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viernes, 9 de enero de 2026
VIERNES DE DIBUJANTAZOS
El lunes me hice el banana por publicar nuevas reseñas dos días seguidos, y acá estamos: recién ahora logré terminar dos libros más y encontrar un rato para sentarme a escribir...
Entre 2019 y 2023, el maestro Taiyo Matsumoto produjo a un ritmo muy pachorro la serie Tokyo Days, que en 2025 se editó en Argentina, de la mano de Ivrea, cuyos huevos aplaudo de pie. Este no solo es un manga para adultos, sino que además es un manga sin acción, sin garches, casi sin conflictos. Un manga introspectivo, melancólico, en el que el personaje principal es completamente inexpresivo, y que encima está dibujado en un estilo que parece mucho más europeo que japonés. Lo único que tiene Tokyo Days (por lo menos en el Vol.1) que le puede resultar mínimamente atractivo al consumidor promedio de los típicos mangas de Ivrea es que se trata de una historia ambientada en el mundo del manga. Los personajes son mangakas, o editores que supervisan a los mangakas en la realización de sus trabajos para una editorial. Y todo el tiempo se habla de manga, de los pormenores de la profesión, y de cómo la pasión por el manga a veces te incendia el alma y a veces se va para no volver.
El protagonista es Shiozawa, un señor circunspecto, amargo, con menos onda que un renglón, que ya anda por los 50 años y trabaja como editor de manga. La historia empieza justo cuando decide renunciar a su trabajo, sin demasiada explicación. Matsumoto nos va a contar (también a un ritmo muy pachorro) el proceso interno de Shiozawa, que hasta la mitad del tomo parece no querer saber más nada con el mundo de las historietas, y en un momento algo le hace ¡clic! y decide volver. Pero no a la editorial donde trabajaba. Ahora su plan es coordinar una antología y publicarla él mismo, de manera independiente. Entonces vuelve a entrar en contacto con mangakas con los que trabajó a lo largo de su carrera, en su mayoría autores y autoras ya mayores, que o bien "sacan con fritas" mangas a los que no le ponen el alma, o bien dejaron el medio para dedicarse a otra cosa. Shiozawa viaja para encontrarse con ellos y charlar, los convence de sumarse al proyecto, y mientras tanto aconseja a una editora más joven, que se hizo cargo de los mangakas a los que él dejó cuando renunció a su cargo en la editorial. De alguna manera (fría, desapasionada) el amor de Shiozawa por el manga prevalece y lo impulsa a generar esta nueva movida.
Y no hay nada más para contar acerca del argumento. Matsumoto llena 220 páginas con esto, y con anécdotas menores protagonizadas por los mangakas que trabajaban con Shiozawa en el momento en el que renuncia. Lo más parecido a una escena de acción es cuando un auto esquiva a un gato que cruza la calle, para no pisarlo. El resto son charlas (muy bien traducidas por Adrián Schwarzfischer) o escenas mudas. Por supuesto, todo dibujado como los dioses por un Matsumoto inspiradísimo, que deforma la perspectiva de los edificios como si fuera Ben Katchor, elige los planos como si fuera Jacques Loustal y mete crosshatchings como si fuera Etienne Davodeau. Más allá de lo bello que es el trabajo de Matsumoto en blanco, negro y grises (más un par de páginas a color para enchastrarse la ropa interior), es sumamente placentero leer a un mangaka tan original, que se parece tan poco a todos los demás, y que incluso deja que su trazo mute de obra a obra, porque esto se parece muy poco a -por ejemplo- Ping-Pong o Tekkon Kinkreet. Incluso con ese tono pecho frío y ese ritmo parsimonioso, Tokyo Days me atrapó como para querer entrarle cuanto antes al Vol.2.
Como ya es costumbre, cierro con un comic argentino editado en 2025, en este caso El Khidr, una obra escrita por Abdul Wakil Cicco y dibujada por el maestro Quique Alcatena, que tuvo un 2025 zarpado, con una cantidad brutal de publicaciones entre reediciones de sus clásicos y material inédito. Sin dudas lo más destacable de El Khidr son los dibujos de Alcatena, que deja la vida en cada página. Casi todas las secuencias le exigen documentación histórica para recrear con rigor la Estambul de fines de los años ´40, y Quique se la banca como un duque, como si fuera un autor francés. Y cuando el guion le permite dar rienda suelta a la fantasía... bueno, ahí ya sabemos que Quique es simplemente imbatible.
El guion es raro, porque tarda unas 50 páginas en presentar a los personajes y las situaciones, y recién ahí empieza la acción propiamente dicha, y se establece de alguna manera más o menos evidente cuál es el conflicto y quiénes son los antagonistas con los que deberá confrontar Halima, la librera, que es la "heroína" de la historia. En las 20 páginas finales, Cicco cambia el ritmo y empiezan a pasar más cosas, algunas de las cuales no entendí, probablemente porque tienen que ver con elementos de la tradición religiosa, o mística del Islam, que yo desconozco y que el guionista no explicita en las viñetas. En algún momento, una trama que viene para el lado de la conspiración, con tesoros de los sultanes ocultos y cierta tensión política, deriva en secuencias más extrañas, con magia, fantasmas y otros elementos sobrenaturales que irrumpen -de nuevo- sin demasiada explicación. Mi sensación es que todo sería más claro y más directo con menos personajes en escena.
No me quiero extender mucho más, porque es un trabajo reciente, que está bueno que cada lector descubra por sí mismo, lo lea y saque sus propias conclusiones. Supongo que para quienes estén familiarizados con la cultura islámica, El Khidr deber tener un atractivo que a mí me pasó por encima. Y obviamente, si sos militante de Alcatena y tenés un sector de tu biblioteca consagrado a las obras del prócer, no dejes escapar este librito, porque acá hay 70 páginas dibujadas a un nivel sublime.
Nada más, por hoy. Tengo leído un tercer broli, pero no me queda tiempo para reseñarlo. Ni bien acumule alguna lectura más, nos reencontramos en este espacio para comentarlas. Gracias y hasta pronto.
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miércoles, 19 de noviembre de 2025
ENÉSIMA NOCHE DE MIÉRCOLES
Se puso de moda escribir reseñas los miércoles a la noche... ponele.
Gracias a esta impecable edición de Primavera Revólver, em reencontré con una breve serie de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena que -si no me equivoco- había salido en los últimos números de Skorpio, allá por 1995.
Ilya, el Rey León tiene apenas cuatro episodios, que alcanzan para contar lo que los autores quieren contar: la búsqueda de la redención por parte de Valkan, y la inspiración que encuentra en su ancestro, el monarca apodado "Rey León", protagonista de gestas legendarias en una Rusia fantástica. Es una historia lineal, sencilla, que avanza a buen ritmo hacia un final no demasiado impredecible, pero igualmente impactante.
Aclaremos de movida que Ilya, el Rey León no es una de las obras fundamentales de Mazzitelli y Alcatena, y que si no la leés, no pasa nada. A lo sumo te perdés unos cuantos dibujos majestuosos de Quique, pero de esos hay en todos los libros de la dupla. Acá hay momentos en los que el dibujo realmente estalla y se hace hipnótico, sobre todo en el episodio final, cuando Alcatena elimina esas guardas recontra-sobrecargadas de detalles, que en los primeros episodios generan cierto agobio visual, y hasta cierta confusión. Más allá de eso, hay un despliegue brutal en materia de paisajes, criaturas, detalles imposibles en la vestimenta de los personajes... Como siempre, bah. Nunca falta ese mix aliucinante entre trabajo con la referencia gráfica y la imaginación desbocada de un dibujante prodigioso y completo como es Alcatena.
Esperaba un poquito más del guion, quería que a Valkan le costara un poco más pasar de ser un sorete a ser un héroe mitológico, pero entiendo que en solo cuatro episodios no se puede hacer magia. Y el personaje de Baba Yaga, que amga con ser relevante, se queda en el amague. Una pena.
Ilya, el Rey León está bien para pasar un buen rato, y deslumbrarse con el virtuosismo de un Alcatena que, con 50 años de trayectoria, nunca deja de sorprender. Un libro sólo para completistas de una de las duplas que más méritos hizo para tener completistas.
Salto a EEUU, año 2020, cuando Image empieza a publicar Family Tree, una saga de 12 episodios escrita por Jeff Lemire y dibujada por Phil Hester... junto a un equipo de asistentes, porque coincide con el momento en que el maestro estaba medio baqueteado por un problema de salud. No me causa mucha gracia que 12 episodios se recopilen tres TPBs (tendrían que ser dos... o uno), pero este inicio me pegó lo suficiente como para querer comprar los dos tomos siguientes... sin apuro, cuando los vea a buen precio.
La consigna es una demencia: una nena se empieza a transformar en árbol. Y al toque nos enteramos que su padre ya se transformó por completo en árbol. ¿Qué es esta bizarreada? ¿Y por qué funciona como disparador de una gran historia, dramática, violenta, en la que van a salir a la luz secretos familiares? Darcy (el tipo que se hizo árbol) dejó a su familia tiempo atrás y fue Loretta, su esposa, quien se tuvo que hacer cargo de criar a Megan, esta nena de ocho años, y a su hermano adolescente, fuente inagotable de bolonkis. La familia se completa con el papá de Darcy, un hombre ya casi anciano, pero absolutamente predispuesto a entrar en acción para salvar la vida de sus nietos.
Ya para el segundo episodio, el ritmo frenético de los tiros, machetazos y persecuciones se lleva puesto el clima de costumbrismo suburbano que Lemire y Hester plantearon en la primera entrega, y uno quiere que la acción para un cachito, que nos expliquen quiénes son los villanos, por qué quieren matar a Megan, y qué saben acerca de su misteriosa enfermedad. Ojalá eso pase en el segundo TPB. Acá evidentemente los autores eligieron el impacto a tope, el relato bien al palo, como para que nos enganchemos rápido y a fondo. Y menos mal que existe el TPB... esto leído de a 22 páginas por mes debe ser un suplicio.
