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lunes, 2 de febrero de 2026
NOCHE DE LUNES
Otra vez perdió Racing contra un equipo que a priori parecía bastante inferior, y ya nos empezamos a acostumbrar de nuevo a la derrota y la desazón. Por lo menos nos quedan los comics, así que vamos con las reseñas de lo último que leí.
Nevermore es una antología producida por la editorial británica Self Made Hero, y más tarde replicada por su par estadounidense Sterling. Se trata de nuevas versiones de los relatos clásicos de Edgar Allan Poe, reinterpretados por autores actuales, y con la libertad de tomar solo algún elemento de las versiones originales y modificar el resto a gusto y piaccere. Olvidate de las fieles adaptaciones onda Horacio Lalia o Bernie Wrightson: esta antología juega a otra cosa. Veamos cómo le va.
Dan Whitehead y Stuart Tipples (que por momentos parece un Kelley Jones del Ascenso) reformulan The Raven, sin dejar de lado el hecho de que se trata de un poema escrito en rima. No está mal. La segunda adaptación (The Pit and the Pendulum) tiene un dream team: Jamie Delano y Steve Pugh y, si bien se cae un poquito al final, tiene unos textos y unos dibujos magníficos, con un Pugh que hace magia con el combo blanco/ negro/ gris. Realmente muy elegante y sofisticado todo. En cambio, a la hora de adaptar The Facts in the Case of Mr. Valdemar, un dibujante habitualmente correcto como es John McCrea aprovecha el blanco y negro para probar cosas nuevas, con resultados bastante chotos. El guion de Jeremy Slater no está mal. Después llega otro dream team: Ian Edginton y D´Israeli, que le meten una extraña ambientación futurista al clásico The Murders in the Rue Morgue. El clásico cuento que dio origen al subgénero de misterios de cuarto cerrado, combinado con elementos de ciencia ficción, se vuelve bizarro e impredecible, y por supuesto D´Israeli le incorpora una impronta visual fascinante. Para adaptar The Fall of the House of Uhser lo tenemos de nuevo a Dan Whitehead, ahora junto a un dibujante espectacular aunque no muy conocido: Shane Ivan Oakley, un salvaje del claroscuro que obviamente estudió a Mike Mignola, Alberto Breccia y otros referentes del palo, y que entendió todo. Hermosas páginas, posta.
Y en las cuatro últimas, baja un poco la vara. The Black Cat no tiene prácticamente nada que ver con el cuento de Poe. Es un guion de John Reppion y Leah Moore (la hija de Alan), dibujado por un desparejo James Fletcher, que tiene una muy buena planificación de la página y un gran laburo de tramas mecánicas, pero muchos altibajos en el dibujo. The Oval Portrait tal vez sea la peor historia del libro, a cargo de David Berner y Natalie Sandelis, también muy alejados de la esencia del cuento original. El mítico The Tell-Tale Heart también agarra para otro lado, cortesía del reincidente Jeremy Slater, quien ahora cuenta con los excelentes dibujos de Alice Duke. Está bien, es medio falopa el desarrollo, casi un chiste largo, pero disfrutable. Y cerramos con una versión de The Masque of the Red Death, en la que el guionista Adam Prosser toma un pedacito de la obra original para embarcarse en una intensa y potente bajada de línea progre, dibujada sin mucho impacto por Erik Rangel.
En síntesis, una antología interesante no tanto para el fan de Poe (porque le meten tantos cambios a los cuentos que son prácticamente irreconocibles, como si le diéramos partituras de Astor Piazzola a Trueno, WOS o la Joaqui) sino para el fan de la historieta británica contemporánea. Por ese lado, el del descubrimiento de nuevos artistas, o nuevas facetas de los autores clásicos, llega el disfrute de Nevermore.
Y si, tengo más libros de autores argentinos publicados en 2025, y más obras escritas por Rodolfo Santullo, un pulpo prendido fuego. Un ya lejano 28/05/17 vimos por acá El Dormilón, una excelente historia en la que Santullo y Carlos Aón combinaban una ambientación post-apocalíptica con una trama de misterio tipo "whudunnit". El Dormilón se convirtió en un merecido éxito en varios países, y en 2025 llegó la inevitable secuela, titulada "La Caravana". Y lo único choto que tiene esta segunda parte, es que deja un montón de puntas abiertas para resolver en una eventual tercera parte. Lo cual a su vez es una buena noticia, porque quiere decir que en algún momento saldrá un tercer libro de esta misma dupla.
Sin la urgencia de rematar la trama en 100 ó 110 páginas, Santullo orquesta un relato pausado, con margen para la contemplación, la reflexión y el desarrollo de los personajes, tanto del Dormilón de la primera parte como del elenco de secundarios que lo apuntala en esta nueva aventura. Aventura que, felizmente, va para otro lado: no regurgita los mecanismos narrativos (ni siquiera la ambientación) del primer arco. Sin dudas el gran hallazgo de Santullo en esta secuela es presentarnos a otro tipo de monstruos humanoides: no son zombies, no son antropófagos, pero son garcas. Y a los garcas, si los dejás, te morfan crudo con tal de salvarse a ellos mismos. Acá aparece de modo muy explícito uno de los slogans de la serie de El Eternauta que vimos el año pasado en Netflix: nadie se salva solo. Los nuevos villanos de El Dormilón encarnan la ideología contraria, la de "yo me salvo, y a vos que te ayude Magoya". Por supuesto, todo garca recibirá su merecido, y la solidaridad dará sus frutos a aquellos que eligen jugarse por el prójimo, sobre todo en situaciones extremas como las que viven el Dormilón y sus aliados.
El dibujo de Carlos Aón es excelente, absolutamente funcional a la narración, tanto en la puesta en página como en la elección de paletas de colores que acompañen a los distintos climas y las distintas locaciones por las que transitan los personajes. El trazo de Aón se acerca de a poco al de un ídolo absoluto como es Frederik Peeters, pero sin robarle. El guion le ofrece a Carlos la posibilidad de lucirse en unas cuantas secuencias mudas, y el dibujante las aprovecha plenamente, en unas páginas memorables (sobre todo la del Dormilón solo en los túneles).
Gran trabajo de una dupla de comprobada eficacia, que hace gala de una química increíble y que encontró en este post-apocalipsis un gran vehículo para contar historias fantásticas, pero que intersectan de un modo sumamente ingenioso (y hasta por momentos incómodo) con los aspectos más hostiles y desoladores de la realidad que transitamos los lectores. Muy recomendable... si leíste el primer libro. Si no, tratá de empezar por ahí, no por La Caravana.
Y nada más. Acá me informan por cucaracha que parece que mañana también hay reseñas, así que nos vemos muy pronto, acá en el blog.
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domingo, 11 de enero de 2026
TARDE DE DOMINGO
Ahora sí, tengo dos libros leídos y un rato para escribir reseñas.
Empezamos en España, año 2021, cuando la editorial Dolmen tiene el acierto de publicar en nuestro idioma un comic que además es un documento histórico imprescindible: La Verdadera Historia de Futurópolis, de la genial Florence Cestac, traducido de manera impecable por el maestro Francisco Pérez Navarro.
Florence Cestac, hoy consagrada autora de comics, trabajó 22 años en Futurópolis, la famosa editorial francesa que empezó como una comiquería especializada en historietas antiguas. El relato de todo lo que sucedió en esos años (1972-1994) es tan apasionante, que en 2007 la autora decidió convertir todas esas historias y anécdotas en una novela gráfica, un poco autobiográfica, pero con el protagonismo repartido entre todas las personas que fueron importantes en la trayectoria de la editorial. Es, además, una crónica infalible de cómo se transformó la industria del comic francés en esos años: a través del relato de Cestac vemos como se cocina y cómo explota el boom del comic para adultos, cómo editores y libreros franceses se las ingenian para que "las nuevas olas" no se lleven puesta a la ilustre tradición de la bande dessinée, cómo cambian los gustos de los lectores y los coleccionistas, cómo un sello chiquito puede convertirse en una editorial importantísima en un mercado ultra-competitivo, cómo evolucionó el circuito de eventos y festivales, y hasta vemos el Secret Origin de L´Association. O sea que, aunque no te guste el dibujo de Cestac, aunque no te copen el tono y el ritmo que elige para contar la historia, la cantidad de info que tira es tan brutal, que cualquier fan del comic francés termina hipnotizado por lo que estas páginas tienen para ofrecerle.
A mí el dibujo de Cestac me encanta. En todo caso, lo que tengo para criticarle al libro es que mete demasiada data para 100 páginas. Entonces, hay muchas páginas de nueve cuadros en las que la autora nos narra... cuatro o cinco escenas distintas, casi sin desarrollo: un dibujo, un bloque de texto, uno o dos globos (con diálogos muy ingeniosos), y a otra cosa. Tantos saltos de escena en una misma página requieren mucha concentración por parte del lector y además permiten profundizar poco en cada una de ellas. Pero en los pasajes en los que Cestac descomprime un poco el ritmo, y permite que las situaciones se desplieguen a lo largo de más viñetas, y que los personajes dialoguen entre sí, sin tener que resumir todo en dos globos y un bloque de texto, la novela gráfica levanta muchísimo.
La Verdadera Historia de Futurópolis recorre con humor e ironía una epopeya comiquera protagonizada por un grupo de jóvenes idealistas que tenían unas ganas locas de vivir de aquello que los apasionaba. A veces contando las monedas, a veces en la cresta de la ola, pero siempre ahí, codo a codo con los autores y los lectores que hicieron gigante al comic francés. Una cátedra de Florence Cestac, con un valor documental inmenso, un dibujo fabuloso y un mix atrapante entre momentos cómicos, momentos tensos y momentos explosivos. Si te gusta la historieta francesa, no te lo podés perder.
