el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 27 de enero de 2018

DOS DE SABADO

Esta semana me distraje bastante con boludeces y le dediqué poco tiempo a la lectura de comics. Incluso se me complicó encontrar un ratito para reseñar las cosas que sí leí. Pero bueno, acá estamos.
Llegué al Vol.4 de Aula a la Deriva, el último tomo que tengo (son seis) de la saga setentosa creada por el sensei Kazuo Umezu. Y la verdad que ya está, no me da para salir a buscar los dos tomos que me faltan como si fueran el arca de la Alianza o las manos de Perón. Me bajé cuatro brolis de casi 400 páginas cada uno y en ningún momento me dio la sensación de estar frente a una obra maestra. Esto es divertido, es impactante, pero no va más allá de los cheap thrills que se le ocurren a Umezu para mantener la tensión siempre arriba.
De hecho, los cheap thrills de este tomo ya se pasan de bizarros, a la vez que sus consecuencias se van minimizando. En este tomo tenemos una avalancha de agua (como si fuera un tsunami pero caído del cielo), una invasión de hongos tóxicos, una especie de ojo monstruoso y gigantesco, el tercer o cuarto regreso de lo más parecido a un villano recurrente que tiene la serie y –en vez de un cisma político, cosa que ya vimos hace un par de tomos- un cisma religioso, que de nuevo logra dividir a los chicos de la escuela en dos bandos enfrentados y radicalizados al punto de cagarse a palos entre ellos. Nada, en el próximo tomo a Umezu no se le van a ocurrir nuevos cataclismos para que sufran los chicos y los va a teleportar a la Argentina de Macri, a ver si de esta también zafan…
El dibujo, como ya es costumbre, está muy sobrecargado de rayitas y texturas, con algún que otro tropiezo en los primeros planos. Lo mejor que tiene Umezu nos lo muestra en las ilustraciones que abren cada capítulo y por supuesto en la narrativa, que es su punto fuerte. Si algo no se puede discutir es la efectividad de esta bestia en el armado de las secuencias y la elección de los planos para mantenerte siempre involucrado con la historia. Pero bueno, no siempre alcanza. Por ahora, me bajo acá.
Vamos con Byron P.D., una novela gráfica de autores argentinos que en 2017 se publicó tanto en nuestro país como en Francia. Esto tiene un gancho irresistible, que es el dibujo de Rodrigo Luján. No se puede creer lo que dibujó acá esta bestia del Noveno Arte, no hay forma de compararlo con ninguno de sus trabajos anteriores, porque les pasa el trapo de un modo demasiado grosero. Los climas, los encuadres, el laburo en los fondos (exigente, porque la historia está ambientada en la Londres victoriana) y los estallidos de acción son lo más destacable dentro de una faz gráfica absolutamente cautivante. No tengo dudas de que esto hay que comprarlo sí o sí por los dibujos, y después ver qué onda el resto.
¿Y qué onda el resto? A ver… imaginate un John Constantine un toque más poderoso, sacale el pucho, el escabio, las puteadas, los amigos y las novias y ahí tenés a Ian Byron, el protagonista de la novela. El guión de Alberto Moreno deja entrever que el personaje esconde un secreto grosso (probablemente un origen vinculado a la divinidad) pero lo cierto es que adolesce de una cierta falta de onda, se lo ve un poquito blando en comparación con lo bien definidos que están la época, el conflicto y obviamente el aspecto visual. Y la trama está bien, tiene sorpresas, tiene amenazas grossas, los diálogos son muy buenos… para una primera aventura de un personaje nuevo se la re-banca. Pero claro, investigadores de casos paranormales ya hay tantos, que por ahí hacía falta algo más para darle a Byron un vuelo, un filo, algo que lo eleve, que lo distinga de la horda de tipos con sobretodo largo que se entreveran con fantasmas y gente poseída por demonios.
Otro aspecto positivo de la novela es que es perfectamente apta para chicos y adolescentes. Esto se lo podés dar a cualquier pibe que flashee con Harry Potter, Percy Jackson o Amuleto, porque es apenitas, mínimamente más dark. O sea que puede funcionar perfectamente como puente entre un material más infanto-juvenil (Fuerza Mosca, por nombrar otra obra de Moreno) y un comic de onda dark fantasy como los que publicaba Vertigo en lo ´90, si se quiere.
Y hasta acá llegamos. Vuelvo la semana que viene con más reseñas.