Soy fan de Lemire, soy fan de Hester, me queda claro que en Family Tree ninguno de los dos se está tirando a chanta, estas páginas me transmitieron sensaciones copadas, me engancharon a full con los personajes... y obviamente quiero más. Así que en algún momento volveré a entrarle a esta serie, a ver cómo continúa la historia de Loretta, sus hijos y estas extrañas transformaciones de humanos en árboles.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog, y con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, en el canal de YouTube de Comiqueando. Si van el finde a la San Luis Comic Con, acérquense a saludar, que yo voy a estar ahí viernes, sábado y domingo.
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lunes, 6 de octubre de 2025
ULTIMAS RESEÑAS PRE-VACACIONES
¿Única entrada en el blog para este mes de Octubre? Puede ser. Me voy de vacaciones mañana a la noche y vuelvo el 30. No descarto postear reseñas el 31, pero tampoco tengo ninguna certeza de que vaya a hacerlo. Así que es probable que esta sea la única vez que comparto reseñas en el mes.
Vengo de muchos días sin postear porque me dediqué a disfrutar muy de a poco las 20 historietas que componen la reciente edición de Dioses y Demonios, de los maestros Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Tres por día, cuatro como mucho. Esa me parece que es la dosis ideal para que estos relatos peguen como tienen que pegar. Son historietas de principios de este milenio, muchas de las cuales nunca se habían publicado en castellano y varias de las cuales están al nivel de las mejores producciones de la dupla mágica.
Acá no hay personajes recurrentes, no hay un héroe o una heroína a quien vemos evolucionar a lo largo de una saga, sino que son todas historias autoconclusivas de 12 páginas. Muchas de ellas involucran a deidades de infinito poder y nombres estrambóticos, que son siempre las mismas, aunque esto no está muy enfatizado. No es como en los comics de superhéroes, que cuando vuelve a aparecer un villano clásico se arma todo un build-up, y un espamento tremendo. Acá algunos de estos dioses reaparecen en varias historias y es algo que resulta normal, o tan normal como pueden resultar las cosas en un contexto de fantasía extrema. Pero si republicás cada una de estas historietas en una antología distinta, apuntadas a lectores que nunca van a leer las otras 19, no pasa nada. Está todo bien, nadie se queda con menos data de la que hace falta para que estas historias te hagan muy feliz.
Como es su costumbre, Mazzitelli recurre a reyes majestuosos, guerreros imbatibles, princesas hermosas, engendros horrendos, dioses omnipotentes y demonios abyectos para contar historias absolutamente humanas de obsesiones, ambiciones, amores, lealtades, heroísmo, codicia y poder. Son breves fábulas en las que los personajes por lo general aprenden una lección, a veces demasiado tarde. Fábulas de muerte con y sin honor, de guerras, catástrofes y holocaustos, en las que los dioses y los demonios suelen tener roles secundarios mientras los hombres y mujeres motorizan las tramas y forjan las leyendas. El guionista adorna todo esto con su prosa elegante, sus sentencias extremas y su tinte entre filosófico y poético, que eleva a la aventura por encima de las peripecias, los engaños entre fulleros cósmicos y la machaca contra monstruos inconmensurables.
Y si faltara algo para sumarle sofisticación a la épica, está el dibujo de un Alcatena inspiradísimo, que deja la vida en cada página y en cada viñeta. También fiel a su estilo, Quique no escatima ni un trazo de tinta ni una pizca de su formidable imaginación. Todo está en estas páginas, volcado por el dibujante con una generosidad pasmosa. Los diseños de los personajes, los palacios, las criaturas, los dioses... Todo se ve absolutamente original, todo forma parte de una especie de orquestación perfecta que incluye hasta a los bordes de las viñetas. Un ensamble que deslumbra y asombra, sobre todo porque para que un comic de aventura y fantasía funcione bien, normalmente hace falta mucho menos de lo que Quique pone en cada página de Dioses y Demonios. Pero los grandes son así, y no se miden: dan todo y más, siempre, pase lo que pase.
Obviamente si sos fan de Mazzitelli y Alcatena, Dioses y Demonios te va a volar la cabeza. Y si no, si nunca leíste nada de los Reyes Magos de la historieta argentina, es un buen punto de entrada para empezar a explorar sus alucinantes multiversos. Repito: se disfruta más si leés pocas historias por día. Pero entiendo que te las quieras deglutir todas de un saque, porque es muy difícil resistirse a tanto talento junto.
Y me vengo a 2022, cuando los grossísimos Jul y Achdé clavan otro álbum magistral de Lucky Luke, que felizmente tuvo edición argentina en Libros del Zorzal en 2023. El Arca de Rantanplán es uno de los álbumes en los que más presente está el fantasma de René Goscinny, y ese es un elogio gigantesco. Jul entiende como pocos los mecanismos que el maestro ponía a funcionar en cada aventura de Lucky Luke y gracias a eso, logra reproducir la magia de los mejores álbumes de la serie. Todo parte de un dato de la realidad: en 1866, plena época del Salvaje Oeste, se crea en EEUU la primera asociación de lucha contra la crueldad hacia los animales. De ahí en más, Jul juega a imaginar cómo le iría en esa época a un tipo que predica dejar de morfarse a los animales de granja, no cazarlos por deporte, no usarlos como bestias de carga, no forzar a los caballos a transportar personas durante más de 20 minutos... Si hoy nos parece medio bizarro, hace 150 años esto era un delirio absoluto, y por ende, fuente de una cantidad inagotable de situaciones humorísticas. Jul las combina con la arista aventurera, encarnada en Lucky Luke y un temible villano llamado Tacos Cornseed. Pero la revolución que impulsa Ovidio Byrde es tan radical que se involucran también los indios de una tribu comanche, otros forajidos del Oeste y hasta la gente común de Cattle Gulch. El resultado es una aventura sumamente sociológica, similar en ese aspecto a joyas como Obélix y Compañía o La Residencia de los Dioses.
Como siempre, Achdé replica a la perfección no solo el dibujo de Morris sino también el timing para la comedia que caracterizaba al genial autor belga. Hoy que el debate acerca del veganismo y los derechos de los animales empieza a cobrar fuerza en la sociedad, trasladarlo a 1870 resulta una idea brillante. Y está tan bien plasmada por Jul y Achdé, que me animo a recomendarle este álbum inclusive a quienes nunca leyeron nada de Lucky Luke y no tienen la más puta idea de por qué en un comic que, a primera vista, parece una sátira a los clásicos relatos del género Western, aparecen un caballo que habla y un perro que piensa.
Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos el jueves 30 a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando para una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta. ¡Gracias y hasta entonces!
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domingo, 23 de febrero de 2025
DOMINGO PEGAJOSO
Un verdadero asco el clima en Buenos Aires, con una humedad insoportable y un aire que te asfixia. Pero vamos ya a repasar las últimas lecturas.
Me costó un montón terminar El Espécimen Vitruvio, una obra de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena, originalmente realizada para Italia en fechas que desconozco, y que la edición argentina no aclara. Me imagino a los pobres pibes que leyeron esta serie en entregas quincenales de 12 páginas y se me parte el alma de la congoja. El Espécimen Vitruvio es una obra que avanza a un ritmo bastante más lento que el de la típica saga de Mazzitelli, y además se sostiene en conflictos mucho menos enfatizados. Es una obra densa, repleta de ideas interesantes, pero desarrollada con parsimonia, como si los autores se esforzaran por no generar ningún tipo de impacto en el lector. Incluso hay episodios de 12 páginas sin ni siquiera una escena de acción... un cachetazo, una puñalada... algo... Claramente, acá Mazzitelli estaba jugando a otro juego, buscaba otra cosa, que tal vez no pase por la aventura, sino por otros ejes vinculados a la acumulación de conocimiento, a la evolución de las especies... En su esencia, El Espécimen Vitruvio es "una de mutantes" (incluso hay una referencia bastante clara a Wolverine), de humanos que nacen con habilidades extra que los separan del típico homo sapien. Pero está contada de una manera rara, para nada convencional, que no tiene nada que ver con los comics de los X-Men y demás.
Una vez que nace Teseo, Mazzitelli lo pone en el foco de un conflicto muy atractivo... que nunca se resuelve. Los personajes hablan primero de una inminente guerra entre las sub-especias y después de un inminente fin del mundo, pero ninguna de las dos cosas suceden. De hecho, la obra termina con un final bastante abierto, y no estaría nada mal que apareciera un décimo séptimo episodio ambientado 15 años en el futuro, donde Teseo reaparezca ya adulto y le dé un cierre a alguna de las puntas argumentales que no se terminan de resolver en estas páginas.
El resultado final es raro, inevitablemente aburrido, sobre todo si venís buscando peripecias, aventuras con peleas entre héroes y villanos y demás. Por suerte está la prosa inigualable de Mazzitelli en los bloques de texto, que siempre te dan ganas de leer más. Esta vez no hay humor, no están esos sutiles toques de ironía que tan bien manejaba el genio de Adrogué. Pero se compensa con una profundidad infrecuente en la exploración de los cuatro o cinco personajes principales, que se presentan como seres complejos, a los que está bueno analizar desde distintas ópticas precisamente para captar esa complejidad. O sea que al guion le falta acción, pero no méritos para seducir al lector adulto.
Y el dibujo de Alcatena, como siempre, es sublime. Abundan las viñetas grandes, repletas de texturas, ornamentos y líneas con las que Quique pone en la página todo lo que le permite el blanco y negro, y un poco más. Edificios, decorados, paisajes, animales reales y ficticios, trajes, vehículos, monstruos, todo cobra vuelo de la mano del plumín mágico de un Alcatena inspiradísimo. La puesta en página oscila entre grillas clásicas (la de seis viñetas de Jack Kirby, la de tres viñetas widescreen, etc.) y otras mucho más originales, en las que Quique experimenta sin sacrificar nunca la claridad y la fluidez del relato. Son 192 páginas sin desperdicio en materia visual, en las que Alcatena deja la vida tanto en los momentos en los que se impone la fantasía como cuando Mazzitelli propone escenas más terrenales, de gente que habla o camina.
