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martes, 29 de octubre de 2024
FELIZ MARTES
Hoy tengo para reseñar dos libros que me gustaron muchísimo, ambos publicados este año en Argentina.
Empiezo con La Zona Liminal, un recopilatorio de cuatro historietas de misterio sobrenatural firmadas por el maestro japonés Junji Ito, y muy bien traducidas al castellano por Martín Parle. No leía mangas de Ito desde Febrero, y por ahí eso explica lo mucho que disfruté estas historias. Me parece que si leés mucho Ito todo el tiempo, te empieza a cansar, se te empieza a hacer repetitivo o predecible, te deja de sorprender la calidad del dibujo y se hace medio un embole. Pero si le ponés una pausa larga entre obra y obra, la experiencia mejora notablemente.
O no, por ahí es simplemente que en este libro el maestro metió cuatro historias realmente buenas, en las que se va a la mierda lo justo y necesario, donde las tramas no están estiradas groseramente, donde los personajes te caen bien, donde los misterios están bien llevados y bien resueltos, donde la bizarreada está ahí con un fin narrativo claro y no por la bizarreada misma. Lo cierto es que leí cuatro historietas muy atractivas, que mantuvieron mi interés desde la primera viñeta hasta la última. Creo que la que más me impactó fue la de La Madonna, porque ahí Junji Ito se anima a ponerle perversión, morbo y terror desenfrenado a la imaginería católica, que por ahí en Japón es medio exótica, pero acá en Argentina nos resulta absolutamente familiar, incluso a los que no fuimos a colegios religiosos. De hecho, en la época de la dictadura cívico-militar (alevosamente entongada con la Iglesia), esa historieta no se podría haber publicado en Argentina bajo ningún concepto.
No quiero ahondar en los argumentos de las historias, porque parte de lo que genera suspenso y tensión es la sensación de estar frente a lo desconocido, acompañar a personajes en situaciones que nunca vivimos ni vamos a vivir jamás. Por ahí la del asesino serial que acuchilla gente es una situación que sentimos más cercana, por la cantidad de veces que aparece ese tropo en la ficción contemporánea, pero creeme que la resolución no es la obvia. Mejor no saber nada acerca de las tramas y dejar que Ito nos envuelva en esa vorágine de locura y descontrol. Tampoco me quiero extender en las ya muy reiteradas loas al dibujo del ídolo, que en estos trabajos muestra un nivel superlativo. En este libro me encontré con páginas realmente hermosas, con un trabajo magnífico en la aplicación de grises, en las líneas cinéticas, con las viñetas enormes (o las splash pages) puestas en los momentos precisos y unos primeros planos espectaculares, totalmente a la altura del vasto abanico de expresiones que el guion le pide que transmitan a los personajes. Este es un Ito reciente, son historietas dibujadas en 2020, y se nota la mano de un artista ya muy consolidado, que no ofrece flancos débiles porque su control sobre lo que llega a la página es total.
No solo recomiendo mucho La Zona Liminal a quienes ya son adictos a este paco fascinante llamado Junji Ito, sino que incluso me animo a señalarlo como un excelente punto de entrada para los fans del comic de terror que, por algún motivo, todavía no le dieron una posibilidad a los mangas de este monstruo.
Lo mejor de Tute es un libro de 336 páginas a todo color, un ladrillazo editado por Sudamericana, gordo, pesado, sustancioso. Me da la sensación de que es todo material muy reciente, de los últimos dos o tres años (en los que Tute publicó mucho y muy buen material, principalmente en el diario La Nación), pero por ahí me equivoco y el tomo incluye también material más antiguo. El libro no detalla de dónde toma cada uno de los chistes e historietas, pero aclara que algunos de los contenidos estaban inéditos hasta ahora.
Buena parte del material incluído son chistes de una sola viñeta, muchos de ellos de la etapa "Mabel y Rubén". Acá vemos a un Tute mordaz, afilado, con una mirada cínica y desangelada de las relaciones de pareja, pero que se mete también con el psicoanálisis, con el mundo de los chicos chiquitos, con las desigualdades sociales y económicas, etc.. Por el otro lado, en las páginas que publicaba los domingos en la revista de La Nación, a veces hay chistes que ocupan toda esta pagina y a veces hay historietas. En ambos casos, el dibujo es bastate distinto del que vemos en las viñetas, y hasta por momentos cuesta creer que todo haya sido obra de un mismo autor. Incluso en estas páginas Tute baja bastante el nivel de mala leche y aborda la temática del amor y las relaciones sentimentales de un modo más poético, menos ácido. A veces se juega por una poesía más surrealista, y otras por una más nostálgica, más tanguera. A veces respeta a rajatabla el blanco y negro, a veces incorpora sutiles y muy bellos toques de color. Claramente el formato de página completa le permite experimentar, y desarrollar ideas gráficas y narrativas que no se pueden desarrollar en un chiste de una sola viñeta.
