el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 15 de enero de 2018

LECTURAS DE VERANO

Sigo leyendo a buen ritmo y esta vez reincido con una dupla a la que visitamos allá por el 10/05/13: el inmenso Víctor Santos como guionista y el sólido Pere Pérez, hoy absorbido por el voraz mainstream yanki, como dibujante. Pero por suerte Ragnarok data de 2012, cuando todavía era posible que estos autores produjeran obras de calidad con el mercado español como principal destinatario.
La historia de Ragnarok es ampliamente conocida por cualquiera que sepa algo de mitología nórdica. Lo que hace Santos es, básicamente, convertir aquel relato mitológico en un comic de 56 páginas, con algunos cambios menores pero interesantes, como el de convertir a Fenris en un licántropo, en lugar de un lobo gigante. Los personajes son, obviamente, los dioses asgardianos y sus tradicionales enemigos, enfrentados en un combate a todo o nada, en el que está en juego el destino de los nueve reinos.
Por supuesto la idea de Santos es no hacer las concesiones que suelen hacer los guionistas de los comics de Thor. Acá los textos son duros, a veces extensos, escritos en un castellano clásico, casi arcaico, y cuando los hechos que narra la historia así lo requieren, se repliegan a las márgenes para dejar paso a las imágenes. El nivel de violencia también supera ampliamente al del típico comic de superhéroes. Estos personajes míticos no tienen ningún drama en decapitarse entre ellos, arrancarse la piel, morfarse unos a otros, mutilarse… Un vale todo sumamente sangriento, complementado por otros elementos infrencuentes en los comics de “buenos contra malos” como son las orgías y las violaciones. Más allá del impacto, de las atrocidades y de la fidelidad al material clásico, Santos logra que su epopeya nos involucre y nos conmueva, e incluso que hinchemos por los Aesir, cuando es obvio que sin la chispa de Loke (no “Loki”) nada de esto sucedería y no habría epopeya para narrar.
Pérez ofrece unas páginas magníficas, generosas en detalles, con un blanco y negro potente, muy bien complementado por los grises que le agrega Marc Pérez. Por momentos parece un Carlos Pacheco un poco menos plástico, menos suelto en la anatomía y las expresiones faciales, pero mucho más jugado a la hora de la puesta en página y la planificación de las secuencias. Si te gusta la machaca a niveles mitológicos, no dejes de entrarle al Ragnarok de Santos y Pérez.
En las antípodas de la epopeya se encuentra Lo Salvaje, esta recopilación de anti-aventuras escritas y dibujadas por el notable Pablo Vigo. Como en las historias de Adrian Tomine, acá nos encontramos con tramas bastante elaboradas, que tienen la particularidad de terminar en lugares imprevistos, mucho antes de que se resuelva el conflicto, mucho después, o incluso sin siquiera llegar a explicitar cuál es el conflicto. Vigo se nutre de miserias, bizareadas o boludeces de la vida real, pero no se queda en el costumbrismo. Sus historias logran darle una vuelta de tuerca novedosa, a veces bastante perturbadora, a la vida cotidiana de chicos y chicas, casi todos con algún mambo psicológico complicado.
La vuelta al perro para que haga caca, los mensajitos de texto, la conversación futbolera en el ascensor con gente apenas conocida, el bullying en el colegio, el garche con la novia, el paseo con los sobrinos… todo se puede convertir en una situación espesa, retorcida, tensa, al filo de la sordidez, si la miramos desde la óptica de Vigo. Lo mejor que tienen estas anti-aventuras son el trabajo en los diálogos y la voz en off, recursos con los que Vigo nos mete en la cabeza de personajes que expresan poco con las caras, fieles a los preceptos gráficos de Tomine, Chris Ware o el Daniel Clowes de los últimos años. Con esos tres referentes (más alguna cosita de Beto Hernández en Encuentro Cercano, que parece estar dibujada años antes que las otras hsitorietas) tenemos el armazón visual y narrativo sobre el cual Vigo construye una identidad gráfica propia, muy funcional a las historias que cuenta y a la que le sienta muy bien tanto el color sin restricciones de Salto o Carnaval, como el color hiper-acotado de Mateo.
Lo más raro de todo es que Lo Salvaje sea el primer libro de Pablo Vigo que se edita en Argentina, ya que se trata de un autor con unos cuantos años de trayectoria, que cosechó fans a lo pavote a fuerza de originalidad, talento y una destreza técnica apabullante, infrecuente en los historietistas de todas las generaciones y de todos los países. Si todavía no lo tenés en tu mapa de artistas a seguir, no dejes de darle una posibilidad.
Volvemos pronto con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.

