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martes, 13 de mayo de 2025
MARTES DE HISTORIAS CORTAS
Anoche me desperté tipo 5 AM y no me podía volver a dormir, así que prendí la luz y me puse a leer historietas. Así es como tengo estos dos libritos para reseñar hoy acá.
Mack & Tierra de Monstruos recopila en un único tomo dos series menores (por lo menos en cuanto a la repercusión que obtuvieron en su momento) de la dupla integrada por Carlos Trillo y Gustavo Trigo. Mack consta de cinco episodios, siempre con la misma protagonista, y es un clásico policial duro, con la novedad de que las mujeres actúan como normalmente lo harían los hombres, y viceversa. Los estereotipos se invierten y Mack es una especie de "Harry la Sucia", una caricatura de los policías/ detectives de las típicas series y películas de Hollywood. El trazo de Trigo enfatiza el grotesco de los guiones de Trillo. Este es el Trigo de la línea muy fluida, combinada con las manchas muy densas para lograr un estilo que le permitía al autor despachar muy rápido cada página. Se ve muy presente la influencia de José Muñoz en esa búsqueda de un claroscuro extremo y muy expresionista, y el propio Trigo se hace cargo al dedicarle uno de los episodios al dibujante de Alack Sinner.
Visualmente, esto es raro y bastante atractivo. Los guiones no son todos igual de buenos, pero dentro de todo, no hay ninguno que dé vergüenza ajena. Para pasarla bien simplemente hay que estar familiarizado con la vertiente satírica y mala leche de Trillo, y entrar a la aventura sin esperar ningún tipo de vuelo poético ni subtexto filosófico. Realizada a mediados de los ´80 (con Carlos en Buenos Aires y Gustavo en Roma), Mack nos ofrece tiros, violencia, sexo, corrupción, la clásica ironía de Trillo y no mucho más.
Inmediatamente después tenemos las seis historias cortas de Tierra de Monstruos, que me habían fascinado cuando las leí de pendejo en las páginas de la Creepy española. ¿Qué hacemos con los distintos, una vez que les pusimos el rótulo de "monstruos"? ¿Nos burlamos de ellos, les tememos, o los cagamos a palos? Trillo ensaya estas tres respuestas en las tres primeras historias autoconclusivas, de las cuales mi favorita es "Baile de Disfraces". Después sube la vara con otras tres: la gloriosa "Memorias de un Triunfador", acerca de un tipo que la rompe toda en el mundo de las revistas porno por fotografiar cadáveres de mujeres en poses eróticas, la escalofriante y perturbadora "El Señor Augusto", y la tremenda "Click". Estas tres últimas son verdaderas joyas de la abyección moral.
En Tierra de Monstruos vemos al Trigo que dibuja en un estilo más clásico, similar al de sus trabajos para las revistas de Record (vimos La Maga el 30/12/22). Acá hay un laburo descomunal en cada página, sumado a la habitual solvencia del autor para el armado de las secuencias. Al reproducirlas en un tamaño más chico que el de la Creepy, algunas de esas páginas con 10 viñetas se ven muy abigarradas, pero igual se disfruta muchísimo el dibujo de este talentoso maestro del blanco y negro.
En uno de los episodios de Tierra de Monstruos aparece un diálogo que se repite en dos viñetas consecutivas, pero me parece que es un error que esta edición arrastra de la publicación en Creepy, porque todos los diálogos de esta serie están escritos en castellano de España... lo cual, por supuesto, no me convence. No costaba un carajo re-rotular las historietas en las que aparecen expresiones como "sed buenas, tomad un caramelito"... que seguramente Trillo escribió en castellano rioplatense y alguien de la redacción de Creepy modificó para la edición española. Nada, un detalle muy menor en este necesario rescate de una gran serie como fue Tierra de Monstruos.
Sí, soy un caprichoso. En vez de leer 21st Century Boys, que está ahí, en el pilón de los pendientes, "pierdo el tiempo" con un recopilatorio de historias cortas de Naoki Urasawa, una especie de secuela, o coda, al tomo que vimos el 25/07/19. ¡Achís! recopila parte de la obra dispersa del ídolo, toda posterior a 1995, es decir, toda realizada en el estilo maduro del autor, el que tanto disfrutamos los que leímos Monster y 20th Century Boys, entre otras. Por si faltara algo, varias de estas historias están realizadas a todo color (un rubro en el que Urasawa se luce a niveles apabullantes) y casi todas... ¡tienen buenos guiones! Excepto esas anécdotas del mundo del rock, que resultan casi ilegibles por la tipografía de mierda que les puso Planeta cuando las editó en castellano, las demás historietas son realmente buenísimas. El tomo arranca con la genial "Damiyan!", una comedia grotesca y mala leche, que podría haber escrito tranquilamente Trillo. Pero después viene "¡Lanza apuntando a la luna!", que es incluso mejor. Y la de "Henry y Charles", que es un homenaje desopilante a los dibujos animados. "Reino de Kaiju" también me pareció divertidísima, con un planteo limado y personajes muy copados. Para el cierre, Urasawa se guardó una joyita a todo color: la breve pero fabulosa "Solo Mission", que está dibujada en el sentido de lectura occidental.