No me animo a postular cuál de los dos Tutes es el más genuino, porque implicaría suponer que en uno de los dos formatos hay un cierto nivel de impostura, y me parece que no, que no es así. Tute es el Tute poético y el Tute prosaico, que conviven dentro de un mismo autor. El del dibujo conciso, claro, y el del trazo errático, cercano al garabato, y las tachaduras en los diálogos. El que remata todo en un solo bocadillo y el que te arma una sucesión de retruques que se van apilando a un ritmo teatral que me hace acordar mucho a lo mejor de Copi. Y lo más importante es que el humor funciona: a lo largo del libro me reí muchas veces, incluso de chistes que ya conocía por seguir a Tute en las redes sociales.
El único problema que le encuentro a este libro son las historietas con muchas viñetas, dibujadas a los santos pedos, con ese rotulado desprolijo. Si alguien no se toma el trabajo de leer los textos (porque no sabe castellano, o porque se olvidó los anteojos en algún lado, ponele) se puede desilusionar. "¿Este es el capo del humor gráfico? Si no puede ni dibujar líneas rectas en los cuadritos de las historietas...". Por ahí cuesta un toque entender que eso es parte del estilo de Tute, y que no lo va a cambiar después de tantos años de ilustre trayectoria.
Este es un gran libro, lleno de ideas alucinantes, atravesadas casi siempre por el humor, pero que también se animan a llevarnos por los caminos de la emoción y de la reflexión. Si no sos hardcore fan de Tute, incluso puede ser el único libro de este autor en tu biblioteca, porque es realmente representativo del período de madurez del autor, en el que la rompe en varios estilos distintos. Y si te hiciste adicto a Tute, o te estás tratando de armar una biblioteca con lo más notable del humor gráfico argentino, me imagino que ya lo tenés y no hace falta que te lo recomiende.
Nada más, por hoy. Nos vemos mañana en la emisión en vivo de Agenda Abierta, y muy pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
sábado, 14 de julio de 2018
SABADO EN BUENOS AIRES
Qué mala leche, la puta madre… Único sábado del mes que estoy en Buenos Aires, la noche está bárbara y yo estoy con una congestión espantosa que no me deja respirar. Vamos a ahogar las penas en reseñas…
Ordenando las pilas de lecturas pendientes, encontré dos libros más editados en Argentina en 2017 que me faltaba reseñar. Arranco por ahí.
El Vol.4 de Amuleto, de Kazu Kibuishi, es (hasta ahora) el más Star Wars de la saga. Tiene más elementos de ciencia-ficción, hay una ciudad en las nubes, un amigo que traiciona, un consejo integrado por guerreros con poderes extrasensoriales, naves espaciales, androides… y hasta termina para el orto, como The Empire Strikes Back. Otro recurso de dicha peli que se ve en este libro es el de separar a los buenos en varios sub-grupos para narrar en paralelo las mini-historias de cada uno. Bueno, ese es el punto flojo de esta entrega de Amuleto: Kibuishi divide a los protagonistas en tres, y el tramo en el que va saltando de un grupito al otro se hace desparejo, porque no todas las sub-tramas generan el mismo interés.
Lo bueno es que Amuleto mantiene siempre un ritmo, un dinamismo en el avance de las tramas que hace que no tengas tiempo de aburrirte. El desarrollo de los personajes sigue presente como una preocupación central para Kibuishi y –como siempre- logra introducir, explicar y hasta explorar a fondo conceptos nuevos (algunos bastante elaborados, si pensamos que Amuleto está apuntado a lectores de hasta 13 años) sin atentar contra esta sensación de aventura constante, que va siempre para adelante sin parar.
Del dibujo no tiene mucho sentido hablar, porque ya es el cuarto tomo y el autor se mueve siempre dentro de los mismos parámetros. Este año salió el Vol.5, que está ahí, esperando su turno.
También a fines de 2017, se editó Humor al Diván, recopilatorio de chistes e historietas de Tute, con material del que aparece en el diario La Nación y su revista dominical. Le encuentro un único problema al libro, que son las páginas en las que sólo aparece un chiste, flotando en el medio, con mucho espacio arriba y mucho espacio abajo. En el mismo libro hay unas cuantas páginas con DOS chistes, y hubiese sido mucho mejor que fuera todo así, con dos chistes (o una historieta) por página, para no sentir que nos están mezquinando contenidos, sobre todo cuando uno piensa que estos libros no son baratos.
El resto, impecable. Uno supone que ya se hicieron todos los chistes posibles sobre psicoanalistas y pacientes, pero Tute siempre tiene algo nuevo para sorprendernos. Por suerte no son TODOS los chistes de esa misma temática. El libro va mechando también algunos cartoons más reflexivos, o introspectivos, o centrados en el otro tema que Tute domina a la perfección, que son los vínculos afectivos. Y además están las historietas, que no giran en torno al psicoanálisis, sino que son mucho más libres. Algunas se centran en estos romances (casi siempre frustrados) entre hombres y mujeres, y otras levantan un vuelo más raro, más personal, a veces para el lado de la poesía, otras veces para el lado del sinsentido. En las páginas de historieta el dibujo de Tute suele reducirse a su mínima expresión, con personajes dibujados tan chiquitos que ni siquiera tienen rasgos faciales, y el foco está puesto en los diálogos, que están buenísimos, más allá de la desprolijidad del autor a la hora del rotulado.
