el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 9 de septiembre de 2024

CUENTA REGRESIVA

Ahora sí, hasta las bolas... Ya estoy en la cuenta regresiva rumbo a las vacaciones, con mil cosas para dejar resueltas antes de irme. El viernes a la tarde me voy a Montevideo, a participar el sábado 14 de Montevideo Comics. No tengo prevista ninguna actividad oficial, pero va a estar Paco Roca y lo quiero conocer. El domingo tipo 11 AM vuelvo a Buenos Aires, paso por casa un rato y a las 8 PM tengo el vuelo a New York, que es donde empiezan las vacaciones. Va a ser un finde intenso, y los días previos también están picantitos, así que nunca sé con certeza cuándo voy a volver a tener un rato para postear en el blog. Lo único seguro es que volvemos a la "normalidad" el 9 de Octubre. Pero vamos al grano. Llegué al final de la saga A Nation Under Our Feet, que se extendió (innecesariamente) a lo largo de 12 números y tres TPBs de Black Panther, en lo que fuera el inicio de la etapa de Ta-Nehisi Coates al frente de un personaje que me encanta. Y no, no están bien resueltos los conflictos que planteo el guionista a lo largo del arco argumental. Los "buenos" liquidan todo muy rápido, se simplifica mucho y de golpe la compleja trama política que se había urdido en los tomos anteriores y encima el desarrollo es lento, protocolar, parsimonioso... Casi no hay acción en cuatro números de un comic de superhéroes, lo cual no está necesariamente mal, pero Coates la reemplaza con diálogos infinitos, que se hacen cada vez más aburridos. Encima, pobre flaco, esta vez -para engordar el TPB- le meten como complemento 48 páginas levantadas de distintos números de New Avengers, aquella serie que escribía Jonathan Hickman y en la que Black Panther tenía un rol destacadísimo (por no decir que era el verdadero protagonista). Acá vemos con total claridad cómo Hickman (incluso con un dibujante mucho más pedorro que las bestias salvajes que acompañan a Coates) presenta un equilibrio mucho más logrado entre introspección, desarrollo de personajes, rosca política y machaca a todo o nada, con conflictos impactantes, villanos jodidos como enema de chimichurri, diálogos afilados y un in crescendo de emociones. Hasta detalles menores, como la integración con el resto del Universo Marvel, está mucho mejor logrado en el arco de New Avengers. Y queda por destacar a los dibujantes que tuvo Coates en ese primer año al frente de Black Panther. En este tomito vuelve Brian Stelfreeze y la destruye toda, sobre todo en las páginas del nº12 que le toca dibujar. Hasta un dibujante de bueno para arriba, como es Chris Sprouse, queda sumamente opacado por Stelfreeze cuando sale decidido a pelar sin guardarse nada. Sprouse también tiene alguna que otra página notable, y ambos están potenciados por un excelente trabajo de la colorista Laura Martin. Obviamente cerrás el libro y te ponés a rezar para que Stelfreeze vuelva alguna vez a dibujar a T´Challa, en lo posible en una historia autoconclusiva (una novela gráfica, ponele) en la que pueda encargarse de TODAS las páginas, y en lo posible con guiones más atractivos. Y bueno, este relanzamiento de Black Panther resultó no ser para mí. Por suerte hay muchos más...
