Una vez más los caminos de la historieta se cruzan con la convulsionada vida del mítico Ernesto “Che” Guevara. Esta vez un guionista uruguayo (Roy) y un dibujante argentino (Marcos Vergara) unen esfuerzos para contar una historia con algunos visos de ficción, pero insertada en un contexto 100% real como fue el de la visita del Che a Montevideo en Agosto de 1961.
Lo más interesante del libro es la investigación meticulosa realizada por Roy, que estudió publicaciones, grabaciones y testimonios de la época para reproducir fielmente los acontecimientos y hasta para tirar conjeturas bastante bien fundadas allí donde los hechos se hacían confusos o misteriosos. Roy pone especial énfasis en lo que tiene que ver con el asesinato de Arbelio Ramírez, un docente y periodista que caerá muerto en la calle tras el discurso del Che en la Universidad Nacional, y al que el guión de la historieta vincula (de modo sutil y verosímil) con una trama de espionaje entre las clásicas superpotencias de la Guerra Fría.
El guionista hace el esfuerzo de dotar a Arbelio de una personalidad interesante, a través de buenos diálogos con otros personajes, y algo similar intenta con un personaje 100% ficticio: Patricia, la chica que estudia bioquímica y milita en una agrupación de izquierda que delira ante la inminente llegada del Che. Sin embargo, la chapa grossa se la lleva el rosarino que acompañó a Fidel Castro desde los inicios de la revolución cubana. En apenas 14 páginas, Guevara se morfa el protagonismo y eclipsa sin la menor dificultad al resto de los personajes. Roy escribe a un Che afable, lúcido, humilde a la hora de relacionarse con sus anfitriones y decidido a la hora de bajar línea entre sus partidarios. Una vez que el Che sale de escena, pareciera que la fiesta se terminó hace rato y hay que conformarse con las sobras.
El dibujo de Vergara juega a dos puntas: es puro nervio y pura expresividad a la hora de dibujar a la gente común, y todo detalle y rigor histórico a la hora de recrear a la ciudad de los botijas y los terrajas, los pintas y los planchas, los refuerzos y los championes, los manyas y los bolsos. El grafismo de Vergara se luce muy especialmente porque acá podemos disfrutar de sus lápices sin entintar. Una vez digitalizados y realzados en el photoshop, los lápices fueron coloreados por Caio Di Lorenzo, el encargado de subrayar los climas mediante una paleta virtual, intencionalmente acotada, sin colores plenos, con mucha más sutileza que estridencia. Como suele suceder en los trabajos de Vergara, los principales logros están en la narrativa, en ese ritmo ágil y fluído que el prócer de San Nicolás sabe imponerle a toda clase de relatos. Acá tiene a su favor la proliferación de viñetas (y hasta secuencias) mudas y el hecho de que se tiene que bancar sólo una página de más de 6 viñetas. Eso le permite planificar la narración con soltura y dejar la vida en los fondos que así lo requieren y en esas escenas multitudinarias que siempre son un dolor de huevos para los dibujantes.
Morir por el Che me gustó como historieta, pero no me volvió loco, más allá de lo grato que resulta siempre leer otras 80 páginas dibujadas por Vergara. Donde sí me convenció totalmente es en su faceta documental, en la posibilidad que nos ofrecen Roy y Marcos de leer esta novela como un fiel testimonio de un hecho histórico poco recordado (por lo menos en Argentina) como es el paso del Che Guevara por la Montevideo de 1961. Hasta la viñeta, siempre.
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jueves, 9 de enero de 2014
miércoles, 28 de agosto de 2013
28/ 08: CHE (A GRAPHIC BIOGRAPHY)
Y sí, hay más biografías del Che Guevara en historieta. Esta debe ser la más reciente, porque se lanzó en 2008, y en una de esas también la mejor.
El guión de Spain Rodríguez (1940-2012) es muy, muy bueno. Dinámico, completo, muy bien condimentado con detalles poco conocidos de la vida del Che, con la indagación justa (ni mucha como para aburrir, ni poca como para dejarte en bolas) acerca de la coyuntura política de cada uno de los países en los que el mítico guerrillero hizo de las suyas, e incluso de su país de origen, que vendría a ser el nuestro. Rodríguez explica la Argentina de los años ´40 y ´50, en pocas páginas pero con un criterio más certero que cualquier otro historietista yanki que se haya enfrentado (aunque sea de pasada) con ese fenómeno complejísimo, virtualmente indescifrable llamado “peronismo”.