Sin personajes recurrentes, sin chistes pensados para arrancarte carcajadas, sin rozar coyunturas socio-políticas ni tirar referencias a famosos o a consumos culturales, sin escatología, en un estilo que muchas veces pareciera escaparle adrede al virtuosismo gráfico, los chistes e historietas de Tute tienen un encanto muy especial, que creo que pasa por la libertad, por lo mucho que se nota que el autor está haciendo lo que se le cantan las pelotas, ni más ni menos. Después hay reflexiones agudas, situaciones con las que uno se puede identificar, algunas frases brillantes y algunas ideas gráficas de alto impacto. Pero lo que a mí más me llega es la idiosincracia, la forma en la que Tute se aferra a la idea de ser autor, de sacar a relucir mediante el humor gráfico su mundo interior, de contar lo que tiene ganas de contar y dibujarlo como se le da la gana, caiga quien caiga, pasándose por el orto los condicionamientos que uno supone que pueden existir en un medio careta como es el diario La Nación. Si nunca te aventuraste en el universo de Tute, dejá terapia y conseguite un buen psiquiatra.
Tengo un librito más para reseñar, pero me dio fiaca. Lo dejo para la próxima. Aprovecho para invitarlos el finde del 21 y 22 a Villa Viñetas (en Villa Constitución, cerquita de San Nicolás) y el del 28 y 29 a Comarca Fest, en Viedma, provincia de Río Negro. ¡Gracias y hasta pronto!
Ordenando las pilas de lecturas pendientes, encontré dos libros más editados en Argentina en 2017 que me faltaba reseñar. Arranco por ahí.
El Vol.4 de Amuleto, de Kazu Kibuishi, es (hasta ahora) el más Star Wars de la saga. Tiene más elementos de ciencia-ficción, hay una ciudad en las nubes, un amigo que traiciona, un consejo integrado por guerreros con poderes extrasensoriales, naves espaciales, androides… y hasta termina para el orto, como The Empire Strikes Back. Otro recurso de dicha peli que se ve en este libro es el de separar a los buenos en varios sub-grupos para narrar en paralelo las mini-historias de cada uno. Bueno, ese es el punto flojo de esta entrega de Amuleto: Kibuishi divide a los protagonistas en tres, y el tramo en el que va saltando de un grupito al otro se hace desparejo, porque no todas las sub-tramas generan el mismo interés.
Lo bueno es que Amuleto mantiene siempre un ritmo, un dinamismo en el avance de las tramas que hace que no tengas tiempo de aburrirte. El desarrollo de los personajes sigue presente como una preocupación central para Kibuishi y –como siempre- logra introducir, explicar y hasta explorar a fondo conceptos nuevos (algunos bastante elaborados, si pensamos que Amuleto está apuntado a lectores de hasta 13 años) sin atentar contra esta sensación de aventura constante, que va siempre para adelante sin parar.
Del dibujo no tiene mucho sentido hablar, porque ya es el cuarto tomo y el autor se mueve siempre dentro de los mismos parámetros. Este año salió el Vol.5, que está ahí, esperando su turno.
También a fines de 2017, se editó Humor al Diván, recopilatorio de chistes e historietas de Tute, con material del que aparece en el diario La Nación y su revista dominical. Le encuentro un único problema al libro, que son las páginas en las que sólo aparece un chiste, flotando en el medio, con mucho espacio arriba y mucho espacio abajo. En el mismo libro hay unas cuantas páginas con DOS chistes, y hubiese sido mucho mejor que fuera todo así, con dos chistes (o una historieta) por página, para no sentir que nos están mezquinando contenidos, sobre todo cuando uno piensa que estos libros no son baratos.
El resto, impecable. Uno supone que ya se hicieron todos los chistes posibles sobre psicoanalistas y pacientes, pero Tute siempre tiene algo nuevo para sorprendernos. Por suerte no son TODOS los chistes de esa misma temática. El libro va mechando también algunos cartoons más reflexivos, o introspectivos, o centrados en el otro tema que Tute domina a la perfección, que son los vínculos afectivos. Y además están las historietas, que no giran en torno al psicoanálisis, sino que son mucho más libres. Algunas se centran en estos romances (casi siempre frustrados) entre hombres y mujeres, y otras levantan un vuelo más raro, más personal, a veces para el lado de la poesía, otras veces para el lado del sinsentido. En las páginas de historieta el dibujo de Tute suele reducirse a su mínima expresión, con personajes dibujados tan chiquitos que ni siquiera tienen rasgos faciales, y el foco está puesto en los diálogos, que están buenísimos, más allá de la desprolijidad del autor a la hora del rotulado.
