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lunes, 5 de agosto de 2024
ENTRE FRANCIA Y JAPÓN
Por fin tengo un ratito para reseñar un par de libros que leí en estos días. Uno es de un mangaka japonés que cuenta una historia ambientada en Francia y otro es de un autor francés que publica en Japón.
Empiezo con el Vol.8 de Innocent, un tomito absolutamente fundamental para esta serie creada por Shin´ichi Sakamoto. Acá avanza muchísimo el arco argumental centrado en María Antonieta, la princesa austríaca que llega a París para casarse con Luis Augusto, el príncipe de Francia. Sakamoto le va a dar un relieve increíble a este personaje, y la va a vincular muy hábilmente con Marie-Joséphe Sanson, quien para esta altura de la serie ya creció tanto dejó de ser un personaje secundario y ahora co-protagoniza la serie con su hermano Charles-Henri. Todas las tramas se profundizan de manera armónica, sin descuidar ni las escenas románticas, ni la intriga palaciega, ni esa arista "de denuncia" en la que el autor subraya con increíble agudeza las enormes diferencias sociales entre estos reyes y su corte de aristócratas y un pueblo andrajoso que se caga de hambre.
Hasta ahora, uno de los temas centrales de Innocent era el cuestionamiento a la idea del crimen, la justicia y el castigo tal como la entendían estos nobles acomodados de fines del Siglo XVIII, pero acá ya aparece con fuerza el tema de los géneros fluídos. Marie-Joséphe (ya una señorita de 19 años) aparece como un personaje de sexualidad ambigua, que se viste como y se comporta como un varón, y además se suma un personaje nuevo, el Chevalier d´Eon, que es hombre pero se viste y actúa como mujer, una especie de versión "en espejo" de Lady Oscar, la protagonista de La Rosa de Versalles, el hiper-clásico de Riyoko Ikeda. El sexo tiene bastante importancia en este tramo de la obra, y está retratado de manera muy original, entre dramática y fina, por la pluma maestra de Shin´ichi Sakamoto.
No voy a hablar de nuevo de los prodigios gráficos de este mangaka y su equipo de asistentes, pero sí subrayar de nuevo el ritmo ultra- descomprimido del relato, que le permite a Sakamoto meterle poesía y emoción a todo tipo de escenas, incluso a las ejecuciones más truculentas. El hecho de que tanto Marie-Joséphe como Charles-Henri son verdugos esta vez es crucial para la trama, a tal punto que las diferencias "de estilo" entre ambos, y la compleja rosca palaciega en la que se ven envueltos, los lleva a enfrentarse en un duelo que ocupa el tramo final del tomo y que yo jamás me vi venir. Sin dudas es el pico de tensión en lo que va de la serie, y menos mal que tengo ahí en el estante el Vol.9, por si me mata la ansiedad de saber cómo carajo se resuelve. ¿Puede llegar a morir uno de los dos hermanos? Sí, porque el Vol.9 es el último. Sin dudas es el momento de arriesgar fuerte. Y lo que no llegue a pasar en ese tomo (la mismísima Revolución Francesa, ya a esta altura, dudo que llegue a entrar en las próximas 200 páginas) quedará para la secuela que -si no me equivoco- Ivrea todavía no anunció. Picantísimo y adictivo, Innocent es un manga realmente único, por su apabullante belleza visual, por lo bien que retrata una época fundamental de la Historia de Occidente y por el trabajo magistral de Shin´ichi Sakamoto en la construcción de estos personajes y los conflictos en los que los envuelve. Lo recomiendo a full y prometo liquidarme el último tomito en las próximas semanas.