A diferencia de otras biografías de Guevara, la de Spain no mete a presión fragmentos de los textos escritos por el Che. A veces este se manda diálogos o pensamientos tan sofisticados, que es obvio que el autor los tomó de las escrituras del propio Guevara, pero estas citas encubiertas nunca se roban el protagonismo ni obstaculizan un relato muy, muy ameno. Al tratarse de un libro encargado y editado por un sello claramente alineado a un partido de izquierda, estaba el riesgo de que a Spain le pidieran una hagiografía del Che, que resaltara sólo sus virtudes y barriera abajo de la alfombra sus contradicciones y sus fracasos. Por suerte en la historieta eso no sucede. El autor trata muy bien al Che, no disimula en lo más mismo su comunión con las ideas del “personaje”, y sin embargo no se limita a endiosarlo. A lo largo de las 100 páginas que dura la novela vemos a Guevara tropezar, equivocarse, replantearse cosas, tener que pedir disculpas, obstinarse en decisiones que resultan erróneas, etc.
A nivel guión, te soy sincero, no sé si habrá una biografía del Che más interesante, más ganchera. Lo que la tira un poco para atrás es el dibujo. Ojo, no tanto como a aquella biografía del Che realizada por autores japoneses (la vimos el 27/02/11) en la que el dibujo era una patada en las bolas digna del Flaco Schiavi en la puerta del área grande. Spain no es horrible, es limitado. Es curioso, porque en este trabajo de 2008 muestra las mismas falencias que en sus trabajos 40 años anteriores, los de su época underground, cuando se hizo “famoso” con historietas como Trashman. Ese es uno de los problemas: Spain trata de ser un dibujante académico, realista, correcto, y no le sale. Tiene un muy buen manejo de sombras, texturas y tramas, equilibra muy bien blancos y negros, elige muy bien los ángulos de las viñetas, pero falla a menudo en la anatomía y en las caras. Vistas de lejos, estas páginas parecen una especie de Joe Sacco tirado a chanta.
Y el otro problema es que Rodríguez nunca le da al dibujo la chance de llevar adelante el relato. Todo está basado en los textos, a tal punto que se puede leer sólo los bloques de texto (y algún diálogo, ponele) y la historia se entiende perfectamente. En eso se parece mucho a los Big Books de Paradox. El dibujo no está ahí para narrar, sino para ilustrar (con más onda que virtuosismo) algo, un cachito, de lo que nos cuenta el texto.
Claramente estamos frente a un libro que no está pensado para deleitar al lector de historietas más curtido, o más purista. Spain pensó esta biografía para vendérsela a los fans del Che Guevara que la van a comprar en una librería “careta”, gente que en su mayoría no se preocupa por la mucha o poca integración entre texto e imagen o el reparto entre ambos de las responsabilidades narrativas de una historia. Para ese lector no entrenado, este es un comic alucinante, que informa, entretiene, te roba alguna sonrisa, por momentos te indigna y encima te deja pensando. Y encima tiene el atractivo de ser una co-edición entre una editorial británica y una yanki, de una obra de un autor yanki (con sangre española, pero yanki al fin), en la que los villanos son... los yankis.
La próxima vez que se te pase por la cabeza comprarte una remera o una gorra del Che, pensalo dos veces. Por ahí con la misma guita, o una moneda más, te podés comprar esta historieta que no estará dibujada por Enrique y Alberto Breccia, pero se la re-banca a la hora de contar la vida de este ícono del Siglo XX nacido acá cerquita.
El guión de Spain Rodríguez (1940-2012) es muy, muy bueno. Dinámico, completo, muy bien condimentado con detalles poco conocidos de la vida del Che, con la indagación justa (ni mucha como para aburrir, ni poca como para dejarte en bolas) acerca de la coyuntura política de cada uno de los países en los que el mítico guerrillero hizo de las suyas, e incluso de su país de origen, que vendría a ser el nuestro. Rodríguez explica la Argentina de los años ´40 y ´50, en pocas páginas pero con un criterio más certero que cualquier otro historietista yanki que se haya enfrentado (aunque sea de pasada) con ese fenómeno complejísimo, virtualmente indescifrable llamado “peronismo”.
