el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 24 de julio de 2024

DEADPOOL & WOLVERINE

Esta debe ser una de las películas más extremas que vi en mi vida. No recuerdo haber visto una película tan violenta, ni una en la que se digan tantas veces las palabras "fuck" y "fuckin´", ni una película tan meta, tan pensada para hablar de las otras películas, de los estudios, de los actores, de las modas, de las tendencias, de la industria, del vínculo entre el cine y los comics de donde salieron estos personajes. Deadpool y Wolverine es un delirio fascinante, donde el argumento no tiene mucho peso (hay villanos copados, pero están ahí para que los héroes tengan contra qué pelear) pero donde el guion (a cargo de un equipo integrado por Ryan Reynolds, Rhett Reese, Paul Wernick, Zeb Wells y Shawn Levy) revela un grado superlativo de compromiso, de análisis, de ganas de meterse en profundidad a reflexionar acerca de lo que pasa con estos relatos y con estos personajes en la pantalla. Los guionistas entienden (y quieren que el espectador también entienda) puntos que van más allá del impacto que generan la machaca, los cameos, los cruces entre realidades, los guiños nostálgicos al que vio chotocientas películas previas... Y explican lo que quieren explicar de la mejor manera posible, que es a través del humor, y de la total falta de pretensiones. Porque en todo momento, tienen como prioridad que te diviertas y te cagues de risa. ¿Es una más de universos alternativos, líneas de tiempo divergentes y tierras paralelas? Sí, pero encarada de otra manera. Básicamente, lo que no siempre funciona cuando se hace en serio, en D&W funciona porque está hecho en joda. Es difícil contar más del argumento sin spoilear, sobre todo para mí, que -como no veo trailers- no tengo idea de cuánto sabe el espectador que sí ve trailers acerca de lo que sucede en la película. Yo fui, como siempre, sin saber un carajo. Sabía que estaban Ryan Reynolds y Hugh Jackman al frente del elenco, y que -por primera vez en casi 25 años- Wolverine lucía un traje superheroico en vez de camperitas, remeras y camisas. Todo lo demás para mí fue sorpresa, y la verdad que a lo largo de los 127 minutos que dura la peli me sorprendí MUCHAS veces más de lo que imaginaba en la previa. No le quiero cagar a nadie ninguna sorpresa, pero vayan preparados para ver muchas cosas imposibles. Mucha sangre, también. Muchas peleas que están al pedo y no hacen avanzar la "trama". Muchos chistes, todos para adultos. Muy buenas actuaciones, de los dos protagonistas y de Emma Corryn y Matthew Mcfayden. Muchos cameos, que no quiero enumerar porque me imagino que forman parte de las sorpresas. Efectos especiales muy logrados, como ya es costumbre en estos tanques de Hollywood. Grandes hits de los ´80 en la banda de sonido, como en las pelis anteriores de Deadpool. Esta vez, felizmente, hay mucho menos espacio para una trama romántica, lo cual hace que el personaje de Vanessa no tenga desarrollo y forme parte del decorado, al igual que un montón de los personajes secundarios que el film acumula durante esos 127 minutos. Pero no está mal, porque todo se sostiene con Wade y Logan, más un par de antagonistas interesantes, que ojalá vuelvan en futuras iteraciones de este u otros universos fílmicos. Deadpool & Wolverine es una película que funciona como bisagra, es el testimonio en "formato aventura" del fin de la "línea FOX" y su absorción por parte de Disney/Marvel. También es un antes y un después para la propia Disney, que hace unos años jamás hubiese puesto un mango en una película con este nivel de mala leche, guarangadas y violencia. Y también para el público que, aún hoy, asocia a los superhéroes con algo para chicos. Esta peli no solo es "para grandes" porque hay infinitos chistes sexuales e infinitos miembros mutilados: también es "para grandes" por lo que decía al principio: es una película MUY pensada, que además invita a pensar. En la posible redención del antihéroe (como las otras dos, e incluso como la gloriosa Logan) y en un montón de otros temas que tienen menos que ver con la dinámica de este tipo de relatos y más con el meta-relato, con los mecanismos que se activan cada vez que alguien decide producir un blockbuster basado en una franquicia que no nació en el cine, sino que viene de otro barrio. Si no acompañaste al mercenario bocón en las dos primeras entregas, recomiendo ver ambas (y Logan) antes de entrar a ver Deadpool & Wolverine. Esto no es exactamente el fin de una trilogía, pero se nutre (entre muchas otras cosas) de lo que sucedió en esas tres películas previas. Si sos fan del Deadpool de los comics, o el Wolverine de los comics, acá vas a descubrir otra faceta mucho más jugada de estos dos personajes. Y si ya te hiciste fan de las pelis de Deadpool, con esta vas a recontra-flashear. Ojalá la disfrutes tanto como la disfruté yo.