En 2017 y después de muchos años, el maestro Lorenzo Mattotti se volvió a juntar con el guionista Jerry Kramsky y lanzaron Guirlanda, una bestial novela gráfica de casi 400 páginas, que se editó en formato de lujo (en Francia) y valía fortunas. Felizmente, en 2023 se reeditó en formato nacional y popular, más chiquito y con papel choto, y la conseguí muy barata en una comiquería de Bélgica. Guirlanda es algo así como "el manga de Mattotti". Tiene casi 400 páginas, es en blanco y negro, las páginas tienen pocas viñetas (nunca más de cuatro) y está todo narrado en función del dibujo y de la acción. Por momentos, parece que estás viendo una película (casi seguro de Hayao Miyazaki), porque el relato fluye a ese ritmo, muy apoyado en el movimiento de los personajes. Hay diálogos y no son superfluos ni excesivamente simples, pero no es ahí donde se sostiene la alucinante experiencia de leer Guirlanda. Todo transcurre en una tierra imaginaria, poblada por criaturas fantásticas, mezcla de los Schtroumpfs y los Moomin, una cultura pacífica, integrada a la naturaleza de su hábitat y regida por un shaman copado llamado Zacharie. Pero a lo largo de casi toda la historia los protagonistas son Hippolyte (el hijo de Zacharie) y su esposa, gente buena, sencilla, unida por fuertes vínculos de amor y solidaridad. Con el nacimiento de Albine, la hijita de la pareja, la cosa se va a empezar a complicar y Guirlande se va a conventir en una aventura con visos épicos, en los que habrá persecuciones, escapes imposibles, muertes, resurrecciones, revoluciones, linchamientos, combates y personajes que pelan poderes imposibles. Una aventura con un pulso intenso, con unos niveles de fantasía altísimos (y que no paran de crecer), que le habría encantado firmar a la dupla de Alejandro Jodorowsky y Moebius. El relato arranca un poquito lento, con muchas páginas dedicadas a la contemplación de este universo alucinado, pero ya para la página 60, Kramsky y Mattotti ponen segunda y los personajes se empiezan a enroscar en un frenesí de peripecias que te atrapa hasta la última página, mientras el genio milanés puebla al mundo de Hippolyte y su familia con toda clase de criaturas imposibles, una más zarpada que la otra. En cuanto al dibujo de Mattotti... ¿qué decir, no? Allá por el 16/05/11 yo me deshacía en babas y elogios en la reseña de Stigmata, otra obra del ídolo en blanco y negro, pero de 1994. Bueno, en Guirlanda dibuja todavía mejor. El diseño de los personajes tiene algo de Max, y el trazo, mágico, fuera de control, demasiado hermoso para ser real, tiene bastante de Carlos Nine. Estamos ante un nivel de virtuosismo gráfico impensado, una generosidad y una belleza en cada dibujo, en cada composición, que te dejan sin aliento. Cuadros y cuadros para recortar, ampliar y colgar en cualquier museo (y dejar en ridículo a todo tipo de artistas, plásticos o gráficos, no importa). Los coqueteos de Mattotti con la animación le sirvieron para soltar todavía más la mano, pero además en Guirlanda entra en juego como nunca antes la imaginación, el delirio, la falta absoluta de reglas a la hora de crear personajes, escenarios, fauna, vegetación... Mattotti inventa todo desde cero y lo adorna con unas texturas imposibles, que deberían venir con el cartelito de advertencia de "Chicos, no intenten esto en sus casas". Y sí, el guion de Kramsky es entretenido, emotivo, cautivante, pero podría no estar y Guirlanda igual sería una obra maestra, simplemente por lo que dibuja Mattotti en estas páginas. Me parece que nadie la tradujo al castellano, pero ya va siendo hora... y si no, recomiendo aprender italiano o francés para poder acceder a esta maravilla del Noveno Arte. Nada más, por hoy. Espero poder volver por acá antes de la pausa.