La Republique du Catch no es un manga, pero casi, porque es una historieta del ídolo francés Nicolas De Crécy, originalmente serializada entre 2014 y 2015 en las páginas de la antología japonesa Ultra Jump, de la editorial Shueisha. De todas las concesiones que podría haber hecho De Crécy para conquistar al público japonés, hace una sola, que es entregar 25 páginas por mes, una cantidad inusitada para los autores franceses. Pero no se nota, no son páginas a las que se les vean las costuras, ni el apuro por sacarlas con fritas. El dibujo del maestro está al altísimo nivel de siempre, su imaginación es siempre fértil, generosa, su particular forma de dibujar los edificios, su magia para aplicar los grises, su línea chunga... todo lo que nos hace amar a este monstruo del Noveno Arte está presente en La Republique du Catch y en todo caso la diferencia es que De Crécy piensa en un formato más chico (el del tomo japonés) y por eso no hay páginas de 10 ó 12 viñetas, como cuando trabaja para las editoriales francesas. Las páginas rara vez tienen más de siete cuadros, y a veces tienen solo dos o tres, pero son cuadros complejos, repletos de elementos visuales o de líneas con las que De Crécy define las texturas y la iluminación con su habitual maestría.
La trama se apoya principalmente en el carisma y la onda de los personajes y -como en otras obras de De Crécy- arranca tranqui y rápidamente empieza a incorporar elementos surrealistas que rompen la lógica del género aventurero. Todo el relato se estructura en torno a un enfrentamiento entre buenos y malos (en el seno de una misma familia), pero pasan cosas tan limadas que uno nunca sabe para dónde puede rumbear la cosa. En un momento, el protagonista (Mario) suma como aliados a una banda de freaks entrañables, con unos poderes loquísimos, que parecen una sucursal de la Doom Patrol de Grant Morrison. Las peripecias se suceden, los personajes se acumulan en un bando y en el de enfrente, hay revelaciones impactantes, muertos que no están tan muertos, situaciones delirantes al borde de la carcajada, momentos de más violencia y más intensidad dramática y un pingüino que toca el piano como los dioses.
El mundo alocado, enrevesado, profundamente idiosincrático de De Crécy cobra una vida espectacular en estas páginas, narradas a un ritmo muy ágil, casi hipnótico, casi como si fuera el storyboard de una película, pero con un trazo infinitamente más rico en detalles. La única cagada es el punto en el que De Crécy decide terminar la obra: el plan de los villanos fracasó, pero está claro que perdieron una batalla, no la guerra. Y en las últimas páginas los vemos urdir un nuevo plan... que no sabemos si va a triunfar, o siquiera si se va a llevar a cabo, porque en la página 216 llega el punto final. La Republique du Catch es una de esas obras que no necesitan un final definitivo para pasar a la historia, porque acumula tantos méritos a lo largo de su devenir, que la verdad que ver morir a Mario, o a Enzo, o a cualquiera de los secundarios, no aportaría mucho más de lo que ya nos dio la saga. Dudo mucho que la decisión de cortar la historia ahí responda a una intención de De Crécy de lanzar eventualmente una secuela: lo más probable es que los editores japoneses le hayan dicho "hasta acá llegamos, cerrá todo lo que puedas", y el francés se cagó en ellos y cerró poco y nada. Pero es una conjetura mía. Recomiendo mucho esta obra (que tiene edición en castellano) a los fans del glorioso Nicolas De Crécy y a quienes les resulte atractiva la atípica combinación de "autor francés que trabaja para una revista de manga contratado por editores ponjas".
Nada más, por hoy. Gracias totales, nos vemos pronto, y si son fans de DC Comics, no se pierdan el regreso de Distinguida Competencia, el podcast que hacemos con Gonzalo Ruiz.
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Nicolas De Crécy,
Shin´ichi Sakamoto
miércoles, 2 de marzo de 2016
LISTO PARA VOLVER
Bueno, acá estoy de vuelta… Estoy evolucionando muy bien después de la cirugía, no descartamos la posibiidad de que tenga healing factor, como Wolverine. Y además aflojó un toque el calor, que era algo que me sacaba por completo las ganas de sentarme en el estudio y escribir… Así que vamos con breves reseñas de otras cuatro publicaciones que leí en estos días, siempre con la meta de bajar a la brevedad la pila del material que se publicó en Argentina durante el inolvidable 2015.
