el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 14 de agosto de 2024

MEDIODIA DE MIÉRCOLES

Mañana temprano arranco rumbo a Rosario, a disfrutar un par de días de una nueva edición de Crack Bang Boom, pero antes, un ratito para reseñar las últimas lecturas. En al año 2002, cuando todavía editaba libros en tapa blanda y en formatos copados, Astiberri publicó Caravana, una extraña historieta del guionista entrerriano Jorge Zentner y el dibujante francés Bernard Olivié. Son casi 160 páginas en las que -literalmente- no pasa nada. Hay un protagonista, un hombre con rasgos europeos, que camina por el desierto junto a una caravana integrada por camellos y por otros hombres (no hay mujeres) de rasgos arábigos, todos vestidos con los típicos turbantes y túnicas de los beduinos y demás habitantes de las zonas desérticas del Norte de África y Medio Oriente. Los personajes casi no dialogan entre sí, sino que los textos (que son muy pocos) están narrados en primera persona por el anónimo protagonista, a veces como bloques dentro de las viñetas y muchas veces como único elemento gráfico en páginas completamente en blanco. Sí, hay como 40 páginas completamente en blanco en las que solo vemos un breve texto, que a veces no llega a las 10 palabras. Son textos atractivos, con un extraño vuelo poético, casi haikus, que Zentner utiliza para darle más relieve a esta no aventura. A veces hacen algún aporte narrativo, otras veces son meramente descriptivos, y a veces reflejan sensaciones que los dibujos no pueden mostrar. Pero lo más importante es que Caravana no cuenta una historia. No sabemos por qué este personaje se sumó a la peregrinación, qué buscan, a dónde van... Pasan algunas cosas típicas de estos periplos (tormentas de arena, oasis, camellos que no quieren avanzar), se resuelven en poquísimas viñetas y la caravana continúa su marcha como si nada. Ni siquiera en la última página hay algún indicio de que el viaje está por llegar a su destino. No hay final, no hay destino, no hay rumbo. Es solo eso: gente que camina por el desierto. A la luz del giro que tomó la carrera de Zentner en los últimos años, que lo alejaron de la historieta y lo encumbraron como una especie de gurú new age, tienen más sentido todas esas frases que parecen sacadas de libros de autoayuda, y hasta me permito sospechar que hay un mensaje, o una enseñanza de índole espiritual que el autor quiere transmitir a través de este viaje por la nada hacia la nada. Mala mía: me jodo por comprar una historieta pensando que me va a contar una historia en vez de enseñarme a vivir :P El dibujo de Bernard Olivié me gustó bastante. Es como un continuador de la línea de Miguel Calatayud, al que le quedan muy bien la síntesis, la línea apenitas temblorosa que utiliza a menudo Fer Calvi, y que maneja muy bien la composición de las viñetas. Toda la historieta está publicada en blanco, negro y grises, y eso le da mucho peso a las formas y los contornos, muy bien trabajados por Olivié, al igual que la combinación entre las distintas tonalidades de grises, las masas negras y los espacios blancos. La cosa se empieza a hacer monótona y a derrapar hacia el choreo cuando los dibujos se empiezan a repetir. Claro, los personajes son siempre los mismos, el paisaje que recorren es siempre el mismo, no hay acción más allá de esa lenta caminata... y lógicamente Olivié cae en la tentación de repetir los dibujos que ya vimos. A veces cambia el enfoque, o tuerce un poquito la angulación, pero son los mismos dibujos que aparecieron unas páginas atrás. Entre esto y las páginas en blanco en las que solo hay texto, se desluce bastante una faz gráfica que podría haber salvado las papas. Caravana es claramente un comic experimental que, para mi gusto, no salió bien. Me sirvió para descubrir a un dibujante interesante, con un grafismo muy sólido, pero a partir de cierto punto me aburrió muchísimo, más allá de que algunos textos estén realmente bien escritos. No lo recomiendo a nadie que no sea talibán de Jorge Zentner y quiera tener el 100% de sus obras.
