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jueves, 7 de agosto de 2025
ESSENTIAL WEB OF SPIDER-MAN Vol.2
Caí en este masacote de 480 páginas por un capricho: quería tener la saga de Kraven´s Last Hunt en blanco y negro, porque me parecía muy choto el color. Y bueno, acá está, completa y en una versión en la que (para mi gusto) se luce mucho más el trabajo de Mike Zeck y Bob McLeod.
Kraven´s Last Hunt es una marcianada, no solo porque cambia totalmente el tono medio jocoso de las aventuras de Spider-Man. Además es la primera vez que un mismo arco argumental atraviesa los tres títulos que tenía en ese momento el personaje (Amazing, Spectacular y Web), y encima todo a cargo de un mismo equipo autoral. O sea que durante dos meses, los guionistas y dibujantes titulares de Spider-Man se tuvieron que dedicar a otra cosa (o tomarse vacaciones) porque J.M. DeMatteis, Zeck y McLeod les coparon la parada en las tres series regulares. Y esto evidencia algo obvio: Kraven´s Last Hunt es una novela gráfica de 132 páginas, cortada arbitrariamente en seis fetas para aquella publicación original de 1987. Un comic raro, oscuro, no porque haya pasado desapercibido sino porque DeMatteis le imprime un ritmo atípico, una cadencia perturbadora y un cierto vuelo poético muy dark, mucho más cerca de The Killing Joke que del típico arco argumental de Spidey. La referencia a la obra de Alan Moore es inevitable, porque DeMatteis hace con Kraven lo mismo que el Mago de Northampton con el Joker: poner el foco en la motivación de un villano totalmente pasado de rosca y mostrarnos en detalle cómo ésta se convierte en obsesión, y deja atrás los límites de la cordura con resultados truculentos.
Así llega a nuestras manos un relato todo lo heavy que podía ser en 1987 un comic que se distribuía masivamente en kioscos y comiquerías, sin sellitos onda "sugerido para lectores maduros". Hay violencia a raudales, sangre, torturas, desnudos (no explícitos), se habla bastante de canibalismo, un poquito de política, y al final uno de los protagonistas se vuela los sesos con un rifle. Spider-Man no hace chistes, no aparecen ni J. Jonah Jameson ni la Tía May y apenas se mencionan al pasar los sucesos de los arcos argumentales anteriores. Esto que Kraven le hace a Peter, se lo podría haber hecho a cualquier otro héroe de Marvel (a Iron Fist, ponele), y la historia sería básicamente la misma, excepto que el clásico rival de Kraven es Spider-Man, no Iron Fist.
El dibujo de Mike Zeck arranca en un nivel increíble, y -como siempre- con el correr de las páginas se va replegando cada vez más hacia los layouts, y deja el acabado en manos de Bob McLeod, que al principio es apenas el entintador y al final ya tiene que poner mucho más de su cosecha, porque se nota que lo que entrega Zeck es apenas un boceto. La combinación entre ambos funciona muy bien, y abundan las páginas realmente hermosas, con unos claroscuros tremendos, unos climas totalmente siniestros y unas expresiones faciales magníficas.
¿Y qué onda el resto del tomo? Porque además de Kraven´s Last Hunt, acá tenemos 12 números y un Annual de Web of Spider-Man... Bueno, el Annual zafa porque es como una colección de datos, fichas, breves textos sobre los poderes, el equipamiento y los enemigos olvidados de Spidey. La trilogía ambientada en el Reino Unido (que empieza con guiones de David Michelinie pero la termina Jim Shooter) es bastante decente, y se anima a meterse (aunque sea de manera superficial) en el conflicto entre el gobierno de Margaret Thatcher y los rebeldes de Irlanda del Norte. Pero entre el 23 y el 28, tenemos una seguidilla de números MUY malos, donde lo más parecido a un autor es Michelinie revoleando plots para que los desarrollen guionistas de menor calibre. Los nºs 29 y 30 mejoran bastante, cuando James Owsley pone el foco primero en el finado Ned Leeds y después en Richard Fisk, el hijo de Kingpin y Vanessa, que en esta época operaba bajo la identidad de The Rose. El 30, sobre todo, es un acertado pase en limpio de un montón de sucesos ocurridos en arcos previos, vinculados a The Rose, Hobgoblin, Kingpin y demás personajes de las series de Spidey y de Daredevil.
En cuanto a los dibujantes, el arco en el Reino Unido está a cargo de Marc Silvestri, en la época en la que todavía era un dibujante promisorio, al que solo le faltaba encontrar un buen entintador (algo que sucedería cuando pase a Uncanny X-Men, a formar dupla con Dan Green). Y después, hasta que llega Kraven´s Last Hunt, tenemos una sucesión funesta de dibujantes realmente chotos, un descenso a los abismos del horror que se corta cuando aparece Steve Geiger, que no es un genio ni mucho menos, pero sobrevive a dos ordalías jodidas de verdad, a saber: 1) que en un mismo episodio le metan mano a tus lápices CINCO entintadores distintos y 2) que te entinte Vince Colletta. No sé qué fue de la vida de este muchacho, pero acá se esforzó por hacer tolerables los tres numeritos que faltaban para que llegara Mike Zeck a romperla.
En fin, hay que tener bastante estómago para leer comics de Spider-Man de 1986-87. Creo que el primer Essential de Web... me lo compraría solo si lo veo a un precio absurdo, y porque tiene varios episodios escritos por Peter David. Y lo que pasaba en paralelo en Amazing y en Spectacular, la verdad que no me interesa en lo más mínimo. Cuando estaba Roger Stern, ponele que tenían algún atractivo. Pero después, de ahí hasta la época de Paul Jenkins y J.M. Straczynski, lo único que me animo a rescatar son saguitas medio descolgadas como Kraven´s Last Hunt, algún arco de Ann Nocenti o algún Annual que rompa con el esquema habitual.
Nada más, por hoy. Esta tarde se inaugura la FED, así que andaré pululando por ahí. Y en una de esas, mañana también hay reseñas acá en el blog.
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lunes, 23 de enero de 2023
NOCHE DE LUNES
Vengo a un gran ritmo, me estoy fagocitando las pilas de material pendiente de lectura a una velocidad muy notable.
En una mesa de saldos de Estados Unidos, rescaté un TPB del año 2007 llamado Planetary Brigade. ¿Qué me llamó la atención? Que lo escriben Keith Giffen y J.M. DeMatteis, totalmente en joda. Esta es una iteración más de la Justice League bufonesca de fines de los ´80, pero como en vez de DC la publica BOOM! Studios, los personajes no son los reales, sino versiones mínimamente camufladas de Superman, Batman, Wonder Woman, Martian Manhunter y el resto. La dinámica del equipo, los conflictos con los villanos y sobre todo los diálogos, nos remiten al toque a la época en que Giffen y DeMatties convirtieron a la Justice League en una revista en la que la comedia, la bizarreada y el bwa-ha-ha eran tan importantes (o más) que los combates entre superhéroes y supervillanos. Planetary Brigade va para el mismo lado, pero como está escrita 20 años después, sin la supervisión de DC ni del Comic Code Authority, ofrece algunos chistes más zarpados en materia de sexo y escatología.
No toda la miniserie es igual de graciosa, y conviene no leerla toda de un saque para no aburrirse, sobre todo por la cantidad de diálogo que meten estos desubicados en cada página. A cualquier otro guionista, le decís "tomatelás, flaco, aprendé a sintetizar; no me pongas ocho cuadros por página, con cinco diálogos en cada cuadro". A Giffen y DeMatteis se lo toleramos, porque sabemos que nos van a hacer cagar de risa. Pero hay que racionarlo, no bajarse de una los cinco episodios, que de todos modos son bastante autoconclusivos. Leído en su justa medida, este es un comic alucinante, que lleva la deconstrucción de los superhéroes a nuevos picos, a fuerza de un humor efectivo y sin piedad. No es algo muy original, porque los propios autores ya lo hicieron varias veces antes, pero la gracia y la mala leche están intactas.
