el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 16 de junio de 2013

16/ 06: POWERS Vol.4

Bueno, era casi inevitable: este tomo me gustó un poco más que el anterior, que me pareció un delito a mano armada. Acá hay choreo, pero es menos brutal. Lo que Brian Michael Bendis y Michael Avon Oeming nos narran en más de 150 páginas podría haber sido una hermosa novela gráfica de 80 páginas, o –estirándola un cachito- dos lindos prestiges de 48. El problema es que esta vez Bendis no estira con lo que mejor le sale, que son los díalogos, sino que mete escenas flojas, que deberían aportar tensión pero no lo logran, principalmente todas esas centradas en los medios de comunicación y su cobertura (amarillista y berreta al mejor estilo de nuestros canales de noticias) de los tremendos sucesos que nos toca presenciar en este tomo. Bendis también prolonga hasta el infinito persecuciones y escenas de acción, pero por lo menos son escenas grossas, muy impactantes, y que nunca sabés cómo se pueden llegar a resolver.
La redención para este arco argumental viene por dos lugares distintos. Primero: estirada y todo, hay una trama fuerte y se resuelve de modo sorprendente. El trágico fin del grupo conocido como FG-3 está muy bien orquestado, abre puntas muy interesantes y plantea un dilema (vinculado a los seres con superpoderes) que dificilmente puedan plantear los autores que abordan el género superheroico desde un ángulo más careta, o más tradicional. Y segundo (y principal): todo lo que pasa afecta MUCHO a uno de los protagonistas. Sin dudas, lo mejor del tomo llega en el epílogo, cuando Bendis nos revela (en siete páginas brillantes) cómo afectaron a Christian Walker las cosas que pasaron y las decisiones que lo vimos tomar. Pobre Deena Pilgrim, está prácticamente de adorno durante toda la saga. Apenas si logra mechar un par de sus frases ingeniosas y habitualmente muy guarangas. Esta vez, Bendis se las ingenia para que toda esta bola de misterio, violencia y muerte le detone en la cara a Walker, el ex-supehéroe convertido en cana, y habrá que ver cómo se da vuelta la torta para que la serie recupere su status quo, porque el sacudón que recibe Christian tiene pasta de definitivo. Lo cierto es que, si imaginamos una versión resumida, sin toda esa perorata al pedo que no va a ningún lado, tenemos un excelente arco argumental, jugado, original, y muy importante en el desarrollo de la serie.
El dibujo de Oeming... está un poquito más raro, más desparejo. Tiene viñetas colosales y otras en las que se lo ve muy deforme, muy grotesco. Acá estrena colorista nuevo (Peter Pentazis), y se encuentra con toda una serie de efectos de iluminación, brillitos y texturas que antes no estaban y que le cambian bastante la impronta visual a la serie. La narrativa también tiene sus problemas, sobre todo en esas páginas dobles llenas de viñetas, en la que no está muy claro cuándo hay que bajar la vista para pasar a la segunda tira de cuadros. Como siempre, Oeming repite dibujos a lo pavote y no mezquina esfuerzos a la hora de dibujar fondos. Esta vez, no sé por qué, lo toleré más de lo que lo disfruté. Por ahí al ser una historia tan dark y tan truculenta, se achicó el margen para jugar con la estética cartoon que Oeming heredó de los creadores de Batman: The Animated Series. Lo cierto es que, si bien hay dibujos excelentes, el conjunto no me terminó de cerrar.
Al final, no sé si seguir adelante con Powers o si colgarla acá. Si la cuelgo, me quedo con un final triste, amargo, como el que tuvo ayer la novela de IndeBendiente. Y con un personaje (Deena) apenas explorado, al que nunca vi rozar siquiera su verdadero potencial. Veremos qué onda. Supongo que si veo baratos los TPBs que me faltan no me voy a resistir. Y si no, mala leche: si en cuatro tomos Bendis y Oeming no lograron sumarme a los fans incondicionales de la serie, por algo será. O como decían los fachos en los ´70, “algo habrán hecho”...