lunes, 21 de enero de 2019

LECTURAS VERANIEGAS

Sigo avanzando con las lecturas y ya tengo un par de libritos más para reseñar.
A veces ser muy fan de un autor te juega una mala pasada. Por ser fan de John Paul Leon, y al enterarme de que en este trabajo lo entintaba nada menos que Shawn Martinbrough (del que también soy fan), me leí Logan: Path of the Warlord, un comic que hace agua por todos lados.
El dibujo no es gran cosa. De alguna manera, la alquimia entre Leon y Martinbrough no funciona, o por lo menos no se ve tan bien como un comic 100% de Leon o 100% de Martinbrough. A ver, esto es de 1996, cuando la mayoría suponía que a Wolverine había que dibujarlo al estilo de Joe Madureira o Adam Kubert. En ese sentido, esto es re-transgresor. Pero no es bueno. Y por si faltara algo, el color (a cargo de Gregory Wright) es defintivamente inmundo. Esto está tan mal hecho, que el comic termina… en la retiración de contratapa, con una página en blanco y negro. Te lo juro. Es un prestige de 48 páginas con 49 páginas de historieta. Y en esa última página en blanco y negro queda claro lo mucho que daña ese color de lesa humanidad a los dibujos de Leon y Martinbrough.
A todo esto no mencioné que el guión es obra de Howard Mackie, verdulero emblemático de la Marvel de los ´90, hoy felizmente olvidado. Pobre pibe, acá no emboca una. El conflicto no es interesante, el villano es un Juan Carlos Nadie que no genera nada, los elementos fantásticos están incorporados a la trama “realista” con la destreza de un pingüino empetrolado… Lo único rescatable es un clásico sensei que trata de encauzar un poco a Logan para que controle mejor su naturaleza violenta. El resto naufraga en el mismo océano de la intrascendencia donde fueron a parar casi todas las obras de Mackie. Es una lucha…
En 2018 hubo ediciones argentina y española para Segunda Venida, una novela gráfica del guionista español Abel Alves (muy conocido también en Uruguay, donde residió varios años) y el dibujante argentino Juan Caminador. Si leíste unos cuantos comics de Vertigo, el argumento de Segunda Venida te va a resultar bastante típico: una chica adolescente descubre que en su filiación intervino un elemento sobrenatural muy grosso, y alguien le revela que es el receptáculo de inmensos poderes y que va a jugar un rol clave en una guerra que tiene que ver con Dios.
No quiero contar nada más de la trama para no spoilear, porque es una obra bastante reciente. Quiero subrayar el ritmo del relato, que es absolutamente atrapante, lo bien trabajados que están los personajes (a los que en 160 páginas les pas de todo y crecen un montón) y preguntarme (ya lo hice cuando se editaron otras obras de Alves en Uruguay) por qué carajo esto se publica en el slang de la península ibérica, ese que aprendimos leyendo historietas de El Víbora y escuchando los discos viejos de Joaquín Sabina. Buena parte de la gracia de Segunda Venida reside en que Alves se mata para que los personajes de Evangelina y Susi nos resulten reales, cercanos, para que nos identifiquemos de una con ellas. Pero si dicen “coño”, “tía”, “bollera” y “eso molaría mucho”, nos ponen una serie interminable de barreras para que los lectores ripolatenses no nos podamos identificar. Realmente, no entiendo qué les costaba traducir los diálogos al argentino para la edición nacional.
El dibujo de Juan Caminador es extraordinario. Fluído, dinámico, expresivo, extremo en las escenas de acción, muy idóneo para plasmar emociones en las escenas más intimistas, con un gran trabajo en los fondos y en la aplicación de los grises. Y así como afirmo que el prestige de Logan sería mil veces mejor sin esos colores hediondos, postulo que Segunda Venida se vería mucho mejor si fuera a todo color. No sólo por la magia cromática que tira Caminador en la portada, si no por la onda misma de la historia, re-da para meterle color a las 160 páginas. Aunque sea para subirla a la web y no imprimirla jamás, estaría genial una versión a todo color de esta historia. Y si no se puede, no hay drama. Así como está es una gran novela gráfica, que te entretiene, te emociona, te shockea y hasta te deja pensando. Sumamente recomendable para los fans de las aventuras épicas a todo o nada que ofrecen algo más que machaca grandilocuente.
Y esto es todo, por ahora. La seguimos muy pronto, ni bien tenga más material leído para reseñar acá en el blog. 