Obviamente acá falta una pata para completar el Trío Terrible, que es el irreemplazable Kevin Maguire. Para este proyecto no lo pudieron reclutar y en su lugar dibuja... Juan Carlos Nadie. Los dos primeros episodios están repartidos entre varios dibujantes (algunos muy capos, como Fábio Moon, Mark Badger o el maestro Eduardo Barreto) y los tres últimos los dibuja enteros una tal Julia Bax, a la que nunca había oído nombrar. Su trabajo no es horrible ni mucho menos, pero no descolla ni por casualidad, y en la comparación con Maguire pierde como si fuera yo a jugar al ping-pong contra el campeón de Japón o de Corea. Esto mismo, con un único dibujante para los cinco episodios, en lo posible de bueno para arriba, mejoraría muchísimo. Incluso si Giffen hubiera provisto a los distintos dibujantes de bocetos o breakdowns como para marcarles el tempo narrativo, también mejoraría ostensiblemente. Pero Giffen solo figura como co-guionista y no mete mano en una faz gráfica muy irregular, no siempre a la altura de los magníficos guiones de la dupla.
Si amás a la Justice League en joda de Giffen y DeMatteis, entrale sin dudarlo a Planetary Brigade, que la vas a pasar bomba.
Y después de un comic con tanto exceso de texto, necesitaba uno casi mudo, y así caí en Mute, una obra de autores argentinos publicada en 2021. Esta historia es secuela de la que vimos hace seis años, el 02/02/17, y cuenta con el mismo equipo creativo: guion de Damián Connelly y dibujos de Gabriel Luque. Y el mismo problema que la primera parte: mucha espectacularidad, mucho despliegue visual, pero cero profundidad, cero indagación en el universo en el que transcurre la saga, o en los personajes que la protagonizan.
Acá está todo el pochoclo del universo junto: hay robots, zombies, nazis, vikingos, motoqueros, dinosaurios, unos bichos medio yetis y medio licántropos, alienígenas, monstruos onda Chtulhu... lo que quieras. Todo esto envuelto en una trama de acción que no tiene mucha lógica, más allá de impactar al lector. No hay un diálogo como la gente, no hay motivación para el accionar de los personajes, simplemente una misión que debe cumplir uno de ellos y lo lleva a confrontar con todos los demás.
El dibujo de Luque es bastante bueno, aunque muy poco narrativo. Por momentos, Mute es una colección de excusas para meter pin-ups. De hecho, cada capítulo de 13 páginas tiene su propia portada. Da la sensación de que a Luque le gusta dibujar eso: portadas y posters. Por suerte no derrapa, excepto en las escenas en las que tiene que dibujar a seres humanos normales que habitan un mundo similar al nuestro... Ahí el dibujo se hace tosco, los fondos escasean horriblemente y al resultado final no lo salva ni el talento que indudablemente tiene el dibujante para aplicar los grises. Lo mejor es el diseño de los dos personajes principales: si salieran muñecos creo que me los compraría, de lo grossos que son visualmente. El resto se pasa de pochoclero, de estridente y por momentos hasta se hace confuso. Hace unos años yo cerraba la reseña del primer libro de Mute con la esperanza de que una secuela echara luz sobre el mundo creado por Connelly y Luque, y le agregara coherencia a la trama. Lamentablemente, no sucedió y hoy no puedo recomendar ni el primer Mute ni el segundo.
No mucho más, por hoy. Ni bien tenga leídos unos libritos más, vuelvo a la carga. Gracias totales.
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jueves, 17 de noviembre de 2022
ESSENTIAL DEFENDERS Vol.6
Bueno, ahora sí, me leí completa la etapa de J.M. DeMatteis en Defenders y no, no me convenció. Los episodios de este sexto Essential (nºs 107 al 125) son un poquito mejores que los del quinto, pero no son gran cosa. Es historieta por kilo, hecha para llenar una revista más todos los meses, y en un contexto de nivel promedio alto (como fue el de Marvel entre 1980 y 1985) esto queda bastante atrás de los títulos realmente grossos. Lo mejor que tiene el libro es el nº119 de Marvel Team-Up, un unitario donde el rol de Spider-Man es mínimo y DeMatteis aprovecha para darle mucho protagonismo y alta onda a Gargoyle, un personaje que él mismo creó en el tomo anterior. Y encima está maravillosamente dibujado por Kerry Gammill, a años luz del castigo a nuestras retinas que nos impone el resto del Essential. Esta vez casi no aparecen las tintas del maestro Joe Sinott y no hay quien nos salve del dibujo tosco y sin alma del muerto de Don Perlin. Recién sobre el final llegará Kim DeMulder, quien a lo largo del Vol.7 logrará que esto se vea un poco mejor. Pero durante todo este tomo los entintadores cambian número por medio y nadie pone lo que hay que poner para compensar la escasísima calidad de los lápices de Perlin.
Otros momentos rescatables de este Essential: acá finalmente pasa lo que queríamos que pasara en el Vol.5: el querido Beast reformula a los Defenders para que sean un equipo al estilo X-Men y jubila a Dr. Strange, Hulk, Namor y el Silver Surfer. La nueva formación estable se arma recién al final, pero la idea de Beast se desarrolla a lo largo de muchos episodios. También está bastante buena la saga con el Squadron Supreme, y los episodios centrados en un único personaje. Sobre todo ese en el que DeMatteis se saca de encima al goma de Devil Slayer. El de Son of Satan también está muy bien, el de Hellcat zafa y el de Gargoyle (como ya vimos) apareció en Marvel Team-Up. Pero LA escena más grossa, que jamás me vi venir y sin embargo es totalmente lógica, está en el nº116 y es esa en la que Valkyrie le tira los galgos a Namor y el príncipe atlante se va al mazo. Después, el resto, bastante intrascendente: peleas con demonios, duendes y criaturas místicas del Ascenso, excusas chotas para que cada tanto reaparezcan Hulk, el Surfer y el resto, mucha lágrima derramada al pedo por personajes que parecen morir pero no mueren (el único que sigue bajo tierra es Nighthawk, pero aparece un Nighthawk de otra realidad) y boludeces así.
Esto no solo aporta poco, sino que obstaculiza lo que a DeMatteis más le interesa hacer, que es desarrollar a los personajes, convertir a este rejunte de segundones y tercerones en un grupo de personajes con los que el lector se sienta cercano, empatice, la pase bien. En ese sentido, los mejores resultados los obtiene con Beast y Gargoyle, los personajes que resultan más queribles, más entrañables. Sobre el final, DeMatteis se canta "quiero retruco" a sí mismo, cuando se pone la meta de hacer querible (o al menos fumable) a Moondragon, la irascible sacerdotisa que alguna vez fue heroína, alguna vez fue villana y siempre fue más altiva que Namor, más distante que Dr. Strange y más temible que Hulk enojado. Pero para ver cómo le fue hay que leer el Vol.7, cosa que yo ya hice el 24/12/17. Ahí también vamos a ver crecer y cobrar sentido a Cloud, que acá tiene una muy olvidable primera aparición.
Repito: nada de esto está a la altura de los buenos títulos que tenía Marvel en esta época, ni de lo que hacía el propio DeMatteis en Captain America. Por supuesto, con dibujantes dignos incluso las aventuras más adocenadas resultarían más pasables, pero lamentablemente Jim Shooter había decretado que Don Perlin tenía que tener trabajo todos los meses y fue en Defenders donde lo tuvimos que sufrir. Esto se puede leer solo si sos muy fan de DeMatteis, o de los Defenders, o si (como yo) le tenés un gran cariño a Hank McCoy y a sus ex-compañeros de los X-Men, que se van a sumar al elenco en los episodios finales del tomo. Si no, te va a resultar casi imposible digerir estas 528 páginas. Menos mal que lo encontré en un estado medio baqueta y lo pagué chauchas...
Nada más, por hoy. Ni bien pueda, vuelvo a postear. Gracias y hasta pronto.