lunes, 2 de septiembre de 2024

NOCHE DE LUNES

Casi siempre, cuando estoy por redactar la reseña de un Vol.2 que continúa de un Vol.1 que leí hace mucho tiempo, busco en el blog la reseña del Vol.1, para ver qué me había parecido. Hoy tengo para reseñar el Vol.2 de Black Panther de Ta-Nehisi Coates, una serie cuyo Vol.1 tuvo reseña alá por el 22/10/19, así que busqué ese texto... y no puedo creer cómo escribí hace casi cinco años EXACTAMENTE lo mismo que pensaba escribir hoy acerca del Vol.2. Es una sensación horrible... entre otras cosas porque me parece totalmente al pedo ponerme a escribir hoy lo mismo que escribí el 22/10/19... pero es así. Todos los problemas que le encontré al Vol.1, están en el Vol.2. Hasta la chanchada de engordar el TPB con chotocientas páginas de bocetos, fragmentos de los guiones, portadas alternativas, reediciones de historietas antiguas (acá hay dos episodios de Don McGregor y Rich Buckler de los que están en el Essential, reseñado el 13/12/12). Y también están los mismos puntos altos, que me hicieron comprar un segundo (y un tercer) tomo. ¿Por qué me gustó menos este tomo que el anterior? Porque me pareció absurda esa pelea en la que el villano y sus adláteres le ganan con mínimo esfuerzo a los cuatro superhéroes que acuden en auxilio de T´Challa (incluso cuando uno de ellos es Storm, a la que le sobra poder para pulverizar en segundos a todos esos malvivientes) y porque pensé que alguno de los problemas que mostraban los primeros guiones de Coates se iban a solucionar con el correr de los episodios, y eso no sucedió. No acomodó la cantidad de texto (que sigue muy por encima de lo que normalmente se escribe en un comic book del Siglo XXI), no logró ensamblar bien la trama política con la acción y la machaca, se estiró demasiado lo de Shuri... lo único que más o menos que gustó fue que apareciera Manifold, que es un personaje interesante, nunca explotado en toda su dimensión. El dibujo también está un escalón por debajo de lo visto en el Vol.1. Esta vez, en lugar de Brian Stelfreeze tenemos a Chris Sprouse, que es un gran dibujante, pero acá está como muy contenido, muy frío. Le falta salvajada, pasión, fuerza primal. Son páginas correctas, pero me parece que si les sacás los colores de Laura Martin se desploman por su propia corrección. Me queda sin leer el Vol.3 (trataré de entrarle antes del parate de las vacaciones) y si esto sigue así, con dolor en el alma se irán los tres tomitos en busca de un nuevo dueño que los disfrute más de lo que los disfruté yo.
Me vengo a Argentina, año 2024, para hablar un poquito de Así Mataban, la antología coordinada por Héctor Bellagamba, autor además de los guiones de todas las historietas que la componen. Conocía muy poco de la obra de Bellagamba: para mí era uno de esos guionistas que hacían historietas "de relleno" para las antologías de Columba de los ´80 y ´90. Acá me encontré con un autor muy comprometido con las consignas de Verdad, Memoria y Justicia, banderas fundamentales para la existencia pacífica y democrática de nuestro país, con las que hoy se limpian el ojete más de un canalla en altos cargos ejecutivos. Los relatos de Bellagamba tienen el mismo "problema" que cualquier otro relato documental, o periodístico: no son fruto de la imaginación o la creatividad del autor, sino de testimonios cuidadosamente reunidos y volcados luego a los guiones. Entonces todavía no sé si Bellagamba