el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 23 de septiembre de 2015

23/09: DAREDEVIL: END OF DAYS

La verdad que me compré este libro por cariño al personaje, y porque en la tapa aparecía el nombre de Bill Sienkiewicz. No tenía mucha idea del argumento, ni grandes expectativas acerca de la historia, que prometía narrar un posible fin de Matt Murdock. Ahora que lo leí, me pongo de pie para felicitar a Brian Michael Bendis y David Mack, los guionistas de la obra, por un excelente trabajo que va mucho más allá del homenaje a Daredevil por sus primeros 50 años de publicación.
La premisa tiene algo de eso, de revisitar momentos emblemáticos en la carrera del Cuernitos a través de personajes (tanto aliados como enemigos) que fueron importantes en las distintas etapas de su vida. Ben Urich se convierte en el hilo conductor de la trama en la que el gran misterio es una palabra (un nombre, en realidad) que llega a pronunciar Daredevil justo antes de morir, al mejor estilo Citizen Kane. De la mano del periodista, Bendis y Mack repasan las andanzas de Matt Murdock que nos narraran Frank Miller, Ann Nocenti, John Romita Jr., Kevin Smith, y por supuesto, ellos mismos. De hecho, el final resulta ser un cierre arriba del cierre para aquella saga del año 2000 en la que Bendis y Mack metieron mano por primera vez en la historia del personaje.
Una investigación a cargo de un periodista acerca de la muerte de un héroe es algo que, de por sí, promete poca machaca. Y está muy bien. Bendis sabe perfectamente cómo mantener el suspenso y la tensión en un comic sin que todo pase por las piñas y las patadas. Para la segunda parte, en cambio, el guión se las rebusca para que haya un poco más de acción, en parte por el rol que asume Punisher (con una caracterización que mezcla aciertos y pifias) y en parte porque los autores meten una sucesión un tanto traída de los pelos de ninjas y villanos de la B Metropolitana. Lo bueno es que todo eso es un complemento y el foco nunca se desvía de la investigación de Urich, que termina con el status quo MUY cambiado y no una, sino dos revelaciones muy grossas acerca del legado de Daredevil.
No quiero spoilear nada acerca de estas revelaciones, ni siquiera cuando este es un final alternativo para Daredevil, una historia pensada para no entrar nunca en continuidad, porque es obvio que mientras genere un billete, el Cuernitos no va a morir. Pero cuando Bendis y Mack me cagaron a sopapos con ese final brillante, redondo, impecable, me vino a la mente la ya famosa frase de mi amigo Fede “el Freak” Velasco, que alguna vez sentenciara: “Daredevil es el más DC de todos los personajes de Marvel”. Parece una paradoja, porque si hay un guionista de Marvel que uno no relaciona ni drogado con DC es Bendis. Y sin embargo, el legado que esta saga plantea para Daredevil tiene el inconfundible aroma de los “legacy heroes” de DC.
Por el lado del dibujo, David Mack aporta algunas splash pages en su característico estilo (muy lindo, maestro, pero a ver cuándo volvés a dibujar historietas) y lo mismo hace Alex Maleev, pero no en su estilo Juan Carlos Flicker, sino más plástico, más lindo. De todos modos, son poquísimas páginas las que no están dibujadas por Klaus Janson y entintadas por Sienkiewicz. El que tiene la misión de interpretar los guiones y darles forma de relato gráfico es Janson, y el encargado de que le dibujo de Janson vibre, emocione y por momentos deslumbre es Sienkiewicz. Además de entintar, Bill mete algunas imágenes de su propia cosecha (en su inconfundible estilo pictórico), pero lo notable es cómo le imprime su sello al dibujo de Janson, sin interferir en el planteo narrativo del otrora entintador de Frank Miller. Tanto pone Sienkiewicz en la tinta que logra que el dibujo de Janson (a veces un poco tosco, o falto de dinamismo) se vea fresco, intenso, moderno y –como siempre- recontra expresivo.
Si sos fan de Daredevil, este libro te va a emocionar y a estremecer de principio a fin. Si además amás al Daredevil de Bendis, acá vas a encontrar el broche de oro ideal (aunque imposible) a aquella inolvidable etapa en la vida del personaje. Y si sos fan de Sienkiewicz, acá lo vas a ver brillar en su faceta de entintador, como ya hiciera en los ´90 en tantos comics de DC. Posta, me encontré con un comic muy por encima de lo que yo esperaba leer, y eso me hizo muy feliz.

