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jueves, 21 de enero de 2016

INFORME (HISTORIETA ARGENTINA DEL SIGLO XXI)

Ante todo, hay que sacarse el sombrero ante la impecable, la impactante calidad de la edición de este libro. Y ante el trabajo colosal que debió afrontar el coordinador, José Sainz, a la hora de bucear entre toneladas de revistas, fanzines y sitios web hasta dar con estos 20 historietistas que finalmente quedaron en esta selección (en este “recorte”, dirían mis amigos académicos”). La consigna es que en estas páginas descubramos a 20 historietistas argentinos jóvenes, casi todos nacidos en la década del ´80, y producto ya no de la etapa post-industrial de la historieta argentina, sino de la siguiente, de la etapa en la que los soportes digitales cobraron tanto empuje como los físicos.
Ahora bien, uno termina de leer el libro y la pregunta más obvia es: ¿Este es el futuro de la historieta argentina? Porque la verdad es que el nivel que se ve acá es MUY desparejo. Hay varios autores excelentes y un montón de… chicos con buenas intenciones que no deberían perder más su tiempo y dedicarse urgente a otra cosa. ¿Qué elementos unen a estos 20 autores, además de la edad y la nacionalidad? 1) Poco contacto con la tradición historietística argentina. Si hay alguna influencia visible, viene más del indie yanki que de los grandes autores argentinos de las generaciones anteriores. 2) Poco contacto con la realidad nacional, y cero con la política, algo que fue una constante en la historieta, sobre todo en los ´70 y ´80. 3) Todos son guionistas y dibujantes, con todo lo que eso implica. Y esto es lo más áspero, lo más difícil de digerir, sobre todo viendo cómo están estructurados los “guiones” de varias de estas historietas. Vamos a repasarlas una por una, a riesgo de que el texto quede larguísimo.
Arrancamos con 11 páginas de Berliac, un autor con bastante obra y sobrados méritos para estar en esta y cualquier otra antología. Su grafismo cambió bastante desde la última vez que había visto un trabajo suyo y ahora se acerca al de los mangakas raros, alternativos, como si publicara en la revista Garo. El guión tiene un planteo y un desarrollo atractivos, pero no tiene final.
Le sigue María Victoria Rodríguez, con un estilo gráfico muy atractivo… para la ilustración. Para historieta, no funciona. Y la puesta en página es calamitosa.
Sofía Gómez se manda a homenajear a Tintin en una historieta totalmente delirante, con un guión hiper-fumanchero, pero exquisita. El dibujo, el color y la narrativa son impecables. La quiero ver YA trabajando con un guionista.
Andrés Alberto, un desastre. Feo dibujo, guión sin pies ni cabeza, torpeza en la puesta en práctica de los recursos expresivos propios de la historieta… Chau, ya fue.
A Manuel Depetris nos lo cruzamos hace poco (06/12/15) y esta es otra historieta en la misma tónica que las que estaban en aquel libro: un dibujo increíble, con una técnica y un virtuosismo asombrosos… y una historia que tiene vuelo poético, pero no se entiende un carajo. La onda parece ser contar sensaciones, no historias.
La historia de Lucía Brutta es muy breve, pero está muy bien. Buen ritmo, buen dibujo… lástima el rotulado, con pincel grueso, que hace difícil la lectura de los diálogos (que también son excelentes).
La de Marianoenelmundo también es muy corta. El dibujo me encantó, realmente zarpado, con cositas de Gipi. El guión, no lo entendí.
Pedro Mancini es un autor con bastante presencia en el medio, no hace falta ser el Guacho Vanguardia para conocerlo. Acá la rompe en el dibujo, arriesga con éxito en la narrativa, y el guión… podría ser mejor, pero no es un desastre.
Me salteo dos historietas a las que ese nombre les queda ENORME, a cargo de chicos que no tienen la menor idea de cómo se cuenta una historia con imágenes. Y me voy con Pablo Guaymasí, al que me había cruzado hace mil años en una antología de Llanto de Mudo. Acá lo encontré mucho mejor, más sólido, correcto en el dibujo y muy inspirado en un guión muy basado en el diálogo.
Natalia Lombardo, brillante. Me encantó el guión, el dibujo, el color, las tipografías, todo. Quiero YA una novela gráfica, o un recopilatorio de historias cortas de esta autora a la que conocía por su labor en fanzines.
Camila Torre Notari, por su parte, cuenta una anécdota chiquita, tranqui, acompañada de un buen dibujo.
Pablo Vigo, otro autor bastante conocido, de probada solvencia, aporta una historia intensa, atractiva, profunda y con un nivel de dibujo espectacular.
Javier Velasco dibuja en un estilo minimalista, entre James Kochalka y Johnny Ryan, que no es lo que a mí más me gusta, pero no está mal. Y el guión, con buena voluntad, también zafa.
Nacha Vollenweider también cambió bastante el estilo desde la última vez que la vimos, y lo usa para contar una historia rara, inquietante, con más climas que conflictos. Interesante.
María Luque, imposible de analizar. Son once páginas ilegibles.
Lucas Mercado tiene un grafismo interesante, pero fracasa groseramente en el intento de narrar con imágenes.
Estefanía Clotti, nada, no zafa por ningún lado.
Y cierra Nicolás Mealla, que dibuja bien, y tiene una gracia freak, onda Max Cachimba. Me gustó el color, el rotulado… le falta arriesgar un poco más en los guiones, buscar algo que no se quede en el nonsense bizarro.
Se acabó. Perdón por la extensión, me fui al carajo.