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lunes, 31 de octubre de 2022
ESSENTIAL DEFENDERS Vol.5
Allá por el 24/12/17 me clavé el Essential Defenders Vol.7 y me encontré con unos guiones de J.M. DeMatteis, o en realidad con una forma de encarar la serie por parte del guionista, que me justifica ir un par de tomos para atrás a rastrear la transformación de aquel grupo integrado básicamente por Dr. Strange, Hulk, Namor y el Silver Surfer en otra cosa totalmente distinta. Así caí en el Vol.5, que arranca justo cuando DeMatteis asume como guionista titular de la serie, en el nº92 (1981) y llega hasta el nº106, que marca un quiebre porque ahí muere Nighthawk, otro de los personajes emblemáticos de la primera década de los Defenders. El Essential también incluye varias historias de Marvel Team-Up escritas por DeMatteis, en las que Spider-Man forma equipo con personajes que por este entonces eran miembros del "equipo". De hecho, buena parte de los plots que veremos desarrollarse en este tomo se desprenden del nº101 de MTU, donde Nighthawk es co-protagonista.
¿Cuál es el plan de DeMatteis para esta serie? Sacarse de encima lo más prolijamente posible a Hulk, Namor y el Surfer y convertirla en una segunda revista del Dr. Strange, con amenazas que tienen que ver sobre todo con el palo místico, y con héroes y heroínas que apuntalen un poco esa onda. Así, en estos números de Defenders tenemos como protagonistas al Tordo y a Nighthawk, que son los personajes a los que más cosas les pasan. Y en segunda línea a Hellcat, a Son of Satan y a Valkyrie. Todos personajes a los que DeMatteis logra incorporar a esta temática vinculada a demonios, magia y demás. Por si faltara algo, Clea también tiene un rol bastante importante, tenemos la incorporación de un nuevo personaje también de origen místico (el copadísimo Gargoyle) y el rescate de otro personaje de ese mismo palo, Devil-Slayer, que tenía muy poquitas apariciones. En realidad era una creación de Rich Buckler para la editorial Atlas, que cuando ese efímero proyecto naufragó, cambió su nombre de Demon Hunter a Devil-Slayer y se incorporó al rincón más dark del Universo Marvel. O sea que en la mayoría de los arcos argumentales Dr. Strange está rodeado de personajes a los que el mundo del misticismo no les resulta del todo ajeno. Recién sobre el final empieza a aparecer un personaje que viene claramente de otro palo y que eventualmente va a tener un rol importantísimo en esta serie: el ídolo, el más grande, el querido Hank McCoy. Un especialista en dinámica de equipos que le va a traer una impronta más de cooperación entre pares que de "rejunte de tercerones que hacen lo que les ordena el Dr. Strange". Y en el Vol.6 nos vamos a enterar cómo DeMatteis lleva más allá su plan de renovación y se saca de encima también al Capo de las Artes Místicas.
Dicho todo esto, aclaremos lo más importante: las aventuras en sí no están muy buenas. Son bastante del montón y están muy lejos de lo que se veía en las series realmente grossas que publicaba Marvel en 1981-82. Más allá de sus buenas intenciones, en esta época J.M. DeMatteis no era un guionista infalible ni mucho menos, y todavía falta un poco para que alcance el nivel que lo consagraría. O sea que mucho de lo que ofrece este Essential en materia de guiones pasa sin pena ni gloria y dista de ser memorable. Y en materia de dibujo, no estamos mejor, para nada. El dibujante titular de Defenders en toda esta etapa es Don Perlin, acerca de cuyas limitaciones y torpezas ya hablé bastante en la reseña del Vol.7. Acá en la mayoría de las páginas lo vemos entintado por el siempre elegante Joe Sinnott, ante cuya mención cualquier fan de Marvel debe ponerse de pie. La magia de Sinnott no alcanza para que el dibujo de Perlin se vea bien, porque los cuerpos son estáticos, la planificación de las secuencias es aburrida y la falta de imaginación para dibujar casi todo es más que evidente. Pero por lo menos Sinnott le da un pulido a la superficie, a los primeros planos de los personajes, que en los números donde no entinta él, o en las páginas que les habilita a sus asistentes, se extraña muchísimo, porque deja muy al descubierto lo choto que era Perlin. Por suerte hay un numerito dibujado por Jerry Bingham y un numerazo (de Captain America) dibujado por Mike Zeck. Ahí el Essential nos permite sacar la cabeza del pantano, respirar un toque y deleitarnos con historietas mucho mejor dibujadas y narradas.
Y bueno, me comí un tomo duro de digerir. Hay que ser fan de Defenders para bancarse estos números (yo nunca lo fui), o muy talibán de J.M. DeMatteis. Me lo quedo porque la etapa del ídolo empieza acá y sospecho que mucho de lo que pasa en el Vol.6 va a hacer referencia (o incluso va a sumarle relevancia) a las historias de este tomo. Pero la verdad que ni los guiones ni los dibujos están como para que se lo recomiende a nadie. Ah, antes que me olvide: en 1998 alguien nos va a revelar que Nighthawk en realidad no murió un carajo en el nº106 de Defenders. O sea que -una vez más- vamos a ver a los héroes llorar al pedo por un compañero caído al que algún guionista falto de ideas eventualmente va a hacer volver.
Nada más, por hoy. Prometo entrarle pronto al Vol.6, así ya completo el repaso por la Era DeMatteis en Defenders. Gracias y hasta el mes que viene.
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sábado, 16 de enero de 2021
9 al 16 de ENERO
Vamos con las reseñas del material que leí esta semana.
Me terminé el masacote casi 500 páginas que había empezado la semana anterior: nada menos que The Compleat Moonshadow, el libro que trae toda la serie original de Moonshadow (la de los ´80), más el librito que J.M. DeMatteis y Jon Muth agregaron a modo de epílogo unos diez años después de finalizar la serie. Moonshadow es, como suele decirse, la gran perdedora de 1986. Se trata de una obra colosal, magnífica, profunda, conmovedora, arriesgada en muchísimos aspectos, hermosa de punta a punta… que quedó tristemente eclipsada porque tuvo la mala suerte de salir al mismo tiempo que Dark Knight, Watchmen y Maus. Con el podio ocupado por esas tres obras, que repercutieron a nivel mediático como nunca antes habían repercutido las historietas en EEUU, no quedó mucho lugar para hablar maravillas de otras gemas que se publicaron en ese mismo momento, entre las cuales Moonshadow probablemente sea la más gloriosa, la que más méritos hizo por subirse a ese podio poblado de obras fundamentales.
Moonshadow es un comic acerca de descubrirse a uno mismo, de madurar, de sobreponerse a la adversidad, de aprender a tomársela de un modo más liviano, de mirar para adelante, de aprender de cada cagada, de cada traición, de cada decepción, de cada vínculo. Es una obra que te envuelve en un clima aventurero, pero habla de la vida, la muerte, el amor, el sexo, la política, la literatura, la fantasía, la locura, la libertad… Si te ponés en choto (o sea, si no sintonizás la onda de lo que DeMatteis trata todo el tiempo de hacer en esta obra) probablemente llegues a la conclusión de que Moonshadow está estiradísima y que se podía contar lo mismo sin todas esas peripecias que se acumulan episodio tras episodio. Yo creo que no, que el atractivo está en ese viaje, en todas las cosas bizarras y/o extremas que le suceden al protagonista, y que son las que le dan rumbo y sentido a su camino hacia la madurez.