Y me vengo a Argentina, año 2025, para leer la recopilación de Repuestos, una obra de Rodolfo Santullo y Damián Couceiro, originalmente serializada en la antología Distopía, de la editorial Pictus. No muy conocido en nuestro país pero con un carrerón en EEUU, Couceiro es un dibujante muy sólido, muy completo. Gran narrador gráfico, generoso a la hora de dibujar fondos, y con un manejo impecable de unos cuantos yeites heredados de su maestro, el gran Marcelo Frusín. El color de Leo Sandler lo complementa muy bien, y el conjunto de la faz visual de Repuestos resulta altamente satisfactorio, casi te diría de primer nivel.
Para la trama, Santullo elige meterse en un terreno espinoso, incómodo como tampón de virulana, que es el de los costos de la revolución. Repuestos es una extensa reflexión acerca de quién paga esos costos. Quién derrama su sangre para que la utopía de un mundo mejor deje de ser utopía y empiece a ser realidad. Y aún más: quién decide quiénes se tienen que sacrificar. Antes de la mitad de la obra, el planteo ético se hace tan espeso que cualquier distinción entre "buenos" y "malos" resulta absurda. De manera descarnada, casi maligna, Santullo nos explica que acá no hay héroes, y que la célula guerrillera que confronta al régimen opresor no tiene ningún prurito a la hora de adoptar tácticas y tomar decisiones tan crueles como las que toman los villanos. De ahí en más, es todo desolación, todo oscuridad, porque solo vemos cómo un grupo de hijos de puta trata de causarle daños a otro grupo de hijos de puta. Unos porque cobran un sueldo para defender el statu quo, otros porque sienten que el sueño de un mundo mejor los habilita a ser atroces e inescrupulosos.
El clima de violencia y de paranoia crece hasta hacerse asfixiante, pero Santullo encuentra rendijas por donde filtrar diálogos y situaciones que le permiten darle relieve a Nicola, Mira, el Pinzas, Pol, e incluso al Interlocutor. De alguna manera, el guionista logra que empaticemos con estos asesinos, que nos pongamos en su lugar y entendamos perfectamente cuáles son sus motivaciones. Y acá entra en juego la subjetividad del lector. Habrá quien, pese a todo, banque a los rebeldes, habrá quien diga "no, se fueron al carajo"... Pareciera que el guionista nos va a dar esa libertad, que no va a ser él quien juzgue a sus personajes... hasta que llega la secuencia final y ahí nos enteramos de qué lado de la grieta quedó Santullo.
Repuestos es un comic realmente áspero, difícil de digerir, precisamente por su mensaje y su tono de extremo pesimismo. Es como que en vez de un canelón te sirvan un caño de escape envuelto en papel de lija, con un poquito de salsa encima. Cito un pasaje: "Cuando empezaron a suplirnos por máquinas en todos lados, dijeron que era por "nuestro bien". Cuando conseguir un trabajo se volvió una quimera, nos seguían repitiendo que estábamos "cada vez mejor". Cuando para beneficio de unos pocos se perjudicaba a todos, se nos dijo que eso era "progreso". Cuando vender nuestros órganos se transformó en la única manera de mantener a nuestras familias, se nos dijo que era un "trabajo honesto"..." y podría seguir, pero se vuelve todo tan cercano y tan doloroso, que hace daño. En un mundo así descripto (que lamentablemente ya es más crónica cotidiana que ciencia ficción), donde además los medios de comunicación están totalmente controlados por el régimen opresor, soñar con una revolución que le ponga fin al calvario de las mayorías es tan loable como inevitable. En ese contexto, resulta especialmente desgarrador y hasta perverso que el guion ahonde en los excesos, en el aspecto más cruel y más inhumano de la lucha revolucionaria. Así es como un comic bien escrito y bien dibujado, te deja una sensación de mierda, de asco, de derrota, de desesperanza. Que una aventura futurista con machaca y explosiones logre causarte daños en el alma no es poco, no son muchas las que lo consiguen. Pero cómo duele, la concha de su madre...
Gracias por el aguante, gracias por descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog.
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viernes, 19 de diciembre de 2025
TARDE DE VIERNES
Otra vez clavo una pausa en el vértigo y el frenesí que exige la Comiqueando Digital para estar lista a fin de mes, y la aprovecho para reseñar un par de libros que leí en estos días.
Muy brevemente, expreso mi tristeza por no haber podido disfrutar todo lo que esperaba con The Cardboard Valise, la novela gráfica de Ben Katchor publicada en 2011. Y un poco es culpa del que decidió que este material, originalmente publicado por Katchor en entregas semanales en distintos periódicos alternativos, se podía "envasar" en formato libro de 128 páginas. Más allá de cómo las acomodemos, del formato que les queramos dar, estas páginas NO forman un relato consistente con lo que habitualmente llamamos "novela". Son una sucesión de no-historias cortas, que repiten algunos personajes y la ambientación (una isla imaginaria en la que pasan cosas rarísimas) y por ahí tenemos UN momento copado (probablemente el remate de una entrega semanal) cada dos páginas.
Pero presentadas así, en semejante masacote, lujosamente editadas por Pantheon, estas historietas tratan de cagar más alto de lo que les da el culo. Son graciosas, tienen ese humor surrealista de un sketch de Cha-cha-cha, tienen ese ritmo de anécdota pachorra y nostálgica de las Crónicas del Ángel Gris de Alejandro Dolina, el dibujo es fastuoso, pero -discúlpenme si peco de tradicionalista- si no hay conflicto, no hay novela. Una novela no es una sucesión de anécdotas, ni de gente que le explica a otra gente qué había antes en el lugar donde están ahora.
Sin cohesión narrativa, los caprichos y las ocurrencias limadas del autor son solo eso: caprichos y limaduras. Y seguramente ese es el motivo por el cual The Cardboard Valise es la obra menos querida por los fans de Ben Katchor, pese a ser la que gozó de una edición más cheta y más cuidada. Esto así como está es excesivo, es comer dulce de leche en el desayuno, el almuerzo y la cena durante dos semanas. Llega un punto en que ya no podés ni ver al dulce de leche. Con los dibujos de Katchor obviamente eso no pasa, porque son bellísimos, pero la falta de un argumento sólido, de un real desarrollo de personajes, hace que todo el resto (el world-building complejo, lleno de ironía e imaginación, los diálogos bizarros, etc.) a partir de cierto punto se vuelva un plomazo. Hacía muchos años que buscaba este libro, finalmente lo conseguí a buen precio, y ahora no sé si quedármelo o no, porque tengo claro que en la puta vida lo voy a volver a leer. Cosas que pasan.
Y también leí (a velocidades supersónicas) las 96 páginas de Aventureros del Aire, una obra de Rodolfo Santullo y Pablo Burman que se había serializado en el e-zine de Loco Rabia y este año salió en libro a través del sello Los Aspirantes. Más allá de lo rápido que se lee, me encontré con una muy buena historieta de acción y aventura, a la que se le suma un trasfondo muy atractivo, relacionado al abuso de poder, a cómo desde el poder se manipula a la gente común y se le vende humo con total impunidad.
Santullo elige muy bien los momentos en los que nos revela qué hay detrás de esta trama, y los volantazos que pega (personajes que al principio parecen ser del bando de "los malos" y después se dan vuelta, o viceversa) son, además de sorpresivos, totalmente coherentes con la narración que construye. En un guion realmente potente, lo único que -conociendo la obra del uruguayo/mexicano- se echa un poquito de menos es el world-building, que no está muy explorado, sino apenas delineado con unos pocos trazos. Es raro, porque en general, cuando trabaja con mundos fantásticos, Santullo cuida mucho ese detalle. Acá, felizmente, se luce en muchos otros rubros, sobre todo en el desarrollo de los personajes: tanto la protagonista como los secundarios tienen sus arcos narrativos y nadie sale de la novela igual que como entró.
Si yo te contara detalles del argumento, seguro que vos empezarías a flashear imágenes en un estilo tipo Frank Robbins, Juan Giménez, o Solano López, capos indiscutidos en el rubro "historietas de aviación". Bueno, en esta lo tenemos a Pablo Burman, con un grafismo que está a años luz del de los clásicos maestros mencionados (y tantos otros), pero que te cautiva desde la primera página. Ya desde la portada queda claro que Burman se va a decantar por un estilo más pictórico, pero adentro, en vez de esos óleos vamos a tener acuarelas y lápices de colores. Sí, las queridas "pinturitas" convertidas por Burman en varitas mágicas con las que conjura formas, texturas, climas... lo que haga falta. Me gustaba cuando Burman trabajaba en blanco, negro y grises, con tinta china y aguadas, pero esto es infinitamente mejor. Hay momentos en los que no sabés si estás leyendo un comic de aventuras o recorriendo un museo dedicado a las artes plásticas y a los pintores expresionistas. Todas las decisiones estéticas de una bestia como Burman implican algún riesgo, y las decisiones en materia de puesta en página no se quedan atrás. Pero todo esto (más la típica sobriedad que le permite a Santullo contar una historia compleja sin meter enormes cantidades de texto en cada página) contribuye de manera armónica e impactante a lograr un gran ritmo, que te lleva puesto hasta el final.
Aventureros del Aire no es un comic que te cambia la vida, pero es una gran historia, con giros argumentales muy logrados, un vértigo alucinante y unos dibujos atípicos y (por momentos) gloriosos. Recomiendo mucho esta colaboración entre Santullo y Burman y ojalá pronto haya nuevas.
Nada más, por hoy. Buen finde y hasta pronto.
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domingo, 30 de noviembre de 2025
RESEÑAS DE DOMINGO
Acá estamos de nuevo, con un par de lecturas que quiero comentar antes que se termine este mes.