Arranco con el Vol.6 de Escuela de Monstruos, que tiene el PEOR argumento del mundo: hay un concurso de bandas de rock para chicos de escuela primaria, se anotan los buenos, se anotan los malos, los dos llegan a la final, los malos hacen trampa pero igual ganan los buenos. Es un argumento PENOSO, que vimos hasta el cansancio en esas películas chotas que dan los canales que antes daban dibujos animados. Y a partir de esa consigna vomitiva, El Bruno logra una historieta divertidísima. Porque ya maneja de taquito a los personajes, porque mete guiños de tipo que sabe de rock, porque le pone ese toque de humor bizarro y porque aprovecha al máximo el elemento de que estos chicos, además de alumnos de escuela primaria, son monstruos. El dibujo, magnífico, como siempre.
Loco Rabia se mandó una edición impresionante de Super Monsieur Fruit, un clásico de los ´90 del alucinante Nicolas De Crécy. Es una obra extensa (más de 300 páginas) y totalmente en joda, ambientada en New York-sur-Loire, la ciudad desmesurada y de hipnótica belleza que aparece en muchas de las obras del genio francés. El chiste principal se agota rápido: es una parodia al género de los superhéroes. Pero la mala leche de De Crécy es exquisita, los planes de los villanos son un delirio brillante, hay muy buenos diálogos (gran traducción de Thomas Dassance), ideas muy locas y un montón de excusas para que esta bestia del lápiz dibuje cosas que –se nota mucho- tenía ganas de dibujar. O sea que, si bien no le alcanza para entrar al Top Five de las mejores obras en la carrera de De Crécy, Super Monsieur Fruit tiene méritos de sobra para hacerte pasar un muy buen rato, reirte bastante y –si no lo conocías- descubrir a uno de los mejores dibujantes de todos los tiempos.
El sello Musaraña recopiló en un hermoso libro todo Agapito, del gran Pablo Fayó. Tiene un sólo problema y es que sólo hay 50 páginas de Agapito y resultan un poquito escasas para llenar un libro de 64 páginas. Pero la verdad es que tanto la edición como el material son hiper-disfrutables. Me sorprendió el hecho de que las historietas que más me gustaron son las primeras, las que hizo Fayó hace como 20 años para la revista Suélteme. De todos modos, en todas las historietas hay diálogos gloriosos, silencios inquietantes y situaciones disparatadas. Por momentos sentí que estaba leyendo un sketch de Cha Cha Cha, esos en los que te reías sólo viéndoles las caras a los actores, que trataban de decir la letra sin tentarse. Incluso los mínimos trazos que emplea Fayó para definir cada locación me remitieron a esos decorados intencionalmente precarios de Cha Cha Cha. Agapito es un gran comic humorístico, en el que Fayó no sólo muestra un notable manejo de su estilo, sino que pela ideas y diálogos realmente increíbles. No es para cualquier lector, pero si sintonizás la onda de Fayó, la vas a pasar bárbaro.
Y cierro con el segundo de los tres libritos en los que Marvel recopiló la breve etapa de Ed Brubaker al frente de Winter Soldier. Este TPB supera ampliamente al anterior porque en vez de Butch Guice tenemos como dibujante a Michael Lark, que la rompe incluso cuando se zarpa metiendo fotos. El guión mantiene la tensión muy alta, pega volantazos sorprendentes y sobre todo no afloja nunca en su intento de ahondar en la psiquis de Bucky Barnes y convertirlo en un personaje complejo, profundo e impredecible. En apenas cuatro episodios no se pueden cerrar ni a palos todas las puntas que abrió Brubaker en el Vol.1, así que mucho de lo que pasa en este tomo es build-up hacia el tercer TPB, que es donde –supongo- se va a resolver todo. Papa fina, con grandes secuencias de acción, muy buenos diálogos y mucho respeto por la historia de los personajes.
Me fui a la mierda, no? Me quedó un post larguísimo. Bueno, es lo que hay. Hacía mucho que no me sentaba a sanatear… Nos reencontramos pronto. Gracias a todos por la paciencia y gracias por los buenos deseos a los que me mandaron un “mejorate pronto”.