El epílogo de los ´90 (lo único que no había leído nunca) es hermoso, pero con la salvedad de que no es una historieta: es un texto con ilustraciones. Un texto en el que la prosa de DeMatteis cobra un vuelo, una dimensión, una belleza que bien quisieran para sí tipos que han hecho fortunas escribiendo literatura como Neil Gaiman. Y las ilustraciones de Muth se lucen como –lógicamente- no se podían lucir en el contexto de una historieta. De todos modos, en el tramo original, el de los ´80, hay muchísimos momentos en los que DeMatteis reduce al mínimo la cantidad de texto para que Muth pueda desplegar su arsenal pictórico y detornarle las retinas al lector con su formidable manejo del lápiz, las acuarelas y demás técnicas analógicas. Creo que cuando leí Moonshadow en los ´80 la faz gráfica me gustó más que ahora, probablemente porque no estaba acostumbrado a la historieta de estilo pictórico. Hoy, ya más curtido, me gustó pero no me deslumbró tanto.
Y lo único que tengo para criticar es el rotulado (del maestro Kevin Nowlan) que a veces, cuando las letras aparecen en blanco sobre fondos oscuros, no se entienden una chota. El resto es todo belleza, una verdadera Obra Maestra que difícilmente DeMatteis pueda superar en los años que le quedan a su carrera como guionista. Absolutamente recomendado.
Hacía más de cinco años que tenía abandonada Las Águilas de Roma, la serie de aventura histórica del maestro suizo Enrico Marini, y ahora sí, me sumergí en las 56 páginas del tercero de los cinco libros que componen la obra. Estoy justo en el momento en que pasa de todo: Marini le pega un upgrade al guion tan notable, tan impactante, que hace que todo lo que había leído en los dos primeros tomos se convierta en un prólogo mínimo, una mera presentación de personajes que (a la luz de lo que pasa en el Vol.3) se podría haber sintetizado en 16 páginas, siendo muy generosos. No quiero decir con esto que si empezás a leer la serie desde el Vol.3 vayas a entender todo, pero la gran mayoría de lo que cuenta Marini en estas páginas sostiene su fuerza dramática en sí mismo… y en lo que va a venir, porque el tomo termina en un punto crítico, picante, incómodo como tampón de virulana. Por suerte tengo el Vol.4 en la repisa de los pendientes, como para entrarle pronto.
Además de un dibujo demasiado bueno para ser real, en el que se destacan la documentación histórica, la acción y el color por sobre la expresividad de los rostros masculinos (que es donde a Marini se lo ve más frío), este tramo de Las Águilas de Roma ofrece runfla política de gran calidad, mucha data histórica, mucho enrosque entre personajes de dudosas lealtades, secretos, traiciones, lujuria, ambición y el clásico debate entre someterse a un imperio para vivir un poquito mejor, o seguir enchastrándose en el fango de la precariedad para conservar impolutas la autonomía, la libertad y la dignidad. Los personajes de Marco y Arminio (extensamente presentados en los primeros tomos) ya están en un punto en el que los consideramos personas 100% reales, hay una cantidad importante de buenos personajes secundarios, buenos diálogos… Posta, lo único que no me gustó de este tomo es que me hizo sentir que los dos primeros son una estirada grosera de una introducción a la trama principal de la serie. Si los dos tomos que quedan mantienen este nivel, vamos a estar hablando de un recontra-clásico verdaderamente indispensable.
Ya para distender un poquito, me leí (muy rápido, no me duró ni medio viaje en bondi) Yonky el Zombi: El Crucero del Terror, la primera aventura de este popular personaje de Marko Torres que se publica en Argentina. Repito que se me hizo muy cortito, son 72 páginas de historieta pero muchas de ellas tienen dos o tres viñetas. Y lo más bajonero: el dibujo me gustó bastante menos que en Mutant Boyz o Ninja Kururo. Es como si Torres intentara subirse a la estética de Ren & Stimpy, pero se quedara a medio camino, como si a último momento dijera “no, es mucho kilombo, hay que laburar demasiado para que te quede parecido a un dibujo de Kircfalusi”. Y entonces tenemos una estética que no se ve original, y un intento de subirse a un estilo alucinante que no llega a buen puerto. Ojo, no es un horror. A los pibes que no saben qué es Ren & Stimpy les va a encantar. Y el guion es divertido, pasan muchas cosas, y sobre todo me transmitió una sensación de vértigo, de descontrol, de fiesta pasada de rosca, de absoluta libertad por parte del autor, decidido a todo con tal de sorprender, entretener y arrancarla una risa a los lectores. Tengo el tercer librito del Ninja Kururo esperando pista, que a nivel dibujo se ve mucho mejor que Yonky el Zombi. Ojalá el guion esté a la altura.
Y nada más. Veremos qué llego a leer durante la semana para comentar acá el finde que viene. ¡Hasta entonces!
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domingo, 24 de diciembre de 2017
ESSENTIAL DEFENDERS Vol.7
Estoy sumamente al pedo, así que aprovecho para clavar el post nº100 de este año, cumpliendo esa meta que me puse hace unos meses y que espero volver a superar también en 2018.
Este masacote de 528 páginas trae los nºs 126 al 139 de Defenders (o en realidad, New Defenders) y dos miniseries: la de Iceman, y Beauty and the Beast, co-protagonizada por Dazzler y el querido Hank McCoy, todo material originalmente publicado entre 1983 1984. ¿Cómo me animé a entrarle a una cosa así? A ver… 1) estaba muy barato, 2) trae muchos números escritos por J.M. DeMatteis y 3) Beast es mi ídolo desde que tengo memoria y acá tiene muchísimo protagonismo. 4) Tengo desarrollada una enorme tolerancia a los títulos tercerones de la Segunda Era de Oro de Marvel (1980-85). ¿Qué me encontré una vez que me sumergí en el libro? Ese es otro tema…
A partir del nºs 126, cuando Defenders pasa a ser New Defenders, DeMatteis (que ya llevaba varios años al frente de la serie) decide ajustarse a la fórmula más existosa de aquel entonces, la de los X-Men de Chris Claremont. Eso implica trabajar con personajes que NO tengan ni puedan tener serie propia, para laburar sobre todo la interacción entre ellos y el desarrollo de la caracterización. Así es como se saca de encima a Dr. Strange, Hulk, Namor y el Silver Surfer (la espina dorsal de los primeros 125 números de Defenders) para armar un rejunte que incluye a tres ex-X-Men (Beast, Iceman y Angel, mejores amigos casi desde la infancia), una militante de los Defenders casi de la Línea Fundadora (Valkyrie), un personaje de su propia creación (Gargoyle) y un personaje fascinante, enroscado, conflictivo, que abría puntas para todos lados (Moondragon). Con esos ingredientes, DeMatteis cocina seis números muy ricos, en los que las peleas con los villanos tienen mucho menos peso que la dinámica interna entre los héroes, y se va.
Lo reemplaza Peter B. Gillis, quien se quedará en la serie hasta que esta cierre en el nº152, en una línea muy fiel a la de DeMatteis, con el experimento de probar con historias más extensas, esparcidas a lo largo de varios números. Gillis además ofrece más desarrollo para personajes secundarios como Candy Southern (por entonces amigovia de Angel) y Cloud, un personaje casi de relleno creado por DeMatteis, a quien su sucesor le pega la bizarrísima vuelta de que sea varón y mujer al mismo tiempo… Sí, maestro, un transexual en 1984.
En cuanto a las miniseries… la de Iceman, se me hizo apenas pasable. Me pareció un argumento muy genérico, aplicable casi a cualquier otro superhéroe. Años más tarde (y en DC) veríamos a DeMatteis refinar muchísimo el oficio de darle chapa a un héroe segundón en una miniserie de cuatro numeritos. En la de Beauty and the Beast (escrita por Ann Nocenti) hay muchas cosas que suceden medio caprichosamente, pero –sin ser fundamental ni mucho menos- es interesante en cuanto a exploración de las personalidades de Hank y Alison, y por la bajada de línea acerca de la falsa cultura del éxito que reina en Hollywood.