Finalmente llegué al duodécimo y último tomo de Dead Dead Demons Dededede Destruction, esta maravilla del maestro Inio Asano y su equipo de asistentes. En el Vol.11 (lo reseñé el 12/11/25) asistimos a la destrucción del mundo tal como lo conocíamos, y casi a modo de epílogo, Asano ponía en marcha el plot de la reaparición de Nobuo Koyama, el papá de Kadode. Yo pedía más Nobuo para el Vol.12, y lo obtuve, con creces. Este señor taciturno que se dedicaba a supervisar mangas es, sin dudas, el protagonista excluyente de este final, y no solo lo vamos a ver intentando sobrevivir en este mundo post-apocalíptico, sino que además nos vamos a enterar cómo y por qué fue poseído por los alienígenas, y además va a poner en marcha un plan para "escapar" a una realidad alternativa donde el final de la historia va a ser otro. Los capítulos del medio, esos con batallas entre mechas y robots gigantes (que responden a las distintas potencias que intentan conquistar la hegemonía de lo que queda del planeta) son espectaculares, pero no tienen el impacto emocional ni del principio del tomo (cuando Nobuo interactúa con algunos sobrevivientes), ni del final, cuando el plan de Nobuo se concreta y la historia se desplaza a este otro plano de realidad. El final, con Kadode y Ouran ya adultas, es realmente brillante, y hasta las paginitas en joda del final, con la mini-historieta de Isobeyan, son una joya.
Si bien en su conjunto Dead Dead Demons Dededede Destruction peca de estar un poquito estirada y de derrochar páginas en pavadas que no tienen el menor peso en la trama global de la obra, estos tomos finales son una bola de demolición. Una demostración de que cuando Asano se pone las pilas, es un autor más que capaz de llevar a buen puerto las ideas más locas, las premisas más arriesgadas, sin descuidar las emociones, ni la bajada de línea, ni el desarrollo de personajes. Ni hace falta reiterar conceptos acerca de la calidad del dibujo, que es sublime. Personas, máquinas, esa secuencia alucinante en la que Nobuo reconfigura la realidad... acá vamos a ver dibujado como los dioses todo lo que imaginamos e incluso lo que no imaginamos y solo un monstruo como Asano puede concebir en su mente deforme.
Más allá de la magia y el impacto de los dibujos, Dead Dead Demons Dededede Destruction sorprende por la onda de los personajes, por la frescura de los diálogos (gran traducción de Pablo Farías Alves), por la complejidad de la trama (con ciencia ficción, política, derechos humanos, comedia, slice of life, post-apocalipsis, romance, etc.) y sobre todo por cómo encara Inio Asano esta recta final, en la que el manga se convierte en algo distinto, único y absolutamente memorable. Un placer haberlo acompañado hasta acá y ojalá Ivrea nos traiga pronto más obras de este genio del Noveno Arte.
Encontré otro libro de 2024 en mi pilón de historietas argentinas pendientes de lectura. Esta no es 100% argentina, porque el guion lo firma el prolífico Rodolfo Santullo, uruguayo nacido en México. Pero bueno, tiene tanta obra publicada de este lado del charco que ya es casi un argentino más. En este caso me tocó leer El Pasajero del U-977, una novela gráfica que ganó varios premios gracias a la formidable labor del rosarino Carlos Barocelli, tanto en la ilustración de la portada como en el dibujo de las páginas interiores.
Si te gusta el dibujo clásico de aventuras, con una estética realista, acá vas a flashear fuerte. Barocelli tiene esa impronta clásica en el armado de las secuencias, en cómo escenifica cada viñeta, en la anatomía y la gestualidad de los personajes, en el uso riguroso de la documentación como para trasportarnos sin esfuerzo al 1945 en el que está ambientada la historia... Y a todo eso le suma un tratamiento del color totalmente personal, unas acuarelas preciosas con las que logra unos climas magníficos, complementadas con esfumados, cepillos, manchas... una fiesta de colores que te quita el aliento y que no opaca las virtudes del dibujo ni dificulta el fluir de la narrativa. Un trabajo absolutamente consagratorio para el maestro Barocelli, con páginas que no tienen nada que envidiarle a las grandes historietas de aventura bélica que se publican en los principales mercados de Europa.
El guion de Santullo tiene un gran punto a favor, que es cómo construye el clima de suspenso y terror, cómo genera intriga y tensión en el lector hasta volverlo loco con tanta claustrofobia (la historia transcurre dentro de un submarino) y tanta sensación de que todos los personajes están en peligro. Y no mucho más. Salvo el "villano", los personajes no me resultaron demasiado atractivos... y lo más triste de todo: Santullo hace trampa. Crea una situación límite, la lleva a un punto hiper-jodido, la remata con una escena de una violencia inusitada (dibujada como los dioses por Barocelli)... pero no explica nada. Nunca sabemos de dónde salió esa especie de mujer-vampiro-licántropo que se morfa a los marineros, no sabemos por qué Kinsch la metió en el submarino, ni por qué está dispuesto a todo con tal de llevar a esta criatura hasta las costas de Argentina. ¿Qué pasó ahí? ¿Hay una secuela, una precuela, un spin-off, algo más que hay que leer para entender lo que no se entiende leyendo estas 82 páginas? Me parece que no, que El Pasajero del U-977 es esto que leí yo, y no hay nada más. Pero esto, así como está, me dejó con el culo lleno de preguntas... No creo que un guionista mega-profesional como Santullo no se haya puesto a pensar las respuestas a esas preguntas. Por eso me sorprende que las mismas no aparezcan en la historieta y queden en el terreno de la conjetura...
Entre tantos enigmas que no se resuelven, El Pasajero del U-977 se salva gracias al glorioso dibujo de Barocelli, que ojalá vuelva a incursionar en esto de la novela gráfica.
Y nada más, por hoy. Ya estamos ahí de las 100 reseñas en este 2025, y la idea es cruzar ese umbral durante Diciembre... en los escasos ratos libres que me están quedando a medida que se acerca la fecha de salida del nº12 de la Comiqueando Digital. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto por acá.
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viernes, 16 de mayo de 2025
VIERNES ASQUEROSO
Con un clima húmedo, pegajoso, y una ciudad aplastada por la tormenta de anoche, el viernes se pone interesante recién después de las 18 hs, con actividades como una peli en la Biblioteca Nacional, un show de una banda acá a la vuelta de mi casa y una trasnoche ochentosa en un antro del Centro. Pero mientras, tengo muchísimo laburo pendiente vinculado a la Comiqueando Digital, y un ratito (más breve del que yo quisiera) para reseñar los últimos comics que leí.
Por fin terminé, con un delay que me avergüenza, la etapa de Jonathan Hickman en Fantastic Four. El epílogo es este Vol.4 de FF, que data de 2012 y compila los nºs 17 al 23 (vimos el Vol.3 el 08/05/23). En esta segunda serie, Hickman desplazaba el foco de la epopeya central para mostrarnos el Lado B de la acción, casi siempre con mayor protagonismo para los pibitos: Franklin, Valeria y el resto de los alumnos de la Future Foundation. Pero el primer episodio del TPB, por ejemplo, no tiene a los nenes Richards y sus amigos, sino que es una comedia costumbrista totalmente desopilante, protagonizada por Johnny Storm y Peter Parker. A lo largo de todo el tomo, Hickman va a demostrar que también es crack a la hora de escribir comedia, y este unitario en particular no tiene nada que envidiarle a los mejores momentos de la Justice League de Giffen y DeMatteis. En el segundo unitario, Johnny comparte el protagonismo con los pibitos, y también tenemos una "no-aventura" muy atrapante. El tercero es un episodio 100% autoconclusivo y centrado en los alumnos de la FF, esta vez ambientado en Wakanda y con la incorporación de una nueva compañera a la clase.
Y después sí, a partir del nº20 se vienen cuatro entregas mucho más articuladas con lo que pasaba en Fantastic Four, esa hiper-saga a todo o nada con la Supreme Intelligence, los Inhumans, el Franklin y la Valeria adultos que vienen del futuro, el Wizard y mucho más. Acá el guionista aprovecha el espacio extra para ahondar en los personajes y sus vínculos, a veces para enfatizar el dramatismo de lo que está contando, y a veces para descomprimir un poco, para recordarnos que -a pesar del tono épico y grandilocuente del relato- estos tipos y minas son seres humanos, que se equivocan, se enojan, se ríen, se enamoran... Hay muchas escenas memorables en estos números, muchos diálogos logradísimos que nos ayudan a entender mejor a personajes complejos como Black Bolt, Crystal, el Wizard, su hijo/clon Bentley, e incluso al propio Franklin, a quien -me atrevo a afirmar- nadie escribió mejor que Jonathan Hickman.
En la faz gráfica, Nick Dragotta cumple y dignifica con una estética que abreva en Jack Kirby y Steve Ditko, pero los moderniza al aprovechar la gran ventaja de trabajar con un guionista que a) pide pocas viñetas por páginas y b) mete poco texto en cada viñeta. En uno de los episodios lo reemplaza un poco destacado André Araujo y en otro la rompe toda un lujoso Gabriel Hernández Walta. Gran cierre para FF y para el inolvidable paso de Hickman por la vida de Reed, Sue, Ben, Johnny y los suyos.
Prometo volver pronto con más historieta brazuca, pero hoy tengo un comic uruguayo, publicado en 2024. El dibujante es argentino pero es una historieta que primero se serializó en una revista uruguaya y después se recopiló en una editorial uruguaya, escrita por un mexicano/uruguayo. Sí, Rodolfo Santullo se vuelve a reunir con Marcos Vergara y el resultado es Primera Edición (un misterio montevideano). Una vez más, la dupla se florea a la hora de retratar situaciones cotidianas, y por suerte el guion es rico en momentos en los que la comedia costumbrista le roba el protagonismo a la aventura. El misterio, que se nutre de elementos reales y mitos que circulan hace décadas por la capital del país hermano, está bien llevado y tiene el suficiente atractivo como para justificar el hecho de que gente común y corriente, sin pasta de héroes, ni de detectives, se vean subyugados por él y quieran resolverlo. Pero a mí lo que más me gustó es la interacción entre los personajes, esos diálogos irónicos que suenan 100% creíbles al oído rioplatense y nos hacen sentir que esto que le pasa a Leopoldo y sus amigos nos podría pasar también a nosotros.