lunes, 11 de diciembre de 2017

OTRA TARDE DE LUNES

Sigo avanzando con las lecturas, muy confiado de llegar al 31 de Diciembre con 100 posts realizados en 2017.
Arranco con otra miniserie de la década pasada que Marvel jamás recopiló en libro. Wolverine: Netsuke es un comic 100% de autor, en el que el maestro George Pratt tiene total libertad para hacer lo que se le dé la gana a lo largo de 128 páginas. Pratt se copa con ese vínculo (imaginado por Chris Claremont y luego usado hasta el cansancio) entre Wolverine y la tradición japonesa de los samurais, y en base a eso estructura una historia en la que se toma absolutamente todas las atribuciones habidas y por haber.
El glorioso referente del estilo pictórico propone una trama en la que tienen muchísimo peso los elementos sobrenaturales, y sobre todo los oníricos. Mucho de lo que vemos en el comic son alucinaciones o sueños de Logan, que lo transportan a un Japón feudal… raro, sin ningún rigor histórico, en el que él no es Wolverine, sino un guerrero japonés con los poderes curativos y las garras. Enfrente tendrá a una especie de bruja, una mujer que parece estar hecha de nieve y frío, a la que Pratt dibuja tan hermosa que tardás un toque en convencerte de que es la villana. Por supuesto, es todo tan etéreo y el autor se calienta tan poco por explicitar lo que sucede, que todo queda abierto a lo que cada lector tenga ganas de interpretar. Hay dos realidades, en una Logan todavía llora la muerte de Mariko, en la otra pasan cosas muy extrañas durante un crudísimo invierno nipón… y el resto está ahí, sugerido, como para que si te interesa el relato te involucres y le busques una vuelta que te cierre.
Lo definitivo, lo inapelable, está en el trabajo de Pratt en la faz gráfica. Acá el ídolo no se guarda nada en materia de línea, de color, de manchas, y hasta se da el lujo de jugar con la puesta en página para acentuar ciertos momentos clave de la narración. Por supuesto, hay mucha splash-page, mucha ilustración disfrazada de historieta, pero son imágenes de alto impacto, de enorme belleza plástica, en las que Pratt construye los climas que elige para cada una de las secuencias y -de paso- da cátedra de composición. Wolverine: Netsuke es una de esas historietas que no necesita tener un guión para ser considerada una obra maestra. Y –como ya dije- en EEUU nunca salió en libro, pero leerla en revistitas es un placer, porque se trata de cuatro comic-book sin avisos, con historieta de portada a portada. Una maravilla.
Me encuentro con otro librito argentino que para mí era de este año, pero que dice haber sido impreso en 2016. Frivolicidad con Papas Fritas es un recopilatorio de las tiras cómicas realizadas por Ziga (Iván Zigarán) a partir de 2010. Esto es tan, pero tan bueno, que me dejó mal. Me quedé tipo “la puta madre, siento que llegué tarde a algo genial”. ¿Cómo puede ser que Ziga no sea famoso? ¿Que estas tiras no estén en los medios más masivos del universo? ¿Que este librito sea difícil de vender incluso en su país de origen? Es todo una injusticia infinita e inexplicable….
Ziga practica un humor descarnado, apuntado principalmente a la hipocresía de nuestra vida cotidiana, a las contradicciones grotescas de cualquier sociedad capitalista que tiene al Consumo como deidad básica y al Dinero como principal meta aspiracional. Memoria, cultura, coherencia, preservación del medio ambiente, respeto para con el distinto, solidaridad con los que menos tienen… ¿quién carajo quiere esas boludeces cuando se puede tener un nuevo celular, o un nuevo televisor con pantalla gigante? Si alguna vez te preguntaste cómo esos pibes y pibas que hace 30 ó 40 años eran tus amigos de la infancia se convirtieron en garcas frívolos, cínicos e insensibles, Ziga te ofrece un montón de respuestas, punzantes y cómicas a la vez.
El dibujo es excelente, es una especie de Gustavo Sala menos expresionista, menos pasado de rosca, un poquito más “careta”, más prolijo, más accesible, como si lo mezcláramos con un… 15% del Niño Rodríguez o Emiliano Migliardo. Y lo único que no me convenció son esos sombreados marrones que aplica Ziga a la hora de colorear. Sin eso, el dibujo se vería más plano (y más parecido todavía al de Sala) pero estéticamente sería más lindo, por lo menos para mi gusto.
La gran noticia es que Frivolicidad con Papas Fritas existe, está editado y se consigue. O sea que –mal y tarde- todavía estamos a tiempo de descubrir a Ziga y de sumarlo a la lista de autores fundamentales que tiene la historieta humorística en nuestro país.
El viernes me voy unos días a Catamarca, a participar del último evento de este agitadísimo 2017. Pero seguramente antes de irme clavaré por lo menos un post más, acá en el blog. Gracias a todos y si hay lectores de Catamarca, acérquense a saludar el sábado en la ColossusCom.

