el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 2 de febrero de 2022

ARRANCA FEBRERO

Se viene un mes con muchos compromisos sociales, y con viajes ya confirmados a ciudades donde vamos a estar presentando ¿Quién quiere ser superhéroe?, el libro que supongo que todos los lectores de este blog ya habrán comprado y leído ;) Así que cada día de paz en Buenos Aires es sagrado, y hay que aprovecharlo para avanzar con la lectura y las reseñas. Hace casi 11 años, la primera vez que viajé a Perú, vi muy barato este libro, y como era de Jorge Zentner y Rubén Pellejero, no dudé en comprarlo. Después descubrí que se trataba de la segunda parte de un díptico, y luego de putear en todos los idiomas, me dediqué a tratar de conseguir el Vol.1 de Aromm. Mi fracaso fue absoluto y aún hoy jamás lo vi en ningún lado. Así que dije “me chupa un huevo, vamos a leer el Vol.2 y si no se entiende nada, mala leche”. Para mi sorpresa, se entiende TODO. El Vol.2 arranca con los personajes ya presentados, pero al nivel de las tramas, es perfectamente autoconclusivo. De hecho, es un guion excelente, con acción, rosca política, romance, dilemas morales espesos, data histórica muy bien incorporada… Una maravilla, hasta que en las últimas 15 páginas Zentner parece desviarse de la senda de la gloria y la historia de Aromm se deshilacha un poco, se empantana entre escenas oníricas y escenas que narran en muchas viñetas hechos que el lector daba por sentados y que se podrían haber obviado, o apenas sugerido. De todos modos, cuando esto sucede, venimos de vibrar con más de 30 páginas magníficas, una cátedra de aventura histórica para cualquier guionista que quiera incursionar en este género tan popular sobre todo en Francia. El dibujo de Pellejero (ni hace falta decirlo) me pareció brillante, con esa combinación irresistible entre potencia y poesía que pocos dibujantes logran y que a los lectores nos hace flashear. El color es fastuoso, el rotulado está buenísimo, y la edición española de Glénat es impecable. Obviamente, el día que vea el Vol.1 me lo voy a comprar, y seguramente me aportará poco a nivel argumental. Pero como fan de la dupla, y a sabiendas de que el Vol.2 me hizo pasar momentos memorables, no tiene sentido resistirse.
Allá por 2016, el maestro Genndy Tartakovsky, capo de la animación yanki nacido en Rusia, debutó como autor de historietas con una miniserie de cuatro episodios protagonizada por Luke Cage y ambientada en los años ´70. Finalmente la leí, y la verdad es que el guion es menos que la nada misma. Es una aventura ínfima, que si el Tarta la contaba en un dibujo animado, a duras penas llegaba a ocho minutos. Es irrelevante, no tiene consistencia, no tiene desarrollo de personajes… Tiene un par de buenos chistes, y lindos homenajes a los villanos y personajes secundarios de la serie de Power Man de los ´70, que seguramente Tartakovsky leyó y disfrutó de pibe. Pero es un guion indigente, por debajo de la línea de pobreza. El dibujo, en cambio, es una fiesta. Apoyado por las tintas del nunca bien ponderado Stephen DeStefano, el Tarta se va al carajo y más allá para regalarnos unas puestas en página espectaculares, unas expresiones faciales geniales y unas peleas de un impacto increíble. Todo el tiempo se nota que Tartakovsky la pasó bárbaro dibujando este comic, y que dejó el alma en cada viñeta. El coloreado de Scott Willis también está en perfecta sintonía con la magia visual que proponen el Tarta y DeStefano y contribuye mucho a que la experiencia sea de una intensidad arrolladora. Lástima el guion, que es pésimo. Esto mismo, reversionado para ocho o diez páginas en una antología de historias cortas, pudo haber sido una gema inolvidable. Así, conserva el atractivo de ser la única historieta realizada por un referente ineludible de la animación, pero solo se sostiene por el dibujo y por el cariño que uno le tiene al personaje de Luke. La próxima vez que a Genndy le pinte incursionar en el mundo de las viñetas, háganle (y hágannos) un favor y pónganle un guionista. Y nada más, por hoy. Tengo leído otro libro, pero lo reseñamos la próxima, junto con alguna cosa más que lea en estos días. Gracias y hasta pronto.

