el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 13 de junio de 2010

13/06: THE LEFT BANK GANG


Si creías que lo mejor que nos había dado Noruega eran los primeros discos de A-ha, seguro no conocés a Jason. Jason es un dibujante... raro, entre otras cosas porque, si bien se metió en este mundillo a los 19 años, no fue hasta los 36 años que empezó a publicar profesionalmente y a trascender las fronteras del país escandinavo en el que nació y estudió. Pero además pertenece a la corriente spiegelmanista, la de los autores capaces de contar historias duras, realmente jodidas, con personajes animalizados, con cara de perritos, gatitos y pajaritos bastante simpáticos, en contraste con lo heavy de algunos guiones. También hay una buena parte de la obra de Jason intencionalmente cómica, y en ese registro logró algunas obras absolutamente geniales, muchas veces mudas, y muchas veces jodiendo con tópicos del cine berreta, tipo momias, criaturas del pantano, clones de Frankenstein o de Godzilla y zombiez de la B Metropolitana.
Dentro de la atípica obra de Jason, The Left Bank Gang (que en Francia se conoce como Hemingway) es sumamente atípica. En principio, porque todos los personajes hablan, pero sobre todo por el planteo. Imaginate este What If fumanchero: Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Ezra Pound y James Joyce viven en la modernísima París de los años ´20, son amigos entre sí, pero en vez de novelistas son... historietistas. Durante la primera mitad de la novelita (23 de las 46 páginas), los tipos se encuentran, hablan de historieta (mencionan, entre otras cosas, que Tolstoi, Knut Hamson y D.H. Lawrence, entre otros, también son autores de comics) y hablan del oficio, de cómo les cuesta progresar y ganarse la vida como historietistas. También hablan de mujeres, de sexo y Hemingway ceba a los otros con su pasión por las corridas de toros.
Hasta ahí, todo es inquietante, pero tranqui. La vida humilde, la esposa de Fitzgerald que tiene aires de burguesa y se aburre de la bohemia de su marido, la familia de Hemingway que lo banca en las buenas y en las malas... hasta que este útimo tiene una idea revolucionaria: afanarse la cuantiosa recaudación de una exhibición de boxeo, para dejar de contar las monedas de una buena vez.
La segunda mitad de la obra nos muestra a los cuatro historietistas, tipos cultos y mayormente retraídos, convertidos en una banda delictiva, que efectivamente da el golpe. Y acá Jason da otro toque maestro: la escena clave, la del robo y la fuga, nos la narra seis veces, cada vez vista por uno de los seis protagonistas (enumeré a cuatro, pero si explico quiénes son los otros y de qué juegan, te cago el final). El final es -como suele suceder en Jason- impredecible, emotivo, sumamente satisfactorio y, por si faltara algo, te deja pensando, se queda con vos un rato largo, te invita a seguir mirando esa última página, a reflexionar sobre lo que pasó.
El dibujo de Jason se enrola en una línea clara tradicional, prolija, sin estridencias. No lo podemos tratar de “pechofrío”, porque realmente se juega por transmitir muchísima onda y muchísima emoción aún con un trazo adusto, y además lo logra. Pero no esperes ver una dinámica tipo Trondheim (por citar a otro prócer que dibuja gente con cabezas de animales), porque el ritmo de Jason es otro. Para subrayarlo, adopta la grilla de 9 cuadros (la Gran Watchmen) y la mantiene de punta a punta de la obra, lo cual resulta una herramienta maravillosa para regular el tempo narrativo, las pausas, los silencios, y -cuando llega- la acción, que si bien está contenida, es fuerte y shockeante.
El colorista Hubert aporta muchísimo y es decisivo para resaltar los climas con esa paleta generosa, acotada a los colores planos, y con su respeto milimétrico por todos los detalles que Jason vuelca en la reconstrucción de la París de la Belle Epoque. Visualmente es uno de los trabajos de Jason más atractivos, que más probablemente seduzcan al lector que todavía no es adicto a la particular forma de narrar del noruego.
Y de nuevo, la posibilidad de leerlo en inglés te va a permitir acceder a una excelente edición por parte de Fantagraphics, a un precio sumamente accesible (13 dólares), contra los 12 euros que vale la edición española de Astiberri, publicada con el título “No me Dejes Nunca”.