el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Gilbert Shelton. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gilbert Shelton. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de mayo de 2019

THE BEST OF WONDER WART-HOG

Y me terminé, por fin, el mamotreto de más de 460 páginas con el que estuve yendo y viniendo durante días y días.
Hace casi nueve años, el 21/05/10, le dediqué la reseña de ese día al mega-broli que recopila TODO lo que hizo el maestro Gilbert Shelton con los Freak Brothers. En esa misma colección apareció (en 2013) este tomo donde se reedita lo mejor de Wonder Wart-Hog, la brutal parodia a los superhéroes creada por el ídolo allá por 1962 y continuada (con intermitencias) hasta el día de hoy.
Dos detalles para criticar de esta tremenda edición de Knockabout: 1) hubiese estado bueno que el material respetara el orden cronológico en el que lo realizó Shelton, y 2) también hubiese estado bueno agregar la info de años y publicación en la que aparecieron por primera vez cada una de estas historietas. El resto es todo alucinante, desde el diseño hasta esas 32 páginas a todo color que vienen en el medio del libro.
A lo largo de estas 464 páginas, recorremos varias décadas y vemos evolucionar muchísimo a Gilbert Shelton, no sólo a nivel dibujo (empieza como un clon dubitativo de Sergio Aragonés y para fines de los ´60 ya es una bestia fuera de toda escala), sino también a nivel de los temas que le interesa tocar. Wonder Wart-Hog arranca como una obvia sátira a Superman, con jodas que giran en torno al secreto de la doble identidad, los superpoderes, los villanos estrafalarios… pero rápidamente empieza a cuestionar el lado ético del asunto, la motivación del héroe, su altruismo, su relación con las autoridades, incluso su condición de freak, de marginal que no encaja en ningún lado. Más tarde, a Shelton le empiezan a interesar más los temas sociales y hasta la política misma, y eso hace crecer muchísimo a la serie. No te digo que en un punto “se convierte en otra cosa” (como le pasó a Cerebus, que un día dejó de ser una parodia de Conan para convertirse en otra cosa), porque el gaste a Superman está siempre presente. Pero hay mucho más. 464 páginas de chistes con superhéroes que se pasan de violentos, de losers o de escatológicos serían difíciles de digerir incluso dibujadas al nivel que exhibe Shelton. Acá claramente hay más riesgo, más sustancia, más profundidad y obviamente más mala leche.
Entre las historias cortas, destaco la irónica Strike Fever, la políticamente incorrecta Wonder Wart-Hog Visits the Ghetto, la desopilante The Famous Superheroes School y la demoledora Philbert Gets a Job. De las “medianas”, me quedo con las 20 páginas de Sudden Death, repleta de palos letales contra el futbol americano y el gran negocio que representa, y las 17 de Epidemic!, otro fuerte alegato social. Y después hay varias historias largas. La más graciosa es Battle of the Titans!!!, donde Shelton se caga de risa del género de los superhéroes en una saga con alienígenas, clones y realidades alternativas, intencionalmente sobrecargada de cheap thrills. La más rara es Philbert Desanex´s 100.000 th Dream, una historieta de 44 páginas (todas con la grilla de cuatro tiras de dos viñetas de igual tamaño) en la que Shelton narra un sueño disparatado, que no da respiro y que le permite incursionar en virtualmente todos los géneros imaginables, aunque sea durante algunos cuadritos.
Y no podía faltar mi historia favorita de Shelton de todos los tiempos: las 47 páginas de Wonder Wart-Hog & the Nurds of November, un comic 100% político, realizado en 1979. El título es medio un engaña-pichanga: el protagonista absoluto es Philbert Desanex y son poquísimas las viñetas en las que lo vemos convertido en el Jabalí de Acero. Pero eso no es óbice para disfrutar de una trama brillante, con unos giros argumentales perfectos y un mensaje muuuuy adelantado para su época que tiene que ver con el poder de los medios de comunicación convertidos en mega-empresas. Este es un Shelton prendido fuego, indignado por la corrupción, la pobreza, la desigualdad, la ignorancia, la falta de compromiso político y la tendencia de la gente común y corriente a bancar gobiernos fachos. Una lectura imprescindible en un año electoral, y en cualquier otro.
En síntesis, con tanta cantidad de material que abarca tantos años de producción es imposible que el nivel de todas las historietas sea parejo y –para qué te voy a mentir- hay unas cuantas que podrían no estar en un compilado que se titula “The Best of”. Pero también están las que realmente son las mejores, las que pasan cualquier filtro y entran en cualquier selección. Y esas son verdaderas gemas, que resisten el paso del tiempo y que no se pueden dejar de recomendar ni hoy ni nunca.