Allá por el 28/09/19 le entré a un TPB de Black Widow a cargo del equipazo integrado por Mark Waid y Chris Samnee, para encontrarme con la primera mitad de una breve serie de 12 episodios que Marvel publicó entre 2016 y 2017. Tarde pero seguro conseguí y leí la segunda mitad, en la que llega a su fin este thriller oscuro, trepidante y por momentos perturbador. Lo que más me gustó es, por lejos, el dibujo de Samnee. Acá sobran las escenas en las que el dibujante (y en esta serie también co-guionista) puede desplegar sin límites su talento inusitado para la acción, la gran plasticidad de los personajes y su manejo apabullante de la iluminación. En esos claroscuros extremos, en los que las figuras no fingen en lo más mínimo ser tridimensionales, sino que hasta se ufanan de su bidimensionalidad (como en las historietas del maestro Alex Toth) es donde más amé a Samnee y su estilo despojado y sutil. Pero además hay un gran trabajo en los fondos (muy valioso, porque es un dibujante que le mete muchísima mano a la referencia fotográfica al punto de otorgarle la misma impronta gráfica que a sus personajes) y una gran expresividad en cuerpos y rostros. Matthew Wilson tiene la dura tarea de sumarle algo más desde el color a unas páginas majestuosas, ricas en climas y efectos de iluminación zarpados, y la verdad que sale bastante bien parado, aunque no dudo de que esto se vería mejor en blanco y negro. Por el lado del guion, en estos seis episodios pasa un poco más que en los seis primeros, y se nota menos la intención de los autores de estirar un plot chiquito a lo largo de muchas páginas. Natasha zafa muchas veces de casualidad de situaciones muy extremas, gracias a los errores o la pésima puntería de sus oponentes, y lamentablemente dos de los tres nuevos villanos no llegan vivos al final del último número. Obviamente en Marvel esto no es impedimento para (eventualmente) hacerlos volver, pero bueno, quedó una villana interesante y una punta argumental, la de las seis nenas rusas, para retomar algún día, si Waid o Samnee vuelven a encontrarse con Black Widow. Entre venganzas, traiciones, manipulaciones, secretos antiguos, crímenes de lesa humanidad y peleas a todo o nada en locaciones exóticas, esta serie está buena para agregarle un poco de profundidad a Black Widow, explorar un poco su mitología, para atrás y para los costados, para leer a un Waid que cambia de registro y se parece (como señalé la vez pasada) más a Greg Rucka que a sí mismo, y para flashear a lo bestia con un Samnee prendido fuego, que deja la vida en cada página. Ah, no me quiero olvidar de esto. Un pedido a los guionistas de Marvel: ya sé que Maria Hill no tiene tanta chapa como Nick Fury, pero por favor dejen de retratarla como una cínica hija de puta con menos códigos que un "periodista" de La Nación + a sueldo de Milei. Ya son varias las historietas en las que esto se me hace muy evidente, y me parece que es hora de aflojar un poquito con esa caracterización tan grotesca, tan falta de matices, para un personaje que merece la oportunidad de ser mínimamente querido por los fans, más allá de la pátina de ambigüedad que debe tener cualquier referente del palo del espionaje. Nada más. Nos vemos mañana y pasado en la Crack, y seguramente a la vuelta habrá nuevas reseñas acá en el blog.