Sin personajes recurrentes, sin chistes pensados para arrancarte carcajadas, sin rozar coyunturas socio-políticas ni tirar referencias a famosos o a consumos culturales, sin escatología, en un estilo que muchas veces pareciera escaparle adrede al virtuosismo gráfico, los chistes e historietas de Tute tienen un encanto muy especial, que creo que pasa por la libertad, por lo mucho que se nota que el autor está haciendo lo que se le cantan las pelotas, ni más ni menos. Después hay reflexiones agudas, situaciones con las que uno se puede identificar, algunas frases brillantes y algunas ideas gráficas de alto impacto. Pero lo que a mí más me llega es la idiosincracia, la forma en la que Tute se aferra a la idea de ser autor, de sacar a relucir mediante el humor gráfico su mundo interior, de contar lo que tiene ganas de contar y dibujarlo como se le da la gana, caiga quien caiga, pasándose por el orto los condicionamientos que uno supone que pueden existir en un medio careta como es el diario La Nación. Si nunca te aventuraste en el universo de Tute, dejá terapia y conseguite un buen psiquiatra.
Tengo un librito más para reseñar, pero me dio fiaca. Lo dejo para la próxima. Aprovecho para invitarlos el finde del 21 y 22 a Villa Viñetas (en Villa Constitución, cerquita de San Nicolás) y el del 28 y 29 a Comarca Fest, en Viedma, provincia de Río Negro. ¡Gracias y hasta pronto!
jueves, 19 de marzo de 2015
19/ 03: DIOS, EL HOMBRE, EL AMOR Y DOS O TRES COSAS MAS
Si sos de los muchos que siguieron a Tute durante sus primeros 15 años de carrera, seguramen- te te sorprendió enterarte de que el creador de Batu estaba trabajando en una novela gráfica de casi 300 páginas. Y cuando finalmente la viste publicada, te habrás preguntado si está buena y si es fiel a la esencia del Tute de siempre.
Las respuestas son sí y sí. Pero hay trampa: Dios, el Hombre, el Amor y Dos o Tres Cosas Más se hace pasar por novela gráfica, es una novela gráfica impostora. A lo largo de todas esas páginas, Tute presenta historias breves concatenadas mediante distintos recursos narrativos. No hay una historia de casi 300 páginas: hay muchas historias autoconclusivas de muchas menos páginas, hilvanadas mediante piruetas gráficas, o mediante el sencillo recurso de que los personajes de unas y otras se cruzan en un mismo espacio, que suele ser la calle. Sobre el tramo final de la obra, Tute trae de vuelta a algunos personajes de la primera parte, pero no para hacerlos interactuar entre sí, o para darle un cierre a sus historias, sino para que cada uno protagonice otra secuencia autonclusiva. Más que a una novela gráfica, este libro me hizo acordar a un programa cómico de sketches, en el que breves historias se sucedían unas a otras, prácticamente sin cruces entre los personajes.
Lo más interesante es que estas breves historias son, en general, muy buenas. Tienen bastante en común con las historietas de Tute que aparecen los domingos en la revista La Nación y con las que vimos en la reseña del 08/04/14. Son historias más largas, con más viñetas, más diálogos y más silencios, siempre dibujadas al filo del mamarracho por un Tute minimalista, con esa grilla de viñetas irregular, sin ninguna planificación. Ya lo vimos al autor hacer magia con esos poquísimos recursos y acá eso se ve de nuevo y mucho mejor, porque tiene más espacio para desarrollar las secuencias. Lo único que no me cierra para nada es el rotulado manual, apresurado y con tachaduras a la vista, que queda muy feo. Rotular a mano es un lujo que se pueden dar los dibujantes con linda caligrafía, y no es el caso de Tute.
Sobre esta base, acá Tute puede hacer dos cosas más que no lo vemos hacer normalmente en sus páginas humorísticas (o casi) para La Nación: arriesga un poco más en el contenido, con chistes más ácidos, más crueles, se juega a joder con Dios, a incursionar con éxito en el metacomic, incorpora un personaje que no deja pasar un globito de diálogo sin meter por lo menos una puteada… abre el espectro hacia un humor menos políticamente correcto. Por supuesto predominan la poesía, la reflexión, el absurdo, el disparate bien en la línea de Copi… pero siempre en un tono más light, sin irse del todo para el lado de las animaladas que pelaba el maestro.
Lo otro que hace Tute en este libro es mechar secuencias oníricas o poéticas en las que el dibujo se saca de encima la responsabilidad de contar la historia y levanta un vuelo increíble. Ya sea a color o en blanco y negro (predomina este último, pero hay de todo), es en estas secuencias donde Tute pela imaginación, delirio y virtuosismo a un nivel impresionante, que sorprende incluso a los que lo seguimos en todos sus trabajos. Me encanta ver que, además de esos monigotes re-básicos (a años luz de las figuras redonditas y bien detalladas de Batu y sus amigos), Tute se anima a dibujar otras cosas, que por ahí a nivel narrativo no aportan mucho, pero que a nivel plástico son un misil termonuclear que te detona el cerebro.