No quiero ahondar mucho en la trama para no spoilear (el libro salió en Septiembre, hace relativamente poco), así que es momento de hablar (una vez más) del dibujo de Vergara. Me queda claro que Marcos sintió a esta aventura tan real y tan cercana como yo, o incluso más, porque le puso al protagonista sus propios rasgos, y a su esposa Silvina los de su esposa, Silvana. Además de dibujante, Marcos es bibliotecario como Leopoldo, así que seguro se sintió muy identificado con el personaje. El trabajo del oriundo de San Nicolás es sumamente expresivo, con un trazo muy fluido, un tratamiento sutil y precioso del color, pocas pero buenas escenas de acción, y la extraña pero acertada decisión de dibujar los ojos de los personajes sin pupilas, como hacía Harold Gray en Little Orphan Annie.
El libro tiene 88 páginas de las cuales solo 64 son de historieta, lo cual para mi gusto es un disparate. Nos están cobrando por 24 páginas de las cuales dos son un texto bastante interesante de Santullo y el resto no nos aporta absolutamente nada. Ojalá que Loco Rabia, o alguna editorial argentina, incorpore Primera Edición a su catálogo para que circule en nuestro mercado, y le haga una poda a todas esas carátulas y páginas en blanco que solo ocupan lugar y encarecen al producto.
Nada más, por hoy. Vuelvo a la Comiqueando Digital, a ver si legamos a lanzarla a fines de Junio. Gracias y buen finde para tod@s.
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lunes, 27 de enero de 2025
UNA SEMANA MÁS
Ya no falta nada para la emisión especial de Agenda Abierta de este miércoles a las 22:30 hs.. No te quedes afuera, que junto a los amigos de Sonido Bragueta, vamos a brindar un espectáculo lamentable, de esos que rara vez se olvidan. Y encima gratis.
En cuanto a las lecturas, me copó descubrir que -tal como afirmaba un lector del blog en los comentarios- el Vol.4 de Seven to Eternity es el último. Porque habría sido un garrón que se estirara con peripecias pedorras, y porque acá Rick Remender se propone cerrar todas las puntas abiertas y lo logra. En el global de la obra, varios de los personajes secundarios están completamente de adorno. Son pocos los que realmente tienen un peso en lo que efectivamente sucede. Pero el desarrollo de los dos protagonistas (Adam y el Mud King) es realmente magistral, ejemplar, y hay varios antagonistas y algún que otro secundario (Katie, la hija de Adam) que sí se destacan dentro de la trama que llega a su desenlace en estas páginas.
No quiero revelar nada acerca del final, pero sí contar que tiene un par de giros muy zarpados, muy crueles, y muchos momentos repletos de tensión. Hasta el último minuto, Remender y Jerome Opeña siguen poblando a este mundo con criaturas imposibles, en locaciones alucinantes. El nivel de fantasía e imaginación no decae nunca, el filo de los diálogos tampoco, y en este tomo en particular, la dosis de machaca es particularmente alta y estremecedoramente gráfica.
Si a esto le sumamos el despliegue visual que propone Opeña, y la inverosímil paleta de colores de Matt Hollingsworth, tenemos un cierre muy arriba, para una serie que hizo un montón de méritos para que los fans la amemos y la atesoremos. Yo no la pongo en el Olimpo, porque leí cosas de Remender que me gustaron más, pero sin dudas hay un antes y un después de Seven to Eternity en la carrera de Jerome Opeña. El dibujante sale de esta aventura totalmente encumbrado como uno de los máximos capos de la epopeya fantástica. De acá en más, puede dibujar lo que quiera, que un montón de gente se lo va a comprar. Si quiere escribir sus propios guiones está todo bien, si quiere dibujar 40 páginas por año lo vamos a bancar, y si quiere adaptar al comic la vida de la monja del convento de su pueblo, se lo vamos a comprar. Es lo menos que podemos hacer después de la magia y el talento que nos regaló en esta serie este filipino criado en Taiwan. No te digo que me pongo a rastrear hacia atrás todos los trabajos que hizo para Marvel en años anteriores, porque 1) algunos los leí y los guiones eran penosos y 2) en esa etapa Opeña todavía no estaba tan canchero en la narrativa como en Seven to Eternity. Pero sin dudas estoy atento a lo que produzca de acá en más.
En general, cuando se editan libros de obra dispersa, se los arma en torno a algún dibujante. Por eso es tan importante que exista Sueltos, un voluminoso tomo dedicado a reunir las historias cortas que a lo largo de los años Rodolfo Santullo desparramó por ahí junto a un gran listado de dibujantes. Hay que decir que a muchos los tocó con la varita mágica: antes de colaborar con Santullo eran dibujantes promisorios y hoy son autores totalmente afianzados en el mercado internacional.
El libro arranca con unas cuantas historias cortas dibujadas por Guillermo Hansz, uno de los colaboradores más frecuentes de Santullo. Ahí me reencontré con una historieta que apareció en la antología que vimos el 05/08/23, y con otras tres muy buenas que nunca había leído: ¿Quién Mató al Trébol?, Hubiera Sido una Buena Historia y la fundamental Jinetes en la Tormenta. Después tenemos una sección donde se agrupan las historias dibujadas por Matías Bergara, entre las que destaco La Trinchera (originalmente publicada en un número de Comiqueando) y la maravillosa Mi Reino por un Caballo, donde Bergara demuestra una ductilidad y una jerarquía poco frecuentes. Los trabajos junto a Richard Ortiz, si bien están muy bien dibujados, no quedaron entre mis favoritos. Y la historieta dibujada por los Silva Bros me pareció tremenda, muy impactante. Supongo que pega más fuerte cuanto más conocés la historia uruguaya, pero está buenísima.
De las dos que dibuja Leo Sandler me gusto bastante la segunda. Tanto la de Pato Delpeche como la de Jok están muy buenas. Con Dante Ginevra hay dos muy cortitas, de una sola página, ambas dibujadas como los dioses. La de Facundo Percio ya la habíamos publicado en un número de Comiqueando y es una auténtica gema. Junto a Roberto Goiriz, Santullo vuelve a la Guerra de la Triple Alianza, que se nota que es un hecho histórico que le genera un gran interés. Junto a Gabriel Ciccariello, el guionista ensaya una de misterio más rara, más ¿sobrenatural?, pero lamentablemente no me pude enganchar ni con la trama ni con los dibujos. Recuerdo haber leído en la recordada revista Términus las dos historias con las que cierra Sueltos, ambas dibujadas a un nivel impresionante por Damián Couceiro. Son historietas complejas, difíciles de dibujar, pero el rosarino (hoy encumbrado en Marvel) se la recontra-bancó.
Y dejo para el final la historia más larga (19 páginas), que es la que más me gustó: La Ilustre Fregona, dibujada por Lisandro Estherren, que aparece también en el libro que vimos acá un lejano 31/08/14, y que esta vez me atrapó y me cerró mucho más. Si no estuviera basada en un relato de Miguel de Cervantes, le diría a Rodolfo "Bo, ese argumento re da para adaptarlo a novela"... Y el dibujo de Estherren también la rompe toda.
Comedia y drama, relatos históricos y ciencia ficción, mitos urbanos y mitos griegos, misterios, distopías y fumanchereadas varias son algunos de los terrenos en los que Rodolfo Santullo se mueve con aplomo a la hora de urdir sus historias cortas. Esta compilación no es exhaustiva (casi todas las historias cortas que hizo con Jok, por ejemplo, aparecen en el libro de la misma editorial que vimos el 14/02/20), pero es sumamente disfrutable por la notable calidad de las historias del uruguayo nacido en México, y por la gran variedad de estilos gráficos que nos ofrecen los 13 dibujantes que participan entre los cuales -como habrás notado- hay varios monstruos de esos que no fallan nunca.
Y hasta acá llegamos. Sigo adelante con las lecturas, para volver a escribir reseñas a la brevedad. Gracias por estar ahí y hasta pronto.
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viernes, 13 de diciembre de 2024
VIERNES COPADO
Después de esa lluviecita chota de la mañana, tuvimos (y tenemos) un viernes espléndido acá en Buenos Aires, y se festeja con nuevas reseñas de material muy reciente.
En 2023, la pequeña editorial yanki RNM Press publicó a través de un crowdfunding la novela gráfica Wolf, She Cried!, protagonizada por Bixby Grant: Private Eye, un detective hard boiled momificado, que vive en una ciudad poblada por vampiros, licántropos y demonios, no muy distinta (pero mejor organizada) que la de The Goon. Bixby Grant es una creación del guionista Patrick Coyle, ilustre desconocido, que conoce muy bien los mecanismos narrativos de la novela negra, maneja muy bien los diálogos y urde una trama de misterio que no es obvia, que mantiene el interés hasta el final y que se resuelve de manera asombrosa y satisfactoria. Nada mal para un Juan Carlos Nadie absoluto, al que nunca habíamos oído nombrar.
Como suele suceder, lo que menos me gustó del guion es la compulsión (típica de los autores que aspiran a formar parte del mainstream yanki) por meter escenas de acción en cualquier lado. Las excusas por las cuales Bixby Grant se caga a trompadas con otro homínido (porque seres humanos es un poco mucho en el contexto de Harbor City) están justificadas por el género, no son un mero capricho. Pero podrían no estar, y la historia sería la misma. Fuera de eso, si (como a mí) te gusta el hard boiled y no te molestan los licántropos, las momias y los robots, acá te vas a encontrar con una forma muy ingeniosa de combinar estos elementos fantásticos con el realismo sucio y las atmósferas turbias del clásico policial negro.
Falta agregar un dato muy importante y es que Wolf, She Cried! cuenta con dibujos del maestro chileno Gonzalo Martínez. Y no, la línea clara, ese estilo pulido, prolijo, clásico, ordenado, amistoso... no es el más idóneo para un hard boiled con peleas entre monstruos. No sé a quién se le ocurrió darle a un dibujante como Martínez un guion como este. Lo que veo es que, a pesar de ir para un lado distinto al de la mayoría de sus trabajos, Martínez se comprometió con la historia y no le mezquinó nada. El colorista Arthur Hesli ayuda un montón, también. Pero es notable cómo el dibujante se toma en serio el trabajo y le pone todo, más allá de la incompatibilidad obvia entre su estilo y lo que tiene que dibujar.