Por su impronta poco aventurera, El Espécimen Vitruvio es una obra extraña en la bibliografía de la dupla, que no sé si todos sus lectores disfrutarán. Pero bueno, son 192 páginas dibujadas por Alcatena prendido fuego, y eso debería alcanzar para que quieras comprar el libro.
Me voy a 2017 cuando, en una colección de historietas apuntadas al público infantil y dirigida por Françoise Mouly, aparece The DragonSlayer: Folktales from Latin America, un librito con tres historietas cortas que adaptan relatos folklóricos de nuestro continente, dibujados nada menos que por Jaime Hernandez.
Nada, son 30 páginas de historieta, nomás. Las tres son historias muy menores, obviamente apuntadas a los más chiquitos, en las que Jaime cumple y no mucho más. Dos o tres veces a lo largo del libro rompe la grilla de seis viñetas, o sea que ni siquiera se juega a manipular el tempo narrativo de estas historias. Sabe que son comics para primeros lectores, y eso implica tener que narrar todo de manera muy simple, para que lo entiendan tanto los chicos chiquitos como los padres que seguramente tendrán que estar ahí para ayudarlos a leer.
El dibujo está muy bien (obvio, es Jaime) y siempre está bueno ver páginas a color de un dibujante al que uno asocia 100% con el blanco y negro. En este caso, es Ala Lee la colorista que se encarga de rellenar con su talento las líneas de un Hernandez casi minimalista, que no mete masas negras ni pierde tiempo poniéndole detalles a los fondos.
The DragonSlayer: Folktales from Latin America es una obra muy menor de un autor imprescindible. Una lectura livianita, disfrutable, ideal para compartir con lectores de 4 a 9 años, pero -repito- muy menor en el contexto de la bibliografía del excelso Jaime Hernandez. Menos mal que lo conseguí MUY barato en una librería de saldos.
Nada más, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos reencontramos por acá. Gracias y hasta entonces.
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viernes, 8 de noviembre de 2024
VAMOS EL VIERNES!
Sigo a full corrigiendo y diseñando artículos para la Comiqueando Digital, pero me choreo una horita de este hermoso viernes para reseñar los últimos libros que leí.
Hace relativamente poco tiempo, alguna investigación, algún artículo de algún colega o alguna casualidad me llevó a descubrir a Raf (Joan Rafart Roldán), un autor español muy de la "Escuela Bruguera", al que -por motivos que desconozco- no tenía para nada en el radar. Fue amor a primera vista. Raf me gustó más que Ibáñez, más que Escobar, más que Vázquez, más que todos. Al toque se convirtió en mi autor español de aventuras cómicas favorito... con la pequeña salvedad de que nunca había tenido en mis manos un álbum suyo, y apenas había leído unas cuantas historietas digitalizadas. Por suerte el año pasado, en España, conseguí un librito de Raf, el primero de Mirlowe & Violeta, una creación del ídolo que aparece a mediados de los ´80, una vez que Bruguera cierra sus puertas. No fue fácil, porque la inmensa mayoría de los álbumes de Raf (que murió en 1997) están descatalogados. Es un autor inexplicablemente ausente en el mercado español actual, pero también inexplicablemente talentoso.
Imaginate un discípulo muy aventajado de Eduardo Ferro, con cosas de Giorgio Cavazzano, y con esa soltura para irse al carajo en materia de violencia típica de Ibáñez y Vázquez. Es un combo devastador, hoy imposible de reproducir. Creo que el único que autor actual que -si se lo propusiera- podría reproducir la estética y la dinámica de las páginas de Raf es el tucumano Sejo. Para el resto, vengan de la escuela de Ferro o de la de Bruguera, Raf quedó muy lejos, demasiado por encima de lo que se ve hoy en día en los pocos medios donde se publican aventuras cómicas.
Mirlowe & Violeta es una parodia al hard boiled clásico, protagonizada por un detective perdedor y bastante inepto que quiere parecerse a Philip Marlowe, y su secretaria Violeta, una chica voluminosa, atrevida, y que fuma unos habanos hediondos. En busca del efecto cómico, Mirlowe subestima y hasta basurea a Violeta, pero (por lo menos en este álbum) es ella la que realmente deduce las pistas que llevan a la resolución del caso. En el medio hay muchos chistes, tanto verbales como de comedia de enredos, condimentados con gags físicos muy violentos, al estilo de Mortadelo y Filemón, pero con sangre. El humor de Raf seguramente era mucho más efectivo en 1986 que hoy, pero Mirlowe & Violeta conserva intactos varios de sus atractivos: la onda de los personajes, el ritmo frenético (la cantidad de cosas que pasan en cada página hoy sería impensable), la sátira aguda a un género clásico, las pinceladas de costumbrismo español que desentonan con la mímesis de una ambientación que quiere parecer yanki, lo descabellado de algunos giros argumentales y -por sobre todo- la altísima calidad del dibujo.
Por su dosis de violencia, por su mirada muy crítica (incluso burlona) hacia la policía, y alguna leve insinuación sexual, sospecho que Mirlowe & Violeta no salía en una revista infantil, sino más apuntada a los adolescentes. Tal vez por eso, funciona perfecto como punto de entrada al maravilloso mundo de Raf, un autor del que me gustaría tener muchísimo más material, y que tuvo décadas de enorme producción. Gloria infinita para este genio semi-oculto del comic español.
Me vengo a Argentina, año 2024, cuando se publica Chet Chet y el Abismo Profundo, una nueva saga de fantasía y aventura de las que el inmortal Eduardo Mazzitelli y el mítico Quique Alcatena hicieron durante décadas para las antologías italianas de la editorial Aurea. Esta vez la dupla mágica nos lleva bien al Norte, para introducirnos en una nueva mitología alucinante, esta vez vinculada a las tribus indígenas del norte de Canadá, donde el frío reina supremo. Por supuesto Chet Chet y el Abismo Profundo toma un par de elementos de estas culturas ancestrales y los lleva para otro lado. Mazzitelli -fiel a su estilo- agranda las leyendas y le da a toda la trama una dimensión mucho más épica y más definitiva. De nuevo sus reinos son los más poderosos, sus sabios los más sabios, sus villanos los más malignos y así... pero esta vez hay personajes con dobleces muy interesantes (el tío del protagonista, los héroes legendarios). Otra diferencia con la mayoría de las obras de la dupla es que acá no tenemos un personaje femenino importante.
Pero está lo importante: los conflictos de enorme magnitud, el héroe adolescente que aprende, madura y crece, la pátina de mentira y truchada que recubre a figuras supuestamente inmaculadas o incuestionables, tragedias, genocidios, batallas fantásticas y unas sutiles pinceladas de humor y delirio, sumamente bienvenidas. Entre hielos infinitos, veremos morir y resucitar a personajes de infinito poder y a pícaros especialistas en vender humo, entremezclados en una epopeya en la que casi todo se explica por el lado de la magia. Si te molesta que los guionistas resuelvan todo con el uso de conjuros y hechizos, claramente Chet Chet y el Abismo Profundo no se va a subir al podio de tus obras favoritas de Quique y Eduardo.
Como siempre, la prosa que despliega el guionista en los bloques de texto está muy por encima de lo que se ve normalmente en un comic de aventuras. Y también como siempre, el trazo del dibujante evoca climas cautivantes mientras da vida a criaturas, palacios, ropas y armas alucinantes, fruto de una imaginación que no tiene límites. El final es impactante (no tanto el epílogo, que es más poético, más descriptivo), la portada está muy bien y la calidad de la edición (a cargo de Historieteca y Puro Comic) es óptima. Así que si sos fan de la dupla que durante 35 años nos llenó los ojos y el alma de la mejor fantasía que podíamos imaginar, seguramente vas a volver muy conforme de este viaje por el abismo profundo de venganzas, redenciones, inocencia, crueldad y magia. Mucha magia.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Como siempre, reaparezco con nuevas reseñas ni bien tenga un par de libritos leídos. Gracias y hasta entonces.
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viernes, 22 de marzo de 2024
TRES DE VIERNES
Por fin tengo un rato para escribir reseñas...
Empezamos en España, año 2009, cuando se publica Cristóbal Nazareto: ¡Un pringao celestial del Siglo XXI!, un libro del maestro Álex Fito cuya portada, guardas y primeras páginas son una especie de homenaje a los álbumes clásicos de Astérix.
Adentro nos encontramos con algo bastante más picante que las aventuras del guerrero galo: un comic de denuncia social, que se mete con las pésimas condiciones en las que viven los pobres, la grosera desigualdad social, el racismo, la corrupción, la violencia policial y los síntomas más estridentes de la marginalidad en las grandes urbes: drogadicción, prostitución, trabajo infantil, delito... En este mundo de políticos mentirosos, empresarios garcas y curas pedófilos, se mueve Cristóbal Nazareto, una especie de Jesucristo de las categorías de Ascenso, que rechaza la hegemonía del capitalismo hasta que se da cuenta de que con la guita se puede comprar bebidas alcohólicas.
La sordidez de lo que cuenta Fito va in crescendo y gana en complejidad. Las primeras historias son de dos páginas, con pocos personajes en cada uno, y en las últimas ya se anima a entrelazar a todos los personajes de la serie, en argumentos más complejos, con un nivel de crueldad realmente desolador. El estilo de Fito es prolijito, lindo, amistoso, ideal para una historieta de humor infantil, lavadito, inofensivo... y el hijo de puta con ese estilo dibuja situaciones truculentas, escalofriantes, que te dejan un sabor espantoso en la garganta. En ese contraste reside el principal atractivo de Cristóbal Nazareto.