Este libro es como una sobredosis de Tute, Tute sin barreras, sin restricciones, por momentos también sin brújula, pero cuando te proponés contar historias cómicas en las que el surrealismo y el absurdo tienen muchísimo peso, ¿para qué carajo querés la brújula?. Un consejo: no te juegues a leerlo todo de un saque, porque corre el riesgo de saturar. Fraccionalo, aprovechá que son muchos relatos cortos para poner la pausa al final de alguno y volvé a entrarle al día siguiente, o unas cuantas horas después. Así se disfruta más del universo de Tute, de su idiosincracia, de su lógica interna totalmente retorcida, que por momentos parece conectar con nuestra vida cotidiana, con el barrio, la calle y los encuentros de todos los días, y por momentos pela ideas y conceptos elevadísimos, de la metafísica, la filosofía, la poesía o el delirio liso y llano.
No recomiendo al que no conoce a Tute abordar su obra por acá. Yo arrancaría por los recopilatorios de chistes, o por las tiras de Batu. Pero si ya sos fan de este joven maestro de nuestra historieta y nuestro humor gráfico, acá te está esperando un gran libro (olvidate del rótulo ya bastardeado de “novela gráfica”), realmente satisfactorio por donde lo mires.
Las respuestas son sí y sí. Pero hay trampa: Dios, el Hombre, el Amor y Dos o Tres Cosas Más se hace pasar por novela gráfica, es una novela gráfica impostora. A lo largo de todas esas páginas, Tute presenta historias breves concatenadas mediante distintos recursos narrativos. No hay una historia de casi 300 páginas: hay muchas historias autoconclusivas de muchas menos páginas, hilvanadas mediante piruetas gráficas, o mediante el sencillo recurso de que los personajes de unas y otras se cruzan en un mismo espacio, que suele ser la calle. Sobre el tramo final de la obra, Tute trae de vuelta a algunos personajes de la primera parte, pero no para hacerlos interactuar entre sí, o para darle un cierre a sus historias, sino para que cada uno protagonice otra secuencia autonclusiva. Más que a una novela gráfica, este libro me hizo acordar a un programa cómico de sketches, en el que breves historias se sucedían unas a otras, prácticamente sin cruces entre los personajes.
Lo más interesante es que estas breves historias son, en general, muy buenas. Tienen bastante en común con las historietas de Tute que aparecen los domingos en la revista La Nación y con las que vimos en la reseña del 08/04/14. Son historias más largas, con más viñetas, más diálogos y más silencios, siempre dibujadas al filo del mamarracho por un Tute minimalista, con esa grilla de viñetas irregular, sin ninguna planificación. Ya lo vimos al autor hacer magia con esos poquísimos recursos y acá eso se ve de nuevo y mucho mejor, porque tiene más espacio para desarrollar las secuencias. Lo único que no me cierra para nada es el rotulado manual, apresurado y con tachaduras a la vista, que queda muy feo. Rotular a mano es un lujo que se pueden dar los dibujantes con linda caligrafía, y no es el caso de Tute.
Sobre esta base, acá Tute puede hacer dos cosas más que no lo vemos hacer normalmente en sus páginas humorísticas (o casi) para La Nación: arriesga un poco más en el contenido, con chistes más ácidos, más crueles, se juega a joder con Dios, a incursionar con éxito en el metacomic, incorpora un personaje que no deja pasar un globito de diálogo sin meter por lo menos una puteada… abre el espectro hacia un humor menos políticamente correcto. Por supuesto predominan la poesía, la reflexión, el absurdo, el disparate bien en la línea de Copi… pero siempre en un tono más light, sin irse del todo para el lado de las animaladas que pelaba el maestro.
Lo otro que hace Tute en este libro es mechar secuencias oníricas o poéticas en las que el dibujo se saca de encima la responsabilidad de contar la historia y levanta un vuelo increíble. Ya sea a color o en blanco y negro (predomina este último, pero hay de todo), es en estas secuencias donde Tute pela imaginación, delirio y virtuosismo a un nivel impresionante, que sorprende incluso a los que lo seguimos en todos sus trabajos. Me encanta ver que, además de esos monigotes re-básicos (a años luz de las figuras redonditas y bien detalladas de Batu y sus amigos), Tute se anima a dibujar otras cosas, que por ahí a nivel narrativo no aportan mucho, pero que a nivel plástico son un misil termonuclear que te detona el cerebro.