miércoles, 8 de mayo de 2013

08/ 05: POWERS Vol.3

Retomo esta serie que tenía abandonada hace más de 10 años. Me acordaba poco: que los protagonistas eran un tipo y una mina policías, que investigaban asesinatos en un mundo tipo Astro City, donde los superhéroes son cosa de todos los días, y que capaz que uno de ellos dos tenía superpoderes, aunque no los blanqueaba. Por suerte, no hacía falta recordar nada más para entender lo que pasa en este tomo.
Por desgracia, lo que pasa en este tomo es UN DESASTRE, una garcha, una tomadura de pelo. El libro arranca con un arco de tres episodios que se podría haber contado en uno, y que encima... no se resuelve! En el medio de la investigación, cuando Deena y Christian parecen haber encontrado a la testigo clave, la historia se interrumpe y queda ahí, trunca. Me salteo una historia a la que le quiero dedicar un próximo párrafo y llego a las 13 páginas de la historia titulada The Shark, una anécdota sumamente nimia e intrascendente, aunque hábilmente estirada por Brian Michael Bendis con los diálogos. Después, un montón de páginas que no son historietas, sino largos textos que fingen ser la transcripción de un juicio oral, intercalados con ilustraciones en blanco y negro de Michael Avon Oeming. Un juicio oral es aburrido incluso si te lo cuentan en forma de historieta... imaginate una transcripción en formato “solo texto”. A dormir al tercer párrafo.
Lo que le sigue es aún más ladri: 20 páginas en blanco y negro que fingen ser un librito para que los chicos coloreen, dibujen y resuelvan acertijos, laberintos y boludeces varias. De verdad! Los dibujos de Oeming mínimamente la reman, pero es un choreo a mano armada, mal. De ahí nos vamos a Mall Outing, la primera historieta que hicieron juntos Bendis y Oeming, para un especial de Jinx. Son cuatro paginitas, nomás, muy bien dibujadas y con un guión totalmente predecible y efectista, sin más intención que la de impactar a como dé lugar. Y para el final, bocetos de Oeming, portadas y una muy buena entrevista a Bendis, realizada por Alex Hamby.
Y me queda para rescatar Ride Along, la historieta de 25 páginas en las que Christian Walker comparte el protagonismo con... Warren Ellis! El eximio guionista del mundo real se mete en una ficción y durante las primeras 10 páginas la rompe con unos diálogos brillantes, en los que baja línea a ocho manos acerca de la industria del comic yanki, su desmesurada dependencia de los superhéroes y demás tópicos espinosos en los que coincido 100% con Ellis (y sospecho que Bendis también, aunque no le convenga blanquearlo). Pero claro, en las 15 páginas restantes se supone que tiene que pasar algo y ahí, como el resto del tomo, Ride Along se sumerge de a poquito en el pantano de la intrascendencia, sin la más remota chance de que uno se enganche con lo que le está por suceder a los personajes.
¿Por qué uno no pide demasiadas veces que esto se termine rápido? Primero, por lo ya mencionado: la habilidad de Bendis para pilotear con buenos diálogos estas historias más estiradas y con menos fundamento que las cautelares que benefician a Clarín y La Nación. Y segundo, la muy buena labor de Oeming al frente de la faz gráfica, con un estilo lindo, suelto, sin estridencias ni virtuosismos, muy jugado a la narrativa, a controlar obsesivamente los tiempos del relato mediante jueguitos con los tamaños de las viñetas, la reiteración de fondos y personajes, etc. Por supuesto, Oeming se luce mucho en esos dibujos que hacen las veces de fotos en ese episodio que quiere parecerse a una revista, y en esas ilustraciones en blanco y negro que fingen ser retratos de los implicados en el juicio oral. Liberado de los abundantes diálogos que mete Bendis y de la grilla de 146.000 viñetas por página, el dibujante aprovecha para pelar, para zarparse, para divertirse. Y está muy bien si no fuera porque uno pretendía leer buenas historietas, no mirar buenos dibujos.
Menos mal que tengo ya comprado el Vol.4 y menos mal que tengo mucha fe, casi la certeza de que esto va a repuntar. Si no, te juro que colgaba la serie acá y a la mierda Powers.