A diferencia de otras biografías de Guevara, la de Spain no mete a presión fragmentos de los textos escritos por el Che. A veces este se manda diálogos o pensamientos tan sofisticados, que es obvio que el autor los tomó de las escrituras del propio Guevara, pero estas citas encubiertas nunca se roban el protagonismo ni obstaculizan un relato muy, muy ameno. Al tratarse de un libro encargado y editado por un sello claramente alineado a un partido de izquierda, estaba el riesgo de que a Spain le pidieran una hagiografía del Che, que resaltara sólo sus virtudes y barriera abajo de la alfombra sus contradicciones y sus fracasos. Por suerte en la historieta eso no sucede. El autor trata muy bien al Che, no disimula en lo más mismo su comunión con las ideas del “personaje”, y sin embargo no se limita a endiosarlo. A lo largo de las 100 páginas que dura la novela vemos a Guevara tropezar, equivocarse, replantearse cosas, tener que pedir disculpas, obstinarse en decisiones que resultan erróneas, etc.
A nivel guión, te soy sincero, no sé si habrá una biografía del Che más interesante, más ganchera. Lo que la tira un poco para atrás es el dibujo. Ojo, no tanto como a aquella biografía del Che realizada por autores japoneses (la vimos el 27/02/11) en la que el dibujo era una patada en las bolas digna del Flaco Schiavi en la puerta del área grande. Spain no es horrible, es limitado. Es curioso, porque en este trabajo de 2008 muestra las mismas falencias que en sus trabajos 40 años anteriores, los de su época underground, cuando se hizo “famoso” con historietas como Trashman. Ese es uno de los problemas: Spain trata de ser un dibujante académico, realista, correcto, y no le sale. Tiene un muy buen manejo de sombras, texturas y tramas, equilibra muy bien blancos y negros, elige muy bien los ángulos de las viñetas, pero falla a menudo en la anatomía y en las caras. Vistas de lejos, estas páginas parecen una especie de Joe Sacco tirado a chanta.
Y el otro problema es que Rodríguez nunca le da al dibujo la chance de llevar adelante el relato. Todo está basado en los textos, a tal punto que se puede leer sólo los bloques de texto (y algún diálogo, ponele) y la historia se entiende perfectamente. En eso se parece mucho a los Big Books de Paradox. El dibujo no está ahí para narrar, sino para ilustrar (con más onda que virtuosismo) algo, un cachito, de lo que nos cuenta el texto.
Claramente estamos frente a un libro que no está pensado para deleitar al lector de historietas más curtido, o más purista. Spain pensó esta biografía para vendérsela a los fans del Che Guevara que la van a comprar en una librería “careta”, gente que en su mayoría no se preocupa por la mucha o poca integración entre texto e imagen o el reparto entre ambos de las responsabilidades narrativas de una historia. Para ese lector no entrenado, este es un comic alucinante, que informa, entretiene, te roba alguna sonrisa, por momentos te indigna y encima te deja pensando. Y encima tiene el atractivo de ser una co-edición entre una editorial británica y una yanki, de una obra de un autor yanki (con sangre española, pero yanki al fin), en la que los villanos son... los yankis.
La próxima vez que se te pase por la cabeza comprarte una remera o una gorra del Che, pensalo dos veces. Por ahí con la misma guita, o una moneda más, te podés comprar esta historieta que no estará dibujada por Enrique y Alberto Breccia, pero se la re-banca a la hora de contar la vida de este ícono del Siglo XX nacido acá cerquita.
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miércoles, 24 de julio de 2013
24/ 07: EDEN HOTEL Vol.1
Si estás siguiendo esta historia en su versión blanco y negro y cortada en fetas por la Fierro, dos cosas: 1) te compadezco enormemente, y 2) no sigas adelante, por las dudas de que te tire algún spoiler.