Arranco con el Vol.6 de Escuela de Monstruos, que tiene el PEOR argumento del mundo: hay un concurso de bandas de rock para chicos de escuela primaria, se anotan los buenos, se anotan los malos, los dos llegan a la final, los malos hacen trampa pero igual ganan los buenos. Es un argumento PENOSO, que vimos hasta el cansancio en esas películas chotas que dan los canales que antes daban dibujos animados. Y a partir de esa consigna vomitiva, El Bruno logra una historieta divertidísima. Porque ya maneja de taquito a los personajes, porque mete guiños de tipo que sabe de rock, porque le pone ese toque de humor bizarro y porque aprovecha al máximo el elemento de que estos chicos, además de alumnos de escuela primaria, son monstruos. El dibujo, magnífico, como siempre.
Loco Rabia se mandó una edición impresionante de Super Monsieur Fruit, un clásico de los ´90 del alucinante Nicolas De Crécy. Es una obra extensa (más de 300 páginas) y totalmente en joda, ambientada en New York-sur-Loire, la ciudad desmesurada y de hipnótica belleza que aparece en muchas de las obras del genio francés. El chiste principal se agota rápido: es una parodia al género de los superhéroes. Pero la mala leche de De Crécy es exquisita, los planes de los villanos son un delirio brillante, hay muy buenos diálogos (gran traducción de Thomas Dassance), ideas muy locas y un montón de excusas para que esta bestia del lápiz dibuje cosas que –se nota mucho- tenía ganas de dibujar. O sea que, si bien no le alcanza para entrar al Top Five de las mejores obras en la carrera de De Crécy, Super Monsieur Fruit tiene méritos de sobra para hacerte pasar un muy buen rato, reirte bastante y –si no lo conocías- descubrir a uno de los mejores dibujantes de todos los tiempos.
El sello Musaraña recopiló en un hermoso libro todo Agapito, del gran Pablo Fayó. Tiene un sólo problema y es que sólo hay 50 páginas de Agapito y resultan un poquito escasas para llenar un libro de 64 páginas. Pero la verdad es que tanto la edición como el material son hiper-disfrutables. Me sorprendió el hecho de que las historietas que más me gustaron son las primeras, las que hizo Fayó hace como 20 años para la revista Suélteme. De todos modos, en todas las historietas hay diálogos gloriosos, silencios inquietantes y situaciones disparatadas. Por momentos sentí que estaba leyendo un sketch de Cha Cha Cha, esos en los que te reías sólo viéndoles las caras a los actores, que trataban de decir la letra sin tentarse. Incluso los mínimos trazos que emplea Fayó para definir cada locación me remitieron a esos decorados intencionalmente precarios de Cha Cha Cha. Agapito es un gran comic humorístico, en el que Fayó no sólo muestra un notable manejo de su estilo, sino que pela ideas y diálogos realmente increíbles. No es para cualquier lector, pero si sintonizás la onda de Fayó, la vas a pasar bárbaro.
Y cierro con el segundo de los tres libritos en los que Marvel recopiló la breve etapa de Ed Brubaker al frente de Winter Soldier. Este TPB supera ampliamente al anterior porque en vez de Butch Guice tenemos como dibujante a Michael Lark, que la rompe incluso cuando se zarpa metiendo fotos. El guión mantiene la tensión muy alta, pega volantazos sorprendentes y sobre todo no afloja nunca en su intento de ahondar en la psiquis de Bucky Barnes y convertirlo en un personaje complejo, profundo e impredecible. En apenas cuatro episodios no se pueden cerrar ni a palos todas las puntas que abrió Brubaker en el Vol.1, así que mucho de lo que pasa en este tomo es build-up hacia el tercer TPB, que es donde –supongo- se va a resolver todo. Papa fina, con grandes secuencias de acción, muy buenos diálogos y mucho respeto por la historia de los personajes.
Me fui a la mierda, no? Me quedó un post larguísimo. Bueno, es lo que hay. Hacía mucho que no me sentaba a sanatear… Nos reencontramos pronto. Gracias a todos por la paciencia y gracias por los buenos deseos a los que me mandaron un “mejorate pronto”.