El gran problema que tiene Beauty and the Beast es que, al igual que unos cuantos episodios de Defenders, cuenta con los dibujos de Don Perlin, un obrero del lápiz muy limitado, sin onda ni talento, un verdadero rústico. Dentro de todo, las tintas de Kim DeMulder (un capo que nos dejará sus mejores páginas cuando entinte a Phil Hester en Swamp Thing) esconden algo de la torpeza de Perlin y aportan ciertos climas, ciertos hallazgos en materia de iluminación, cierto atractivo en algunas expresiones faciales. La miniserie de Iceman y el resto de los números de Defenders están dibujados por Alan Kuppeberg, dueño de un lápiz sobrio, correcto, un tipo que nunca descolló no por choto, sino porque le tocó dibujar series regulares en la época en la que en las series regulares tenías todos los meses a asesinos seriales como Byrne, Pérez, Miller, Simonson, Sienkiewicz o Paul Smith. Ah, también hay un numerito en el que está Mike Zeck como dibujante invitado, lejos el más logrado a nivel visual.
Esto es más raro que bueno, pero si te gustaban los Outsiders en la etapa post-Batman, te tiene que gustar porque tiene un tono muy similar. A mí me enganchó lo suficiente como para ir por el Vol.6, todo escrito por DeMatteis, aunque estén los personajes de la formación “clásica” y dibuje todo el muerto de Don Perlin. Después, los números del 140 al 152 (que no están reeditados en blanco y negro) me interesan bastante menos... aunque nunca se sabe, viste cómo es esto...
Este masacote de 528 páginas trae los nºs 126 al 139 de Defenders (o en realidad, New Defenders) y dos miniseries: la de Iceman, y Beauty and the Beast, co-protagonizada por Dazzler y el querido Hank McCoy, todo material originalmente publicado entre 1983 1984. ¿Cómo me animé a entrarle a una cosa así? A ver… 1) estaba muy barato, 2) trae muchos números escritos por J.M. DeMatteis y 3) Beast es mi ídolo desde que tengo memoria y acá tiene muchísimo protagonismo. 4) Tengo desarrollada una enorme tolerancia a los títulos tercerones de la Segunda Era de Oro de Marvel (1980-85). ¿Qué me encontré una vez que me sumergí en el libro? Ese es otro tema…
A partir del nºs 126, cuando Defenders pasa a ser New Defenders, DeMatteis (que ya llevaba varios años al frente de la serie) decide ajustarse a la fórmula más existosa de aquel entonces, la de los X-Men de Chris Claremont. Eso implica trabajar con personajes que NO tengan ni puedan tener serie propia, para laburar sobre todo la interacción entre ellos y el desarrollo de la caracterización. Así es como se saca de encima a Dr. Strange, Hulk, Namor y el Silver Surfer (la espina dorsal de los primeros 125 números de Defenders) para armar un rejunte que incluye a tres ex-X-Men (Beast, Iceman y Angel, mejores amigos casi desde la infancia), una militante de los Defenders casi de la Línea Fundadora (Valkyrie), un personaje de su propia creación (Gargoyle) y un personaje fascinante, enroscado, conflictivo, que abría puntas para todos lados (Moondragon). Con esos ingredientes, DeMatteis cocina seis números muy ricos, en los que las peleas con los villanos tienen mucho menos peso que la dinámica interna entre los héroes, y se va.
Lo reemplaza Peter B. Gillis, quien se quedará en la serie hasta que esta cierre en el nº152, en una línea muy fiel a la de DeMatteis, con el experimento de probar con historias más extensas, esparcidas a lo largo de varios números. Gillis además ofrece más desarrollo para personajes secundarios como Candy Southern (por entonces amigovia de Angel) y Cloud, un personaje casi de relleno creado por DeMatteis, a quien su sucesor le pega la bizarrísima vuelta de que sea varón y mujer al mismo tiempo… Sí, maestro, un transexual en 1984.
En cuanto a las miniseries… la de Iceman, se me hizo apenas pasable. Me pareció un argumento muy genérico, aplicable casi a cualquier otro superhéroe. Años más tarde (y en DC) veríamos a DeMatteis refinar muchísimo el oficio de darle chapa a un héroe segundón en una miniserie de cuatro numeritos. En la de Beauty and the Beast (escrita por Ann Nocenti) hay muchas cosas que suceden medio caprichosamente, pero –sin ser fundamental ni mucho menos- es interesante en cuanto a exploración de las personalidades de Hank y Alison, y por la bajada de línea acerca de la falsa cultura del éxito que reina en Hollywood.
El gran problema que tiene Beauty and the Beast es que, al igual que unos cuantos episodios de Defenders, cuenta con los dibujos de Don Perlin, un obrero del lápiz muy limitado, sin onda ni talento, un verdadero rústico. Dentro de todo, las tintas de Kim DeMulder (un capo que nos dejará sus mejores páginas cuando entinte a Phil Hester en Swamp Thing) esconden algo de la torpeza de Perlin y aportan ciertos climas, ciertos hallazgos en materia de iluminación, cierto atractivo en algunas expresiones faciales. La miniserie de Iceman y el resto de los números de Defenders están dibujados por Alan Kuppeberg, dueño de un lápiz sobrio, correcto, un tipo que nunca descolló no por choto, sino porque le tocó dibujar series regulares en la época en la que en las series regulares tenías todos los meses a asesinos seriales como Byrne, Pérez, Miller, Simonson, Sienkiewicz o Paul Smith. Ah, también hay un numerito en el que está Mike Zeck como dibujante invitado, lejos el más logrado a nivel visual.
Esto es más raro que bueno, pero si te gustaban los Outsiders en la etapa post-Batman, te tiene que gustar porque tiene un tono muy similar. A mí me enganchó lo suficiente como para ir por el Vol.6, todo escrito por DeMatteis, aunque estén los personajes de la formación “clásica” y dibuje todo el muerto de Don Perlin. Después, los números del 140 al 152 (que no están reeditados en blanco y negro) me interesan bastante menos... aunque nunca se sabe, viste cómo es esto...
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martes, 14 de enero de 2014
14/ 01: JOURNEY INTO MYSTERY Vol.4
Mirá qué mala leche... La etapa de Kieron Gillen al frente de Journey into Mystery se termina justo con el mejor arco argumental de toda la serie. The Manchester Gods es una saga cortita, de apenas tres episodios, y además es excelente. Acá no sobra nada, hay cero relleno. Gillen aprovecha cada viñeta para hacer avanzar la trama, para sumarle espesor a los dilemas morales, para meter cada tanto un chiste que descomprima la situación, o para explicar algunos puntos oscuros típicos de un comic “de rosca”, como para que no se pierdan los giles que leían esto en revistita y ni siquiera tenían la decencia de seguir la serie desde el primer número.
Esta vez, el joven Loki y Leah caen en Inglaterra (en realidad, en la dimensión en la que se manifiesta el inconsciente de Inglaterra) para una historia simple (a pesar de estar llena de elementos míticos y místicos), que va todo el tiempo para adelante, y en la que Gillen encuentra un rinconcito donde meter una aguda reflexión sobre su país y el rol que cumplió en la modernización del mundo. También, ya que está, trae de vuelta a Daimon Hellstrom (se ve que recibió buen feedback tras la aparición del Son of Satan en el arco anterior) y mete dos homenajes, uno muy sutil y uno muy cabeza, al maestro, al referente de todos los guionistas británicos, el glorioso Alan Moore.
La etapa del joven Loki como protagonista de su propia serie cierra con la dosis exacta de ambigüedad, como para mantener intacta la intriga inicial. ¿Qué onda este nuevo Loki? ¿Le podemos creer que está buscando la redención? ¿O estamos seguros de que las cagadas que se manda no son fruto de la mala suerte sino de una perversa y calculada intención de complicarle la vida a los otros asgardianos? Gillen deja abierto el interrogante y sobre el final le cobra cara a Loki una de sus runflas más sombrías, el acueste que le hizo a Hela en el Vol.2.
