personaje muy importante, al que vimos morir en el TPB escrito por Greg Rucka (ver reseña del 27/10/11), en realidad no murió nada. Y bue… son convenciones del género…
Para resolver el plot central que se había urdido a lo largo de muchos episodios, los autores tienen que dedicarle en este tramo de la saga un espacio considerable a la machaca. Sin dudas, es el tomo de Batwoman con más acción, aunque por suerte no escasean demasiado las otras escenas, las más introspectivas, en las que Blackman y Williams suelen abrirle el juego al resto de los personajes que conforman el elenco. O no, porque el conflicto es de una escala tan grande, que personajes secundarios como Cameron Chase y Maggie Sawyer se ven metidas en un 100% en el bolonki central. Como con el nivel de poder de Batwoman y sus aliadas humanas no alcanza ni ahí para ganarle a la villana hiper-power, entra en escena Wonder Woman, lo cual es muy coherente, pero… ¿qué Wonder Woman? ¿La de la Justice League de Geoff Johns, o la de Brian Azzarello? Respuesta B, maestro. Blackman y Williams se le animaron a la figurita difícil, a la Diana de su propia revista, que también jugaba por afuera de los crossovers, casi por afuera de la continuidad misma del New 52. En un momento menciona a un par de compañeros de la Liga, pero es la Diana de Azzarello, la que está involucrada hasta la… diadema con la mitología griega. Un gran hallazgo para los que somos fans incondicionales de esa serie.
Medio descolgado en plena saga, tenemos (como en varios tomos del New 52 que leí recientemente) el número 0, ese episodio compuesto básicamente de flashbacks al pasado de los personajes. En esta ocasión, esas 20 paginitas se centran en el entrenamiento de Kate para eventualmente lanzarse como Batwoman y ofrece un equilibrio mucho mayor entre piñas y patadas y toda esa parte tan atractiva que tiene que ver con la relación entre la heroína y su padre. Un unitario lindísimo, realmente, que cambia mucho el registro del resto del tomo, pero igual brilla con luz propia.
Y hablando de brillar… salvo 18 paginitas, TODO este tomo está dibujado por J.H. Williams III, en un nivel que no se puede creer. Para los flashbacks del número 0, Williams pela un estilo crudo, adusto, oscuro, una onda David Lapham, David Mazzucchelli, Steve Lieber… que por supuesto le queda bárbaro. Y para todo lo demás, para todas esas páginas repletas de acción y emociones al palo, detona todo su arsenal gráfico, con esas composiciones imposibles. Gracias a la magia de Williams, la página se convierte en un poster, en un laberinto, en una estrella… Nada le interesa más al autor que encontrar formas nuevas, para nada tradicionales, de hilvanar la secuencia narrativa. Así es como encuentra vericuetos imposibles, malabares gráficos y narrativos totalmente inéditos, que sólo se van a volver a ver en un comic si aparece alguien lo suficientemente valiente como para salir a chorear detalle por detalle, las puestas que inventa Williams. Ni hace falta mencionar que el dibujo en sí es fastuoso de punta a punta, ni que los colores de Dave Stewart se ensamblan perfectamente con la arriesgada propuesta visual de Williams para redondear una faz gráfica insuperable. En el episodio que no dibuja J.H. lo tenemos a Trevor McCarthy (suplente al que le habían encajado muchas páginas en el tomo anterior) bastante bien, bastante sólido, pero encolumnado en el más de lo mismo, sin un atisbo de la poderosísima identidad gráfica del titular. Esta vez, además, los autores se las ingeniaron para que el episodio que no dibuja Williams, funcione como un apartado, como un segmento en el que vemos la misma historia, pero contada desde el punto de vista de un personaje (Maggie) que hasta ese punto casi no había aparecido.
Me acuerdo que el Vol.2 me había dejado con algunas dudas, pero la verdad que este tomo me las sacó, así que voy por más Batwoman de Haden Blackman y J.H. Williams III.
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sábado, 18 de abril de 2015
viernes, 14 de noviembre de 2014
14/11: BATWOMAN Vol.2
Antes de lo esperado, volví a encontrarme con Kate Kane en esta serie cuyo Vol.1 comentamos hace poco, el 25/09/14.
