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martes, 23 de enero de 2024
MARTES MORTIFERO
Acá estamos de nuevo, con tres libros listos para reseñar.
Empiezo con una breve mención para el Vol.11 de El Escorpión... sí, conseguí el puto Vol.11 en tapa blanda, después de buscarlo siglos y siglos. Me acordaba bastante de la trama, a pesar de que el tomito anterior lo leí un lejano 22/09/15, y por suerte el guion de Stephen Desberg tira bastantes pistas de lo que pasó antes, sin caer en una recapitulación detallada ni mucho menos densa. El Escorpión es, sobre todo, una historieta dinámica. A veces (como en este librito) la aventura pasa a un segundo plano y el protagonismo se lo lleva la rosca político-religiosa, pero siempre pasan cosas impactantes y el ritmo de la narración es ágil y ganchero. Acá además de la intriga palaciega tiene mucho peso el componente sentimental, porque a Armando "se le junta el ganado" y tiene que decidir con cuál de sus dos mujeres se va a quedar. Desberg se revela como un diestro guionista de telenovelas y genera una tensión muy interesante en torno a este punto.
El Vol.12 es el final de este arco, y como un gil no me lo compré en España, porque no me acordaba que tenía el 11 sin leer. Y también es el último tomo con dibujos del glorioso Enrico Marini, cuyo trabajo en estas páginas es motivo más que suficiente para comprar el álbum. Todo el apartado gráfico es magistral, pero además está todo puesto al servicio del relato, no es Marini canchereando ni robándole la atención del lector a la historia que cuenta el guionista. Son dos narradores del carajo en perfecta sincronía, y por eso esto funciona tan bien. Ni bien pueda salgo a la caza del Vol.12, así cerramos como corresponde esta magnífica serie.
Me voy a EEUU, a leer seis números más de la serie regular de Astro City que publicó Vertigo durante la década pasada. Lovers Quarrel es el Vol.12 en la colección de trade paperbacks (la antigua, hoy ya hay una nueva donde se reordenó todo) y ofrece como plato principal la saga homónima, cuatro episodios protagonizados por Quarrel y Crackerjack. A un ritmo pachorro, pero sin aburrir jamás, Kurt Busiek aborda un tema central en el mundo de los superhéroes: qué pasa cuando los personajes que son humanos sin superpoderes empiezan a envejecer. Quarrel y Crackerjack son una pareja de justicieros enmascarados que comen sano, tratan de descansar bien y dejan la vida en cada entrenamiento para estar siempre listos para saltar, trepar, caerse y pelear, a veces en pie de igualdad con tipos y minas con poderes alucinantes. Pero ellos no tienen poderes, son simplemente una mina y tipo con habilidades y reflejos muy trabajados... que en algún momento, ya pasados los 40 años, empiezan a perder. Los golpes duelen más, las heridas tardan más en curarse, y son más frecuentes, porque ya no están tan afilados como para salir siempre enteros de los combates en los que participan. Lovers Quarrel explora todos esos cambios, y cómo además cambia irremediablemente la forma en que los personajes se vinculan con una actividad de riesgos tan altos como la de ser justicieros enmascarados. Todo esto contado con el máximo realismo que se le puede pedir a este género, grandes diálogos y excelente trabajo en el desarrollo de personajes, a los que sentimos absolutamente humanos y verosímiles.
Complementa la historia de Sticks, el gorila baterista, que es entretenida y simpática, pero está contada en 48 páginas cuando daba para una historia corta, un complemento de 10 ó 12 páginas. Todo el libro cuenta con dibujos de Brent Anderson, siempre muy correcto. A Anderson le queda mejor el trazo más definido, más preciso, con más influencias de Neal Adams, que cuando opta por el trazo más fluido, más etéreo, más para el lado de Gene Colan. Por suerte mira más a Adams que a Colan, y además tiene buenos coloristas que lo respaldan. En la historia del gorila, se nota que Anderson lo dibuja copiando de fotos de distintos gorilas, con lo cual los rasgos del protagonista cambian bastante de una viñeta a otra, pero bueno, no es tan grave. Por los menos se nota que es un gorila, no parece un chabón peludo con dientes de hombre lobo como los gorilas que dibujaban en los comics de DC de los ´60. Y me parece que de acá me tengo que pasar a la colección actual de TPBs, la de Image, donde recopilan los números de Vertigo que solo habían salido en tapa dura, más los que nunca habian salido en libro, más los nuevos arcos argumentales. Hay que hacer un curso para leer Astro City en libro, lamentablemente, pero por suerte las historietas rara vez decepcionan.
Allá por el 14/02/19 me encontré en las páginas de una antología con un autor boliviano que llamó favorablemente mi atención: Armin Castellón. Y en 2023, en la Crack Bang Boom, me lo encontré vendiendo Mixtorieta, un hermoso álbum que recopila historias cortas que realizó en solitario, o junto a otra artista muy notable, Nicole Molleda. Ambos adoptan distintos estilos gráficos para cada historia corta, con lo cual al hojear el libro pareciera una antología en la que participan siete u ocho autores distintos. Pero no, son Armin y Nicole probando distintas líneas, distintas formas de armar la página, de trabajar el color, etc.. El resultado es muy interesante, al punto que las ocho historietas de la antología me gustaron.
Las dos del final, dibujadas por Castellón en blanco y negro, son increíbles. Son trabajos de un autor maduro, sólido. En Juego de Niños muestra una estética parecida a la de ZeroCalcare, mientras que en Monstruos se zarpa con la aplicación de las tramas mecánicas como si fuera Sean Murphy o Nicolás Brondo. El nivel es realmente bueno en todo el libro y re vale la pena tenerlo, o por lo menos sumar a Armin Castellón y Nicole Molleda a la lista de autores bolivianos a los que conviene seguir de cerca, para disfrutar de su creatividad, su talento y su solvencia en el arte de narrar historietas. Ojalá pronto caigan en mis manos nuevos trabajos de cualquiera de los dos.
Nada más, por hoy. Mañana, paro general en defensa de tu país. Nos reencontramos pronto.
martes, 1 de marzo de 2022
NUEVO MES, NUEVAS RESEÑAS
No sé si este mes lograré meter seis entradas en el blog como en Febrero, porque de nuevo tengo planificados varios viajes. Pero se puede intentar.
Arranco en Japón, con una obra que –sospecho- data de la segunda mitad de los ´80 o muy principios de los ´90. Se trata de Garoden, un manga de Jiro Taniguchi en el que el prócer adapta una novela de Baku Yumemakura (autor también de La Cumbre de los Dioses, llevada al manga por nuestro ídolo). El libro tiene un gran problema: tiene 288 páginas y el hijo de mil putas que redactó el texto de la solapa se encarga de spoilearnos TODO lo que vamos a leer en las primeras… 200. O sea que recién en el último tramo nos puede llegar a sorprender alguno de los giros que ofrece la trama. Que son muy pocos, porque este es un manga de peleas, y cada pelea dura como 60 páginas. O sea que en las 90 páginas finales hay escaso margen para inventar algo que descoloque un poquito al lector.
Garoden propone una historia muy simple, muy lineal, que se basa en la necesidad que tiene Bunshichi Tanba de volver a pelear con el único luchador que alguna vez lo derrotó. No hay mucho más que eso, e incluso el supuesto antagonista, el muchacho que alguna vez le luxó el cogote a Bunshichi y lo hizo morder el polvo, es un personaje básicamente inexplorado, sin la menor profundidad. El énfasis está puesto claramente en Bunshichi, en su obsesión por encontrar esa revancha que le fue esquiva y en generar suspenso en torno a la próxima vez que ambos colosos de la lucha queden frente a frente.
Lo más interesante es cómo Taniguchi (y supongo que Yumemakura) aprovecha para tirar data muy interesante acerca del mundo del pro wrestling, un espectáculo que tiene características bastante “filo historietísticas”, pero del que se suele hablar poco en el medio que más nos gusta. Visto de afuera es un show estridente y (a veces) apasionante, pero el Lado B también tiene lo suyo en materia de roscas espurias entre gente sin escrúpulos a la que solo le interesa el billete. Garoden nos interna en ese submundo y de ahí salen escenas narradas por Taniguchi con frialdad y precisión. Y después están todas esas otras secuencias en las que el mangaka se divierte y nos impacta de lleno contándonos con lujo de detalles como Bunshichi le rediseña la cara a sus oponentes con los puños y los pies. Entre los momentos ambientados en el presente y los flashbacks al pasado, a este manga no le faltan para nada las extensas escenas de machaca al límite, con piñas, patadas y versiones bastante sangrientas de las clásicas tomas que solíamos ver en los programas tipo Titanes en el Ring.
Si sos muy fan del Taniguchi más introspectivo, el de esas historias parsimoniosas en las que prácticamente no hay conflictos, probablemente este festival de músculos y violencia te ahuyente antes de llegar a la página 50. Pero si querés ver al ídolo contar otro tipo de historias y llevar su dibujo (siempre fastuoso) hacia otros terrenos, me parece que con Garoden la vas a pasar bomba.
Acabo de llegar de Uruguay, y me quedo ahí, para revisitar Historiet@s.uy, una antología publicada en el 2000 en la que cinco dibujantes orientales adaptan al comic sendos relatos de escritores uruguayos.
Abre el recordado Eduardo Barreto, con un cuento futbolero de Mario Benedetti. El argumento me pareció bastante predecible y los textos no me terminaron de atrapar, pero el dibujo de Barreto es excelente. Lejos de la estética superheroica y con un despliegue impresionante de recursos gráficos que le permiten resolver con maestría todo lo que le pide el guion sin ir más allá del blanco y el negro. Esto es una cátedra de un dibujante en un nivel técnico y narrativo realmente muy notable. En muchas menos páginas, Ombú arremete contra un cuento de Juan Carlos Onetti, que tampoco me atrapó. La faz gráfica está resuelta con claroscuros y aguadas que me remitieron enseguida a Alberto Breccia, pero la narrativa, el armado de las secuencias y la elección de los enfoques, está a años luz de la del insuperable Viejo. Después tenemos a Daniel González, quien reinterpreta una obra de Eduardo Acevedo Díaz. El dibujo es alucinante, con una técnica asombrosa, en un punto tributaria de las historias cortas de Enrique Breccia (tipo la de la guerra de Argelia), muy en sintonía con lo que en aquella misma época hacía el grosso español Andrés G. Leiva, pero acotado a una grilla de viñetas widescreen que no se altera casi nunca.
Otro virtuoso dibujante, que claramente estudió al Viejo Breccia y a Carlos Nine, es Tunda, a quien aquí le toca adaptar un cuento de Enrique Estrázulas. Tunda opta por contar la historia sin palabras y el resultado es muy bello y muy sutil. Y finalmente, otra bestia del dibujo, el superdotado Renzo Vayra, al que le toca adaptar nada menos que a Horacio Quiroga. Un delirio, mal. Vayra te detona las retinas con su trazo, le pone a cada viñeta un vuelo, una magia, que no se puede creer… pero en ningún momento se preocupa por contar la historia con sus dibujos. La misma avanza a los tumbos por los bloques de texto, mientras Renzo dibuja lo que se le canta, totalmente desconectado del fluir de la trama y del ensamblaje entre letras y dibujos que uno espera encontrar en una historieta. Son 21 páginas para mirar mil horas, con varias mudas de ropa interior a mano. Pero como pieza narrativa se cae a pedazos, lamentablemente. Al libro le sobran MUCHAS páginas dedicadas a cualquier cosa menos a reproducir historietas, y aun hoy se consigue sin mayor dificultad en el país hermano.