También es importante señalar que Fito intenta llevar adelante todos estos relatos sin recurrir a las palabras, y casi siempre lo logra. Por momentos trastabilla y se ve en la necesidad de incluir algún texto, o alguna palabra, pero en general, son historietas mudas. Esto requiere una mayor cantidad de viñetas para resolver la acción (y que se entienda) y el autor opta por una grilla de 12 cuadros chiquitos, todos de igual tamaño, que banca a lo largo de casi todo el álbum. O sea que Cristóbal Nazareto no sólo juega al límite de lo publicable en lo temático, sino que también muestra una búsqueda desde lo formal. Nada, más allá del shock value de las escenas más escabrosas, el humor está ahí (para quien se anime a reirse de estas animaladas) y el dibujo y el color de Fito siempre son un placer. Tuve el ojete de rescatar este libro (magníficamente editado por Glénat España, a la que extraño horrores) de una mesa de saldos, y la verdad que fue un hallazgo muy copado.
Me voy a EEUU, año 2016, para completar la lectura de la segunda mitad de Starve, una serie cuyo Vol.1 vimos en este espacio allá por el 02/06/20. Y sí, lo que había empezado como una cátedra de los maestros Brian Wood y Danijel Zezelj termina muy, muy arriba. Creo que lo más notable es cómo Wood logra mantener la tensión en una historia que casi no tiene acción. Hay apenas una escena de violencia, totalmente desenfatizada, y el resto de los conflictos van claramente para otro lado, un lado más adulto, más real, más profundo. Por supuesto todo sostenido en el carisma arrollador de Gavin Cruikshank, un personaje frontal, complejo y cautivante, sin nada que envidiarle a un Spider Jerusalem.
El tema de la comida es importante, pero menos de lo que la gente encargada de promocionar la serie nos quiso hacer creer. Wood no se priva de bajar línea acerca de lo mal que se alimenta la gente de bajos recursos, cómo nos acostumbran a comer mierda y nos la cobran más cara de lo que sale comer mejor y más sano. El subplot del restaurante croto de Brooklyn es probablemente lo más atractivo a nivel argumental que tiene este segundo tomo, pero -de nuevo- el foco no está tan puesto en el morfi en sí, ni en el hecho de que tanto Gavin como su hija son unos cocineros de un talento descomunal, sino más bien en la lucha por la integridad, contra un sistema que te compra, te exprime y te descarta.
El dibujo de Zezelj es glorioso, de punta a punta, y se complementa con el maravilloso color del excelso Dave Stewart para brindarnos unos climas atrapantes, de gran belleza plástica. Zezelj lleva al claroscuro a terrenos mágicos, inexplicables, en los que la composición de la viñeta es importantísima, y en la que no importa en lo más mínimo que los fondos provengan de un vasto catálogo de fotos retocadas. Visualmente, estamos frente a uno de los mejores trabajos del ídolo, repleto de páginas y secuencias memorables. Como tantas otras, Starve es una serie que pasó completamente desapercibida en su momento, pero que me animo a recomendar enfáticamente a los fans del buen comic para adultos.
Terminamos esta recorrida en Chile, año 2019, cuando se publica una versión en historieta de London After Midnight, un largometraje de 1927, del cual se perdió la última copia en un incendio a fines de los ´60, y que marcó la última colaboración entre los míticos Tod Browning y Lon Chaney. Yo no sé casi nada de cine de los años ´20, pero por suerte el libro incluye un artículo de mi amigo Roberto Barreiro que explica muy bien todo el contexto.
A cargo de reconstruir el guion de la película perdida estuvo Gonzalo Oyanedel, guionista, escritor e investigador chileno. Y para dibujar esta versión de la historia, el elegido fue el mismísimo Quique Alcatena, en su primer trabajo para el mercado trasandino. El trazo de Quique se luce mucho en un álbum de un tamaño bastante mayor al que utilizan las editoriales argentinas que suelen publicar sus trabajos para Italia, y la cantidad de texto que utiliza Oyanedel es bastante más escueta que la habitual en las obras que escribe el propio Alcatena, o las que dibuja sobre guiones de Eduardo Mazzitelli. O sea que el trazo mágico de Quique acá explota con una polenta infrecuente y se adueña de unas páginas muy bien pensadas, con diseños tan inquietantes como el clima que intenta transmitir el guion.
Y acá es donde está el problema. Sin ser una pelotudez ni una falta de respeto, el guion es fallido. Como en las dos historietas anteriores, el villano es un empresario garca, pero acá se suma toda una fantochada absurda de un supuesto muerto que resucita como vampiro, que desvirtúa a toda la trama detectivesca en la que el Inspector Burke intenta resolver el misterio de la muerte de Roger Balfour. Claramente esto se podría haber resuelto sin sumar estos elementos "pseudo-fantásticos", que están ahí para generar impacto y cheap thrills en los espectadores, pero que no son para nada relevantes a los efectos de la historia. Por supuesto está buenísimo ver a Alcatena dibujar a este monstruo, pero no hacía falta. De hecho, por cómo está planteada la trama, no hacía falta ni siquiera que hubiese escenas de acción... pero claro, había que llevar gente a los cines y para eso, la espectacularidad de los no muertos y el clima tétrico típico de película de terror siempre suman más que una escena atrás de otra de gente que habla.
Obviamente, si sos fan de Alcatena, o de las películas de terror de la época del cine mudo, London After Midnight no puede faltar en tu biblioteca. Pero si entrás buscando un guion que te parta la cabeza, lamentablemente no creo que lo encuentres en estas páginas.
Y nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, nos reencontramos y los comentamos por acá. Ah, el miércoles a las 22:30 ha hay Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando, con un invitado de lujo y la participación de tod@s l@s que se quieran prender. Nos vemos por ahí.
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martes, 9 de enero de 2024
MARTES PEGAJOSO
Mientras soporto estoicamente un clima pegajoso, pesado y agobiante y un gobierno fascista, pesado y agobiante, tengo un ratito para comentar las últimas lecturas.
Arranco en Francia, año 2007, con el Vol.4 de Le Bestiaire Amoureux, libro que compré sin advertir que era el Vol.4 de una saga. De todos modos, se entiende perfecto, no hace falta haber leído los tres anteriores para engancharse. Sólo tenés que saber (o deducir) que Fernand es el protagonista de los seis álbumes de la serie Grand Vampire, que acá reaparece como personaje... no sé si secundario, pero seguramente no como figura central.
Como su nombre lo sugiere, Le Bestiaire Amoureux es una historieta romántica. Y si bien los protagonistas son vampiros, licántropos y monstruos varios, la trama gira en torno a amores y desamores y se desarrolla (como las historias de amor del mundo real) mediante charlas, paseos y momentos de mayor intensidad que van del beso romántico a la noche de sexo desenfrenado. Por suerte esta es una obra de Joann Sfar, maestro en el arte de encajarte chotocientas páginas de gente que habla y habla, sin aburrirte en ningún momento. A veces son páginas con muchas viñetas chiquitas, en las que los globos de diálogo le arrebatan el protagonismo al dibujo, pero también hay secuencias mejor equilibradas.
Sin dudas lo más interesante es el desarrollo de los personajes, construidos por Sfar para lograr que los lectores (y lectoras) nos identifiquemos con alguno de ellos, con sus vivencias, sus miedos, sus inseguridades, sus pasiones, aunque ninguno de los que estamos de este lado del papel nos alimentemos de sangre humana ni nos transformemos en lobos. No hace falta ser un freak ni un adicto a los misterios de la vida noctámbula para que te den ganas de compartir aunque sea unas horas, una fiesta de música gótica, con Richard, Edmundo, Aspirine, Josecine, el patito y el resto de los amigos y amigas de Fernand. Le Bestiaire Amoureux te transporta a ese mundo crepuscular de un modo muy atractivo, que lo hace sentir muy real, muy cercano, con diálogos afilados, chistes bien puestos y garches memorables.
Amor en un mundo de terror, con personajes de raíz fantástica pero contados en clave muy humana y muy creíble por un Sfar que dibuja como los dioses, complementado de manera magistral por los colores de Walter, genio de los genios con un manejo tan zarpado de las distintas técnicas, que por momentos parece un comic de Richard Sala coloreado por él mismo. Ahora quiero los otros tomos de esta colección...
No se puede cerrar el relevamiento de las historietas argentinas aparecidas en 2023 sin reseñar aunque sea una obra de la dupla mágica integrada por Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Esta vez la editorial Primavera Revólver fue la encargada de traernos una de las obras de los capos realizada para el mercado italiano (aunque no nos aclaran ni cuándo ni en qué revista tana se publicó): la muy lograda Los Cuatro Mundos.
En la superficie, Los Cuatro Mundos es el relato de una guerra tremenda entre los pueblos del Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra, con ejércitos imposibles, armas, criaturas y fortalezas deslumbrantes de las que sólo Alcatena puede imaginar. Pero con el correr de las páginas, Mazzitelli deja en claro que todo eso no sólo es menor: también es un chiste, o algo así. Lo importante, lo que al guionista realmente le interesa contar es la vida de Blaz Bodel, un hombre que se peleó con la guerra y ahora quiere otra cosa para su vida: paz, amor, sabiduría, los valores que en la guerra no tienen ningún valor. Entonces, Mazzitelli va a estructurar dos tramas en paralelo: la de la guerra, que se va a ir devaluando al ritmo de las runflas y las traiciones entre los reyes de los distintos mundos, y la de Blaz, que va a cobrar espesor e interés a medida que el personaje crece hasta quedarse con el protagonismo total en el último episodio. Para el final, ya querés que salga una secuela con nuevas aventuras de Blaz Bodel, en estos mundos o en cualquier otro.
El libro incluye también una historieta autoconclusiva de la dupla, un buen relato de intriga palaciega con elementos fantásticos y esos clásicos textos de Mazzitelli que levantan un vuelo poético magnífico mientras enfatizan los dilemas morales por sobre la acción y la machaca. El dibujo de Quique, una gloria de principio a fin. Incluso si no sos fan de Alcatena y Mazzitelli, dale una oportunidad a Los Cuatro Mundos, que te va a gustar.