La crítica esta vez es muy parecida: los co-guionistas J.H. Williams III y W. Haden Blackman no logran que me emocionen las peleas. Contra quién lucha Batwoman y cómo le gana es lo que menos me importa en el mundo. De hecho, a los guionistas tampoco parece calentarles mucho ese tema: en el Vol.1, Batwoman no le ganaba a la villana, sino que llegaba apenas a sospechar que La Llorona era una amenaza “menor”, a las órdenes de alguien más heavy y más pulenta. En este tomo vemos a quién respondía La Llorona y hay muchas, muchas secuencias de peleas. Pero los guionistas armaron a esta amenaza para que tenga en jaque a Kate al largo plazo, entonces ninguna confrontación es definitiva.
Además, para que no nos aburramos con esas luchas bastante anodinas, Williams y Blackman juegan a no contarnos la historia de forma lineal. No sólo mezclan escenas de Batwoman con escenas protagonizadas por el resto del elenco de la serie, sino que la propia machaca entre la protagonista y los villanos está contada en desorden, con idas y vueltas para adelante y para atrás en el tiempo, “rompiendo la diégesis”, diría un intelectual. En el rubro Villanos, me gustó la vueltita que le dan Williams y Blackman a Killer Croc, y la amenaza grossa, la que va a seguir latente (supongo) varios episodios más, también está muy bien pensada. En el rubro Secundarios, esta vez tenemos a Beth en el banco de suplentes, y a Maggie y a Chase muy activas. Pero lo más interesante es que (aunque sea en un rol chiquito) reaparece Jacob, el papá de Kate, que tenía muchísima chapa en las primeras aventuras de Batwoman, las previas al reboot, cuando las esribía el maestro Greg Rucka.
Básicamente, entonces, el atractivo de la serie reside en los personajes, en la muy buena elaboración de Kate Kane y en la muy buena interacción con los secundarios. Las peleas no aportan demasiado, al punto que ni siquiera se terminan de resolver, y los conflictos más interesantes son los que no involucran elementos sobrenaturales, ni piñas ni patadas, sino otro tipo de relaciones humanas. La presión de Chase para alinear a Batwoman con el D.E.O., el romance con Maggie, la responsabilidad de Kate frente a lo que le pasó a Beth, el sorprendente volantazo que pega Maro… con eso alcanza y sobra para mantenernos enganchados, por lo menos hasta que los conflictos que requieren sí o sí de la machaca cobren un poco más de fuerza, o entren en un tramo realmente definitivo.
Y para los que soñábamos con otros seis episodios dibujados por J.H. Williams, sonó el despertador, volvimos al mundo real y nos encontramos con seis episodios SIN J.H. Williams. En los cuatro primeros la tenemos a la talentosa Amy Reeder (a quien descubrimos en el Vol.1 de Madame Xanadu, un lejano 19/01/10), que deja la vida para tratar de recrear la magia de Williams. No tiene al maestro Dave Stewart haciéndole el aguante desde el color, pero tiene esas planificaciones alucinantes, esas páginas dobles repletas de acción y vértigo en las que juega a full con la ubicación y los contornos de las viñetas. Esto genera un contraste muy marcado con las escenas más tranqui, en las que el dibujo se hace más convencional, sin llegar a verse adocenado, o “del montón”, porque la verdad es que Reeder dibuja bastante por encima de la media de los “obreros del mainstream”. En los dos episodios finales, bajamos un poquito el listón para fumarnos a Trevor McCarthy, un dibujante claramente más convencional, muchísimo más lejos que Reeder del nivel impuesto por J.H. Williams. Por suerte McCarthy se hace cargo (en la medida de sus posibilidades) de que Batwoman es una serie con una identidad gráfica muy particular, y mal que mal se esfuerza por respetarla, por no dejar que esto parezca un comic más de disfrazados que cagan a trompadas.
Por ahora Batwoman conserva el irresistible aroma del “comic de autor dentro del mainstream” porque no tiene crossovers ridículos ni apariciones forzadas de los otros personajes de Gotham. Pero cuando no dibuja J.H. Williams III parte de esa fuerte impronta autoral se diluye, o queda en la mímica. Veremos qué onda el Vol.3 (que leeré el año que viene) y en base a eso decidiré si la banco hasta el final.