Y liquido muy rápido la reseña del Vol.5 de Las Águilas de Roma, que finalmente pude conseguir después de mucho buscarlo. Hace poquito Enrico Marini confirmó que va a retomar la serie este año, o sea que esto que desde 2016 se hacía pasar por el final de la saga ya no lo es. Me parece bastante lógico que haya más tomos, no solo por la magnífica calidad de este álbum y los anteriores, sino porque queda claro que el Vol.5 no cierra todas las puntas. No sé si cuando Marini publicó este álbum ya sabía que la serie iba a continuar, pero es obvio que el suizo se esforzó por dejar abierta una ventanita por la que puedan reaparecer los personajes principales (por lo menos los que quedaron vivos) y se puedan reavivar los conflictos.
Ojo: el Vol.5 también se la re-banca como final de la serie. Todo lo que querías que se resolviera, se resuelve, y encima de una manera grandiosa. Son 60 páginas de una intensidad que te pasa por encima, épicas, dramáticas, violentas, por momentos desoladoras por la crueldad con la que Marini narra los hechos. Y por supuesto, aunque el guion fuera un vómito recalentado, se disfrutaría igual, porque el dibujo es tan perfecto, cada viñeta está tan bien plantada, tan bien compuesta, tan bien coloreada, que nada más importa.
Nada más, por hoy. Gracias totales y hasta pronto.
sábado, 6 de marzo de 2021
1 al 7 de MARZO
Nuevo mes y nuevas lecturas, que procedo a comentar de manera muy sintética.
Leí el Vol.4 de Las Águilas de Roma, la gran saga histórica de Enrico Marini. Es un tomo espectacular, donde los conflictos avanzan hasta el punto en el que la resolución queda ahí, a la vuelta de la esquina, y no le queda más remedio que ser explosiva y demoledora. Seguramente lo comprobaré cuando consiga el Vol.5, cosa que todavía no sucedió. El único problema que le veo a este álbum es que, de verdad, si no leíste los anteriores no hay forma de que entiendas NADA. Hay una breve síntesis del argumento antes de la primera página, pero es la nada misma y supongo que el que entra a la historia conociendo sólo esa síntesis, también se sentirá prácticamente en bolas.
El resto, todo maravilloso. El desarrollo de los personajes, el aprovechamiento que hace Marini de las circunstancias históricas, el equilibrio entre la acción y las escenas más tranquilas (que incluyen rosca política, romance, sexo, dramas familiares, etc.) y por supuesto el dibujo, están a un nivel inmejorable. Excelente trabajo de este autor suizo hijo de italianos que dejó todo en esta serie. Si el quinto y último tomo no es un bochorno impublicable, Las Águilas de Roma pasará a la historia como una obra maestra de la aventura histórica.
Salto a Argentina, año 2020, y me encuentron una nueva aventura de El Ultimo Recurso, titulada Un Cuento de Navidad. Venía muy bien predispuesto, porque allá por el 28/11/19 había leído la primera entrega de esta serie creada por Lubrio y Kundo Krunch y me había gustado mucho. Esta segunda aventura está al mismo (y muy destacable) nivel que la primera, y hasta creo que un poquito por encima. Me atrapó la aventura, me gustó mucho la forma en que los autores se las ingenian para indagar un poco en el pasado y en la personalidad de los distintos personajes y por supuesto me reí muchísimo con los chistes y los diálogos, repletos de guarangadas y retruques de exquisita mala leche. Me encanta ver a Lubrio desencadenado, con libertad y osadía para joder con temas ásperos e invitarnos a reirnos de cosas horribles, que deberían causarnos estupor. Y me fascina intuir que hay un plan a largo plazo, que cada una de estas excelentes aventuras es un pedacito de un mosaico más complejo, realmente interesantísimo.
El dibujo y el color de Kundo están igual de bien que en la primera entrega de El Ultimo Recurso, y en todo caso noto una mejora en la planificación de la secuencia, como si el marplatense fuera encontrando un pulso narrativo propio más jugado, más canchero como para probar cosas nuevas. Recomiendo muchísimo este libro, recomiendo también el primero y espero con ansias más historietas de estos personajes, en lo posible editadas por Libera la Bestia, que lo hace realmente muy bien.
Y ahora sí, algo MUY importante. Estamos iniciando un nuevo proyecto, llamado Comiqueando Digital. Se trata de una nueva iteración de la mítica revista de información sobre historieta y dibujo animado (que no se publica en papel desde la primavera de 2011), ahora en formato digital, con periodicidad trimestral y un nº1 que ofrece más de 200 páginas de material 100% inédito.
Me tocó capitanear un equipo impresionante, del que forman parte también Diego Accorsi, Mariela Acevedo, Ignacio Alcuri, Ariel Avilez, Roberto Barreiro, Caba, Martín Casanova, Sebastián De Caro, Daniel Divinsky, Norman Fernández, Lucas Ferrero, Fernando “Dr. Sax” Festino, Luis Gantus, Fernando Ariel García, Javi Hildebrandt, Marcelo Iglesias, Hernán Khatchadourian, Francisco Lobo, Juan Navarrete, Grisel Pires Dos Barros, Gonzalo Ruiz, Laura Vázquez y Fede Velasco.
La revista ofrece 10 nuevas secciones y –entre otros- artículos acerca de Jack Kirby, Mort Cinder, Kimetsu no Yaiba, Benjamin Marra, Largometrajes de Animación Argentinos, cowboys europeos y editoriales míticas como Novaro, Columba, Charlton o E.C. Comics. Además, agregamos códigos QR para acceder a contenidos audiovisuales exclusivos. La revista se puede descargar en .pdf o .cbr por sólo $ 290 en https://comiqueandoshop.blogspot.com/
También se puede comprar a sólo $ 1000 la suscripción a los cuatro números previstos para 2021. Nuestra tienda virtual incluye además un sector de descargas gratuitas con números de las etapas anteriores de Comiqueando.
Nunca les pedimos nada, hace mil años que brindamos todos los días contenidos gratuitos en este blog, en el sitio web de Comiqueando, en el canal de YouTube… No hace falta subrayar demasiado esto, porque ustedes ya lo saben. Esta vez les pedimos que apoyen la Comiqueando Digital, que es muy barata y trae TONELADAS de material alucinante, a cargo de un equipo repleto de referentes grossísimos. Se puede comprar y descargar desde cualquier lugar del planeta, y cualquiera que sepa leer castellano la puede disfrutar de punta a punta.
Mil gracias y los esperamos en https://comiqueandoshop.blogspot.com/
Yo vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.
sábado, 16 de enero de 2021
9 al 16 de ENERO
Vamos con las reseñas del material que leí esta semana.
Me terminé el masacote casi 500 páginas que había empezado la semana anterior: nada menos que The Compleat Moonshadow, el libro que trae toda la serie original de Moonshadow (la de los ´80), más el librito que J.M. DeMatteis y Jon Muth agregaron a modo de epílogo unos diez años después de finalizar la serie. Moonshadow es, como suele decirse, la gran perdedora de 1986. Se trata de una obra colosal, magnífica, profunda, conmovedora, arriesgada en muchísimos aspectos, hermosa de punta a punta… que quedó tristemente eclipsada porque tuvo la mala suerte de salir al mismo tiempo que Dark Knight, Watchmen y Maus. Con el podio ocupado por esas tres obras, que repercutieron a nivel mediático como nunca antes habían repercutido las historietas en EEUU, no quedó mucho lugar para hablar maravillas de otras gemas que se publicaron en ese mismo momento, entre las cuales Moonshadow probablemente sea la más gloriosa, la que más méritos hizo por subirse a ese podio poblado de obras fundamentales.
Moonshadow es un comic acerca de descubrirse a uno mismo, de madurar, de sobreponerse a la adversidad, de aprender a tomársela de un modo más liviano, de mirar para adelante, de aprender de cada cagada, de cada traición, de cada decepción, de cada vínculo. Es una obra que te envuelve en un clima aventurero, pero habla de la vida, la muerte, el amor, el sexo, la política, la literatura, la fantasía, la locura, la libertad… Si te ponés en choto (o sea, si no sintonizás la onda de lo que DeMatteis trata todo el tiempo de hacer en esta obra) probablemente llegues a la conclusión de que Moonshadow está estiradísima y que se podía contar lo mismo sin todas esas peripecias que se acumulan episodio tras episodio. Yo creo que no, que el atractivo está en ese viaje, en todas las cosas bizarras y/o extremas que le suceden al protagonista, y que son las que le dan rumbo y sentido a su camino hacia la madurez.
El epílogo de los ´90 (lo único que no había leído nunca) es hermoso, pero con la salvedad de que no es una historieta: es un texto con ilustraciones. Un texto en el que la prosa de DeMatteis cobra un vuelo, una dimensión, una belleza que bien quisieran para sí tipos que han hecho fortunas escribiendo literatura como Neil Gaiman. Y las ilustraciones de Muth se lucen como –lógicamente- no se podían lucir en el contexto de una historieta. De todos modos, en el tramo original, el de los ´80, hay muchísimos momentos en los que DeMatteis reduce al mínimo la cantidad de texto para que Muth pueda desplegar su arsenal pictórico y detornarle las retinas al lector con su formidable manejo del lápiz, las acuarelas y demás técnicas analógicas. Creo que cuando leí Moonshadow en los ´80 la faz gráfica me gustó más que ahora, probablemente porque no estaba acostumbrado a la historieta de estilo pictórico. Hoy, ya más curtido, me gustó pero no me deslumbró tanto.
Y lo único que tengo para criticar es el rotulado (del maestro Kevin Nowlan) que a veces, cuando las letras aparecen en blanco sobre fondos oscuros, no se entienden una chota. El resto es todo belleza, una verdadera Obra Maestra que difícilmente DeMatteis pueda superar en los años que le quedan a su carrera como guionista. Absolutamente recomendado.
Hacía más de cinco años que tenía abandonada Las Águilas de Roma, la serie de aventura histórica del maestro suizo Enrico Marini, y ahora sí, me sumergí en las 56 páginas del tercero de los cinco libros que componen la obra. Estoy justo en el momento en que pasa de todo: Marini le pega un upgrade al guion tan notable, tan impactante, que hace que todo lo que había leído en los dos primeros tomos se convierta en un prólogo mínimo, una mera presentación de personajes que (a la luz de lo que pasa en el Vol.3) se podría haber sintetizado en 16 páginas, siendo muy generosos. No quiero decir con esto que si empezás a leer la serie desde el Vol.3 vayas a entender todo, pero la gran mayoría de lo que cuenta Marini en estas páginas sostiene su fuerza dramática en sí mismo… y en lo que va a venir, porque el tomo termina en un punto crítico, picante, incómodo como tampón de virulana. Por suerte tengo el Vol.4 en la repisa de los pendientes, como para entrarle pronto.
