Mostrando entradas con la etiqueta Legion of Superheroes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Legion of Superheroes. Mostrar todas las entradas
miércoles, 7 de septiembre de 2022
DE NUEVO AL RUEDO
Costó encontrar un rato para escribir las reseñas, pero bueno, acá estamos, en la previa a un nuevo viaje a Córdoba para una nueva edición de Docta Comics.
Empiezo con un integral en tapa dura que trae todo el material de Sam Pezzo realizado por el maestro Vittorio Giardino entre 1978 (sí, a mí también me sorprendió que las primeras historias fueran tan antiguas) y 1983. Allá por el 28/11/13 vimos un álbum de Sam Pezzo, que está incluido en este masacote, y me acuerdo que el guion no me había convencido demasiado, principalmente por la sobrecarga de elementos, peripecias y giros argumentales que incorporaba Giardino en una cantidad de páginas relativamente pequeña. Eso se repite a lo largo de todo este tomo: las historias están muy comprimidas, no dan respiro y por momentos agobian al lector con la cantidad de cosas que pasan en 30 ó 35 páginas. No todos los guiones me parecieron flojos, hay un par que realmente funcionan bien... pero seguramente funcionarían mejor con seis u ocho páginas más para que haya pausas, o momentos para bajar un cambio, reflexionar, contemplar, esas cosas que normalmente suceden en las novelas de género hard boiled que inspiraron a Sam Pezzo, pero acá brillan por su ausencia.
Giardino trae todos los tópicos del policial negro yanki a una ciudad que no nombra, pero que claramente es italiana. Así, a la figura del detective que investiga casos turbios (no muy distintos de los que unos años antes investigara Alack Sinner), se suma la sombra de una violencia urbana que a fines de los ´70 estaba muy presente en una Italia dominada por las mafias y por conflictos políticos muy picantes. Entre una cosa y otra, estas historietas desparraman cadáveres a diestra y siniestra y naturalizan totalmente el hecho de que haya tiroteos en cualquier lado y a cualquier hora. Por supuesto Giardino se para del lado correcto de la grieta, y si bien Pezzo no es un héroe ni un personaje particularmente virtuoso, el rol de los villanos suele recaer (como en Alack Sinner) en personajes acomodados, casi siempre elitistas.
Es impresionante lo mucho y lo rápido que evoluciona el dibujo de Giardino. En las primeras historias no opone mayor resistencia a la poderosa influencia de José Muñoz, o incluso a la de Chester Gould, porque puebla estas aventuras de freaks deformes y contrahechos. Gradualmente se calma un poco, y si bien no abandona el uso de abundantes masas negras, estiliza mucho más a los personajes, mientras experimenta una mejora en el manejo de los fondos y el rotulado que va claramente para el lado de Hergé y Edgar-Pierre Jacobs.
Sam Pezzo es una historieta muy de su época, que hoy, comparada con obras más recientes de Vittorio Giardino, se ve bastante precaria. Pero tiene ese atractivo: el de permitirnos constatar cómo el ídolo empieza bien de atrás y evoluciona a pasos agigantados hasta convertirse en un maestro del blanco y negro, el dibujo realista y un grafismo en el que conviven Muñoz, Hergé, Guido Crépax, Milo Manara y varios más de los maestros que marcaban el pulso del comic europeo a principios de los ´80.
Salto brutal a Estados Unidos, años 2000 y 2001, cuando Dan Abnett y Andy Lanning, tras ponerle fin a dos colecciones mensuales de la Legion of Super-Heroes, relanzan al clásico grupo (en su versión post-Zero Hour) en una maxiserie de 12 episodios titulada Legion Lost. Una historia extrema, bastante jugada, a la que por ahí le sobran un par de episodios, pero que me volvió a impactar como cuando la leí por primera vez hace 20 años... y eso que sabía quién moría, quién era el villano encubierto... Los guionistas británicos no solo orquestan una saga grandilocuente y pensada para redefinir al grupo de jóvenes paladines del Siglo XXI, sino que además demuestran un muy buen manejo de personajes que no crearon ellos. Al trabajar sobre una cantidad reducida de Legionarios, todos tienen su oportunidad de lucirse y de desarrollarse. Por ahí Chameleon es quien menos se modifica (mirá qué ironía, un cambiaformas que se resiste al cambio) a lo largo de la historia, pero el resto sin dudas sale de esta ordalía bastante distinto de como entró.
Abnett y Lanning juegan fuerte con los conceptos de ciencia ficción que les habilita el hecho de tener una serie ambientada mil años en el futuro. Por más comics de la Legion que hayas leído, Legion Lost transmite todo el tiempo sentís la sensación de que puede pasar cualquier cosa, y eso probablemente sea lo mejor que tiene la obra. La movida de los británicos de meterle un tono más oscuro a la Legion funcionó, y dio pie a una serie que duró bastante. Parte del gancho tiene que ver con que Legion Lost tuvo como principal dibujante a Olivier Coipel, quien la había roto toda en los últimos números de la serie que precedió a este relanzamiento. Coipel le pone todo a la creación de bichos alienígenas y se nota que disfruta muchísimo las escenas de acción. Los trajes, las armas y los rostros de los personajes también están muy bien logrados. El problema son los fondos. O en realidad, la cantidad de páginas en las que Coipel no te dibuja un puto fondo ni por accidente. Dale, flaco... media pila. Sos francés, a los dibujantes franceses les queman la cabeza para que se maten con los fondos... Alguno, aunque sea para engañar al lector, tenés que dibujar, aunque labures para EEUU. Los números que no dibuja Olivier los saca con jerarquía otro dibujante francés, Pascal Alixe, que también me gusta mucho y que se rompe un poquito más el culo para que de vez en cuando haya un fondo atrás de los personajes. Fuera de ese detalle, este es un comic de superhéroes fuerte, que no perdió vigencia 20 años después, y que por ahí quedó perdido entre tantos relanzamientos fallido de la Legion pero en aquel entonces fue realmente importante, por lo menos para los fans del clásico grupo de DC.
Y termino con un comic argentino reciente, también repleto de conceptos de ciencia ficción, ambientado en una galaxia remota y con una notable escasez de fondos (parece la cuenta bancaria de una empresa quebrada). Galathea es una creación de Lucas Gutiérrez, quien escribe casi todas las historias que integran este librito, colorea todas y dibuja solo algunas. También hay unas cuantas páginas muy bien dibujadas por Fernando Calvi (a quien la paleta de Gutiérrez complementa a la perfección) y breves colaboraciones de Juan Caminador, Nicolás Brondo y Leo Sandler.
Las aventuras de Galathea son sencillas, el conflicto que las motoriza se reitera varias veces en pocas páginas, y en todo caso el atractivo pasa por la acción, por el desarrollo de personajes y por la construcción de un mundo que seguramente Gutiérrez y sus colaboradores tienen pensado seguir explorando en futuras entregas. Por ahora es una aventura bastante clásica, muy en la línea Star Wars, a la que le falta un poco de complejidad y sobre todo más trabajo en los fondos.