Y me falta hablar un poco de la reciente recopilación de Tacuara, una historieta que se había publicado en 2013 en las páginas de Fierro, con guion de Rodolfo Santullo y dibujos de Dante Ginevra. Ese es el gran problema de Tacuara: son los mismos autores de Malandras (ver reseña del 02/12/14), que es una historieta muy, pero muy superior.
Tacuara no es chota ni mucho menos, pero no tiene ese humor inteligente y atrevido que despliega Santullo en Malandras, no sorprende al presentarse como una serie de episodios unitarios que luego se conectan entre sí para convertirse en una novela gráfica, y el dibujo de Dante no tiene esa expresividad genial que tenía sobre todo en los rostros. Malandras ofrecía acción, romance, pinceladas de comedia costumbrista... Tacuara no. Se trata de una historieta a grandes rasgos documental, apoyada en una excelente investigación por parte de los autores, pero no es más que eso. Y encima investiga a un grupo político tan ambiguo, con tantas contradicciones, que ni siquiera te puede bajar una línea clara a favor o en contra de lo que pensaban estos tipos... porque cambiaron de idea 200 veces en los 15 años que recorre la historieta. La trama tiene momentos tensos, momentos violentos, momentos shockeantes, o sea que no es sólo gente que habla y rosquea (como lo sugiere esa portada opaca y sin alma). Pasan cosas y algunas son bastante tremendas. Pero, como en todo relato centrado en la política, la rosca y la sanata van a quedarse con los roles principales.
Tacuara está buena para aprender. Para que el que no tenía la menor idea de que en Argentina había existido este movimiento revolucionario se entere y -si le interesa- busque más información. Como historieta -repito, sin ser chota- no me parece que esté cerca de los mejores trabajos ni de Santullo ni de Ginevra. Esto mismo, firmado por Juan Carlos Nadie y José Random, seguramente me arrancaba un par de elogios más. Pero de Dante y Rodolfo cualquiera que haya leído Malandras espera mucho más de lo que te dan en Tacuara.
Hasta acá llegamos. Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos encontramos con nuevas reseñas, acá en el blog. Y si estás de vacaciones, con tiempo para leer algo bien power, no dejes de descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com.
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lunes, 22 de mayo de 2023
LUNES FRESCO
Me costó leer comics estos días, porque estoy bastante a full con otras cosas, principalmente vinculadas a la Comiqueando Digital que se viene en Julio. Pero ya tengo un par de libritos más para reseñar.
Empezamos en EEUU, año 2016, cuando se publica Dreaming Eagles, una saga de seis episodios en las que el maestro Garth Ennis retoma la temática que más le gusta y en la que mejor se desempeña: se trata de un comic bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial, que narra las hazañas de los primeros soldados afroamericanos que lograron completar el durísimo entrenamiento para pilotear aviones de guerra.
Ennis nos mete en el día a día de estos cinco muchachos, tan yankis como cualquier otro, pero que -por ser negros- tienen miles de dificultades para desenvolverse y ser reconocidos en unas fuerzas armadas todavía segregadas, donde los blancos los miraban con cara de culo, hicieran lo que hicieran. Y lo mejor es que el planteo del guionista no se puede simplificar en términos de "los negros son los buenos, los blancos son los malos". Sí, el protagonista central, Reggie Atkinson, es negro y es un héroe en todo el sentido de la palabra. Pero también Ennis nos permite intuir el éxito y la efectividad de los pilotos negros en las misiones tiene que ver con la posibilidad de cumplir el sueño de muchos de ellos: matar blancos (en este caso, alemanes). La narración avanza entre escenas bélicas electrizantes y momentos más tranquilos, siempre con el tema del racismo latente, hasta el final de la Guerra. Y ofrece como plus una extensa escena ambientada 20 años después, a mediados de los ´60, cuando Reggie ya es un señor mayor y su hijo Lee empieza a militar en el movimiento de derechos civiles para los afroamericanos, inspirado por el Dr. Martin Luther King. O sea que es un comic variadito, no son sólo combates entre aviones. Y tiene unos diálogos realmente magníficos, que no redundan con lo que muestra el dibujo, ni sobre-explican las situaciones que viven los personajes.
Quizás lo más flojo sea el dibujo, a cargo de Simon Coleby. Se trata de un dibujante británico con una vasta trayectoria a ambos lados del Atlántico, pero la verdad que no me movió un pelo. Sus aviones son perfectos, evidentemente maneja muy bien la documentación histórica, pero a la hora de dibujar la figura humana me parece que hace agua. Sus rostros no transmiten ni a palos las emociones que propone Ennis desde el guion y algunos de sus negros parecen blancos pintados de marrón. Encima, pobre pibe, cada episodio abre con una portada fastuosa de Francesco Francavilla, que te revolea las expectativas a la estratósfera. Comparadas con esas imágenes, las de las páginas interiores quedan medio pobretonas.
La fuerza de la temática, me parece, es más que suficiente para darle una oportunidad a Dreaming Eagles. Más si te gusta la temática bélica y más si sos fan del Garth Ennis grosso, que es el que aparece cuando el irlandés se pone el casco, caza el fusil y se embarra hasta la cintura en historias de guerra, sin chistes ni gente con superpoderes, pero con mucha verdad.
De las 176.643 obras que se publicaron en Argentina durante 2022 con la firma de Quique Alcatena, me quedó última en la pila Las Aventuras de Mambrú. El libro compila 13 relatos escritos y dibujados por Quique, cuya extensión fluctúa entre las 8 y las 15 páginas, todas ambientadas en mundos de la más absoluta fantasía. Este material fue realizado originalmente para el suplemento de historietas de Télam, y más tarde modificado por el propio Alcatena, que le cambió el formato a las tiras para convertirlas en páginas. El detalle de que esto originalmente se publicó en forma de tiras no es menor, porque acá no nos vamos a encontrar con el despliegue que habitualmente nos ofrece Quique en la puesta en página. Claro, esto no se pensó en términos de página. Sin embargo, el tema de ampliar algunas viñetas, dibujar fondos por detrás de las mismas y reacomodarlas en formato vertical está muy bien logrado, casi nunca hace ruido ni te descoloca como para alterar el flujo de los relatos. Se extraña un poco esa espectacularidad que suele ofrecer Quique cuando tiene que "establecer" una escena, y te tira esos palacios majestuosos, o esas criaturas inconmensurables, pero el dibujo y el color están muy bien, son muy funcionales a lo que el autor quiere contar en estas breves historias.
Y bueno, después están los guiones, que -como suele suceder en estas obras en las que Alcatena trabaja como autor integral pensando en un público no exclusivamente compuesto por adultos- me resultaron algo desparejos. Algunos (como el de la Farolera o el de Pierrot) me parecieron medio pavotes, ese en el que Mambrú interactúa con el dibujante repite los chistes que vimos mil veces en los cortos de Chuck Jones con Bugs Bunny o Duffy Duck, y otros, en cambio, me sorprendieron con giros poéticos, o con moralejas muy atractivas, muy bien calzadas en el esquema de la historieta de aventuras. Creo que lo que más me gustó fue verlo a Quique saldar una vieja deuda: a lo largo de su ilustre trayectoria, lo habíamos visto llevar al papel la mitología de las más variadas civilizaciones, algunas incluso inventadas por él mismo. Pero nunca había ambientado una historieta en la ciudad que lo vio nacer. Por eso enloquecí con "¡Botelleroo!", la exploración alcateniana de los mitos porteños. El guapo, el farolito, el tango, la calesita, los corsos... toda una vida esperé que Quique (con o sin Mazzitelli) interpretara en su peculiar estilo el lado fantástico de Buenos Aires, y bueno, por fin llegó. Al guion no lo pongo entre los mejores del libro, pero tampoco está mal.
Probablemente, en el contexto global de la inmensa obra de Alcatena, Las Aventuras de Mambrú no arrime a la cumbre, pero me parece genial que se publique, simplemente porque el suplemento de historietas de Télam no existe más hace ya unos cuantos años, y toda esa producción (no sólo la de Quique) está entre perdida y olvidada. Ojalá cunda el ejemplo de Primavera Revólver y se recuperen en buenas ediciones en papel las otras historietas que ofrecía Télam, que ahí había merca de muy buena calidad de unos cuantos autores de primer nivel.
Nada más, por hoy. Ni bien pueda, vuelvo a postear nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.
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jueves, 27 de abril de 2023
SIEMPRE LOS MISMOS
Naoki Urasawa, Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena son tres autores de presencia habitual, acá en el blog. Prometo esforzarme a lo largo de los próximos párrafos para no repetir conceptos que ya expresé cuando me tocó reseñar otros libros de estos monstruos sagrados.
En el caso del Vol.7 de 20th Century Boys, debo decir que no quedé del todo satisfecho. Hubo más de un momento en el que dije "¿WTF?!? ¿Qué hace este tipo, por qué derrapa así?". El plot de la muerte de Amigo y sus consecuencias está magistralmente desarrollado, no está ahí el problema. El plot del estallido de la nueva pandemia está planteado de una manera más que magistral, hermosa, conmovedora, por fuera de las obviedades y con todos los trucos para que el lector (en nuestro caso, lectores que vivimos hace no mucho una pandemia) sienta muy de cerca el horror y la tragedia. Sin dudas eso es lo mejor del tomo. Pero después hay dos tramas más: una es una trampa no muy infrecuente en obras que se sostienen en la memoria, en los recuerdos de los personajes: de pronto, el grupito de los chicos que jugaban con Kenji en 1971 se agranda. Aparece de la nada uno más, del que nadie se acordaba, y justo se acuerdan cuando ese personaje cobra importancia en la trama ambientada en 2015. Bue, es una especie de retcon medio falopa, pero ponele que es válido.