Además de un dibujo demasiado bueno para ser real, en el que se destacan la documentación histórica, la acción y el color por sobre la expresividad de los rostros masculinos (que es donde a Marini se lo ve más frío), este tramo de Las Águilas de Roma ofrece runfla política de gran calidad, mucha data histórica, mucho enrosque entre personajes de dudosas lealtades, secretos, traiciones, lujuria, ambición y el clásico debate entre someterse a un imperio para vivir un poquito mejor, o seguir enchastrándose en el fango de la precariedad para conservar impolutas la autonomía, la libertad y la dignidad. Los personajes de Marco y Arminio (extensamente presentados en los primeros tomos) ya están en un punto en el que los consideramos personas 100% reales, hay una cantidad importante de buenos personajes secundarios, buenos diálogos… Posta, lo único que no me gustó de este tomo es que me hizo sentir que los dos primeros son una estirada grosera de una introducción a la trama principal de la serie. Si los dos tomos que quedan mantienen este nivel, vamos a estar hablando de un recontra-clásico verdaderamente indispensable.
Ya para distender un poquito, me leí (muy rápido, no me duró ni medio viaje en bondi) Yonky el Zombi: El Crucero del Terror, la primera aventura de este popular personaje de Marko Torres que se publica en Argentina. Repito que se me hizo muy cortito, son 72 páginas de historieta pero muchas de ellas tienen dos o tres viñetas. Y lo más bajonero: el dibujo me gustó bastante menos que en Mutant Boyz o Ninja Kururo. Es como si Torres intentara subirse a la estética de Ren & Stimpy, pero se quedara a medio camino, como si a último momento dijera “no, es mucho kilombo, hay que laburar demasiado para que te quede parecido a un dibujo de Kircfalusi”. Y entonces tenemos una estética que no se ve original, y un intento de subirse a un estilo alucinante que no llega a buen puerto. Ojo, no es un horror. A los pibes que no saben qué es Ren & Stimpy les va a encantar. Y el guion es divertido, pasan muchas cosas, y sobre todo me transmitió una sensación de vértigo, de descontrol, de fiesta pasada de rosca, de absoluta libertad por parte del autor, decidido a todo con tal de sorprender, entretener y arrancarla una risa a los lectores. Tengo el tercer librito del Ninja Kururo esperando pista, que a nivel dibujo se ve mucho mejor que Yonky el Zombi. Ojalá el guion esté a la altura.
Y nada más. Veremos qué llego a leer durante la semana para comentar acá el finde que viene. ¡Hasta entonces!
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lunes, 23 de diciembre de 2019
LUNES CALUROSO
Después de un finde con muchas dudas, ahora sí, llegó con
todo el impiadoso verano porteño. Y ya en la recta final rumbo al encuentro de
este sábado (que no hace falta repetir lo memorable que va a ser), tengo un par
de libritos más para reseñar.
Los Bespi de Alfredo Grondona White se me había escapado
en su momento y ahora lo rescaté de una mesa de saldos. Y me gustó menos de lo
que esperaba. Las últimas 20 páginas son geniales. En vez de recopilar las
historietas de los Bespi que Grondona White publicaba en Humi, alguien decidió
meter material del que el ídolo rosarino hacía para Hum®, esos en los que tocaba un tema
genérico, relacionado con las costumbres y modas de la Argentina de su tiempo,
y lo desmenuzaba en varias viñetas, cada una con un chiste dibujado y un texto
complementario por afuera de la viñeta, que solía ser sumamente gracioso, como
si fuera un monólogo de stand-up comedy pero con dibujos. Ahí hay páginas
brillantes, algunas de las cuales ya tengo en el recopilatorio de La Duendes
(lo vimos el 14/02/12), con un magistral despliegue de mala leche que desentona
bastante en un libro supuestamente pensado para los más chicos.
Y el resto, el material de Humi, me sacó alguna que
otra sonrisa, no es una sarta de gansadas con cero chances de seducir a un
lector adulto, pero no me fascinó. A diferencia de los « ensayos
gráficos », estas historietas nos permiten disfrutar a Grondona
White narrando en secuencia, y la verdad es que vemos una narrativa muy rara,
con la “cámara” casi inmóvil, casi sin cambio de planos, como si fuera una obra
de teatro pero prácticamente sin decorados, porque el maestro no dibujaba casi
nunca los fondos (y cuando los dibujaba eran muy, muy minimalistas). Todo el
tiempo vemos a todos los personajes de cuerpo entero y de frente, como en el
teatro, o como en Little Nemo in Slumberland. El dibujo se pone el relato al
hombro, siempre con la línea típica de Grondona
White, con ese grosor uniforme y sin sombras ni manchas. Por suerte a lo largo
de todo el tomo se disfruta la gran expresividad del dibujo del maestro, su
increíble poder de observación y su talento devastador para las expresiones
faciales. Los guiones de Bespi... y, más o menos.
No quería terminar el año sin reseñar el Vol.5 de Gipsy,
el último de la serie creada en los ´90 por Thierry Smolderen y Enrico Marini,
de la que ya vimos en el blog los cuatro tomos anteriores. Cuando me tocó leer
el Vol.4 (28/11/19) me encontré con un guión flojo, poco convincente. Este está
muchísimo mejor. Acá se ve que Smolderen está más compenetrado con la historia
que quiere contar, no se lo lleva puesto la urgencia por detonar escenas de
violencia y descontrol. El Ala Blanca es un guión más pensado, con rosca
política, con bastante introspección, con buen desarrollo para los dos
personajes secundarios que arrancaron en el Vol.1 y llegaron al final (Oblivia
y La Hechicera) e incluso con ideas para explorar en tomos futuros... que nunca
existieron. Lamentablemente, la saga de Gipsy quedó acá, con un tomo muy
interesante, con situaciones de comedia, garches, peleas y traiciones en un
Medio Oriente siempre picante y conflictivo.
El dibujo de Enrico Marini es exquisito de punta a punta y
una vez más supera todo lo exhibido hasta el momento. No hay rubro en el que el
suizo hijo de italianos no descolle, pero si tengo que subrayar uno, en este
tomo sería el color. De pronto, en una serie dominada por los colores fríos y
oscuros, irrumpen los colores cálidos y las escenas luminosas, y la magia
cromática de Marini se multiplica, se expande. La narrativa es atrapante a
pesar de las muchas páginas con 10 viñetas,y el estilo conserva el toque justo de grotesco como para
transmitirnos la sensación de que sí, es una aventura fuerte, con acción, con
tiros, con explosiones donde muere gente posta, pero tampoco es para tomárselo
taaaaan en serio. Marini la rompe tanto en la machaca estridente como en los
pasajes más intimistas y hace añicos el molde de la típica aventura del mercado
francés (que a los argentinos nos resulta un toque fría) a fuerza de primeros
planos muy expresivos, algún que otro afano a Katsuhiro Otomo (vicio que pronto
terminaría de sacarse de encima) y un dinamismo alucinante cada vez que los
personajes entran en acción.
No te quiero engañar y venderte El Ala Blanca como si
fuera una gema del infinito, pero es un álbum sólido, entretenido y con unos dibujos
de la hiper-concha de Dios. Muy buen final para esta serie noventosa que
consagrara a uno de los más grandes historietistas que tiene hoy el Viejo
Continente.
Y nada más, por hoy. Supongo que antes del sábado estaré cumpliendo
la meta de los 120 posteos durante 2019, y si no, será seguro antes del martes
31. Muchas gracias a todos los que se acercaron a saludarme este finde en
Avellaneda Comics y hasta pronto.
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Thierry Smolderen
jueves, 28 de noviembre de 2019
JUEVES PACHORRO
Mi consigna para hoy fue
no salir de mi casa, y por ahora la estoy cumpliendo a rajatabla. Aprovecho,
entonces, para sacar con fritas las reseñas de dos libros que leí en estos
días.
Conseguí en oferta los
tomos que me faltaban para completar Gipsy, o sea que esta reseña del Vol.4 es
secuela de la del tomo anterior, publicada el 07/11/11. Si hace ocho años la
trilogía original de Gipsy ya tenía rasgos de “comic viejo”, que la anclaban a
la época de su realización (primera mitad de los ´90), seguramente eso debería
molestar más si agarro esta cuarta entrega 22 años después de su aparición en
Francia, no? Sí, en algunas cosas sí.
El guión de Thierry
Smolderen no era una maravilla en 1997 y leído hoy, suena bastante a “más de lo
mismo”. El personaje de Mirno nunca me cerró, el personaje de Rosalynn está
bastante al pedo, las distintas facciones de malvivientes que confrontan con
“los buenos” aportan más confusión que otra cosa, la asesina silenciosa de la
moto y las gafas oscuras nunca se explica… por momentos es todo un kilombo, una
sucesión de excusas (que se tropiezan unas con otras) para que estalle la
violencia. Lo más rescatable es el subtexto satírico con el que Smolderen se
caga de risa del fanatismo ciego e irracional que el futbol produce en las
masas. Esa sensación (tan conocida por los argentinos) de que una final de un
campeonato de futbol hace que “se congele el mundo” está muy bien plasmada en
el álbum, como explicación para algunas cosas medio inverosímiles y como
disparador de situaciones en las que la violencia llega de la mano del humor.
Y por supuesto lo que hace
irresistible al álbum (sobre todo cuando está en oferta) es el dibujo de Enrico
Marini, muy por encima de lo que vimos en la trilogía original. Quizás el color
no sea tan elegante, ni tan expresivo, pero el trazo del suizo está mucho más
suelto, más dinámico, más afilado. El equilibrio entre una estética básicamente
realista y los rasgos caricaturescos de algunos personajes está muy bien
logrado, las escenas de acción (en su mayoría mudas) son tremendas y por
supuesto Marini aprovecha a pleno la posibilidad de tener pocas páginas de 9 ó
10 viñetas. Gran trabajo de un dibujante que ya estaba en un punto alucinante
de su madurez como profesional. Me queda otro tomo Gipsy (autoconclusivo, como
este) en el pilón de los pendientes. No se si se va a Diciembre o si queda para
el 2020. Veremos.
Salto a Argentina, año
2019, para leer uno de los cuatro o cinco mejores comics de autores locales
aparecidos este año. El Ultimo Recurso, de Lubrio y Kundo Krunch, propone un
torbellino de acción, combates, diálogos ingeniosos y personajes estrambóticos
que me resultó totalmente adictivo y satisfactorio.
Cualquier comic que en la
cuarta página nos ofrezca una splash-page de un tipo empomándose a un cadáver
me tiene entre sus fans, pero El Ultimo Recurso va bastante más allá del
impacto de la necrofilia, los vómitos, las decapitaciones y las puteadas.
Lubrio banca de punta a punta del tomo una aventura trepidante, y la sostiene
en un argumento lineal, sólido, pero sobre todo en el desarrollo de un grupo de
personajes sumamente atractivos, a los que cualquier lector de este libro
querrá volver a ver. La dinámica del equipo, los poderes y las personalidades
de estos freaks, hacen que El Ultimo Recurso trascienda los confines de la
historieta de aventuras con monstruos y machaca para aspirar a cautivar a un
lector más exigente, a cuya inteligencia apela todo el tiempo el guión de
Lubrio, incluso cuando nos salpica con tripas, vómitos y bizarreadas varias.
La mejor decisión de
Lubrio, sin embargo, es no haber dibujado él mismo este guión. El estilo
gráfico del creador de Lucy Niestra y Zoila Zombie va mucho mejor –me parece-
con otro tipo de relatos. Y además, a la hora de buscar un dibujante, Lubrio se
sacó la lotería, el PRODE y el Quini 6 de la mano del marplatense Kundo Krunch,
a quien (desde que cambió radicalmente de estilo) hemos visto progresar a pasos
agigantados. Entre este trabajo y el que vimos el 03/10/19, Krunch se dio el
lujo de firmar en muy poquito tiempo dos obras absolutamente imprescindibles,
que seguro estarán entre lo más notable de este extraño 2019. Y ni me quiero
imaginar lo que viene.