sábado, 25 de febrero de 2017

LOGAN

Mirá cómo te la vendo con una sóla frase: Wolverine, X-23, el Profe Xavier, Caliban, los New Mutants con Rictor a la cabeza y los Reavers con Donald Pierce a la cabeza, trenzados en una road movie crepuscular, sin historias de amor pedorras, sin boludeces, con niveles de violencia y emotividad a los que no puede aspirar ninguna de las otras películas de la franquicia X-Men.
Y no, Logan no es una película perfecta. Tiene un par de momentos en los que el ritmo se frena medio de golpe y el director/guionista James Mangold estira innecesariamente escenas que podrían resumirse muchísimo. Pero fuera de eso, estamos frente a 141 minutos de una calidad poco frecuente para el cine de acción en general, obviamente muy por encima de lo que vimos en las dos películas anteriores dedicadas al mutante canadiense.
Logan tiene dos cosas que las pelis anteriores no tenían y que se extrañaban grosso: por un lado, escenas intimistas con fuerte carga emocional, de esas que te redefinen por completo a los personajes; por el otro… ¡sangre! Veníamos acostumbrados a extensas secuencias de machaca salvaje en las que Wolvie pelaba garras y daba (o recibía) como en bolsa… pero no salía sangre, ni tripas, ni nada. Acá tenemos hectolitros de sangre, alguna que otra tripa y un montón de miembros mutilados: brazos, piernas y hasta cabezas seccionadas de sus respectivos cuerpos y volando por el aire. Lo más lindo (si tenés estómago para aguantar la violencia sanguinolienta) es ver a una tierna nenita de 11 años matar gente a lo pavote. La versión fílmica de Laura (o X-23) tiene una agilidad animal asombrosa, un instinto salvaje afiladísimo para las peleas y a Mangold no le tiembla el pulso a la hora de mostrar cómo roba, mata y mutila sin el menor reparo.
Laura es, sin dudas, el personaje mejor trabajado a lo largo de toda la peli. Pero los diálogos más graciosos, más intensos, aparecen cuando se trenzan Logan y el Profe, en escenas que aprovechan al mango la incomparable calidad actoral de Patrick Stewart, y en las que Hugh Jackman (bastante menos dotado que el británico) se las ingenia para salir bien parado. Y si bien hay varios momentos en los que la comedia funciona muy bien, el clima de la película es, en general, melancólico. Más allá de los (no tantos) chistes y la abundante machaca, esta es una historia crepuscular, la historia que cierra la saga de Wolverine y el Profe, de modo bastante definitivo. Eso también está muy logrado: minuto a minuto te vas convenciendo de que si la película termina mal, va a estar todo bien, que lo contrario sería ilógico. Logan está ambientada en el 2029, con un Xavier de 90 años y un Wolverine de alrededor de 150 (muy baqueteados ambos), no porque la trama requiera la proliferación de elementos futuristas (de hecho, me pareció que había muy pocos), si no para no aniquilar la posibilidad de que estos personajes aparezcan en otras películas, algo que parece bastante factible.
Además de una nueva y extensa formación de New Mutants lista para protagonizar infinitas pelis, Logan nos deja un montón de emociones, persecuciones, combates, puteadas (creo que la única peli de superhéroes con más puteadas es la de Deadpool), un muy lindo homenaje a la magia de los comics de X-Men, y sobre todo la posibilidad de disfrutar –por fin- de una gran película de Wolverine, algo que hasta ahora estaba en la lista de pendientes. Me hubiese gustado ver a Jackman aunque sea 10 minutos con la máscara y el traje marrón, o aunque más no sea con el traje amarillo (que me gusta menos hasta cuando lo dibuja John Cassaday), pero no. Acá tenemos 141 minutos de Jackman a cara descubierta, poniéndole rostro, cuerpo y expresión a su despedida del personaje, después de 17 años y 9 largometrajes. Veremos con quién lo reemplazan en las futuras entregas de la franquicia X-Men, que supongo que seguirá avanzando. De hecho, el guión de Logan tira puntas de historias que sucedieron en los años que nos salteamos para llegar al 2029 y que estaría muy bueno explorar.
Si me fui contento de cine cuando vi la segunda peli, con esta me fui flotando de felicidad. Obviamente la recomiendo mucho, y recomiendo también no quedarse a ver los créditos a la espera de una escenita extra, porque no la hay.

jueves, 29 de octubre de 2015

29/10: LOBEZNO: SAUDADE

Durante muchos años (y como consecuencia de la quiebra de la editorial en los ´90), los derechos para publicar los comics de Marvel fuera de EEUU no los tuvo Marvel sino la mega-editorial italiana Panini. A esta empresa le fue tan bien publicando Marvel sobre todo en Europa, que un momento consiguió la luz verde para producir historietas nuevas con los personajes de Marvel, sin la supervisión de la editorial con base en Nueva York. La idea era “prestarle los chiches” a prestigiosos autores europeos y ver qué salía de la mezcla.
El guionista Jean-David Morvan y el dibujante Philippe Buchet se convirtieron a lo largo de los ´90 en una de las duplas más exitosas del mercado francés porque supieron integrar a la típica narrativa y el típico grafismo de la bande dessinée un montón de elementos tomados del manga. Sin copiar alevosamente a los grandes mangakas, Morvan y Buchet se las ingeniaron para traer algo de esa impronta japonesa al comic francés, con excelentes resultados. Ahora el desafío era entrarle a un personaje creado en EEUU, donde también se manejan rasgos estilísticos muy fuertes y bastante distintos de lo que es el comic francés. Los creadores de Segelle (Estela, en la edición española) se animaron con Wolverine y el resultado fueron estas 46 páginas, publicadas en un lujoso álbum en Europa y en un comic-book bastante croto en EEUU.
No te quiero sanatear y decirte que este es un comic de Wolverine con méritos como para seducir al que no es fan del personaje. Pero si habitualmente bancás las aventuras solistas del canadiense y te copaste -por ejemplo- con las etapas de Greg Rucka o Jason Aaron, esto seguro te va a emocionar. A simple vista, la historia parece estar ambientada en la época de los New X-Men de Grant Morrison, pero sobre el final se revela que sólo las últimas tres páginas transcurren el “el presente” y el resto es un flashback a “unos quince años atrás”. Acá se produce una inconsistencia notable, que se evidencia en lo sofisticado de los celulares de… 1990, ponele, y en la aparición en un escritorio de una iMac, un modelo que se lanzó en 1998 (me acuerdo perfecto, de hecho fue la primera computadora que me compré, allá por 2000, cuando cobré el juicio contra Perfil).
Detalles al margen, el salto temporal que pega la historia en el final le sirve a Morvan para mostrarnos qué fue de la vida de Mexer, el chico mutante de la favela al que Logan conoce durante su accidentado viaje al nordeste de Brasil. Para mi sorpresa, es un final agridulce, a tono con una historia en la que tanto Wolverine como sus ocasionales aliados la pasan bastante mal. Es una historia violenta, descarnada, donde prima un humor bastante negro, y donde además Morvan encuentra espacio para coquetear con el misticismo new age típico de Jodorowsky y con la bajada de línea socio-política. Con todos esos elementos y una machaca furibunda, el guionista redondea una propuesta muy satisfactoria, repito: comparándola con las aventuras normales que protagonizaba Wolverine en su serie regular.
Por el lado de Buchet, hay un trabajo excelente, muy bien apuntalado por el color de Walter. El francés sabe (porque es francés) armar muy lindas páginas de 10 viñetas, sabe meter líneas cinéticas y estridencia pochoclera al mejor estilo shonen, entiende que para que esto conserve un cierto olor a comic yanki no puede dibujar fondos en todos los cuadros, y te aniquila en las secuencias mudas. Lo único que tengo para criticarle es que en las escenas más tranqui, de diálogos entre Logan y sus amigos, hay muchos afanos a Eduardo Risso. Poses, gestos, composiciones, ángulos, iluminaciones… demasiadas similitudes. Menos mal que el color se parece poco al de 100 Bullets.
Si te gusta Wolverine y querés leer una aventura distinta (con algunas puteadas y un poco más de sangre de lo habitual), acompañalo en este paseo por Brasil de la mano de dos grandes talentos franceses.