es buen guionista. Sé que los diálogos están bien, suenan reales, y que la investigación de los casos que narra es exhaustiva e inapelable. Pero me dieron ganas de leer más historietas de ficción de este autor, a ver qué onda. Como suele suceder cuando aparecen relatos testimoniales que nos recuerdan las atrocidades de los años ´70, las historietas de Así Mataban nos sacuden con imágenes crudas y desgarradoras de secuestros, torturas, asesinatos y demás crímenes de lesa humanidad perpetrados por unos hijos de 8000 putas que se creían impunes. Es algo que no se morigera por haberlo visto o leído mil veces. Sigue causando el mismo impacto, el mismo asco, la misma impotencia. Y claro, los encargados de poner en imágenes esos hechos aberrantes son los dibujantes. Acá hay ocho distintos, y cada uno plasma estas situaciones en su estilo personal, sin hacer ningún tipo de concesiones. Para mi gusto, los que la rompen toda, los que realmente me conmovieron con sus dibujos, son Marcelo Basile y Edu Molina, este último a cargo de una historieta/ crónica documental ambientada no en los ´70, sino a principios de los ´90. Además, la historieta de Edu es la más larga, así que hay una buena cantidad de páginas a cargo de un monstruo que deja la vida en cada viñeta. Después hay dos que no me convencieron, que son Juan Romera y Ezequiel Rosingana, y cuatro muy dignos, que sin descollar ni hacerme detonar las retinas, me ofrecieron trabajos correctos, de buen nivel. Me refiero a los maestros Gerardo Canelo, Sergio Ibáñez, Enri Santana y Fabián Mezquita. Obviamente no es este el libro donde los dibujantes vienen a lucirse, porque me imagino que la gente lo compra por la temática, y por el carácter documental de las historias. Entonces medio que da lo mismo si entregás un trabajo sublime, o uno apenas cumplidor. Con eso en mente, hay que aplaudir a todos los dibujantes, porque -repito, cada uno en su estilo- ninguno se tiró a chanta. Pero los que realmente trascendieron las consignas y le inyectaron arte y poesía al horror que les tocó retratar fueron Basile y Molina. Si te sentís interpelado o conmovido cuando te cuentan que en Argentina hubo grupos parapoliciales dedicados a secuestrar, robar, violar, torturar y matar, que recibían órdenes del propio Estado, que contaban con la complicidad de medios de comunicación, autoridades eclesiásticas, potencias extranjeras y parte del empresariado, ya sabés que las crónicas de aquellos sucesos son dolorosas pero necesarias. Hace 50 años, hoy, siempre. Son cosas que no se pueden barrer abajo de la alfombra, ni olvidarnos, ni decir "yo no sabía porque nací después del ´83". Por eso es tan importante que existan libros como Así Mataban, que hagan presente los momentos más oscuros del pasado. Y si encima se hace bien, con historietas que se leen bien y se ven bien, mucho mejor. Este libro tiene un "nº1" en su portada. Ojalá que para el nº2 no tenga que ser Héctor Bellagamba quien ponga la guita para editarlo, sino que haya varios editores interesados en sumar a su catálogo nuevas entregas de esta impactante antología. Y hasta acá llegamos hoy. Estoy a full preparando contenidos para el sitio web y el canal de YouTube, para que no falte material durante las semanas en las que voy a estar lejos de mi escritorio, por eso estoy leyendo pocos comics... Pero ni bien pueda, reaparezco por acá con nuevas reseñas. Gracias y hasta entonces.