jueves, 23 de junio de 2016

23/06: POWER MAN AND IRON FIST ESSENTIAL Vol.2

Hoy, una reseña como las de antaño. Me tomé varios días para bajarme este masacote de 624 páginas que retoma la historia de los Héroes de Alquiler justo donde deja el tomo reseñado aquel lejano 12/10/10. Acá tenemos todos los números entre el 76 y el 100 de esta serie decididamente menor dentro de lo que es la producción de Marvel de la primera mitad de los ´80. Aún así, sin chances ni pretensiones de jugar en Primera, hay varias cosas para rescatar, más allá de mi cariño por Luke Cage y Daniel Rand, quienes seguramente cosecharán millones de nuevos fans ahora que son parte del Universo Marvel de Netflix.
En la reseña del Vol.1 yo postulaba que si esta serie tiene algo así como una “etapa clásica”, tendría que ser la que cuenta con Mary Jo Duffy en los guiones, Kerry Gammil en los lápices y Ricardo Villamonte en las tintas. De esa papa bastante fina, este libro nos ofrece cinco episodios, los últimos cinco, porque Gammil se despide en el n°79. Villamonte se va en el n°81 y Duffy en el 84. Las historias en sí no son gran cosa, son aventuras menores de justicieros urbanos que operan al “nivel de la calle”. Hay un crossover con Daredevil (que estaba en las gloriosas manos de Frank Miller y Klaus Janson) que busca traerle nuevos lectores a la serie y después, peleas menores contra matones y villanos de la B que no suman ni restan. Lo atractivo pasa por el desarrollo de personajes, que es algo en lo que Duffy no defrauda en lo más mínimo. La guionista le abre el juego a varios secundarios interesantes, entre los que se destacan Misty Knight, Colleen Wing, Bob Diamond, D.W., y un personaje que yo creía que había sido creado para las series de Netflix y sin embargo ahora me entero que aparece en los comics de Power Man desde los ´70: la doctora Claire Temple, interpretada en la pantalla chica por Rosario Dawson.
Seguimos adelante y cuando no le queda más remedio, el coordinador de la serie, el maestro Denny O´Neil, se hace cargo de los guiones. Poquitos números, apenas cinco, entre los cuales hay un excelente unitario en el que Luke y Danny se cruzan con Moon Knight, otro paladín de tercera línea que en esa época operaba en New York. Está bueno también eso, que los guionistas hagan tanto énfasis en la ciudad. Este es un comic bien urbano, donde los héroes rara vez salen de New York, y tantos los textos como los dibujos reflejan (y a veces satirizan) muchos detalles de lo que era la vida en la Gran Manzana de los ´80.
Pero estamos en el n°90 y de nuevo nos quedamos sin guionista. Es la hora de que haga su debut un pibe de las inferiores, un tal Kurt Busiek. Estos primeros números de Busiek no están mal, pero son comics del montón, no hay grandes ideas, no le pega sacudones grossos a ningún personaje y dedica cuatro números a avanzar a ritmo muy tranqui hasta el n°100, que es un poco más grandilocuente que lo que veníamos viendo.
En materia de dibujantes, una vez que se va el exquisito Kerry Gammil entra otro pibe con poca experiencia: Denys Cowan, al que vemos mejorar de a poco, y al que le tocan entintadores muy disímiles, desde un interesantísimo Carl Potts hasta verduleros impresentables que merecen prisión perpetua. Los últimos siete episodios del tomo los dibuja el veterano Ernie Chan, en un estilo que ya para 1982-83 se veía anticuado. A veces lo dejan entintarse a sí mismo, pero en varios episodios lo entinta otro pibe que hacía su debut en Primera: Mike Mignola. Al principio, el combo Chan-Mignola hace agua por todos lados, porque los estilos chocan groseramente. Para los… dos últimos números, ya hay una mejor comunión gráfica entre el filipino que la descosía en Conan y el futuro creador de Hellboy.
Y no hay más. La revista de Power Man & Iron Fist llegó hasta el n°125 y esos 25 episodios finales no están recopilados en libro. La verdad que los Essentials no me dejaron tan cebado como para ponerme a juntar las revistitas. Pero después de Busiek toma los guiones Christopher Priest (cuando todavía se llamaba Jim Owsley) y eso es un gran punto a favor, así que quién te dice…