Este libro es como una sobredosis de Tute, Tute sin barreras, sin restricciones, por momentos también sin brújula, pero cuando te proponés contar historias cómicas en las que el surrealismo y el absurdo tienen muchísimo peso, ¿para qué carajo querés la brújula?. Un consejo: no te juegues a leerlo todo de un saque, porque corre el riesgo de saturar. Fraccionalo, aprovechá que son muchos relatos cortos para poner la pausa al final de alguno y volvé a entrarle al día siguiente, o unas cuantas horas después. Así se disfruta más del universo de Tute, de su idiosincracia, de su lógica interna totalmente retorcida, que por momentos parece conectar con nuestra vida cotidiana, con el barrio, la calle y los encuentros de todos los días, y por momentos pela ideas y conceptos elevadísimos, de la metafísica, la filosofía, la poesía o el delirio liso y llano.
No recomiendo al que no conoce a Tute abordar su obra por acá. Yo arrancaría por los recopilatorios de chistes, o por las tiras de Batu. Pero si ya sos fan de este joven maestro de nuestra historieta y nuestro humor gráfico, acá te está esperando un gran libro (olvidate del rótulo ya bastardeado de “novela gráfica”), realmente satisfactorio por donde lo mires.
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Tute
martes, 24 de febrero de 2015
24/ 02: BATU Vol.1
Allá por 2009, la editorial Sudamericana empezó a recopilar en libritos las tiras de Batu que Tute publicó durante varios años en la contratapa de La Nación, hasta que se cansó y volvió a los chistes de una sóla viñeta. Yo había leído algunas tiras, en forma esporádica, y la verdad que al leerlas así, en una dosis extra-large de 93 tiras, me gustaron mucho más.
Lo primero que hay que destacar es el dibujo. Acá vemos un Tute radicalmente distinto del que nos cruzamos allá por el 08/04/14 con El Amor es un Perro Verde. Acá hay cero dibujo a mano alzada, cero improvisación, cero desprolijidad. Este es el Tute “careta”, si se quiere, que cuida mucho las formas y que –sin renunciar a su sello personal- se encolumna detrás de los grandes maestros de las tiras cómicas protagonizadas por niños: Charles Schulz, Quino y Bill Watterson. A veces, cuando el guión lo justifica, Tute deja volar a su plumín y sorprende con unas texturas fantásticas, dignas de David B. o Joann Sfar, aunque siempre contenidas en una línea negra prolija, diáfana, muy pensada para ser coloreada con colores planos, casi siempre primarios.
Al contar con una tira doble, Tute no escatima esfuerzos y muchas veces nos regala entregas con ocho o nueve viñetas. Estas secuencias armadas con cuadros chiquitos en los que los dibujos apenas se modifican le permiten manipular perfectamente el tempo narrativo de las tiras, que se enriquecen con los silencios, las pausas, que impone el autor, y que acompañan a las logradas pantomimas de los personajes.
La temática elegida por Tute es la niñez, no tanto en contraste con el mundo adulto (si bien cada tanto se nutre también de ese elemento), sino más bien encarada como un inagotable patio de juegos, como un reino en el que lo imaginario se hace real con tan sólo un “dale que…”. Batu tiene reflexiones que cualquier chico de ocho o nueve años puede producir y, cada tanto, algún pensamiento más agudo, más pensado para descolocar al lector, que seguramente tiene más de nueve años. La relación entre Batu y Tútum (su perro) por momentos me hizo acordar a la de Ernestina y Fellini, aunque Tute nos propone más similitudes y menos distancia entre niño y mascota. Buena parte del tiempo Tútum es un chico más, con morfología canina pero con un rol que podría cumplir tranquilamente un hermano humano de Batu. Y el otro personaje secundario muy bien planteado por Tute es Boris, el gordito de anteojos, secuaz a pesar suyo de las travesuras de Batu, cuya falta de iniciativa (que debería resultarnos patética) muchas veces resulta conmovedora.
No es mucho más lo que puedo agregar sin ponerme a contar los chistes. Lo importante es que, al menos en estos primeros meses de serialización, Batu se planteó como una tira muy interesante, con muchos recursos humorísticos y gráficos muy bien plasmados y con la sana intención de actualizar para el Siglo XXI la tradición de las tiras protagonizadas por chicos. Con talento e imaginación, Tute encontró nuevas vueltas de tuerca a un tópico que ya parece muy gastado, muy transitado, y mientras duró ese impulso inicial Batu fue una magnífica tira, a la que vale la pena descubrir o redescubrir ahora que el autor dejó este formato para volver al chiste.
Lo primero que hay que destacar es el dibujo. Acá vemos un Tute radicalmente distinto del que nos cruzamos allá por el 08/04/14 con El Amor es un Perro Verde. Acá hay cero dibujo a mano alzada, cero improvisación, cero desprolijidad. Este es el Tute “careta”, si se quiere, que cuida mucho las formas y que –sin renunciar a su sello personal- se encolumna detrás de los grandes maestros de las tiras cómicas protagonizadas por niños: Charles Schulz, Quino y Bill Watterson. A veces, cuando el guión lo justifica, Tute deja volar a su plumín y sorprende con unas texturas fantásticas, dignas de David B. o Joann Sfar, aunque siempre contenidas en una línea negra prolija, diáfana, muy pensada para ser coloreada con colores planos, casi siempre primarios.