viernes, 12 de julio de 2024

VIERNES A LA NOCHE

Bueno, encontré un huequito para sentarme a escribir reseñas y acá estamos. Empiezo en Francia, año 2006, cuando L´Association recopila en un libro hermoso (con papel de un gramaje al que no estoy acostumbrado) una serie de historias cortas realizadas por Blutch entre 1997 y 1998, para distintas revistas. Le Petit Christian es uno de los primeros trabajos realmente importantes de Blutch, una serie que en su momento generó bastante impacto. No me acuerdo si hablando en público o en privado, una vez Juan Sáenz Valiente me confesó que Le Petit Christian le había detonado el bocho cuando la descubrió, y que trabajó duro para incorporar a su estilo algunas de las muchas proezas gráficas que pela Blutch en este librito. El librito no lo aclara, pero se trata de historietas casi autobiográficas. No es casualidad que el nene protagonista se llame Christian (como Blutch), que sea rubio (como Blutch), que sea fan de las historietas y demuestre talento para el dibujo (como Blutch), y que tuviera nueve años cuando se estrenó Star Wars (como Blutch... y como yo, agrego como si a alguien le interesara). Lo cierto es que el autor y yo nos llevamos menos de dos meses, o sea que miles de las cosas de la infancia de Christian son un reflejo exacto de cosas que viví, vi o consumí yo a esa misma edad. La identificación fue casi total (aunque mi talento para el dibujo nunca fuera debidamente reconocido :P ). Además de la asombrosa versatilidad del trazo de Blutch (que puede ser sumamente despojado en una viñeta e hiper-intrincado en la siguiente, capaz de jugar con el realismo fotográfico, la síntesis minimalista, e incluso clonar estilos de otros autores), me mató el equilibrio que logra en estas historias. Le Petit Christian pendula todo el tiempo entre un retrato agudo y certero de los pibitos de nueve años y sus fantasías, y una mirada desangelada, con mala leche y cero piedad a la forma en que (en los años ´70) los pendejitos nos vinculábamos con los adultos, con las nenas de nuestra edad, con nuestros pares y con las cosas que nos cebaban infinitamente (un rato). En todos los episodios aparecen elementos de la cultura masiva, en distintos roles y con distinto peso en las tramas. Ya nombré a Star Wars, pero también están King Kong, John Wayne, Lucky Luke, Rahan, Corto Maltés, los Ángeles de Charlie, Tintin, Mickey Mouse... A veces son homenajes, a veces no, pero siempre hay algo de eso, como para que el comiquero que se formó en los mismos años que Blutch sienta a estas historias más cercanas. ¿Se supone que son humorísticas? No, me parece que -si bien maneja los recursos de la historieta cómica- la idea de Blutch no es que te rías con estas historias, sino más bien arrancarte, cada tanto, alguna sonrisa cómplice. A veces la idea parece ser que nos indignemos, o que nos angustiemos, incluso. Conmigo lo logró ampliamente, me llevó por donde quiso, como quiso, cuantas veces quiso. Pero, como ya dije, yo soy presa fácil, porque al haber vivido una infancia tan parecida a la del autor, me ganó al toque por el lado de la identificación. Tengo la sensación de que este material no está traducido al castellano, pero no estoy seguro. Ojalá me equivoque.
Siglos después de haber leído el Vol.6 (ver reseña del 04/01/18) le entré al séptimo tomito de Daredevil de Mark Waid, esta vez acompañado en casi todos los números por el glorioso Chris Samnee. El TPB trae seis números en los que el promedio es muy bueno, con algunos momentos realmente excelentes, que son básicamente dos: el monólogo de Kristen en el nº34 (magnífico y potente antídoto contra los discursos de odio con los que nos bombardean hace años los medios de comunicación) y la movida final de Matt en el nº36, el momento en el que Waid se juega entero, le pega al personaje una vuelta sin retorno y ya que está demuestra que está para sacarse un 10 en la materia "Courtroom Drama", tan importante para recibirse de Buen Guionista de Daredevil. Lo que menos me convenció fue toda esa serie de peripecias en Kentucky, en las que Daredevil logra chorearse varias páginas del Darkhold frente a las narices de Satana, Jack Russell, Simon Garth, Frankenstein y una momia. Un tramo que se me hizo largo y, si bien termina de una manera que yo no imaginaba, no me aportó demasiado. El resto del TPB rankea muy arriba, con momentos emotivos, pasos de comedia, machaca de la buena y un manejo magistral de los dos personajes secundarios relevantes de esta etapa: Foggy Nelson y Kristen McDuffie. Me cerró cómo Waid reinterpreta al Jester, obviamente me gustó cómo escribe al Dr. Strange, y por ahí no me entusiasmó tanto la aparición de Elektra. Probablemente al guionista tampoco, más allá de algún diálogo afilado que intercambia con Matt. Lo cierto es que acá se termina la primera etapa de Waid en Daredevil, que va a continuar pocos meses después en una segunda... de la que todavía no tengo nada (acepto donaciones). Y el atractivo inicial de la segunda serie va a ser un nº1 a cargo de la dupla que venía de ganar el Premio Eisner a Mejor Equipo Guionista/ Dibujante, es decir, la sociedad entre Waid y Samnee, que para este punto ya está totalmente consolidada. Acá hay un episodio dibujado por Javier Rodríguez (muy bien, pero todavía lejos de momentos más gloriosos que compartirá -cómo no- con el propio Waid) y el resto es todo Samnee en estado de gracia. Los guiones exigen muchísimo del dibujante: escenas multitudinarias, escenas puertas adentro de casas y edificios, páginas de 12 viñetas, páginas de combate vistas por el "sentido radar" de Daredevil, escenas mudas donde todo pasa por la emotividad... y de todos esos desafíos Samnee sale victorioso, y se cuelga nuevas medallas de tremendo narrador gráfico. Como siempre digo, entre tanto dibujante pecho frío, entre tanto ilustrador de posters y figuritas metido a hacer historieta, entre tanta sobrecarga de información gráfica que hace ininteligibles las viñetas, entre tanto realismo mal entendido (que deriva en el mero retoque de fotos), que aparezca y descolle un dibujante como Samnee me llena de alegría. Es esto, papá, es por acá. Es esta especie de Ty Templeton más oscuro, es este animal de la puesta en página que estudió a Will Eisner, a Bernie Krigstein, al Frank Miller que valía la pena ser estudiado, a Matt Wagner... Es esto. Guionista que se la juega, dibujante que pone toda la carne al asador, y listo. Después, si cuentan las aventuras de Daredevil o de Piturro, me da lo mismo. Y nada más, por hoy. Sigo adelante con las lecturas para que no falten reseñas acá en el blog. Gracias, buen finde, y si todavía o descargaron la Comiqueando Digital nº9, no sean ratas y pasen por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a llevarse papa finísima, a la que le pusimos el alma.