El epílogo (una historieta de siete páginas que aclara varias cosas acerca de Bixby Grant y su pasado) nos muestra otro estilo de coloreado y un Gonzalo Martínez mucho más suelto, más distendido, con la posibilidad de dibujar viñetas más grandes y darle más vuelo a la narrativa. Sin duda, a nivel visual son lo más disfrutable de un libro donde el nivel del dibujo es muy bueno y muy parejo de punta a punta aunque -repito- yo nunca le habría dado ese guion a ese dibujante. Estaría bueno que alguna editorial chilena publicara Bixby Grant: Private Eye en castellano, para que los fans de Martínez (que en el país vecino son muchísimos) puedan acceder a esta obra, en la que -una vez más- se ve claramente el enorme profesionalismo de este autor central de la historieta latinoamericana.
Creo que la última vez que habíamos visto un comic de Gonzalo Martínez acá en el blog fue cuando comentamos la obra que dibujó sobre guion de Rodolfo Santullo... y acá estamos con otro trabajo del prolífico autor uruguayo nacido en México, esta vez en dupla con el marplatense Germán Genga. Publicada en 2024, Dios y el Diablo en Sâo José Rio Das Mortes es una novela de unas 100 páginas que, al igual que Wolf, She Cried!, le mete elementos sobrenaturales a una historia realista ambientada en un submundo bastante turbio, en este caso las elecciones para intendente en un pueblito del norte de Brasil. Los resultados... muy por debajo de los que obtuvo Patrick Coyle. La trama política está muy bien armada, los personajes son carismáticos (algunos, como Katrina, son tan interesantes que estaría buenísimo verlos regresar en futuras historias), pero cada vez que aparece el factor místico, la narración se desploma. Me imagino esas secuencias en las que vemos a la hechicera cantando, pero en cine, donde no podés simplemente pasar más rápido las páginas... y me da un ACV. No podría soportarlo.
Tampoco me enganchó mucho el dibujo de Genga. Me parece que tiene un estilo muy interesante para la ilustración, o para relatos más breves. En dosis de 100 páginas, se pierde la sorpresa, el encanto... y se nota que hay cosas que a Genga no le resulta cómodo dibujar. Por si faltaba algo, la impresión del libro no le permite lucirse en el rubro del color. Por el contrario, las escenas nocturnas, o en las que Genga opta por tonos más apagados, se ven empastadas, al punto que cuesta encontrar los contornos de los personajes y distinguirlos de los fondos.
En definitiva, me pareció muy piola la idea, disfruté muchísimo de la mala leche y la sordidez que ofrece el guion, me encantaron casi todos los personajes, pero no me cerró ni la forma en que Santullo le sumó fantasía al thriller político ni la forma en que Genga lo ilustró. Una pena. Recuerdo haber leído algunas páginas de otra obra de esta misma dupla (Moreau, una de piratas que sale en el e-zine de Loco Rabia) y estaba muy bien, así que espero que este faux-pas no desanime a la editorial y lance en libro lo que podría ser una reivindicación de Santullo y Genga después de un Dios y el Diablo que quedó bastante por debajo de mis expectativas. Y si se puede mejorar la calidad de impresión sin que el precio de los libros se vaya a la mierda, también, es algo que ayudaría un montón cuando publican a dibujantes que trabajan a todo color.
Nada más, por hoy. Gracias totales y será hasta pronto.
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viernes, 9 de febrero de 2024
PREVIA DEL FINDE EXTRA-LARGE
Bueno, ahora sí, me pongo con las reseñas que me quedaron en el tintero ayer.
Me voy a España, año 1983, cuando la editorial Ikusager le encarga un álbum sobre La Batalla de Vitoria al por entonces joven y promisorio Felipe Hernández Cava, guionista de apenas 30 años, pero ya consagrado en el mercado peninsular. Hernández Cava se saca la lotería cuando quien acepta dibujar el álbum es nada menos que el maestro argentino José Luis Salinas, el mitíco, el excelso, el sublime, decidido a dibujar la obra más grossa de su vasta carrera. Pero lamentablemente, una enfermedad retrasa la labor de Salinas, quien muere en Buenos Aires a principios de 1985, tras entregar apenas la portada y cinco páginas. Unas páginas magníficas, pintadas a color directo, con un despliegue visual al nivel de sus mejores trabajos. Entonces toma la posta Adolfo Usero, dibujante español competente pero mucho más modesto, y completa el libro en pocos meses para que se publique en 1985. El cambio de dibujante se nota mucho, y el esfuerzo que hace Usero para parecerse mínimamente a Salinas es cada vez menor con el correr de las páginas, con lo cual ya sobre el final del álbum los dibujos son... no del montón, pero tampoco demasiado notables.
El álbum reproduce hasta el mínimo detalle todos los movimientos de las tropas de los dos bandos que se van a enfrentar el 21 de Junio de 1813 en Vitoria (al sur del País Vasco), con el agregado de que los dibujos toman los rasgos de los personajes históricos que lideraron la contienda entre las tropas francesas (con José Napoléon a la cabeza) y el rejunte de españoles, portugueses e ingleses que querían que España dejara de ser parte de los dominios del emperador francés Napoleón Bonaparte, por supuesto cada uno con distintos intereses para nada altruistas. Si te gusta esa época de la historia española, o la historia militar del Siglo XIX en general, esto está genial porque tanto Hernández Cava como los dibujantes apuestan fuerte al rigor documental.
Y claro, fiel a su estilo, el guionista se propone contarnos también la historia de la gente común. Y así aparece el plot de Vicente y Ricardo, dos hermanos que van a pelear en bandos enfrentados y el impacto que genera esto en su familia. Y también esos diálogos agudos y amargos acerca de las guerras, sus motivos, sus consecuencias y su rol deshumanizador y creador de miseria y dolor para muchos y gloria para pocos. Obviamente esta es la parte que a mí más me gustó, cuando Hernández Cava hace reflexionar a los personajes acerca de lo que está sucediendo y de cómo esto altera la vida no solo de los militares, sino de la gente común que muchas veces no entiende ni por qué carajo se están peleando pero igual paga los platos rotos.
Esto no es la gloria, primero porque Salinas dibuja muy poquitas páginas y segundo porque Hernández Cava tiene guiones muy superiores a este. Pero es una buena historieta histórica, hoy medio olvidada, que merece por lo menos una lectura.
En 2023 se publicó en Chile y Uruguay la novela gráfica Bajo el Ala del Cóndor, primera colaboración entre un guionista uruguayo de primera línea (Rodolfo Santullo) y un dibujante chileno también de primer nivel (Gonzalo Martínez). A quienes siguen este blog hace un tiempo, no hace falta explicarles quiénes son estos señores y por qué soy fan de ambos. Creo que lo más difícil de explicar es por qué si en Chile y Uruguay esta obra salió a través de Planeta Cómic, en Argentina fue ninguneada por Planeta y saldrá a través de Historieteca. El resto, se entiende fácil.
Bajo el Ala del Cóndor es una aventura en la que una periodista uruguaya, joven e intrépida llamada Georgina Remi (sí, claro, es un homenaje a Georges Remi, mucho más conocido como Hergé) se involucra en un caso que la lleva de Montevideo a Buenos Aires y de ahí a Santiago de Chile, en un intento por develar un misterio que viene de la época en la que los tres países padecían sendas dictaduras militares y que tiene que ver con la desaparición de valiosas obras de arte. Pero como Santullo es mucho mejor guionista que Hergé, no se parece a un álbum de Tintin, sino más bien a uno de Gil Jourdan, de Maurice Tillieux, el maestro del género detectivesco del comic franco-belga clásico que además (como Santullo) sabía meterle a sus tramas sutiles pinceladas de humor y una bajada de línea siempre acertada. Así tenemos una trama ágil, concisa, que no pierde el tiempo en boludeces y que se resuelve de manera lógica y consistente, sin recurrir a ningún deus ex machina bizarro. Estamos hablando de autores que comprenden perfectamente la dinámica de la aventura, de la narración de género, en general, y que encontraron una excelente excusa para ambientar su primera obra en conjunto en locaciones que les son familiares a ambos.
Rodolfo y Gonzalo pegaron mucha onda, la pasaron bomba y ese disfrute queda impregnado en cada página del álbum. Y se transmite al lector, que es lo más importante. Bajo el Ala del Cóndor es un relato atrapante, cercano, posible, con acción, suspenso, buenos diálogos, buenos dibujos (por momentos Martínez se va al recontra carajo con la arquitectura, su otra pasión, y dibuja lugares y edificios típicos de las tres ciudades con un nivel de detalle que te hiela la sangre) y una mirada actual acerca de los años más oscuros de la historia de Sudamérica. No sé exactamente cuándo llegará la edición de Historieteca a las bateas argentinas, pero desde ya recomiendo tirarse de cabeza el día que se anuncie la preventa, porque se van a encontrar con un muy buen comic. Y porque además hace falta que los creadores de los distintos países de Sudamérica se encuentren más y colaboren más a menudo. No recuerdo una obra anterior a esta con un autor uruguayo y otro chileno... y son países que están al toque y donde se habla el mismo idioma, no son Rumania, ni Bostwana, ni Myanmar. Ojalá pronto haya luz verde para nuevas aventuras de Georgina Remi.
Nada más, por hoy. Disfruten del finde extra-large y nos reencontramos pronto.
martes, 9 de enero de 2024
MARTES PEGAJOSO
Mientras soporto estoicamente un clima pegajoso, pesado y agobiante y un gobierno fascista, pesado y agobiante, tengo un ratito para comentar las últimas lecturas.