Al contar con una tira doble, Tute no escatima esfuerzos y muchas veces nos regala entregas con ocho o nueve viñetas. Estas secuencias armadas con cuadros chiquitos en los que los dibujos apenas se modifican le permiten manipular perfectamente el tempo narrativo de las tiras, que se enriquecen con los silencios, las pausas, que impone el autor, y que acompañan a las logradas pantomimas de los personajes.
La temática elegida por Tute es la niñez, no tanto en contraste con el mundo adulto (si bien cada tanto se nutre también de ese elemento), sino más bien encarada como un inagotable patio de juegos, como un reino en el que lo imaginario se hace real con tan sólo un “dale que…”. Batu tiene reflexiones que cualquier chico de ocho o nueve años puede producir y, cada tanto, algún pensamiento más agudo, más pensado para descolocar al lector, que seguramente tiene más de nueve años. La relación entre Batu y Tútum (su perro) por momentos me hizo acordar a la de Ernestina y Fellini, aunque Tute nos propone más similitudes y menos distancia entre niño y mascota. Buena parte del tiempo Tútum es un chico más, con morfología canina pero con un rol que podría cumplir tranquilamente un hermano humano de Batu. Y el otro personaje secundario muy bien planteado por Tute es Boris, el gordito de anteojos, secuaz a pesar suyo de las travesuras de Batu, cuya falta de iniciativa (que debería resultarnos patética) muchas veces resulta conmovedora.
No es mucho más lo que puedo agregar sin ponerme a contar los chistes. Lo importante es que, al menos en estos primeros meses de serialización, Batu se planteó como una tira muy interesante, con muchos recursos humorísticos y gráficos muy bien plasmados y con la sana intención de actualizar para el Siglo XXI la tradición de las tiras protagonizadas por chicos. Con talento e imaginación, Tute encontró nuevas vueltas de tuerca a un tópico que ya parece muy gastado, muy transitado, y mientras duró ese impulso inicial Batu fue una magnífica tira, a la que vale la pena descubrir o redescubrir ahora que el autor dejó este formato para volver al chiste.
martes, 8 de abril de 2014
08/ 04: EL AMOR ES UN PERRO VERDE
Este es una especie de libro maldito, contradictorio en su esencia. Por un lado, rescata casi 100 páginas de humor realizadas por Tute, algunas publicadas en la revista La Nación, otras en Orsai y otras inéditas. Hasta ahí, todo 10 puntos. Pero después resulta que el libro tiene tapas duras, papel de recontra-lujo, una encuadernación al nivel de los libros más chetos que llegan de Europa, y obviamente valía un huevo. Es decir, se pensó con un criterio de elite, no de acercarle este material a un público amplio como es el público que sigue a Tute en su laburo en el diario. Para completarla, el libro no está en librerías. Había que pre-comprárselo a la editorial, esperar que te lo mandaran, o conseguirlo medio de casualidad en algún evento o en alguna librería que hubiese pre-comprado unos cuantos ejemplares. Con lo cual, si vos lo descubrís hoy y lo querés conseguir, vas a tener que salir en busca de una especie de Santo Grial que ya era caro cuando salió y hoy debe costar un huevo y la mitad del otro en algún sitio web donde algún avechucho lo tenga en venta.
¿Qué se logra con esta exclusividad tan forzada? Que el que hoy tiene el libro en sus manos saque chapa de canchero. -¿Viste qué lindo? Y bueno, yo me avivé antes que la gilada de que iba a estar bueno, por eso lo pre-compré. Cualquiera. Los libros no son para cancherear. Son para leer y, si sos copado, para prestar. Ahora este libro es imprestable. Porque te lo llegan a perder o a no devolver y ¿cómo lo reponés?. Todo nace de una idea muy chota, muy miope, muy de elite. Y los que conocemos a Tute sabemos que él no impulsa ni comparte esa visión de la vida. El quiere hacer su trabajo y que sea popular, accesible para todos.
Ahora bien, centrémonos en el trabajo de Tute. Estamos ante uno de esos humoristas gráficos que casi nunca buscan hacernos reir. Para Tute el humor es reflexión, es poesía, casi es una terapia psicoanalítica. Si te causa gracia, mejor. Pero si no te reís, también hay un mensaje que Tute transmite y que llega con mucha fuerza. La fuerza de una buena idea. La apuesta del autor es esa: la idea. La historia es la forma que se le ocurre para hacerte llegar la idea. Y el dibujo no importa, es apenas el mecanismo con el cual la historia se despliega en la página.