sábado, 28 de septiembre de 2019

SABADO DE CHICAS

Lindísima noche para salir a atorrantear por ahí, pero antes, las reseñas de los últimos libros que estuve leyendo en la semana.
Arranco con SHIELD´s Most Wanted, el primero de los dos libros que compilan la breve serie de Black Widow lanzada después de Secret Wars por los maestros Mark Waid y Chris Samnee. Sí, ya sé que dejé colgada en algún punto la serie de Daredevil de estos dos grossos. Prometo retomarla, en algún momento. Pero mientras tanto, tenemos este thriller violento, trepidante, casi perturbador. Un arco argumental zarpado, donde vamos a ver a Natasha matar gente a sangre fría, enfrentarse a un nuevo adversario (y a SHIELD) y revisitar episodios turbios de su pasado, de la época en la que el régimen stalinista de la ex-URSS la convirtió en la agente secreta más letal sobre la faz de la Tierra.
Esto está muy bien, el dibujo de Samnee es excelente, me dejó con muchísimas ganas de leer el Vol.2 (se viene pronto), pero también con algunas cosas para cuestionarme. Primero, ¿este Waid es el mismo de siempre? No parece. Acá no hay un sólo paso de comedia, hay oscuridad y sangre a raudales, los otros personajes de Marvel aparecen en roles prácticamente intrascendentes, en 120 páginas nos cuenta lo que se podría haber contado sin ningún problema en una graphic novel de 64… Todas cosas con las que uno no asocia ni ahí al guionista. Repito: no está mal, está bárbaro. Pero parece mucho más… Greg Rucka que Mark Waid.
Y segundo, algo que recién mencioné al pasar, que es la brutal descompresión del ritmo del relato. Me imagino a alguien leyendo esto de a 20 paginitas por mes y le quiero ir a dar un abrazo y ofrecerle mi hombro para que llore. Esta vez el truquito para estirar no son los diálogos, sino las extensas secuencias mudas, en las que sólo vemos acción al recontra-palo, muy bien llevada a la página por un Samnee que deja la vida. O sea que lo que perdemos en sustancia a nivel guión, lo ganamos en intensidad y despliegue visual. Cierra bastante, aunque yo prefería la graphic novel de 64 páginas. Si sos fan de Waid, de Samnee, o de Natasha, dudo que esta serie te defraude. Veremos qué onda el segundo tomo.
Me cuesta explicar lo bien que la pasé leyendo Intensa, la nueva novela gráfica de Sole Otero. Si una comedia de alto voltaje erótico te hace reir y te produce algún zumbido en la entrepierna, como que ya está, ya tiene el aplauso asegurado. Intensa fue mucho más allá: Sí, me cagué de risa y sí, me amotinó la carne (como diría el Más Grande), pero además me hizo pensar sobre las relaciones de pareja desde una óptica muy ingeniosa, y al final me tiró la fatality cuando Sole remata con un giro brillante la trama de ciencia-ficción, que hasta ahí parecía más bien una excusa para que pasaran las cosas disparatadas que pasan a lo largo de estas 174 páginas.
Intensa tiene una premisa hiper-ganchera, diálogos geniales, garches muuuuy explícitos, de esos que no veíamos desde la época en que leíamos (con una sola mano) la Kiss Comix, una mirada irónica sobre la vida de los porteños mitad intelectuales/mitad chetos que pululan por Palermo, sutiles guiños a los que leemos literatura argentina contemporánea, y sobre todo ese enfoque que se disfraza de didáctico pero en realidad es humorístico, con el que Otero analiza a fondo las complejas sutilezas y las grotescas obviedades de los vínculos afectivos, el amor, la pareja, la seducción, el deseo, el tira y afloje entre personas que casi siempre se atraen pero rara vez se entienden. Sin spoilear nada del argumento (porque quiero que todos la lean), Intensa me llevó de las situaciones cotidianas de birras y mensajitos de whatsapp hasta la limadura cósmica de razas alienígenas en guerra, de la mano de un humor muy eficaz, de alto vuelo. ¿Me gustó más que Poncho Fue? Muchísimo más. Poncho recontra-fue.
El dibujo y el color están al mismo y excelente nivel de las otras obras recientes de Sole, con el agregado de que la vemos dibujar cosas que nunca antes había dibujado. El problema que tengo con la faz visual del libro excede por completo a Sole y abarca a un montón de autores y autoras actuales: ¿qué es esa pelotudez de no dibujar las calles entre las viñetas, la reputa madre que los parió? ¿Por qué creen que la página va a quedar mejor si apoyan una viñeta sobre la otra, sin dejar espacio entre ellas? Visualmente no aporta NADA y a nivel narrativo agrega una complicación totalmente innecesaria. Una historieta sin las calles (o zanjas) es como un cuento o una novela sin puntos ni comas. Si te esforzás, por ahí lo entendés igual, pero eso te distrae de lo importante, que es seguir el hilo de la historia. No entiendo, realmente, de dónde viene este capricho absurdo de omitir las zanjas. ¿Cómo los editores no les paran el carro a los autores que vienen con las páginas sin zanjas? ¿No se dan cuenta lo choto que es leer historietas así?
Dentro de todo, en Intensa no se sufre taaaanto este desacierto. No fueron tantas las veces en las que me colgué inspeccionando los dibujos, en busca de esa frontera esquiva entre una viñeta y la siguiente. Tiene que ver con una buena planificación de las secuencias por parte de la autora. Pero me imagino esto con las zanjas y –sin dudas- sería infinitamente más lindo de leer.