Nada más, por ahora. Tengo leído otro libro, pero no me queda tiempo para escribir la reseña (anticipo: es un LIBRAZO). Gracias por el aguante y nos vemos en Docta Comics.
viernes, 22 de julio de 2016
22/07: SHOWCASE PRESENTS LEGION OF SUPERHEROES Vol.5
Hoy, otra reseña “de las de antes” para comentar este mega-masacote de 520 páginas que me bajé de a puchitos durante esa semana que pasé en España.
Allá por un lejano 26 de Enero de 2011, con el tomo anterior enfrente, yo decía que había que “bancar mínimo un tomo más para que las historias y los dibujos dejen de oler a naftalina”. Ahora lo confirmo, con más convicción. Esta es la etapa de clara transición entre un Vol.4 anticuado y bastante pavote y un Vol.6 que, el día que salga, le va a dejar claro a más de uno por qué la Legion of Super-Heroes de los ´70 era un título más que interesante. Este tomo arranca con las últimas historias en las que la Legion ocupa los back-ups de la revista de Superboy, que a partir de su n°197 pasa a llamarse Superboy and the Legion of Super-Heroes. Y ya está, se acaban (por unos cuantos años) las aventuras solistas del único personaje realmente detestable que tiene esta serie, que es esa absurda versión juvenil del Hombre de Acero, seguramente la peor idea en las extensas carreras de Jerry Siegel y Joe Shuster.
El guionista principal de esta etapa es Cary Bates, quien muy de a poquito empieza a plantear historias más intrincadas, con giros menos predecibles. Para el n°209, Bates comenzará a alternarse con Jim Shooter, que regresa más maduro, con ganas de contar historias distintas a las que vimos en el Vol.4. El gigante de Pittsburgh será quien aporte las mejores historias del tomo al introducir dilemas éticos más jodidos, temas vinculados a la realidad de los lectores (la discriminación racial, por ejemplo) y toques de personalidad un poquito más marcados en algunos legionarios. No te digo que todo sea genial, ni siquiera que todo sea legible, pero se notan las intenciones tanto de Bates como de Shooter de ir llevando de a poco a esta serie hacia algo que pudiera emocionar ya no a los pibes de 10 años de 1968, sino a los adolescentes de 1976.
Un gran impulsor de esta transición es el maestro Dave Cockrum, quien aportó a la serie un dibujo más moderno, sin la estridencia de un Jack Kirby o un John Buscema, pero con una cierta sensibilidad marveliana que ayudó muchísimo a sacudirle la herrumbe a la Legion. Después de rediseñar el cuartel, las naves, los trajes de casi todos los miembros y participar en la creación de uno de los más grossos (Wildfire), Cockrum dejó la serie tras el n°203. Era el momento de un dibujante todavía más radical, más extremo, el primero en dejar de dibujar a los legionarios con caras de nene y meterles patillas o pelo largo a los varones y trajes todavía más escuetos a las chicas: Mike Grell venía a romperla y se quedará en el Siglo XXX muchos números, para beneplácito de los fans de la acción más extrema, los ceños fruncidos y los dientes apretados. Por momentos, esta impronta más violenta y más oscura de Grell va a contrastar con el tinte más ingenuo de los guiones, pero en general el aporte de “Iron Mike” será fundamental para terminar de lavarle la cara a la Legion y salir a conquistar nuevos fans.
Este Showcase llega hasta el n°220 de SATLOSH y si sos fan de la serie es importantísimo, porque acá vas a ver hitos como la boda de Bouncing Boy y Duo Damsel, la muerte de Invisible Kid, la aparición de Wildfire, la renuncia de Matter Eater Lad y el viaje de Karate Kid al Siglo XX, donde protagonizaría una serie “solista” pensada para colgarse de las tetas del boom de las artes marciales que sacudió a EEUU a mediados de los ´70. Obviamente falta mucho en materia de desarrollo de personajes y hay muchos argumentos que se tiran literalmente a la marchanta para cumplir la imposición de que cada número ofrezca una o dos historias completas. Pero comparado con el material de los ´60, esto es jugadísimo. Long Live the Legion!
Allá por un lejano 26 de Enero de 2011, con el tomo anterior enfrente, yo decía que había que “bancar mínimo un tomo más para que las historias y los dibujos dejen de oler a naftalina”. Ahora lo confirmo, con más convicción. Esta es la etapa de clara transición entre un Vol.4 anticuado y bastante pavote y un Vol.6 que, el día que salga, le va a dejar claro a más de uno por qué la Legion of Super-Heroes de los ´70 era un título más que interesante. Este tomo arranca con las últimas historias en las que la Legion ocupa los back-ups de la revista de Superboy, que a partir de su n°197 pasa a llamarse Superboy and the Legion of Super-Heroes. Y ya está, se acaban (por unos cuantos años) las aventuras solistas del único personaje realmente detestable que tiene esta serie, que es esa absurda versión juvenil del Hombre de Acero, seguramente la peor idea en las extensas carreras de Jerry Siegel y Joe Shuster.
El guionista principal de esta etapa es Cary Bates, quien muy de a poquito empieza a plantear historias más intrincadas, con giros menos predecibles. Para el n°209, Bates comenzará a alternarse con Jim Shooter, que regresa más maduro, con ganas de contar historias distintas a las que vimos en el Vol.4. El gigante de Pittsburgh será quien aporte las mejores historias del tomo al introducir dilemas éticos más jodidos, temas vinculados a la realidad de los lectores (la discriminación racial, por ejemplo) y toques de personalidad un poquito más marcados en algunos legionarios. No te digo que todo sea genial, ni siquiera que todo sea legible, pero se notan las intenciones tanto de Bates como de Shooter de ir llevando de a poco a esta serie hacia algo que pudiera emocionar ya no a los pibes de 10 años de 1968, sino a los adolescentes de 1976.
Un gran impulsor de esta transición es el maestro Dave Cockrum, quien aportó a la serie un dibujo más moderno, sin la estridencia de un Jack Kirby o un John Buscema, pero con una cierta sensibilidad marveliana que ayudó muchísimo a sacudirle la herrumbe a la Legion. Después de rediseñar el cuartel, las naves, los trajes de casi todos los miembros y participar en la creación de uno de los más grossos (Wildfire), Cockrum dejó la serie tras el n°203. Era el momento de un dibujante todavía más radical, más extremo, el primero en dejar de dibujar a los legionarios con caras de nene y meterles patillas o pelo largo a los varones y trajes todavía más escuetos a las chicas: Mike Grell venía a romperla y se quedará en el Siglo XXX muchos números, para beneplácito de los fans de la acción más extrema, los ceños fruncidos y los dientes apretados. Por momentos, esta impronta más violenta y más oscura de Grell va a contrastar con el tinte más ingenuo de los guiones, pero en general el aporte de “Iron Mike” será fundamental para terminar de lavarle la cara a la Legion y salir a conquistar nuevos fans.
