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martes, 13 de febrero de 2024
RESEÑAS CON RITMO DE MURGA
Vivo a escasas dos cuadras de uno de los corsos más populares y tradicionales de la ciudad de Buenos Aires y hace horas que por la ventana me llegan los ritmos murgueros, bombos, cantos y gente que anuncia cosas por parlantes, a un volumen estridente. Mejor eso que el calor de los días anteriores, así que ahí vamos con las reseñas...
Sigo atrapado en el laberinto del terror de Naoki Urasawa, en esa trampa mortal llamada Monster. Cuánta maldad, Dios mío... El autor no me tiene la más mínima piedad. Pasan los tomos y seguimos siempre en la misma... la investigación hiper-minuciosa acerca de Johan y su pasado, más muertes, más datos que aparecen con cuentagotas y que provienen de personajes nuevos a los que Urasawa se toma 100 páginas para presentar... Este Vol.6 tiene dos o tres sorpresas interesantes en su segunda mitad, pero claro, todavía quedan por delante otros TRES tomos, con lo cual todo lo que uno cree haberse acercado a la resolución se puede ir para atrás en la bestialidad de páginas que quedan por leer. Urasawa es especialista en impactar con una puntita que por ahí después resulta ser humo, o en introducir personajes que parecen ser clave y en realidad no lo son. Pero creo que es la primera vez que me parece copado y no un truco berreta que reaparezca el inspector Runge, por ejemplo... quizás porque esta vez está ahí para hacer avanzar realmente una de las puntas argumentales en las que Urasawa no llegó a involucrar al Doctor Tenma. Después me aburrí soberanamente con Grinner, con el libro de cuentos, con los nenitos, con toda la runfla de la policía secreta de la República Checa... y me pareció increíblemente choto que, después del cierre potente que habíamos visto en el tomo anterior para la trama del Sr. Schuwald y su hijo, vuelvan a aparecer en las últimas páginas de este tomo.
El dibujo, como siempre, es formidable. El ritmo al que narra Urasawa, como siempre, es desesperante. Es un genio al que le robaron un poder, el poder de síntesis. Y la historieta es ante todo, síntesis. Nada de lo que leí hasta ahora cambia mi sospecha de que Urasawa concibió esta idea para desarrollarla en -como mucho- cuatro tankoubons de los de 200 páginas, y después, como al público le gustó, alguien le dijo "seguila hasta el infinito, como sea". La idea de que me queden por leer (y comprar) tres libros más como este que me acabo de terminar (no sin dificultad, padeciendo capítulo a capítulo) es realmente traumática. Y encima tengo amigos que ya llegaron al Vol.9 y me confirman otra sospecha funesta: el final no está a la altura de todo el desarrollo interminable y enrevesado que Urasawa urdió para Monster. Así que esto ya es un ejercicio de resignación, de abnegación. Casi una condena a cumplir por haber pisado el palito y haberme cebado con la idea de tener completa una supuesta "obra maestra" con la que sinceramente cada vez me cuesta más sintonizar. Pero de algún modo voy a llegar al final, así que este año habrá más reseñas de Monster, a la espera de que levante el ritmo... o no.
Allá por el 28/06/22 encaré la lectura del Vol.1 de Violent Love, un comic realizado para Image por el guionista Frank Barbiere y el ídolo valenciano Víctor Santos. Y me comí un cliffhanger truculento sobre el final, que me impulsó a buscar y leer el Vol.2, lo cual finalmente sucedió en estos días.
Ni hace falta decir que el principal atractivo de Violent Love es el aspecto visual, la magia arrolladora que brota del lápiz de Santos y que se plasma en unas puestas en página impactantes, dinámicas, originales, en las que el dibujo, la tinta y el color están todo el tiempo al servicio del relato y de la emoción. Acá vemos a Santos probar cosas nuevas, jugar con la línea, con las texturas, con la paleta de colores... en un estilo que no oculta sus influencias pero que le es cada vez más propio y más reconocible. Otro trabajo consagratorio de este autor prolífico y sorprendente, tocado con la varita mágica para este tipo de historias repletas de tiros, violencia y sordidez.