martes, 22 de octubre de 2019

MARTES PRIMAVERAL

Ya no falta nada para las elecciones… y vos sabés lo que tenés que hacer el domingo. No te lo tengo que explicar yo.
Lo mío hoy es avanzar con las reseñas del material que voy leyendo, y para eso empiezo con el Vol.1 de Black Panther de Ta-Nehisi Coates y Brian Stelfreeze, un recopilatorio bastante ladri, porque (en parte debido al gran éxito que tuvo esta serie cuando se empezó a publicar en revistitas) incluye sólo cuatro episodios. El resto del TPB tiene bocetos, infinitas portadas alternativas, una cronología con las historias más relevantes del personaje y la enésima reedición de la clásica Fantastic Four nº52, aquella aventura de 1966 en la que Stan Lee y Jack Kirby nos narraban el primer encuentro entre T´Challa y el cuarteto liderado por Reed Richards.
Pero vamos a lo importante, que son esas 82 páginas de historieta con las que empieza la saga titulada A Nation Under Our Feet. La idea de Coates me pareció atractiva: más política, más intriga palaciega, mucho énfasis en la faceta más africana de Wakanda, la sana intención de meter menos machaca, menos ciencia-ficción y más profundidad filosófica en los conflictos, junto a un desarrollo en serio de personajes hasta ahora apenas explorados por los guionistas que lo precedieron. El problema es cómo está presentado todo esto: Coates pone a cocinar una trama a fuego lento, muy lento, de modo que en cada episodio no pasa prácticamente nada. La aventura es mínima, marginal, y el núcleo de la historia se ve sepultada bajo toneladas de diálogos muy protocolares, mezcladas con escenas de corte místico, donde Coates también apunta a subrayar el clima ominoso, el “se va todo a la mierda”, pero de modo bastante aburrido. T´Challa casi no entra en acción, Shuri está en una especie de limbo entre la muerte y la resurrección, la identidad del villano se nos revela dos páginas antes del final y sinceramente ninguno de los personajes a los que Coates trata de potenciar me impactó o me conmovió como aquel Everett K. Ross que nos regaló Christopher Priest cuando se hizo cargo de las aventuras del monarca de Wakanda.
Supongo que si alguna vez veo barato el Vol.2 me lo voy a comprar, para ver cómo sigue la historia. Como dije, la impronta política me llamó mucho la atención y (si bien por ahora no está bien integrada al ritmo que uno espera cuando compra un comic de chabones musculosos enmascarados) es un condimento muy notable que distingue bastante a esta serie del grueso de los títulos del mainstream. Además el dibujo de Stelfreeze está buenísimo, bien afilado, vigoroso, dinámico, potenciado al mango por la magia cromática de Laura Martin. Y lo más importante: soy fan hace mil años de Black Panther, mucho antes de que una peli de Hollywood lo elevara al status icónico del que goza hoy. Así que a Wakanda también, en algún momento vamos a volver.
Salto a Argentina, 2019, para leer Hank Folder, la primera colaboración entre el guionista Rodrigo Canessa y el dibujante Matías Chenzo, a quien ya nos cruzamos un par de veces en reseñas anteriores. Me encontré con un thriller bastante violento, enroscado, complejo, y a la vez lineal y de fácil comprensión. A lo largo de 64 páginas, Canessa urde una trama de misterio, apoyada en varios personajes bastante extraños que no se calienta mucho por explicar ni desarrollar. La acción se lleva puesta a la introspección, y la verdad es que no importa mucho que no sepamos casi nada acerca de los protagonistas a la hora de engancharnos con la aventura.
A fuerza de revelaciones shockeantes y momentos de alto impacto, el guión avanza hacia un final bastante distinto al que yo imaginaba, que además está muy bien. Los diálogos están muy cuidados, el relato no está ni apretado ni estirado y quizás la única falencia sea la que ya mencioné: el poco desarrollo para este pobre tipo al que le pasa de todo, pero del que no sabemos casi nada. No quiero explicitar mucho el argumento, porque es una edición bastante reciente y prefiero que los interesados descubran la historia de Hank Folder de la mano de Rodrigo Canessa, no de un gil que reseña historietas en un blog.
El dibujo de Chenzo es muy bueno, muy versátil, muy expresivo, muy bien acoplado al guión, muy puesto al servicio de la narración. Para mi gusto, le sobran un par de técnicas de entintado. Yo le hubiese jugado todo al claroscuro, o todo a los grises aplicados con aguadas, incluso a riesgo de parecer un clon de Marcos Vergara. Las dos cosas al mismo tiempo (y además esos crosshatchings y rayones con el plumín que aparecen cada tanto y embarran un poco la cancha) por ahí no me copa tanto. Pero a grandes rasgos el apartado gráfico es muy competente, con momentos realmente muy logrados. La portada, sin ir más lejos, es espectacular.
Tengo entendido que el librito fue editado por los propios autores con una tirada muy baja. Atenti, entonces los responsables de las otras editoriales, que ni bien se agote esa primera tirada estaría muy piola rescatar a Hank Folder y volverla a editar en alguno de los sellos que ya están apostando por los autores jóvenes que están renovando la historieta argentina a fuerza de imaginación, huevos y calidad.

Hasta acá llegamos hoy, y como siempre, nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.