Este Showcase llega hasta el n°220 de SATLOSH y si sos fan de la serie es importantísimo, porque acá vas a ver hitos como la boda de Bouncing Boy y Duo Damsel, la muerte de Invisible Kid, la aparición de Wildfire, la renuncia de Matter Eater Lad y el viaje de Karate Kid al Siglo XX, donde protagonizaría una serie “solista” pensada para colgarse de las tetas del boom de las artes marciales que sacudió a EEUU a mediados de los ´70. Obviamente falta mucho en materia de desarrollo de personajes y hay muchos argumentos que se tiran literalmente a la marchanta para cumplir la imposición de que cada número ofrezca una o dos historias completas. Pero comparado con el material de los ´60, esto es jugadísimo. Long Live the Legion!
Etiquetas:
Cary Bates,
Dave Cockrum,
DC,
Jim Shooter,
Legion of Superheroes,
Mike Grell
viernes, 27 de junio de 2014
27/ 06: LEGION OF SUPER-HEROES Vol.3
Tarde pero seguro, conseguí el tomo que me faltaba para completar esta colección que me había quedado trunca allá por el 17/04/13.
Después del final cataclísmico del tomo anterior, lógicamente para este se imponía una escala menor, con conflictos más chiquitos, con menos cosas en juego. Mark Waid se ajusta perfectamente a este cambio de ritmo. Los primeros dos episodios son básicamente un epílogo de la saga anterior, en la que se exploran algunas consecuencias y repercusiones de lo que sucedió en el Vol.2. Y después tenemos tres episodios con mínima machaca, centrados en la llegada al Siglo XXXI de Supergirl, quien rápidamente se unirá al grupo protagónico. A través de estas páginas avanzan, lentamente y por atrás de la trama central, puntitas de argumentos que Waid siembra para cosechar en episodios futuros. Y por supuesto, queda mucho espacio para trabajar más a fondo la caracterización de todos estos personajes y explicar mejor cómo funciona este Siglo XXXI que (nos enteraremos más adelante) no pertenece al mismo universo que la mayoría de los superhéroes de DC.
Lo mejor llega al final del libro, con un unitario centrado en Chamaleon Boy en tono de enigma policial, con la escena de un crimen en una habitación cerrada (tópico clásico de este género), investigación, deducción y un villano sorpresa que re-daba para convertirse en enemigo recurrente de la Legión. Mucha inteligencia y mucha originalidad para tan pocas páginas. Y a modo de epílogo, este libro trae páginas originalmente aparecidas en varios números anteriores de la revista, en la que los propios legionarios responden las cartas de los lectores (es decir, los fans que compraban la revista en el mundo real) en forma de historieta. Un truco muy ingenioso de Waid para darle onda a las respuestas, que contó con la complicidad de su co-equiper Barry Kitson y de algunos dibujantes invitados, entre los que se destaca Amanda Conner. Por supuesto, son meta-historietas, en las que los personajes rompen la cuarta pared para hablarle a los lectores, explicar puntos oscuros de los guiones, exigirle al propio Waid que rectifique algún error, discutir acerca de la continuidad y contar cómo es el proceso de colaboración entre Waid y Kitson, obviamente en son de joda, con muchos chistes y mucha cancha.
El ya mencionado Barry Kitson no dibuja todos los números, pero reafirma su condición de dibujante titular de esta serie con un buen número de páginas y con esa notable (porque se nota mucho) sintonía con Mark Waid, compañero de muchas batallas. Acá se nota el esfuerzo por parte de Kitson por corregir las falencias que veíamos la vez pasada: se esmera tanto en las expresiones faciales que por momentos parece un imitador de Kevin Maguire. También se nota que alguien le explicó que Supergirl está ahí para levantar no sólo las ventas, sino también las “carpas” de los lectores y Kitson se mata para que su Kara sea tan sexy como la que aparecía en su propia revista. El resto, todo impecable, como siempre, con la gran solvencia narrativa típica del inglés y con su talento para componer viñetas muy complejas, con muchísimos personajes, fondos, multitudes, tecnología del futuro, etc.
Lamentablemente, el libro no especifica qué páginas de las que no dibuja Kitson son obra de cada uno de los suplentes, pero yo supongo que casi todas son de Adam De Kraker o de Ken Lashley y ninguno de los dos me convence. Ya destacamos a Amanda Conner por su aporte a las páginas en que los legionarios contestan las cartas de los lectores... y no hay mucho más para decir sobre la faz gráfica de este TPB.
Cierro acá, entonces, mi paseo por este Siglo XXXI en el que Mark Waid y Barry Kitson se jugaron a rebootear EN SERIO a la Legion, y a meterle un montón de conceptos tan atractivos como difíciles de bancar en el largo plazo. Será por eso que antes de llegar al número 40 la serie ya había cambiado de autores y de dirección, y que luego sería explicada como perteneciente a un universo paralelo, despegado del DCU titular. A partir de 2009, el foco se desplazaría hacia OTRA Legion, mucho más en sintonía con la clásica, la de la continuidad pre-Crisis, y esta sería prácticamente barrida abajo de la alfombra. Por suerte, más allá de los manoseos editoriales, quedan seis libros muy disfrutables, hoy y dentro de mil años.
Después del final cataclísmico del tomo anterior, lógicamente para este se imponía una escala menor, con conflictos más chiquitos, con menos cosas en juego. Mark Waid se ajusta perfectamente a este cambio de ritmo. Los primeros dos episodios son básicamente un epílogo de la saga anterior, en la que se exploran algunas consecuencias y repercusiones de lo que sucedió en el Vol.2. Y después tenemos tres episodios con mínima machaca, centrados en la llegada al Siglo XXXI de Supergirl, quien rápidamente se unirá al grupo protagónico. A través de estas páginas avanzan, lentamente y por atrás de la trama central, puntitas de argumentos que Waid siembra para cosechar en episodios futuros. Y por supuesto, queda mucho espacio para trabajar más a fondo la caracterización de todos estos personajes y explicar mejor cómo funciona este Siglo XXXI que (nos enteraremos más adelante) no pertenece al mismo universo que la mayoría de los superhéroes de DC.
Lo mejor llega al final del libro, con un unitario centrado en Chamaleon Boy en tono de enigma policial, con la escena de un crimen en una habitación cerrada (tópico clásico de este género), investigación, deducción y un villano sorpresa que re-daba para convertirse en enemigo recurrente de la Legión. Mucha inteligencia y mucha originalidad para tan pocas páginas. Y a modo de epílogo, este libro trae páginas originalmente aparecidas en varios números anteriores de la revista, en la que los propios legionarios responden las cartas de los lectores (es decir, los fans que compraban la revista en el mundo real) en forma de historieta. Un truco muy ingenioso de Waid para darle onda a las respuestas, que contó con la complicidad de su co-equiper Barry Kitson y de algunos dibujantes invitados, entre los que se destaca Amanda Conner. Por supuesto, son meta-historietas, en las que los personajes rompen la cuarta pared para hablarle a los lectores, explicar puntos oscuros de los guiones, exigirle al propio Waid que rectifique algún error, discutir acerca de la continuidad y contar cómo es el proceso de colaboración entre Waid y Kitson, obviamente en son de joda, con muchos chistes y mucha cancha.