Barbiere, por su parte, se esfuerza por añadirle capas de profundidad a los personajes, por hacerlos más tridimensionales que en la primera mitad de la serie, donde todo era más arquetípico. Y logra con villanos, personajes secundarios y -sobre todo- con la protagonista, Daisy Jane, una mina que soporta pérdidas, engaños y traiciones y aún así se aferra a la humanidad y no se deja engullir por el vórtice de muerte y venganza que parece signar su existencia. De minita zarpada que no se come ni la punta a verdadera heroína, Daisy no se propone a sí misma como ejemplo de nada, pero las decisiones que toma en el tramo final de la obra la elevan enormemente. El personaje de Lou también gana en complejidad y le habilita a Barbiere los volantazos más alucinantes (y tensos) del tomo.
Entre una cosa y otra, el libro cumple ampliamente su promesa: hay amor, hay violencia, el crimen y la mala leche están a la orden del día y por si faltara algo, hay giros impredecibles y a la vez muy coherentes que nos hablan de la capacidad de la gente para cambiar, para no quedar presa de su destino. Una gran historia, truculenta y estremecedora, que nos lleva por distintos rincones de los Estados Unidos profundos para vibrar al ritmo de unas vidas salpicadas de sangre y recauchutadas a fuerza de vínculos más nobles, más puros, menos espurios. Por suerte Violent Love está publicada también en castellano, así que quienes no puedan o quieran entrarle a la edición de Image, tienen otras opciones.
Y nada más, por hoy. Gracias por todo y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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Víctor Santos
martes, 28 de junio de 2022
NOCHE DE MARTES
Tarde pero seguro, tengo leídos otros dos libritos para comentar. Se vienen semanas complicadas para mí, porque estamos cerrando un nuevo número de Comiqueando Digital, pero trataré de mantener un ritmo aceptable en los posteos...
Empezamos en EEUU, año 2017, con el primer tomo de Violent Love. No sé si alguna vez había leído otras obras de Frank Barbiere, sospecho que no. Si venís leyendo hace unos años este blog, deducirás rápidamente que caí en esta historieta porque la dibuja Víctor Santos, un autor del que soy muy fan y al que le compro prácticamente cualquier cosa que haga.
El guion me gustó bastante. Es un thriller muy violento, casi una peli de Quentin Tarantino pero sin esos diálogos eternos y divertidos que caracterizan al cineasta. La trama se centra en el recuento de la trágica vida de una mina que un día decide jugarse lo poco que le queda (que es el pellejo) para vengarse de los asesinos de su padre, y su inmersión en un mundo sórdido de crimen, marginalidad y sangre. Por entre los tiros en la cabeza, las torturas y las violaciones, asoma una trama romántica, que pega más de un giro a lo largo de estos cinco episodios, ninguno demasiado imprevisible. Pero está buena, porque humaniza a estas máquinas de robar y matar. El giro de las últimas páginas del tomo sí me resultó más sorpresivo, y es muy interesante todo lo que abre para que Barbiere resuelva en el segundo y último TPB.
Felizmente, el guionista se da cuenta de que con Santos se sacó la lotería, y permite que el valenciano narre tranquilo, con espacios, con escenas pensadas para que se luzcan el trazo y la paleta de este monstruo. La puesta en página es trepidante, el dibujo tiene un impacto tremendo, la sangre parece salpicar de verdad al lector y la reconstrucción de tiempo y lugar (pueblos del sur de California a principios de los años ´70) funciona sin fisuras. Santos pone todos sus recursos a trabajar para que la lectura de Violent Love resulte atrapante, adictiva. Y le sale muy bien. Por momentos me dio la sensación de que el color le restaba un poco de protagonismo al dibujo, especialmente en las escenas más turbias, más oscuras, pero en la segunda leída noté cómo la paleta de Santos no traiciona nunca la consigna de acompañar desde la gráfica los climas que propone el guion. Me sigue gustando más la obra de Santos en blanco y negro, pero esta forma de encarar el color está muy bien, me doy cuenta de que es algo que el público de Image no solo acepta sino disfruta.