Bueno, nada más. Aguante Black Widow, aguante Sole Otero y a la hoguera las historietas sin zanjas entre las viñetas. Grazie per tutti y nos reencontramos pronto, acá en el blog.

martes, 8 de septiembre de 2015

08/ 09: DAREDEVIL Vol.5

Retomo otra serie que tenía muy abandonada (desde el 13/05/14) y me encuentro con un tomo que levanta mucho la puntería respecto del anterior.
Arrancamos con un unitario lindísimo en el que Mark Waid hace interactuar a Daredevil con el Spider-Man que no es Peter Parker, sino el Dr. Octopus usurpando su cuerpo para jugar al héroe. Y lo mejor es que no es unitario 100% descolgado de la trama principal, sino que antes y después de la aventura con Dock Ock el guionista hace avanzar los subplots y filtra un par de esas escenas más tranqui con las que cada vez le da más sustancia al personaje de Matt Murdock.
Y después sí, arranca un arco argumental bien power, con un villano sorpresa que no es muy difícil de deducir, pero que está muy bien presentado. Esta saga es tensa, oscura, espesa, traumática… se parece bastante a lo que Waid dijo que NO quería hacer en esta serie… y sin embargo está muy buena. Sobre todo porque al contarla en tantos episodios, a Waid le queda espacio para seguir laburando mucho el subplot de la enfermedad de Foggy y hasta para mechar exquisitos flashbacks a la época en la que Matt se entrenaba a las órdenes de Stick. O sea que, además de la machaca (vibrante, por momentos casi épica) hay bastante más contenido.
Para el final, como cereza del postre, una historia cortita, apenas 8 páginas, de Foggy en el hospital. Los nenes con cáncer están esperando la visita de Iron Man y mientras tanto, el abogado mira las historietas que inventan los chicos, dibujadas con crayones y marcadores, pero fieles al estilo clásico de Marvel. Esto, que podría ser un golpe bajo de cuarta, termina por ser una historieta centrada en la esperanza y en la imaginación, pero sobre todo en la inteligencia y el coraje de los chicos. Un gran acierto de Waid. Uno de tantos, bah…
Esta vez tenemos un sólo dibujante para todo el tomo y es el cada vez más grosso Chris Samnee, de quien ya hablamos bastante en las reseñas anteriores. Con su extraña mezcla entre David Mazzucchelli y Ty Templeton y su excelente manejo del claroscuro, Samnee entró holgadamente al Olimpo de los dibujantes de Daredevil… y estamos hablando de una serie que tuvo eximios dibujantes. A todos los lujos que ya nos había ofrecido Samnee, esta vez suma uno muy ingenioso: las escenas de flashbacks con Stick están entintadas con otra técnica, más parecida a la que usaba Al Williamson para entintar a John Romita Jr.. La idea es transmitir una sensación que nos remita a Man Without Fear y está muy bien, es un hermoso tributo a la inolvidable saga de Frank Miller y JRJr.
Y no tengo más tomos de Daredevil sin leer… de los de la etapa de Waid. Pero pronto se vienen reseñas de otras aventuras del Cuernitos, con otros autores, acá en el blog. Y obvio que intentaré ponerme al día lo antes posible con los TPBs que me faltan para completar todo lo de Waid y Samnee, que si bancan esta calidad hasta el final, tienen todo para convertirse en una dupla fundamental en la larga historia de este carismático personaje.