Lo que realmente me pareció una pedorrada, algo sumamente traído de los pelos, es ese recurso de decir "nos podemos meter en la mente de Amigo a través de un juego de realidad virtual de un parque de atracciones, que además nos permite viajar en el tiempo al verdadero 1971, e interactuar con los personajes tal como eran en esa época". Dale, Urasawa, dejate de joder. Lo tuyo es bancar el verosímil hasta el final, no hacerlo añicos con este tipo de fumariolas. Si me dijeras que hay una chance de que el contacto entre los personajes de 2015 y los de 1971 resuelva definitivamente todos los conflictos, capaz hasta te doy la derecha. Pero no da esa sensación. Da la sensación de que son peripecias, narradas de modo hiper emotivo y ganchero, pero que no aportan mucho más que cheap thrills. No va a estar ahí la clave para desactivar el gran kilombo que se viene. Lo más lógico sea que la clave sea la reaparición de Kenji, no viajes en el tiempo y encuentros con personajes que en el presente están muertos.
Obvio que es lindo ver a Urasawa dibujar a los mismos personajes en distintas etapas de sus vidas, indagar un poco en cómo era la vida en Japón en 1971, mezclar eso con ese presente ominoso y ese futuro distópico... pero el chiste de ampliar todo el tiempo el elenco ya no causa gracia, la cantidad de páginas que se toma para hacer avanzar mínimamente a algún subplot es un despropósito y son muchas las secuencias que huelen a relleno, a excusas chotas para generar suspenso y la ilusión de que "está por pasar algo grosso". Falta bastante para el final, pero ya voy conjeturando que este es un manga que duró más tomos de los que hubiesen sido aconsejables para que la trama no se estirara más de la cuenta.
Me vengo a Argentina, año 2022, cuando se publica Dagas y Horóscopos, un libro que reúne dos sagas de Mazzitelli y Alcatena que comparten universo y continuidad: La Sangre del Escorpión tiene cinco capítulos, a los que continúan los siete de La Era de las Sombras. Lamentablemente, el libro no ofrece ninguna pista acerca del año o la revista italiana donde este material se publicó por primera vez. Y no es la única falencia de la edición, ya que se pueden detectar algunos errores de letras y espacios faltantes en los textos.
Básicamente la historia trata acerca del destino y qué hacer frente a él: ¿nos resignamos a que ya está escrito y no se puede cambiar, o nos rebelamos para intentar otros caminos? Una pregunta clave tanto en la filosofía como en la metafísica, y además aplicable a nuestra vida cotidiana, no solo a los mundos fantásticos que inventan Eduardo y Quique con asombrosa facilidad. Alrededor de esa cuestión central y trascendental, Mazzitelli urde varias tragedias al estilo William Shakespeare: el rey celoso convencido de que su mujer lo engaña, el rey desquiciado que no se banca que su hija sea más amada por su pueblo que él mismo, el general implacable cuya sed de conquista no puede ser saciada, el príncipe y la princesa enamorados, pero pertenecientes a casas reales enfrentadas a muerte... todas historias que aparecen una y otra vez en las tragedias clásicas, pero ambientadas en un universo de fantasía e imaginación desbordantes.
Por sobre estas tramas sobrevuela una más: la del chico que decide desafiar al destino y no someterse a los designios de los astros. Perseus va a ser el personaje más atractivo de la saga, aunque su regreso, en el capítulo final del segundo arco, se lee como un deus ex machina medio torpe, como si Mazzitelli necesitara cerrar muy rápido todas las líneas argumentales que tenía abiertas. Entonces reaparece Perseus y resuelve todo en poquísimas viñetas de un modo que no le hace justicia al resto de la serie. Esto mismo, narrado a otro ritmo y en otra cantidad de páginas, tendría mucho más sentido. En el resto de los episodios, Mazzitelli no solo se florea con textos bellísimos, sino que tensa los conflictos con diálogos tremendos, revelaciones inesperadas, misterios alucinantes (no todos se terminan de dilucidar, como el de la princesa de Aries en cuyas visiones aparecen los animales del horóscopo chino) y personajes secundarios fascinantes, como la sacerdotisa del azar, una de las mujeres más poderosas y más sensuales en la larga carrera de esta dupla autoral.
El dibujo de Quique, majestuoso como siempre. No vamos a volver sobre eso una vez más. Me gusta, como idea final, contarles que conozco varios pibes y pibas de la nueva generación, de la que supuestamente no lee, que arrancaron a full con el manga o con el mainstream yanki, y que cuando descubrieron a Mazzitelli y Alcatena se engancharon. Son historietas MUY clásicas, hasta solemnes, por momentos; pero hay algo ahí, una magia loca que de algún modo no repele a los pibitos de 14-15 años. No dicen "me vendieron humo, me re-embolé con las fumanchereadas de estos viejos de mierda". De alguna manera, algo en los textos y los dibujos les llega y los conmueve, pese a que Eduardo y Quique no buscan en sus obras el tipo de impacto que -en general- los pibes de hoy asocian con los relatos de aventuras. Nada, es algo que me consta, que me alegra y que quería expresar en voz alta.
Y nada más, por hoy. Muy pronto, nuevas reseñas, y la semana que viene sale también función de prensa de la nueva peli de los Guardians of the Galaxy, como para empezar Mayo bien arriba. Gracias por el aguante.
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viernes, 17 de marzo de 2023
GEMAS DE LA ANTIGÜEDAD
Después de un breve interregno de temperaturas razonables, hoy de nuevo Buenos Aires se convierte en sucursal del Infierno. Pero hay libros ya leídos y un ratito para reseñarlos, así que ahí vamos.
Empiezo en 1987, en el Reino Unido, cuando Knockabout produce y publica el álbum llamado Outrageous Tales from the Old Testament. Esto es un doble Santo Grial: no sólo es difícil de conseguir (yo lo busqué 35 años) sino que además es un libro del que no hay data. Los autores que participan de la antología parecen haberla olvidado por completo, nadie parece hacerse cargo de que esto existe... En su momento el libro armó bastante kilombo por su contenido zarpado (adaptaciones poco reverentes de los pasajes más atroces del Antiguo Testamento) pero ni siquiera el Factor Polémica logró asegurarle un lugarcito en la memoria colectiva del fandom. Lo cual es bastante loco si pensamos que los colaboradores de la antología fueron Alan Moore, Dave Gibbons, Brian Bolland, Neil Gaiman, Dave McKean, Hunt Emerson, Kim Deitch, Arthur Ranson... Hay algunos cuatro de copas, también, pero está la crema del comic británico (y Deitch, que es yanki). Veamos qué aportó cada uno.
Bolland, fiel a su estilo, contribuye una sola página, dibujada a un nivel majestuoso, pero con la historia un toque comprimida para poder liquidarla en 12 hermosas viñetas. Gibbons deja la vida en ocho páginas gloriosas, que adaptan la historia de Sodoma y Gomorra, una verdadera cátedra de narrativa y dibujo, un dibujo que en blanco y negro se luce como pocas veces se luce el trazo de Gibbons cuando lo colorean. Moore y Emerson forman equipo para las seis páginas más alocadas y pasadas de rosca de la antología: humor desenfrenado, grotesco y con una mala leche brillante.
Gaiman es el que más páginas aporta. Algunas con dibujantes muy precarios, bien del under de ese entonces, como Julie Hollings, Steve Gibson o Peter Rigg; otras con un dibujante bastante presentable como Mike Matthews (el primo gringo de Miguel Mateos :P); y las más logradas, en todos los sentidos, son esas cinco páginas en las que adapta junto a McKean un capítulo del libro de los Reyes.
Arthur Ranson ilustra las guardas del libro y escribe un poema muy cómico. Graham Higgins comprime la historia de Sansón, que daba para una novela gráfica aparte, en siete páginas muy cargadas de viñetas, y muy espesas en cuanto a cantidad de texto. El dibujo está buenísimo, pero el relato se hace denso a causa de la excesiva compresión. Y Kim Deitch, que suele pasar vergüenza cuando te lo tratan de poner al nivel de los máximos próceres del indie yanki (Crumb, los Hernández, Clowes, Bagge, Woodring, Burns...) en este contexto se luce con una historieta realmente espectacular, donde dibujo y narrativa funcionan a la perfección.
Como su nombre lo indica, Outrageous Tales from the Old Testament ofrece relatos atroces, donde hay gente asesinada y cortada en cachos, genocidios, violaciones, sacrificios humanos, explosiones y enfermedades horribles. Pero no son producto de la creación de los historietistas, sino que estos se limitan a darle su impronta gráfica a los textos bíblicos... por supuesto con la picardía necesaria para impactar y divertir al lector mucho más que si leyera la Biblia. No todos los resultados son excelentes, pero acá hay merca realmente notable. ¿Cómo puede ser que nada de esto se haya republicado en otros libros, que esté inédito en todos los otros idiomas, que sean trabajos virtualmente perdidos en la neblina del olvido? Ni idea. Yo agradezco que mi fanatismo por Moore, Gaiman y sus amigos me haya traído hasta acá, porque siento que desenterré un tesoro oculto hace más de 35 años, que quería tener en mis manos desde que me enteré que existía, allá por mi adolescencia.
Con la edición de Los Reyes Chacales, el sello Rabdomantes entra a la superpoblada cancha de los rescates para el público argentino de las obras que Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena producen para las antologías de la Aurea. Y lamentablemente lo hace con el pie izquierdo, no porque la historieta sea chota, sino porque la edición no está a la altura: no hay data de dónde y cuándo se publicó originalmente el material, la reproducción de los dibujos tiene problemitas (manchas, rayas), al texto de la contratapa le faltan los guiones y la encuadernación tiene esa onda "mirame y no me toques" que me provocó flashbacks traumáticos a la época de Toutain y Zinco.