El ya mencionado Barry Kitson no dibuja todos los números, pero reafirma su condición de dibujante titular de esta serie con un buen número de páginas y con esa notable (porque se nota mucho) sintonía con Mark Waid, compañero de muchas batallas. Acá se nota el esfuerzo por parte de Kitson por corregir las falencias que veíamos la vez pasada: se esmera tanto en las expresiones faciales que por momentos parece un imitador de Kevin Maguire. También se nota que alguien le explicó que Supergirl está ahí para levantar no sólo las ventas, sino también las “carpas” de los lectores y Kitson se mata para que su Kara sea tan sexy como la que aparecía en su propia revista. El resto, todo impecable, como siempre, con la gran solvencia narrativa típica del inglés y con su talento para componer viñetas muy complejas, con muchísimos personajes, fondos, multitudes, tecnología del futuro, etc.
Lamentablemente, el libro no especifica qué páginas de las que no dibuja Kitson son obra de cada uno de los suplentes, pero yo supongo que casi todas son de Adam De Kraker o de Ken Lashley y ninguno de los dos me convence. Ya destacamos a Amanda Conner por su aporte a las páginas en que los legionarios contestan las cartas de los lectores... y no hay mucho más para decir sobre la faz gráfica de este TPB.
Cierro acá, entonces, mi paseo por este Siglo XXXI en el que Mark Waid y Barry Kitson se jugaron a rebootear EN SERIO a la Legion, y a meterle un montón de conceptos tan atractivos como difíciles de bancar en el largo plazo. Será por eso que antes de llegar al número 40 la serie ya había cambiado de autores y de dirección, y que luego sería explicada como perteneciente a un universo paralelo, despegado del DCU titular. A partir de 2009, el foco se desplazaría hacia OTRA Legion, mucho más en sintonía con la clásica, la de la continuidad pre-Crisis, y esta sería prácticamente barrida abajo de la alfombra. Por suerte, más allá de los manoseos editoriales, quedan seis libros muy disfrutables, hoy y dentro de mil años.
Etiquetas:
Barry Kitson,
DC,
Legion of Superheroes,
Mark Waid
miércoles, 17 de abril de 2013
17/ 04: LEGION OF SUPER-HEROES Vol.2
Hora de retomar esta serie, cuyo Vol.1 comentamos el 8 de Marzo de este año. Recomiendo repasar esa reseña y después arrancar con esta. ¿Ya está? Bien.
Por suerte, Mark Waid no me decepcionó. No me reveló que el villano grosso de estos dos tomos en realidad era un esbirro de Universo, del Time Trapper o de algún otro villano de la Legión clásica. Bancó el concepto de “esto es todo nuevo y distinto” durante 13 episodios y eso es digno de aplauso. En el tomo anterior, Waid ponía en práctica la “táctica 1”: cuatro defensores, tres volantes, enganche y dos delanteros. No, perdón... varias historias menores, resueltas por sub-grupos de legionarios, atravesadas por un plot muy grosso que va por atrás y del que sólo vislumbramos la puntita. En este tomo, va por la “táctica 2”: conflicto heavy metal, manifiesto desde el principio, que se resuelve al final y no deja espacio para conflictos menores. El clásico esquema de todas las sagas épicas de los comics de super-grupos. Sólo porque Waid es un grande, la lucha a todo o nada contra Praetor Lemnos deja espacio para que crezca (se agigante) el desarrollo de los personajes. En este tomo pasan tantas cosas, y de modo tan atrapante, que si no hubiera caracterización, serían pocos los que lo notarían.
Es muy loco como, incluso cuando sabés de antemano que van a ganar los buenos, la lectura se hace tan tensa, te aprieta tanto los huevos y te hace casi imposible soltar el libro hasta que llegás al final. Me queda muy claro que Waid armó una cuidadísima planificación escena por escena de toda la saga, con mucha atención al ritmo, a la dosificación de la data, de las sorpresas (porque hay más de un giro argumental totalmente inesperado) y de la machaca, que tiene un poquito más de peso que en el Vol.1. El plan del villano no es una genialidad, pero el propio Lemnos, a través de diálogos y escenitas muy gancheras, cosecha chapa más que suficiente como para convertirse en una amenaza creíble y –por ende- temible. Aunque claro, cuando enfrente tenés a tanto pibe (y piba) mega-poderoso, los momentos en que más negras se las ve la Legion es cuando se pelean entre ellos. El cisma, la “civil war entre los buenos” es un truco gastado, generalmente anodino, que no sirve más que para rellenar páginas; esta vez, sorprendentemente, el choque entre las dos facciones de legionarios (la de Cosmic Boy vs. la de Brainiac-5) se percibe como algo necesario, sano, importante (si no imprescindible) para que la serie pueda seguir su curso. Bien por Waid, al que le salen bien varias jugadas difíciles.
La gran mayoría del tomo tiene al frente de la faz gráfica al siempre correcto Barry Kitson, compañero de Waid en muchas otras aventuras. Kitson es un narrador de gran solidez, al que no vas a ver tropezar en el armado de las secuencias, ni siquiera cuando el relato exige contar varias historias en paralelo, y que encima parece disfrutar cuando el guión le pide que en una misma viñeta meta chotocientos mil personajes distintos. El punto flojo de Kitson (lo vimos la vez pasada) son las expresiones faciales, un rubro en el que maneja un repertorio más acotado que el margen de Brindisi en Independiente. Los tres dibujantes invitados, Kevin Sharpe, Georges Jeanty y Ken Lashley, juegan todos a lo mismo: a hacerse los cool, para aprovechar que están en un título donde los protagonistas son chonguitos y minitas jóvenes, de indisimulable atractivo físico. Ninguno narra mejor que Kitson, pero los tres laburan mejor las expresiones faciales y tratan de encontrar una estética más plástica, más suelta. Algunos se acercan más y otros parecen clones mediocres de Carlos Pacheco, o de algún dibujante segundón de WildStorm. Igual suma que haya un poquito de variedad, que no sea todo monocorde.
Sin ser una joya fundamental dentro de su género, la Legion of Super-Heroes de Waid y Kitson supo sacarle mucho jugo al contexto en el que está situada, crear tramas de alto impacto y mucha tensión, y sobre todo desarrollar y explicar muy bien a un elenco numeroso y atractivo. Me falta el Vol.3 para completar la colección, así que si lo consigo barato, tendrá también su reseña.
Por suerte, Mark Waid no me decepcionó. No me reveló que el villano grosso de estos dos tomos en realidad era un esbirro de Universo, del Time Trapper o de algún otro villano de la Legión clásica. Bancó el concepto de “esto es todo nuevo y distinto” durante 13 episodios y eso es digno de aplauso. En el tomo anterior, Waid ponía en práctica la “táctica 1”: cuatro defensores, tres volantes, enganche y dos delanteros. No, perdón... varias historias menores, resueltas por sub-grupos de legionarios, atravesadas por un plot muy grosso que va por atrás y del que sólo vislumbramos la puntita. En este tomo, va por la “táctica 2”: conflicto heavy metal, manifiesto desde el principio, que se resuelve al final y no deja espacio para conflictos menores. El clásico esquema de todas las sagas épicas de los comics de super-grupos. Sólo porque Waid es un grande, la lucha a todo o nada contra Praetor Lemnos deja espacio para que crezca (se agigante) el desarrollo de los personajes. En este tomo pasan tantas cosas, y de modo tan atrapante, que si no hubiera caracterización, serían pocos los que lo notarían.