En esta novela gráfica, Diego Agrimbau pone a funcionar una fórmula infalible: toma algunos datos verídicos de la realidad y sobre eso empieza a moldear un “what if...?”, una ucronía sutil, finita, MUY factible, en la que el verosímil no se rompe nunca. De todo lo que nos narra Eden Hotel, son verdades históricas estas tres: 1) El hotel existió en La Falda y albergó a muchos jerarcas y partidarios nazis, 2) el Che Guevara y su familia llegaron una vez hasta las puertas del hotel (aunque decidieron hospedarse en otro lado) y 3) el papá de Ernesto y el General Jurado militaban en una agrupación llamada Acción Argentina, que investigaba y denunciaba el accionar de los nazis en nuestro país. El resto, lo inventó todo el guionista. Bah, también hay varios teóricos que afirman que Adolf Hitler logró escapar con vida de Alemania, vivió muchos años en Córdoba y falleció en Mendoza. El día que eso se compruebe fehacientemente, serán cuatro los episodios reales que se ven trasladados al guión de Agrimbau.
La idea de que Hitler y el Che hayan vivido un tiempo en la misma provincia argentina es – ya de por sí- riquísima. Los que leemos bastante historieta sabemos que los villanos nazis garpan a full y enfrentarlos nada menos que a un Ernesto Guevara adolescente es un golazo, de acá a Berlín. Lo más lindo que tiene el guión es cómo nos muestra en este borreguito rebelde muchas cosas que después caracterizarán al Che adulto, el Che mítico. Acá, además de sufrir por el asma, lo vemos enamorarse, discutir, soñar, tomar un arma de fuego por primera vez, tener que aguzar el ingenio para enfrentar a un ejército mucho más poderoso que el suyo... En EEUU te venderían este comic como el “Year Zero” del Che. Como Ernesto todavía es chico, lógicamente tiene que apoyarse en varios personajes más grandes que él: dos son reales (su padre y el General Jurado) y uno es ficticio, Helena Werner. Los tres están muy bien desarrollados por el guionista, pero obviamente es Helena a quien Agrimbau trata mejor, dota de más personalidad y más carnadura humana. Le sacás a Helena y el guión no avanza para ningún lado.
En 70 páginas no se pueden hacer milagros, por lo cual la madre y los hermanos del Che están apenas esbozados y los villanos... son simplemente villanos, no hay intentos serios por darles profundidad, ni siquiera a los que más escenas protagonizan. Pero hay un personaje relevante más, también tomado de la Historia real: Fritz Mandl, un mercader especializado en armas que, efectivamente, vivió muchos años en La Falda, en una finca cerca del Hotel Edén. Agrimbau aprovecha los contactos que este señor tuvo con los nazis (perfectamente documentados) para convertirlo en una pieza importante en la trama, encargado principalmente de que Ernestito Guevara y los suyos no alteren el curso de la historia que todos conocemos. O sea que las escenas con Mandl son importantísimas.
En la faz gráfica, tenemos a un inspiradísimo Gabriel Ippóliti, que vuelve a superarse a sí mismo. Este es el trabajo donde se lo ve más suelto, donde los personajes actúan mejor, donde todos (sobre todos los niños) se mueven con más plasticidad. Si las viñetas de Ippóliti te parecían algo estáticas, o por momentos pecaban de excesiva solemnidad, acá el maestro rosarino sorprende con su búsqueda de otra dinámica, más fresca y más ganchera. Y en todo lo demás está tan afianzado, tan imbatible como en sus trabajos anteriores. Una maravilla.
Esto no es historieta histórica, no es ciencia-ficción, no es un thriller, no hay erotismo, no hay persecuciones y vuelan –como mucho- media docena de trompadas y un tiro. Es una historia redondísima, intensa, que te atrapa desde el planteo y no te suelta hasta el final y que, además de jugar con los años mozos de un personaje icónico como el Che, nos invita a pensar en serio en un tema medio barrido abajo de la alfombra, que es la estrecha relación entre el nazismo y nuestro país durante la década del ´40. ¿Está al nivel de los grandes clásicos de la dupla Agrimbau-Ippóliti? Sí, totalmente. Eden Hotel no desentona para nada al lado de genialidades como La Burbuja de Bertold y El Gran Lienzo. Y demuestra, de paso, que se puede pegarla en Francia con una historieta recontra-argenta inmersa como pocas en las temáticas que nos tocan más de cerca. Muy notable, de verdad.