miércoles, 30 de noviembre de 2011

30/ 11: CAGE


Finalmente y tras buscarla muchos años, pude conseguir esta gema semi-oculta de la Tercera Era de Oro de Marvel, la de Bill Jemas y Joe Quesada, la que apostaba fuerte al comic de autor y proponía –desde el sello MAX- versiones más jugadas y más adultas de los íconos heroicos de la editorial. Así aparece esta saga de Cage en 2002, y Luke Cage ya nunca será el mismo. Ese Cage que vimos en Alias y hoy vemos en algún título de Avengers no se parece en nada al de los ´70 y ´80, sino más bien a este, al que Brian Azzarello y Richard Corben redefinieron a principios de este milenio.
El argumento no es nada del otro mundo: Luke Cage cae en medio de una guerra entre tres bandas de delincuentes que se disputan el control sobre un sector muy pobre de un barrio que parece ser el Bronx. Se mete medio a presión, rosquea con unos, rosquea con otros y al final deja que se maten entre ellos. Nada demasiado original ni demasiado heroico. La gracia está en cómo Azzarello desarrolla esta trama a través de las 110 páginas que tiene para trabajar. Hay varios puntos sobresalientes en el guión (que levanta un vuelo con el que el argumento no puede ni soñar), pero yo destaco dos:
El primero tiene que ver con el propio Luke Cage, con su evolución como personaje, con la forma en que Azzarello define su personalidad y Corben redefine su apariencia. Acá despunta un Cage heavy de verdad, un tipo con el que no querés tener ningún problema, porque –menos sacar un chumbo y bajarte de un corchazo- es capaz de hacerte cualquier cosa. Hábil para rosquear con los malvivientes, implacable para sacar información, ganador con las minas, maduro como para no dejarse ganar por la bronca que le genera el mundo injusto en el que se mueve, este Cage es un jugador realmente temible, un recio, un duro que opera al margen de la ley y no tiene miedo de enchastrarse hasta el alma para que gane la justicia. O por lo menos SU justicia.
Lo otro muy notable es cómo Azzarello arma el contexto, cómo nos mete en este submundo hostil y cuasi-salvaje, cómo maneja los códigos y hasta la forma de hablar de este lumpenaje al límite del cual él (graduado de Bellas Artes de la ciudad de Chicago) no forma parte ni remotamente. Sin embargo, como en 100 Bullets, sus gangstas se sienten reales, genuinos, no son estrellas del hip-hop con mansiones carísimas haciéndose los pibes chorros en un videoclip. Los “ballers” de la barrita de Clifto son pibes chorros de verdad y lo mejor de todo es que Azzarello no los caricaturiza ni los estigmatiza. De hecho, se toma el laburo de dejarte pensando en lo chota que es la vida de esos pobres pibes, eternamente condenados a un status quo de violencia, criminalidad, ignorancia y ninguneo por parte de las autoridades, simplemente por ser negros y pobres. Es gente, claro, pero molesta, porque huele mal y se porta peor. Y el resto, en vez de preguntarse por qué huelen mal y se portan peor, opta por la fácil: hacerlos mierda y barrerlos abajo de la alfombra, para que no jodan más.
Lo que sí es un poco caricaturesco es el dibujo del maestro Richard Corben. Pero es siempre así, no sólo en Cage. Acá el ídolo va de una punta a la otra, de una estética realista y careta tipo Steve Dillon, a viñetas más mugrientas y retorcidas tipo Robert Crumb. Y todo eso sin perder coherencia, sin que parezca que hay más de un dibujante, sin que el ojo se distraiga de la historia que nos quieren contar. Los hallazgos de Corben en materia de dibujo y narrativa son unos cuantos (el tiroteo del cuarto episodio y la trifulca del quinto son impresionantes), pero el esfuerzo principal del maestro está puesto en los climas. Y ahí entra en juego un ancho de espadas, que es el color de José Villarrubia, el poeta del photoshop. No sé si fue Corben o el propio Villarrubia, pero alguien tuvo la brillante idea de darle al color más protagonismo que en el comic promedio. Además de poner los colores (magníficos, de punta a punta), Villarrubia agrega unas texturas perfectas, que ensucian el dibujo de Corben y a la vez lo levantan. Entre dibujo, color y texturas, Corben y Villarrubia logran climas sencillamente asfixiantes, que se te impregnan y te acompañan incluso cuando terminás el libro. Un deleite.
Y bueno, cuando te den un poquito de desconfianza Barack Obama, Beyonce, Lenny Kravitz y todos esos negros ricos y glamorosos, acá te va a estar esperando Cage para mostrarte otra visión, más jodida pero más honesta, de la realidad de los afroamericanos en las grandes urbes yankis. Power, man.