domingo, 20 de julio de 2014

20/ 07: CAPTAIN AMERICA & BUCKY Vol.1

Estamos en 2011, el Capi América vuelve al cine de la mano de un largometraje muy promocionado, y para festejarlo, se lanza un nuevo título del héroe que arranca desde el número 1. Pero la revista clásica, la que heredara su numeración de Tales of Suspense, no cierra, sino que sigue su curso ahora convertida en Captain America & Bucky, para luego darle cabida a team-ups del Capi con otros personajes.
Este primer arco argumental se titula The Life Story of Bucky Barnes y nos cuenta exactamente eso: la vida de Bucky, desde que tiene ocho o nueve años hasta el presente. Ahora pareciera normal ser fan de Bucky, cebarse con sus aventuras como Winter Soldier, etc. Pero unos años atrás, antes de que a Ed Brubaker se le ocurriera la forma de hacerlo volver, Bucky era un personaje recontra-menor, oscurísimo, al cual la gran mayoría de los fans conocíamos por flashbacks, porque nadie en su sano juicio quería leer las historietas del Capi de la Golden Age. Ahora, con Bucky de nuevo en acción y guiado con mano maestra por un autor que logró darle onda, identidad y conflictos atractivos como para que muchos nos copemos con el personaje (al punto de bancarlo cuando reemplazó a Steve Rogers como Captain America), es un buen momento para meternos con su pasado, a echar luz sobre un montón de puntos oscuros.
¿Cómo quedó huérfano Bucky? ¿Quiénes eran sus padres? ¿Era hijo único? ¿Cómo logró que los milicos le permitieran convertirse en sidekick del Capitán? ¿Qué hacía un pibe de 16 años descargando ametralladoras contra los nazis? ¿Cómo era su relación con los otros integrantes de los Invaders? ¿Cómo afectan a un chico tan joven los horrores de la guerra? ¿Cómo funcionaba el control mental que le hicieron los soviéticos cuando lo convirtieron en Winter Soldier? ¿De dónde viene la onda con Black Widow? Claramente hay mucho para indagar y de eso se tratan estas cinco historias autoconclusivas que escribe el maestro Brubaker junto a Marc Andreyko.
Se me dirá que la retro-continuidad es una tarea sencilla, que alcanza con detectar y rellenar los baches en las historias de los personajes, con algún guiño astuto al lector erudito. Y en parte es cierto. Lo jodido, el verdadero desafío, es lograr que los lectores nos copemos con el Bucky borreguito tanto como nos copamos con el Winter Soldier, lo cual no es fácil, porque… es Bucky! Un personaje a priori chatísimo, el enésimo Robin del Nacional B. Sin embargo, Brubaker y Andreyko se calzan el overol y dejan la vida en estas cinco historias para darle verdadera sustancia, verdadera carnadura al sidekick del Capi, que sale de acá convertido en un héroe grosso, al que entendemos, respetamos y admiramos. Por supuesto, esta “terapia intensiva” para darle relieve a Bucky significa un rol muy secundario para el Capi, que sólo figura de modo prominente en el título y en un par de portadas. Pero bueno, el Capi ya estaba perfectamente definido, exhaustivamente explorado, y Bucky no.
El dibujo está a cargo del gran Chris Samnee y es excelente. Muy bien apoyado por la paleta de Bettie Breitweiser, Samnee trabaja con un claroscuro intenso, sugestivo, muy al servicio de los climas. Como siempre, se luce en las expresiones faciales, se mata en los fondos (que probablemente estén basados en fotos, pero no se nota) y sorprende con una narrativa ágil, sumamente atractiva. Una vez más, cierro el libro convencido de que, si lo dejan, si no lo encorsetan ni lo ahuyentan con las restricciones típicas del mainstream yanki, Samnee puede llegar muy, muy alto. Sin dudas es un autor con un enorme potencial, al que quizás, dentro de unas décadas, se lo pueda considerar una especie de nuevo Will Eisner.
Si sos fan del Winter Soldier, tirate de cabeza sobre este libro. Si seguís al Capi América de Brubaker también, pero sabiendo que el Capi aparece poco. Si te gustan las historias modernas que le pegan giros interesantes a los héroes de la Golden Age, no lo dudes un segundo. Y si sos fan de Chris Samnee, tampoco. Prometo entrarle pronto al otro tomo de esta serie que tengo por ahí.