Es muy loco como, incluso cuando sabés de antemano que van a ganar los buenos, la lectura se hace tan tensa, te aprieta tanto los huevos y te hace casi imposible soltar el libro hasta que llegás al final. Me queda muy claro que Waid armó una cuidadísima planificación escena por escena de toda la saga, con mucha atención al ritmo, a la dosificación de la data, de las sorpresas (porque hay más de un giro argumental totalmente inesperado) y de la machaca, que tiene un poquito más de peso que en el Vol.1. El plan del villano no es una genialidad, pero el propio Lemnos, a través de diálogos y escenitas muy gancheras, cosecha chapa más que suficiente como para convertirse en una amenaza creíble y –por ende- temible. Aunque claro, cuando enfrente tenés a tanto pibe (y piba) mega-poderoso, los momentos en que más negras se las ve la Legion es cuando se pelean entre ellos. El cisma, la “civil war entre los buenos” es un truco gastado, generalmente anodino, que no sirve más que para rellenar páginas; esta vez, sorprendentemente, el choque entre las dos facciones de legionarios (la de Cosmic Boy vs. la de Brainiac-5) se percibe como algo necesario, sano, importante (si no imprescindible) para que la serie pueda seguir su curso. Bien por Waid, al que le salen bien varias jugadas difíciles.
La gran mayoría del tomo tiene al frente de la faz gráfica al siempre correcto Barry Kitson, compañero de Waid en muchas otras aventuras. Kitson es un narrador de gran solidez, al que no vas a ver tropezar en el armado de las secuencias, ni siquiera cuando el relato exige contar varias historias en paralelo, y que encima parece disfrutar cuando el guión le pide que en una misma viñeta meta chotocientos mil personajes distintos. El punto flojo de Kitson (lo vimos la vez pasada) son las expresiones faciales, un rubro en el que maneja un repertorio más acotado que el margen de Brindisi en Independiente. Los tres dibujantes invitados, Kevin Sharpe, Georges Jeanty y Ken Lashley, juegan todos a lo mismo: a hacerse los cool, para aprovechar que están en un título donde los protagonistas son chonguitos y minitas jóvenes, de indisimulable atractivo físico. Ninguno narra mejor que Kitson, pero los tres laburan mejor las expresiones faciales y tratan de encontrar una estética más plástica, más suelta. Algunos se acercan más y otros parecen clones mediocres de Carlos Pacheco, o de algún dibujante segundón de WildStorm. Igual suma que haya un poquito de variedad, que no sea todo monocorde.
Sin ser una joya fundamental dentro de su género, la Legion of Super-Heroes de Waid y Kitson supo sacarle mucho jugo al contexto en el que está situada, crear tramas de alto impacto y mucha tensión, y sobre todo desarrollar y explicar muy bien a un elenco numeroso y atractivo. Me falta el Vol.3 para completar la colección, así que si lo consigo barato, tendrá también su reseña.
Etiquetas:
Barry Kitson,
DC,
Legion of Superheroes,
Mark Waid
viernes, 8 de marzo de 2013
08/ 03: LEGION OF SUPERHEROES Vol.1
Esta es una serie en la cual me enganché tarde, y leí (poco antes de empezar con el blog) la segunda mitad, es decir, los últimos tres tomos. Ahora conseguí los dos primeros, o sea que arranco a leerla sabiendo de antemano a dónde van a desembocar varios de los plots que Mark Waid y Barry Kitson empiezan a armar ya desde los primeros episodios. Por suerte me acuerdo poco de aquellos tres tomos...
Lo mejor que tiene este TPB es que es realmente introductorio. Cumple perfectamente con la consigna de mostrarle el mundo de la Legion al lector que no la conoce y de lograr que uno se cebe y quiera saber más sobre estos personajes. Esto es muy importante, porque se trata de un reboot de la Legion (conocido como “el threeboot”, porque inaugura una tercera continuidad), que barre abajo de la alfombra todo lo anterior y arranca de cero, en un universo donde lo que para nosotros eran historietas de la Legion, para los personajes también. Por otro lado, fracasa, porque –claramente- Waid sale a la cancha con el objetivo de que su Legion sea LA Legion del Siglo XXI y no, no duró ni cinco años.
Lo cierto es que la historia y los personajes están muy bien presentados. Hay cambios sutiles respecto de las versiones anteriores de casi todos los Legionarios, excelentes explicaciones y vueltas de tuerca para los poderes (sobre todo en Phantom Girl, Colossal Boy, Dream Girl y Triplicate Girl) y un giro muy extraño en rol mismo de la Legion: esta vez no son un grupo de superhéroes al servicio de los Planetas Unidos, sino un movimiento ideológico de rebeldía juvenil. Cualquier chico harto de una sociedad que pretende controlarlos demasiado, puede ser Legionario. Y si tiene poderes, puede entrar al equipo que va a las misiones. Es un concepto raro, arriesgado, y que Waid dejará gradualmente de lado para concentrarse en la faceta superheroica de la serie.
La fórmula es la de siempre, y aún así funciona: el guionista tira varias puntas, las va resolviendo de a una, y siempre por atrás del argumento central se desenvuelven y avanzan varias sub-tramas, y casi siempre se atisba el surgimiento de una nueva. En todos los episodios vemos a los Legionarios (casi siempre divididos en sub-grupitos) enfrentar crisis menores, mientras por los costados cobra forma una crisis mayor. Para la últimas páginas del tomo, la mano ya se pone espesa y queda bastante claro que el antagonista grosso va a ser Praetor Lemnos, un tipo intrigante, sumamente hábil, con muchísimos recursos y decidido a iniciar una guerra planetaria a gran escala. Responsable del genocidio que devasta a Orando (el planeta de la Princesa Projectra, pilar económico de los PU), Lemnos pinta para convertirse en un villano de primerísimo nivel... a menos que Waid tenga la pésima idea de revelarnos (en el Vol.2), que en realidad es un títere de algún villano de los clásicos, tipo Universo o el Time Trapper.
El dibujo de Barry Kitson es, como siempre, muy correcto. El británico y Waid se conocen muy bien (ya habían trabajado juntos en L.E.G.I.O.N. y en Empire) y eso se nota. Sin ser un fenómeno, Kitson se pone las pilas para deslumbrar con algunos fondos, se banca secuencias difíciles, con multitudes de personajes todos de distintos planetas y con distintas fisonomías, y en lo que generalmente deja gusto a poco es en las expresiones faciales, que son cuatro o cinco y se repiten siempre, en todos los personajes. El episodio que no dibuja Kitson cae en manos de Leonard Kirk (el de la JSA, siempre aburrido y del montón) y además hay dos dibujantes invitados que aportan breves historietas de 8 páginas: el ignoto (pero muy interesante) Scott Iwahashi y el maestro Dave Gibbons, apenitas por debajo de su mejor nivel.