Nada, no quiero ahondar en las tramas, porque son todas historias breves, con argumentos bastante sencillos. Pero muy bien logradas, con situaciones imprevistas, buenos personajes (Demiyan, Lenny Zinnemann, el gordo francés fanático de los kaijus...), buenos diálogos y -como siempre- con esos dibujos fastuosos, potenciados por un color exquisito. Casualmente las historietas que no me atraparon (que por suerte fueron las menos) son las que están dibujadas con menos pilas, en un estilo más suelto, más rápido. Se ve que Urasawa entendió que algunos de los guiones tenían el potencial suficiente para convertirse en pequeñas obras maestras, y ahí no falló: puso todo y logró páginas realmente memorables. Una pena que Ivrea no publique los libros de historias cortas de Urasawa, porque acá hay papa muy fina, a años luz de las penurias que nos infligió el sensei al estirar hasta el infinito sus obras más extensas.
Nada más, por hoy. Sigo avanzando con el nº11 de la Comiqueando Digital y prometo volver ni bien tenga más libros leídos. Gracias y hasta entonces.
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viernes, 30 de diciembre de 2022
DOS AL CIERRE
Se termina el 2022, nomás, y yo estoy a full avanzando con la lectura del material de autores argentinos que se publicó este año.
La lamentable editorial Deux publicó un libro al que no me pude resistir: La Maga, una recopilación de la mítica serie creada para Skorpio por Eugenio Mandrini y Gustavo Trigo, allá por 1978. Son apenas seis episodios, pero alcanzaron para que cuando yo empecé a trabajar en esa revista (1987) todavía se recordara a La Maga como una de las mejores series que habían formado parte de la longeva antología.
La Maga es, sencillamente, una genialidad. Una obra claramente adelantada a su época, que incorpora un montón de elementos de los que 15 años más tarde le iban a dar forma a la "dark fantasy" que asociamos con la primera etapa del sello Vertigo. Los cinco primeros episodios componen un arco muy potente, donde la violencia no está enfatizada para nada, y el último es un unitario glorioso que se mete (repito, en 1979) con el tema del abuso sexual a niñas. Antes de volcarse de lleno a la literatura y la poesía, Mandrini escribió unas cuantas historietas, y esta es sin duda la mejor, la más arriesgada, la que exhibe de manera más perfecta su talento para crear textos hermosos, de un lirismo impensado para una revista de historieta de aventuras que leían pibes de 14 años. Diálogos y bloques de texto revelan desde el primer momento que La Maga no es una historieta más, sino que propone llevarnos hacia otros planos de la imaginación y la fantasía, más oscuros, más profundos y más bellos.
El dibujo de Gustavo Trigo es sublime. No recuerdo haberlo visto a este nivel en ningún otro de sus trabajos. El último episodio es el más tranqui, con una impronta muy similar a la que veríamos en Tierra de Monstruos (por ejemplo), pero los primeros cinco son una detonación nuclear. Con unos hallazgos impactantes en la puesta en página, Trigo arma unas secuencias hipnóticas, imposibles, combinadas con otras más tradicionales como para no alienar al lector de Skorpio con algo demasiado experimental. Pero cuando se zarpa, el recordado Negro Trigo se va al carajo y más allá, con imágenes fantasmagóricas en las que aparecen técnicas extrañas dignas del Viejo Breccia, composiciones dignas de Sergio Toppi, cross-hatchings enfermizos al nivel de los mejores trabajos de Leopoldo Durañona, manchas, tramas, momentos en los que el plumín parece cobrar vida, figuras hiper-realistas cercanas a lo que hacía Luis García, o José Ortiz en su momento más inspirado. Creo que es la primera vez que lo veo al Negro poner todo, no guardarse nada, demostrar con creces por qué los colegas lo consideraban un dibujante de otra categoría, que no se destacaba demasiado simplemente por la cantidad de páginas que producía todos los meses. Intuyo que Trigo se enamoró de La Maga y dijo "acá me la juego" y en vez de sacar las páginas con fritas, las sacó con pasión, con enjundia, con un virtuosismo rayano en la hechicería, que andá a saber si el público de aquel entonces valoró en toda su fabulosa dimensión. Este año tuvimos la posibilidad de redescubrir a esta maravilla perdida en las amarillentas páginas de Skorpio de fines de los ´70, y realmente me conmovió la calidad de lo que me encontré detrás de esa portada. Es una edición con falencias, como todas las de Muñones, pero el contenido hace imposible no recomendarla con vehemencia.