Violent Love no es para cualquier tipo de lector, por la brutal y lo explícito de la violencia. Pero por lo menos esta mitad, está muy bien llevada, tiene momentos originales, tiene profundidad en la caracterización, toca (aunque sea por encima) ciertas problemáticas sociales típicas de los EEUU de principios de los ´70 y termina con un cliffhanger jodido como enema de chimichurri. Y además dibuja Víctor Santos, con lo cual está casi todo dicho.
Seguimos acá nomás, Argentina 2021, con el libro Dago: La Justicia Secreta, una novela gráfica de 96 páginas de las que se producen en nuestro país para la editorial italiana Aurea, en este caso escrita por Néstor Barron y dibujada por Sergio Ibáñez.
Lo de Ibáñez me resultó muy raro. Es como si fueran dos dibujantes distintos. Uno que se mata en los fondos y les pone toda la onda, la dedicación y el talento; y otro que dibuja a los personajes de un modo mucho más rústico, por momentos estáticos, sin onda. como si se los quisiera sacar de encima rápido. Este "segundo Ibáñez" logra reproducir en los primeros planos de Dago algunos rasgos de los que asociamos al trazo mágico de Carlos Gómez. Y en los primeros planos del villano de este episodio, nada menos que Giácomo Barazutti, reaparece algo de la impronta del maestro Alberto Salinas, co-creador y primer dibujante de la longeva serie. Fuera de esos primeros planos, hay poco del Ibáñez que disfrutamos en trabajos como La Guarida del Gusano Blanco o Ecos de Mundos Posibles. Me da la sensación (también por la escasa cantidad de cuadros por página) de que este es un trabajo hecho a velocidades supersónicas, sin tiempo como para que el dibujante cuide más algunos aspectos, lo cual es una pena, porque uno de Ibáñez espera otra cosa.
El guion de Barron tiene una virtud irresistible: no está estirado. Muchas de estas novelas de Dago te cuentan en 96 páginas historias que daban para la mitad, pero en La Justicia Secreta tenemos una trama realmente compleja, con un elenco vasto (donde por ahí sobra La Flor, que no aporta nada), una conjura política espesa para que desentrañen Dago y sus aliados, y otro elemento muy ganchero: el regreso (no sé cuántos van) de Dago a su Venecia natal, lo cual le va a dar la posibilidad a Barron de poner al duro justiciero cara a cara con Barazutti, el único que queda vivo de los asesinos de la familia Renzi. La gran contra que tiene Dago, que es su falta de emociones, la forma desapasionada en la que resuelve las aventuras casi sin despeinarse, acá no se siente, porque -si bien por fuera mantiene la calma- cada regreso a Venecia significa reencontrarse con los fantasmas de la vida que le robaron cuando su familia fue traicionada y asesinada.
Y lo más interesante, lo que hace que este guion de Barron sea realmente relevante para cualquiera mínimamente interesado en las andanzas de Dago, es el rol de Ginetta, la joven que fuera novia de Cesare y terminara dando a luz a los hijos de Barazutti. Lo que sucede con este personaje es tan fuerte, que hasta el Super-Clásico entre Dago y el asesino de su familia pasa por momentos a un segundo plano. No recuerdo otra historia de Dago en la que Ginetta haya sido desarrollada tanto como en La Justicia Secreta, y la vuelta que le pega Barron es realmente impactante. La última viñeta es clave, es... no lo puedo contar, porque es zarpado lo que pasa... Digamos que es el "Son of the Demon" de Dago... y que la cace el que sepa. Ojalá eso que sugiere Barron en el final de este libro no quede en el olvido ni sea negado retroactivamente por otros guionistas.
¿Tiene sentido que se sigan publicando 96 páginas de Dago todos los meses, pensando en que es una serie que ya lleva 40 años de producción ininterrumpida? Yo creo que no, pero cada tanto aparece un guion como este, y uno recupera la expectativa (o al menos la ilusión) de ver una real evolución en la serie. Esa magia, la sensación de que todo puede suceder, la perdieron Robin Wood y sus sucedáneos entre tantas peripecias tan parecidas entre sí. En una de esas, Barron se anima a recuperarla.
Nada más, por hoy. En unos días reaparezco para comentar nuevas lecturas, acá en el blog.
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