La crítica esta vez es muy parecida: los co-guionistas J.H. Williams III y W. Haden Blackman no logran que me emocionen las peleas. Contra quién lucha Batwoman y cómo le gana es lo que menos me importa en el mundo. De hecho, a los guionistas tampoco parece calentarles mucho ese tema: en el Vol.1, Batwoman no le ganaba a la villana, sino que llegaba apenas a sospechar que La Llorona era una amenaza “menor”, a las órdenes de alguien más heavy y más pulenta. En este tomo vemos a quién respondía La Llorona y hay muchas, muchas secuencias de peleas. Pero los guionistas armaron a esta amenaza para que tenga en jaque a Kate al largo plazo, entonces ninguna confrontación es definitiva.
Además, para que no nos aburramos con esas luchas bastante anodinas, Williams y Blackman juegan a no contarnos la historia de forma lineal. No sólo mezclan escenas de Batwoman con escenas protagonizadas por el resto del elenco de la serie, sino que la propia machaca entre la protagonista y los villanos está contada en desorden, con idas y vueltas para adelante y para atrás en el tiempo, “rompiendo la diégesis”, diría un intelectual. En el rubro Villanos, me gustó la vueltita que le dan Williams y Blackman a Killer Croc, y la amenaza grossa, la que va a seguir latente (supongo) varios episodios más, también está muy bien pensada. En el rubro Secundarios, esta vez tenemos a Beth en el banco de suplentes, y a Maggie y a Chase muy activas. Pero lo más interesante es que (aunque sea en un rol chiquito) reaparece Jacob, el papá de Kate, que tenía muchísima chapa en las primeras aventuras de Batwoman, las previas al reboot, cuando las esribía el maestro Greg Rucka.
Básicamente, entonces, el atractivo de la serie reside en los personajes, en la muy buena elaboración de Kate Kane y en la muy buena interacción con los secundarios. Las peleas no aportan demasiado, al punto que ni siquiera se terminan de resolver, y los conflictos más interesantes son los que no involucran elementos sobrenaturales, ni piñas ni patadas, sino otro tipo de relaciones humanas. La presión de Chase para alinear a Batwoman con el D.E.O., el romance con Maggie, la responsabilidad de Kate frente a lo que le pasó a Beth, el sorprendente volantazo que pega Maro… con eso alcanza y sobra para mantenernos enganchados, por lo menos hasta que los conflictos que requieren sí o sí de la machaca cobren un poco más de fuerza, o entren en un tramo realmente definitivo.
Y para los que soñábamos con otros seis episodios dibujados por J.H. Williams, sonó el despertador, volvimos al mundo real y nos encontramos con seis episodios SIN J.H. Williams. En los cuatro primeros la tenemos a la talentosa Amy Reeder (a quien descubrimos en el Vol.1 de Madame Xanadu, un lejano 19/01/10), que deja la vida para tratar de recrear la magia de Williams. No tiene al maestro Dave Stewart haciéndole el aguante desde el color, pero tiene esas planificaciones alucinantes, esas páginas dobles repletas de acción y vértigo en las que juega a full con la ubicación y los contornos de las viñetas. Esto genera un contraste muy marcado con las escenas más tranqui, en las que el dibujo se hace más convencional, sin llegar a verse adocenado, o “del montón”, porque la verdad es que Reeder dibuja bastante por encima de la media de los “obreros del mainstream”. En los dos episodios finales, bajamos un poquito el listón para fumarnos a Trevor McCarthy, un dibujante claramente más convencional, muchísimo más lejos que Reeder del nivel impuesto por J.H. Williams. Por suerte McCarthy se hace cargo (en la medida de sus posibilidades) de que Batwoman es una serie con una identidad gráfica muy particular, y mal que mal se esfuerza por respetarla, por no dejar que esto parezca un comic más de disfrazados que cagan a trompadas.
Por ahora Batwoman conserva el irresistible aroma del “comic de autor dentro del mainstream” porque no tiene crossovers ridículos ni apariciones forzadas de los otros personajes de Gotham. Pero cuando no dibuja J.H. Williams III parte de esa fuerte impronta autoral se diluye, o queda en la mímica. Veremos qué onda el Vol.3 (que leeré el año que viene) y en base a eso decidiré si la banco hasta el final.
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