el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 9 de septiembre de 2012

09/ 09: RAUL ESTADLER

En realidad el título completo es “El maravilloso pequeño gran mundo de Raúl Estádler”, pero bue...
Este libro encierra una paradoja jodida como enema de chimichurri: es un canto de odio al comic hecho por alguien que ama al comic. Es una descarga de vilipendios e injurias contra los fans, los editores, los críticos y los guionistas, gestada por un tipo muy querido en el ambiente, al que no le faltan fans, al que la crítica aplaude, los editores respetan y los guionistas intentan seducir para sumarlo a sus proyectos. Evidentemente, el mayor desafío que encaró Nicolás Brondo a la hora de crear estas historietas no fue el del guión, ni el del dibujo, sino el de escindirse por completo del personaje (bueno, casi, porque Raúl también es dibujante de comics) para lograr que este proyecte una mala onda que Brondo jamás emitió ni generó. Lo más loco es que el prólogo lo escribe Diego Parés, quien sí se especializa en hacerse el “enfant terrible”, el tipo lapidario a la hora de descalificar a algunos colegas, el tipo de las opiniones polémicas, detonadoras de airados debates en las redes sociales, el ermitaño que le escapa a los eventos como si todos los organizara Muñones y que sólo se siente cómodo cuando publica en editoriales que son tan punk como él. ¿Será que Brondo pensó a Estádler como una caricatura grotesca de Parés? Da para pensarlo, pero lo cierto es que Diego es bastante más inteligente (sabio, me atrevo a decir) que el protagonista de estas historietas.
Historietas que -digámoslo de una vez- son chistes largos, secuencias breves que van directo a un remate rápidamente predecible. El personaje del dibujante que odia a los comics es indudablemente atractivo, pero por ahí adolesce de una cierta unidimensionalidad, se hace muy obvio muy rápido. Por suerte, Brondo le encuentra la vuelta para ir variando el enfoque, y cuando la estructura es repetitiva, lo zarpado de la actitud de Estádler (una especie de Milk & Cheese menos destructivo) la rema para que te resulte divertido.
La mejor historieta, la que más me gustó, es esa página muda en la que Raúl arma un faso. Eso es una joyita, políticamente incorrecta y con un tono propio, original. También me gustó mucho una de las que escribe Diego Cortés, esa en la que Raúl gana el Eisner y Grant Morrison (con anteojitos de Spider Jerusalem) le entrega el premio durante la ceremonia. Después hay unas cuantas páginas muy experimentales, en las que Brondo se dedica a probar técnicas para dibujar a mano alzada, sin bocetos ni lápices, y un montón de páginas en las que Brondo le deja el protagonismo (y el personaje) a otros dibujantes, entre ellos el propio Parés, Gustavo Sala, Sergio Más (que se manda una historieta de cuatro páginas), Dante Ginevra, Max Aguirre y Salvador Sanz, entre otros.
Y la última historieta, en la que reaparece Brondo, es una parodia a este mismísimo blog, en la que no aparece Raúl, sino una caricatura mía que denosta con virulencia (y con muchas frases que efectivamente aparecieron en reseñas aquí publicadas) las historietas del librito. O sea que si seguís este blog con cierta asiduidad, en esas dos páginas te vas a encontrar con muchas referencias que vas a reconocer rápidamente y que te van a arrancar más de una sonrisa.
Son 56 páginas, nomás, o sea que no hay mucho más para analizar. Simplemente subrayar lo bien que dibuja Brondo cuando se pone las pilas (esa viñeta en la que Estádler estrangula al gato es... perfecta) y lo bien que le queda experimentar, buscar variantes en su estilo y soltar su trazo para cagarse de risa un rato y descomprimir la bronca al tablero que cualquier dibujante -punk o no- puede llegar a experimentar cuando se siente prisionero de una historieta que no lo ceba, con la que no se identifica.
De última, Raúl Estádler actúa como actúa porque es un pobre infeliz, que se ve obligado a laburar en algo que no disfruta en lo más mínimo. Por suerte, Brondo sí se divierte, sí pone el alma, sí se deja llevar por la magia de la historieta. Incluso cuando sus creaciones lo putean, el cordobés honra al Noveno Arte con su talento y todo lo demás no importa nada.