martes, 23 de julio de 2013

23/ 07: THE WOLVERINE

La primera peli de Wolverine fue definitivamente mediocre. Después de una primera hora más que digna, cuando Logan se escapa del laboratorio donde le engrampan el adamantium la cosa empieza a derrapar hacia el abismo y parece no encontrar fondo. Esta, lejos de ser perfecta, está mil veces mejor que aquel bodrio irreivindicable. Trataré de spoilear lo mínimo indispensable.
The Wolverine dura 126 minutos, pero no la sufrís, no se hace larga en ningún momento. En algunos pasajes, hasta logra sumergirte por completo en la historia, compenetrarte a full y hacer que sufras cuando los personajes sufren. Un ratito, nomás, no toda la película. El director James Mangold encontró un equilibrio entre machaca e introspección que funciona bastante bien. La machaca abunda, pero no es la única pata en la que se apoya la película que –sorprendentemente- ofrece un muy buen planteo argumental, capaz de atrapar y satisfacer incluso al que no es fan de Wolverine.
El principal hallazgo es –me parece- todo ese tramo en el que a Logan le funciona para el orto el factor curativo. Ahí lo vemos más vulnerable, más humano, más creíble, incluso con alguna chance de fracasar en su misión, que es impedir el asesinato de una bellisima Mariko Yashida, muy bien interpretada por Tao Okamoto. Logan tiene que echar mano a otros recursos, apoyarse un poco más en otro personaje con mucha onda (Yukio, interpretada por Rila Fukushima) y hasta usar la cabeza para deducir pistas. Por supuesto hay saltos al vacío totalmente inverosímiles, como la lucha arriba del tren bala o la escena en la que Wolverine se opera a sí mismo del corazón. Y varios momentos jodidos de verdad, en los que no se te ocurre cómo va a zafar el canadiense de los peligros que enfrenta. La runfla empresario-político-criminal que rodea a los Yashida desde aquella mítica miniserie de Frank Miller y Chris Claremont está muy bien aprovechada y es un caldo de cultivo muy fértil para... dos villanos y medio, a los que no se puede nombrar para no spoilear. La vuelta de tuerca que llega cerca del final, cuando se nos revela la identidad de... uno de los villanos, es totalmente impredecible y está muy, muy bien. Lo único medio choto es cómo se sacan de encima a la villana, a la que le habían logrado dar mucha chapa a lo largo de la película. Daba para propinarle un mejor final.
A la atractiva base de “Wolverine en Japón metido en una rosca espinosa por la sucesión de un industrial multimillonario, con villanos y ninjas”, el guión le agrega un tramito inicial tomado levemente de Logan, el comic de Brian Vaughan y Eduardo Risso, en el que Wolvie sobrevive al ground zero de la bomba de Nagasaki. Eso está bellamente contado por Mangold en una escena muy, muy notable. Sin ser una maravilla, la peli tiene poco para envidiarle a las tan ovacionadas producciones de la “línea Avengers”. Tiene acción, aventuras, runflas, honor, amor y hasta algún chiste bien calzado. Le falta la sangre, claro. Pareciera que la gente sólo sangra DESPUES de cagarse a espadazos o a tiros, cuando los médicos les curan las heridas. En las peleas no vuela una sóla gota de sangre y eso que se dan de lo lindo.
A diferencia de la primera peli, ambientada mucho antes de que Wolverine se uniera a los X-Men, esta va claramente después de X-Men III y se hace cargo de TODO lo sucedido en esa trilogía. De hecho, un personaje importante es el fantasma de Jean Grey, interpretada de nuevo por una Famke Janssen ya más viejita, pero igual de hermosa que hace 10 ó 12 años. Y la secuencia entre los créditos está pensada para cebar a los fans de los X-Men a niveles cósmicos, inconmensurables. Salís del cine y empezás a tachar los días que faltan para X-Men: Days of the Future Past, como si fueras un preso.
La verdad que Hugh Jackman hizo bien en insistir con SU versión de Wolverine en la pantalla grande. Esta vez remó con creces el bajón del film anterior y nos obsequió dos horas y puchitos de diversión al palo, bien actuada, bien filmada y con pocos momentos frutihortícolas en el guión, que no logran empañar un argumento bastante más sólido que el del comic promedio de Logan. A mí no me apasionó la trilogía de X-Men, ni soy fan de Wolverine, ni me excita ver a Jackman en cuero y todo chivado. Pero si reuniera alguna de esas tres condiciones, creo que esta película tendría grandes chances de ser mi nuevo totem personal. Aguante el kusuri.

