el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 30 de enero de 2018

COMPLETAMOS EL 11 INICIAL

Termina el primer mes de la novena temporada del blog con 11 entradas. Buen primer paso para llegar a la meta de las 120 durante los 365 días de 2018.
Arranco con The Shadow: Midnight in Moscow, una saga del famoso justiciero de los pulps publicada en 2015, que tiene como principal atractivo contar con guión y dibujos del maestro Howard Chaykin, autor de aquella miniserie del crucial 1986, que reimaginara al personaje para aquellos tiempos post-modernos. Ambientada sobre el final de 1949 y los primeros días de 1950, Midnight in Moscow no contradice nada de lo que vimos en la mini del ´86, pero tampoco es una precuela directa, ni tiene demasiada vinculación con aquel hitazo vanguardista y rupturista.
En la comparación, Midnight in Moscow pierde por goleada. Es una aventura mucho más lineal, menos compleja, sin sexo, ni drogas, ni groserías, con las muertes más escabrosas confinadas al “fuera de cuadro”, con una subtrama política demasiado light, sin la intención de revolucionar nada. La historia va para adelante con prolijidad, explicando todo perfectamente, y al final The Shadow desactiva con excesiva facilidad el plan de los villanos, que también adolesce de cierta falta de sutileza.
Lo más interesante son los bloques de texto que emplea Chaykin para describirnos cómo se vive esta época de pos-guerra (casi prólogo de la Guerra Fría) en las distintas ciudades por las que transitan los personajes: New York, Londres, París, Berlín y Moscú. Ahí el maestro enseña, baja línea y te genera interés como para que quieras saber más sobre cómo se transformaban las urbes y las sociedades en este período histórico puntual. También hay un personaje muy bien construído (la peligrosísima Dixie Teagarden) y no mucho más para rescatar…
Bueno, sí, el dibujo de Chaykin, que es majestuoso. Y la narrativa. Y el gran trabajo del colorista Jesus Aburtov y el letrista Ken Bruzenak (también campeón en el ´86). Esto hay que tenerlo para maravillarse con un trabajo de un equipo que en la faz gráfica te sale a matar en la primera viñeta y no hace más que mejorar a lo largo de los seis episodios. Visualmente, Midnight in Moscow es una joya de altísimo impacto, una cátedra de comic. Lástima el guión que se queda ahí, a medio camino, cuando todos sabemos que Chaykin puede aspirar a mucho más.
Notas al Pie, la primera novela gráfica de Nacha Vollenweider como artista integral, tiene un dibujo exquisito, de engañosa simplicidad, que despliega un notable poder de observación y una gran destreza técnica, ambas virtudes presentes en las obras anteriores de esta argentina hoy radicada en Alemania. Además introduce un recurso narrativo muy interesante, tan conspicuo que le da nombre al libro: Nacha narra con notas al pie, con numeritos que aparecen cuando un personaje (generalmente ella misma) menciona algo al pasar en medio de un diálogo ambientado en el presente, para luego abrir un capítulo aparte, un mini-relato que se desprende del troncal para explorar en detalle eso que originalmente se mencionó al pasar. Así, la trama central se va rodeando de estas acotaciones, a veces más descriptivas o explicativas que narrativas, con una técnica que le permite a la autora saltar del presente al pasado y de Alemania a Argentina de un modo sumamente dinámico y diáfano.
El problema principal de Notas al Pie es que la trama central pasa por una no-historia: un viaje en tren en el que Nacha y su esposa van conversando (de ahí las disgresiones que ameritan las distintas notas al pie) hasta llegar a Hamburgo, la ciudad donde viven, donde se ofrecen hospedar en su casa a una pareja de refugiados sirios, que llegaron a Alemania huyendo de la guerra. Fin. No hay una indagación en esta situación, no vemos a Nacha y Carina interactuar con sus huéspedes, no hay un conflicto para desarrollar ni nada que se le parezca.
Esto -que para algunos quizás no sea un problema pero para mí lo es- sucede también en las mini-historias que Nacha desarrolla en el formato de notas al pie. De estos breves relatos accesorios, el único que cuenta una historia fuerte, el único que me atrapó, es el de la abuela de Nacha, a quien la dictadura cívico-militar le secuestra un hijo y termina convertida en una de las primeras Madres de Plaza de Mayo. El resto son anécdotas muy menores, flashbacks a la época en que Nacha y Carina todavía eran novias, detalles superficiales de la vida en Córdoba o en Alemania, o al revés: la complejísima explicación de una red de parentescos que enlaza a Nacha con hombres y mujeres de origen suizo, algunos de los cuales vivieron también en Argentina.
En varios pasajes de estas mini-historias, Nacha prescinde de los diálogos y narra todo con su propia voz en off. Son casi siempre textos cortos, que podrían ocupar muchísimas menos páginas de las que ocupan, pero la autora decide darle mucho espacio a cada escena. Para esto opta por una grilla de dos viñetas por página, que es la que más se repite a lo largo de todo el libro. Como siempre digo, es la grilla que menos me gusta, la que menos transmite la sensación de estar asistiendo a una secuencia de imágenes, donde más le cuesta al lector hilvanar una viñeta con la siguiente. Mis páginas favoritas del libro son –claramente- las de tres o más cuadros.
Bueno, se hizo larguísimo. La seguimos pronto, con nuevas reseñas.