Y como con las 64 páginas de The Manchester Gods no se llena un TPB, a alguien se le ocurrió complementar este tomo con un annual de Thor, escrito por J.M. DeMatteis, que lo único que tiene en común con JiM es que está dibujado por Richard Elson. La aventura de Thor es cósmica, grandilocuente, e involucra a Galactus y al Silver Surfer. De hecho el protagonista real es el Surfer y los antagonistas son Scrier y The Other, dos poderosísimas entidades cósmicas a las que el heraldo de Galactus ya conocía de la época en que DeMatteis escribía su serie regular. La historia tiene mucho ritmo, un cierto regusto ochentoso y muchos bloques de texto muy bien escritos. La banco a full, con dos salvedades: 1) Sobra la machaca. Todo el conflicto se podría haber resuelto sin revolear una sóla trompada (ni un martillazo), y si están todas esas escenas en las que Thor y el Surfer combaten a esos aliens flacuchos, es sin dudas para cumplir con el decálogo del comic de superhéroes, que exige peleas en todas las aventuras. 2) Sobra Thor. Absolutamente todo lo que cuenta DeMatteis se podría contar sin involucrar al Dios del trueno, sólo con el Surfer, o mejor todavía, sólo con Galactus.
Y mirámelo a Richard Elson... No sólo pasó de suplente a titular en JiM, sino que logró que su annual de Thor (irrelevante en el contexto general de lo que sucedía en las series regulares ambientadas en Asgard) se recopilara junto con The Manchester Gods. Su trabajo junto a Gillen no varía mucho de lo que vimos en el tomo anterior. Es correcto, pero le falta onda e identidad. En las 44 páginas junto a DeMatteis, Elson muta levemente su estilo para parecerse bastante a Jim Starlin, capo de la machaca cósmica, al que el inglés le copia (no literalmente) muchos trucos de puesta en página y hasta de composición de las viñetas. Mirado muy de lejos, este comic parece dibujado por Starlin, con menos horrores de anatomía, claro. Y lo otro que le da al annual de Thor rasgos propios, muy distintos de los de JiM, es el espectacular trabajo de los coloristas Morry Hollowell y Will Quintana, que realzan los dibujos de Elson hasta el infinito y más allá con todo tipo de efectos de altísimo impacto visual. Todo lo chato o adocenado que pueda parecer el dibujo, lo levanta la magia del color.
En síntesis, no me hice hardcore fan de Kieron Gillen como para comprarle todos los comics en los que mete mano, pero estuvo bueno descubrir a un guionista decididamente distinto, con otra forma de encarar este tipo de relatos. La próxima vez que genere un proyecto atractivo y con buenos dibujantes, cuenta con mis manguitos. Y aguante Loki que –a pesar de las muchas derrotas cosechadas a lo largo de las décadas- ya era un villano de infinita chapa mucho antes de Tom Hiddleston y su notable performance en la pantalla grande.
Esta vez, el joven Loki y Leah caen en Inglaterra (en realidad, en la dimensión en la que se manifiesta el inconsciente de Inglaterra) para una historia simple (a pesar de estar llena de elementos míticos y místicos), que va todo el tiempo para adelante, y en la que Gillen encuentra un rinconcito donde meter una aguda reflexión sobre su país y el rol que cumplió en la modernización del mundo. También, ya que está, trae de vuelta a Daimon Hellstrom (se ve que recibió buen feedback tras la aparición del Son of Satan en el arco anterior) y mete dos homenajes, uno muy sutil y uno muy cabeza, al maestro, al referente de todos los guionistas británicos, el glorioso Alan Moore.
La etapa del joven Loki como protagonista de su propia serie cierra con la dosis exacta de ambigüedad, como para mantener intacta la intriga inicial. ¿Qué onda este nuevo Loki? ¿Le podemos creer que está buscando la redención? ¿O estamos seguros de que las cagadas que se manda no son fruto de la mala suerte sino de una perversa y calculada intención de complicarle la vida a los otros asgardianos? Gillen deja abierto el interrogante y sobre el final le cobra cara a Loki una de sus runflas más sombrías, el acueste que le hizo a Hela en el Vol.2.
Y como con las 64 páginas de The Manchester Gods no se llena un TPB, a alguien se le ocurrió complementar este tomo con un annual de Thor, escrito por J.M. DeMatteis, que lo único que tiene en común con JiM es que está dibujado por Richard Elson. La aventura de Thor es cósmica, grandilocuente, e involucra a Galactus y al Silver Surfer. De hecho el protagonista real es el Surfer y los antagonistas son Scrier y The Other, dos poderosísimas entidades cósmicas a las que el heraldo de Galactus ya conocía de la época en que DeMatteis escribía su serie regular. La historia tiene mucho ritmo, un cierto regusto ochentoso y muchos bloques de texto muy bien escritos. La banco a full, con dos salvedades: 1) Sobra la machaca. Todo el conflicto se podría haber resuelto sin revolear una sóla trompada (ni un martillazo), y si están todas esas escenas en las que Thor y el Surfer combaten a esos aliens flacuchos, es sin dudas para cumplir con el decálogo del comic de superhéroes, que exige peleas en todas las aventuras. 2) Sobra Thor. Absolutamente todo lo que cuenta DeMatteis se podría contar sin involucrar al Dios del trueno, sólo con el Surfer, o mejor todavía, sólo con Galactus.
Y mirámelo a Richard Elson... No sólo pasó de suplente a titular en JiM, sino que logró que su annual de Thor (irrelevante en el contexto general de lo que sucedía en las series regulares ambientadas en Asgard) se recopilara junto con The Manchester Gods. Su trabajo junto a Gillen no varía mucho de lo que vimos en el tomo anterior. Es correcto, pero le falta onda e identidad. En las 44 páginas junto a DeMatteis, Elson muta levemente su estilo para parecerse bastante a Jim Starlin, capo de la machaca cósmica, al que el inglés le copia (no literalmente) muchos trucos de puesta en página y hasta de composición de las viñetas. Mirado muy de lejos, este comic parece dibujado por Starlin, con menos horrores de anatomía, claro. Y lo otro que le da al annual de Thor rasgos propios, muy distintos de los de JiM, es el espectacular trabajo de los coloristas Morry Hollowell y Will Quintana, que realzan los dibujos de Elson hasta el infinito y más allá con todo tipo de efectos de altísimo impacto visual. Todo lo chato o adocenado que pueda parecer el dibujo, lo levanta la magia del color.
En síntesis, no me hice hardcore fan de Kieron Gillen como para comprarle todos los comics en los que mete mano, pero estuvo bueno descubrir a un guionista decididamente distinto, con otra forma de encarar este tipo de relatos. La próxima vez que genere un proyecto atractivo y con buenos dibujantes, cuenta con mis manguitos. Y aguante Loki que –a pesar de las muchas derrotas cosechadas a lo largo de las décadas- ya era un villano de infinita chapa mucho antes de Tom Hiddleston y su notable performance en la pantalla grande.
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viernes, 6 de enero de 2012
06/ 01: DC COMICS PRESENTS METAL MEN
Volvieron las historietas! Hace unos meses, DC nos ofreció a los que seguimos su línea de TPBs para pobres (que en los últimos meses viene medio desactivada) 100 páginas con una consigna más que atractiva: los Metal Men de Kevin Maguire.
Las primeras 22 páginas las dibujó el ídolo allá por 2000, cuando DC armó el evento de quinta semana conocido como Silver Age. Uno de los one-shots fue The Brave & the Bold y contó con un guión del veterano Bob Haney, el tipo que creaba esas historias bizarras e inexplicables en los ´60 y ´70, ¿te acordás? Si no, buscá la etiqueta de Haney, o la reseña en la página 88 del primer libro del blog. Acá el team-up es entre los Metal Men y Batman, pero Batman en realidad es el Penguin, que está usurpando el cuerpo del héroe. Engañados por el villano, los Metal Men harán lo imposible por detener a Catwoman y Felix Faust, cuyos cuerpos están habitados por las mentes de Green Arrow y Black Canary. Por suerte, Haney aprovecha esta atípica situación para jugar a la comedia de enredos y todo el tiempo queda claro que es todo bastante en joda. Fiel a su costumbre, no se calienta demasiado por ahondar en las personalidades de los robots del Doctor Magnus, que están apenas definidos, con brocha gruesa, palo y a la bolsa. De todos modos, la historia se hace bastante más entretenida que la The Brave & the Bold promedio de la etapa en que Haney la escribía todos los meses.