Y leí también un libro cuya edición es sencillamente magistral, una auténtica preciosura: Mara y Samu Rajan del Cielo, lo nuevo de Bruno Chiroleu. Pero nuevo en serio, porque no se parece una chota a las obras anteriores del autor rosarino. Si no te juran que es el mismo de El Borde, o de las historias que aparecían en la Términus, no lo podés creer. De la noche a la mañana, Chiroleu se reinventó como un autor de comedia, con un estilo mucho más caricaturesco que por momentos lo acerca al Lucas Varela más minimalista, o al Steve Purcell más descontrolado. Chiroleu desarrolla un grafismo hermoso, redondito, limpio, ideal para ser complementado con el color, que está aplicado con un buen gusto exquisito. El armado de las páginas también es muy atractivo, muy original, con grillas rarísimas que funcionan muy, muy bien, y una forma de ubicar las viñetas dentro de la página también muy llamativa y muy funcional al ritmo vertiginoso que Bruno le quiere dar al relato.
Mi único "pero" es que Mara y Samu se me hizo un poco larga. Esto mismo, con 30 ó 35 páginas menos, seguramente me habría pegado más fuerte y me habría atrapado más. Es algo que suele pasar con las historietas en joda: a veces la extensión (en este caso son unas 150 páginas) les juega en contra. Acá, en contraste con esa acumulación de peripecias que por momentos se hace confusa o pierde relevancia, tenemos personajes muy atractivos, muy buenos diálogos y un jueguito metatextual, con muchas referencias al hecho de que estamos frente a una ficción narrada en forma de historieta por un autor que -en su rol de demiurgo- decreta para dónde van a ir los personajes y qué tanto éxito van a tener en lo que se proponen.
No voy a contar de qué se trata la historia (el título algo explica), pero sí que parte de un planteo muy original, que tiene una muy lograda construcción de universo y que -como ya dije- es básicamente en joda, una aventura trepidante y descontrolada en la que puede pasar virtualmente cualquier cosa. De todos modos, el guion queda un par de escalones por debajo de la faz gráfica que -repito- es formidable en todos los rubros y tiene todo para catapultar a Chiroleu a trabajos de alto perfil en editoriales de mercados mucho más grandes que el nuestro.
Tengo leídos... un librito y medio más. Así que puede ser que mañana, último día del año, haya nuevas reseñas. Mientras tanto, si quieren leer más, les cuento que escribí un montón de material para el nuevo y espectacular número de la Comiqueando Digital, que se puede descargar por muy poquita plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com/
Gracias y hasta mañana.
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sábado, 29 de mayo de 2021
24 al 30 de MAYO
Desde afuera, uno podría suponer que estos días de menor actividad y más horas dentro de casa se traducirían en más lecturas de material para reseñar en el blog. Pero la verdad es que no. Aproveché el encierro para meterle pata al nº2 de Comiqueando Digital, una bestialidad de 285 páginas que va a estar disponible probablemente el jueves en nuestra tienda virtual, junto a nuevas descargas gratuitas. Y además estoy leyendo bastante sobre historietas, libros y revistas de autores y países distintos, que no suelo reseñar en este espacio (ni en ningún otro). Así que, como ya es casi costumbre, no es tanto lo que tengo leído como para comentar acá.
La última vez que estuve en Córdoba (Septiembre de 2019), recibí de regalo un ejemplar de The Pub Crawl Anthology, un libro editado a todo culo, financiado a través de Kickstarter, con 12 historias cortas que sólo comparten el hecho de tener algo que ver con los pubs, tabernas o reductos consagrados al escabio. No conocía a ninguno de los autores involucrados, pero la calidad de la edición me hizo tenerle fe.