Arranco en Francia, año 2007, con el Vol.4 de Le Bestiaire Amoureux, libro que compré sin advertir que era el Vol.4 de una saga. De todos modos, se entiende perfecto, no hace falta haber leído los tres anteriores para engancharse. Sólo tenés que saber (o deducir) que Fernand es el protagonista de los seis álbumes de la serie Grand Vampire, que acá reaparece como personaje... no sé si secundario, pero seguramente no como figura central.
Como su nombre lo sugiere, Le Bestiaire Amoureux es una historieta romántica. Y si bien los protagonistas son vampiros, licántropos y monstruos varios, la trama gira en torno a amores y desamores y se desarrolla (como las historias de amor del mundo real) mediante charlas, paseos y momentos de mayor intensidad que van del beso romántico a la noche de sexo desenfrenado. Por suerte esta es una obra de Joann Sfar, maestro en el arte de encajarte chotocientas páginas de gente que habla y habla, sin aburrirte en ningún momento. A veces son páginas con muchas viñetas chiquitas, en las que los globos de diálogo le arrebatan el protagonismo al dibujo, pero también hay secuencias mejor equilibradas.
Sin dudas lo más interesante es el desarrollo de los personajes, construidos por Sfar para lograr que los lectores (y lectoras) nos identifiquemos con alguno de ellos, con sus vivencias, sus miedos, sus inseguridades, sus pasiones, aunque ninguno de los que estamos de este lado del papel nos alimentemos de sangre humana ni nos transformemos en lobos. No hace falta ser un freak ni un adicto a los misterios de la vida noctámbula para que te den ganas de compartir aunque sea unas horas, una fiesta de música gótica, con Richard, Edmundo, Aspirine, Josecine, el patito y el resto de los amigos y amigas de Fernand. Le Bestiaire Amoureux te transporta a ese mundo crepuscular de un modo muy atractivo, que lo hace sentir muy real, muy cercano, con diálogos afilados, chistes bien puestos y garches memorables.
Amor en un mundo de terror, con personajes de raíz fantástica pero contados en clave muy humana y muy creíble por un Sfar que dibuja como los dioses, complementado de manera magistral por los colores de Walter, genio de los genios con un manejo tan zarpado de las distintas técnicas, que por momentos parece un comic de Richard Sala coloreado por él mismo. Ahora quiero los otros tomos de esta colección...
No se puede cerrar el relevamiento de las historietas argentinas aparecidas en 2023 sin reseñar aunque sea una obra de la dupla mágica integrada por Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Esta vez la editorial Primavera Revólver fue la encargada de traernos una de las obras de los capos realizada para el mercado italiano (aunque no nos aclaran ni cuándo ni en qué revista tana se publicó): la muy lograda Los Cuatro Mundos.
En la superficie, Los Cuatro Mundos es el relato de una guerra tremenda entre los pueblos del Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra, con ejércitos imposibles, armas, criaturas y fortalezas deslumbrantes de las que sólo Alcatena puede imaginar. Pero con el correr de las páginas, Mazzitelli deja en claro que todo eso no sólo es menor: también es un chiste, o algo así. Lo importante, lo que al guionista realmente le interesa contar es la vida de Blaz Bodel, un hombre que se peleó con la guerra y ahora quiere otra cosa para su vida: paz, amor, sabiduría, los valores que en la guerra no tienen ningún valor. Entonces, Mazzitelli va a estructurar dos tramas en paralelo: la de la guerra, que se va a ir devaluando al ritmo de las runflas y las traiciones entre los reyes de los distintos mundos, y la de Blaz, que va a cobrar espesor e interés a medida que el personaje crece hasta quedarse con el protagonismo total en el último episodio. Para el final, ya querés que salga una secuela con nuevas aventuras de Blaz Bodel, en estos mundos o en cualquier otro.
El libro incluye también una historieta autoconclusiva de la dupla, un buen relato de intriga palaciega con elementos fantásticos y esos clásicos textos de Mazzitelli que levantan un vuelo poético magnífico mientras enfatizan los dilemas morales por sobre la acción y la machaca. El dibujo de Quique, una gloria de principio a fin. Incluso si no sos fan de Alcatena y Mazzitelli, dale una oportunidad a Los Cuatro Mundos, que te va a gustar.
Y me falta hablar un poco de la reciente recopilación de Tacuara, una historieta que se había publicado en 2013 en las páginas de Fierro, con guion de Rodolfo Santullo y dibujos de Dante Ginevra. Ese es el gran problema de Tacuara: son los mismos autores de Malandras (ver reseña del 02/12/14), que es una historieta muy, pero muy superior.
Tacuara no es chota ni mucho menos, pero no tiene ese humor inteligente y atrevido que despliega Santullo en Malandras, no sorprende al presentarse como una serie de episodios unitarios que luego se conectan entre sí para convertirse en una novela gráfica, y el dibujo de Dante no tiene esa expresividad genial que tenía sobre todo en los rostros. Malandras ofrecía acción, romance, pinceladas de comedia costumbrista... Tacuara no. Se trata de una historieta a grandes rasgos documental, apoyada en una excelente investigación por parte de los autores, pero no es más que eso. Y encima investiga a un grupo político tan ambiguo, con tantas contradicciones, que ni siquiera te puede bajar una línea clara a favor o en contra de lo que pensaban estos tipos... porque cambiaron de idea 200 veces en los 15 años que recorre la historieta. La trama tiene momentos tensos, momentos violentos, momentos shockeantes, o sea que no es sólo gente que habla y rosquea (como lo sugiere esa portada opaca y sin alma). Pasan cosas y algunas son bastante tremendas. Pero, como en todo relato centrado en la política, la rosca y la sanata van a quedarse con los roles principales.
Tacuara está buena para aprender. Para que el que no tenía la menor idea de que en Argentina había existido este movimiento revolucionario se entere y -si le interesa- busque más información. Como historieta -repito, sin ser chota- no me parece que esté cerca de los mejores trabajos ni de Santullo ni de Ginevra. Esto mismo, firmado por Juan Carlos Nadie y José Random, seguramente me arrancaba un par de elogios más. Pero de Dante y Rodolfo cualquiera que haya leído Malandras espera mucho más de lo que te dan en Tacuara.
Hasta acá llegamos. Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos encontramos con nuevas reseñas, acá en el blog. Y si estás de vacaciones, con tiempo para leer algo bien power, no dejes de descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com.
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lunes, 10 de julio de 2023
NOCHE DE RESEÑAS
Otra breve pausa en el laburo interminable de la Comiqueando Digital, que aprovecho para redactar las reseñas de las últimas historietas que leí.
Empiezo en Suecia, nada menos, con la antología From the Shadow of the Northern Lights, un poderoso tomo de 200 páginas en el que los muchachos de la revista Galago (muy identificada con la historieta experimental, rupturista o simplemente alternativa) se toman el trabajo de traducir al inglés 26 historietas de autores y autoras de Suecia, para que las podamos disfrutar los que no leemos ese extraño idioma. El libro es de 2008, y quizás en los últimos 15 años el panorama haya cambiado un poco, pero acá lo que se ve es material muy, pero muy pegado al comic alternativo que se hacía en ese tiempo en Norteamérica. Este mismo libro podría haber salido en Drawn & Quarterly, o en Fantagraphics, con las mismas historietas, simplemente cambiando los nombres de los creadores suecos por nombres en inglés (y alguno en francés). No veo una "identidad sueca", una impronta que de alguna manera englobe a los autores... y tampoco me parece mal que no la haya. El tema es que muchos y muchas terminan en la bolsa de "el Peter Bagge de la B", "el Johnny Ryan de la B", "el Adrian Tomine de la B", o "la Jessica Abel de la B", porque obviamente al vivir y publicar en Suecia nunca van a trascender como lo hacen los autores norteamericanos. Es como que venga un yanki a visitar Argentina y en vez de mate le den Manaos.
Dentro de esa limitación, me encontré con un puñado de historietas impublicables, otras brillantes, y unas cuantas que están bien dibujadas pero me contaron cosas que no entendí o no me interesaron, como suele suceder en las antologías de comic alternativo.
Lo más destacado: el humor mala leche de Sara Granér, la historieta de Simon Gärdenfors, el dibujo de Benjamin Stengard (una especie de Thomas Ott putrefacto), la magia visual de Knut Larson, la historieta de Tom Karlsson (que me hizo acordar a los unitarios de Pez en la Fierro clásica), el dibujo y la narrativa de Loka Kanarp, la historieta de Lars Sjunnesson, el dibujo de Marcus Ivarsson, la historieta de Ruben Dahlstrand (bizarra y adictiva cruza entre Charles Burns y Craig Thompson), el dibujo de Joakim Pirinen... y lo más logrado lo encontré -con justicia- en la historieta más larga del tomo, las 24 páginas de Fabian Göranson, un capo que no tiene nada que envidiarle a ningún autor del palo alternativo de ningún punto del planeta. Göranson es el Zlatan Ibrahimović del comic, un sueco que puede ser figura en cualquier equipo importante de Europa o de Norteamérica.
No sé si me enloquece la idea de salir a buscar el Vol.2 de From the Shadow of the Northern Lights, pero con este tomo la pasé bastante bien y descubrí a unos cuantos monstruos que no tenía en el radar. Tampoco sé cuántos de ellos siguen activos 15 años después, porque la historieta alternativa es muy ingrata y suele expulsar talentos hacia la animación, la ilustración, el diseño o el expendio de frutas y verduras en puestos callejeros. Pero lo grosso es que el libro funciona muy bien como muestrario de unos cuantos trabajos realmente interesantes.