jueves, 21 de marzo de 2013

21/ 03: VIENTRE

Allá por fines de 2011, mis paseos por la historieta uruguaya me llevaron a descubrir a un guionista y dibujante llamado Roy, que ofrecía en sus historietas un humor ácido y malalechístico, basado en una observación muy aguda, con el que se mofaba por un lado del género de los superhéroes y por el otro de la sociedad montevideana. Ahora me encuentro con que Roy pega un veletazo digno del que pegó Ed Brubaker cuando pasó de escribir y dibujar comics autobiográficos en los que contaba cómo salía a afanar de caño para comprar frula, a ser un respetado guionista del mainstream que escribía comics de Batman y Captain America.
En Vientre, el uruguayo oficia sólo de guionista y le abre el rubro gráfico a dos argentinas, Nacha Vollenweider y Lauri Fernández, quienes se hicieran conocidas al dibujar cada una una novela gráfica escrita por Roberto Von Sprecher y editada por Llanto de Mudo. Desde entonces, Nacha y Lauri, o Lauri y Nacha, o “Los Angeles de Von Sprecher”, formaron una especie de dupla, a pesar de lo distinto de sus estilos. La novela gráfica escrita por Roy está estructurada para aprovechar claramente el contrapunto visual entre los estilos de ambas artistas. Hay cuatro secuencias de 6 páginas dibujadas por Nacha, cuatro secuencias de 6 páginas dibujadas por Lauri, y una secuencia final de tres páginas, con una de Nacha, una de Lauri, y una dibujada a medias por ambos “Angeles de Von Sprecher”.
Las secuencias dibujadas por Vollenweider nos invitan a seguir a Paula, una chica de más de 30 que está en pareja hace tiempo, y quiere tener un hijo. Pero la cosa no le resulta tan fácil y esto le genera angustia, tensión, y finalmente un deterioro irreversible en su relación con Gerardo. Por el otro lado, el protagonismo de las secuencias dibujadas por Fernández recae en Micaela, una chica de veintipocos que se divierte saltando de cama en cama y a la que ni se le cruza por la cabeza ser madre. Hasta que un trágico giro del destino la obliga a plantearse el tema de la maternidad y a tomar una decisión incómoda como tampón de virulana.
Con poco texto, con diálogos muy afilados (escritos en uruguayo) y viñetas mudas muy elocuentes, Roy define en pocas páginas dos conflictos muy intensos y muy reales, y los lleva hacia una especie de resolución que no es la que el lector espera. Las dos historias transitan el camino que va del costumbrismo al drama, sin bajar línea, sin golpes bajos y sin enseñarnos a vivir. La sensación que deja el libro cuando uno lo cierra es heavy, se trata de una historieta bastante más profunda que las habituales y toca temas muy ásperos con mucha altura.
Por el lado del dibujo, a Nacha se la ve muy suelta, como si dibujara directo en tinta, sin bocetos previos, y después levantara y matizara los dibujos con esas texturas, esos grises y esas aguadas alucinantes. Etéreo e ingobernable, el dibujo de Nacha se hace mucho más fuerte cuando juega a los climas que cuando tiene que plasmar las expresiones faciales (muy importantes en la trama), un punto en el que todavía tiene mucho para mejorar. A Lauri se la ve más canchera en las expresiones faciales, con un trazo sugestivo, que combina de modo originalísimo los blancos, negros y grises, muy hábil a la hora de iluminar las escenas. Lo que le falta perfeccionar es la elección de los ángulos, que en esta historieta se repiten mucho. En rasgos generales, toda la novela se ve muy bien, son muchos más los puntos en los que se lucen que las flaquezas que se observan en los trabajos de los Angeles de Von Sprecher.
Vientre es una historieta dura, comprometida, arriesgada, que no condesciende en lo más mínimo con el lector. Sin dudas, un trabajo que pone a Roy en la lista de los guionistas a tener en cuenta, ya no para hacerse el listo satirizando boludeces, sino para escribir material realmente jugado, que en pocas páginas tira muchas secuencias de fuerte impacto dramático. Al tratarse de la maternidad, me imagino que Vientre le pegará mucho más fuerte a las mujeres. Aún así, me animo a recomendársela a todos los fans de la historieta para adultos, más allá de los géneros.