martes, 30 de agosto de 2011

30/ 08: KABUKI: SKIN DEEP


Uno de los tsunamis más nefastos que sacudieran al comic norteamericano en su larga historia fue la moda de las Bad Girls, una plaga que a mediados de los ’90 nos flageló con miríadas de historietas obscenamente mal escritas, burdas y predecibles, llenas de mujerzuelas de curvas imposibles, armadas hasta la argolla y con una insaciable sed de violencia. Como suele suceder, de ese inmundo pantano surgió una joya memorable, un comic complejo, sugestivo, cautivante y absolutamente personal. En pocos años, David Mack pasó de ser un absoluto desconocido a ser un autor de culto con mucha chapa y muchos premios, y todo gracias a Kabuki.
Después de dos sagas en las que pasaba de todo (Fear the Reaper y Circle of Blood), Mack produce un par de historias en las que la trama avanza poco o nada, pero a nadie le importa porque cambia el blanco y negro por el color y le detona las retinas a los lectores como nunca antes. En Skin Deep, Mack deslumbra en su exploración de varios estilos, entre ellos el que se convertiría en su estilo definitivo. La cantidad y diversidad de técnicas pictóricas que manda Mack en cada página son la pesadilla de cualquier profesor de dibujo. A primera vista parece un derivado de Dave McKean, pero también hay Bill Sienkiewicz, Alex Ross, un montón de artistas plásticos (Gustav Klimt a morir) y hasta historietistas más dark, o más “sucios” como James O’ Barr, Jae Lee o Leo Manco. Y mucha referencia fotográfica, ya que Mack capta muchísimas poses de su coordinadora, Connie Jiang, para luego convertirlas en dibujos. De toda esta mescolanza, emerge un autor firmemente asentado en un estilo personal y fascinante.
A nivel guión, Skin Deep es apenas un puente entre Circle of Blood y la siguiente saga grossa, Metamorphosis (la que marcará el paso de la editorial Caliber a Image). De hecho, buena parte de lo que pasa en Skin Deep se recuenta –de modo más breve- en el tramo inicial de Metamorphosis. Básicamente, en esta saga nos enteramos de que, antes que las agentes de Noh encontraran el “cadáver” de Kabuki, otra agencia secreta la rescató aún con vida y la internó en una especie de instituto neuropsiquiátrico en el que están confinados varios ex-agentes secretos que se tildaron, o que se rebelaron a su organización. Acá, una terapeuta se mete a fondo en la mente de Ukiko (que así se llama Kabuki), y Mack nos sumerge también a los lectores en esa psiquis traumada, donde juega como nunca a perturbarnos desde los climas, con increíbles trucos para desorientarnos y dejarnos pensando qué carajo sucedió en realidad y qué de lo que vimos es producto del delirio de Ukiko. La heroína, mientras tanto, intentará armar un plan de escape antes de que sus ex-compañeras invadan la clínica para matarla, y además conoceremos a la misteriosa Akemi y a Kageko, la elegida por Noh para convertirse en la nueva Kabuki. El resultado es una joya absoluta de la sutileza y la psicopateada, además de la orgía gráfica y visual y el jueguito de los dibujos repetidos tres millones de veces.
Ese es un clásico de Mack: los mismos dibujos aparecen una y otra vez, aunque cambien los textos y hasta la puesta en página. No todos, claro. Hay muchos dibujos pensados para ser usados una sóla vez. Pero son muchísimos los que se reciclan. Como es diseñador gráfico, su tratamiento de la imagen y su cancha para la narrativa le permiten pilotear con éxito el constante reciclaje de dibujos, al mejor estilo Carlos Meglia, aunque con una estética a milenios de distancia del prócer quilmeño.
Kabuki es una serie rara, atípica, pero alucinantemente bella. Dentro de ese contexto, Skin Deep también aporta rareza y belleza en grandes dosis, pese a que su injerencia en la trama central de la saga sea poca.