En esta novela gráfica, Diego Agrimbau pone a funcionar una fórmula infalible: toma algunos datos verídicos de la realidad y sobre eso empieza a moldear un “what if...?”, una ucronía sutil, finita, MUY factible, en la que el verosímil no se rompe nunca. De todo lo que nos narra Eden Hotel, son verdades históricas estas tres: 1) El hotel existió en La Falda y albergó a muchos jerarcas y partidarios nazis, 2) el Che Guevara y su familia llegaron una vez hasta las puertas del hotel (aunque decidieron hospedarse en otro lado) y 3) el papá de Ernesto y el General Jurado militaban en una agrupación llamada Acción Argentina, que investigaba y denunciaba el accionar de los nazis en nuestro país. El resto, lo inventó todo el guionista. Bah, también hay varios teóricos que afirman que Adolf Hitler logró escapar con vida de Alemania, vivió muchos años en Córdoba y falleció en Mendoza. El día que eso se compruebe fehacientemente, serán cuatro los episodios reales que se ven trasladados al guión de Agrimbau.
La idea de que Hitler y el Che hayan vivido un tiempo en la misma provincia argentina es – ya de por sí- riquísima. Los que leemos bastante historieta sabemos que los villanos nazis garpan a full y enfrentarlos nada menos que a un Ernesto Guevara adolescente es un golazo, de acá a Berlín. Lo más lindo que tiene el guión es cómo nos muestra en este borreguito rebelde muchas cosas que después caracterizarán al Che adulto, el Che mítico. Acá, además de sufrir por el asma, lo vemos enamorarse, discutir, soñar, tomar un arma de fuego por primera vez, tener que aguzar el ingenio para enfrentar a un ejército mucho más poderoso que el suyo... En EEUU te venderían este comic como el “Year Zero” del Che. Como Ernesto todavía es chico, lógicamente tiene que apoyarse en varios personajes más grandes que él: dos son reales (su padre y el General Jurado) y uno es ficticio, Helena Werner. Los tres están muy bien desarrollados por el guionista, pero obviamente es Helena a quien Agrimbau trata mejor, dota de más personalidad y más carnadura humana. Le sacás a Helena y el guión no avanza para ningún lado.
En 70 páginas no se pueden hacer milagros, por lo cual la madre y los hermanos del Che están apenas esbozados y los villanos... son simplemente villanos, no hay intentos serios por darles profundidad, ni siquiera a los que más escenas protagonizan. Pero hay un personaje relevante más, también tomado de la Historia real: Fritz Mandl, un mercader especializado en armas que, efectivamente, vivió muchos años en La Falda, en una finca cerca del Hotel Edén. Agrimbau aprovecha los contactos que este señor tuvo con los nazis (perfectamente documentados) para convertirlo en una pieza importante en la trama, encargado principalmente de que Ernestito Guevara y los suyos no alteren el curso de la historia que todos conocemos. O sea que las escenas con Mandl son importantísimas.
En la faz gráfica, tenemos a un inspiradísimo Gabriel Ippóliti, que vuelve a superarse a sí mismo. Este es el trabajo donde se lo ve más suelto, donde los personajes actúan mejor, donde todos (sobre todos los niños) se mueven con más plasticidad. Si las viñetas de Ippóliti te parecían algo estáticas, o por momentos pecaban de excesiva solemnidad, acá el maestro rosarino sorprende con su búsqueda de otra dinámica, más fresca y más ganchera. Y en todo lo demás está tan afianzado, tan imbatible como en sus trabajos anteriores. Una maravilla.
Esto no es historieta histórica, no es ciencia-ficción, no es un thriller, no hay erotismo, no hay persecuciones y vuelan –como mucho- media docena de trompadas y un tiro. Es una historia redondísima, intensa, que te atrapa desde el planteo y no te suelta hasta el final y que, además de jugar con los años mozos de un personaje icónico como el Che, nos invita a pensar en serio en un tema medio barrido abajo de la alfombra, que es la estrecha relación entre el nazismo y nuestro país durante la década del ´40. ¿Está al nivel de los grandes clásicos de la dupla Agrimbau-Ippóliti? Sí, totalmente. Eden Hotel no desentona para nada al lado de genialidades como La Burbuja de Bertold y El Gran Lienzo. Y demuestra, de paso, que se puede pegarla en Francia con una historieta recontra-argenta inmersa como pocas en las temáticas que nos tocan más de cerca. Muy notable, de verdad.