Recomiendo mucho El Ultimo
Recurso, espero que Lubrio y Kundo produzcan infinitas secuelas y comendo a la
editorial Libera la Bestia por apostar a un proyecto como este, que no
cualquiera te edita un libro de 80 páginas a todo color con esta calidad.
Nada más, por hoy. Estamos
a exactamente un mes del festejo de los 10 años del blog, así que muy pronto
habrá más información para lso que estén con ganas de venir a acompañarme el 28
de Diciembre en Sector 2814. Au revoir.
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Thierry Smolderen
viernes, 16 de octubre de 2015
16/10: LAS AGUILAS DE ROMA Vol.2
Empecé a recorrer esta saga creada por Enrico Marini un ya lejano 15/12/13 y recién ahora le entré al segundo tomo. Y no porque el primero no me hubiese dejado satisfecho, sino porque hubo que esperar a que Norma lo reeditara, porque este Vol.2 se agotó muy rápido.
Estamos ante un tomo raro. Hasta la página 43, la trama es muy clásica: Marco Valerio Falco está comprometido con una mina a la que no quiere, en un matrimonio por conveniencia, y lo mismo le pasa a la joven y hermosa Priscilla, con la diferencia de que su prometido es un poderoso político en la antigua Roma. Marco va con todo a tirarle los galgos a Priscilla y rápidamente surgen los obstáculos en la relación, desde la novia despechada de Marco hasta muchachones que responden al novio de Priscilla y lo quieren cagar a palos al lanzado legionario. Para terminar de complicar las cosas, mete la cola Morfea, la meretriz más famosa de Roma, que además es… bueno, no se puede contar sin spoilear un giro argumental realmente impactante.
La acción es más carnal que bélica, pero también hay unas cuantas peleas, como para matizar. Marini es un gran dibujante de escenas de sexo, y acá nos ofrece muy lindos garches y hasta una orgía memorable. El personaje de Marco es, lejos, el más trabajado, el que más protagonismo tiene y el que más consigue la identificación del lector. El otro personaje central de la saga, el rústico (y también muy ganador) Ermanamer queda bastante relegado a un segundo plano y tiene muchas menos escenas importantes que Priscilla. Ojo, no me animo a sacarlo de la discusión. Es muy probable que Ermanamer recupere protagonismo en los tomos posteriores, pero esta vez es claramente un personaje secundario.
Las Aguilas de Roma se reconcilia con su género, el peplum, en apenas tres páginas (44 a 46), donde Marini pela unas escenas de batalla impresionantes. Y de la 47 a la 56, el autor dedica el último tramo del álbum, ambientado cinco años después de la frustrada historia de amor, a sembrar el argumento para el tercer tomo. Se trata de largas escenas de diálogo, signadas por la rosca política y la intriga palaciega, que van tirando al fuego (para que se cocine despacito) una nueva trama de perfil mucho más bélico. Por supuesto, hay un artilugio del guión para que en el próximo tomo, entre combate y combate, Marco se pueda reencontrar con Priscilla, y obviamente con Ermanamer.
Al poder decidir cuántas viñetas van en cada página, Marini opta por cuadros más grandes y se da a sí mismo la comodidad que no tiene en El Escorpión. También ayuda el hecho de tener 56 páginas en vez de 44 ó 46. Lo cierto es que Marini trabaja con páginas que –en general- no tienen más de siete cuadros, con más secuencias mudas, con más espacio para desarrollar la acción y también algunas páginas muy sobrecargadas de texto, sobre todo cuando la machaca y los garches le dejan su espacio a la intriga política.
El dibujo es exquisito y nos invita a disfrutar de un Marini muy afianzado en su estilo, con algunas cositas de Chris Sprouse, de Carlos Pacheco y hasta efectos en el color muy típicos de Milo Manara. A diferencia de aquellos primeros trabajos de los ´90, el Marini de este siglo tiene un repertorio gráfico muy propio, y en Las Aguilas de Roma tanto el tratamiento del color como el manejo de la referencia y la documentación no hacen más que realzar la calidad e incluso la identidad del dibujo del autor.
Con este tomo, tan centrado en la historia de amor y tan alejado de la consigna del Vol.1, Enrico Marini nos está diciendo que en esta serie puede pasar casi cualquier cosa, obviamente dentro de los confines de la historieta realista con ambientación histórica. Esto puede causar que alguno se vaya a las puteadas, sintiéndose estafado porque casi no hay combates, y que otros nos quedemos muy cebados por la destreza con la que el autor abrió el espectro y se animó a sumar romance, runflas y perversiones sexuales a una saga que venía para el lado de la machaca y algún toque de comedia muy sutil. Vamos por el Vol.3, ni bien lo vea a un precio razonable.
Estamos ante un tomo raro. Hasta la página 43, la trama es muy clásica: Marco Valerio Falco está comprometido con una mina a la que no quiere, en un matrimonio por conveniencia, y lo mismo le pasa a la joven y hermosa Priscilla, con la diferencia de que su prometido es un poderoso político en la antigua Roma. Marco va con todo a tirarle los galgos a Priscilla y rápidamente surgen los obstáculos en la relación, desde la novia despechada de Marco hasta muchachones que responden al novio de Priscilla y lo quieren cagar a palos al lanzado legionario. Para terminar de complicar las cosas, mete la cola Morfea, la meretriz más famosa de Roma, que además es… bueno, no se puede contar sin spoilear un giro argumental realmente impactante.
La acción es más carnal que bélica, pero también hay unas cuantas peleas, como para matizar. Marini es un gran dibujante de escenas de sexo, y acá nos ofrece muy lindos garches y hasta una orgía memorable. El personaje de Marco es, lejos, el más trabajado, el que más protagonismo tiene y el que más consigue la identificación del lector. El otro personaje central de la saga, el rústico (y también muy ganador) Ermanamer queda bastante relegado a un segundo plano y tiene muchas menos escenas importantes que Priscilla. Ojo, no me animo a sacarlo de la discusión. Es muy probable que Ermanamer recupere protagonismo en los tomos posteriores, pero esta vez es claramente un personaje secundario.
Las Aguilas de Roma se reconcilia con su género, el peplum, en apenas tres páginas (44 a 46), donde Marini pela unas escenas de batalla impresionantes. Y de la 47 a la 56, el autor dedica el último tramo del álbum, ambientado cinco años después de la frustrada historia de amor, a sembrar el argumento para el tercer tomo. Se trata de largas escenas de diálogo, signadas por la rosca política y la intriga palaciega, que van tirando al fuego (para que se cocine despacito) una nueva trama de perfil mucho más bélico. Por supuesto, hay un artilugio del guión para que en el próximo tomo, entre combate y combate, Marco se pueda reencontrar con Priscilla, y obviamente con Ermanamer.
Al poder decidir cuántas viñetas van en cada página, Marini opta por cuadros más grandes y se da a sí mismo la comodidad que no tiene en El Escorpión. También ayuda el hecho de tener 56 páginas en vez de 44 ó 46. Lo cierto es que Marini trabaja con páginas que –en general- no tienen más de siete cuadros, con más secuencias mudas, con más espacio para desarrollar la acción y también algunas páginas muy sobrecargadas de texto, sobre todo cuando la machaca y los garches le dejan su espacio a la intriga política.
El dibujo es exquisito y nos invita a disfrutar de un Marini muy afianzado en su estilo, con algunas cositas de Chris Sprouse, de Carlos Pacheco y hasta efectos en el color muy típicos de Milo Manara. A diferencia de aquellos primeros trabajos de los ´90, el Marini de este siglo tiene un repertorio gráfico muy propio, y en Las Aguilas de Roma tanto el tratamiento del color como el manejo de la referencia y la documentación no hacen más que realzar la calidad e incluso la identidad del dibujo del autor.
Con este tomo, tan centrado en la historia de amor y tan alejado de la consigna del Vol.1, Enrico Marini nos está diciendo que en esta serie puede pasar casi cualquier cosa, obviamente dentro de los confines de la historieta realista con ambientación histórica. Esto puede causar que alguno se vaya a las puteadas, sintiéndose estafado porque casi no hay combates, y que otros nos quedemos muy cebados por la destreza con la que el autor abrió el espectro y se animó a sumar romance, runflas y perversiones sexuales a una saga que venía para el lado de la machaca y algún toque de comedia muy sutil. Vamos por el Vol.3, ni bien lo vea a un precio razonable.
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martes, 22 de septiembre de 2015
22/09: EL ESCORPION Vol.10
Más de dos años esperé para enterarme cómo carajo terminaba esta saga de El Escorpión, en la que Stephen Desberg y Enrico Marini dejaron de lado la impronta original de la serie (aventuras indianajonescas en la época del Renacimiento) para meterse a fondo en la dramática resolución del origen de Armando Catalano. En este último tramo, todo pasa por la conjura, por la intriga palaciega, por las luchas de poder entre las familias más poderosas de Roma, y las armas no son tanto las espadas y los chumbos como los secretos: mal y tarde, saltarán a la luz secretos escabrosos guardados hace décadas y la historia pegará unos volantazos tan alucinantes que la aventura, la machaca y las persecusiones pasarán rápidamente a un tercer plano. Desberg se guardó para la última mano varias cartas jodidas y hasta se dio el lujo de no cerrar del todo TODAS las puntas, en parte porque hay un sutil sembradío de plots para el Vol.11 (que ya salió y deseo con toda mi alma) y en parte porque era virtualmente imposible cerrar en 46 páginas todo lo que estaba pendiente de resolución, incluyendo líneas argumentales acumuladas a lo largo de varios tomos.
Lo cierto es que, en estas 46 páginas, cerramos la trama de la filiación de Armando, su confrontación con su principal enemigo y hasta respondimos la incógnita acerca de su vida sentimental. Para eso, Desberg despliega un montón de recursos narrativos, principalmente flashbacks y muchos cortes, muchas escenas breves, que se suceden unas a otras de modo trepidante, hasta que recién en el último tercio del álbum empiezan a aparecer las secuencias más largas. Al igual que en el tomo anterior, lo único criticable es que Desberg no supo reducir a tiempo el elenco. Lo amplió, lo amplió, y cuando quemaron las papas, tuvo que relegar a un montón de personajes a roles muy chiquitos, o sacarlos de escena con excusas medio prendidas con alfileres. Pero era eso, o extender la saga un álbum más y ya la tensión estaba en un punto demasiado jodido…
No quiero contar nada del argumento porque las revelaciones son muy grossas. Me voy con el dibujo de Marini, que se encuentra frente a un desafío muy zarpado con esto de las mini-secuencias. Tres, cuatro viñetas, y se terminó la escena. Y de nuevo a cambiar de ambientación, de lugares, de épocas y de personajes. Y a las tres viñetas, nos vamos a otra cosa, a los santos pedos, durante más de medio libro. Eso es MUY complicado para cualquier dibujante, pero el suizo hijo de tanos se arremanga y lo resuelve con categoría. El truco es apoyarse en la paleta de colores: cada vez que cambia el engamado, cambia la escena. Y así no te perdés nunca. En una misma página tenés varias viñetas engamadas en gris y marrón (el nacimiento de Armando), en azules (escenas del presente que transcurren de noche a la intemperie), en dorado (también del presente, pero adentro de un palacio), en verde (escenas de la juventud de los Trebaldi)… y así uno se arma las equivalencias entre colores y ambientaciones y no queda pagando cuando la trama salta de un tiempo o de un lugar a otro. Todo lo demás está dibujado de puta madre, como siempre, con esos primeros planos fuertes, esos momentos en los que la acción desborda la grilla de ocho o nueve viñetas por página y ese laburo exquisito en las secuencias mudas. Marini está en un momento increíble y cada página suya es una verdadera cátedra.