martes, 4 de diciembre de 2012

04/ 12: WOLVERINE/ NICK FURY: SCORPIO

Este libro reúne dos novelas gráficas y un prestige, originalmente publicados entre 1989 y 1994 y con un elemento en común: en las tres historias se cruzan el mutante canadiense y el capo de SHIELD. Y realmente, eso es lo UNICO que tienen en común. Veamos:
Arrancamos con Wolverine/ Nick Fury: The Scorpio Connection, la graphic novel en la que debuta el nuevo Scorpio, Mikel Fury, quien parece ser sobrino del viejo Nick, pero en realidad... no te lo puedo contar. El guión de Archie Goodwin es potente, con muchos momentos de alto impacto, una vuelta de tuerca muy grossa sobre el final, muchos diálogos de gran nivel y unos bloques de texto de lujo, de los que no abundan en los comics de tiros, trompadas y garras de adamantium. Sin ser una joya imprescindible, es definitivamente un muy buen guión.
Que empalidece por completo frente a la faz gráfica, en la que nos encontramos con el maestro Howard Chaykin prendido fuego, en el que seguramente debe ser su mejor trabajo para Marvel. En equipo con el glorioso colorista Richard Ory, Chaykin detona su mejor arsenal a la hora de darle imágenes a los textos de Goodwin. Se nota un cachito que no le gusta tanto dibujar a Wolverine (sobre todo enmascarado), pero ese Fury es quintaesencial, casi tan definitivo como el de Jim Steranko. Sólo por lo que dibuja Chaykin en esas 62 páginas, se justifica todo el libro.
Después tenemos Bloody Choices, otra graphic novel, pero del ´91, escrita por Tom DeFalco y dibujada por otro grande, John Buscema. Lamentablemente, este prócer tiene menos suerte con los coloristas: le toca Gregory Wright, quien se vuelca hacia una paleta sombría, llena de marrones y grises, que a veces se empastan y deslucen el dibujo. No sé si es uno de los mejores trabajos de Buscema. Por ahí no. Pero seguro que en blanco y negro se vería mucho mejor.
El guión de DeFalco no tiene nada que ver con la saga de Scorpio. Están Wolvie y Fury y de hecho se cruzan más feo que en las otras historias, pero la cosa va por otro lado. Este es el típico guión sórdido, oscuro, repleto de desesperanza y de excusas para que los héroes se saquen y empiecen a actuar como los villanos. No es ni bueno ni malo, es simplemente producto de una época muy marcada en la que se confundía a la madurez con la sangre, la violencia y la crueldad.
Y hablando de épocas, Wolverine/ Nick Fury: Scorpio Rising es de 1994, una de las peores épocas de la historia de Marvel, en la que –salvo honrosas excepciones, como el Hulk de Peter David- toda la línea editorial despedía hedores nauseabundos, dignos de una cripta lovecraftiana. En ese contexto aparece este guión de Howard Chaykin simplón, por momentos burdo, en el que Wolverine podría tranquilamente no estar, ya que con un héroe sobraba y todo lo importante que pasa, le pasa a Scorpio. Está claro que esto iba a vender mejor si se lo mostraba como una secuela a The Scorpio Connection y por eso está ahí Logan, esta vez con su traje amarillo con las hombreras de metal, esa cosa asquerosa cuyo diseñador merece morir en cana.
El dibujo cayó en manos de Shawn McManus, en el peor momento, en ese breve período en que este excelente dibujante se había pasado al lado oscuro de la Fuerza y se zarpaba dibujando esos cuerpos deformes, pasados de esteroides, con músculos imposibles, y esas caras aún más deformes, llenas de rayitas espantosas al estilo Rob Liefeld, dientitos apretados, crosshatchings innecesarios en los pómulos... una abominación, una cosa realmente desagradable. Lo único redimible es que, a diferencia de Liefeld y sus simios amaestrados, McManus no falla en la narrativa. Y si Buscema tuvo mala suerte con el colorista, pobre McManus, fue sumergido en una pileta con meo de todas las especies caninas del planeta. Lo que hace Gloria Vazquez en estas páginas no tiene ninguna explicación racional excepto “tuve que colorear las 46 páginas en un fin de semana en el que me la pasé borracha, drogada y enfiestada con tres chongos del Golden, dos travas, un burro y un enano”. Posta, la cantidad de errores y tiradas a chanta que se ven en el color de este comic es realmente un bochorno.
En fin, te recomiendo esto si sos muy fan de Wolverine, o de Fury, o (como yo) de Chaykin. O si querés ver cómo el grim´n gritty de fines de los ´80 y principios de los ´90 a veces funciona bárbaro y a veces se cae a pedazos.