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domingo, 27 de febrero de 2011
27/ 02: CHE GUEVARA (A MANGA BIOGRAPHY)

Durante su segundo siglo de existencia, la remota Argentina le regaló al mundo nada menos que cuatro mitos de alcance global: Gardel, Evita, Maradona y el que hoy nos ocupa. No está nada mal para un país periférico y con una población pequeña en relación a su territorio. La leyenda del doctor Ernesto Guevara, más conocido como el Che, recorrió el planeta y hoy nos llega recontada nada menos que por dos autores japoneses.
Este NO es el manhwa del cual Muñones publicó apenas un tercio hace ya muchos meses. Ese era un trabajo de casi 300 páginas y este tiene apenas 170. Y además era de autores coreanos. Acá, en cambio, se juntaron dos japoneses: el guión estuvo a cargo de Kiyoshi Konno, un coordinador y guionista especializado en sagas históricas ambientadas en las guerras del Siglo XX, mientras que el dibujo corrió por cuenta de Chie Shimano, una mangaka que debutara en 2003 y que luego cambiaría de rumbo para concentrarse en la ilustración de libros de texto y manuales sobre zoología.
Chie, querida: volvé a los manuales de zoología. Posta, el dibujo de esta chica es catastrófico. Un verdadero compendio de errores de principante, afanos descarados, tramas, texturas y líneas cinéticas mal aplicadas, narrativa muchas veces confusa… un desastre. Decí que es el Che Guevara y que es obvio que con un personaje así seguro vendés fortunas. Si no, no se explica cómo una editorial prestigiosa como Penguin publicó esto en EEUU. Chie Shimano cae en todos los lugares comunes, pisa todos los palitos, no hace una bien. Le salen lindas las caras de los nenes, es cierto, pero porque las afana de los artbooks del Estudio Ghibli. Y los primeros planos de las mujeres están calcados de los de Yukinobu Hoshino. Shimano trata de jugar al doble registro (fondos muy realistas y personajes más caricaturescos) y también le sale mal. Posta, no sabe ni copiar una foto. Su Fidel no se parece a Fidel, su JFK no se parece a JFK, su Camilo Cienfuegos tiene la misma cara que el Che… cualquiera, mal.
Menos mal que el guión de Konno está buenísimo. Sin romper la linealidad histórica, el tipo se las ingenia para mechar anécdotas personales del Che, contar la historia real, meter mucha data sobre el contexto político del mundo de aquellos años, apostar por escenas donde el texto le presta el protagonismo a la imagen (lo mal que hace, porque para eso necesitás la complicidad de un buen dibujante y Konno no la tiene) y hasta intercalar extractos de cartas y textos escritos por el propio Guevara, sin que el ritmo del relato se entorpezca ni se estanque. Konno hizo los deberes y se metió a fondo con el personaje. Le sacó la ficha, lo entendió y logró transmitir en la historieta no sólo lo que el Che hizo, sino también sus motivaciones, sus convicciones y hasta sus dudas.
El resultado es un manga que –si te olvidás de lo mal dibujado que está- te va a atrapar por completo, porque te va a mostrar de un modo ágil y atractivo una vida apasionante, 100% irrepetible como fue la del Che. Y además no te va a mostrar a un santo, ni a un prócer, sino a un tipo de carne y hueso con defectos y virtudes, con éxitos y fracasos. Si bien parece comulgar con los principios éticos y políticos de Guevara, Konno no confunde biografía con hagiografía. O para decirlo con palabras más simples, no le chupa las medias al personaje sobre el cual escribe. Si sos joven (o vivís en un tupper) y nunca estudiaste a esta figura seminal del Siglo XX, este manga es un buen punto de partida. Con el grosero problema de que Chie Shimano dibuja para el orto, pero bueno, no todas las biografías del Che las pueden dibujar Alberto y Enrique Breccia…
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