Como ya mencioné más arriba, el año pasado salió el Vol.11, donde aparentemente arranca un nuevo arco argumental, y eventualmente lo capturaré para leerlo. El Escorpión sigue estando entre las adicciones realmente jodidas para todos los que queremos leer aventura histórica con mucho rigor documental, pero también con onda, emociones, peleas, runflas, garches, diálogos ingeniosos y personajes capaces de trascender las épocas y los géneros. Banco a esta serie hasta que aplaudan los Playmobil.
Lo cierto es que, en estas 46 páginas, cerramos la trama de la filiación de Armando, su confrontación con su principal enemigo y hasta respondimos la incógnita acerca de su vida sentimental. Para eso, Desberg despliega un montón de recursos narrativos, principalmente flashbacks y muchos cortes, muchas escenas breves, que se suceden unas a otras de modo trepidante, hasta que recién en el último tercio del álbum empiezan a aparecer las secuencias más largas. Al igual que en el tomo anterior, lo único criticable es que Desberg no supo reducir a tiempo el elenco. Lo amplió, lo amplió, y cuando quemaron las papas, tuvo que relegar a un montón de personajes a roles muy chiquitos, o sacarlos de escena con excusas medio prendidas con alfileres. Pero era eso, o extender la saga un álbum más y ya la tensión estaba en un punto demasiado jodido…
No quiero contar nada del argumento porque las revelaciones son muy grossas. Me voy con el dibujo de Marini, que se encuentra frente a un desafío muy zarpado con esto de las mini-secuencias. Tres, cuatro viñetas, y se terminó la escena. Y de nuevo a cambiar de ambientación, de lugares, de épocas y de personajes. Y a las tres viñetas, nos vamos a otra cosa, a los santos pedos, durante más de medio libro. Eso es MUY complicado para cualquier dibujante, pero el suizo hijo de tanos se arremanga y lo resuelve con categoría. El truco es apoyarse en la paleta de colores: cada vez que cambia el engamado, cambia la escena. Y así no te perdés nunca. En una misma página tenés varias viñetas engamadas en gris y marrón (el nacimiento de Armando), en azules (escenas del presente que transcurren de noche a la intemperie), en dorado (también del presente, pero adentro de un palacio), en verde (escenas de la juventud de los Trebaldi)… y así uno se arma las equivalencias entre colores y ambientaciones y no queda pagando cuando la trama salta de un tiempo o de un lugar a otro. Todo lo demás está dibujado de puta madre, como siempre, con esos primeros planos fuertes, esos momentos en los que la acción desborda la grilla de ocho o nueve viñetas por página y ese laburo exquisito en las secuencias mudas. Marini está en un momento increíble y cada página suya es una verdadera cátedra.
Como ya mencioné más arriba, el año pasado salió el Vol.11, donde aparentemente arranca un nuevo arco argumental, y eventualmente lo capturaré para leerlo. El Escorpión sigue estando entre las adicciones realmente jodidas para todos los que queremos leer aventura histórica con mucho rigor documental, pero también con onda, emociones, peleas, runflas, garches, diálogos ingeniosos y personajes capaces de trascender las épocas y los géneros. Banco a esta serie hasta que aplaudan los Playmobil.
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domingo, 15 de diciembre de 2013
15/ 12: LAS AGUILAS DE ROMA Vol.1
Este libro lo compré porque lo vi en oferta, no porque le tuviera mucha fe al glorioso dibujante Enrico Marini en su debut como autor integral. Y la verdad es que me sorprendió. Apenas 56 páginas le alcanzaron al suizo hijo de italianos para demostrar que aprendió las lecciones correctas de los guionistas con los que le tocó trabajar en los 20 años que lleva de carrera en el comic franco-belga.
Para su primera serie como solista, Marini no arriesgó con la temática: se tiró a una aventura de ambientación histórica y eligió la época del Imperio Romano, una de las favoritas de los lectores francófonos. Pero fue más allá: uno de los protagonistas de Las Aguilas de Roma, Arminio, el bárbaro germánico que será entrenado para convertirse en un militar romano, es un personaje histórico que existió en la realidad y lo que hará Marini será “barnizar” un poco esa historia real para convertirla en una aventura emocionante para el lector.
Una aventura que –sospecho yo- comenzará a ganar protagonismo a partir del segundo tomo, porque acá Marini se dedica básicamente a plantear la situación histórica en la que transcurre la saga y a presentar a los protagonistas. En este último rubro, la labor del autor es sobresaliente. En no muchas páginas y sin un conflicto fuerte, acuciante, de por medio, los lectores llegamos a conocer a fondo al bravo Arminio, al impredecible Marco y a Tito Valerio Falco, que hasta ahora es el personaje secundario con más peso en la trama. Por supuesto hay varios secundarios interesantes más, principalmente Lucilla, la encargada de llevar adelante el plot que tiene que ver con la intriga palaciega, un componente importante en una primera entrega en la que la machaca, el aspecto bélico que podrían sugerir la portada y el título de la obra, no está tan enfatizado.
Más que en poner a los personajes en situaciones límite en la que todo está en juego, Marini se esfuerza por darles tridimensionalidad a través de escenas de sus vidas cotidianas. Veremos a Marco y Arminio forjar un vínculo, recibir un duro entrenamiento, conocer los placeres de la carne y ganarse amigos y enemigos dentro del entorno de los Falco. Todo esto en el marco de una reconstrucción muy fiel y muy atractiva de esos años (la historia arranca un año antes de Cristo y termina –por ahora- en el año 4 de nuestra era). ¿Se puede prescindir de la épica para contar una historia del Imperio Romano? Sí, Marini demuestra que, como mínimo, se pueden dedicar las primeras 56 páginas de la historia a contar cosas que no pasan por las batallas y donde, si bien hay escenas fuertes, violentas, bastante heavies, la cosa va para otro lado.
En cuanto al dibujo, el suizo también nos reserva algunas sorpresas. No en el color, que está tan perfecto como en los mejores tomos de El Escorpión, sino más bien en el grafismo y en la narrativa. En estos sentidos, Las Aguilas... es el trabajo más europeo de Marini. Acá hay más viñetas por página, más tomas “de lejos”, y más cositas (enfoques, secuencias, detalles) de Hermann y de André Juillard que de Katsuhiro Otomo o Carlos Pacheco, que eran referencias con las que nos encontrábamos muy a menudo en los álbumes anteriores del ídolo.
Este primer tomo de Las Aguilas de Roma tiene como principal atractivo (además del dibujo de Marini, siempre impecable) esta posibilidad de ver cómo dos chicos muy distintos entre sí se convierten en hombres al servicio del Imperio Romano. Uno de ellos prácticamente está cumpliendo su destino, y el otro, por el contrario, lo está desafiando de un modo brutal, lo cual seguramente activará una serie de conflictos muy espesos en los tomos posteriores. Ya me pongo en campaña para conseguir lo que sigue, para ver cómo cosecha Enrico Marini todo lo que sembró en este primer álbum (de 2007) que –repito- lo pone al suizo en la selecta lista de los grandes dibujantes que un día quisieron ser guionistas y pelaron lo que había que pelar. Hace poquito salió en Francia el Vol.4 y pareciera ser que el Vol.5 será el último. Por suerte me quedan muchas páginas por recorrer junto a estos personajes perfectamente delineados por un autor que no dejó nada librado al azar. “Alea jacta est”, dijo una vez un romano al que le gustaba jugarse el todo por el todo...
Para su primera serie como solista, Marini no arriesgó con la temática: se tiró a una aventura de ambientación histórica y eligió la época del Imperio Romano, una de las favoritas de los lectores francófonos. Pero fue más allá: uno de los protagonistas de Las Aguilas de Roma, Arminio, el bárbaro germánico que será entrenado para convertirse en un militar romano, es un personaje histórico que existió en la realidad y lo que hará Marini será “barnizar” un poco esa historia real para convertirla en una aventura emocionante para el lector.
Una aventura que –sospecho yo- comenzará a ganar protagonismo a partir del segundo tomo, porque acá Marini se dedica básicamente a plantear la situación histórica en la que transcurre la saga y a presentar a los protagonistas. En este último rubro, la labor del autor es sobresaliente. En no muchas páginas y sin un conflicto fuerte, acuciante, de por medio, los lectores llegamos a conocer a fondo al bravo Arminio, al impredecible Marco y a Tito Valerio Falco, que hasta ahora es el personaje secundario con más peso en la trama. Por supuesto hay varios secundarios interesantes más, principalmente Lucilla, la encargada de llevar adelante el plot que tiene que ver con la intriga palaciega, un componente importante en una primera entrega en la que la machaca, el aspecto bélico que podrían sugerir la portada y el título de la obra, no está tan enfatizado.
Más que en poner a los personajes en situaciones límite en la que todo está en juego, Marini se esfuerza por darles tridimensionalidad a través de escenas de sus vidas cotidianas. Veremos a Marco y Arminio forjar un vínculo, recibir un duro entrenamiento, conocer los placeres de la carne y ganarse amigos y enemigos dentro del entorno de los Falco. Todo esto en el marco de una reconstrucción muy fiel y muy atractiva de esos años (la historia arranca un año antes de Cristo y termina –por ahora- en el año 4 de nuestra era). ¿Se puede prescindir de la épica para contar una historia del Imperio Romano? Sí, Marini demuestra que, como mínimo, se pueden dedicar las primeras 56 páginas de la historia a contar cosas que no pasan por las batallas y donde, si bien hay escenas fuertes, violentas, bastante heavies, la cosa va para otro lado.
En cuanto al dibujo, el suizo también nos reserva algunas sorpresas. No en el color, que está tan perfecto como en los mejores tomos de El Escorpión, sino más bien en el grafismo y en la narrativa. En estos sentidos, Las Aguilas... es el trabajo más europeo de Marini. Acá hay más viñetas por página, más tomas “de lejos”, y más cositas (enfoques, secuencias, detalles) de Hermann y de André Juillard que de Katsuhiro Otomo o Carlos Pacheco, que eran referencias con las que nos encontrábamos muy a menudo en los álbumes anteriores del ídolo.