Y después viene la pulenta. Todo el resto del TPB para pobres está compuesto por los back-ups de Metal Men que salieron en la revista Doom Patrol entre 2009 y 2010. Y acá se va todo a la mierda, porque el maestro Maguire forma equipo con... Keith Giffen y J.M. DeMatteis! Sí, el Trío Terrible está de vuelta, y en historietitas de 8 ó 10 páginas y con personajes de la B Metropolitana, también dan cátedra de comedia superheroica, como en los tiempos de la JLI. Acá las aventuras son chiquitas, redonditas y varias veces terminan en estrepitosos fracasos para los héroes. Pero claro, a nadie le importa, porque la gracia está en los diálogos, repletos de chistes brillantes, y en la interacción entre los personajes, a los que –ahora sí- les sobra onda y personalidad. Gold se pasa de canchero, Iron se hace especialista en cultura pop, Tina está re-alzada con el Doc Magnus, Copper –la nueva chica del grupo- se esfuerza por lucirse y cumplir todas las órdenes mientras el resto la ningunea... y así. Hay villanos más cómicos y villanos más serios, pero la comedia no descansa un segundo.
Lo único medio lamentable es que en estas historietas cortitas tanto los plots como los diálogos están muy pasados de rosca. Entonces, Maguire se ve obligado a dibujar páginas con muchísimas viñetas (hay hasta 16 en una sóla página) y –lógicamente- eso le resta lucimiento a sus maravillosos dibujos, que además él mismo entinta. El resultado son largas sucesiones de viñetas microscópicas, repletas de personajes (porque además tenemos ocho protagonistas), en las que la magia de Maguire se ve y se disfruta, pero también se nota que está muy contenida. Por suerte es un tipo acostumbrado a dibujar en espacios chicos y además, cuando el guión viene de Giffen y DeMatteis, sabés que el recurso de los miles de cuadritos minúsculos va a ser usado en función del timing de comedia que estos tres turros manejan de taquito.
Si te gustan los Metal Men, seguro ya te lo compraste. Si te gusta el Trío Terrible, no te lo pierdas ni drogado. Y si te gusta cómo dibuja Maguire acá vas a ver clarito cómo cambió su estilo (creo que para mejor) de 2000 a 2010 y cómo se adapta perfectamente a guiones de pocos cuadros por página o de miles de cuadros por página sin bajar nunca su increíble nivel. Power metal!
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domingo, 12 de junio de 2011
12/ 06: GREENBERG THE VAMPIRE

Además de tener buenos equipos creativos en casi todas las series regulares, la Segunda Era de Oro de Marvel tenía un bonus track maravilloso: las novelas gráficas. Es cierto, salían muchas y si hubiesen salido menos el nivel habría sido mejor. Pero también, porque la idea era sacar muchas, se le daba luz verde a propuestas raras, a cosas que no tenían nada que ver con el mainstream, ni siquiera con las temáticas de fantasía y ciencia-ficción que se desarrollaban mayoritariamente en el sello Epic. Greenberg the Vampire es una de esas bizarreadas, publicada en el fundamental 1986 y aprobada seguramente por la chapa que tenía por ese entonces el guionista, J.M. DeMatteis, tanto entre los fans de Marvel como entre los de Epic.
El título es bastante engañoso. Oscar Greenberg es vampiro, es cierto, y DeMatteis nos presenta eso como una rareza. Pero no como la recontra-anormalidad en torno a la cual gira la obra. Es vampiro como podría ser mormón, gastroenterólogo, o rosarino hincha de Banfield. El elemento sobrenatural -que convive y se complementa muy bien con el slice of life que gobierna a la novela- no tiene que ver con que Oscar es un no-muerto, sino con una entidad demoníaca que busca desde hace años corromper su alma. El conflicto grosso es ese: Lilith quiere corromper a Greenberg y para lograrlo va a crear engañifas, trampas, y hasta a poseer a su sobrino Morry, que es el que más entiende y banca a su conflictivo tío. Al final, como en tantas historietas de DeMatteis, ganará el amor, que se manifestará como una energía más poderosa que el mal y la corrupción, aunque no de la muerte. Uno de los personajes secundarios con más peso en la trama no llegará a la última página.
Greenberg, además de vampiro es escritor, pero hace años que no pega un hitazo. La inspiración se le fue, lo que escribe le parece una mierda, y lleva mucho tiempo recluído, lejos de las cámaras y los flashes, en parte para que no se haga pública su condición de vampiro. Ahí, la historia es más “normal”. El argumento del escritor excéntrico que vive de glorias pasadas y le escapa a la prensa y los fans seguro ya lo leíste en otras novelas, comics o películas. DeMatteis lo desdramatiza, al punto que de esta situación se disparan los momentos más graciosos de la novela, potenciados por la relación de Oscar con su novia (que también es chupasangre), con su familia, y sobre todo con su idishe mame, que como toda mamá judía lo sobreprotege y lo agasaja como si fuera el verdadero mesías. En esta dinámica entre comedia familiar judía, desventuras de un escritor en decadencia, historia de amor entre vampiros y peligro sobrenatural con el alma del protagonista en juego, se construye una historia rara, amena, intensa, impredecible y que sólo decae cuando DeMatteis frena la narrativa gráfica para mostrarnos extensos fragmentos de las novelas o guiones que Oscar está escribiendo. Ahí, la recomendación es leer salteadito, una frase de cada párrafo, porque si no se hace muy aburrido.
Por el lado del dibujo lo tenemos al siempre innovador Mark Badger, artista bastante resistido por buena parte del fandom, que acá tiene la posibilidad de trabajar a color directo. Y le saca a esa posibilidad un jugo raro, pero rico. El dibujo esquemático, apretadito, medio freak de Badger, se combina con un trabajo de color bastante extremo, lleno de riesgos bien tomados , con páginas en las que el expresionismo estalla con trucos y saltos al vacío típicos de los dibujantes del estilo pictórico tan en boga en los ´80, con los que Badger no tiene nada que ver. Pero la bizarreada le sale bien, sobre todo cuando el color le gana protagonismo a la línea negra y asume el rol de definir las formas de todo lo que aparece en las viñetas. Se me ocurren no menos de 15 dibujantes que podrían haber metido mano en este guión con mejores resultados, pero lo de Badger es muy digno, y además el tipo siempre tuvo una conexión muy especial con DeMatteis.
En el contexto de 1986, en el que a lo largo y a lo ancho la industria del comic yanki aparecían una joya atrás de otra, Greenberg the Vampire no entra ni a la Copa Sudamericana. Pero en el contexto de hoy, cuando Marvel se recluyó prácticamente en el género de los superhéroes y en los dibujantes que reciclan fotos, esto sería considerado una obra de vanguardia, un comic experimental a todo o nada al que la crítica seguramente le daría mucha más bola de la que le dio en 1986. Y la verdad es que se lo merecería, porque es un gran comic.
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martes, 21 de diciembre de 2010
21/ 12: BLOOD: A TALE

Seguimos por la ruta de Nosferatu y nos encontramos con otra historia de vampiros que –al igual que Yo, Vampiro- se parece poco a la típica historia de vampiros. No le pongo la etiqueta de Vertigo, porque Vertigo se limitó a reeditar un comic que se realizó en los ´80 para el sello Epic, de Marvel, y sobre el cual –felizmente- los autores pudieron retener los derechos para reeditarlo cuando y donde quisieran.
