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martes, 22 de mayo de 2012

22/ 05: IRISH COFFEE

Bizarras coincidencias... Esta tarde estuve charlando largo y tendido sobre Cybersix con el maestro Juan Sasturain, para un episodio de Continuará que saldrá al aire el año que viene. Y ahora me toca hablar conmigo mismo sobre Irish Coffee, otra obra de los inolvidables Carlos Trillo y Carlos Meglia.
El imponente libro editado a todo culo por Napoleones Sin Batallas ofrece dos etapas bien marcadas en la historia del personaje. Por un lado, los primeros 12 episodios, los que se vieron en Puertitas, que son los que inician la larga y fructífera colaboración entre Trillo y Meglia, allá por 1988. Y por el otro, un segundo arco inédito en castellano, de cuatro episodios realizados ya a mediados de los ´90, cuando los autores compartían ese multitudinario estudio en el que salían con fritas las páginas de Cybersix. Pero estamos hablando siempre del primer Irish Coffee, del clásico, no del que aparecería más tarde en las páginas de Clarín, metido en una saga ambientada en Argentina, con Menem como villano y demás bizarreadas.
Los primeros 12 episodios muestran a las claras cómo se va ensamblando la dupla. Entre el tercero y el cuarto (o sea, durante el arco contra Ron Collins), el dibujo de Meglia pega un salto cualitativo increíble y de ahí en más, no para nunca de mejorar. Para el final de la saga de Sandy, el dibujo es absolutamente perfecto, mejor incluso que en El Libro de Gabriel, que es justo posterior. Acá es cuando Meglia se enamora de la historieta. Estimulado como nunca antes por los guiones de Trillo, desarrolla ese estilo tan característico, con esos rasgos aniñados, esa dinámica zarpada, esa línea prolija y caótica a la vez y –lo más importante- ese sistema derivado de sus años en el campo de la animación para crear unos fondos devastadores, que se repiten una y mil veces mientras los personajes se desplazan sobre ellos, como en una película o una obra de teatro. El color –agregado para esta edición- es excelente y potencia muchísimo la magia visual que proponía Meglia en la versión original de estas historietas.
Trillo plantea a Irish Coffee como un detective con poderes paranormales, que resuelve casos que involucran a espíritus, fantasmas e incluso a productos de su propio subconsciente. Hay una especie de contradicción muy rica para la serie: por un lado, Irish es un auténtico Guacho Winner, se levanta a las mejores minas y es constantemente requerido por el Inspector Martini para resolver los casos más complejos. Por el otro, muchas de las amenazas que debe combatir... las genera él mismo! Sus recuerdos de la infancia, su torpeza a la hora de mentir, su miedos... todo se le vuelve en contra en algún momento de estos episodios. O sea que nunca lo vemos como al tipo recontra-canchero que se lleva al mundo por delante y soluciona todo de taquito, aunque tiene poderes y carisma como para hacerlo. Irish se comporta más bien como un tipo melancólico, taciturno, al que los poderes le pesan más de lo que lo reconfortan... excepto cuando le toca revolcarse con Sahara Lone en unas escenas de alto voltaje erótico, magníficamente dibujadas por Meglia.
El último arco, el de mediados de los ´90, está dibujado por una legión de asistentes y aún así se la re-banca. Los trucos para repetir los dibujos son medio alevosos, pero como estos siguen fielmente la línea de Meglia, siempre quedan bien. La resolución al misterio es impredecible y emotiva y –por si faltara algo- en estos episodios Trillo suma un nuevo personaje interesante (Mary Bloody) y sitúa la acción en la ciudad de Meridiana, como para abrir el camino hacia un team-up con Cybersix, que no sé si se llegó a concretar.
A diferencia de El Libro de Gabriel, Irish Coffee tuvo tiempo y espacio para evolucionar hasta convertirse en una muy buena serie. Y a diferencia de Cybersix, no se estiró hasta el infinito, sino que estos 16 episodios conforman cinco saguitas (más dos unitarios, los dos primeros) cerradas, sólidas, con espacio para la caracterización, los climas y las vueltas de tuerca poco predecibles al tema del investigador de casos paranormales, tan gastado de Dylan Dog para acá. De última, si los guiones no te hacen decir “Wow! No puedo creer tanta genialidad junta!”, hay varios episodios en los que te lo va a hacer decir el dibujo, sin dudas. Por culpa de Meglia (y del equipo que coloreó estas páginas) esto hay que leerlo con ropa interior de repuesto, de verdad. Mozo, un coffee!