Este primer tomo de Las Aguilas de Roma tiene como principal atractivo (además del dibujo de Marini, siempre impecable) esta posibilidad de ver cómo dos chicos muy distintos entre sí se convierten en hombres al servicio del Imperio Romano. Uno de ellos prácticamente está cumpliendo su destino, y el otro, por el contrario, lo está desafiando de un modo brutal, lo cual seguramente activará una serie de conflictos muy espesos en los tomos posteriores. Ya me pongo en campaña para conseguir lo que sigue, para ver cómo cosecha Enrico Marini todo lo que sembró en este primer álbum (de 2007) que –repito- lo pone al suizo en la selecta lista de los grandes dibujantes que un día quisieron ser guionistas y pelaron lo que había que pelar. Hace poquito salió en Francia el Vol.4 y pareciera ser que el Vol.5 será el último. Por suerte me quedan muchas páginas por recorrer junto a estos personajes perfectamente delineados por un autor que no dejó nada librado al azar. “Alea jacta est”, dijo una vez un romano al que le gustaba jugarse el todo por el todo...
martes, 10 de septiembre de 2013
10/ 09: EL ESCORPION Vol.9
“Esto está por explotar”, dirían Daniel Hadad y Eduardo Feinman en alguna noche calurosa (como esta) pero de 2001. La saga de El Escorpión está en un punto tan crucial, tan definitivo, que si no termina en el Vol.10, los denuncio por defraudación y estafa. Ya está, ya está todo ahí, al filo. Sólo queda soplar la pelota para que entre. El maligno Cosimo Trebaldi está en su peor momento, el misterio de la filiación de Armando está por resolverse, estamos por descubrir a una mano negra jodida, que opera por atrás de todos estos personajes creados hace ya 13 años por Stephen Desberg y Enrico Marini.
Y sí, son muchos personajes y algunos aparecen muy poco, apenas un par de escenas. Incluso algunos muy bien armados, con mucho potencial para protagonizar secuencias memorables, como Nelio, Marie-Ange o la propia Mejaï, que en algún momento amagó con eclipsar el propio personaje principal. De alguna manera, Desberg se las ingenia para que todos entren y salgan armoniosamente de la trama y que cada uno haga su aporte. En este tomo en particular hay personajes desaprovechados, como los asesinos a sueldo que contrata el Papa para eliminar a... alguien, pero en general, si bien se zarpa con la cantidad de personajes, el guionista sabe sacar lo mejor de cada uno.
Quizás el mayor mérito de El Escorpión es cómo barre, como destruye nuestro descreimiento. No lo suspendemos (como pedía Borges), nos olvidamos de que alguna vez lo tuvimos. Desberg le dispara con el Ultimate Nullifier que alguna vez usara Reed Richards contra Galactus y logra lo imposible: que le compremos TODO. Peripecias zarpadas, coincidencias cuasi-imposibles, rescates al filo de la realidad, gente que se hace pasar por otra sin que nadie se dé cuenta, gente que finge estar muerta sin que nadie se avive de que está viva... De pronto, todo es creíble, porque todo, hasta lo más limado, impulsa a esta locomotora descontrolada de aventura y diversión, condimentada con intriga palaciega, corrupción a altos niveles del poder y toquecitos de comedia y de erotismo.
Buena parte del mérito en esto de que al Escorpión le creemos todo recae en el dibujo de Enrico Marini, que le pone mucho huevo a la ambientación histórica cada vez que tiene que dibujar edificios, carruajes y uniformes. Por supuesto su fuerte no es ese, sino el gran dinamismo de sus figuras, a años luz de los típicos dibujantes francófonos de aventura histórica, que al lado de Marini son momias disecadas. El suizo hijo de tanos se da muchos lujos infrecuentes en este tipo de álbumes europeos: mete pocas viñetas por página (casi nunca llega a ocho), bastantes primeros planos (y todos MUY expresivos), muchas escenas de acción... Yo creo que si lo dejaran, pelaría una narrativa cuasi-japonesa, con ocho viñetas para mostrarnos sólo un choque de espadas. Muy notable lo de Marini, un gran dibujante capaz de combinar efectismo y sofisticación.
Si nunca leiste El Escorpión, ni se te ocurra empezar por este tomo, porque realmente no vas a entender una chota. Los amigos de Norma ponen un mini-resumen antes de la primera página, pero me cagué de risa porque te cuenta tan poco, que bien podría no estar. Y si ya te picó el escorpión, si ya tenés inoculado el veneno de esta aventura trepidante y adictiva, seguro que ya te compraste este tomo (probablemente en tapa dura) y le estás prendiendo velas a todos los santos para que salga pronto el próximo. En España digo, porque en Francia salió el año pasado...
Y sí, son muchos personajes y algunos aparecen muy poco, apenas un par de escenas. Incluso algunos muy bien armados, con mucho potencial para protagonizar secuencias memorables, como Nelio, Marie-Ange o la propia Mejaï, que en algún momento amagó con eclipsar el propio personaje principal. De alguna manera, Desberg se las ingenia para que todos entren y salgan armoniosamente de la trama y que cada uno haga su aporte. En este tomo en particular hay personajes desaprovechados, como los asesinos a sueldo que contrata el Papa para eliminar a... alguien, pero en general, si bien se zarpa con la cantidad de personajes, el guionista sabe sacar lo mejor de cada uno.
Quizás el mayor mérito de El Escorpión es cómo barre, como destruye nuestro descreimiento. No lo suspendemos (como pedía Borges), nos olvidamos de que alguna vez lo tuvimos. Desberg le dispara con el Ultimate Nullifier que alguna vez usara Reed Richards contra Galactus y logra lo imposible: que le compremos TODO. Peripecias zarpadas, coincidencias cuasi-imposibles, rescates al filo de la realidad, gente que se hace pasar por otra sin que nadie se dé cuenta, gente que finge estar muerta sin que nadie se avive de que está viva... De pronto, todo es creíble, porque todo, hasta lo más limado, impulsa a esta locomotora descontrolada de aventura y diversión, condimentada con intriga palaciega, corrupción a altos niveles del poder y toquecitos de comedia y de erotismo.
Buena parte del mérito en esto de que al Escorpión le creemos todo recae en el dibujo de Enrico Marini, que le pone mucho huevo a la ambientación histórica cada vez que tiene que dibujar edificios, carruajes y uniformes. Por supuesto su fuerte no es ese, sino el gran dinamismo de sus figuras, a años luz de los típicos dibujantes francófonos de aventura histórica, que al lado de Marini son momias disecadas. El suizo hijo de tanos se da muchos lujos infrecuentes en este tipo de álbumes europeos: mete pocas viñetas por página (casi nunca llega a ocho), bastantes primeros planos (y todos MUY expresivos), muchas escenas de acción... Yo creo que si lo dejaran, pelaría una narrativa cuasi-japonesa, con ocho viñetas para mostrarnos sólo un choque de espadas. Muy notable lo de Marini, un gran dibujante capaz de combinar efectismo y sofisticación.
Si nunca leiste El Escorpión, ni se te ocurra empezar por este tomo, porque realmente no vas a entender una chota. Los amigos de Norma ponen un mini-resumen antes de la primera página, pero me cagué de risa porque te cuenta tan poco, que bien podría no estar. Y si ya te picó el escorpión, si ya tenés inoculado el veneno de esta aventura trepidante y adictiva, seguro que ya te compraste este tomo (probablemente en tapa dura) y le estás prendiendo velas a todos los santos para que salga pronto el próximo. En España digo, porque en Francia salió el año pasado...
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martes, 17 de enero de 2012
17/ 01: EL ESCORPION Vol.8
Esta vez tardé en retomar esta serie, pero poco. Es que la epopeya de Armando Catalano, el Escorpión, tal como la narran Stephen Desberg y Enrico Marini, es una adicción jodida.
Probablemente –y mirá la bomba que estoy por tirar- este sea el mejor tomo de la serie. No sólo acá avanza un montón el plot que arrancó en el tomo anterior, relacionado con los oscuros secretos del origen del Escorpión, la compulsión del Papa por eliminarlo, etc., sino que además en estas 46 páginas hay una trama que se plantea, se desarrolla y se resuelve a la perfección. La primera saga larga de El Escorpión (la de los Vol.1 al 6) sorprendía (entre otras cosas) porque cada tomo terminaba en un cliffhanger maligno, con nuestro héroe al filo de la muerte, con todo a milímetros de pudrirse para siempre. En este nuevo episodio, Desberg encontró la vuelta que le faltaba para poder hacer las dos cosas: bancar el in crescendo de las tramas centrales de la saga mayor, y ofrecernos la posibilidad de disfrutar una aventura que empieza y temina.
Una aventura que tiene que ver con un montón de avechuchos conjurados para que el Papa nunca reciba los cofres repletos de oro que necesita para que no se le subleven sus tropas de monjes guerreros. Tal como yo sospechaba en la reseña anterior, la onda Indiana Jones de los primeros álbumes se fue para no volver. Ahora la mano viene más por el lado de la intriga palaciega, con jerarcas del Vaticano y nobles señores de familias potentadas, un elenco de ricos y famosos donde no faltan los impostores, los canallas y los traidores capaces de sacrificar su honra por un poco de oro, o incluso por un buen polvo.
Y ahí hay un potencial peligro, algo que si Desberg no pilotea con muuuucha cintura, lo puede llegar a complicar: desde que la acción se centra en Roma, el elenco no para de crecer! Para este tomo, el protagonismo está repartido entre 10 ó 12 personajes importantes, y eso puede repercutir, primero en cierta confusión para el lector que se engancha tarde (que alguno siempre hay) y segundo en cierta pérdida de chapa del verdadero protagonista, el Escorpión, que sigue siendo el que más peso tiene en la trama, pero ahora comparte el spotlight con demasiada gente. Para el próximo tomo, quiero suponer que uno de los personajes que se suman en este, el asesino de la cicatriz, va a terminar por ser el ángel al que hace alusión el título de este tomo (La Sombra del Angel). Si no, no se entiende por qué se llama así.
Lo cierto es que, además de los apabullantes logros y las arriesgadas apuestas de Desberg, lo que hace hipnótico a El Escorpión y te llena el alma tomo a tomo es el dibujo del suizo hijo de tanos. Fuera de joda, qué lindo es ver mejorar a un tipo que arrancó tan arriba. Marini ya está en ese nivel en el que toda definición estilística le queda chica. En sus páginas conviven lo mejor de la escuela realista europea (Hermann, Milo Manara, André Juillard), con elementos “menos europeos”, como las figuras llenas de dinamismo o los primeros planos llenos de expresividad. De ese cóctel de influencias (en el que también subyace, en algún lado, Katsuhiro Otomo, a quien Marini choreaba a mano armada en sus inicios) sale un estilo perfectamente adaptado al gran protagonismo que tiene el color (que además es excelente) y también a las nada despreciables exigencias que plantea la narrativa de álbum francés, con muchas páginas de más de siete viñetas.
Ya salió el Vol.9, pero hasta ahora lo vi sólo en hardcover. Ni bien pinte en softco, me lo compro y lo leo, porque esta serie está en un momento realmente increíble.
Probablemente –y mirá la bomba que estoy por tirar- este sea el mejor tomo de la serie. No sólo acá avanza un montón el plot que arrancó en el tomo anterior, relacionado con los oscuros secretos del origen del Escorpión, la compulsión del Papa por eliminarlo, etc., sino que además en estas 46 páginas hay una trama que se plantea, se desarrolla y se resuelve a la perfección. La primera saga larga de El Escorpión (la de los Vol.1 al 6) sorprendía (entre otras cosas) porque cada tomo terminaba en un cliffhanger maligno, con nuestro héroe al filo de la muerte, con todo a milímetros de pudrirse para siempre. En este nuevo episodio, Desberg encontró la vuelta que le faltaba para poder hacer las dos cosas: bancar el in crescendo de las tramas centrales de la saga mayor, y ofrecernos la posibilidad de disfrutar una aventura que empieza y temina.