La saga en sí, es realmente muy buena. Se podría haber resumido un toque, por ahí con 25 páginas menos pegaba más fuerte. Pero está muy bien, es un relato 100% Mazzitelliano, con reflexiones profundas sobre el poder, el destino, la lealtad y demás conceptos que lo elevan por sobre la aventura convencional. Hay buenos personajes, conflictos bien planteados (siempre en esos términos extremos, en los que el príncipe es el MÁS bueno, la princesa la MÁS hermosa, el rey el MÁS poderoso, el demonio el MÁS maligno, y así todo), buenos diálogos y bloques de texto fastuosos. Si ya leíste mucho a Mazzitelli, es difícil que te sorprendas, pero también es casi imposible que te aburras. Todo el tiempo pasan cosas, volantazos que no siempre te ves venir, revelaciones que cambian nuestra forma de entender a algunos de los protagonistas, shell games (no sé cómo se dice en castellano) narrativos para los que Eduardo desarrolló una mano maestra.
Y al que nunca se le agota la capacidad de sorprender es a Alcatena, que esta vez nos sumerge en un río Nilo mitológico y excesivo, donde nunca faltan criaturas, templos, vegetación y hasta ataúdes con unos diseños impactantes y sofisticados. Quique arriesga en la puesta en página, detona su propio arsenal de trucos narrativos, se luce en las expresiones faciales (sobre todo en los primeros planos de Eunis) y respalda visualmente la sublime majestad que los textos de Mazzitelli le atribuyen al imperio en el que transcurre la historia y a los personajes que la protagonizan. Gran labor de la consagradísima dupla, que sigue siempre en busca de nuevos paisajes exóticos donde ambientar sus historias atemporales de ambición, amor, traición y gloria.
Y nada más, por hoy. Me voy a tirar un rato abajo del ventilador de techo. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog, y el sábado 25 en la Biblioteca Nacional, en la entrega de los Premios Cinder.
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lunes, 26 de diciembre de 2022
MAGIA EN BLANCO Y NEGRO
Otra vez tengo dos libros para reseñar, siempre en este sprint que intenta dar cuenta del material de autores argentinos publicado durante 2022.
Empiezo con un experimento extraño: la editorial Merci, que nunca había publicado historieta argentina, sale al ruedo con un libro que recopila historietas dibujadas por Quique Alcatena en 1977, 1989-90 y 2001. Una es un unitario con guion del propio Quique, una es una serie co-escrita por Eduardo Mazzitelli y Walter Slavich, y otra es una colección de historias autoconclusivas con guiones de Gustavo Schimpp. ¿Cuál es el criterio para meter todo esto en un mismo libro? Que son todos relatos ambientados en Japón. Y no, a pesar de lo méritos artísticos de las distintas historietas (enseguida hablo de eso), el combo no me terminó de cerrar.
El libro empieza con Dinastía Maldita, una serie que Alcatena, Mazzitelli y Slavich realizaron para Skorpio allá por 1989-1990. La estructura es muy parecida a la de El Mago: en cada episodio el protagonista debe confrontar con alguien que compró una de las habilidades que le fueron robadas cuando le quitaron la memoria. No hay muchas sorpresas, excepto en el episodio final, donde Slavich y Mazzitelli pegan un giro argumental muy interesante. Y por supuesto está mejor escrita que El Mago, con excelentes bloques de texto, diálogos más filosos que las katanas y bastante desarrollo para el personaje principal. El dibujo de Alcatena todavía no está en la cima. Se nota a Quique más pendiente de influencias que vienen de la ilustración que de la historieta y -sobre todo en los primeros episodios- los personajes están un poquito duros, muy en pose. Es como un Hiroshi Hirata más estático, más frío. Todo dibujado con ese trazo exquisito de Alcatena, pero tal vez no tan en función del relato como veremos más adelante.
Las cuatro historias escritas por Schimpp (conocidas como Tokoyo Monogatari) están mucho mejor dibujadas. Acá el trazo de Quique se ve más suelto, más fluido, más orgánico y -sin perder esa obsesión por los detalles y la ornamentación- más puesto al servicio de la narrativa. Preparate para unas imágenes de una belleza devastadora. Los guiones, en cambio, no me resultaron tan atractivos como el de Dinastía Maldita, y solo el último de los cuatro relatos conservó mi interés hasta el final. Por ahí esto leído en otro contexto, no como back-up de Dinastía Maldita, adquiría otra dimensión, otro brillo.
Y la historieta corta llamada Bushido tiene la particularidad de ser la primera que Alcatena publicó en una revista profesional, cuando tenía 19 años. Acá se intuye que hay un crack en ciernes, pero todavía está muy lejos del nivel que va adquirir en esos años de laburo intenso en la revista Anteojito y otras publicaciones. Son apenas 9 páginas, una curiosidad que no está mal si la tomamos así, como una curiosidad. Si sos fan de Alcatena, seguro estabas esperando que se reeditara Dinastía Maldita, y más allá del bajón de que haya salido justo cuando falleció Slavich, tener esta obra en libro es algo digno de ser celebrado. No me copa la decisión editorial de incluir los relatos de Tokoyo Monogatari en el mismo tomo, pero el dibujo de Quique en esas páginas es tan zarpado que no tiene mucho sentido putear.
Hablando de dibujos zarpados... impresionante Santa Sombra, la novela gráfica de Paula Boffo editada por Barro. Una bestialidad gráfica y narrativa que no paró de impactarme de la primera viñeta hasta la última. Son más de 200 páginas con un ritmo trepidante, una historia descarnada, de una crueldad desgarradora, que te agarra de la garganta y te arrastra por una montaña rusa de emociones como pocas veces se ve en la historieta argentina.
Santa Sombra es un comic muy violento, que incluso reflexiona acerca del uso de la violencia desmedida como forma de hacer justicia. Es una historia de venganza, y también de redención, de sororidad, que transmite un montón de valores correctos, entre todas esas explosiones de sangre y tripas.
Boffo tiene un manejo del tempo narrativo totalmente hipnótico, no pifia jamás cuando arma esas páginas con cuadros horizontales, verticales, diagonales... y además tiene un trazo de gran expresividad, gran dinamismo, que va perfecto con el tratamiento de blancos, negros y grises que emplea en esta obra. Obvio que me encantaría verla trabajar con color, pero así esto se ve muy, muy bien. Los diálogos son excelentes, la forma en la que aborda una temática muy heavy es original y atrapante... La verdad que Santa Sombra tiene todo para ser considerada un clásico contemporáneo. No le sobra absolutamente nada, porque hasta los excesos en materia de muertes truculentas tienen un rol en la trama. Y por ahí le falta un personaje varón cis heterosexual bueno, para evitar el simplismo de que todos los personajes varones cis heterosexuales son gente de mierda.
Esto se lo podés dar tranquilamente a los pibes y pibas que deliran con el shonen de moda y -no tengo dudas- les va a partir la cabeza. Es una historia 100% argenta, pero con la fuerza y la calidad como para trascender las fronteras entre las distintas formas de pensar la historieta, los distintos públicos, los distintos grupos etáreos. Si hubiera justicia en el universo, Santa Sombra se publicaría en 15 ó 20 países, vendería fortunas y oiríamos hablar de esta obra durante un par de décadas. Posta, historietas de machaca y justicia sanguinaria hay miles, pero como esta hay muy pocas.
Nada más, por hoy. Trataré de postear una vez más antes de fin de año, y ya en Enero volveremos al mix esquizofrénico entre historietas de distintas épocas y distintos países. Gracias y hasta pronto.
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jueves, 15 de septiembre de 2022
NOCHE DE JUEVES
Mientras repaso la larga lista de ciudades que me toca visitar en Octubre y Noviembre (síganme en Instagram o estén atent@s a la Agenda Argenta de Comiqueando, que ahí va a estar toda la info), tengo un par de libritos más para reseñar.
Arlekín y Cascabel, de la editorial Utopía, reúne dos series realizadas por Quique Alcatena para la revista Anteojito en los años ´80. Son historietas cuyos originales no se conservaron, por lo cual hubo que hacer un trabajo complejísimo de restauración en base a las páginas digitalizadas de las revistas de los ´80. Esta tarea estuvo a cargo del gran J.J. Rovella y la verdad es que fue estupenda: las historietas se ven muy bien, los colores están en sus tonos justos, la línea no se ve mordida ni empastada... una maravilla. Pero el libro tiene varios problemas en rubros vinculados a la edición, principalmente dos: 1) una cantidad grosera de errores en los textos. Faltan o sobran letras en algunas palabras, faltan algunos espacios entre palabras, no hay un criterio coherente para cortar las palabras con los guiones, algunos "continuará" con los que terminaba cada entrega fueron eliminados para el libro y otros no, y cosas así que complican un poco la lectura (que ya de por sí puede ser intrincada porque los diálogos están escritos en español clásico, y los personajes usan el "vosotros"). Es increíble, realmente, cómo no se supervisa mejor el tema de los textos en ediciones lindas y chetas como esta.
El problema nº2 es menor, pero me hincha las pelotas: ya que se trabajó sobre las revistas originales, ¿tanto costaba poner un rengloncito de texto que dijera "esta historieta se publicó en Anteojito entre Tal Mes y Tal Mes de Tal Año"? ¿Por qué tenemos que adivinar esa data tan importante para darle contexto a las obras? De hecho, en el libro aparece primero la aventura de Arlekín y después las de Cascabel, pero Alcatena las publicó en Anteojito en el orden inverso. Cascabel es bien de principios de los ´80 (ahí el trazo de Quique está más emparentado con sus trabajos para la DC Thomson de Escocia) y Arlekiín es de la segunda mitad de los ´80, y visualmente está más cerca de La Fortaleza Móvil y demás series escritas por Ricardo Barreiro con las que Quique ganó protagonismo en las páginas de Skorpio. Pero de eso me enteré porque se me ocurrió preguntare a Quique en qué orden dibujó el material que incluye el libro, y lo lógico sería que esa información apareciese en la propia publicación.
En cuanto al material en sí, se trata de historietas para chicos de 8 a 10 años, que al salir en entregas de una página en una revista semanal tenían que generar un poquito de intriga y hacer avanzar un poquito la trama en muy pocas viñetas. Y está bien, tienen ritmo, están repletas de personajes y conceptos muy originales, muestran ese interés en las distintas mitologías y las distintas civilizaciones que suele desplegar Alcatena en sus obras para adultos, la violencia no está enfatizada, y tanto el dibujo como el color están bien logrados, más allá de que el Alcatena de los ´80 no tenga la destreza narrativa ni la imaginación explosiva del Alcatena más reciente.