No me queda muy claro por qué esta versión de la Legion fracasó, al punto que para el n° 37 viene Jim Shooter (!) a tratar de salvar las papas y barre abajo de la alfombra buena parte de lo desarrollado por Waid (y Tony Bedard, quien lo secunda en la última etapa). Por lo menos en el arranque, tenía una consigna novedosa, buenos personajes (impecables Brainiac 5, Dream Girl y Cosmic Boy), excelentes diálogos, buen equilibrio entre machaca y escenas más tranqui, y un dibujante no genial, pero muy competente y muy compenetrado con la propuesta. Prometo entrarle pronto al Vol.2, mientras trato de conseguir barato el Vol.3, así la completo.
Lo mejor que tiene este TPB es que es realmente introductorio. Cumple perfectamente con la consigna de mostrarle el mundo de la Legion al lector que no la conoce y de lograr que uno se cebe y quiera saber más sobre estos personajes. Esto es muy importante, porque se trata de un reboot de la Legion (conocido como “el threeboot”, porque inaugura una tercera continuidad), que barre abajo de la alfombra todo lo anterior y arranca de cero, en un universo donde lo que para nosotros eran historietas de la Legion, para los personajes también. Por otro lado, fracasa, porque –claramente- Waid sale a la cancha con el objetivo de que su Legion sea LA Legion del Siglo XXI y no, no duró ni cinco años.
Lo cierto es que la historia y los personajes están muy bien presentados. Hay cambios sutiles respecto de las versiones anteriores de casi todos los Legionarios, excelentes explicaciones y vueltas de tuerca para los poderes (sobre todo en Phantom Girl, Colossal Boy, Dream Girl y Triplicate Girl) y un giro muy extraño en rol mismo de la Legion: esta vez no son un grupo de superhéroes al servicio de los Planetas Unidos, sino un movimiento ideológico de rebeldía juvenil. Cualquier chico harto de una sociedad que pretende controlarlos demasiado, puede ser Legionario. Y si tiene poderes, puede entrar al equipo que va a las misiones. Es un concepto raro, arriesgado, y que Waid dejará gradualmente de lado para concentrarse en la faceta superheroica de la serie.
La fórmula es la de siempre, y aún así funciona: el guionista tira varias puntas, las va resolviendo de a una, y siempre por atrás del argumento central se desenvuelven y avanzan varias sub-tramas, y casi siempre se atisba el surgimiento de una nueva. En todos los episodios vemos a los Legionarios (casi siempre divididos en sub-grupitos) enfrentar crisis menores, mientras por los costados cobra forma una crisis mayor. Para la últimas páginas del tomo, la mano ya se pone espesa y queda bastante claro que el antagonista grosso va a ser Praetor Lemnos, un tipo intrigante, sumamente hábil, con muchísimos recursos y decidido a iniciar una guerra planetaria a gran escala. Responsable del genocidio que devasta a Orando (el planeta de la Princesa Projectra, pilar económico de los PU), Lemnos pinta para convertirse en un villano de primerísimo nivel... a menos que Waid tenga la pésima idea de revelarnos (en el Vol.2), que en realidad es un títere de algún villano de los clásicos, tipo Universo o el Time Trapper.
El dibujo de Barry Kitson es, como siempre, muy correcto. El británico y Waid se conocen muy bien (ya habían trabajado juntos en L.E.G.I.O.N. y en Empire) y eso se nota. Sin ser un fenómeno, Kitson se pone las pilas para deslumbrar con algunos fondos, se banca secuencias difíciles, con multitudes de personajes todos de distintos planetas y con distintas fisonomías, y en lo que generalmente deja gusto a poco es en las expresiones faciales, que son cuatro o cinco y se repiten siempre, en todos los personajes. El episodio que no dibuja Kitson cae en manos de Leonard Kirk (el de la JSA, siempre aburrido y del montón) y además hay dos dibujantes invitados que aportan breves historietas de 8 páginas: el ignoto (pero muy interesante) Scott Iwahashi y el maestro Dave Gibbons, apenitas por debajo de su mejor nivel.
No me queda muy claro por qué esta versión de la Legion fracasó, al punto que para el n° 37 viene Jim Shooter (!) a tratar de salvar las papas y barre abajo de la alfombra buena parte de lo desarrollado por Waid (y Tony Bedard, quien lo secunda en la última etapa). Por lo menos en el arranque, tenía una consigna novedosa, buenos personajes (impecables Brainiac 5, Dream Girl y Cosmic Boy), excelentes diálogos, buen equilibrio entre machaca y escenas más tranqui, y un dibujante no genial, pero muy competente y muy compenetrado con la propuesta. Prometo entrarle pronto al Vol.2, mientras trato de conseguir barato el Vol.3, así la completo.
Etiquetas:
Barry Kitson,
DC,
Legion of Superheroes,
Mark Waid
lunes, 5 de marzo de 2012
05/ 03: DC COMICS PRESENTS LEGION OF SUPER-HEROES Vol.2
La intención era buena, pero el resultado no. DC se propuso reunir en un sólo TPB para pobres un montón de historias cortitas de la Legion, de esas que aparecieron en los años en los que el grupete del Siglo XXI no tuvo revista propia. Lo más importante –se sabe- pasaba en la saguita en Action Comics (la reseñamos acá en 2010), en la Lightning Saga (en las revistas de la JLA y la JSA) y en Legion of Three Worlds, una mini que engancha (no demasiado) con Final Crisis. Pero hasta que arranca la ongoing de Paul Levitz (que no es la que sale ahora, sino la anterior), la Legion aparece también en los títulos de Superman (metidos en un arco muy complejo, que tiene que ver con la guerra entre la Tierra y New Krypton) y en varias historias cortas, en las revistas Action Comics y Adventure Comics, que son las que se recopilan acá.
Como no juntaban 100 páginas, alguien tuvo la brillante idea de republicar por enésima vez la primera aparición de la Legión, las 12 paginitas de la Adventure Comics n°247 (1958) que ya salieron hasta en la Condorito. Y después, un montón de aventuritas recientes, todas escritas por Geoff Johns, algunas en colaboración con un tal Michael Shoemaker y una (la última) junto a su ex-jefe, Richard Donner.
A nivel guiones, hay dos historietas interesantes: una es el número de Action en la que Batman pasa en limpio el bolonki de las tres legiones. Es un número que engancha tangencialmente con la bochornosa saga semanal titulada Countdown (felizmente olvidada) y da pie a lo que va a pasar en Legion of Three Worlds. De hecho, si leés esa saga habiendo leído este unitario, nunca dudás cuál de las tres legiones va a ser la que va a quedar como la posta. Es un número rarísimo, porque Batman y Superman no pelean con nadie. Aparecen bastante Lighting Lad y uno de los legionarios varados en el Siglo XXI, el más conspicuo (por haber estado en la Justice Society) y al que más sacudones le pegaron en aquellos años: Thom Kallor, otrora Star Boy y ahora Starman.