El guión de J.M. DeMatteis es más raro que bueno. A ver, cómo lo cuenta es brillante. Como en Moonshadow, cada texto es una gloria, sin nada que envidiarle a los más grossos de la literatura y la poesía. Cada palabra está pensada para conmover, para transmitir belleza, para detonarte la mente. Hay metáforas, simbolismos, parábolas, diálogos hermosos, sentencias definitivas, un final redondo… Todo es realmente delicioso y muy, muy difícil de hacer. El tema entonces, no es cómo cuenta, sino lo que cuenta Blood: A Tale. Y lo que cuenta es, básicamente la vida de un tipo que aparece en un mar de sangre cuando es bebé, crece, recorre el mundo, lo bautizan Blood, lo inician a medias en unos misterios que no sabemos bien cuáles son, encuentra a una mujer que se llama Mujer, que le explica que es vampiro, vaga con ella por varios parajes, se enfrenta ocasionalmente a otros vampiros, pierde a su mujer justo cuando esta le da un hijo y al final… nah, no te puedo contar el final.
Pero lo importante es que no hay un conflicto fuerte. No se termina de entender (o de enfatizar) qué hacen Blood y Woman, por qué, a dónde van, qué buscan. Todo se pierde en el clásico chamuyo místico de DeMatteis, del amor, la bendición, la canción que canta el cosmos, que tantas veces metió en tantos comics, casi siempre con tristísimos resultados. Acá, de todos modos, tiene momentos muy logrados, como la secuencia en la que Blood reencarna en nuestra era y vive una vida normal, como cualquier hombre de cualquier ciudad de los ´80. Vive sólo 54 años, y DeMatteis nos los muestra en apenas 16 páginas, tal vez para hacernos reflexionar sobre el acelere ridículo de nuestras efímeras vidas como mortales. Por ahí a ese tramo se le podía sacar más jugo, en el contrapunto entre este ser casi mítico, hecho de misterios y saberes ancestrales, y el mundo real y racional en el que los vampiros no existen. Igual acá tampoco hay una estructura dramática fuerte, una razón clara por la cual pasa lo que pasa. Me molesta transmitir la idea de que el guión es choto, porque realmente está obscenamente bien escrito. Pero como historia se pasa tanto de vanguardista que termina por hacer agua. Mucha agua.
Para acompañar al lirismo inspiradísimo de DeMatteis, en el arte tenemos a otro virtuoso, a otro poeta del estilo pictórico: Kent Williams. Con sus genialidades (muchas, varias de las cuales veremos años más tarde en trabajos de David Mack, Ben Templesmith y otros grossos) y también con sus problemas, que son básicamente dos: las torpezas en materia de narrativa (muchas), y la mala idea de combinar la influencia de Frank Frazetta (maestro de los maestros) con la de otra bestia, Jeffrey Jones, un dibujante vanguardista de los ´70 que después se operó para cambiar de sexo y ahora se llama Catherine. Jones dibuja que da miedo, maneja los climas como pocos y el plumín como nadie. Pero es aburridísimo a la hora de contar. Leés dos páginas de cualquier historieta de Jeff Jones y te dormís, de una (sí, la que le escribió Gaiman también). Y Kent Williams, al cebarse con Jones, se termina metiendo en los mismos berenjenales que él/ella, con los efectos soporíferos ya mencionados. De la paleta de Williams brotan un montón de imágenes hermosísimas (con el power sugestivo de Frazetta y el vuelo poético finoli de Jones), pero casi nunca llega a articularlas para convertirlas en la base de una narración ganchera.
O sea que Blood: A Tale tiene por un lado textos gloriosos y por el otro imágenes majestuosas, pero como historieta, como amalgama entre esas dos cosas, no termina de cuajar. Una lástima.
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sábado, 8 de mayo de 2010
08/ 05: DEFENDERS: INDEFENSIBLE

Después de unos años en los que les costó horrores no sólo pegar un hit, sino que les dieran un mínimo de pelota, el Trío Terrible integrado por Keith Giffen, J.M. DeMatteis y Kevin Maguire volvió a impactar allá por 2004 con una mini en joda de la Justice League, y fue tan grossa que generó, además de una secuela en DC, el bizarro experimento de aplicarle esa misma fórmula a un grupo de Marvel.
El resultado es absolutamente desopilante. No se me ocurre otro comic de Marvel con el que me haya reído tanto. Pero claro, todo el tiempo está esa sensación de que esto no cierra por ningún lado. Esos Defenders NO SON los Defenders que vimos todas estas décadas en el Universo Marvel, ese Dormammu y esa Umar tampoco son “los verdaderos”. Esto está claramente fuera de continuidad, es una jodita para los fans de la Liga, que se querían divertir con versiones alternativas y cómicas de los íconos (o casi) de la editorial de enfrente.
Es que si no, no se sostiene. Imaginate que esto fuera posta… ¿Cómo volvés a leer una historia con Dormammu sin tomártelo en joda? Los gastes que se come el otrora omnipotente dictador de la Dimensión Oscura son tan despiadados y te hacen reir tanto, que el villano queda totalmente inhabilitado como amenaza para futuras sagas. El rol del Silver Surfer también, es totalmente incompatible con cualquier intento de hacer de Norrin Rad un personaje noble, serio o mínimamente respetable. Y el resto de los protagonistas están totalmente exagerados, casi caricaturizados: Umar se pasa de yiro maléfico y además de sus clásicas runflas con Dormammu (que obviamente se rompen cuando se traicionan entre ellos) suma el costado lujurioso, al revolcarse nada menos que con Hulk, en escenas que, leídas con un mínimo de imaginación, “muestran” cosas muy, muy zarpadas. La caracterización de Hulk también va para el lado de la exageración: es el Hulk más idiota y básico de la historia, mientras que Banner es un cagón insoportable. El Dr. Strange se pasa de soberbio y abusa de los términos sofisticados y grandilocuentes, y Namor le hace el aguante al Doc en el rubro Soberbia, mientras no para de hablar un segundo acerca de su heroismo, su nobleza, su dignidad y la pleitesía que debe rendírsele por su status de monarca de Atlantis.
Con tanto estereotipo pasado de rosca, la diversión estaría asegurada incluso cuando el argumento fuera pobre. Pero no lo es. Indefensible nos narra una aventura intensa y compleja en el seno del reino de Dormammu, donde empieza a surgir una rebelión contra el tirano, a la que los Defenders tratarán de llevar a buen puerto. En el medio se encontrarán con versiones dark de ellos mismos, y de un montón de otros héroes de “nuestra” dimensión, entre muchos otros peligros místicos que pondrán a prueba la fuerza, el ingenio y –lo más difícil- la capacidad de laburar en equipo de los héroes. Todo eso, mientras se suceden los chistes y los gastes entre tipos cuyo principal defecto es tomarse demasiado en serio a sí mismos.
Como en la etapa gloriosa de la Liga, tenemos MUCHAS páginas repletas de diálogos, que requieren que Maguire dibuje 12 ó 15 viñetas en cada una, y cuadros llenos de texto, donde queda poco espacio para el lucimiento del dibujo. Pero Maguire igual se luce, en puestas alucinantes y arriesgadas, en splash pages imponentes, en viñetas microscópicas con cabecitas que hablan… En absolutamente todos los pasajes del libro, el grosso respeta la planificación que crea Giffen en sus bocetos y la convierte en una cátedra de dibujo, con una anatomía impecable, excelentes fondos, y su marca de fábrica, que son las expresiones faciales, esas que nos hacen ver a los personajes como actores… o aún más, como GRANDES actores. Los diseños de las versiones dark de los héroes de Marvel son impresionantes y las coreografías de las peleas (tanto físicas como místicas) están logradísimas.
Y bueno, si te ponés en purista, Indefensible te va a provocar una indignación de la que no se vuelve. Pero si te animás a tomar esto como un Elseworlds en el que personajes serios y pesuttis como Namor, Dr. Strange o Dormammu se animan a hacer el ridículo durante 120 páginas, te vas a cagar de la risa, mal. Y si jamás leíste comics de Marvel, pero tenés en tu altar de las Joyas Inenarrables a la época en que el Trío Terrible convirtió a la Liga en una fiesta interminable, este es un buen lugar por donde entrar a visitar a los muchachos de enfrente.
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