Como curiosidad, como "Year One" de la ilustre trayectoria del maestro, Arlekín y Cascabel es un lindo libro. Y probablemente hasta pueda entusiasmar y estimularle la imaginación a los niños y niñas del Siglo XXI porque las historias, si bien son ingenuas, no son pelotudeces. Para los que creíamos que nunca se iban a reeditar los trabajos de Quique para Anteojito, Arlekín y Cascabel es un milagro que vale la pena celebrar.
En 1999, cuando la editorial estadounidense Kitchen Sink se fue al descenso, dejó sin recopilar una miniserie de Atomic City Tales, la gran creación del capo canadiense Jay Stephens. Por suerte, unos años más tarde entró en escena Oni Press y publicó este Vol.2 de Atomic City Tales, que lamentablemente sería el último.
Acá tenemos, en maravilloso blanco y negro, una excelente historieta de Stephens, que disecciona de manera divertida y por momentos transgresora el funcionamiento de la pica entre superhéroes y supervillanos, los romances entre compañeros de equipo, los cambios en trajes y poderes de los superhéroes y demás tropos de las aventuras de este género inagotable. Pero además Stephens se suma a la saga como un personaje más, un dibujante de historietas que en el mundo de los Astonishers y la Maniac Gang trabaja como "cronista" de las aventuras y las registra a modo de comics. La historia avanza a muy buen ritmo, si bien se caga olímpicamente en las convenciones del típico relato superheroico para concentrarse en la faceta más humana de Big Bang, Doc Phantom y demás personajes de ambos bandos.
El libro incluye unas páginas adicionales en las que Stephens cierra de alguna manera el universo que quedará trunco con la desaparición de Kitchen Sink, muchos bocetos, páginas descartadas, y una breve historieta protagonizada por un personaje llamado The Stiff, más para el lado del hard boiled, donde las tintas corren por cuenta del glorioso Mike Allred y las tonalidades de gris las agrega Laura Allred. Una perlita más para un TPB que visualmente es una fiesta, porque está todo puesto al servicio del lucimiento de un dibujante como Stephens, que es descomunal. Además de su vasta producción en el campo de la historieta infanto-juvenil, en sus trabajos para adultos (como este) el canadiense desarrolló un estilo donde se mezclan el ya citado Allred con Seth y Jaime Hernández, con unos resultados formidables. Además, en este tramo final de Atomic City Tales tenemos hallazgos en la narrativa, en la aplicación de grises y hasta en el rotulado y las onomatopeyas. Hoy que cualquier gil se hace el banana deconstruyendo los mitos superheroicos, no está mal ir 25 años para atrás y ver cómo lo hacía este monstruo superdotado que es Jay Stephens. Un trip agridulce, porque hace años que el autor abandonó el Noveno Arte para laburar en dibujos animados, pero muy divertido, muy flashero, muy original y muy recomendable tanto para los fans de los superhéroes atípicos como para los que se copan con una historieta de perfil más autoral.
Y nada más por hoy. En cualquier momento arranco con un experimento medio bizarro que se va a desarrollar a lo largo de siete días consecutivos, acá en el blog. Guarda que va a ser un desconche.
Ah, sí, me olvidaba: junto a Gonzalo Ruiz revivimos en podcast Distinguida Competencia, ahora centrado en la producción de DC Comics entre el año 2000 y el 2011. Se puede escuchar gratis en https://anchor.fm/distinguida-competencia/episodes/0-Vol--2-Del-Y2K-al-N52-e1nqfap
viernes, 19 de agosto de 2022
NOCHE DE VIERNES
De a poquito se me van acomodando los horarios y empiezo a encontrar momentos para leer comics y reseñarlos, que para eso está este blog.
Sobre fines del año pasado, Loco Rabia y Belerofonte lanzaron el libro Nuggu y los Cuatro + La Niña de Sal, de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Los memoriosos recordarán que allá por 2007, Belerofonte había publicado en Uruguay un librito que traía Nuggu y los Cuatro. Cuando se anunció este, pensé que simplemente le habían agregado atrás otra serie de la dupla con una ambientación similar, como suele hacerse. Imaginate mi sorpresa cuando descubrí que La Niña de Sal no solo comparte ambientación con Nuggu y los Cuatro, sino que retoma a los personajes y los conceptos de aquella saga. O sea que a las 70 páginas originales se les sumaron 144 más, que forman parte de un mismo universo y resignifican lo que Eduardo y Quique nos habían contado en aquella primera saga. La única cagada que tiene el libro es que no ofrece información acerca de cuándo se realizaron estas historietas o cuándo fueron publicadas en Italia, su mercado original. El resto, todo alucinante.
Mazzitelli y Alcatena nos llevan a una versión fantástica y desaforada de Japón, donde conviven imperios poderosísimos, demonios ancestrales, hechiceros malignos, monjes, luchadores y todo de tipo de criaturas una más extrema que la otra. Como siempre, el guionista se las ingenia para contar pequeñas historias dentro de la historia troncal (que parecen ser dos, pero es una sola cuyo foco se desplaza un poquito), para mechar sutiles pinceladas de humor y algunos bloques de texto de increíble vuelo poético. Fiel a su costumbre, los guiones de Mazzitelli requieren de la violencia para resolver los conflictos, pero esta está bastante desenfatizada. Nunca llegan a ser historietas "de machaca", si bien proliferan las espadas, los ejércitos y los combates a todo o nada entre seres hiper-poderosos. Esta vez tenemos un héroe que realmente transpira la camiseta y la pasa mal para conseguir su objetivo, el rústico Togoro, quien recién alcanzará la paz en la última viñeta. Y dos chicas en roles muy destacados: Yaomi en el primer tramo y Okima en el segundo encerrarán las claves para que la historia avance y llegue a buen puerto. El trabajo que hace Mazzitelli con estos dos personajes es realmente muy notable. Como son historias pensadas para ser publicadas en episodios de 12 páginas, algunas incluyen peripecias que -miradas con un poquito de perspectiva- no aportan tanto al desarrollo global de las tramas, sino que están ahí básicamente para que no se vaya el episodio entero sin que "pase algo" que impacte al lector. Pero la lectura en libro, con toda la saga junta, no transmite la sensación de "esto está estirado al pedo", en lo más mínimo.
El dibujo de Alcatena está en ese nivel de esplendor al que se subió hace más de 30 años y nunca se bajó. Acá encontré algo infrecuente en la obra del ídolo: una página de 11 viñetas. Y no, no tuve un flashback traumático a la época en que leía las revistas de Columba. Quique pilotea con maestría el obstáculo de tener que meter todos esos dibujos y todos esos globos de diálogo en una sola página sin dejar nunca de maravillar al lector con su imaginación y su oficio para contar estas epopeyas, una más zarpada que la otra.
Recomiendo enfáticamente Nuggu y los Cuatro + La Niña de Sal, tanto a los fans de la dupla Mazzitelli-Alcatena como para quienes todavía no se aventuraron en los mundos fantásticos de estos dos genios de la historieta mundial.
Me voy contra dupla tremenda, la que integran Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Mucho después del final de Death Note, los demiurgos de aquel "shonen que redefinió el shonen" se volvieron a reunir para sumar algunas historias cortas que continúan y expanden la idea del manga original, y felizmente Ivrea las reunió en un librito muy copado.
Las tiras cómicas me parecieron malísimas. Las dos historias más breves, las de la infancia de L, están bien sobre todo por la impresionante calidad de los dibujos. Y las tres historias extensas son lo que realmente vale la pena. La saga de C-Kira se mete con el espinoso tema de los ancianos sin recursos, a los que tan caro resulta mantener en una sociedad envejecida como es la japonesa. Y con la eutanasia, así, en general, con la gente que vive porque no le queda otra pero -si le dan a elegir- preferiría morir. La saga de A-Kira tiene un guionazo, una intriga tensa, espesa, donde nunca tenés idea de qué puede llegar a pasar, qué nuevos volantanzos pueden llegar a pegar el propietario del Death Note y Ryuk, nuestro shinigami favorito. Es todo un gran in crescendo maligno, pasado de rosca, que va a terminar con una puñalada trapera por parte de... alguien. Una historia en la que alguien que no ambiciona el poder ni la riqueza desequilibra todo un mundo regido por esos "valores". Y la saga de Taro Kagami es la que baja a tierra el concepto del Death Note, porque esta vez no está en manos de un maestro de la manipulación, ni de un estratega genial, sino de un pibe más chico, de unos 13 o 14 años, que toma conciencia de a poco de lo zarpado que es poder decidir si los demás viven o mueren.
Las tres historias recuperan la sensación que me produjo la lectura del manga original, y en buena medida se debe a lo bien que narran estos dos monstruos. El dibujo apenas baja un poquito la calidad en la última historia (la de Taro), pero también mejora notablemente en las dos secuencias breves de la infancia de L. Así que visualmente esto es tan cautivante como los 12 tomos de Death Note. Solo lamenté que en estas historias no haya personajes femeninos importantes, que es algo que Takeshi Obata dibuja maravillosamente bien. Pero está todo muy bien logrado: el mundo de los shinigamis y el contraste con el mundo real, las expresiones faciales de los personajes, los sutiles toques que le mete a Near para dar cuenta de que pasó el tiempo... todo funciona tan bien como en el manga original. La traducción de Damián Gaggero, impecable.
Y ahora sí, creo que no hay más Death Note. Pero si cada tanto se juntan Ohba y Obata y se les ocurren ideas tan interesantes como estas para continuarla (o para continuar Bakuman, ¿por qué no?), cuenten conmigo, que acá hay un comprador incondicional.
Vuelvo pronto con nuevas reseñas. Gracias por el aguante, hasta entonces, y no dejen de descargar la nueva Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/, que está buenísima.
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