martes, 13 de mayo de 2014

13/ 05: DAREDEVIL Vol.4

Cuarto recopilatorio del Daredevil de Mark Waid y la verdad es que, si bien me parece que esto está bastante por encima del promedio de lo que es hoy el mainstream yanki, no me animo ni drogado a calificarlo de genialidad. El primer tomo fue espectacular, el segundo buenísimo, el tercero medio flojelli y este está bien, pero no es para revolearle premios Eisner por la cabeza a nadie.
El primer episodio es un “emparchemos rápido el bolonki del arquito anterior”, una vuelta para atrás de lo sucedido en Latveria, que nos permite tener a Daredevil de nuevo operando al 100% de sus capacidades. ¿O no? ¿O de tanto manoseo mental quedó medio chapita? Eso se indagará más adelante. Estas primeras páginas le reservan un rol muy interesante a Hank Pym, al que Waid aprovecha para trazar un paralelismo entre él y Matt Murdock definido con habilidad maradoniana. Iron Man y el Doctor Strange, en cambio, están un poquito desaprovechados.
De ahí hasta el final del tomo, se vienen un montón de sacudones para el Cuernitos, que tienen que ver básicamente con sus vínculos afectivos. Foggy Nelson, la fiscal Kirsten McDuffie, una chica ciega llamada Milla Donovan que está internada en un neuropsiquiátrico y que alguna vez (creo que en los números de Brian Michael Bendis que tengo ahí, sin leer) fue esposa de Matt Murdock... todo el entorno se vuelve en contra de Daredevil, en parte como consecuencia de cagadas, negligencias y ganas de no ver la realidad, y en parte por el accionar de un nuevo villano, el Coyote, que hace un uso muy original del poder de teleportarse y mover cosas a través de agujeros negros.
Lo mejor es cómo Waid logra ensamblar la lucha de Daredevil contra el villano con el caso que tiene que resolver Matt para que la Justicia no condene a una inocente. Acá queda claro que sólo Matt Murdock puede ser Daredevil. No da, como dio con Iron Man, Batman, el Capi América, o –hasta hace muy poquito- con Spider-Man, para poner a alguien más abajo de ese disfraz. Y eso es mérito de un guionista que le pone todo al personaje, que lo define a la perfección porque lo entiende a la perfección. Después, las sagas en sí, van y vienen, hay mejores y peores. Lo que no se le puede discutir a Waid es eso, el amor por el personaje y las capas de complejidad que le puede añadir simplemente por el hecho de quererlo y comprenderlo como si fuera un amigo de toda la vida, no un héroe de papel y tinta.
Una vez más, Waid la rompe en un flashback, más precisamente el episodio ambientado en los primeros días de funcionamiento del estudio de abogados de Matt y Foggy. No quiero contar nada de la trama, pero está tan bien llevada que uno quisiera releer toda la primera etapa de Daredevil reversionada por Waid. Por supuesto suma fantastillones de puntos el hecho de que estas páginas estén dibujadas como los fuckin´ dioses por el ídolo Mike Allred, que pela unos ángulos y unas composiciones realmente magníficas.
En los cinco episodios restantes tenemos a Chris Samnee en un muy buen nivel, un poquito más “careta”, menos personal que en otros trabajos suyos. Incluso cuando renuncia a ese claroscuro que era su marca de fábrica y le salía tan bien, Samnee se muestra siempre cuidadoso en la narrativa, generoso para dibujar fondos y afiladísimo para las expresiones faciales, que acá –al girar todo en torno al posible desequilibrio mental del protagonista- tienen muchísimo peso. Y lo de “menos personal” tomalo con muchas pinzas. Al lado de la gran mayoría de los simios amaestrados para llener 20 páginas por mes en los títulos de Marvel o DC, estamos ante un artista con una personalidad avasallante, con una impronta fuerte y reconocible, a años luz de los clones de los dibujantes de moda o de los infinitos Juan Carlos Flicker. Samnee no es Allred, ni David Ajá, pero felizmente la rompe sin repetir, sin soplar y sin tirarse a chanta en un título lleno de escenas muy difíciles de pilotear.
No me acuerdo si tengo más tomos de Waid sin leer. Pero completé lo de Bendis y no veo la hora (diría Matt) de entrarle a esos dos TPBs gordísimos, con bocha de números de una etapa de Daredevil muy querida por los fans. Excelsior!