martes, 12 de octubre de 2010

12/ 10: ESSENTIAL POWER MAN AND IRON FIST Vol.1


Bienvenidos a otro Essential que de esencial tiene bastante poco. Parece que no, pero en la segunda Era de Oro de Marvel (1980-85) también había títulos flojos, algo que queda bastante claro al leer Power Man & Iron Fist, que no era una serie exactamente chota, pero sí bastante tercerona respecto de las glorias que nos dio Marvel en la Era Shooter.
De todos modos, la segunda mitad del Essential, la que arranca en 1980, es la más digna. Acá es donde vemos lo más parecido a una “etapa clásica” que puede mostrar esta serie, con Mary Jo Duffy en guiones, Kerry Gammil en lápices, Ricardo Villamonte en tintas y portadas de Frank Miller. Lo anterior, realmente es impresentable, principalmente porque no tiene dirección, nadie sabe a dónde va la serie. Por supuesto, tampoco ayuda la incesante rotación de autores. Por PM&IF pasan un montón de guionistas y dibujantes que apenas se esfuerzan por llenar unas poquitas páginas (porque era una serie bimestral y a veces tenía sólo 17 páginas de historieta por número) sin comprometerse en lo más mínimo. Tan frenética e impredecible es la rotación de artistas, que hasta llega a dibujar un par de números Lee Elias, veterano dibujante autor de muchísimas aventuras de Aquaman de la década del ’50.
Por suerte, el que más dibuja es Kerry Gammil, dignísimo dibujante, mezcla de John Byrne y John Buscema, al que casi siempre le ponen buenos entintadores. También hay un par de numeritos en los que vemos al siempre interesante Trevor Von Eeden, pero con un desempeño irregular, que incluye tiradas a chanta y grandes momentos en dosis similares. El resto de los dibujantes (el ya mencionado Byrne, Mike Zeck, Alan Weiss, etc.) o vinieron directamente a chorear, o se encontraron con horrendos entintadores que les estropearon los trabajos.
La trama general (cuando la hay) es más bien anodina. Se supone que esta es una serie urbana, callejera, y por ende más “realista”. Bueno, no tanto. Hay narcotraficantes, gangsters, espías y menos villanos disfrazados que en otras series, pero casi no hay énfasis en la temática social. No hay dilemas morales, no se toca el tema racial, ni de la pobreza… ni siquiera le sacan jugo al marco histórico, ya que esto sucede en New York y arranca en 1978, cuando empieza la reconstrucción luego de que la ciudad se convirtiera en un infierno, con la bancarrota fiscal, los incendios, la ola delictiva, el estallido del porno y la prostitución y el asesino serial conocido como “el hijo de Sam”, todos eventos que sacudieron (y devastaron) a la Gran Manzana en 1977. No sé si les daba paja explicar lo que sucedió, o si daban por sentado que todo el mundo conocía la situación por la que pasó New York en ese entonces.
La química entre los personajes (el bruto, pobre e impulsivo Luke Cage y el más espiritual, disciplinado y potentado Daniel Rand) empieza a funcionar también a partir de que Jo Duffy acumula varios episodios consecutivos al frente de la serie. Se nota el esfuerzo de la autora por lograr que los personajes empalicen entre sí, y con los secundarios, que vinieron heredados en su mayoría de la serie de Iron Fist. De la de Power Man debe haber sido muuuuy jodido rescatar personajes, villanos o conceptos copados, porque realmente era una serie desgarradoramente chota, que no se entiende cómo duró 50 números. Pero de Iron Fist se puede reciclar bastante más, a tal punto que la mejor saguita del Essential es la última, la que transcurre en K’un Lun y se mete a fondo con el trasfondo de Danny Rand.
Hoy, que tanto Fist como Cage tienen bastante chapa en el Universo Marvel, no está mal revisitar estas viejas historias, pero más por curiosidad arqueológica que por placer, porque ni siquiera el cariño a los personajes las eleva al rango de indispensables.