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El Bruno,
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Pablo Fayó
jueves, 28 de agosto de 2014
28/08: EL BIBENDUM CELESTE
Esperé muchos años para tener este libro en mis manos. Me calentó mucho desde que me enteré que existía, lo busqué, lo mandé a pedir a otros países, lo esperé, no me llegó… Con los años, mi expectativa no paró de crecer, a tal punto que lo terminé por idealizar. Me convencí a mí mismo de que era LA historieta, LA joya definitiva que me iba a cambiar la forma de leer historietas.
Bueno, ahora lo leí. Y será porque le puse demasiadas fichas, pero lo cierto es que no me terminó de cerrar. Guarda: “no me terminó de cerrar” significa que yo me esperaba un 10 y me encontré con un… 8,50. No estamos hablando de una berretada, ni mucho menos. A Nicolas De Crécy lo pongo en un nivel tan alto, que sólo lo puedo comparar consigo mismo. En ese sentido, Le Bidendum… me queda por debajo de Foligatto, Période Glaciaire (ver reseña del 26/06/10) y León La Came (aunque acá el dibujo es mucho mejor) y un toque por arriba de Prosopopus y Salvatore, que creo que fue su última serie en historieta, antes de decir “chau, gracias” y llevarse su magia a otros ámbitos.
El Bibendum Celeste te lanza una catarata de ideas limadas y geniales. Hasta el final del segundo tomo, pareciera que la idea es la misma que la de la famosa novela Being There (Desde el Jardín, en castellano). Casi todo pasa por el bizarro periplo que llevará a Diego, la joven foca, a convertirse en una celebridad en esta versión alternativa de Nueva York y a ganar el Premio Nobel del Amor. Y en el tercio final, eso cambia de un modo bastante radical y la historia agarra para otro lado. Es decir, otros de los muchos elementos bizarros que aparecen en los dos primeros tercios se roban el protagonismo y fuerzan el volantazo.
Lo más interesante llega cuando De Crécy usa a este mundo extraño y fascinante para reflexionar acerca de cómo la rosca entre la política y el mercado genera ídolos, referentes, opiniones masivamente aceptadas, cómo degrada a los ciudadanos hasta convertirlos en meros consumidores. Cada vez que ese subtexto cobra peso en la trama, esta levanta muchísimo. Y sin dudas lo que menos me cerró es cómo el autor se queda corto a la hora de integrar esta faceta más ideológica, más de bajada de línea, con lo que podríamos llamar “la aventura”.
En el medio hay elementos rocambolescos, que le suman complejidad y extrañeza al relato (las peripecias del profesor Lombax, por ejemplo) e intentos de explicar cosas que por ahí eran más efectivas si no se las explicaba (los perros antropomorfos, por ejemplo). Entre estas explicaciones de lo inexplicable que ensaya De Crécy, hay una brillante, que es la del origen de Diego, impredecible y graciosísima. En general, todo el tono de la obra va para el lado de la farsa, del delirio, del absurdo. Y eso sin dudas es un hallazgo, porque si bien hay “buenos” y “malos”, el conflicto entre ellos nunca llega a tener tanta preponderancia como lo disparatado de las situaciones que se generan a partir de la llegada de Diego a la gran ciudad.
Como pasa de vez en cuando, todo el análisis que uno pueda dedicarle al guión, al desarrollo de los personajes, a la construcción del universo, etc., se va al carajo, se esfuma, pierde toda entidad, cuando se nos aparece frente a los ojos el dibujo de Nicolas De Crécy. Ahí arranca otra historia, un viaje de ida a la fascinación, con algunas escalas más pictóricas (como en Foligatto), otras mucho más gráficas (como en León La Came) y hasta algún coqueteo con la estética del maestro Bill Plympton. Ya sea cuando colorea con tintas tradicionales o cuando recurre a técnicas pictóricas más complejas, la paleta de De Crécy desborda de fuerza, de magia, de imaginación, de belleza plástica. Es el complemento ideal de ese dibujo grandilocuente que utiliza para edificios y barcos, y esa impronta granguiñolesca, esperpéntica, que caracteriza a los personajes.