jueves, 18 de octubre de 2012

18/ 10: WOLVERINE/ HULK

Si lo encaramos con mala leche, este libro tiene todos los números para convertirse en un papelón memorable. Estamos frente a un guión que jamás promete alterar en lo más mínimo a ninguno de los protagonistas, con lo cual puede parecer intrascendente o simplemente ladri. Además, el guión requiere todo el tiempo la aparición de Bruce Banner, mientras el autor se esfuerza por mostrarnos lo más posible a su verdoso alter ego, primero porque se divierte más dibujándolo y segundo porque es lo que la hinchada que compra estos comics quiere ver. Y por si faltara algo, el guión transita por la cornisa del delirio, un senderito muy finito en el que no está demasiado claro qué pasa en realidad, qué pasa en la mente de los personajes y cuánto de todo lo que pasa responde a meros caprichos del autor.
Y con todo eso que podría jugarle en contra, a mí esta saguita me gustó. ¿Por qué? Porque no me sale encarar con mala leche una obra de Sam Kieth. Soy fan de este enfermo de mierda y no lo puedo evitar. Y le reconozco lo más importante: la coherencia, la fidelidad a un estilo. Este es un comic de Hulk y Wolverine, es cierto. Pero sobre todo es un comic de Kieth, con todos los yeites clásicos de las otras obras de este autor. Las virtudes y, obviamente, los defectos.
Es verdad, pasa poco y casi nada de lo que pasa hace avanzar esta trama extraña, caprichosa y cuya resolución empezás a olfatear unas 25 páginas antes de que llegue. La machaca ocupa unas cuantas páginas y no aporta absolutamente nada al desarrollo argumental. Por el otro lado, hay diálogos exquisitos, mucha onda puesta en e personaje que durante muchas páginas funciona como hilo conductor de la trama (no me quiero extender en eso para no spoilear) y a la hora de definir a Hulk, Kieth opta por el Hulk bien cabeza, bien pavote, casi un tierno, en logrado contrapunto con un Logan siempre al filo de la salvajada.
Y por supuesto, mucho más inexplicable que cualquier fumanchereada del guión, es el dibujo de este monstruo fuera de control. Kieth encuentra los pretextos para dibujar pocos o ningún fondo y descontrola virulentamente en todo lo demás: anatomía pasada de rosca, expresiones faciales impresionantes, un color directo que lo muestra solvente y sorprendente en el manejo de innumerables técnicas y una narrativa coherente, a pesar de los múltiples estallidos que la machaca entre Wolverine y Hulk causa en la puesta en página. Realmente hay más páginas perfectas de las que me atrevo a revisitar. Visualmente, esto es una orgía, una especie de Frank Frazetta pasado de alucinógenos y con varios episodios de Ren & Stimpy clavados en las retinas.
Si no te resulta insostenible un comic en el que Hulk y Wolverine intercambian trompadas y rasguñones, tenés que leer esto para vibrar al ritmo de las bizarras maravillas que las plumas y los pinceles de Sam Kieth pelaron en esta historieta.

martes, 20 de septiembre de 2011

20/ 09: WOLVERINE: BLOOD HUNGRY


Parece mentira, no? Veintiochomil meses de blog y nunca reseñé un comic de Peter David, el querido Gordo, uno de los guionistas fundamentales del comic yanki de los ´90, que hoy no sólo conserva casi intacta su vigencia, sino que además sigue teniendo bochas de fans. Pero bueno, acá está el Gordo, con un comic de hace 20 años, originalmente serializado de a ocho paginitas por quincena en la revista Marvel Comics Presents.
El guión de Blood Hungry es 100% mainstream: sencillo, redondito, con la ventanita del final abierta para que el villano pueda volver, y con un par de escenas bastante emotivas, como para que la machaca no quede tan expuesta, para que el conjunto parezca un poco menos cabeza. Acá nos espera el Wolverine de Madripoor, el que opera por afuera de la órbita de los X-Men (aunque luce el traje amarillo y marrón, que nunca debió haberse sacado) y que se transa a Tiger Tyger, una sensual capo-mafia con mínimos códigos a la hora de controlar los negocios turbios de la islita. Tyger parece buena en comparación con el General Coy, el otro líder del hampa de Madripoor, que no tiene el más mínimo reparo a la hora de ganar guita por zurda. Y los dos parecen carmelitas descalzas cuando entra en escena Cyber, un hijo, nieto y bisnieto de puta, que viene a ofrecer un poderosísimo alucinógeno, que le dará a quien lo controle la manija definitiva sobre el crimen de Madripoor.
Hete aquí que (en un giro típico de esta época) Wolverine y Cyber se conocen de hace mil años, y tienen en su pasado una historia muy heavy (que David intencionalmente narra en flashbacks muy borrosos, cuando Wolvie está bajo los efectos del alucinógeno), en la que el canadiense se llevó la peor parte, lejos. Ahora es hora de vengarse, pero claro, no cualquiera le gana a Cyber. El combate entre los dos amos del adamantium va a ser bravísimo, y se va a resolver con un as que David pelará de abajo de la manga, pero de modo lícito, porque nos mostró còmo y cuándo se lo guardaba. El libro abre y cierra con dos escenas muy lindas, con lo más parecido a un vuelo poético que se le puede pedir a un comic de Wolverine, y lo más atractivo del desarrollo son (como suele suceder en los comics del Gordo) los diálogos. El General Coy y Tiger Tyger se llevan los mejores bocadillos, pero Cyber y Logan también tiran muy buenos retruques, chistes y comentarios ingeniosos.
Digno y todo, el guión palidece por completo frente al dibujo. Porque acá explota Sam Kieth, y cuando explota Sam Kieth se va todo al carajo y más allá. Lo que hace acá el creador de The Maxx es indescriptible. Exagera groseramente la anatomía, lleva a los extremos las expresiones faciales, se cuelga con unos detalles imposibles, unos cross-hatchings enfermizos, tramitas, texturitas, los pelitos de Wolverine, las roturas de la ropa… Kieth no mezquina nada y sobredibuja a morir, pero en su estilo bizarro y pasado de rosca. Sólo el rostro de Tiger Tyger muestra alguna pretensión de realismo. El resto, pasa todo por el distorsionado prisma de esta bestia del dibujo. Y si se va a la mierda en las secuencias normales, imaginate lo que pela cuando nos muestra los recuerdos de un Wolverine drogado con el alucinógeno de Cyber. Surrealismo es poco.
Kieth además juega muchísimo con la narrativa. Abre casi todos los episodios de 8 páginas con splash-pages monumentales, lima en algunas composiciones tanto en las luchas como en las escenas más tranqui, y a la vez mecha páginas donde la narrativa es ajustadísima, como un mecanismo de relojería, que son esas donde más se luce el infalible timing para la comedia del Gordo David. Visualmente, Blood Hungry es una salvajada de enorme belleza plástica. Me lo imagino en blanco y negro, o recoloreado con las técnicas actuales, o pintado en acuarelas por el propio Kieth, y me derrito de la emoción. Sin dudas, este fue el trabajo que le levantó el perfil a Kieth y lo convirtió en un favorito de la hinchada, con luz verde para emprender obras mucho más jugadas (como The Maxx, claro) y vender fortunas.
No lo pongo en la lista de los imprescindibles, pero si sos fan de Peter David, de Sam Kieth, o de Wolverine, seguro ya lo tenés y ya lo subiste a un pedestal del cual se complica bajarlo, incluso 20 años después.