La otra historieta atractiva es la que escriben Johns y Donner para un anual de Action, en la que recuentan la primera aparición de Mon-El, pero desde un punto de vista moderno, a años luz de la primera versión, la de 1961. Es una remake sumamente respetuosa y a la vez muy contemporánea, potenciada por los dibujos de Eric Wight, un autor con un estilo sumamente atípico para el comic de superhéroes, al que se le nota el amor por el manga y el background en la animación.
Aparte de las de Wight, las únicas páginas cuyos dibujos no apestan son las cuatro que dibuja Gary Frank. Es apenas un chiste largo en el que la Legion funciona como remate, pero el dibujo del británico recontra-salva las papas. El resto de las historias cortas están dibujadas por Clayton Henry, un mediocre al que no se le cae una idea ni por accidente. Y el unitario con Batman fue a parar a las garras de Joe Prado, un dibujante decididamente choto, que en un mundo más justo tendría que estar preso en un penal de máxima seguridad. Hubiese estado piola incluir esa historieta en el libro de Legion of Three Worlds, pero creo que si George Perez veía las páginas de este verdulero al lado de las suyas, se cortaba la pija en fetas y le mandaba una por correo a Geoff Johns.
Me duele decir esto, porque fui durante décadas muy enfermo de la Legión, pero la posta es que lo último digno que apareció es la saguita en Action Comics, la de mi doppleganger y Gary Frank, que ya tiene cuatro años. De ahí para acá, la Legión acumuló más números 1 que buenas historias. Algún día alguien llegará a la conclusión de que no todo se soluciona relanzando las series o rebooteando la continuidad, y por ahí, en una de esas, la Legión vuelve a brillar. Lo que se ve en este recopilatorio es todo más bien opaco.
Como no juntaban 100 páginas, alguien tuvo la brillante idea de republicar por enésima vez la primera aparición de la Legión, las 12 paginitas de la Adventure Comics n°247 (1958) que ya salieron hasta en la Condorito. Y después, un montón de aventuritas recientes, todas escritas por Geoff Johns, algunas en colaboración con un tal Michael Shoemaker y una (la última) junto a su ex-jefe, Richard Donner.
A nivel guiones, hay dos historietas interesantes: una es el número de Action en la que Batman pasa en limpio el bolonki de las tres legiones. Es un número que engancha tangencialmente con la bochornosa saga semanal titulada Countdown (felizmente olvidada) y da pie a lo que va a pasar en Legion of Three Worlds. De hecho, si leés esa saga habiendo leído este unitario, nunca dudás cuál de las tres legiones va a ser la que va a quedar como la posta. Es un número rarísimo, porque Batman y Superman no pelean con nadie. Aparecen bastante Lighting Lad y uno de los legionarios varados en el Siglo XXI, el más conspicuo (por haber estado en la Justice Society) y al que más sacudones le pegaron en aquellos años: Thom Kallor, otrora Star Boy y ahora Starman.
La otra historieta atractiva es la que escriben Johns y Donner para un anual de Action, en la que recuentan la primera aparición de Mon-El, pero desde un punto de vista moderno, a años luz de la primera versión, la de 1961. Es una remake sumamente respetuosa y a la vez muy contemporánea, potenciada por los dibujos de Eric Wight, un autor con un estilo sumamente atípico para el comic de superhéroes, al que se le nota el amor por el manga y el background en la animación.
Aparte de las de Wight, las únicas páginas cuyos dibujos no apestan son las cuatro que dibuja Gary Frank. Es apenas un chiste largo en el que la Legion funciona como remate, pero el dibujo del británico recontra-salva las papas. El resto de las historias cortas están dibujadas por Clayton Henry, un mediocre al que no se le cae una idea ni por accidente. Y el unitario con Batman fue a parar a las garras de Joe Prado, un dibujante decididamente choto, que en un mundo más justo tendría que estar preso en un penal de máxima seguridad. Hubiese estado piola incluir esa historieta en el libro de Legion of Three Worlds, pero creo que si George Perez veía las páginas de este verdulero al lado de las suyas, se cortaba la pija en fetas y le mandaba una por correo a Geoff Johns.
Me duele decir esto, porque fui durante décadas muy enfermo de la Legión, pero la posta es que lo último digno que apareció es la saguita en Action Comics, la de mi doppleganger y Gary Frank, que ya tiene cuatro años. De ahí para acá, la Legión acumuló más números 1 que buenas historias. Algún día alguien llegará a la conclusión de que no todo se soluciona relanzando las series o rebooteando la continuidad, y por ahí, en una de esas, la Legión vuelve a brillar. Lo que se ve en este recopilatorio es todo más bien opaco.
Etiquetas:
antología,
DC,
Geoff Johns,
Legion of Superheroes
miércoles, 26 de enero de 2011
26/ 01: SHOWCASE PRESENTS LEGION OF SUPER-HEROES Vol.4

Hoy me comí un viaje en bondi tan largo, que me dejó con jet lag. Por suerte aproveché que había asientos vacíos, y entre la ida y la vuelta me fagocité un maravilloso masacote de más de 520 páginas. “Maravilloso”, obviamente es un decir. Estas son historietas pensadas para chicos que en 1968 tenían 10 años, y funcionan sólo en ese contexto. Leídas hoy, son una sarta de pelotudeces sin ton ni son, que no zafan ni por el valor nostálgico de decir “uh, esta yo la tuve en la edición mexicana”.
Pero bueno, los enfermos consumimos también esto. De hecho, los números de Adventure Comics que vienen en este libro, yo los tenía en edición original (y ya los hice guita). Esas historias más o menos me las acordaba: era Jim Shooter pasándose de listo. En todas las aventuras veías a los Legionarios hacer cosas imposibles: chorear, renunciar a la Legión para irse con los villanos, cobrar por sus servicios, renunciar a sus poderes y borrarse la memoria, irse a las manos con los amigos… cualquier atrocidad era posible con tal de impactar al joven y crédulo lector. Y al final, todo era un engaña-pichanga para cagar al villano de turno. Siempre pintaba, en los últimos tres o cuatro cuadritos, la explicación de por qué vimos a los héroes hacer las guanacadas que hicieron.
Por supuesto, tanto héroes como villanos eran absolutamente chatos, unidimensionales, y perfectamente intercambiables. Agarrás cualquier aventura con Sun Boy, lo reemplazás por Lighting Lad, y todo sigue su cauce normal. El único que satura de tanto que aparece y de lo grosso que es, es Superboy, el más detestable de todos los Legionarios. El resto aparece de vez en cuando, sin aportar nunca demasiado. Recién en sus útimas historias, Shooter juega a la caracterización: Bouncing Boy toma conciencia de que su poder es pedorrísimo (igual yo lo banco), Chameleon Boy se acompleja por su apariencia medio freak, Matter Eater Lad blanquea que es pobre y que su familia vive en crisis porque su viejo es burrero y se timbea hasta lo que no tiene en las patas de los matungos, y algún otro toquecito así. Pero mínimo. El resto, minitas y chonguitos para el poster.