En las historietas Tute opta por un trazo minimalista, absolutamente despojado, casi más sintético que Copi, y sobre todo dibujado así nomás, a mano alzada. Seguro que no hay boceto debajo de esos personajitos, como no hay una grilla de viñetas, sino una línea (más curva que recta) que define a cada uno de los cuadritos del modo más sui generis que se te pueda ocurrir. Hasta el rotulado manual, apresurado y con tachaduras a la vista, denota un desinterés de Tute por la prolijidad y el virtuosismo de los que hace gala en los chistes de una sola viñeta, que además suelen tener un exquisito tratamiento del color.
Estos relatos secuenciales (generalmente protagonizados por un tipo genérico, sin rasgos, bastante loser y casi siempre llamado Hugo) se basan en diálogos y silencios. A veces la gracia está en los diálogos, a veces en los silencios, como en las historietas de Lizán que salían en la Fierro en los ´80 (Santo Varón, Los Profesionales). La acción es mínima. Los personajes casi nunca hablan de lo que sucede, de lo exterior, sino más bien de lo que sienten en su interior. Claramente el libro reúne páginas centradas en el tema del amor y por suerte Tute encuentra muchas formas distintas de abordar esa temática. Algunas sorprendentemente cómicas y otras teñidas de una melancolía muy fácil de asociar con la otra pasión de Tute, que es el tango.
Si sos fan de Tute, tenés varios de sus libros y recién te enterás que existe El Amor es un Perro Verde, seguro te la querés cortar en fetas y mandarle una por correo a los que editaron esta joyita. Si estabas pensando en empezar a comprar libros de este autor, fijate si lo encontrás, por ahí aparece. Y si no sos fan de Tute, pero te interesa un humor gráfico distinto, arriesgado en la temática y en la estética, no dejes de darle una oportunidad a cualquiera de los libros en los que este referente fundamental del “humor sin carcajadas” se dedica a abrir puertas, cabezas y corazones.
¿Qué se logra con esta exclusividad tan forzada? Que el que hoy tiene el libro en sus manos saque chapa de canchero. -¿Viste qué lindo? Y bueno, yo me avivé antes que la gilada de que iba a estar bueno, por eso lo pre-compré. Cualquiera. Los libros no son para cancherear. Son para leer y, si sos copado, para prestar. Ahora este libro es imprestable. Porque te lo llegan a perder o a no devolver y ¿cómo lo reponés?. Todo nace de una idea muy chota, muy miope, muy de elite. Y los que conocemos a Tute sabemos que él no impulsa ni comparte esa visión de la vida. El quiere hacer su trabajo y que sea popular, accesible para todos.
Ahora bien, centrémonos en el trabajo de Tute. Estamos ante uno de esos humoristas gráficos que casi nunca buscan hacernos reir. Para Tute el humor es reflexión, es poesía, casi es una terapia psicoanalítica. Si te causa gracia, mejor. Pero si no te reís, también hay un mensaje que Tute transmite y que llega con mucha fuerza. La fuerza de una buena idea. La apuesta del autor es esa: la idea. La historia es la forma que se le ocurre para hacerte llegar la idea. Y el dibujo no importa, es apenas el mecanismo con el cual la historia se despliega en la página.
En las historietas Tute opta por un trazo minimalista, absolutamente despojado, casi más sintético que Copi, y sobre todo dibujado así nomás, a mano alzada. Seguro que no hay boceto debajo de esos personajitos, como no hay una grilla de viñetas, sino una línea (más curva que recta) que define a cada uno de los cuadritos del modo más sui generis que se te pueda ocurrir. Hasta el rotulado manual, apresurado y con tachaduras a la vista, denota un desinterés de Tute por la prolijidad y el virtuosismo de los que hace gala en los chistes de una sola viñeta, que además suelen tener un exquisito tratamiento del color.
Estos relatos secuenciales (generalmente protagonizados por un tipo genérico, sin rasgos, bastante loser y casi siempre llamado Hugo) se basan en diálogos y silencios. A veces la gracia está en los diálogos, a veces en los silencios, como en las historietas de Lizán que salían en la Fierro en los ´80 (Santo Varón, Los Profesionales). La acción es mínima. Los personajes casi nunca hablan de lo que sucede, de lo exterior, sino más bien de lo que sienten en su interior. Claramente el libro reúne páginas centradas en el tema del amor y por suerte Tute encuentra muchas formas distintas de abordar esa temática. Algunas sorprendentemente cómicas y otras teñidas de una melancolía muy fácil de asociar con la otra pasión de Tute, que es el tango.
Si sos fan de Tute, tenés varios de sus libros y recién te enterás que existe El Amor es un Perro Verde, seguro te la querés cortar en fetas y mandarle una por correo a los que editaron esta joyita. Si estabas pensando en empezar a comprar libros de este autor, fijate si lo encontrás, por ahí aparece. Y si no sos fan de Tute, pero te interesa un humor gráfico distinto, arriesgado en la temática y en la estética, no dejes de darle una oportunidad a cualquiera de los libros en los que este referente fundamental del “humor sin carcajadas” se dedica a abrir puertas, cabezas y corazones.
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