miércoles, 10 de febrero de 2010

10/ 02: WOLVERINE: LOGAN


Cuánto hacía que no leía algo reciente de Marvel!
A ver, la mano viene así. Por algún vericueto fumado del destino, Logan está en Hiroshima, en Agosto de 1945. Conoce al Teniente Warren, un duro soldado yanki, juntos escapan de una prisión y Logan conoce a una hermosa joven llamada Atsuko. Enseguida pinta el amor, hasta que Warren, sacado y más malo que las secuelas de Matrix, atraviesa a Atsuko con una katana. Logan monta en cólera y se desata la machaca sanguinolienta. Durante la misma, descubrimos que a) Warren también es un mutante con infinito poder regenerativo y b) ese avioncito yanki que pasa por ahí arriba no es otro que el Enola Gay y acaba de soltar una hermosa bomba atómica. El combate se suspende por holocausto, ya que ambos contrincantes son virtualmente atomizados por el impacto y la radiación de la bomba. Eventualmente Logan se reconstituye y, sin poder consumar la venganza contra el asesino de su amada, se vuelve a su casa sufriendo como un hincha de Gimnasia, afiliado a la UCR y con un hijo gay.
Hasta acá, una linda historia, ideal para 36 ó 40 páginas, de esas que en los ´80 salían en un annual o, como mucho, en un prestige de 48 páginas. Pero ahora hay que justificar el TPB de u$ 15, entonces 40 páginas es poco. Y para estirar hasta 67 páginas, se intercala con la historia de 1945 una historia en el presente donde Wolverine (que recuperó los recuerdos de esta y de un montón de otras peripecias vividas antes de la operación en la que le implantaron el adamantium) vuelve a Hiroshima a jugar la revancha con Warren, que ahora es un poderoso mega-freak de fuego y radiación. Esta vez gana el canadiense, aunque sin garantías de que Warren no vuelva una vez más a hacer de las suyas (convengamos en que un tipo que sobrevive al Ground Zero de una bomba atómica tiene pocas chances de morir definitivamente). Nada de todo esto tiene mucha onda, excepto el final, donde Wolverine tiene que tomar una decisión crucial y –muy ingeniosa y elegantemente- los autores dejan que el lector se meta en la mente del héroe y responda la pregunta que Logan no puede responder.
¿Cómo se sostiene la saga hasta el final? En parte porque el guionista es Brian K. Vaughan, que escribe muy, pero muy bien. Cualquiera diría que escribió a Wolverine toda su vida. Como todo comic de Vaughan, este está estirado, pero el autor tiene tan buen manejo de los tiempos y los climas (y casi cualquier otro recurso que haya que aprender a pilotear para convertirse en un buen guionista), que todo ese tramo al pedo se sufre poco. Y además dibuja Eduardo Risso, uno de los grandes maestros de la historieta contemporánea. No es su mejor trabajo, ni a palos, pero se luce por varios motivos. Primero, nunca había visto a Risso dibujar una historieta de la Segunda Guerra Mundial. Segundo, después de tantos años de verlo dibujar a gente que charla, fuma y chupa en bares y fondas (les acabo de resumir una década de 100 Bullets), verlo dibujar una buena machaca al aire libre, es una bocanada de aire fresco. Y tercero, Risso nunca tuvo un colorista tan bueno como Dean White. Este tipo (como Dave Stewart en Hellboy) entiende DE VERDAD cómo funciona el claroscuro y en vez de estropearlo, lo potencia. Su aporte a cada uno de los climas que propone la historia es realmente enorme y hace que visualmente, este sea el más atractivo de los trabajos de Risso para el mercado estadounidense.
Que no te vendan esta saga como si fuera La Gloria, porque no da. Pero si sos fan de Wolverine, la vas a amar. Y si sos fan de Vaughan o de Risso (o de los dos) los vas a encontrar a los dos muy afilados, muy compenetrados, sin escatimarle nada a una historia que se parece poco a lo que hacen habitualmente, pero que en manos tan eficientes logra satisfacer incluso a los que normalmente no tocamos un comic de Wolverine ni encañonados por Cable, Deadpool y Bishop.