Las últimas 225 páginas recopilan un montón de historias cortas de la Legión que yo jamás había leído, de cuando dejan de ser protagonistas de Adventure y se convierten en back-up de Action, o de Superboy. Ahí las tramas se concentran en menos personajes, o sea que hay un poquito más de desarrollo para cada uno, y menos diálogos donde cada uno explica qué poder tiene y cómo lo usa. También tienen más peso las parejitas: de a poco se hace cada vez más inevitable que a estos borregos además de los poderes se les despierten las hormonas y quieran un poco de acción, pero de la otra. Lo bueno es que los distintos guionistas presentan esto con naturalidad. No es “mirá qué zarpado Ultra Boy, como chapa con Phantom Girl”, o “qué trola Shrinking Violet, que está de novia con un chabón pero igual le da murra a Matter Eater Lad”.
Y en las escenas más románticas es donde el dibujante de casi todo el tomo, Winslow Mortimer, da menos lástima. Claramente, era un tipo para dibujar comic romántico, no superhéroes. El tipo tiene un catálogo completo de pifias y de tiradas a chanta. Te das cuenta en los episodios donde en vez de entintarse él mismo, le ponen entintadores como la gente. Ya pasada la barrera de 1970, DC busca de algún modo sacudirse el herrumbe acumulado, y Mortimer deja su lugar a dibujantes un poquito más moderno: primero George Tuska (rara pero efectiva mezcla entre Jack Kirby y Frank Robbins, que sin ser un grosso, levanta la puntería) y después el nunca bien ponderado Dave Cockrum, todavía muy tapado por las tintas del veterano Murphy Anderson (de quien Cockrum era asistente). Pero se ven las ganas de aggiornarse, de dejar de afanar a Wayne Boring y empezar a afanar a Neal Adams o a John Buscema, y eso se nota en cosas como la sana renovación de trajes y de cuartel general. Los mejores resultados llegarán en el próximo Showcase, pero en este hay que agradecer la intención.
Esto todavía está muuuuuy lejos de los standards del comic de superhéroes actual. Hay que bancar mínimo un tomo más para que las historias y los dibujos dejen de oler a naftalina.
Etiquetas:
DC,
Jim Shooter,
Legion of Superheroes
viernes, 15 de enero de 2010
15/ 01: SUPERMAN AND THE LEGION OF SUPER-HEROES

Una de las tantas cagadas que se mandó DC después de Crisis fue no haber rebooteado Legión en 1986, cuando rebootearon Superman. De haberlo hecho, más de un fan los habría puteado, porque la Legión de aquella época tenía un nivel que rara vez bajaba de muy bueno, o sea que para muchos no tenía sentido arreglar lo que no estaba roto. Pero a la larga, quedó claro que sí tenía sentido. A partir de la instauración de la nueva historia de Superman (la de Man of Steel), el concepto de Legión quedó rengo. ¿Estuvo Superboy, o no estuvo? ¿Superman conoció a los legionarios de pibe, o de grande? La tradición heroica en la que se inspira la Legión, ¿es la de Superman, la de Mon-El, o la del Diego en el Mundial ´86?
Y bueno, ni bien la Infinite Crisis reactivó el concepto del Multiverso, Geoff Johns (mi clon perdido) puso en marcha un plan para recuperar la mística y la coherencia de la Legión. Básicamente, imaginó una Legión que respeta milimétricamente la continuidad clásica, hasta 1986, cuando sale Man of Steel. De ahí pega un salto de 10 ó 12 años y deja entrever que, en ese tiempo, a los personajes les pasaron un montón de cosas que poco tienen que ver con lo que se nos narró entre 1986 y 1994 (cuando se termina la continuidad clásica), y NADA que ver con lo que se planteó en los dos reboots posteriores (1994 y 2004). O sea, volvió la Legión de Tierra-1. La primera etapa del relanzamiento fue la Lightning Saga (la vimos en Justice League y Justice Society durante 2007), compleja y un tanto estirada, y la segunda fue esta saga, aparecida en Action Comics. Acá Johns no resuelve ninguno de los plots colgados de la Lightning Saga, e incluso abre un par nuevos, a modo de siembra para lo que sería Legion of Three Worlds (a mi juicio, un fiasco memorable).
De las tres sagas esta es la mejor, a años luz de la que va segunda. Se le puede cuestionar que hay legionarios que casi ni hablan, o que el plan del villano es un poco descabellado (un terrestre xenófobo quiere que la Tierra rompa relaciones con los alienígenas, aunque eso signifique que los demás planetas le declaren la guerra al nuestro y lo volatilicen), pero se nota en cada viñeta, cada diálogo y cada guiño al lector que Johns AMA a estos personajes y que entendió perfectamente qué cosas hacen grosso al concepto de Legión. El ritmo no decae, a pesar de que la saga requiere mucho diálogo explicativo, y todo el tiempo te impacta, no sólo por la grandilocuencia (como Blackest Night), sino porque te hace ver y sentir el sacrificio, la nobleza y la chapa de estos héroes, 100% convencidos de jugarse la vida por una galaxia mejor. Lo peor: Johns escribe un Clark Kent insoportablemente salame. Por suerte aparece poco (y lo que es mejor, Lois Lane no aparece NI UN SOLO cuadrito!).
Parrafete para hablar maravillas de Gary Frank: Nada, un maestro. El tipo demostró en Kin o en Midnight Nation que puede dibujar buenos comics sin superhéroes, pero como dibujante de superhéroes es impresionante. Su versión de los trajes de los legionarios es excelente. No dibuja dos caras iguales. No repite las piñas (y hay muchas!). No hay dos legionarios que vuelen igual! El entintado de Jon Sibal tiende a darle rasgos de “viejos” a los personajes, pero está bien, porque esta Legión no está integrada por borregos de 14, sino por tipos y minas de veintilargos. Y bueno, puesto a criticar algo, a mí me rompe un poco las bolas que me dibujen a Superman con la cara de Christopher Reeve. Todo bien, a mí también me gustaban las pelis de Superman cuando era pibe, pero no hace falta que me recuerden en TODAS las viñetas del comic que hace 30 años Reeve la rompió encarnando al Hombre de Acero en el cine.
El libro se complementa con unos bocetos de Gary Frank y con un prólogo de Keith Giffen, uno de los más ilustres creadores que haya visitado el Siglo XXX, o XXXI, qué sé yo… Ojalá cuando se recopile el material de Legión que está saliendo ahora en Adventure Comics se pueda leer como continuación de esta saga, sin tener que comerse el garrón de Legion of Three Worlds, donde Johns traiciona buena parte de la mística y el cebamiento que crea en Superman and the Legion of Super-Heroes que –no sé si lo dije- es un comic alucinantemente grosso. Long Live the Legion!
Etiquetas:
DC,
Gary Frank,
Geoff Johns,
Legion of Superheroes,
Superman
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)