Una fe que fue pisoteada y despedazada a medida que pasaba las páginas y me hundía en historietas de un nivel muy poco compatible con la hermosa factura técnica del libro. Esto es un rejunte de principiantes, de chicos y chicas que están mucho más para batallar en fanzines que en libros editados a todo culo. No me quiero regodear con lo más horrible del tomo, así que simplemente subrayo lo que me pareció más o menos rescatable.
Christopher Matusiak, el guionista de la primera historieta, escribe muy bien. No es hiper-original y no sobrevive a los flagelos de tener un dibujante pésimo, pero sus textos están bien trabajados y la idea que desarrolla no está mal. Andrea Rosales es una dibujante de gran solidez, con un trazo alucinante y un excelente manejo del equilibrio entre blancos, negros y grises. Se complica sola a la hora de narrar, porque mete en cada viñeta una cantidad brutal de elementos, y encima le tocan páginas de muchas viñetas. Así, todo se ve excesivamente atiborrado y el relato fluye con dificultad. Pero son viñetas lindas de observar. Brian George es autor integral y se la banca muy decorosamente. Maura McGonagle es una genia total en el manejo de las tramas mecánicas. En todo lo demás, le fata bastante. Y finalmente, Trevor Markwart es un dibujante muy competente, cuyo estilo realista lo hace estar muy pendiente de la referencia fotográfica. Dentro de esa estética onda Juan Carlos Flicker (que no es la que a mí más me seduce, ni la que garantiza un mejor flujo narrativo en la historieta), está muy bien.
Y de verdad, eso es todo lo que puedo salvar del bochorno. El resto es un naufragio jodido, muy triste porque me imagino que los pibes y pibas que participan de la antología le pusieron todo a sus trabajos, y por lo que mencionaba antes de la fastuosa calidad de la edición. Una pena.
Y me vengo a Argentina, donde el año pasado se recopiló en un librito Sangre y Oro Azteca, una aventura del glorioso Sargento Kirk, serializada en las páginas de la revista Billiken, allá por 1973. Muy loco que en Argentina no haya libros que recopilen la etapa clásica del personaje, cuando lo escribía Héctor G. Oesterheld y lo dibujaba Hugo Pratt, pero sí se recopila este material, con Gustavo Trigo en el lugar del Tano. Y otro detalle muy loco es que se publique en libro una historieta de ¡32 páginas! Hace 20 años, una historieta de 32 páginas se publicaba en comic book. Ahora, le meten 12 páginas de relleno y sale como libro. No me quejo, porque la edición está buena, pero me llama la atención.
¿Y qué onda la historieta? El argumento es absolutamente predecible, los textos de Oesterheld están buenísimos (sin nada que envidiarle a los de la época de Frontera, ni a los que en esa misma época el maestro escribía para Columba) y los dibujos de Trigo tienen muchísima fuerza, mucho más en esta versión en blanco y negro que en la publicación original, donde alguien se los coloreaba. Lo único que no me cierra es que casi toda la historieta está planteada en páginas de cuatro tiras, muy chatitas, y esto lo habilita a Trigo a hacer una especie de trampa que se nota demasiado, y que consiste en no dibujar nunca a los personajes de cuerpo entero. Todo está contado muy de cerca, con un gran predominio de los primeros planos, y casi sin viñetas que nos muestren qué tienen los personajes debajo de la cintura. Las poquísimas veces que Trigo dibuja a algún personaje de cuerpo entero, lo hace muy bien, con lo cual supongo que optó por el recurso de narrar todo muy de cerca simplemente para sacar más rápido las páginas. O sea que esto visualmente es raro, porque no estamos acostumbrados a 32 páginas seguidas contadas con planos tan cercanos. Y lo otro que me llamó la atención es cómo Trigo acomoda su estilo para parecerse bastante a Hugo Pratt. Hay varias viñetas que más de un incauto podría creer que fueron dibujadas por el Tano. Y muchas en las que se nota esa impronta más terrenal, más prosaica, más pesada incluso, que le ponía el recordado Negro Trigo a sus trabajos más personales, por lo menos en los ´70.
El regreso del Sargento Kirk y sus amigos para una última aventura en Billiken fue un experimento extraño, que no tuvo continuidad. Una rareza en la bibliografía tanto de Oesterheld como de Trigo. No está mal redescrubrirla casi 50 años después, y tampoco estaría mal que se rescatara en libros a Marvo Luna, la otra serie (mucho más extensa) que realizara HGO para Billiken en esta misma época. Recuerdo esos dibujos de Solano López coloreados para el ojete en las páginas de Billiken y me encantaría tener una edición actual, en blanco y negro.
Nada más por hoy. Gracias y hasta el finde que viene.
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