viernes, 21 de febrero de 2014

21/ 02: THOR: THE MIGHTY AVENGER

Hoy como ayer, me toca deleitarme con el trabajo de un maestro del claroscuro. Chris Samnee (que de él se trata) no dibuja parecido a Leandro Fernández, pero entiende como el rosarino la fuerza que tiene el dibujo cuando es sólo mancha negra y espacio blanco y además, aunque está perfectamente inserto en el mainstream yanki donde todo se publica a color, se le nota que piensa la historieta en blanco y negro. Samnee tiene una anatomía tranqui, que no se regodea en músculos imposibles ni en poses estridentes pasadas de rosca. Y lo más lindo: maneja unas expresiones faciales fascinantes, dignas del mejor Ty Templeton. Por si faltara algo, su gran capacidad para la síntesis y su uso de las masas negras lo emparentan, además, con Alex Toth. O sea que estamos frente a un dibujante con un estilo muy atractivo, muy personal, a años luz de los Juan Carlos Flicker que recurren todo el tiempo a la foto y de los pavos que sobredibujan y llenan las viñetas de rayitas innecesarias. Que un dibujante como Samnee se haya impuesto en un contexto tan adverso, donde se valora tanto a los que hacen todo lo contrario a lo que hace él, resulta tan asombroso como meritorio.
Lo que más me sorprendió de este libro, sin embargo, son las fechas en las que se publicaron originalmente estas historietas. Varias de ellas salieron en 2010, es decir, bastante antes que la primera película de Thor. Sin embargo, el guionista (nada menos que el prócer neozelandés Roger Langridge, un fetiche de este blog) ya juega con varios elementos de los que –creía yo- se habían inventado para la peli. Langridge des-bizarrea el origen de Thor, desconoce olímpicamente a Don Blake, le da onda, chapa y personalidad a Jane Foster (la cambia tanto que se podría haber llamado de cualquier otra manera) y explota esa veta tan atractiva que es mostrar a Thor como un tipo medio alienígena, al que le cuesta bastante adaptarse a los EEUU del presente, porque viene de una cultura radicalmente distinta. Y no puedo creer que a Langridge se le haya ocurrido hacer negro a Heimdall. Eso seguro se lo impuso algún capanga de Marvel que ya sabía que en la peli el personaje iba a estar a cargo de un actor afroamericano.
Hasta ahí llegan las coincidencias con la versión fílmica de Thor, porque Langridge le reserva a Loki un rol MUY chiquito y –lo más loco- nunca llega a mostrarnos a Asgard. La meta de Thor es volver al Reino Eterno, pero en estos nueve episodios no lo logra. Ni siquiera confronta con alguno de los villanos asgardianos, o con los gigantes de hielo, y a Sif (que aparece en la ilustración de la portada) ni siquiera la nombran. Supongo que el guionista se guardaba a los villanos asgardianos (y a Odin) para más adelante, un más adelante que nunca llegó, porque la revista vendió poco y duró menos. Lo cierto es que en estos episodios el neozelandés rompe la tradición de los comics de Thor, esa que impone buscar un equilibrio entre cosas que suceden en la Tierra y cosas que suceden en Asgard. Acá todo pasa por la Tierra, por la relación entre Thor y Jane y por los encuentros de Thor con algún que otro villano y unos cuantos superhéroes de nuestra dimensión. El Dios del Trueno pareciera llegar “con todo ya empezado”, porque Langridge nos muestra a los otros héroes (Giant Man y Wasp, Captain Britain, Namor, Iron Man) como más asentados en lo suyo, más curtidos en comparación con este extranjero en tierra extraña que va por ahí, medio a los tumbos, dándose cuenta sobre la marcha de cómo viene la mano. Por supuesto, el coraje y la nobleza de Thor lo harán ganarse rápidamente la confianza y la amistad de estos paladines.
Como suele suceder en el mainstream superheroico, varias de las peleas que nos muestran Langridge y Samnee están al pedo, porque claramente les interesa más mostrarnos otra faceta del personaje. Sin embargo, estas no eclipsan a los momentos más intimistas, a la “comedia romántica” entre Thor y Jane, que está finamente elaborada y sostenida por excelentes diálogos, silencios, miradas y seguramente algún encuentro sexual de alto voltaje, que no está, pero que uno se puede imaginar dónde se produce sin mayor dificultad. Si te gusta Thor, dale una chance a esta versión medio descolgada de su “year one”. Y si sos fan de Samnee o de Langridge, aprovechá para disfrutarlos en una serie muy linda, muy ganchera, muy reader-friendly, en la que los dos pusieron mucho huevo y mucho talento. Habrá más trabajos de ambos muy pronto, acá en el blog.