Me vengo a Argentina, Enero de 2023, cuando Pictus reedita a todo color el librito de Merlín que vimos acá en el blog el 11/01/16 y le agrega las 72 páginas de la segunda aventura de esta serie para redondear un hermoso libro de 144 páginas. En la reseña del Vol.1, un pelotudo escribía: " A los efectos de captar lectores jóvenes, quizás convenía colorear esta saga, pero eso le habría restado impacto al dibujo de Jok". Pindonga. El color no sólo no resta nada, sino que suma muchísimo. Gran acierto haberlo incluído esta vez. Y el dibujo de Jok, que en el primer tramo es excelente... en el segundo mejora aún más, a medida que el titán de la tinta encuentra un trazo un poquito más sintético, menos sobrecargado. Muy notable, lo de Jok, que jamás se tira a chanta, jamás pone su virtuosismo por sobre la función narrativa del dibujo, y cuando lo dejan volar e imaginar, te enloquece con sus diseños de monstruos y sus secuencias oníricas.
La saga de Merlín y Héctor además, es un gran vehículo para que Jok y Rodolfo Santullo (el guionista de la obra) recuperen la ambientación medieval/ fantástica de Ladrones y Mazmorras en la que los vimos desenvolverse con total comodidad, aunque esta vez la aventura es un poco más solemne, menos ida al carajo en materia de comedia de enredos, retruques verbales graciosos, etc.. Este es un Santullo un poco más serio, que combina tramas bastante dramáticas, incluso por momentos sórdidas, con elementos del misticismo medieval británico que aportan el toque de fantasía. El combo funciona muy bien y, como en 2016 cuando leí el primer tomito, me dejó pidiendo más Merlín. Hay algo en este tipo de aventuras clásicas, sólidas, sin saltos al vacío, que resulta irresistible, aunque uno ya sepa que los buenos no van a morir en ninguna de las peripecias u ordalías que les plantee el guion. En el caso de Santullo, además, está el mérito de lograr que uno se encariñe rápidamente tanto con el porquerizo con destino de brujo como con el ladrón con destino de héroe.
Este es un material realizado para una revista de Inglaterra apta para todo público (un toque menos salvaje que la 2000 A.D., ponele), que estaba en parte inédito en castellano. Por eso es tiene también el valor de los grandes rescates editoriales. La única cagada es que se lee muy rápido... y ese es un tema para poner sobre el tapete y (eventualmente) discutirlo con autores y editores: compro un libro de casi 150 páginas, me gasto ocho lucas, me lo liquido en 20/25 minutos... ¿qué onda? ¿No es muy poco? Sí, puedo releerlo 100 veces, flashear horas y horas con los dibujos de Jok, pero la experiencia fuerte, que es la lectura inicial, se me pasó volando. No sé si la fórmula consiste en triplicar la cantidad de texto en cada página y exigirle a los guionistas que metan unos masacotes tipo Columba de los ´70... pero me parece que algo habría que inventar para que semejante inversión rinda un poquito más en cuanto tiempo de lectura.
La dejo picando y me vuelvo a sumergir en la Comiqueando Digital. Creo que va a estar terminada el lunes 17. Estén atent@s, que se viene un número monumental, con 360 páginas. Gracias y hasta pronto.
jueves, 25 de mayo de 2023
FERIADÍSIMO
No tengo la menor idea de por qué me desperté a las 7:45 de la mañana, pero bueno... acá estamos... Veremos cómo me trata este horario ímprobo a la hora de escribir reseñas.
Arranco con el Vol.2 de Innocent (el Vol.1 lo vimos el 19/01/23), el manga ambientado en Francia a fines del Siglo XVIII y firmado por Shin´ichi Sakamoto. Tenía miedo de que, una vez superado el impacto que me provocó el dibujo en el primer tomo, el segundo me interesara menos. Por suerte no fue así: la temática es tan atrapante, la época histórica está tan bien reflejada, el "countdown" hacia la revolución de 1789 está tan bien sugerido, que al final con este tomo me enganché más que con el primero. Creo que lo único que no me cierra es que los personajes son un poco extremos, casi al filo de la caricatura. Charles-Henri es demasiado sensible, su madre es demasiado desalmada, la hermanita también va para el lado del estereotipo... Tal vez eso sea lo único que desentona un poco con la sutileza, la elegancia e incluso la cuota justa de ambigüedad con la que se maneja Sakamoto para contar la historia de los verdugos más temidos de París.
Este tomo se mete mucho con el tema de las desigualdades sociales, explora de modo descarnado la miseria, la vulnerabilidad extrema a la que está sometida la inmensa mayoría de la población francesa, en obsceno contraste con el lujo y los privilegios de los que gozan las minorías acomodadas. No hay muchos mangas que se internen en ese pantano, por eso me resulta tan valioso. La trama, centrada en el camino que recorre Charles-Henri para convertirse en el legítimo sucesor de su padre, avanza lento y deja mucho aire para la introspección, y para explicar a fondo un contexto político y social que el lector muy probablemente desconoce. Así es como Innocent se aleja definitivamente del concepto de "aventura" y se parece más a una novela histórica, lo cual también me llama positivamente la atención.
Y por supuesto, lo más alucinante es el dibujo. Las cosas que hacen Sakamoto y su legión de asistentes en Innocent no las vas a ver en ningún otro manga. Esto es una cátedra de cómo mostrar la crueldad, la violencia, el horror y la sordidez de la manera más bella imaginable. En cada página hay algo que te hace decir "no, pará, esto es mucho". O una expresión facial, o un efecto de iluminación, o la reproducción de un edificio histórico, o una escena de acción, o una escena de sexo, o primeros planos de órganos de un cuerpo diseccionado. Todo es desmesuradamente hermoso, gracias a un virtuosismo gráfico pocas veces visto en un manga comercial. Ante semejante festín visual, lo que menos me importa es que la historia avance lento. Ni bien consiga el Vol.3, habrá más Innocent acá en el blog.
Me vengo a Argentina, año 2022, cuando se publica en libro Nathaniel Fox y la Tumba de Humayun, de Rodolfo Santullo y Manu Loza. Ese empaste marrón horroroso que se ve en la portada, en la que lo único legible son las letras, por suerte adentro está coloreado como los dioses por El Santa. Hay muchas páginas engamadas en marrones, pero todas se ven mil veces mejor que esa portada piantavotos.
El dibujo de Loza es muy bueno todo el tiempo, y alcanza un nivel realmente sublime cuando le toca dibujar primeros planos. Ahí cambia su impronta sintética y dinámica por una donde hay más atención por los detalles, que le queda perfecto. Me encontré con varias páginas que se verían mejor equilibradas si más viñetas tuvieran fondos, pero es un criterio muy personal. Cuando Manu pone fondos, están invariablemente bien trabajados, no los pone así nomás para sacárselos de encima.
El guion de Santullo tiene todas las peripecias clásicas de este género "a lo Indiana Jones": diálogos picantes, peligros extremos, escapes imposibles... y dos problemas. Uno es sobre todo un problema mío: yo esperaba un poquito más de ambición, tal vez un subtexto más profundo que "los nazis son muy malos". En el único momento en que se ve un intento por superar esta bajada de línea tan obvia es cuando el guionista nos dice "pero ojo, los ingleses no son los buenos, para ellos el territorio que hoy conocemos como India era una colonia más". El otro problema del guion también tiene que ver con lo malos que son los nazis. Veamos: Herr Kallman, el jefe nazi, contrata a Sabrina, una sicaria, para que mate a un líder indio. La asesina a sueldo cumple con su parte y Kallman, en vez de pagarle y sacársela de encima, la traiciona... y la toma prisionera. ¿Para qué? No tiene sentido. Lo lógico era pagarle y que se fuera de la ciudad, o volarle los sesos de un escopetazo y que se fuera del mundo de los vivos. ¿Cómo vas a dejar viva a una mina que es una asesina profesional y que ni bien pueda va a tratar de vengarse de vos porque la cagaste? ¿Qué sentido tiene eso? La única explicación racional es que Santullo está haciendo un truco de manual: desactivar a un personaje en el primer acto, mantenerlo al margen de la acción en el segundo, y hacerlo reaparecer reloaded en el tercero. Efectivamente, en algún momento Sabrina se libera y va a ser quien altere el equilibrio de poder en favor de Nathaniel y sus aliados. Si la asesina no entrara en acción para cagar a los nazis, el plan de Kallman se cumpliría a la perfección, y el final sería funesto para los protagonistas. Narrativamente, que Sabrina no muera es fundamental para que la historia llegue al final que Santullo quiere darle. Desde la lógica, no tiene sentido que los nazis sean tan malos como para no querer pagarle y no tan malos como para hacerla boleta y que no joda más.
Fuera de eso, Nathaniel Fox y la Tumba de Humayun es un comic muy entretenido, con un ritmo ágil, personajes queribles y locaciones asombrosas, a cargo de una dupla que entiende muy bien los códigos del relato aventurero. Si Manu y Rodolfo encaran nuevas entregas de esta serie, acá cuentan con un lector fiel que los va a bancar.
Nada más, por hoy. Disfruten el finde largo y lean muchos comics. Gracias y hasta pronto.
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jueves, 22 de diciembre de 2022
HORA DE RETOMAR
Sigo jugadísimo en la recta final de la Comiqueando Digital nº6 (si todo sale bien, va a estar disponible el lunes), pero como ya terminó el Mundial, y ya vi todos los miles de videos de la Selección Argentina que necesitaba ver, y los goles, y los testimonios, y las reacciones y toda esa hiper-manija que generó uno de los mejores mundiales que recuerdo haber visto, ahora sí, me queda un ratito libre para dedicárselo a las reseñas.
Empiezo con La Orden del Bes, un nuevo trabajo de la dupla integrada por Rodolfo Santullo y Horacio Lalia. Una aventura original, interesante, con buen equilibrio entre la machaca y la intriga política, con algunas peculiaridades que me llamaron la atención: Un final que no es muy final, porque no sabés si los protagonistas tuvieron éxito o no en su cruzada; un personaje femenino cuyo rol crece bastante en el segundo tramo de la obra pero de un modo que se siente bastante forzado, como si Santullo se hubiese impuesto a sí mismo incorporar a una mujer al elenco protagónico cueste lo que cueste; y algunas peripecias que están medio al pedo, como para que no falte acción, pero que en realidad no aportan mucho, más allá de ver cómo los protagonistas zafan de peligros extremos, en buena medida gracias a la pésima puntería de sus adversarios.