Retorcida, sobrecargada y llena de detalles alucinantes, la faz visual de Le Bibendum… es la que hace que se justifique cada centavo que pagues por este libro. El guión, repito, no es una garcha ni mucho menos, pero lo hemos visto al inmenso Nicolas De Crécy escribir historietas a un nivel superior. Si comprás comics por los dibujos, sumergite en este maravilloso descontrol… con ropa interior de repuesto, por las dudas…
Bueno, ahora lo leí. Y será porque le puse demasiadas fichas, pero lo cierto es que no me terminó de cerrar. Guarda: “no me terminó de cerrar” significa que yo me esperaba un 10 y me encontré con un… 8,50. No estamos hablando de una berretada, ni mucho menos. A Nicolas De Crécy lo pongo en un nivel tan alto, que sólo lo puedo comparar consigo mismo. En ese sentido, Le Bidendum… me queda por debajo de Foligatto, Période Glaciaire (ver reseña del 26/06/10) y León La Came (aunque acá el dibujo es mucho mejor) y un toque por arriba de Prosopopus y Salvatore, que creo que fue su última serie en historieta, antes de decir “chau, gracias” y llevarse su magia a otros ámbitos.
El Bibendum Celeste te lanza una catarata de ideas limadas y geniales. Hasta el final del segundo tomo, pareciera que la idea es la misma que la de la famosa novela Being There (Desde el Jardín, en castellano). Casi todo pasa por el bizarro periplo que llevará a Diego, la joven foca, a convertirse en una celebridad en esta versión alternativa de Nueva York y a ganar el Premio Nobel del Amor. Y en el tercio final, eso cambia de un modo bastante radical y la historia agarra para otro lado. Es decir, otros de los muchos elementos bizarros que aparecen en los dos primeros tercios se roban el protagonismo y fuerzan el volantazo.
Lo más interesante llega cuando De Crécy usa a este mundo extraño y fascinante para reflexionar acerca de cómo la rosca entre la política y el mercado genera ídolos, referentes, opiniones masivamente aceptadas, cómo degrada a los ciudadanos hasta convertirlos en meros consumidores. Cada vez que ese subtexto cobra peso en la trama, esta levanta muchísimo. Y sin dudas lo que menos me cerró es cómo el autor se queda corto a la hora de integrar esta faceta más ideológica, más de bajada de línea, con lo que podríamos llamar “la aventura”.
En el medio hay elementos rocambolescos, que le suman complejidad y extrañeza al relato (las peripecias del profesor Lombax, por ejemplo) e intentos de explicar cosas que por ahí eran más efectivas si no se las explicaba (los perros antropomorfos, por ejemplo). Entre estas explicaciones de lo inexplicable que ensaya De Crécy, hay una brillante, que es la del origen de Diego, impredecible y graciosísima. En general, todo el tono de la obra va para el lado de la farsa, del delirio, del absurdo. Y eso sin dudas es un hallazgo, porque si bien hay “buenos” y “malos”, el conflicto entre ellos nunca llega a tener tanta preponderancia como lo disparatado de las situaciones que se generan a partir de la llegada de Diego a la gran ciudad.
Como pasa de vez en cuando, todo el análisis que uno pueda dedicarle al guión, al desarrollo de los personajes, a la construcción del universo, etc., se va al carajo, se esfuma, pierde toda entidad, cuando se nos aparece frente a los ojos el dibujo de Nicolas De Crécy. Ahí arranca otra historia, un viaje de ida a la fascinación, con algunas escalas más pictóricas (como en Foligatto), otras mucho más gráficas (como en León La Came) y hasta algún coqueteo con la estética del maestro Bill Plympton. Ya sea cuando colorea con tintas tradicionales o cuando recurre a técnicas pictóricas más complejas, la paleta de De Crécy desborda de fuerza, de magia, de imaginación, de belleza plástica. Es el complemento ideal de ese dibujo grandilocuente que utiliza para edificios y barcos, y esa impronta granguiñolesca, esperpéntica, que caracteriza a los personajes.