viernes, 10 de mayo de 2013

10/ 05: LA SANGRE DE LAS VALKIRIAS

Después de largos meses de ausencia, vuelve a este blog la historieta española, y nada menos que de la mano de Víctor Santos, uno de mis autores fetiche. Ojo, este no es el típico comic de Santos, primero porque no tiene nada que ver con la saga de Los Reyes Elfos, ni con el género noir, y segundo porque acá el prócer valenciano no dibuja, sino que se limita a escribir el guión.
La Sangre de las Valkirias, como su nombre lo sugiere, es una de vikingos y sí, tal como sospechás, se podría haber publicado tranquilamente en la revista Northlanders, en la que el maestro Brian Wood revitalizó este atractivo género. Habría que estirarla muy poquito, apenas un pijésimo, y La Sangre... podría ser un arquito de tres episodios de esa inolvidable serie de Vertigo. La trama combina la habitual violencia de estas sagas de sanguinarios guerreros con un misterio muy bien orquestado, sutiles toques de humor (bastante zarpado) y algo de erotismo. La historia arranca cuando el poderoso Harek, cacique de una tribu de implacables vikingos, se decide exterminar a todo el pueblo gobernado por Regner, sólo porque este abrazó la religión cristiana y renunció a Odin, Thor y los demás muchachos de los comics de Marvel. A la hora de llevarse algún souvenir de la aldea devastada por sus guerreros, a Harek se le ocurre llevarse a Dalla, la hija de Regner, y tomarla por esposa, obviamente sin consultarlo con la chica. El trofeo que trajo Harek llamará poderosamente la atención de sus tres hijos varones, mientras su hija mujer será quien mejor se entienda con la joven cautiva.
Ya te imaginás cómo sigue la historia, no? Tres muchachones, un padre ya veterano, una chica que les calienta la pava a los cuatro, una cultura acostumbrada a dirimir cualquier litigio, hasta el más pelotudo, por la vía de los duelos a hachazo limpio... En pocas páginas y con poco texto, Santos urde un intrincado laberinto de lujuria, violencia, poder y muerte, sin buenos ni malos (lo más parecido a un bueno muere en la página 4) y sin ninguna chance de un final feliz. De todos modos, aunque antes de la mitad de la novela intuís que va a terminar todo para el orto, jamás te imaginás cómo va a llegar ese final trágico: ni por la magnitud que cobra, ni por el último giro, el moñito de la anteúltima página, que es tan impredecible como brillante.
No nombré al dibujante, al elegido por Víctor Santos para acompañarlo en esta aventura: se trata de Pere Pérez, un dibujante catalán que hizo varios laburitos menores para DC y ahora está a full en Valiant. Lo que puede verse en este trabajo (de 2009) está bastante en sintonía con lo que publicaba Vertigo en Northlanders: Pérez muestra un estilo bastante crudo, visceral, sin virtuosismos ni pretensiones de elegancia. El trazo es fuerte, vigoroso, casi cabeza, con una línea en la que parece verse el lápiz desnudo, grueso, sin entintar, sin peinar ni bañar para la foto. La narrativa también subraya la potencia y la salvajada de lo que nos muestra la historia, y el color (de Joan Fuster) acompaña perfectamente al dibujo. Buen trabajo de Pérez, tranquilamente al nivel de lo que se ve en cualquier comic de Avatar, que es el sello donde más proliferan los dibujantes salvajes y viscerales.
Si te enganchaste con los vikingos por culpa de Northlanders, esto te va a cebar mal. Si te sumaste a la religión de los que veneramos a Víctor Santos y nos compramos cualquier cosa que lleve su firma, te va a encantar descubrirlo muy afianzado en la faceta de “guionista que escribe para otros”. Y si simplemente buscás una aventura intensa y jodida, con buenas dosis de sangre, tripas y violencia, algo de sexo, runflas malignas, muchas atrocidades y una lograda reconstrucción histórica, La Sangre de las Valkirias seguro te va a sacudir. Son sólo 52 páginas, pero muy impactantes y muy difíciles de olvidar. Háganle un lugarcito a Santos en el Valhalla de la historieta. Lo de este muchacho ya es digno de los dioses más pulenta de todos los tiempos.