Todo el tiempo repito "los protagonistas", porque no los quiero definir como "los buenos" ni como "los héroes". Eso le restaría capas de complejidad a la trama que urde Santullo y, sin dudas, parte del atractivo de La Orden del Bes pasa por ese dilema moral que enfrentan Rodya y Orel, y que resulta fundamental en el devenir de los acontecimientos. Son 96 páginas narradas a muy buen ritmo, con buenos diálogos, bastante desarrollo para los personajes centrales y buena construcción de un universo duro y opresivo, cuyas particularidades le dan más sentido a la epopeya que -tarde o temprano- se come cruda a la rosca política y a la onda más de espionaje con la que empieza la historia.
El dibujo de Lalia es correcto, sin olvidar nunca que se trata del Lalia del Siglo XXI, no de aquel dibujante virtuoso y exuberante de los ´70 y ´80, ni de aquel dibujante espectacular y potente de los ´90. Acá el maestro se luce cuando dibuja casas, castillos, fortalezas y palacios, y flaquea un poco cuando le toca dibujar cuerpos en acción. El armado de la página tiene esos típicos momentos en los que Lalia desorienta un toque al lector con la ubicación de algunos cuadros y algunos globos, pero nada demasiado grosero. La Orden del Bes está lejos de entrar en la categoría de los imprescindibles, pero como aventura para entretenerse un rato, no está nada mal.
Y me liquidé también el Vol.14 de Historieta Revólver, una antología de más de 200 páginas repleta de historietas autoconclusivas de autores argentinos. No me gustó tanto como el anterior, principalmente porque no encontré una historieta que me volara la cabeza, que me conmoviera con su originalidad o con su belleza plástica. Dentro de ese panorama donde es más difícil destacar gemas del dibujo o genialidades del guion, encontré algunos trabajos que me gustaron bastante.
El dibujo de Paula Andrade en la historieta llamada "Hypnos" me pareció excelente. Lástima que sean tan poquitas páginas. Santiago Miret dibuja dos historietas en la antología y hay mucha diferencia en la calidad. Muchísimo mejor en "Selección" que en "Más Allá", donde dibuja un muy lindo guion de Javi Hildebrandt. "El Llamado", de Fabián Slongo, probablemente sea la historieta más pareja, donde tanto guion como dibujo están a un gran nivel. Nunca había visto a Slongo dibujar en ese estilo, y me encantó. Me pareció brillante el guion de Walter Koza en la historieta "Los Negros de Nueva Esperanza". El dibujo también es bueno (a cargo de Loco Gonzales), pero al lado del guion queda chiquito.
Más dibujantes que me impactaron con su trabajo: la gran Carina Altonaga y Carlos Vera, a quien no conocía, pero es un capo. Muy bueno el trabajo de Wander Antunes (un brazuca invitado de enorme trayectoria en Europa). Y por debajo de lo que yo esperaba la colaboración entre los míticos Robin Wood y Solano López. La de Walther Taborda tiene unos dibujos impresionantes en los edificios, calles, decorados de interiores, pero se desluce un poco cuando dibuja a todas las mujeres con cuerpos de vedette, como si fuera una historieta erótica. Tomás Coggiola me sorprendió con un giro interesante al clásico mito del hombre lobo. Sebastián Rizzo me atrapó con los excelentes diálogos en su historieta "San La Muerte". Y para terminar destaco la colaboración entre J.J. Rovella y Julio Azamor, ocho páginas con buen nivel tanto en guion como en dibujo.
El resto, o no me llamó la atención o no me gustó. Pero por supuesto está bueno que cada tanto aparezcan estos masacotes en los que tienen cabida decenas de autores y autoras y donde se le da protagonismo a las historias cortas, sin personajes recurrentes, que es algo que corre el riesgo de desaparecer hoy que todo el mundo está tan pendiente de las las obras de gran extensión.
Ni bien tenga un par de libritos leídos, nos reencontramos por acá. Aguante la Scaloneta y las Abuelas de Plaza Mayo, que encontraron al nieto nº 131. Será hasta pronto.
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miércoles, 13 de julio de 2022
TARDE DE MIÉRCOLES
Hermosa tarde en Buenos Aires, con un solcito muy copado, ideal para sentarse a escribir unas reseñas.
Empezamos en EEUU, año 2017, y por primera vez en muchos años, le entro a un comic de Valiant. Creo que nunca había leído nada de los títulos que están en la continuidad, en el universo heroico de la editorial. En este tomo de Ninja-K me encuentro con que supuestamente es un Vol.1, el inicio de una serie del personaje, pero el guion de Christos Gage hace un montón de menciones a cosas que pasaron antes, en otras revistas que no leí. O sea que es un falso inicio, muy vinculado a sucesos importantes que transcurrieron antes, en sagas que desconozco y de las que entendí lo mínimo indispensable (o quizás menos) gracias a las menciones que se hacen en estos números.
El personaje principal es Colin King, un super-espía al estilo James Bond que no se casa con ninguna agencia de inteligencia, sino que ofrece sus servicios a la que le pone la tarasca. Además, Colin tiene un entrenamiento ninja de la San Puta y combina armas tradicionales japonesas con chiches tecnológicos que le dan enormes posibilidades en combate. Y por si fuera poco, tiene guita y es fachero. Uno enseguida se pregunta "¿Por qué este tipo no es feliz?", y por suerte Gage también se lo pregunta, y se propone indagar en la mentalidad de Colin y su ineptitud para construir relaciones afectivas con la gente que le importa. Por supuesto el foco no está puesto ahí, sino en la machaca. Ninja-K es un thriller explosivo, a pura acción, apoyado en la clásica trama de "la agencia de espionaje que garca a sus propios espías hasta que alguno se da cuenta y se da vuelta para combatirla". Y funciona bastante bien. Tiene buen ritmo, los diálogos están bien, la trama se resuelve cuando se tiene que resolver, y prácticamente no deja cabos sueltos.
Además, hay una historia complementaria que repasa los orígenes del Programa Ninja, desde el Ninja-A en adelante, como para entender mejor cómo se vinculan estos asesinos con el espionaje británico (me olvidé de mencionar que Colin King es británico y labura principalmente para el MI-6). La verdad que esa segmento no explica mucho, pero le da mucha chapa al Ninja-A y tiene muy lindos dibujos de Ariel Olivetti, al que le sienta muy bien la ambientación de la Primera Guerra Mundial. En el tramo ambientado en el presente, hay algunas páginas dibujadas por Juan José Ryp, no feas, pero por debajo del nivel habitual del capo español. Y todo el resto lo dibuja a un nivel superlativo otro maestro argentino, Tomás Giorello, magníficamente complementado por los colores de Diego Rodríguez. El trabajo de Giorello es realmente apabullante: el despliegue, el dinamismo, los detalles, los fondos, la iluminación, esos momentos medio zaffinescos, la claridad con la que narra... Tomás se luce tanto en las escenas de diálogo y psicopateada mental como en los estallidos de acción que desparraman violencia y alto impacto por todas partes.
En fin, si no te ahuyenta la temática de los super-espías, los black-ops, los ninjas y la machaca pasada de rosca, Ninja-K probablemente te atrape. Y aunque nada de eso te llame la atención, el dibujo de Tomás Giorello seguramente te va a hacer decir "pará un poco, hijo de puta, estás humillando a todos los demás dibujantes de la editorial".
Me vengo a Argentina, año 2021, para leer Macklemore, una novelita gráfica de 64 páginas a todo color, donde por primera vez forman equipo dos autores de la misma generación que son amigos desde hace mil años: Rodolfo Santullo y Nicolás Brondo. La trama de Macklemore nos lleva a un futuro post-apocalíptico, donde los humanos que siguen vivos lo hacen a duras penas, en un desierto asediado por la escasez de agua y alimentos y por la presencia de plantas carnívoras gigantes. No sabemos casi nada del protagonista, pero es un tipo canchero, habilidoso en el manejo de la katana, pícaro para resolver situaciones límite vinculadas al combate y poco dado a los vínculos con los otros sobrevivientes. Un clásico héroe (o antihéroe) de acción, al estilo Mad Max, si no fuera porque a Santullo se le va un poquito la mano con el tema de los diálogos graciosos. Eso que en Ladrones y Mazmorras queda bárbaro, acá me parece que sobra. Que la trama daba más para un tono más parco, menos jocoso. Pero dentro del delirio de las plantas gigantes, los robots gigantes y el tipo duro y grosso que le gana a todos, la historia funciona bien, avanza a buen ritmo, no deja cabos sueltos y resulta entretenida.
El dibujo de Brondo también transmite esa onda dinámica, desaforada, brutal, y se apoya en un excelente trabajo de color y de aplicación de tramas mecánicas. No creas que está todo dibujado al increíble nivel de la portada: adentro te vas a encontrar con viñetas más elaboradas y otras resueltas medio a los pedos. Pero el color ayuda a que todo parezca más homogéneo y más sólido. Este es un Brondo apenas un poquito más salvaje que en Manta: se suelta un poco más de la referencia fotográfica, porque puede inventar locaciones y criaturas que no existen, pero a la hora de dibujar los rostros de la gente, va derecho a ese intento de realismo que vimos en Manta y en The Beatles. De hecho tiene bastante protagonismo un nene al que Nico le pone los rasgos de su hijo, Valentín. Lindo gesto, pero no hacía falta. Como ya mencioné alguna vez, me gustaba más el Brondo más expresionista, más ido al carajo, que este Brondo más pendiente de que anatomía, rostros, vehículos y armas se ajusten a la realidad.
No me volvió loco Macklemore, pero para entretenerse un rato, está bien. Santullo y Brondo son narradores natos, con mucho oficio y a la obra no le faltan ideas y giros para generar impacto en el lector. Si no le pedís más que eso, te va a gustar.
Y nada más, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, los comentamos acá en el blog. Será hasta entonces.
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