Retorcida, sobrecargada y llena de detalles alucinantes, la faz visual de Le Bibendum… es la que hace que se justifique cada centavo que pagues por este libro. El guión, repito, no es una garcha ni mucho menos, pero lo hemos visto al inmenso Nicolas De Crécy escribir historietas a un nivel superior. Si comprás comics por los dibujos, sumergite en este maravilloso descontrol… con ropa interior de repuesto, por las dudas…
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El Bibendum Celeste,
Nicolas De Crécy
sábado, 26 de junio de 2010
26/ 06: GLACIAL PERIOD

Nicolas De Crécy, uno de los genios definitivos del Noveno Arte, ese dibujante francés al que tantos, pero tantos colegas suyos tratan de parecerse, tiene –por suerte- mucha obra editada en castellano, y hasta una historieta editada en Argentina, el n°5 de la inolvidable antología Suda Mery K. Pero acá lo conocen sólo los dibujantes, que lo estudian para tratar de clonarlo con mayor precisión.
La principal virtud de las miles que tiene De Crécy es que nunca se queda quieto. Podría haber robado toda la vida con el estilo que nos volatilizó el bocho en Foligatto (esa mezcla perfecta entre Mattotti, Muñoz y Boucq) y sin embargo, empezó a buscar por otros rumbos. En León La Came sigue fuerte la influencia de Muñoz, pero el tratamiento del color ahora remite a Miguelanxo Prado, y la línea vira hacia el estilo del pintor Egon Schiele y los historietistas que lo siguen (Kristiansen, Abranchis, etc.). Y para cuando aparecen Salvatore y Période Glaciale (Glacial Period en la edición yanki de NBM, que es la que nos compramos los crotos como yo), nada de eso queda en pie, porque cambia tanto la línea como la forma de encarar el color.
Période Glaciale, de 2005, fue realizada a pedido del Museo del Louvre y contiene un montón de elementos que reaparecen todo el tiempo en la obra de De Crécy: el absurdo, el huequito por donde se cuela el descontrol y tira todo a la mierda, la anti-lógica en la que casi cualquier cosa puede pasar, y todo teñido por una mirada pesimista, en un punto lacónica. A pesar del absurdo que lo caracteriza, De Crécy nunca deja de tirar centros al área para que los cabecee el desconsuelo, la amargura, o la resignación.
Période Glaciale se enrola en la gloriosa tradición del post-apocalipsis, aquel género tan ochentoso, en una nueva era glacial en la que un grupo de arqueólogos desentierra los tesoros del célebre museo parisino. Si te gustan las artes plásticas, se disfruta el triple. Y si no, el absurdo y la sensación de derrota que impregnan esta bizarra epopeya, sumados a las maravillas del dibujo, harán que te cebes igual.
Por ahí, si buscás su biografía en la web, te preguntarás cómo es que De llegó a levantar una lista tan larga de premios, y por qué los críticos no nos cansamos de hablar de su fastuoso tratamiento de la línea y el color. Bueno, en Glacial Period todo eso queda clarísimo. El dibujo es perfecto, la paleta de colores apagada y sobria, la narrativa ajustada, para resaltar la pequeñez de lo que se nos narra, el guión filoso, en la cornisa entre el disparate y la mala leche (un registro que me recuerda al Patito Saubón de Carlos Nine), un intento de aventura encarado por personajes demasiado losers como para llegar a levantar un vuelo épico y, por si faltara algo, algún toque de ternura y muchas referencias a los grandes de la pintura clásica.
Te propongo un ejercicio medio limado: Cuando leas El Gran Lienzo (podés buscar la reseña, titulada La Grande Toile), jugate y leete también Période Glaciale. Son obras primas (“hermanas” sería mucho), en las que un montón de elementos similares se combinan de modo muy, pero muy diferente. El contrapunto seguro te va a resultar interesante, y si no, igual te vas a haber encontrado con la magia inimitable de Nicolas De Crécy, y de eso sí que no te vas a arrepentir nunca en tu fuckin´vida.
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