martes, 13 de septiembre de 2011

13/ 09: FUERZA MOSCA


Otro título reciente de la colección Toing!, esta vez para recopilar otra historieta originalmente publicada en la revista Billiken. Fuerza Mosca no se parece en nada a Elías y el Perro de la Esquina. El libro trae dos historietas, una de 34 páginas y una de 12. La de 34 páginas se publicó en formato serial, con continuará. La temática es de misterio y el dibujo, mucho más realista que el de la historieta infantil promedio. El formato de las páginas es casi cuadrado, lo cual fuerza a los diseñadores del tomito recopilatorio a meter dibujos arriba y abajo de la página original, a modo de guardas, y la verdad es que no quedan bien, rompen bastante las pelotas a la hora de apreciar la faceta visual de las historias, y le agregan confusión a la narrativa. No sé por qué esto se publicó así (digo, en la Billiken), pero en libro, queda feo.
Por suerte, las incomodidades visuales que generan estas “guardas” son ampliamente compensadas por el deleite que producen los dibujos de Diego Greco, que son de una calidad altísima. Greco labura perfecto la puesta en página, los climas del relato, las expresiones faciales, los fondos, y hasta logra que los villanos, que son monstruos o fantasmas, se vean heavies y amenzantes, sin ser algo demasiado truculento, que perturbe o asuste más de la cuenta a los chiquitos. Ah! Y el color! El color es magnífico! Gran, gran trabajo de Greco.
Los guiones le pertenecen a Alberto Moreno y son algo así como el anti-Scooby-Doo. Primero, porque las amenazas son realmente sobrenaturales. No son tipos disfrazados de fantasmas ni de demonios para asustar a la gilada. Estos chicos se enfrentan a manifestaciones que bien podrían aparecer en un comic de Hellblazer. Y les ganan… de modos bastante rebuscados, pero indudablemente satisfactorios para la audiencia infantil. Y lo otro que pone a los guiones de Moreno en las antípodas de los de Scooby-Doo es que no se calienta en lo más mínimo por darles rasgos distintivos a los cuatro protagonistas: Male, la Colo, Pablo y Hueso son todos igual de inteligentes, igual de valientes, igual de graciosos a la hora de tirar un chiste… son exactamente iguales y –por ende- intercambiables. Entre sí, o por otros personajes, de otras historietas. No hay nada en ellos que genere una identificación especial en los lectores, más allá de ser chicos. Pablo, por ahí, es más distinguible por ser gordito y de anteojos. Pero no sabemos nada sobre él, excepto que su abuelo era arqueólogo y se llama Juan Carlos. Y de los otros chicos, no sabemos absolutamente nada. Por supuesto, en 46 páginas no se puede pretender el recontra-desarrollo de personajes, y menos cuando son cuatro, sin contar secundarios ni villanos. Pero, uno supone que Moreno y Greco pensaron esta serie para durar más de dos aventuras y, para que eso fuera posible, hacía falta definir mejor y darle un poco más de onda a cada uno de los protagonistas.
Resumiendo, para los fans de Diego Greco (uno de los mejores futbolistas que hoy trabajan de historietistas), esto es absolutamente imperdible, porque acá el astro de Banfield está realmente inspirado, en un nivel muy superior al que le vimos –por ejemplo- en Doméstico, su trabajo más conocido en Argentina. Y para entretener un rato a los más chicos, Fuerza Mosca está más que bien. Además es un buen primer paso para llevarlos por la senda dark-sobrenatural que desemboca en Vertigo y que –doy fe- no tiene retorno.