Gracias por el aguante, gracias a los seguidores del blog que me vinieron a saludar en Montevideo Comics y vuelvo a postear a la brevedad, ni bien tenga un par de libritos leídos.

viernes, 21 de mayo de 2010

21/ 05: THE FABULOUS FURRY FREAK BROTHERS OMNIBUS


Wow, qué trip! Más de 600 páginas de los Freak Brothers en un sólo mega-broli! Qué gran invento, esto de los ómnibus! Y qué grossa la creación de Gilbert Shelton, que se la recontra-banca leída hoy, cuando ya nadie se acuerda de los hippies, ni de los head shops, ni de la época en la que consumir marihuana o cocaína era poco menos que un manifiesto anti-sistema.
Lo que más me llama la atención de esta historieta es su inmensa influencia sobre Los Simpsons. Veamos: Los Freak Brothers son personajes arquetípicos, que no maduran, ni envejecen, ni evolucionan. Las historias tiene giros imposibles, frutos de enredos y casualidades bizarras, que revolucionan el status quo de la serie un ratito, para terminar exactamente donde empezaron. El humor señala los cuatro puntos cardinales de la comicidad: el slapstick (humor físico, burdo, de golpes y porrazos, tipo Los Tres Chiflados), el absurdo (la fumanchereada, el delirio tipo Cha-Cha-Cha), el grotesco (escatología e inmundicias varias) y la sátira socio-política (básicamente, agudas crìticas al modo de vida yanki). Y finalmente, la vigencia, la milagrosa atemporalidad de un producto que se esforzó por ser testigo de su época, pero que habla con elocuencia (y sin celular) de la nuestra. Me queda bastante claro que los Freak Brothers ocuparon un lugar preferencial entre los comics que consumió Matt Groening en los ´70 y ´80.
La abrumadora cantidad de historietas que recopila este libro (creadas entre fines de los ´60 y principios de los ´90) arrancan todas más o menos igual: Phineas, Fat Freddy y Freewheelin Franklin, al pedo en su departamento, piensan cómo conseguir faso, o cómo conseguir guita para comprar faso. De ahí, la cosa puede disparar para cualquier lado: un invento disparatado de Phineas, una trapisonda ridícula de Fat Freddy, un plan maestro de Franklin que termina para el orto, una road movie, un policial, o la mejor de todas las aventuras: Idiots Abroad, la extensa saga que lleva a los Freaks por medio mundo y le permite a Shelton burlarse de las costumbres, religiones y gobiernos de más de 10 países. En varias de estas aventuras tiene un rol secundario el “archi-enemigo” de los Freak Brothers, Norbert the Narc, un agente de la División Narcóticos que suele liderar razzias policiales para incautar sustancias tóxicas, de las que suelen abundar (un rato) en la casa del trío protagónico. Y vale destacar cómo Shelton cuida al personaje, guarda buenas ideas para desarrollar con él y –si bien nos lo pinta como un loser consumado- hay dignidad en el pobre Norbert.
Dentro de esto, hay aventuras mejores y peores, más cortas y más largas, en blanco y negro y a color. Las más breves (una sóla página) son generalmente chistes largos, mientras que las sagas más extensas están trabajadas como novelas, con argumentos muy elaborados, mucho cuidado en la entrada y salida de escena de varios personajes, y casi ningún cabo suelto, más allá de la impronta delirante de la propia serie. También hay hallazgos brillantes en historietas de pocas páginas (Fat Freddy Drug Czar es una joya de apenas 5 páginas) y hasta en algunas de las tiritas microscópicas del gato de Fat Freddy que aparecen abajo de las planchas de los Freaks.
Visualmente, la evolución de Shelton es notable. Al principio el dibujo es muy crudo, inferior al de Wonder Wart-Hog (que es anterior). Pero después se empieza a soltar. Lo ayudan el hecho de poder trabajar con viñetas más grandes (algunas de las primeras historias tienen hasta 16 cuadros por página) y por supuesto suman los artistas que se convierten en sus asistentes: primero el malogrado Dave Sheridan y más tarde el grosso Paul Mavrides. Para las últimas… 200 páginas del libro, la dupla Shelton-Mavrides ya está afinada como un violín y cada viñeta es una gloria. La narrativa de Shelton no tiene fisuras, el manejo del color (ya sea directo o aplicado) es excelente y las ilustraciones (algunas inéditas hasta que salió este libro) son alucinantes. O sea que si te gusta la estética under, acá vas a flashear, además de ver con categórica claridad de dónde sale la “línea chunga” que impusieron los dibujantes de vanguardia en la España de fines de los ´70 y principios de los ´80.
Humor corrosivo y jodido, aventuras limadas, personajes geniales, algo de sexo, algo de rock´n roll, todas las drogas que te puedas imaginar y todo dibujado por un maestro que lleva muchos años de trabajar poco y de vez en cuando, pero que sigue tan vigente como en los ´70. ¿Qué más querés?