jueves, 31 de marzo de 2011

31/ 03: RUTA 22


Volvemos a un clásico duelo de la historieta: Argumento vs. Guión. Y el ejemplo que tengo para hablar un poco de este tema es esta novela gráfica escrita por Roberto Von Sprecher. Acá se ve clarísimo cómo un buen guión sirve para compensar e incluso para disimular la falta de un buen argumento. El argumento de Ruta 22 es… cachitos de la vida, breves anécdotas, alguna peripecia de un tipo del cual sabemos poco. Era un pendejito en 1958, un muchacho en 1976 y un señor ya maduro en 2008. Con esos elementos, Von Sprecher se las ingenia para armar un guión atrapante. No magistral, porque le falta el sustento de un argumento sólido, pero sí repleto de momentos interesantes, de climas, de diálogos profundos… El recurso mejor utilizado es el ritmo: Estas secuencias de la infancia y la juventud del protagonista se entrelazan a lo largo de toda la historia de un modo muy ganchero. Cada flashback termina donde tiene que terminar y –con firuletes virtuosos- el guionista consigue que no parezcan recuerdos aleatorios, medio traídos de los pelos (al estilo Family Guy), sino que cada secuencia del pasado resuene en las secuencias del presente. No es fácil, pero Von Sprecher lo logra.
Como todo relato que rompe la linealidad, Ruta 22 exige bastante atención de parte del lector: te tenés que concentrar para percatarte de cuándo la narración salta para adelante o para atrás en el tiempo e identificar a varios personajes en tres etapas distintas de sus vidas. Pero tranqui, que no es una cosa críptica ni excesivamente pretenciosa. Simplemente hay que prestarle atención, no tragar la papilla pre-masticada. Y disfrutar esos pases mágicos del guión, que están tan buenos que –como decía en el arranque- hacen que se note poco la ausencia de un argumento poderoso. El final, por ejemplo, es de esos finales que suelen coronar a obras con argumentos pulenta. Von Sprecher logró meterle un final fuerte y emotivo a un relato en el que la estructura clásica de principio-desarrollo-fin no existe, o casi.
Pocas de las pinceladas virtuosas del guión habrían llegado a buen puerto sin la complicidad de un buen dibujante, que sintonizara la misma onda del guionista. Von Sprecher encontró en Nacha Vollenweider una socia ideal: el trazo de Vollenweider es abierto, por momentos etéreo, muy jugado a los climas, con momentos de altísimo vuelo poético y plástico (la doble página del carnaval, por ejemplo, con esas manchas tipo Luis Scafati). A la vez, estamos ante una dibujante a la que no le cuesta para nada ponerse en función de la narrativa, establecer bien las secuencias, variar los planos, facilitarle al lector este laburo de reconocer a algunos personajes en tres etapas distintas de sus vidas… Por momentos cuesta creer que son dos autores y no uno sólo, porque la simbiosis entre Roberto y Nacha es muy notable. Lo único que no me termina de cerrar del estilo de Vollenweider es que mete demasiado. Por ahí en la misma viñeta hay tres o cuatro técnicas de entintado: grises aplicados con aguada, masas negras aplicadas con pincel, cross-hatchings logrados con plumín y esfumados logrados con cepillo. Su dominio de todas las técnicas es muy bueno, pero a veces con mucho menos se consigue un resultado más contundente.
Ruta 22 es un comic que juega con sus propias reglas. Si te gusta la historieta argentina arriesgada, con ganas de experimentar y de escaparle al “más de lo mismo”, seguro te va a interesar. Tiene introspección, nostalgia, romance, algún tinte político y varios de esos momentos mágicos que uno asocia con los recuerdos de la niñez. Como diría el más grande, “pisa el acelerador”…