Una aventura que tiene que ver con un montón de avechuchos conjurados para que el Papa nunca reciba los cofres repletos de oro que necesita para que no se le subleven sus tropas de monjes guerreros. Tal como yo sospechaba en la reseña anterior, la onda Indiana Jones de los primeros álbumes se fue para no volver. Ahora la mano viene más por el lado de la intriga palaciega, con jerarcas del Vaticano y nobles señores de familias potentadas, un elenco de ricos y famosos donde no faltan los impostores, los canallas y los traidores capaces de sacrificar su honra por un poco de oro, o incluso por un buen polvo.
Y ahí hay un potencial peligro, algo que si Desberg no pilotea con muuuucha cintura, lo puede llegar a complicar: desde que la acción se centra en Roma, el elenco no para de crecer! Para este tomo, el protagonismo está repartido entre 10 ó 12 personajes importantes, y eso puede repercutir, primero en cierta confusión para el lector que se engancha tarde (que alguno siempre hay) y segundo en cierta pérdida de chapa del verdadero protagonista, el Escorpión, que sigue siendo el que más peso tiene en la trama, pero ahora comparte el spotlight con demasiada gente. Para el próximo tomo, quiero suponer que uno de los personajes que se suman en este, el asesino de la cicatriz, va a terminar por ser el ángel al que hace alusión el título de este tomo (La Sombra del Angel). Si no, no se entiende por qué se llama así.
Lo cierto es que, además de los apabullantes logros y las arriesgadas apuestas de Desberg, lo que hace hipnótico a El Escorpión y te llena el alma tomo a tomo es el dibujo del suizo hijo de tanos. Fuera de joda, qué lindo es ver mejorar a un tipo que arrancó tan arriba. Marini ya está en ese nivel en el que toda definición estilística le queda chica. En sus páginas conviven lo mejor de la escuela realista europea (Hermann, Milo Manara, André Juillard), con elementos “menos europeos”, como las figuras llenas de dinamismo o los primeros planos llenos de expresividad. De ese cóctel de influencias (en el que también subyace, en algún lado, Katsuhiro Otomo, a quien Marini choreaba a mano armada en sus inicios) sale un estilo perfectamente adaptado al gran protagonismo que tiene el color (que además es excelente) y también a las nada despreciables exigencias que plantea la narrativa de álbum francés, con muchas páginas de más de siete viñetas.
Ya salió el Vol.9, pero hasta ahora lo vi sólo en hardcover. Ni bien pinte en softco, me lo compro y lo leo, porque esta serie está en un momento realmente increíble.
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viernes, 2 de diciembre de 2011
02/ 12: EL ESCORPION Vol.7

A falta de gitanos, buenos son los escorpiones. A esta altura del partido, el suizo Enrico Marini se sumó a la lista de las figuritas archi-repetidas, de los fetiches de este blog, y bueno, por suerte tenía un par de tomos de El Escorpión sin leer.
La última vez que lo visitamos (el 13/11 de 2010, hace más de un año) llegamos justo para el final de una saga compleja y ambiciosa, la de la cruz de San Pedro, saga que además le sirvió al guionista Stephen Desberg para presentarnos a los principales héroes y villanos de esta serie que ya lleva más de 10 años de éxito en Europa, pero que no sé si en Argentina tiene muchos fans. Lo cierto es que en este tomo se inicia una nueva saga, que tiene más que ver con el pasado del propio Escorpión, más precisamente con su madre y su padre. Como los grandes guionistas de superhéroes (pienso ahora en un Roy Thomas), Desberg aprovecha ese momento sensible, de vulnerabilidad histórica, el momento de meterse con las raíces del personaje, para pegar un retro-sacudón mortal, gracias al cual nada es lo que parece ser, pero no desde ahora, sino desde el primer día de vida de Armando, el Escorpión, el protagonista de la historia.
La revelación es más shockeante para el Escorpión que para los lectores, que ni bien Desberg sugirió cierta vaguedad en la explicación del pasado de Armando, supusimos por dónde podía venir la mano. Lo cual habla bien del guionista, porque quiere decir que ese volantazo no es un delirio de trasnochados, sino algo que venía construyendo sutilmente, con pistas que los lectores pudimos decodificar sin que los personajes explicitaran absolutamente nada. A partir de ahí, la relación entre el héroe y el villano (el maligno noble romano Trebaldi, convertido en un papa cruel y despiadado) va a cambiar forzosamente y seguramente el rumbo de los próximos tomos se disparará en direcciones muy distintas a la de la saga que abarcó las seis primeras entregas.
Ya de movida, en este tomo todo sucede en Roma, ya no galopamos junto al Escorpión y sus amigos por locaciones exóticas. Con el jodido de Trebaldi atrincherado en el cargo de mayor jerarquía de la Iglesia Católica, la mano va a venir por el lado de la intriga palaciega, me parece, y no tanto por el lado de la aventura onda Indiana Jones. Por supuesto, Desberg no desaprovecha el hecho de que el papa es el villano. Por el contrario, lo usa a full para bajar línea a cuatro manos acerca del oscurantismo, la crueldad, el machismo y la hipocresía de esos señores que dicen ser representantes de Dios en la tierra. De pronto, además de las peleas y los garches, hay más atención al entorno socio-cultural del Escorpión y eso se agradece muchísimo.
Y como tantas veces repito, todo eso podría ser reemplazado por un guión más choto que los que le escribe Durán Barba a los oligofrénicos del PRO, porque el dibujante es Enrico Marini, y si dibuja Marini está todo bien. Este tomo salió en Francia en 2006, cuando el estilo del ídolo ya estaba recontra-afianzado, a años luz de aquellos coqueteos con Katsuhiro Otomo que veíamos en los primeros álbumes de Gypsy, con esa sana influencia del comic yanki muy bien combinada con la narrativa europea, ciertos detalles que me recordaron a Eduardo Risso, unos primeros planos electrizantes, un homenaje a Las Siete Vidas del Gavilán... y por sobre todo eso, un color sencillamente majestuoso, en el que los engamados varían para acompañar a los distintos climas que sugiere el guión y donde cada escena tiene sus tonalidades propias. Hay páginas de muchos cuadros, en las que vemos varias escenas distintas, y sin embargo Marini pilotea el color con maestría para que nada parezca un pastiche, ni un tapiz bizarro, sino que todas las escenas se integren armónicamente sin perder identidad. Un trabajo realmente formidable de este suizo hijo de tanos.
Tengo otro tomito sin leer, así que por ahí antes de fin de año le entro. Aguante el Escorpión!
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lunes, 7 de noviembre de 2011
07/ 11: GIPSY Vol.3

Final para la primera saga de Gipsy, la que Thierry Smolderen y Enrico Marini realizaran en la primera mitad de los ´90 y yo, como buen salame, descubriera recién ahora.
Este tomo es bastante distinto a los otros dos, es una obra mucho más madura y más dark. Por ahí hay menos violencia que en las anteriores, pero es una violencia distinta, menos pochoclera y más sórdida, más dura. Como la diferencia entre Rambo y Full Metal Jacket, por trazar una analogía cinéfila. En general toda la trama es más heavy. Hay muchos menos chistes, hasta los garches tienen un tinte más sombrío, menos festivo. Mueren personajes que vos no creías que iban a morir (de modos sumamente crueles), y por supuesto, se resuelven las tramas pendientes, siempre con sacudones y volantazos de esos con los que Smolderen pobló los dos tomos anteriores. Acá, otra vez, personajes que parecían ser una cosa terminaron por ser otra totalmente distinta y lo más loco es cómo –de nuevo- ninguna de estas revelaciones shockeantes, que alteran todo el status quo de la gran trama que recorrió estos tres álbumes, resulta inverosímil o excesivamente traída de los pelos.
Quedó pendiente un sólo plot grosso, que es la villana detrás de los villanos menores, a los que Gipsy y sus amigos derrotan al final del tomo. Birgit Matten, la torta con rasgos de Brigitte Nielsen que en el tomo anterior practicaba full contact con su novia, por ahora sale impune. Si esperabas ver a Gipsy caerle encima y darle murra, tendrás que seguir esperando. La Hechicera también paga bastante barato sus fechorías y está claro que Smolderen la quiere preservar para futuras sagas porque la pensó con un potencial mayor que el desplegado en esta primera trilogía. O sea que hay bastante sembrado para una segunda saga, y de hecho la segunda saga existió y se publicó entre 1997 y 2002. Cuando la vea a un precio razonable, me la compro, porque la verdad es que este primer arco fue de menor a mayor y terminó muy, muy bien, en un final fuerte, dramático, de gran emotividad y a años luz de lo que podía intuir o sospechar uno, que tiene algunas historietas leídas.
Enrico Marini, por su parte, también crece a pasos agigantados y acá nos brinda su mejor trabajo en lo que va de la serie. Smolderen le habilita más secuencias mudas, supongo que porque ya confía plenamente en la capacidad narrativa del suizo. Marini responde con creces y nos brinda en cada una de esas escenas una cátedra de historieta. Su dibujo se aleja cada vez más del de Katsushiro Otomo e incorpora a la mezcla cositas de André Juillard (en la anatomía) y de Fernando De Felipe (en el color y en la forma de darle expresividad a algunos rostros). También tiene composiciones majestuosas (esa viñeta en la que Iván y Oblivia se retiran del palacio entre la multitud y los evacuados) y angulaciones extremas, arriesgadísimas, como esa en la que Tsagöi trepa por una pared, pero Marini enfoca desde la cima, en un contrapicado que lo muestra al héroe avanzando hacia la parte inferior de la viñeta, en atrevido contrapunto con una viñeta casi contigua, en la que la Hechicera trepa la misma pared, pero hacia arriba.
El color también acentúa la sensación crepuscular, de “se viene el final y muy probablemente termine todo para el orto”. En ese rubro los aciertos son muchísimos, pero me quedo con esas escenas en las que viene todo engamado para el lado del azul y de pronto irrumpe el rojo para subrayar el estallido de la violencia. Y la iluminación que crea Marini para las escenas en el palacio del zar, claro. Impresionante de punta a punta, lo del suizo.
Tomo a tomo, paso a paso, esta serie me ganó. Empecé en un “no está mal” y terminé en un “muy grosso”. Mérito de Smolderen y Marini que supieron ir más allá de la machaca grandilocuente, los chistes zarpados y las escenitas hot, para narrar una saga que con el correr de las páginas cobró dramatismo, espesor, fuerza y personalidad. Muy recomendable.
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viernes, 21 de octubre de 2011
21/ 10: GIPSY Vol.2

Si algo me quedó claro después de leer este tomo, es que Thierry Smolderen, el guionista, es un as del engaña-pichanga. La especialidad del tipo es envolver al lector, hacerle creer una cosa, y después pelar otra. Si leíste el Vol.1, creías haberle sacado la ficha a la Hechicera. Creías saber quién era y qué rol iba a jugar en la saga. Bueno, antes de la mitad de este tomo, te enterás de que NADA era como vos creías que era, ni su identidad, ni su rol en la trama, ni nada. En la página 30 de este tomo aparece un nuevo personaje secundario, Iván, un nene de unos 12 años al que Gipsy y su hermana Oblivia rescatan de las garras de un gigantesco mongol que se lo estaba por empomar. En un par de secuencias, Smolderen termina de redondear al personaje y de encontrar su lugar en el elenco. ¿Para qué? Para llegar a la página 53 y sacudirnos con la revelación de que Iván no es ni por casualidad lo que creíamos que era. Esto es así, impredecible todo el tiempo.
Lo más loco es que Smolderen aplica este truco de hacerte creer una cosa y después decirte todo lo contrario no sólo de tomo a tomo, o de secuencia a secuencia, incluso dentro de una misma secuencia! Mirá este ejemplo: La página 7 arranca con la vista de un enorme edificio y un texto que dice “Chicago, sede de la Sociedad Selmer”, o sea que nos van a mostrar el cuartel general de los malos. Siguiente viñeta: un ring de boxeo y dos figuras que se dan con todo. ¿Qué es esto? ¿Los ejecutivos de Selmer tienen un estadio de box adentro de su edificio? Tercera y cuarta viñetas: vemos claramente que los boxeadores son mujeres, porque una está con las tetas al aire. ¿Estos tipos se calientan viendo como dos minas se cagan a trompadas? Qué retorcido… Quinta viñeta, vemos mejor el ring, iluminado como un verdadero estadio de boxeo. Siguiente página, se detiene el combate y en las tres primeras viñetas se nos revela que las minas estaban entrenando a solas, sin público, y que son amantes. Ah, bueno, por lo menos no hay nadie mirando. Cuarta viñeta: ahora vemos que el ring está adentro de una enorme oficina! Y en una pantalla gigante aparece un tipo que le avisa a una de las boxeadoras que tiene una comunicación urgente! O sea que… una de las boxeadoras lesbianas (la que peleaba en tetas y tanga y le estaba dando como en bolsa a la otra) es la jefa de la corporación Selmer, o sea, la principal villana de la saga! ¿Te la veías venir? Ni en pedo, no?
Y bueno, con eso y con las peripecias de Gipsy (que cobra y reparte de lo lindo) te entretiene Smolderen otras 54 páginas repletas de acción, persecuciones, explosiones y peleas sangrientas. En el medio hay alguna escenita hot, algo de runfla política y bastante desarrollo de personajes, para que la cosa no sea tan obvia. De a poco, el guionista se propone meterse con la psiquis de los personajes y en ese sentido la rompe con el tremendo flashback que narra cómo murieron los padres de Gipsy y Oblivia. Como decía la vez pasada, no esperes riesgos, ni búsquedas, ni coqueteos vanguardistas. Esto es comic de machaca palo y palo, bien escrito, sólido, pero sin mayores pretensiones.
¿Y qué onda el dibujo? Ah, mucho mejor! Enrico Marini deja de afanar a Katsuhiro Otomo de un tomo al otro! Increíble, no? Pero real. Se ve una influencia del ídolo japonés, pero acá ya está presente el estilo Marini, a centímetros de lo que veremos en Rapaces o El Escorpión. Es raro, porque por momentos se parece mucho a Carlos Pacheco, pero esto es de 1993, cuando Pacheco era prácticamente desconocido fuera de España. Lo cierto es que en este tomo hay hallazgos, tanto de dibujo como de color, que eran inimaginables en el anterior. Y algo que la vez pasada no mencioné: Gipsy tiene rasgos basados en los de Sylvester Stallone (o por lo menos, en los del Stallone de fines de los ´80)! Lo cual se hace más obvio en este tomo, porque la villana, Miss Matten (la boxeadora lesbiana), tiene los rasgos de Brigitte Nielsen, la grandota con pinta de andrógina que en aquella época era esposa, o algo así, de Stallone.
Bueno, me queda un tomo más sin leer. Ojalá contenga el final de la saga, que tanto continuariola me tiene un poco harto. Si cierra el arco argumental y me convence cómo, me pongo a buscar los tomos posteriores, porque hasta ahora esto es muy ganchero y está muy bien llevado. Y además, supongo que el dibujo de Marini seguirá mejorando, lo cual alcanza y sobra para comprarse cualquier cosa.
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domingo, 2 de octubre de 2011
02/ 10: GIPSY Vol.1

Después de un mes en el banco de suplentes, vuelve a este blog el comic europeo, y lo hace con el primer tomo de una serie que data de principios de los ´90, pero a la que yo jamás le había dado bola, hasta hoy. Gipsy es una creación del belga Thierry Smolderen, un caso curioso, ya que antes de triunfar como guionista había tenido una destacada carrera como crítico y periodista especializado.También (me entero por este libro) toca la guitarra en una banda de jazz. Y a la hora de formar equipo con un dibujante que plasme gráficamente sus historias, Smolderen se sacó la lotería: le tocó nada menos que Enrico Marini, el suizo de ascendencia italiana, a quien hace 20 años no conocía ni el loro, pero que a partir de sus dos series con Smolderen (esta y Olivier Varese) ascendió en pocos años al Olimpo del comic europeo.
Lo que más llama la atención en estos primeros trabajos de Marini es, claramente, la brutal influencia de Katsuhiro Otomo, casi en la delgada cornisa que separa a la influencia del afano frente-march. La narrativa de Marini no tiene nada que ver con el manga, en parte porque se tiene que fumar página tras página de nueve viñetas (y alguna que otra de diez), en parte porque dibuja pensando en el color, pero sobre todo por la forma en que construye la secuencia, que es 100% europea. La composición de la viñeta tampoco nos remite para nada a los típicos autores orientales. Pero la superficie, el acabado del dibujo y especialmente las caras (que tienen mucho peso, porque desde el primer día Marini se subleva a los dictámenes que exigen poquísimos primeros planos a cualquier dibujante que quiera triunfar en el mercado franco-belga) son increíblemente parecidas a las que dibuja Otomo. Entre su inusual cantidad de primeros planos y su asombroso parecido con el creador de Akira, Marini no tardó nada en aparecer como algo novedoso, distinto, en un punto hasta revolucionario. Y la apuesta garpó, ya que en muy poco tiempo se convirtió en un favorito de los fans.
Todo lo raro y lo innovador que aportaba Marini a la faz gráfica, Smolderen se lo mezquinaba al guión. Ojo, no es un mal guión, en absoluto. Pero no tiene nada que no hayamos visto ya mil veces, ni un sólo salto al vacío, ni una toma de riesgos. El belga va a lo seguro, a lo que sabe que funciona: una aventura en un futuro post-holocausto, en el que casi todo el hemisferio norte está cubierto de hielo, un protagonista intempestivo, canchero y con códigos éticos muy flexibles, que no le impiden hacer trampa, robar ni matar, bastante violencia, cosas que explotan a la mierda, un garche en las fronteras del porno, mucho ritmo, y una trama por encima de la trama, que se explorará seguramente en los tomos posteriores. Es justo decir que Smolderen combina con éxito todos esos elementos tan típicos, y los entreteje para armar una historia atrapante, fuerte, satisfactoria.
Por suerte le da bastante bola también a Oblivia, la hermana de Tsagoï (que así se llama el Gipsy), el único personaje más o menos distinto, más o menos difícil de encasillar en las tipologías obvias de este tipo de aventuras. Oblivia no es heroína, no es villana, no es interés romántico y no es damisela en peligro. Está ahí porque no tiene a dónde ir, y viene con su propia historia, con una onda que no tiene nada que ver con la de su hermano y en el contrapunto (por ahora incipiente) entre la jovencita y el protagonista Smolderen encuentra sustancia para enriquecer a un puñado de secuencias (un poquito) más tranqui. Falta explorar toooda otra faceta de Gipsy que es cómo se organiza y cómo funciona este mundo semi-congelado. Por ahí más adelante. En este tomo, la data que nos ofrece el guionista es muy poca, apenas la indispensable para entender qué hace Gipsy, por qué se enfrenta a quienes se enfrenta y de qué juega la Hechicera, el otro personaje al que –uno intuye- Smolderen se propone desarrollar.
Tengo un par de tomos más sin leer, así que pronto veremos si esto se queda en la machaca estridente y el vértigo trepidante, o si de a poquito la balanza se empieza a inclinar hacia los personajes, sus motivaciones y las relaciones entre ellos y con el mundo en el que les toca vivir. Y por supuesto, a estar atentos al dibujo, a ver cuándo se produce ese crack en el que Marini deja de hacerse la paja con Otomo para pelar su estilo actual, mucho más personal y –para mi gusto- más interesante.
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sábado, 13 de noviembre de 2010
13/ 11: EL ESCORPION Vol.6
Stephen Desberg el belga y Enrico Marini el suizo, trabajan juntos desde 1996. Y trabajan mucho. A diferencia de la mayoría de los consagrados en el mercado francés, Marini no suele dibujar menos de 100 páginas al año. Y Desberg no escribe menos de cuatro series simultáneas. Con Le Scorpion (iniciada en 2000), Marini realizó su primera incursión en un género fundamental en el mercado francés: la aventura histórica. Y no le fue nada mal.
Le Scorpion es una serie 100% aventurera, ambientada en la Europa del Siglo XVIII, que combina lo mejor de Indiana Jones, El Zorro y El Péndulo de Foucault: tesoros ocultos, ladrones enmascarados, secretos que hacen temblar a los poderosos enquistados en la cúpula del Vaticano, trampas imposibles, escapes aún más imposibles, cierta tensión sexual, espadas, puñales, sectas… No se puede pedir mucho más, realmente.
Con este coctel explosivo, Le Scorpion cambió la forma en que se lee la historieta de aventura en Francia. Marini acostumbró al lector a varias “cosas raras”, como caras que nos recuerdan a las de Alan Davis o Carlos Pacheco, poses típicas de Katsuhiro Otomo, pocos cuadros por página, o primeros planos de cabezas. Y Desberg se jugó todo a otra rareza para el lector franco-belga: los finales con cliffhangers. Los primeros cinco álbumes de Le Scorpion no cierran en algo así como un final de episodio. Cierran con el protagonista al borde de una muerte segura, en el peor momento, donde uno menos quiere que se acabe el tomo. Y después, a esperar un año (con suerte) para leer cómo sigue la historia, cómo zafa el Escorpión, cómo se desenvuelve la trama de intrigas y traiciones más trepidante y apasionante de los últimos tiempos.
En este sexto tomo, por primera vez, hay una sensación de final. Quedan asuntos pendientes en la tremenda pica entre el protagonista y el cardenal (ya casi papa) Trebaldi, pero todo el primer arco, el del tesoro de los templarios, llega a su resolución definitiva. Que es apenitas predecible, pero inteligente y sugestiva. Por ahí se podría haber tomado un atajo, llegar a este mismo final sin pasar por algunas de las peripecias por las que galopamos en estos seis tomos junto al Escorpión y sus aliados, pero el galope estuvo muy divertido; fue trepidante, ganchero, entretenido y sexy. Y le dio margen a Desberg para explicar las motivaciones de todos los personajes y revelar un montón de secretos ancestrales, que en algún punto intersectan con los que nos revela Arvid Nelson en Rex Mundi, otra saga llena de misterios de la época de los templarios.
El dibujo de Marini, siempre impecable, ajustado al relato y de gran impacto visual, acá está en su mejor momento. Se juega a unas tomas panorámicas de ciudades, templos y fortalezas que te ponen los pelos de punta, maneja la acción con precisión de relojero (por algo es suizo) y te asesta el golpe de gracia con un trabajo de color absolutamente consagratorio. Posta, el color de Marini podría hacer que se viera bien el trabajo de cualquier dibujante del montón, o incluso malo. Pero al servicio de un dibujante espectacular, como el propio Enrico, es resultado es delicioso de verdad.
El Escorpión sigue su camino y ya tiene nueve tomos editados en Francia. Sin duda, es una de las series más importantes que nos dio el inicio del milenio y si te gusta la aventura, seguro te va a resultar irresistible, en más de un sentido. Entregate.
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